miércoles, 13 de enero de 2021

Coro Joven de Gijón: un coro prometedor

 



Coro Joven de Gijón, director musical: Santi Novoa. Teatro Jovellanos, sábado, 9 de enero, 2021. 


Si corren tiempos difíciles para la música aún más para los coros, comenzando por la imposibilidad de ensayar como es debido -es casi imposible que se junten todos a la vez-, y siguiendo por tener que cantar con una mascarilla tapando el instrumento emisor. Es como ponerle un trapo a la boca de un saxofón o como si un bailarín tuviera que moverse con unas pesadas botas. Harto difícil. Pero la pandemia ha traído alguna cosa positiva y es que ante la imposibilidad de ofrecer espectáculos foráneos hay que acudir a los artistas que tenemos en casa. Y aquí hay talento. Este es el caso del “Coro Joven de Gijón” que después de algún aplazamiento tuvo la ocasión, por fin, de presentar su nuevo repertorio en el teatro Jovellanos. Vale que jugaban en casa y que la mayor parte del público (rozaron el lleno) era afín a algún componente del escenario pero todos ellos juntos ofrecieron un espectáculo muy digno, a pesar de la falta de ensayo y a pesar de las mascarillas. Y dejaron claro que con más oportunidades pueden brillar al mismo nivel que los mejores coros del género que proliferan en Barcelona o Madrid. 



A ritmo de Queen y su emblemático “We Will Rock You”, salieron al escenario  en compañía de músicos reconocidos de la escena asturiana: Pablo Herrero (piano), Julio Gilsanz (guitarra), Juan Flores (saxo y flautas), David Casillas (bajo) y José Ramos (batería). Y para ensamblar todo el cotarro estaba Santi Novoa, un director atípico que combina su faceta de dirección coral con la de teclista en la banda “Warcry”. Su entusiasmo y sus formas, alejadas de todo estereotipo canónico, conquistaron a la audiencia. 


Después del pupurri en el que se mezclaron breves fragmentos de musicales archiconocidos como “El Fantasma de la Ópera”, “No llores por mi Argentina”, “Jesus Christ Superstar” o “Memory” -todos estos relacionados con Andrew Lloyd Weber-, sacaron su vena más cañera con “Believer” de Imagine Dragons, aunque en una versión más light que en el videoclip promocional. 


Tan solo pudieron ensayar juntos dos veces desde que empezó la pandemia, nos recordaba Santi Novoa, y esa falta de ensayos se notó en temas como “Recuérdame”, la banda sonora de “Coco” o también en “Shallow”, la balada que emparejó a Lady Gaga con Bradley Cooper. También se notó la falta de ensayo en los dos temas con intervenciones solistas, pero entre los nervios, la mascarilla, el manejo del micrófono y con un equipo de sonido ajeno es más que complicado que todo salga perfecto. 

 

El concierto fue de menos a más y los últimos temas salieron redondos, salvo peccata minuta. Fantástico arreglo y estupenda interpretación de “Skyfall” el tema de Adele que fue banda sonora de la vigésimo no sé cuántas películas de James Bond. También estuvieron muy acertados con Michael Jackson y su tema “Heal the World”, sin olvidarme de destacar el “Mamma mía” de Abba que desató las ganas de levantarse de las butacas y ponernos todos a bailar. Fuimos responsables y no lo hicimos.  

Para el bis que reclamó la audiencia fervorosamente dejaron “It's Raining again” de Supertramp. ¡Cómo se notó que lo tienen más que ensayado! Así da gusto y con la buenísima intervención de Juan Flores al saxo, aún más. El “Coro Joven de Gijón” demostró que necesita más oportunidades para tocar una y otra vez y así acabar de ensamblar esos pequeños detalles.  Por lo demás, un coro con buen ambiente, muchas ganas y talento. Hay buena cantera en Gijón y queremos volver a escucharles pronto y sin mascarilla. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Joaquín Torre: Apostando por los nuevos talentos


 

Joaquín Torre (violín) y Vadim Gladkov (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellalnos, 8 de enero, 2021. 


Sabias y precisas fueron las palabras de David Roldán en su presentación del concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón y patrocinado por la Fundación Alvargonzález. Roldán sustituyó a viva voz el programa de mano y las notas al programa habituales en los conciertos organizados por la entidad, recordando al público la disciplina “inhumana” que hace falta para mantener un buen nivel interpretativo y una “fe inquebrantable” en estos tiempos que vivimos, cuando no se sabe si estos músicos van a tener conciertos o van a ser cancelados de un día para otro por causa de la maldita pandemia. El violinista gijonés Joaquín Torre tuvo fe y acompañado por el pianista Vadim Gladkov  trabajaron duramente con disciplina para llevar al teatro Jovellanos un programa ambicioso y arriesgado. 


La primera obra fue la Sonata nº 1 en sol menor, BWV 1001, de J.S.  Bach, una sonata escrita sin ningún acompañamiento, dejando al violín todo el protagonismo en manos de Torre, que sorteó los cuatro movimientos con alguna dificultad dada su juventud y con muchos aciertos. Si recordamos que Bach dominaba el violín con destreza y que compuso esta obra (junto con otras cinco del mismo formato) para el virtuoso violinista Johann Georg Pisendel, primera figura de la Orquesta de Dresde, la partitura no era fácil, más bien era endiablada.

Más lucida estuvo la interpretación de Torre con Beethoven y su "Sonata para piano y violín nº 1 en re mayor, Op. 12, nº 1", la primera de las diez que compuso para esta formación y dedicada a Antonio Salieri.  Organizada en tres movimientos la partitura fluía en el “Allegro con brío” y destacaba el violín en el “Rondó” final.



El repertorio escogido por Joaquín Torre quiso explorar la mayor parte de las técnicas y las posibilidades del violín y en el segundo bloque abordó tres composiciones del siglo XIX y XX. De nuevo, Torre se enfrentó solo en el escenario a la primera de ellas, la “Sonata para violín solo op. 27 nº 3”  compuesta por el virtuoso violinista Eugène Auguste Ysaÿe y dedicada a George Enescu. Quizás, la más atractiva de las seis sonatas que compuso el violinista belga y un aliciente para el público por la interpretación solvente de Torre.


Volvió al escenario el pianista Vadim Gladkov para acompañar a Joaquín Torre en la segunda de las tres romanzas de Schumann y en la “Fantasía sobre la ópera Carmen” de un gigante del violín, el navarro Pablo de Sarasate. Magnífica la interpretación de Schumann por parte de los dos instrumentistas y especialmente bien ensamblada quedó la pieza de Sarasate, dando muestras de buen entendimiento entre piano y violín.  La segunda mitad de la “Fantasía” está construida sobre  la “Seguidilla” y el “Baile de Gitanos” de la ópera y mano a mano piano y violín lograron imprimir una fuerza magistral, provocando una gran ovación de todos los presentes. 


Sin duda, Joaquín Torre tiene un gran futuro como violinista (tan solo tiene 20 años), por su disciplina y por su talento. Tan solo hacen falta oportunidades para que pueda desarrollar una brillante carrera y en esta ocasión la oportunidad fue gracias a la Fundación Juan Alvargonzález y la Sociedad Filarmónica de Gijón. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Concierto de Año Nuevo: Orquesta Sinfónica Mercadante



Director: Mariano Rivas. 

Solista: Elena Mikhailova (violín)

 Teatro Jovellanos, viernes 1 de enero de 2021.  


En las últimas semanas sobrevolaba la incógnita de poder llevar a cabo el Concierto de Año Nuevo en el Teatro Jovellanos, emulando al concierto de la Sala Dorada de la Musikverein que se oficia en Viena desde hace más de ochenta años, sin embargo, cumpliendo todos los protocolos de seguridad el concierto salió adelante y  se celebró con toda la ilusión que siempre despierta este evento. Mariano Rivas fue una vez más el encargado de la batuta que ensambla las distintas secciones de una joven orquesta que ha pasado de llamarse “Orquesta Sinfónica de España”  a “Orquesta Sinfónica Mercadante”, con una considerable reducción de plantilla debido a las distancias de seguridad, quedando en poco más de una veintena de músicos.  A pesar de la falta de densidad sonora la orquesta interpretó con dignidad un repertorio esperado que en su mayoría lleva el apellido Strauss y se compone de valses, polkas, romances y alguna que otra sorpresa, cumpliendo las expectativas del aforo. 


Entre las sorpresas de la velada tuvo lugar el estreno mundial de un fragmento de la ópera “La solitaria delle asturie”, musicada por Saverio Mercadante en 1840, que Rivas quiere rescatar del olvido. De ahí el cambio del nombre de la orquesta. En esta obra destacó la interpretación de la desconocida mezzosoprano Inés López, con un timbre poderoso cargado de graves y una regulación precisa en cada momento. Previamente, la mezzosoprano ya había impactado al público al formar trío vocal con Lucía G. Casanueva y Laura Galán (las dos sopranos y a su vez flauta y violonchelo de la orquesta), en la interpretación del conocido "Dúo de las flores" de Léo Delibes.


Además del estreno había expectación por ver en directo a Elena Mikhailova, una estrella mediática capaz de tocar a Paganini con soltura, ser escaparate de diseñadores de moda o abrazar otros géneros de música con el violín electrificado. La violinista de ascendencia ruso-armenia y residente en Madrid, no defraudó y demostró merecer su fama de virtuosa en varias piezas. Su aparición en el escenario fue para interpretar el famoso “Intermedio” de la zarzuela “La Leyenda del Beso” de Soutullo i Vert, deleitando con su expresividad a gran parte del público que susurraban tras sus mascarillas la famosa letra de Luis Gómez-Escolar “Amor de hombre”, popularizada por Mocedades. Mikhailova interpretó dos danzas españolas muy conocidas de Sarasate y si el violín brilló con la “Jota Aragonesa”, no estuvo tan acertada con “Zapateado”, la más célebre del compositor. Esta pieza representa todo un catálogo de técnicas y efectismos del violín y Mikhailova los solventó todos uno a uno, sin embargo, la orquesta no estaba acompasada y se mostraron varias evidencias de falta de ensayo. Quizás, con diez puntos menos de metrónomo todos hubieran respirado a la par. 

Extraña fue la interpretación de  “Czardas para violín y orquesta” de Vittorio Monti y no por causa del violín de Mikhailova que volaba con gran soltura en una interpretación sublime, más bien quedó deslucida por la mezcolanza que propició Rivas al introducir un fragmento de “Carmen” de Bizet y el “Asturias patria querida”, con todo el público cantando. Eso sí, casi todos encantados.  


Después del popular “Galop de los Bandidos” de  Johann Strauss II (una se pierde entre tan larga saga), finalizó el concierto cumpliendo los protocolos estipulados desde hace décadas, con el “Danubio azul” y la “Marcha Radetzky”  de Johann Strauss padre, en la que no faltaron los aplausos de la audiencia al compás marcado por el director. 


Sin duda, una velada que musicalmente no fue memorable pero, a pesar de las circunstancias se pudo celebrar, marcando así el pistoletazo de salida a un año cargado de esperanzas y buenos augurios, sobre todo en cuestiones de salud. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


sábado, 17 de octubre de 2020

El Cuarteto Zagreb abre una puerta a la normalidad.

 


Cuarteto Zagreb. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, 7 de septiembre, 2020.



Bajo estrictos protocolos impuestos por el Teatro Jovellanos para evitar la pesadilla de pandemia que nos ha caído encima, arrancó la esperada temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón con novedades y con muchas ganas de traer de nuevo la música de cámara a la ciudad. Como novedad, además de una amplia programación de  quince conciertos, sustituye el programa de mano y las notas al programa en formato papel por una presentación oral y una mini conferencia en el intermedio, en esta ocasión a cargo de la doctora en musicología Andrea García Alcantarilla. Un formato original del gusto de la mayor parte del público que ha venido para quedarse. 


El Cuarteto Zagreb inaugura la temporada con dos emblemáticas obras,  el Cuarteto Nº 12, Op. 127 de Beethoven y el Nº 1 de Chaikovski, dos obras que abarcan contrastantes técnicas compositivas, mostrando así la solvencia de la formación croata que ha cumplido 100 años desde su formación y se ha convertido en uno de los cuartetos más reclamados por todo el mundo.



Nos recordaba  Andrea García que el estreno del cuarteto de Beethoven supuso un shock para el público de la época y fue un fracaso de público y crítica, por la complejidad armónica y por la mala ejecución de los instrumentistas. No fue el caso de esta velada. Ya en pleno siglo XXI, con los oídos más evolucionados y entrenados en armonías y texturas más complejas, pudimos disfrutar de una magnífica ejecución de los croatas, destacando el segundo movimiento por la belleza y sutileza de sus variaciones con profusos cambios de dinámica. El cuarteto respiraba milimétricamente al compás para ofrecer esta original obra, jugando con el scherzo y terminando en un auténtico clímax de la coda en el cuarto movimiento.




Después de las explicaciones detalladas y didácticas de la musicóloga Andrea García volvió el Cuarteto Zagreb para interpretar el Nº 1 de Tchaikovsky, una obra de composición temprana escrita en apenas seis semanas, que supone la primera partitura del compositor en este formato y creada con intención de hacer dinero. Sin embargo, se erige como uno de los cuartetos más representativos del periodo romántico ruso, demostrando así el extraordinario oficio del compositor y su capacidad inventiva. Lo demuestra principalmente con el segundo movimiento que gira en torno a una canción folclórica ucraniana ¡Qué bonita, qué espléndido entramado  y qué gran interpretación! La obra terminó con un magnífico Finale que levantó una gran ovación. Los sonados aplausos dieron paso a una propina en la que el Cuarteto Zagreb nos deleitó con una bellísima pieza de Haydn. 


Ya terminado el concierto y un poco precipitado el encendido de luces(aún estábamos en pleno apogeo de aplausos), nos dirigimos a la salida de manera excesivamente ordenada, con indicaciones de quién se podía levantar de su butaca y en qué momento. En mi opinión, un protocolo excesivo tratándose de gente adulta cuyo máximo interés es escuchar buena música y cuidar su propia salud. Por ello hemos llegado a cumplir años. 


Por lo demás, una magnífica velada que abre la puerta a que todo vuelva a la normalidad, o por lo menos a que se pueda convivir con este maldito virus. Hay que agradecer el esfuerzo de la Sociedad Filarmónica que, lejos de quedarse al margen esperando que todo esto pase, se ha puesto ha trabajar con ímpetu para seguir creciendo y haciendo una labor cultural que la ciudad de Gijón necesita.   


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.


Los Secretos: Concierto para nostálgicos

 


LOS SECRETOS, Gira “De Vuelta”. Festival Metrópoli, plaza de toros El Bibio, sábado 15 de agosto.

Esta pandemia que nos asola ha cambiado muchas cosas en nuestras vidas y la mayoría para peor, sin embargo, hay hechos que son muy bien recibidos, al menos por mi parte. Plaza  de toros “El Bibio” en el día de Begoña (la fiesta grande de Gijón), y en el cartel que cuelga no figura  ningún Cayetano, Ponce, Rivera...ni nadie con traje de luces. En su lugar “Los Secretos”, vestidos con sus vaqueros de siempre y ataviados con guitarras y piano para dar las estocadas. Ole, ole y olee con acento en la O. Y no porque esta banda forme parte de mis dioses del olimpo musical, ni mucho menos, sino porque se ha cambiado una sangrienta corrida de toros por un concierto de música.Todo un hito histórico. Bienvenido y que perdure.  



En cuanto a “Los Secretos” hacía poco que nos habían visitado, concretamente en febrero con motivo de la presentación de su disco “El Paraíso”. Su gira se vio interrumpida por el confinamiento pero como supervivientes que son se adaptaron rápidamente a las nuevas circunstancias y en esta ocasión ofrecieron un concierto en acústico con el líder Álvaro Urquijo, acompañado por las guitarras de Ramón Arroyo y el piano de Jesús Redondo. Dejaron en casa al bajista  Juanjo Ramos y al batería Santi Fernández. Y se notó. El repertorio escogido fue prácticamente igual que el de febrero, quizás con menos temas del último álbum y con muchas de las canciones míticas que han consagrado a la banda como leyendas del pop español, pero la falta de bajo y batería dejó cierto aire de monotonía sonora, excepto para los nostálgicos que disfrutaron de lo lindo aunque la lluvia quiso aguar la fiesta. Quizás el guiño a “It’s raining again” de Supertramp hizo su efecto  y las nubes se disiparon.  

  


Bonita la versión de “Échame a mi la culpa” del incombustible Albert Hammond,  con el que hicieron un cameo durante el confinamiento cuando gran parte de los artistas optaron por seguir vivos a través de las redes. Una vez más estuvo presente (como es habitual en todos sus conciertos) el recuerdo para Enrique Urquijo, autor de la mayoría de los éxitos de la banda, al que le dedicaron “Aunque tú no lo sepas” que, curiosamente no fue compuesta por él. Sigue sonando más interesante la versión de “Ojos de gata” de sus propios autores que la que hace Sabina a ritmo de vals con el título “Nos dieron las 10”, y eso que, como decía antes, la carencia de bajo y batería se notó. El resto del repertorio lo de siempre: “Agárrate a mí María”, “Sobre un vídeo mojado”, no podía faltar “Déjame” y tampoco la gran “Por el bulevar de los sueños rotos”.


Por lo demás un concierto poco reseñable, hora y media de espectáculo en plan tranquilo que sirvió para apaciguar las ganas de fiesta de algunos por falta de otras opciones y para el disfrute de los sempiternos nostálgicos que disfrutaron cada canción de principio a fin.  


Crítica publicada en La Nueva España


sábado, 8 de agosto de 2020

Dani Fernández: Poco que contar

 Dani Fernandez - Te esperaré toda la vida

Dani Fernández, Festival Metrópoli City. Plaza de Toros de El Bibio, Gijón, 6 de agosto. 


Dani Fernández saboreó con creces los aplausos y el éxito al formar parte del grupo vocal Auryn, que causó furor entre el público adolescente durante poco más de un lustro. Tras la disolución de Auryn en 2016, Dani inicia su carrera en solitario y una gira para presentar su disco “Incendios”, interrumpida tras el confinamiento. Retoma la gira en Gijón en versión reducida y lo da todo en el escenario, sin embargo, de momento tiene poco que contar. 


Es difícil que un concierto suene mal en la plaza de toros “El Bibio” pero siempre hay excepciones y Dani Fernández es una de ellas. “En Llamas” inició el espectáculo del cantante, junto con un teclista y un guitarrista que tenía dificultades para estabilizar la afinación en los pocos solos que hizo. El sonido sucio, el volumen alto y la ecualización con excesivo realce de medios, consiguiendo una voz estridente. Las canciones del disco sonaban una tras otra y aquello no mejoraba por ningún lado. En mi opinión la planificación de la gira en su nuevo formato no está bien diseñada ya que no han sabido adaptar los arreglos a esta versión reducida de guitarras (a veces steel guitar), y teclados con múltiples programaciones. Las cajas de ritmos suenan machaconas y los bajos sin definición. Buscan esa sensación de relleno de capas sonoras que ofrece una banda al completo y para conseguirlo suben el volumen más de lo necesario y aporrean los instrumentos. El resultado deja mucho que desear. Desde el punto de vista musical un artista que todavía no puede volar alto se arropa de una buena banda y da el pego, pero en un formato reducido las carencias cantan. 


Aún así, el público feliz y las fans con la emoción a flor de piel no dejaban de cantar “Perdido en Madrid”, la famosa “Te esperaré toda la vida” o “Bailemos”, todo un himno cargado de positivismo que desató las ganas de levantarse de las sillas y ponerse a dar brincos. Dani Fernández,  muy activo en las redes sociales y con muchos apoyos de artistas  como Andrés Suárez, Marwan o Funanbulista, entre otros, logra aforos multitudinarios entre las adolescentes. Musicalmente está claro que todavía hay mucho que pulir, sus letras no dejan de ser simples y muy oídas, sus melodías no dicen nada nuevo y en cuanto a los arreglos ya lo he mencionado. Sin embargo, sabe conectar con su público. Esto no quiere decir que la multitud de fans que le siguen no tengan buen criterio o estén dotadas de oídos sordos, más bien utilizan otros parámetros que van más allá de lo estrictamente musical y Dani Fernández sabe conquistarlos. Si hay evolución o se queda por el camino, como tantos otros, lo veremos.  Es cuestión de tiempo. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Ara Malikian: Un concierto redondo

 Entradas de conciertos de Ara Malikian en Plaza de Toros de Gijón ...

Ara Malikian. Festival Metrópoli City. Plaza de Toros de “El Bibio”, viernes, 31 de julio. 


Ara Malikian tendría que estar durante esta temporada en plena promoción del disco “Royal Garage”, grabado el año pasado con la colaboración de grandes artistas como Franco Battiato, Estrella Morente, Kase.O, Bunbury o Pablo Milanés, entre otros. Así se había anunciado su gira “Royal Garage World Tour”, pero las circunstancias han cambiado toda la planificación y el tour se quedó en una versión muy reducida de violín y piano, junto con Iván “Melón” Lewis. Si Malikian es un virtuoso del violín “Melón” Lewis no lo es menos con las teclas. Los dos juntos ofrecieron un espectáculo de sonoridades que dejó al público encantado.  Además, hay que recalcar la buena acústica que tiene esta plaza de toros: se captan todos los pequeños matices hasta la respiración del violín. Quizás, sería un buen lugar para poder disfrutar de alguna interpretación de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, ahora que están los aforos tan complicados. Ahí lo dejo.


Provisto con la obligada mascarilla, Malikian dio un rodeo por la arena interpretando una breve introducción del tema que compuso en recuerdo al genocidio armenio con su “Alfredo Ravioli” (así bautizó a su violín), para el disfrute de aquellos espectadores que sintieron su presencia bien cerca. Al perderse por detrás del escenario el pianista tomó el relevo ejecutando una pieza contemporánea de gran nivel técnico. “Con mucha nata” no sonó igual que cuando la toca con toda su banda pero tampoco sonó peor: el pianista era capaz de rellenar con creces la parte percusiva y armónica de la pieza ofreciendo otra esencia.  



Del doble disco “Royal Garage” apenas se tocó nada. Tan solo “Loucine”, dedicada  a su madre y el extracto de la ópera de Gluck “Mélodie d’Orpheé et Eurydice”, donde percibimos la capacidad de Malikian de extraer todo el peso expresivo y la flexibilidad lírica. Para el resto de la velada se rescataron temas que ya son banderas de sus conciertos con anécdotas incluidas. Cuántas veces hemos escuchado la aventura de su viaje a Alemania  y cómo empezó a tocar en bodas de judíos durante unos cuantos años. Repite cada palabra y cada gesto para introducir el tema “Pisando flores”, sin embargo, cada vez que lo cuenta nos mantiene atentos como si fuera la primera vez. Todo un showman, además de gran músico. 


Tampoco faltó la “Campanella” de su admirado Paganini que interpretó, una vez más, con total libertad y brillantez, al igual que el “Valse-Scherzo” de Chaikovski o la “Introducción y Rondó Caprichoso” de Camille Saint-Saëns. No todo fue clásico, también hubo hueco para su particular versión del tema “Bachelorette” de su “enamorada” cantante islandesa Björk, en mi opinión ampliamente mejorado. Las sonoridades de su cuna libanesa también estuvieron presentes con temas como “Bourj Hammuod”. Un gusto escuchar estas músicas. 


Después de más de dos horas cerró la velada con un tema compuesto recientemente, dedicado a todas las personas mayores que han estado solas durante el confinamiento, cuyo nombre es  “Nana Arrugada”. Solo el título del tema ya evidencia la inteligencia y la dimensión artística de Ara Malikian. El magnífico arreglo de piano y la melodía expresiva del violín emocionaron a gran parte del público premiando el espectáculo con una larga ovación. Sea con la formación que sea o busque inspiraciones sonoras desde aquí a la Patagonia, Ara Malikian siempre tendrá un público fiel en Gijón que llenará el aforo y marchará encantado. Eso sí, preferentemente que vuelva a ser en la Plaza de Toros con sonido redondo. 



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


domingo, 19 de julio de 2020

Amaral: Grandes de verdad



Amaral, gira “Acústico Eva y Juan”. Festival Metrópoli City, Plaza de Toros de El Bibio, viernes, 17 de julio. 


A priori, un concierto incómodo y frío: Amaral en acústico, sin más músicos en el escenario que Eva Amaral y Juan Aguirre, en una plaza en la que hay que permanecer con el trasero bien pegado a unas viejas sillas de madera del tipo “destroza lumbagos” y guardando las distancias exigidas, con mascarilla puesta durante todo el concierto y un vigilante con ojos avizor dispuesto a llamar la atención por si la nariz asomaba por encima del tapabocas...La cosa no prometía, sin embargo, las ganas y la calidad de los artistas suplieron con creces todos los inconvenientes.  Y es que en situaciones como estas es donde mejor se aprecia si un artista es grande de verdad o está inflado por la publicidad. 

Gijón fue la ciudad escogida para iniciar la gira  “Acústico Eva y Juan”, y presentar su octavo disco “Salto al color”. Cuando acabó el confinamiento la primera vez que se juntaron fue para preparar este concierto y lloraron de felicidad, anunciaba Eva, por poder compartir esta noche tan especial. Guitarras en mano sonó  “Señales” y se captó la buena acústica de la Plaza de Toros El Bibio y la gran voz de Eva Amaral que en los discos queda comprimida y no se aprecia todo su potencial. Después “El Universo sobre mi”, despertando en el público las ganas de vivir, gritar o sentir (como dice la canción), pero nos conformamos con hacerlo mentalmente. 

El repertorio de Amaral iba fluyendo entre viejos éxitos y lo último que han grabado, dejando sin presentar temas que requerían más electrónica y más banda como  “Juguetes Rotos” y otro par de temas de lo más nuevo. El resto se interpretó con mucha dignidad a pesar de la poca instrumentación. Sorprendente sonó “Ondas do mar de Vigo”, basado en un poema del siglo XIII del trovador Martín Códax que rescataron del cancionero de la lírica galaicoportuguesa. 

Hubo mucha conexión con el público que no dejó de cantar temas como “Moriría por vos” con muchas ganas de levantarse y empezar a brincar,  o “Cómo hablar” sobre los arpegios de la guitarra de Juan Aguirre. Después de “Mares igual que tú” parecía que tocaba despedida pero el público quería más y el dúo fue muy generoso. Aún faltaba “Sin tí no soy nada” en la que nos deleitaron con un homenaje a Ennio Morricone recientemente desaparecido. El público todavía soportaba las tablillas de las sillas clavadas en los riñones y quería más, así que sonaron la rítmica y animada “Hacia lo salvaje”, “Peces de colores” que habla de la defensa de la identidad de cada uno, “Cuando sube la marea” y “Salir corriendo”. Todas con muy buen sonido y una voz espectacular.

Como broche final “Ruido” y Eva manifestó que había sido una noche inolvidable. Para el público también y así lo demostraron con una larga ovación e infinitas muestras de respeto y admiración. 


Ocho discos grabados y más de veinte años juntos avalan el éxito del dúo Amaral con decenas de canciones que ya forman parte de la cultura popular. Eso se consigue cuando las composiciones son muy buenas o cuando están muy bien adornadas. En este caso, los asistentes al concierto pudimos escuchar canciones desnudas con guitarras, una voz y poco más, y pudimos corroborar que sus composiciones son muy buenas. Que vuelvan pronto. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Un sosegado Loquillo vuelve al ruedo





Loquillo y Gabriel Sopeña. Gira “La vida por delante”. Festival Metrópoli, plaza de Toros de El Bibio. Gijón, 11 de julio.

Por fin vuelve la música en directo y sin pantallas de ordenador entre público y artistas. Han sido unos meses largos y duros y se agradece la vuelta, aunque sea con mucha reducción de aforos y estrictas medidas de distanciamiento. A pesar de la reducción sobraron muchos asientos porque Loquillo con su versión más poética junto a Gabriel Sopeña, no logró atraer al público y llenar la Plaza de Toros.

El tema lento “Balmoral“, homónimo del álbum que le valió una nominación a los Grammys latinos,  fue el arranque de un concierto de casi dos horas que defraudó a los que buscaban puro Rock and Roll simple y directo (no hubo Trogloditas, ni Cadillac, ni Rompeolas, ni Rey del Glam) y gustó a los que prefieren  a un Loquillo más poético y sosegado, con letras más elaboradas y más variedad musical. “Transgresiones” de Mario Benedetti o uno de sus clásicos de George Brassens “La Mala Reputación”, junto con “Political Incorrectness” de Luis Alberto de Cuenca, con los presentes coreando el estribillo “Se buena, dime cosas incorrectas desde el punto de vista político”, fueron momentos de euforia y entendimiento entre los dos bandos del público y artistas. 

Segundo concierto de la gira y después de tantos meses parados la falta de rodaje se notó. “Cuando pienso en los viejos amigos” o “Cruzando el paraíso” no sonaron redondos.  “La vida es de los que arriesgan” exclamaba Loquillo que estuvo parco en palabras y sin provocaciones subidas de tono como es habitual en sus conciertos.

Cambiaron un poco la letra del tema de Kris Kristoferson “Yo y Bobby McGee”, con permiso a regañadientes del autor, y sonó un buen solo de guitarra de la mano de Josu García. Por momentos cedió el protagonismo al compositor, músico, filósofo y profesor Gabriel Sopeña, que estuvo solvente durante todo el concierto cantando, haciendo coros, tocando la guitarra, la armónica o el piano. Un artista muy prolífico que completaba la banda junto con Josu García, Alfonso Alcalá al contrabajo y Laurent Castagnet a la batería. También el guitarra tuvo su momento cantando “Cass, la chica más guapa de la ciudad”, una guapa canción con melodía muy al estilo Sabina que quedó deslucida por los coros un tanto desafinados.

En definitiva, fue un concierto cargado de nostalgia que no es para enmarcar por la falta de rodaje, pero se agradece el intento. El mérito de Loquillo no está en cantar ni en vender nada, su mayor logro es haber sabido escoger buenas canciones y rodearse de buenos amigos y de gente de gran talento, como Gabriel Sopeña.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 17 de marzo de 2020

La carismática Alice Wonder




Alice Wonder, ciclo “San Miguel On Air”. Sala Acapulco del Casino de Asturias, viernes 6 de marzo.

Alicia Climent no podía haber escogido un nombre artístico más apropiado para definir todo su singular universo musical. Bajo el seudónimo Alice Wonder hay una chica de tan solo veintidós años que empezó abriendo una cuenta de Instagram donde volcaba covers de las canciones que más le gustaban para su pequeño círculo de seguidores, pasó por ser telonera de Vetusta Morla, entre otros, hasta lanzar un disco propio bajo el título “Firekid”, que a pocos deja indiferente y la sitúa con nombre propio entre los artistas emergentes más relevantes del país. Su presentación en la sala Acapulco dentro del ciclo San Miguel “On Air”, congregó a una pequeña muestra de fans que han tenido el privilegio de comprobar de primera mano el porqué de su crecimiento tan rápido como artista ajena al mainstream.

Pasando de la guitarra al teclado constantemente y acompañada por un batería y un teclista/bajista, dependiendo del tema, sonaron las once canciones que forman su álbum y algunas inéditas que prepara para próximos conciertos y pudimos escuchar en primicia. Los tres, más alguna pista grabada dependiendo de la canción, ofrecieron un sonido contundente, a pesar de la mala acústica de la sala. Sus canciones se mueven entre la nostalgia de Bon Iver, el rock de Radiohead y el pop más underground, aunque  Alice demuestra que sus influencias son muy eclécticas. En la misma canción es capaz de recrearse en pequeñas frases minimalistas durante un buen rato y, después, desplegar todo un conglomerado de sonidos psicodélicos multicapa para transmitir un mensaje cercano con su voz grave y personal. Además, su puesta en escena entre la chulería y la humildad, es llamativa y capaz de atrapar la mirada del público constantemente.

Por otro lado, salvo excepciones, la labor de los baterías suele pasar bastante desapercibida, sin embargo, Echedey Molina destacó desde el primer tema.  Los ritmos de batería, ya de por sí, son bastante originales en el disco (quizás, tenga que ver que el padre de Alice es batería profesional y ella es exigente con este instrumento), sin embargo, Molina los engrandecía y ofrecía una amalgama de ritmos complejos cargados de sutilezas que llamaban la atención. Buenísimo batería.

Alice marca la diferencia con detalles que demuestran su singularidad.  Por ejemplo, el hecho de ofrecer una hora y media de concierto y no utilizar ninguna versión de canciones superfamosas y pegadizas de otros artistas con las que enganchar al público más despistado, marca la diferencia respecto a otros artistas que están empezando como ella y tienen poco repertorio conocido, porque es lo habitual.

En definitiva, su estilo coherente y particular define a Alice Wonder como una artista carismática y de  singular voz. Tiene talento y sabe lo que quiere y después de lo visto en la presentación de su primer álbum estoy segura de que la volveremos a ver en muchos escenarios con más público y con mejor acústica. Y será muy pronto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Nando Agüeros: La voz del norte





Nando Agüeros, Gira 20 Aniversario. Teatro de la Laboral, viernes 28 de febrero. 

Hay una parte del público asturiano con apego por el mundo rural y por las tradiciones que le gusta escuchar artistas con voces limpias, con cierto aire a tonada y con letras que tocan la fibra del que se siente de la "tierrina". Nando Agüeros ha calado hondo entre este tipo de público hasta el punto de adoptarlo como parte de sus raíces, aunque sea de Cantabria. Quizás, porque en Asturias hay carencia de artistas que sigan esa línea desde hace muchos años (probablemente, desde que Víctor Manuel buscó tierras más prósperas) o porque las fronteras entre Asturias y Cantabria son un poco ficticias. El caso es que el de Torrelavega lo tiene fácil porque cumple con todos los requisitos: buena voz, estilo clásico, buen porte y un cierto aire de orgullo y de nostalgia en sus letras que evocan tradiciones y emigración.

Hacía semanas que se habían agotado todas las entradas del concierto en el teatro de la Laboral para celebrar su  vigésimo aniversario de carrera artística. Desde el primer tema “Cantábrico”, hasta la popular “Viento del Norte”, sonaron veinticuatro canciones de lo mejor de su amplia discografía, evocando a “ La LLuvia” o a “La Santina”, pasando por “Mi viejo Pueblo”  y por Galicia hasta “El Restallar de Asturias”, dando paso al último tema que ya es todo un himno. Una selección de canciones muy apropiada para el lugar del concierto. 

Se acompañó de siete músicos y entre los  instrumentos no faltó la gaita, el violín o el acordeón que tanto gusta en esta tierra y le dan ese aire celta. Los siete arroparon una voz limpia y franca,  modulando y luciendo varios registros con alarde de potencia pero sin tener que estar siempre al límite de su tesitura, como hacen otros cantantes. Es comedido y conoce muy bien donde están sus fronteras. No hubo sorpresas, todo estaba medido al milímetro y todo sonó con corrección, con los deberes hechos. 

En lo que más destaca Nando Agüeros es en su estilo para componer letras y ese gusto por las rimas lo lleva hasta las llamativas presentaciones de los músicos en directo. Cada uno de los componentes tuvieron su rima, como muestra presentó al guitarra diciendo: “en ese mundo tan nuestro de acordes y telecasters, de trotamundos con máster he aquí un buen maestro, Eduardo Basterra Baster”. 

La velada terminó con todo el público cantando los versos de “Viento del Norte” y los aplausos fueron bien sonados. Dejando a un lado los gustos de cada uno hay que reconocer que Nando Agüeros se ha forjado una carrera que bien merece los reconocimientos que está teniendo y seguro que los éxitos no le darán la espalda en un futuro. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

OSPA: La trompa en primera línea



Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA), programa Horizontes II. Andrews Grams (director), Javier Molina (trompa). Teatro Jovellanos, jueves 27 de febrero

La trompa  tradicionalmente está relegada a ocupar  las últimas filas en una formación sinfónica.  Es un instrumento que pasa desapercibido entre la masa orquestal y pocos compositores han dedicado su talento a escribir obras para trompa y orquesta,  destacando Mozart, que escribió nada menos que cuatro conciertos, así como Anton Weber o Emmanuel Chabrier, entre otros. En esta ocasión la interpretación del "Concierto para trompa nº 1 en mi bemol mayor, op.11", compuesta por Richard Strauss, fue la excusa perfecta para que el alicantino Javier Molina, trompa solista de la OSPA desde junio de 2016, se situara en la primera línea del teatro Jovellanos y nos diera la posibilidad de contemplar la belleza y las capacidades de este instrumento tan peculiar. 



Detrás de esta composición de Richard Strauss hay todo un culebrón familiar que daría rienda suelta a los más inspirados novelistas. El caso es que el compositor conocía muy bien el instrumento, ya que su padre -Franz Strauss-, fue un prestigioso intérprete del mismo y del que Wagner afirmó “Strauss es un tipo detestable pero cuando toca la trompa uno no puede odiarlo”. Richard quiso dedicar a su progenitor la obra por su sesenta cumpleaños pero no la finalizó a tiempo y una vez terminada su padre la rechazó.  En conclusión, la rivalidad entre ambos dio lugar a ríos de tinta y la dedicatoria fue a parar a otro gran trompista, Oscar Franz

Una de las mayores dificultades de la obra es el control de la dinámica entre el instrumento solista y la orquesta y Javier Molina interpretó la obra con responsabilidad, entusiasmo y sin titubear, manteniendo el pulso con la orquesta de tú a tú. Se llevó una buena ovación, tanto del público como del resto de integrantes de la OSPA y nos deleitó con una propina junto con sus cinco compañeros de sección, que dieron muestras de cariño y respeto hacia el protagonista de la noche.

La batuta corría a cargo del americano Andrew Grams, que abrió el concierto con la suite sinfónica “Printemps” de Claude Debussy, inspirada en la obra “La Primavera” de Botticelli. Si la pintura está cargada de simbolismo y preciosistas detalles, la partitura no lo es menos. Siguiendo la línea de Debussy, esta composición tiene múltiples colores, formas y sutilezas que requiere muchas escuchas para captar toda la belleza. Es de esas obras que en cada interpretación se descubre algo nuevo, al igual que en la pintura. La dirección vigorosa de Grams, que además de las manos y la batuta dirige con todo su cuerpo en movimiento, favoreció una interpretación solvente.

La velada terminó con la interpretación de la “Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78”, para órgano de Camille Saint-Saëns, de quien Franz Liszt dijo que era "el más grande organista del mundo" y Wagner catalogó como "el más grande compositor francés vivo". Un prodigio de obra que Grams dirigió de forma enérgica, permitiendo por momentos escuchar casi de forma individual a cada una de las secciones orquestales, hasta llegar a la coda final con un derroche de energía.

Si tenemos en cuenta que Saint-Saëns a principios del siglo XX se mostraba en contra de las influencias de Debussy y de Richard Strauss, no deja de ser curiosa la elección del programa al unir a estos tres compositores en una misma velada. Pero la OSPA no deja de sorprendernos.  



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



lunes, 24 de febrero de 2020

Miss Caffeina: un lamentable directo

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Miss Caffeina: “Directos Vibra Mahou”. Sala Albéniz. Viernes, 21 de febrero. 

Miss Caffeina es una de esas bandas protegidas por no se sabe quién - o yo no lo sé, mejor dicho-, que están en primera línea de cartel formando parte de todos los festivales españoles. Tampoco se sabe si siguen perteneciendo a la escena indie-pop o ya se han pasado al mainstream. La cuestión es que arrasan y allá por donde van cuelgan el cartel de sold out. Escuchando sus temas por plataformas digitales me choca tanto éxito, aunque he de reconocer que algunos videoclips tienen una estética muy cuidada. Pero musicalmente no me dicen nada.  Pensaba que podría ser como con Leiva, que a la tercera canción tengo que cambiar porque no lo soporto, sin embargo, sus directos suenan potentes. No es el caso. Miss Caffeina tiene un directo lamentable, por lo menos así fue en la sala Albéniz de Gijón durante la gira “Directos Vibra Mahou”. Desde el segundo tema sentía deseos de abandonar la sala, pero contuve las ganas por aquello de la profesionalidad y soporté los veintiún temas que sonaron uno tras otro.

Aunque llevan más de una década de vigencia pasaron desapercibidos hasta el lanzamiento  del disco “Detroit” (2016), con canciones como “Mira como Vuelo”, consiguiendo así colarse en las listas de éxitos. Los cuatro componentes se definen a sí mismos como banda atenta a todo lo que suena, sin prejuicios para absorber y dejarse influenciar por las nuevas corrientes. Así justifican el cambio sonoro que han tenido en su último disco “Oh Long Johnson” (2019), dejando las guitarras en segundo plano para ofrecer un sonido más electrónico. Posiblemente, el hecho de que Alberto Jiménez (cantante) se haya convertido en uno de los portavoces más importantes de la comunidad de LGBT+, haya influido en ese sonido más cercano a Fangoria (como “Cola de Pez”, por ejemplo). Sea por lo que sea hay un cambio grande y se nota cuando escuchamos ambos discos. Sin embargo,  en directo, tanto da una canción como otra, suenan todas igual. Igual de mal, quiero decir. Musicalmente hablando, esos arreglillos que se perciben en algunas canciones no estaban y todo sonaba plano y monótono.

Entre “Reina”, un canto a la reconciliación con aquellos que no te dejan salir del armario y  el homónimo de “Oh Long Johnson” que cerró el concierto, alternaron los más conocidos de “Detroit” y casi todo lo último, con algún rescate de sus tres anteriores discos, como “Mi rutina preferida”, cuya letra produce diabetes por empalagosa. El cantante, por otro lado, patinaba de vez en cuando con la afinación y le costaba interactuar con el público. 

En cuanto a las letras, aunque hay algunas que muestran trabajo detrás, la mayoría son lo de siempre pero con algunas  palabras tope modernas, como “peripatético” o alguna palabrota de esas que les hace tanta gracia a los niños pequeños. Por buscar algo positivo, tiene su gracia el contraste entre las letras pesimistas y la música de baile rompepistas en algunas canciones. El resto no me dice nada. 

En definitiva, se nota que este grupo está muy inflado y cuenta con apoyos de los que controlan el panorama de los  festivales y las discográficas que están resurgiendo de sus cenizas. Desde luego, si pretenden ser recordados como uno de los grupos que formaron parte del boom festivalero de la época, tal y como dijeron en alguna ocasión, ya pueden dejar de hacer directos como este.