Mostrando entradas con la etiqueta Metrópoli. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Metrópoli. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de julio de 2023

Camela se merece muchos premios

 




Camela, “Tour Que la música te acompañe”. Festival Metrópoli, Recinto Ferial Luis Adaro, martes, 4 de julio, 2023.

Hoy por hoy Camela es, quizás, el único grupo musical español capaz de reunir en un mismo concierto a niños, jóvenes, medianos, ancianos, chonis, pijos, elitistas, intelectuales, aristócratas, clases medias, trabajadores, blancos, negros, gitanos, latinos...todos y todas con caras de felicidad y unas ganas locas de cantar a grito pelado aquello de “Sueño contigo, qué me has dado, sin tu cariño no me habría enamorado”. Ni en sus más fantasiosos sueños se podía imaginar ese dúo de cuñados, con ese sonido peculiar techno-rumba de melodías pop aflamencadas, que pudieran llegar a convertirse en todo un fenómeno social que arrasa y crece aún más casi tres décadas después de sus humildes inicios.

El escenario del Metrópoli se convirtió en el lugar de encuentro de toda esa multiculturalidad social para cantarle al amor, al desamor, a la tristeza, a la alegría y a las ganas de pasárselo bien. El concierto se convirtió en una auténtica fiesta donde los malos rollos se dejaban fuera del recinto, salvo si intentabas cruzar entre la multitud para acercarte un poco más al escenario. El sitio que cada uno había logrado alcanzar tras mucho tiempo de espera era sagrado y se defendía con uñas y dientes. He sido testigo. 

Y uno tras otro sonaron los éxitos de Camela y todos al unísono cantamos a nuestros colegas frases como “Escúchame, compréndelo, es imposible nuestro amor” y acabamos exclamando “Cuando zarpa el amor”, coreografía de brazo incluida. 

Y con todo ese éxito y esa pasión que levanta el dúo madrileño siguen sin ser reconocidos y siguen sin ser premiados como se merecen. Por ir a lo fácil, abran Wikipedia y verán sus logros: un solo Premio Odeón en España (2020) y un premio en Puerto Rico (2007). Y se acabó. No hay más. Sinceramente, a mí me parece una vergüenza que no se les haya concedido un premio de más categoría. Espero que se aparque tanto esnobismo y lleguen pronto muchos y más que merecidos premios. Porque el sonido de Camela es único.


Crítica publicada en La Nueva España

lunes, 3 de julio de 2023

Mago de Oz en Metrópoli

 




Mago de Oz “Hasta que el cuerpo aguante Tour 2023”. Festival Metrópoli, Recinto ferial Luis Adaro, domingo, 2 de julio. 


Pocos baterías han liderado bandas que hayan conseguido perdurar en el tiempo, pero el carisma y las ideas de Txus di Felatio ha llevado a “Mago de Oz” a celebrar su 35º Aniversario con una larga gira recién empezada que recorre España y distintos países de América. No es fácil sobrevivir con tanto vaivén de integrantes y, sobre todo, con tantos cambios vocales sin saber quién será el protagonista del próximo disco de la banda. Esto ha provocado que se les compare a menudo con orquestas de bolos, sin embargo, ahí siguen. Además,  uno de los méritos de “Mago de Oz” es haber logrado tener una identidad propia que está a  tres cuartos de camino entre el rock y el folk, porque del folk extraen las melodías de flauta y los toques de violín y el resto pura caña con las distorsiones y el doble bombo a todo trapo. 

El repertorio de la gira “Hasta que el cuerpo aguante” es un repaso por los temas cumbre de la banda en su larga trayectoria, temas que sonaron en el Festival Metrópoli para un público con ansias de rock, pues son malos tiempos para el género. Destacaron los solos de guitarra y temas como “Finis Terra”, “Jesús de Chamberí” o “Molinos de viento”.  Las voces protagonistas estuvieron sublimes en las partes potentes y faltos de buena dicción en las estrofas más fáciles. Con las letras tan bonitas que tienen algunas canciones, me pregunto por qué no se molestan más en vocalizar mejor.

Y todo terminó con la eterna “Fiesta pagana”, dando un soplo de energía a los aficionados al rock ahora que el reggaeton ha tocado techo y empieza a decaer. Todavía hay esperanzas.


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 7 de julio de 2022

La mediocridad de Taburete

 


Festival Metrópoli, Recinto Ferial Luis Adaro. Miércoles, 6 de julio de 2022. 


Cuatro discos en el mercado lleva “Taburete” y el quinto a punto de salir (previsto para octubre), con algunas canciones que ya han sido avanzadas en formato single. Y tras un repaso por la mayor parte de su discografía seguía sin encontrar el motivo por el cual este dúo tiene tanto gancho. La voz de Guillermo Bárcenas es más bien mediocre, las progresiones armónicas  son tópicas y típicas de canciones infantiles, las melodías pobres e insulsas y los arreglos de lo más simple. Ni siquiera estos dos chicos madrileños destacan por tener un físico espectacular, claro que esto es muy subjetivo. En cuanto a las letras, la cosa no da para mucho: frases de corta y pega que parecen sacadas de libretas de su etapa de secundaria, con cierta reiteración al consumo de alcohol y a la apertura de piernas, (“Yo mataría por estar entre tus piernas”, frase de la canción “Entre tus piernas” o “Esperando que abras las piernas y me dejes pasar”, de la canción “Belerofón”). Por cierto, las dos canciones citadas son del mismo disco, prueba de poca capacidad inventiva.  


Viendo que lo grabado no había por donde cogerlo pensé que, quizás, tuvieran un directo potente, de esos que pegan en el pecho y vibran hasta las farolas. A veces pasa. Y el Festival “Metrópoli” era la excusa perfecta para comprobarlo: muy buena capacidad de aforo al aire libre, un precio de entrada muy atractivo para todo tipo de gente y una noche con una temperatura ideal para Gijón.

 

Batería, bajo, guitarras y teclados y hasta un trompetista que apenas tuvo intervenciones acompañaron al dúo; probablemente muy buenos músicos todos ellos, pero sin hueco para mostrar su talento. El caso es que en directo los de Taburete me parecieron más mediocres aún si cabe. Claro que es mi opinión, probablemente no compartida con gran parte del aforo abarrotado hasta la bandera que no dejaron de corear algunas de sus canciones a garganta viva  entre cañas y selfies. 


En fin, Guillermo Bárcenas y Antón Carreño son un claro ejemplo de esa “segunda generación rica” que captan seguidores por cuestiones ajenas a la música, bien sea por afinidad política o bien por el morbo de ser hijo y nieto de personajes corruptos. Desde luego por su talento musical no es. 

Por suerte, en las carpas cercanas al escenario pudimos encontrar bandas con grandes músicos tocando en directo que nos dulcificaron el oído antes y después del susodicho concierto. Y sin tanta parafernalia. 


Crítica publicada en La Nueva España  


sábado, 17 de octubre de 2020

Los Secretos: Concierto para nostálgicos

 


LOS SECRETOS, Gira “De Vuelta”. Festival Metrópoli, plaza de toros El Bibio, sábado 15 de agosto.

Esta pandemia que nos asola ha cambiado muchas cosas en nuestras vidas y la mayoría para peor, sin embargo, hay hechos que son muy bien recibidos, al menos por mi parte. Plaza  de toros “El Bibio” en el día de Begoña (la fiesta grande de Gijón), y en el cartel que cuelga no figura  ningún Cayetano, Ponce, Rivera...ni nadie con traje de luces. En su lugar “Los Secretos”, vestidos con sus vaqueros de siempre y ataviados con guitarras y piano para dar las estocadas. Ole, ole y olee con acento en la O. Y no porque esta banda forme parte de mis dioses del olimpo musical, ni mucho menos, sino porque se ha cambiado una sangrienta corrida de toros por un concierto de música.Todo un hito histórico. Bienvenido y que perdure.  



En cuanto a “Los Secretos” hacía poco que nos habían visitado, concretamente en febrero con motivo de la presentación de su disco “El Paraíso”. Su gira se vio interrumpida por el confinamiento pero como supervivientes que son se adaptaron rápidamente a las nuevas circunstancias y en esta ocasión ofrecieron un concierto en acústico con el líder Álvaro Urquijo, acompañado por las guitarras de Ramón Arroyo y el piano de Jesús Redondo. Dejaron en casa al bajista  Juanjo Ramos y al batería Santi Fernández. Y se notó. El repertorio escogido fue prácticamente igual que el de febrero, quizás con menos temas del último álbum y con muchas de las canciones míticas que han consagrado a la banda como leyendas del pop español, pero la falta de bajo y batería dejó cierto aire de monotonía sonora, excepto para los nostálgicos que disfrutaron de lo lindo aunque la lluvia quiso aguar la fiesta. Quizás el guiño a “It’s raining again” de Supertramp hizo su efecto  y las nubes se disiparon.  

  


Bonita la versión de “Échame a mi la culpa” del incombustible Albert Hammond,  con el que hicieron un cameo durante el confinamiento cuando gran parte de los artistas optaron por seguir vivos a través de las redes. Una vez más estuvo presente (como es habitual en todos sus conciertos) el recuerdo para Enrique Urquijo, autor de la mayoría de los éxitos de la banda, al que le dedicaron “Aunque tú no lo sepas” que, curiosamente no fue compuesta por él. Sigue sonando más interesante la versión de “Ojos de gata” de sus propios autores que la que hace Sabina a ritmo de vals con el título “Nos dieron las 10”, y eso que, como decía antes, la carencia de bajo y batería se notó. El resto del repertorio lo de siempre: “Agárrate a mí María”, “Sobre un vídeo mojado”, no podía faltar “Déjame” y tampoco la gran “Por el bulevar de los sueños rotos”.


Por lo demás un concierto poco reseñable, hora y media de espectáculo en plan tranquilo que sirvió para apaciguar las ganas de fiesta de algunos por falta de otras opciones y para el disfrute de los sempiternos nostálgicos que disfrutaron cada canción de principio a fin.  


Crítica publicada en La Nueva España


miércoles, 11 de julio de 2018

GRAN CAÑÓN: Casi una superbanda


Resultado de imagen de gran cañon concierto gijon

Festival Metrópoli. Viernes, 5 de julio
¿Qué diferencia hay entre uno de esos grupos locales –de cualquier ciudad-, formado por músicos más o menos buenos, que se dedican a tocar  versiones archiconocidas  de clásicos del rock (por cuatro duros y unas cervezas), y una banda que lleva por nombre “Gran Cañón”? La diferencia está en que esta banda la forman dos de las figuras más conocidas del cartel pop rock español, capaces de atraer a un numeroso público de lo más heterogéneo y, además, cuentan con un equipo de sonido que despeina. El caché lo permite, mientras que los grupos locales tienen que conformarse con “equipillos” que, si suenan algo decente hay que estar agradecidos. Cuestión de medios o, mejor dicho, cuestión de pasta. 

 Los nombres de primer cartel son el cantante Carlos Tarque  (M-Clan) y Leiva (¡qué pereza!!), que en esta ocasión asumía las labores de batería.  Para completar la banda el gran maestro Julián Maeso (teclados), el guitarrista Ovidi  (Los Zigarros) y dos más de M-Clan: Prisco a la guitarra y Chapo al bajo.

 En cuanto al repertorio, asequible para los oídos más variopintos. Iniciaron con grandes temas de Led Zeppelin, Hendrix,  Eagles y Eric Clapton. Poco a poco, durante estos cuatro primeros temas iban consiguiendo que la ecualización de agudos perdiera estridencia y que Leiva calentara sus músculos, pusiera en marcha el metrónomo y acertara con los breaks de batería. Le costó trabajo pero, más o menos, el resto del concierto dio el pego ante un repertorio exigente. Lo más destacable fueron sin duda los solos de guitarra de Prisco en temas como “High Voltage” (AC/DC), “Are you Gonna Be My Girl” (Jet) y un tema de Ray Charles en el que destacó también el solo de Julián Maeso.  Sin duda el teclista es un pilar fundamental para esta banda y se lució en muchas ocasiones. También Carlos Tarque estuvo espléndido con la voz, derrochando fuerza y demostrando que tiene una tesitura capaz de abordar desde temas de los Rolling Stones, pasando por “Creedence Clearwater Revival”, hasta llegar a “Lenny Kravitz”.


Lo tenían todo para brillar: buen repertorio, buen equipo, buenos músicos… Y lo consiguieron porque el público congregado tenía intención de pasárselo muy bien,  tararear estribillos más que conocidos y, de paso, ver a artistas famosos.  Sin más exigencias. Pero, si en algo aventajan los grupos locales -mencionados antes- a una banda como Gran Cañón es que ensayan y ensayan y ensayan. Esto es lo que les falta a Gran Cañón. Suenan bien porque son buenos músicos, porque tienen canciones que otros artistas se han encargado de consagrar y porque tienen un gran equipo de sonido, pero falta ensayo.  Falta empaste y faltan muchas horas de rodaje para ser un superbanda. Por lo demás todo bien. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

jueves, 6 de julio de 2017

Coque Malla, como los buenos vinos.

Concierto del Festival Metrópoli, Lunes 3 de julio.

Foto: JUAN PLAZA
 
Coque Malla llega a Gijón de la mano de Metrópoli y desde las primeras notas de “Escúchame”, el piano nos sumerge en un tempo ágil que anima y capta la atención del millar de espectadores presentes.  Fuera de lo habitual en el mundo artístico, Coque hace la presentación de cada miembro de su banda a mitad de la primera canción.  Esto dice mucho de la implicación del cantante con sus músicos. Y hace bien, porque la exquisita producción y la amalgama de arreglos orquestados que se escuchan en su último disco “El último hombre en la Tierra”, son difíciles de trasladar a un directo con un quinteto instrumental en formato banda de rock, si no se cuenta con grandes artífices. Por lo tanto, un punto a su favor. 
De su último disco, pudimos escuchar varios temas con arreglos interesantes, como “Lo hago por ti”, un sencillo tema rockero con buen sonido de órgano y riffs de guitarra efectivos. Más pesado y grueso, con un buen diálogo entre el guitarra y el piano tipo Rhodes sonó “Todo el mundo arde”, un tema con una letra bien trabajada. El empaste entre el batería y el bajo, creando una base rítmica creciente hasta sonar grande, llegó con “Me dejó marchar”, uno de los temas más aplaudidos de la noche.  Muy acústico y bonito sonó el tema homónimo del disco, aunque la progresión de acordes para el cambio de tonalidad quedó un poco forzada, pero bien resuelta al final. También hubo dedicación a su hermano Miguel Malla con “Pétalos, sonrisas y desastres”,  un temazo que no tiene desperdicio. En “El Cachorro del León” Coque Malla se lució con un solo de guitarra sin grandes alardes pero bien construido y bien expresado. 

Además, pudimos escuchar algunos temas de “Termonuclear” y de “La hora de los Gigantes”, como el breve “Berlín” o “Hace tiempo”, un country-blues lento en el que el cantante hace alguna estrofa a capella.  El público tardó en acallar el murmullo pero al final, después de desgañitarse, logró que captasen su intención al sumarse el guitarra y el bajista, formando coro a tres voces. La ovación fue sonora. 
Pero, como es habitual, los mayores momentos de empatía con los presentes fueron precisamente al interpretar grandes éxitos de Los Ronaldos.  “Quiero que estemos pegados”, un rock simple y agresivo que se aleja bastante de la sofisticación actual de Coque Malla, funciona para un público que quiere revivir momentos de su adolescencia. Lo mismo ocurre con “Guárdalo”, capaz de animar a algunos asistentes a bailar con sus respectivas parejas.  La máxima ovación de la noche llega con “No puedo vivir sin tí”, el gran éxito de Los Ronaldos que el público conoce y canta de principio a fin.

Con ocho discos en solitario Coque Malla demuestra que hace tiempo que ha aparcado su rebeldía juvenil y sus canciones oportunistas para convertirse en un artista de grandes minorías, que no llenan grandes recintos pero que le siguen fielmente, porque sabe componer y crear historias interesantes. Con los años mejora, como el buen vino, y así lo demuestra con su último trabajo. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España, publicada el 5 de julio, 2017