sábado, 21 de marzo de 2026

Piaf revive con elegancia.

 






Piaf! The show. Teatro Jovellanos, viernes 20 de marzo, 2026.

El espectáculo “Piaf! The Show”, recaló en Gijón dentro de su gira internacional

conmemorativa del 110º aniversario del nacimiento de Édith Piaf. La propuesta plantea

un recorrido por la vida y carrera de la artista a través de sus canciones y, sobre el

escenario, Nathalie Lermitte asume el reto de encarnar a un mito irrepetible.

Lejos de la imitación, su interpretación nace desde el respeto y la admiración, logrando

momentos de notable intensidad emocional. Su voz, sólida y expresiva, sostiene un

repertorio exigente que rescata una selección de los temas más brillantes de la “Mome

Piaf”.

El acompañamiento musical resulta impecable, tanto en ejecución como en el buen

gusto de los arreglos, a cargo de Benoit Pierron (percusión), Philippe Villa (piano),

Frederic Viale (acordeón) y Giliard Lopes (contrabajo). Destaca especialmente el

acordeón de Viale, con muchas exquisitas incursiones y un solo memorable en "La

Foule", al que se incorpora posteriormente el resto de la banda.

La atmósfera lograda, gracias a una puesta en escena minimalista con proyecciones

audiovisuales que evocan el París de mediados del siglo XX a consigue transportar al

espectador al universo íntimo de Piaf.

Si bien resulta conveniente dominar el francés o conocer el contenido emocional de las

letras para evitar cierta monotonía, Lermitte suple esta barrera con entrega y una

expresividad gestual muy eficaz. Como única pega en un espectáculo por lo demás

elegante, el intermedio tras la interpretación de “Padam, padam, padam”, rompe

innecesariamente el ritmo con un descanso excesivo. No es necesario un descanso en un

espectáculo de noventa minutos.

El tramo final, con los temas más populares como “La Vie en Rose” o “Non, je ne

regrette rien”, eleva la conexión con el público, que respondió con entusiasmo y

prolongadas ovaciones.

En definitiva, “Piaf! The Show” es un homenaje elegante y sincero, más disfrutable

para quienes ya conocen el repertorio de la cantante, pero capaz también de seducir por

la calidad interpretativa y el buen gusto de su ejecución.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

viernes, 20 de marzo de 2026

“Mamma Mia!”: fiesta asegurada

 



Musical “Mamma mia!”, Teatro de la Laboral, jueves 19 de marzo, 2026.


El musical Mamma Mia! sigue demostrando que es uno de los títulos más rentables del

género. La fórmula funciona: una comedia ágil, dinámica y sin apenas tiempos muertos,

que mantiene el ritmo de principio a fin. Sin embargo, es justo reconocer que la clave de

su éxito está en las sempiternas canciones de ABBA, autores de algunos de los mayores

hits del pop internacional.

La producción presentada en el Teatro de la Laboral, con aforo casi completo en el

estreno, confirma el tirón del espectáculo. Se trata de la adaptación de David Serrano,

con dirección escénica de Juan Carlos Fisher y dirección musical de Joan Miquel Pérez.

En el plano musical, el trabajo es sólido. Asia Paletskaya, directora musical y pianista,

realiza en directo un trabajo notable, llevando el mayor peso de los arreglos musicales,

destacando las transiciones fluidas que facilitan los cambios escénicos con naturalidad.

Los arreglos están bien construidos y la interpretación en directo resulta convincente,

aunque se echa en falta la visibilidad de la banda, situada tras el escenario.

En cuanto a la calidad vocal, el espectáculo funciona como una máquina bien

engranada: las voces corales destacan por su potencia y cohesión, y los números

colectivos -con el tutti en pleno- alcanzan momentos de gran impacto. Sin embargo, en

el plano individual, ninguna voz resulta memorable. La voz de Donna presenta carácter,

pero acusa una tendencia clara a engolar el sonido; Tanya, por su parte, muestra

solvencia en los agudos, aunque con cierta nasalidad en el registro grave. Las voces

masculinas cumplen con corrección, sin rasgos especialmente distintivos, en una línea

cada vez más habitual en producciones recientes, donde prima el conjunto sobre el

lucimiento individual.

Aunque no todo resulta igual de efectivo el conjunto funciona con precisión. Porque, al

final, Mamma Mia! no pretende reinventar el género: su objetivo es hacer disfrutar. Y lo

consigue. El público sale tarareando, sonriendo y, sobre todo, con la sensación de haber

asistido a una celebración compartida en la que la historia importa poco porque la

música es la verdadera protagonista.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

jueves, 19 de marzo de 2026

La travesía del viajero enamorado, con Luken Munguira y Aurelio Viribay

 


Luken Munguira (tenor) y Aurelio Viribay (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro

Jovellanos, miércoles, 18 de marzo, 2026.


Una de las partituras más bellas del compositor Franz Schubert es, sin duda, “La bella

molinera”, un ciclo de veinte lieder con un argumento que funciona desde los orígenes

de la humanidad hasta los culebrones más recientes: el amor no correspondido. Basada

en los poemas de Wilhelm Müller, la obra traza el recorrido emocional de un joven

errante que, guiado por un arroyo -símbolo del fluir de la vida-, se enamora de una

molinera para acabar sumido en la frustración y el desengaño.

En esta ocasión, la interpretación corrió a cargo del pianista Aurelio Viribay y el tenor

Luken Munguira, en un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica dentro del

festival (POEX). La proyección de los textos traducidos resultó un acierto al facilitar al

público el seguimiento de la narración sin romper la atmósfera intimista.

Viribay ofreció un acompañamiento sólido y refinado, atento en todo momento al

equilibrio sonoro. Su lectura del piano como encarnación del arroyo -con sus flujos y

remansos- fue especialmente lograda, sosteniendo el discurso con sensibilidad y

acertando con el plano en el que se debe situar sin eclipsar la línea vocal. Por su parte,

Munguira apostó por una interpretación contenida, de afinación impecable y más

centrada en la expresividad que en la potencia. Este enfoque, si bien funcionó de manera

excelente en las primeras filas por su riqueza de matices y su capacidad actoral, perdió

proyección en los pasajes más suaves para el público más alejado.


El ciclo, que avanza desde la ingenuidad inicial hasta la obsesión y el final incierto, en

el que amor, sufrimiento y muerte se entrelazan, encontró en ambos intérpretes un

vehículo convincente para explorar sus contrastes emocionales. El resultado fue un viaje

íntimo y coherente que logró conmover al público y arrancar una prolongada ovación,

confirmando la fuerza atemporal de esta obra maestra.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Víctor Manuel: medio siglo de canciones y aún mucho que decir.



Gira “Solo a solas conmigo”. Teatro de la Laboral, sábado, 14 de marzo de 2026.


 El nuevo disco de Víctor Manuel, “Solo a solas conmigo”, vuelve a situar al cantautor

en el terreno que mejor domina: la reflexión social y política. Su capacidad para seguir

escribiendo grandes letras no puede decirse que esté mejor que nunca, porque a lo largo

de su carrera ha alcanzado cotas tan altas que ya resulta difícil superarse, pero parece

que lo intenta.

Su concierto en el Teatro de la Laboral, con el cartel de completo, confirmó que su

público continúa respondiendo con una fidelidad casi inquebrantable al artista de mayor

proyección internacional salido de Asturias. Y cada vez que vuelve a casa se nota.

La actuación comenzó con “Déjame por Dios que coja aire”, tema que abre el nuevo

disco y que refleja el cansancio que provoca el ruido permanente de los políticos. A

partir de ahí, el repertorio alternó canciones recientes con clásicos muy ligados a la

memoria histórica. Tampoco faltaron referencias a sus inicios con “La romería”, “La

planta 14” o “El abuelo Vítor”, cuya interpretación en vivo siempre resulta

emocionante.

Pero un concierto en directo necesita algo más que el peso de las canciones. En el

apartado musical, la banda ofreció una actuación sólida, dirigida con solvencia por su

hijo, el magnífico pianista David San José. También el saxofonista Santi Ibarretxe firmó

algunos de los momentos más brillantes de la noche.

Donde el paso del tiempo resulta más evidente es en la voz. Víctor Manuel nunca fue un

vocalista técnico y hoy sufre especialmente en las notas altas y en los finales largos de

frase, que a menudo se quedan cortos. Sin embargo, su manera de cantar, con sus

limitaciones y desafines, forma ya parte inseparable de su identidad artística. Algo

parecido ocurre con Bob Dylan: la voz puede fallar, pero el carácter permanece.

Entre recuerdos, anécdotas e ironías políticas muy acertadas, el concierto dejó claro que

Víctor Manuel sigue teniendo algo nuevo que decir. Y que muchas de sus canciones

hace tiempo que dejaron de ser solo suyas.

Crítica de Mar Norlander publicada en LA nueva España. 

sábado, 14 de marzo de 2026

“El último vals” de Miguel Ríos no es una despedida.

 



Gira “El último vals”, Teatro de la Laboral, Gijón, viernes, 13 de marzo de 2026.


Cuando sonaron los primeros acordes de “Bienvenidos”, el Teatro de la Laboral

entendió rápidamente que la noche iba a ser, sobre todo, un ejercicio de memoria

compartida. A sus casi 82 años, Miguel Ríos regresó con la gira “El último vals”, un

título que sugiere despedida pero que, al menos sobre el escenario, todavía no parece

definitivo, porque a este yonqui de los aplausos aún le queda fuelle y energía.


Arropado por su banda habitual, The Black Betty Boys, fue desgranando algunas de sus

canciones más emblemáticas ante un auditorio prácticamente lleno, alternando

momentos estelares, como “El blues del autobús” con otros en los que el paso del

tiempo se hizo notar. Canciones como “Vuelvo a Granada” o “No estás sola”

mantuvieron buena parte de su carga emocional, mientras que incursiones en el rock and

roll más clásico -“Sábado a la noche”, “Bumerang” o el inevitable “Rock de la cárcel”-

lograron que parte del público abandonara la contención de la butaca para acompañar el

ritmo.

Las casi dos horas de actuación dejaron también algunos signos de desgaste. En la

segunda mitad del recital, temas exigentes como “Insurrección” o “A todo pulmón”

evidenciaron cierta fatiga vocal. Sin embargo, el oficio acumulado durante décadas y

una banda sólida y eficaz en los coros permitieron salvar el momento.

El repertorio incluyó varias piezas de su último trabajo, entre ellas la balada “El último

vals”, que exigió un esfuerzo extra al cantante. También sonó “No es la tierra, estúpido.

Eres tú”, dedicada al “matón planetario”, Donald Trump, en una muestra más del

compromiso que Ríos ha mantenido a lo largo de su carrera por no callarse ante los

atropellos sociales que se cometen a lo ancho del planeta.

Puede que la voz ya no tenga la contundencia de otros tiempos, pero el repertorio, la

experiencia y su buena técnica siguen sosteniendo el espectáculo. En Gijón, más que

una despedida, lo que se vio fue a un veterano del rock que todavía se resiste a

abandonar el escenario.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Un viaje fugaz con la Film Symphony Orchestra

 




Film Symphony Orchestra: gira “Toon Story”. Teatro de la Laboral, domingo, 1 de marzo, 2026.


Por tener la oportunidad de escuchar fragmentos de obras tan increíbles como la banda

sonora de Tom & Jerry ya merece la pena acudir a un concierto de la Film Symphony

Orchestra. Salvo conciertos esporádicos ninguna otra formación interpreta partituras

concebidas por grandes compositores al servicio de lo visual y que son verdaderas obras

de arte.

Sin embargo, peca por abarcar demasiadas películas por programa, extrayendo apenas

dos o tres minutos de cada tema principal. Esta fórmula impide una verdadera inmersión

y convierte el conjunto en un collage poco cohesionado: se pasa de Danny Elfman a

Hans Zimmer o Harry Gregson-Williams sin tiempo para apreciar la singularidad de

cada universo sonoro.

El programa “Toon Story”, presentado en el Teatro de la Laboral y dedicado al cine de

animación, alternó aciertos con piezas que habrían agradecido mayor ensayo o revisión

del conjunto. De entre las quince películas abordadas (diecisiete contando los bises)

destacó por su buena interpretación “Pesadilla antes de Navidad”, donde se recreó con

acierto el color instrumental de Elfman, y “Kung Fu Panda”, de Zimmer, con una

brillante intervención de la concertino Amanda Ochoa extrayendo sugerentes sonidos

orientales.

Con tono más humorístico destacaron las marchas militares y las gallinas cacareando

vía kazoos en “Evasión en la granja”, y como propina “Los Simpson” con participación

del público.

Más flojas sonaron la suite “Cómo entrenar a tu dragón” y “Los Increíbles” de Michael

Giacchino, donde el viento metal evidenció falta de consistencia. En cuanto a las voces,

hubo entrega y buena puesta en escena por parte de los dos cantantes (Anastasia, La

Bella y la Bestia, Aladín), sin embargo, falta un buen pulido técnico en la voz femenina.

En resumen, un espectáculo ameno para disfrutar del entusiasmo de esta joven orquesta

y de la didáctica dirección de Constantino Martínez-Orts, aunque con margen para

profundizar más en unas bandas sonoras que bien merecen estar en el podio de grandes

composiciones contemporáneas y, por lo tanto, mayor desarrollo en concierto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

domingo, 22 de febrero de 2026

Celtas Cortos: 40 años contando cuentos

 



Celtas Cortos, gira “40 años contando cuentos”. Gijón Arena, sábado 21 de febrero, 2026.


Cuatro décadas llevan “Celtas Cortos” sobre los escenarios y una fecha tan simbólica

bien merecía un esfuerzo para ofrecer un directo contundente. Así, los saludos grabados

de rostros conocidos dieron paso al inconfundible violín que marca una de las

identidades sonoras del grupo, en una apertura vibrante con “¿Qué voy a hacer yo?”. El

orden del repertorio estaba muy bien estudiado y apenas hubo respiro.

Jesús Cifuentes, con su voz peculiar y su cercanía, recordaba una y otra vez que “esto lo

hemos construido entre todos”. Y así se sucedieron los temas, con un gran despliegue de

instrumentos aportando colorido sonoro a esas canciones cuyas letras incisivas se

combinan con una energía festiva, como la eufórica “El mundo al revés” o “Legión de

mudos”, que sonó potente con esos fraseos de violín y flauta.

Aunque los discursos fueron más contenidos que otras veces, no faltaron las pullitas a

los políticos y a las atrocidades que se cometen a lo largo y ancho del planeta. Así se

volcaron con todos coreando aquello de “Haz turismo invadiendo un país”, aderezado

con proyecciones de guerras; o un tema instrumental al que Cifuentes animó al público

a cantar la consigna “¡Que te den po’l culo, cabrón!”, dedicada a Donald Trump cuando

abandone la Casa Blanca.


Uno de los grandes aciertos de la gira ha sido integrar símbolos locales en cada parada.

En Gijón, el gran gaitero José M. Tejedor interpretó “Retales de una vida”, gran tema y

gran fusión de gaita y banda. La aparición del icónico Rodrigo Cuevas convirtió el

momento en estelar, integrándose totalmente en ese sonido rock con toda la banda para

cantar la famosa “20 de abril”. El broche de oro lo puso Víctor Manuel con “La senda

del tiempo”, ofreciendo un cierre redondo antes de entonar “No nos podrán parar”, toda

una declaración de intenciones.

La multitud salió eufórica tras haber asistido a uno de esos conciertos cuyas entradas se

guardan en un álbum como recuerdo de un momento histórico y comprobando que a

Celtas Cortos aún les quedan muchos cuentos que contar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

jueves, 19 de febrero de 2026

The Best of Soul, un espectáculo sin alma.

 



Teatro Jovellanos, miércoles, 18 de febrero de 2026. 


Los promotores de “The Best of Soul” han sabido vender el espectáculo como un show

de primer nivel, y el público respondió agotando las entradas del Jovellanos. Con una

puesta en escena vistosa y un conjunto musical sólido -formado por cuatro voces, banda

rítmica y cuerdas que le dan el punto de sofisticación-, realizaron un viaje sonoro por las

canciones más míticas de la historia del soul y el doo-wop, a base de clásicos

inmortales.

Sin embargo, el resultado dista de ser ese espectáculo redondo que promete. Pese a la

calidad intrínseca de canciones únicas e irrepetibles popularizadas por artistas como

James Brown, The Temptations, Sam Cooke, Otis Redding o Percy Sledge, la función

carece de alma y termina ofreciendo una calidad irregular.

Las cuatro voces masculinas –de nombres desconocidos- presentan un nivel desigual.

Destaca especialmente el cantante que abre con “Papa Was a Rolling Stone”, un

barítono imponente con graves sólidos y una tesitura amplia que firma algunos de los

momentos más memorables de la noche, como “Georgia on My Mind” o “Shout”.

Frente a él, otra de las voces opta por un falsete para abordar repertorio asociado a

voces femeninas –como Aretha Franklin-, con un resultado artificial y falto de fuerza.

¿Tan difícil era contar con una voz femenina? Los otros dos cantantes alternan pasajes

solventes con deslices de afinación, abusando de glissandos que no siempre aterrizaban

donde deberían.

El espectáculo resulta además impersonal: no hay presentaciones de canciones ni de

intérpretes, ni apenas interacción con el público, excepto para pedir palmas. Los temas -

hasta cuarenta y siete- se suceden uno tras otro, separados únicamente por breves

segundos de fundidos a negro. Ni siquiera los nombres de los artistas se anuncian

durante la función; aparecen proyectados al final, a toda velocidad, como si fueran

créditos de cine.

En definitiva, “The Best of Soul” es un espectáculo que lo tiene todo para triunfar y, sin

embargo, carece de vida. Un producto impecable en su envoltorio, pero

sorprendentemente frío en su esencia.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

lunes, 9 de febrero de 2026

Los Brincos: el eco de una revolución pop



Los Brincos, Gira "60 Aniversario". Teatro de la Laboral, domingo, 8 de febrero, 2026.


décadas fueron llamados los Beatles españoles, y no sin razón. Los Brincos

supieron adaptar la incipiente moda beat a la identidad musical española en una época

dominada por la copla, las baladas italianas y los boleros de ultramar. Sin embargo, su

última cita en Gijón dejó la sensación de que aquel espíritu innovador, hoy sobrevive

más como recuerdo que como realidad escénica. Más que un grupo histórico, la

formación recordó por momentos a una orquestina de bolos recreando canciones de Los

Brincos, una diferencia sutil pero decisiva.


El concierto se abrió con “Flamenco”, luciendo la mítica capa de Seseña y dejando

visible la ausencia de Miguel Morales, líder del regreso del grupo en el siglo XXI.

Estáticos y alineados, repasaron su cancionero desde sus inicios en 1964, cuando se

convirtieron en líderes absolutos del pop español de los sesenta, forjando un repertorio

de canciones breves, directas y generacionales.

No obstante, en esta ocasión, canciones icónicas como “Amiga mía”, “Sola” o el éxito

rotundo “Mejor”, entre otras, resultaron interpretativamente pobres. No es una cuestión

de edad, sino de entusiasmo y actitud. Ese empuje no terminó de transmitirse a una sala

con poco más de media entrada, formada en gran parte por quienes acudieron movidos

por la nostalgia. En los teclados, los sonidos de metales sonaban plásticos,

especialmente evidentes en “Lola”. Los tempos se caían frecuentemente y las

presentaciones se resolvían sin demasiado esfuerzo, como si el estatus ganado décadas

atrás bastara para sostener el concierto.


Los momentos más convincentes llegaron con los temas de mayor pulso rock, como

“The Train”, cantado en inglés, donde el guitarrista firmó un solo digno con su

inconfundible Rickenbacker. También, a destacar unos coros que en su día supieron

incorporar al pop español extraídos del estilo anglosajón.

Sesenta años después, el mérito de seguir en activo es indiscutible, aunque un refuerzo

instrumental y coral habría aportado el vigor que estas canciones eternas merecen para

seguir conquistando generaciones futuras.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Javier Comesaña, Otto Tausk y la OSPA: Talento joven y dirección firme.

 

 





Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA).Director: Otto Tausk; violín: Javier Comesaña. Teatro Jovellanos, jueves 5 de febrero de 2026.


Muchos premios relevantes avalan la aún corta trayectoria del violinista español Javier Comesaña, galardones que resultan plenamente justificados a juzgar por su sobresaliente interpretación del “Concierto para violín nº 1” de Shostakovich. Se trata de una obra de enorme complejidad, tanto técnica como expresiva, un verdadero desafío de sonoridades, contrastes y profundidad musical.

El primer movimiento, que transita constantemente entre la luz y la oscuridad, exige capacidad expresiva, especialmente en los pasajes más trágicos. Comesaña supo dotarlos de una fuerza contenida y cuidadosamente medida. En el segundo movimiento, la extensa cadenza, auténtico eje de la parte solista, dejó literalmente boquiabierta a la repleta butaca del Jovellanos, sostenida por una admirable concentración y solidez técnica.

El virtuosismo alcanzó su punto culminante en la Burlesca, movimiento final de enorme dificultad tanto para el solista como para la orquesta, destacando también la labor del director invitado Otto Tausk, cuya batuta transmitió firmeza, precisión y expresividad.

La calurosa ovación fue correspondida con la “Danse des ombres” de Ysaye, pieza endiablada que Comesaña resolvió con brillantez. A sus veintisiete años, su proyección artística resulta incuestionable.

La segunda parte comenzó con la “Pavane pour une infante défunte” de Ravel, joya del impresionismo francés que el propio compositor calificó modestamente como de melodía “imperfecta” y forma “pobre”,  apreciación con la que resulta difícil estar de acuerdo. Su delicadeza y elegancia sirvieron como refinado preludio antes de afrontar la complejidad de “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky.

En esta obra, Otto Tausk ofreció una lectura clara y convincente, comunicada con eficacia a la orquesta. Destacó especialmente el trabajo de la cuerda y el viento madera, con una intervención sobresaliente de la flauta de Myra Sinclair.

En conjunto, el concierto dejó una impresión muy positiva, tanto por el altísimo nivel del solista como por la cohesión orquestal y la solidez de la dirección. Una velada intensa y bien construida, que confirma la calidad artística de sus protagonistas y el acierto del programa propuesto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

domingo, 1 de febrero de 2026

El oficio de Quique González.

 

Fotografía: Juan Plaza.

Quique González, Presentación del disco “1973”. Teatro de la Laboral, sábado, 31 de

enero de 2026.


Con nombre y apellido corriente, instrumentista correcto sin alardes y una técnica vocal

que apenas alcanza el aprobado raspado, una se pregunta cómo ha logrado Quique

González construir una carrera tan sólida a lo largo de casi quince álbumes. La

respuesta es porque sabe escribir buenas canciones, relatos cotidianos que conectan con

las emociones humanas y ha tenido el acierto de rodearse siempre de músicos

excelentes.

Eso quedó patente en la presentación de su nuevo disco, “1973”, ante cerca de un millar

de seguidores fieles que no dudaron en sacar entrada para escucharlo en directo. La

primera parte estuvo dedicada íntegramente a las nuevas canciones. Entre ellas apuntan

claras posibilidades de permanecer en sus giras “Terciopelo azul”, tema de apertura con

un logrado solo de guitarra con efecto wah-wah. También destacó “Cheques falsos”, en

la que narra una anécdota vivida junto al productor y guitarrista Toni Brunet y el batería

Carlos Arancegui. Su interpretación provocó la primera gran ovación de la noche.

A mitad del concierto el formato se volvió más acústico. En este tramo brillaron

especialmente el contrabajo de Jacob Reguilón y los teclados de Raúl Bernal, aportando

elegancia y profundidad a los arreglos. Fue también el momento en el que más se

evidenciaron las limitaciones vocales del cantante: desafinaciones frecuentes, timbre

estridente y un uso excesivo de la garganta en detrimento de la técnica.

La segunda parte del recital estuvo dedicada a repasar algunos de los temas más

reconocibles de su trayectoria, como “Mis camisetas”, “Salitre”, con una destacada

intervención de órgano Hammond, y “Vidas cruzadas”, reafirmando su calidad como

compositor.

Tras insistentes peticiones llegaron los bises. El cantautor regresó al escenario para

interpretar dos temas, entre ellos la inédita “Padres huérfanos”, que formará parte de

una película de próximo estreno. En definitiva, un concierto exitoso, sostenido por

buenas canciones y una banda solvente que reafirma la fidelidad de su público y el

oficio de Quique González.

Crítica para La Nueva España.

Tarja, la reina del metal sinfónico.

 



Tarja Turunen y Marko Hietala, “Living The Dream Together Tour”. Gijón Arena,

viernes, 30 de enero de 2026.


Tarde de metal sinfónico en estado puro, de ese que resiste modas y playlists fugaces

gracias a una parroquia fiel capaz de cruzarse medio país en pleno invierno gélido para

escuchar el poderío de la distorsión y voces que todavía ponen la piel de gallina. El

Gijón Arena acogía la primera de las cuatro fechas españolas que reúnen a Tarja

Turunen y Marko Hietala, ex de Nightwish, acompañados por otras dos bandas: “Rok

Ali and The Addiction” y “Serpentyne”.

Tras la actuación de las bandas invitadas –mención aparte merece “Serpentyne” que

dejaremos para otra ocasión-, llegó el turno de Marko Hietala. El finlandés concluyó un

concierto correcto, apoyado más en actitud y carisma que en brillantez musical,

llevándose la gran ovación cuando llamó a Tarja para compartir escenario durante un

par de temas.

Pasadas las nueve de la noche, apareció Tarja Turunen con su show en solitario para

confirmar quién manda. Tras un arranque tibio para ajustar sonido –esta vez con

teclados ¡por fin! con volumen adecuado-, sonó “Crimson Deep”: intensidad, afinación,

dramatismo y una demostración de técnica en agudos que recordaron por qué su voz

sigue siendo referencia.

Sorprendió el guiño metalero al “Bolero” de Ravel en “Victim of ritual”, antes de

sumergirse en el repertorio que encumbró a Nightwish, con “Feel for You” como

momento destacado junto a Hietala. “Higher Than Hope” sonó algo justa, pero quedó

compensada con “Silent Masquerade” cantada a dúo y convertida en uno de los grandes

momentos de la noche.

El tramo final fue una apisonadora con “I Walk Alone” y “Wish I Had an Angel”, sin

pirotécnica ni artificios: solo banda, canciones y poderío. Así es el metal honesto. Como

buena capitana, Tarja fue la última en abandonar el escenario, dejando claro que sigue

siendo la reina vocal y que en el metal sinfónico el liderazgo se demuestra en directo.

Crítica publicada en La Nueva España.

jueves, 29 de enero de 2026

Cuarteto Iberia: cinco siglos en cuatro cuerdas.



 Cuarteto Iberia. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 28 de

enero de 2026.


Los socios de la Filarmónica esperaban con interés un concierto dedicado al cuarteto de

cuerda, considerado la forma más depurada de la música de cámara, y el Cuarteto Iberia

cumplió sobradamente esas expectativas con un programa ambicioso que recorrió cinco

siglos de historia musical, desde el Renacimiento hasta finales del siglo XX.

El concierto se inició con la ensalada “La Negrina” de Mateo Flecha “El Viejo”, figura

clave del Renacimiento español. Esta forma polifónica, caracterizada por la mezcla de

estilos y elementos diversos, fue interpretada por el Cuarteto Iberia de manera original y

extrovertida. Los intérpretes rompieron con la visión solemne que suele asociarse a la

música antigua, subrayando su carácter lúdico mediante la incorporación de percusiones

y canto, tanto solista como coral, con textos humorísticos que sorprendieron y

divirtieron al público. Esta propuesta escénica recordó que muchas de estas obras

estaban concebidas para el entretenimiento cortesano y no para la gravedad que hoy se

les atribuye.

El cambio de siglo llegó de la mano de Mozart. Los Iberia se colocaron,

metafóricamente, las imaginarias pelucas blancas para abordar “La caza”. Dedicada a

Haydn y estructurada en cuatro movimientos, la obra combina un aparente desenfado

con una compleja elaboración armónica y formal. El Cuarteto Iberia supo captar ese

equilibrio, con mayor peso técnico en el primer violín, resuelto dignamente por Marta

Peño, destacando especialmente el Allegro assai final.

La segunda parte estuvo dedicada al Cuarteto op. 132 de Beethoven, una de las cumbres

del género. Compuesta en plena sordera y tras un periodo de grave enfermedad, la obra

transmite una profunda carga emocional. La interpretación evidenció un trabajo

minucioso y una comprensión profunda del lenguaje beethoveniano, destacando el

amplio scherzo de grandes dimensiones que evoca a la musette y el conmovedor

movimiento central. El resultado superó al de Mozart y fue acogido con prolongados

aplausos, correspondidos con una pieza minimalista de Philip Glass que devolvió los

estados de ánimo colectivos a una serena y deseada calma.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 25 de enero de 2026

Medina Azahara, no es momento para despedidas.

 


Medina Azahara, gira “Todo llega a su fin”. Teatro de la Laboral. Sábado, 24 de enero de 2025.



Cuesta creer que Medina Azahara esté viviendo sus últimos capítulos. Y no lo piensa

solo quien firma estas líneas: los 1.400 asistentes que llenaron hasta la última butaca del

Teatro de la Laboral tampoco parecen dispuestos a aceptar que el final llegue en 2026.

En primer lugar, porque dejarían huérfano a un estilo icónico al que solo ellos han

sabido dar forma, con esa mezcla de rock cañero y cadencia andaluza, letras que tocan

la fibra y una voz, la de Manuel Martínez, que aún se mantiene en plena forma. Tal vez

la presión de un supuesto adiós, o la sensación de estar asistiendo a algo irrepetible,

hace que todo suene todavía más intenso y preciso.

En lo sonoro, destacan esos teclados y sonidos lead ochenteros a cargo de Manuel

Ibáñez, nombrado en múltiples ocasiones -con toda justicia- como uno de los mejores

teclistas de España y Europa. A su lado, Paco Ventura, con sus solos en la Flying V,

tocando incluso con los dientes, desata la locura del público en canciones como

“Córdoba” o “En el vaivén del aire”. Momentos especialmente brillantes se viven en

“Solo un camino”, donde los fraseos limpios de los teclados debaten con las

distorsiones de la guitarra en un duelo brutal. La banda, sencillamente, está en plena

forma.

El repertorio recorre distintos temas emblemáticos, incluyendo “Necesito respirar”,

hasta desembocar en uno de los instantes más emotivos de la noche con “Solo y sin ti”,

que Martínez dedica a su hijo fallecido. El teatro entero se pone en pie en una ovación

larga y sincera. Entendemos que este sea uno de los motivos para colgar los hábitos y lo

respetamos; sin embargo, no creemos que vaya a llevarse a cabo. Si Medina Azahara

nació en 1979, lo lógico sería esperar al menos a 2029 para celebrar medio siglo de

historia. Ahora no es el momento.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 24 de enero de 2026

Gijón a ritmo de salsa con Estrellas de Buena Vista

 

Estrellas de Buena Vista. Gijón Arena, viernes, 23 de enero de 2025.

En 1997, Ry Cooder grabó en La Habana el disco “Buena Vista Social Club”, un

proyecto de música tradicional cubana que alcanzó un éxito sin precedentes y fue

reconocido con un premio Grammy. Aunque aquella experiencia no tuvo continuidad,

en 2021 el legendario tresero Pancho Amat retomó su espíritu dando vida a “Estrellas

de Buena Vista”, integrando a antiguos miembros originales junto a una nueva

generación de músicos virtuosos. Esta formación, se presentó en Gijón con motivo de la

gira asociada a la publicación del álbum “Live in Havana”, ofreciendo un auténtico lujo

musical para el público local.

La puesta en escena estuvo especialmente cuidada, con imágenes evocando el esplendor

de la capital cubana y una banda capaz de convertir el concierto en una auténtica fiesta

de ritmo y color. La intención fue clara: rendir homenaje a sus predecesores con

canciones inmortales al tiempo que proyectar la esencia cubana hacia el futuro.

El concierto destacó por su capacidad para convertir clásicos en piezas vivas, abiertas a

la improvisación y al baile. “La negra Tomasa” o la divertida “De camino a la vereda”

sirvieron para que el pianista Alejandro Falcón desplegara una notable capacidad

creativa, luciéndose con diferentes tumbaos sobresalientes. Destacables las voces de

toda la plantilla, con especial interés en la voz de Rosalía Gómez y su interpretación de

“20 años” o la de Kiko Ruíz colándose entre el público para atraparlos con el

“Manisero”.

En piezas tan versionadas como “Lágrimas negras”, donde el margen para la sorpresa es

reducido, la banda logró aportar matices propios, destacando el protagonismo de la

trompeta de Roberto García. Además, el recinto era cómodo para el baile y la

participación del público. No faltaron tampoco guiños didácticos y dosis de humor que

contribuyeron a crear el buen rollo, incluida la curiosa atribución del “Asturias, patria

querida” a Ignacio Piñeiro, tan discutible como anecdótica.

En definitiva, es de agradecer que existan iniciativas como “Estrellas de Buena Vista”,

que mantienen viva la música cubana y demuestran que su calidad y vigencia siguen

intactas.

Crítica publicada en La Nueva España

viernes, 23 de enero de 2026

La OSPA resplandece con Dvorak

 

Fotografía: Fernando Rodríguez para La Nueva España.


OSPA: “El resplandor de Dvorak”. Teatro Jovellanos, jueves, 22 de enero de 2025.


El Teatro Jovellanos ofreció una imagen gratificante para acoger un nuevo concierto de

la OSPA, con el patio de butacas lleno y las zonas altas ampliamente densas. La

respuesta del público confirmó el atractivo de un programa bien diseñado, que combinó

repertorio clásico, una incursión en la música contemporánea y una de las sinfonías más

populares del canon sinfónico.

Abrió con la “Obertura para un Festival Académico” de Brahms, una obra que esconde

motivos bellamente enlazados y de carácter enigmático. La orquesta los asumió con un

notable equilibrio y claridad técnica, bajo la batuta de Ramón Tebar, director invitado

para la ocasión. Tebar condujo a la OSPA a un alto nivel interpretativo, destacando su

atención al detalle y su cuidado trabajo de dinámicas, capaz de extraer desde el más sutil

susurro de la cuerda y la madera hasta los contundentes tutti orquestales. Resulta,

además, especialmente agradable contemplar la elegancia de su gesto y la naturalidad

con la que disfruta sobre el escenario, evidenciando la excelente sintonía con una

orquesta a la que ha dirigido en numerosas ocasiones.

La segunda pieza, “The cry of Anubis”, del británico Harrison Birtwistle, requería

intencionalidad para lograr una obra breve pero intensamente expresiva, que le concede

el protagonismo a la tuba. El instrumento personifica a Anubis (Dios egipcio) liderando

un viaje musical alusivo a un cortejo fúnebre y fue magníficamente interpretado por

David Moen, el tuba principal de la OSPA, quien aportó una amplia gama de

sonoridades y recursos expresivos del instrumento pocas veces audibles en la mayoría

de obras sinfónicas. Una interpretación sobresaliente.

El concierto culminó con la Sinfonía “Del Nuevo Mundo”, de Dvorak, verdadero plato

fuerte de la noche. Una obra admirable, con ideas melódicas bellísimas que combina

con naturalidad ecos eslavos y americanos junto a una selección orquestal

especialmente original. Magnífica interpretación que significó un paseo para esta

orquesta, destacando la sección de cuerda. Aplaudimos a la OSPA y deseamos que

vuelva en breve Ramón Tebar al frente de la orquesta.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 18 de enero de 2026

Carlos Núñez llena Gijón de sonidos celtas.

 

Carlos Nuñez, Teatro Jovellanos, sábado, 17 de enero de 2025.

Con el teatro lleno hasta la última butaca, Carlos Nuñez quiso conmemorar los 30 años

de “A Irmandade das Estrelas”, el disco que marcó un antes y un después en su carrera

y que lo consagró como un referente universal del sonido celta, ese sonido que no

necesita reinventarse porque remite a la raíz y a la memoria colectiva del norte.

Arropado por sus excelentes músicos y visiblemente cómodo, Núñez se lo tomó con

calma, presentando y contextualizando cada tema y más que un recital, ofreció un

recorrido emocional y cultural por su trayectoria. Además, supo implicar también a la

ciudad, subrayando que se trataba del concierto más importante del año y contando de

nuevo con la colaboración de la Banda de Gaitas Villa de Gijón y de su sección más

joven, la bandina Magüeta, confirmando que el futuro de este estilo musical está

asegurado gracias a las nuevas generaciones.


Junto a las canciones del disco, hubo homenajes a figuras clave, como Paddy Moloney,

cofundador de The Chieftains y uno de sus mentores, y al asturiano Lisardo Lombardia,

presente en el escenario, por su decisiva labor para que Asturias formara parte del

Festival Intercéltico de Lorient. Por extensión, Nuñez también recordó al colectivo de

las Pandereteiras, que descubrió en ese festival.

Más allá de la buena ejecución de cada tema fue destacable la labor de Laura, la técnico

de sonido, que consiguió que todo sonara en su sitio. La ecualización y los volúmenes

impecables, sin un solo acople, una tarea especialmente compleja en un concierto con

tantas gaitas y percusiones, instrumentos que tienden a colarse fácilmente por los

micrófonos abiertos.

En definitiva, Carlos Núñez logró convertir la noche en una auténtica fiesta de

hermandad, en la que público y artistas alcanzaron una conexión intercéltica basada en

su manera de entender la música como una celebración abierta a la participación de

todos los que la viven con la misma pasión.

Crítica publicada en La Nueva España.

domingo, 4 de enero de 2026

Abraham Cupeiro, inclasificable.

 

Foto: Juan Plaza

Abraham Cupeiro, tour “Resonando en el pasado”. Teatro de la Laboral, sábado, 3 de enero de 2026.

En tiempos convulsos, cuando parece que todo amenaza con irse al traste, resulta reconfortante encontrar figuras que devuelven la fe en la humanidad a través del arte, la inteligencia y la sencillez. Abraham Cupeiro es, sin duda, una de ellas. Compositor, lutier, investigador, músico y divulgador nato, ofrece con “Resonando en el pasado” un viaje sonoro por la evolución del ser humano a través de los instrumentos que lo han acompañado, muchos de ellos construidos por el propio Cupeiro.

Su propuesta no es un concierto al uso ni un monólogo, sino un híbrido brillante entre música, divulgación histórica y humor. Y lo más asombroso: Cupeiro sostiene casi dos horas de espectáculo completamente solo en el escenario, armado únicamente con instrumentos monofónicos y su talento para contar historias. Toda una osadía que no solo funciona, sino que conquista. Porque Cupeiro domina como pocos el arte de narrar. Su acento gallego, su ironía fina y su excepcional capacidad pedagógica convierten cada dato, aunque rigurosamente documentado, en un relato vivo que parece nacer de la improvisación.

La función arranca con la divertida fábula de una pastorcilla gijonesa que, soplando por una pajita, descubre la música. A partir de ahí enlaza con la aparición de una pastora gallega para explicar, entre risas, el posible origen del aulós griego. Desde ese arranque desfilan instrumentos imponentes como el kárnix celta -su joya más preciada-, el cornu romano o el shofar bíblico, todos acompañados por imágenes que sitúan al público en cada época.

El recorrido abarca la Grecia clásica, la Edad Media o las rutas de Marco Polo, donde Cupeiro presenta el duduk armenio, instrumentos persas, el hulusi chino o la gaita irlandesa, dotando a cada pieza de autenticidad y sentido histórico.

Los momentos más inesperados llegan con su “Freddie Mercury barroco” involucrando a todo el aforo completo en una obra coral, la incursión jazzística imitando a Louis Armstrong y un cierre entrañable con “My Way” interpretada con una botella. Resonando en el pasado” es arqueología musical con humor, rigor y emoción a propuesta de un maestro de maestros inclasificable.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

Ara Malikian, el gran chef musical.

 


Ara Malikian, Gira “Intruso”. Teatro de la Laboral, viernes 3 de enero de 2025.

Ara Malikian ya no es un intruso en tierras asturianas. De hecho, ya es uno más de la familia musical. Cada temporada regresa con propuestas renovadas o revisando trabajos anteriores que presenta con el sello inconfundible de su virtuosismo combinando ingredientes variados y de gran calidad para lograr un resultado siempre sorprendente.

Acompañado por Iván “Melón” Lewis (piano), Iván Ruiz (bajo), Georvis Pico (batería) y Dayan Abad (guitarra), el artista conformó un quinteto sólido y de precisión milimétrica. A nuestros oídos llegaban sonoridades euroasiáticas fusionadas con jazz, clásica y rock, articuladas a través de un estilo interpretativo intenso que volvió a demostrar su peculiar manera de entender la música.

 

Destacó la “Gran sonatina rapsódica”, comenzando en silencio como guiño a John Cage, antes de adentrarse en una variación del tercer movimiento del “Claro de Luna” de Beethoven filtrada por el tamiz del rock, el cabaret y la samba brasileña. El resultado fue impresionante. El “Capricho 24” de Paganini, revisado con acentos de salsa, latin jazz, funky y rock, subrayó nuevamente la versatilidad del armenio-libanés, que también mostró su faceta más sensible en “Karma”.

En esta ocasión, quizá por la doble función prevista para el viernes, Malikian se mostró menos comunicativo y redujo sus habituales relatos entre piezas. Aun así, compartió algunas historias singulares: la del “niño rata”, la explicación del título “Intruso” -inspirado en la sensación de extrañeza vivida en las culturas donde ha residido-, su simpático relato sobre cómo ganarse la vida sin hacer nada y una reflexión final contra la guerra, el odio y el genocidio. Estos momentos aportaron calidez a la velada.

El programa incluyó referencias a Piazzola con aires barrocos, a Paco de Lucía fusionando flamenco y jazz y, por supuesto, Jimmy Hendrix, quien no puede faltar en sus conciertos, antes de despedir con la icónica “Nana Arrugada”. En definitiva, un concierto más contenido en palabra, pero con los sabores brillantes que definen a este gran chef musical.

viernes, 2 de enero de 2026

Una gala de Año Nuevo irregular

 


"Gran Gala de Año Nuevo”, Orquesta Sinfónica Mercadante. Teatro Jovellanos, jueves 1 de enero de 2026.

La Sinfónica Mercadante, presentó una vez más el concierto de Año Nuevo en Gijón bajo la batuta de Mariano Rivas, con una propuesta tan atractiva como irregular: festiva en apariencia, pero poco coherente en su planteamiento.

El inicio con la “Obertura de Candide” de Bernstein, marcó un desenfado rítmico que puso a prueba a la sección de cuerda para seguir el pulso del simpático director. Un vuelco estilístico hacia Verdi, con “Sempre libera” de La Traviata, sirvió para descubrir a la soprano Alexandra Zamfira. Con un timbre atractivo, tesitura holgada y técnica sólida, sumó, además, una presencia escénica magnética. Aunque algún desliz puntual recordó que aún es una artista en plena evolución, su interpretación conquistó al auditorio. Tanto Verdi como Puccini o Bernstein parecían escritos a su medida, especialmente evidente en “Glitter and be gay”, defendida con una brillantez que perdonó los giros del programa.

Aun así, la sensación de aleatoriedad persistió. Entre piezas orquestales como la “Danza eslava nº 2” de Dvorak, se intercalaron arias como “Che gelida manina”, interpretada por Pablo Puértolas (tenor de timbre hermoso y fraseo delicado, aún en formación), concluyendo la primera parte con el “Mambo” de “West side story”, que resultó forzado dentro del repertorio.

La segunda parte se abrió con la electrizante “Obertura de Ruslan y Liudmila” de Glinka, seguida de las inevitables páginas de Johann Strauss II, habituales en las galas de Año Nuevo y bien ejecutadas por parte de la orquesta. En este tramo regresó Puccini con “O soave fanciulla”, donde Zamfira y Puértolas alcanzaron un equilibrio más logrado y un dúo lleno de lirismo.

Para las propinas, Rivas optó por clásicos infalibles como la “Obertura de Guillermo Tell” y la “Marcha Radetzky”, con la participación del público que cerró la velada con un ambiente plenamente festivo.

En conjunto, la gala cumplió su cometido y agradó a un público poco habitual en los conciertos sinfónicos, aunque una mayor coherencia en el repertorio sería deseable y perfectamente alcanzable.

Crítica publicada en La Nueva España