viernes, 16 de octubre de 2026

El Ensemble 4.70 conquista a la Sociedad Filarmónica



Ensemble 4.70, Yuri Zhislin (director), Mercedes Schmidt (flauta), José Antonio Domené (arpa). Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, jueves 15 de octubre de 2026.


El concierto inaugural de la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón se convirtió en una magnífica declaración de intenciones. El Ensemble 4.70, en esta ocasión bajo la dirección de Yuri Zhislin, ofreció un programa original y de gran exigencia titulado “Metamorfosis”, en el que la calidad interpretativa, la sensibilidad y la complicidad entre los músicos fueron protagonistas.

Comenzaron con el bellísimo “Andante festivo” de Jean Sibelius, adquiriendo especial

significado al ponerse en diálogo con “Metamorphosen”, de Richard Strauss, obra con

la que se cerró el concierto. Ambas composiciones, vinculadas al turbulento contexto

europeo de la Segunda Guerra Mundial, establecieron un sugerente hilo conductor entre

la belleza, la memoria y la pérdida. Una asociación musical tan poco habitual como

acertada, que otorgó al programa una notable coherencia emocional.

Entre ambas obras se situó el “Concierto para flauta, arpa y orquesta en do mayor, K.

299”, de Mozart. Pese a la dificultad añadida del intenso olor a barniz que se percibía en

el teatro, Mercedes Schmidt destacó por su virtuosismo, limpieza técnica y elegancia,

mientras que José Antonio Domené, uno de los arpistas españoles más destacados de su

generación, ofreció una interpretación refinada y llena de sensibilidad. En una partitura

donde todo parece fácil, la escucha en directo permite apreciar la enorme dificultad que

se esconde tras su aparente naturalidad. Ambos solistas demostraron una admirable

compenetración y ofrecieron como propina el “Entr’acte” de Jacques Ibert,

maravillosamente interpretado.

La segunda parte estuvo dedicada a “Metamorphosen”, de Strauss, una obra de

extraordinaria complejidad escrita para veintitrés instrumentos de cuerda solistas.

Zhislin optó por una lectura de pulso calmado y reposado, que favoreció la profundidad

expresiva y permitió apreciar la riqueza del entramado musical. Tras esta intensa

reflexión sonora, el “Ave verum corpus” de Mozart, ofrecido como propina, aportó un

cierre de conmovedora serenidad.

Más allá del nivel artístico, destacó la complicidad y el disfrute de los intérpretes,

perceptibles desde el escenario. Liderado por el gijonés David Roldán, violista e

impulsor del proyecto, el Ensemble 4.70 confirma así sus señas de identidad: calidad,

flexibilidad, sólida base musicológica y capacidad para desarrolla programas

cuidadosamente concebidos. Alcanzar en esta ocasión una plantilla de treinta artistas en

el escenario supone un hito para una formación singular en el norte de España.

En definitiva, el concierto fue un éxito y una magnífica forma de inaugurar la

temporada: una demostración de talento, imaginación y pasión por la música.


Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

viernes, 9 de octubre de 2026

Martín García deslumbra y Nuno Coelho conquista con Falla y Ravel.

 



Concierto inaugural de la temporada de la OSPA. Nuno Coelho (director), Martín

García (piano), El León de Oro (coro). Teatro Jovellanos, jueves 8 de octubre de 2026.


La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) inauguró la temporada

reivindicando el talento asturiano con dos referentes: el pianista Martín García y el coro

El León de Oro. Bajo la acertada dirección de Nuno Coelho, Falla y Ravel

protagonizaron un diálogo entre la identidad española y el refinamiento francés.

En “Noches en los jardines de España”, Martín García exhibió su extraordinario

virtuosismo y una expresividad apasionada que hacen de Falla un compositor ideal para

su temperamento. Con una técnica prodigiosa y un dominio del color deslumbrante,

conjugó brillantez y sensibilidad, integrándose en la orquesta sin perder protagonismo.

La propina, “Danza del fuego”, confirmó esa afinidad excepcional del pianista con el

universo fallesco.

En la segunda parte, la OSPA junto con el coro “El León de Oro” ofrecieron el ballet en

versión orquestal “Daphnis et Chloé”, de Ravel, en su versión sinfónica completa,

menos habitual que la suite extraída de sus números finales. La elección permitió

apreciar la continuidad dramática y la riqueza de una partitura de extraordinaria

complejidad. Ravel, maestro de la precisión técnica y de la miniatura musical, despliega

aquí una orquestación de asombrosa complejidad, fruto de un control minucioso del

detalle.

Desde el sutil comienzo, la música fue abriéndose gradualmente hasta construir una

amalgama de sonoridades de extraordinaria amplitud. El afinadísimo coro se fundió con

la orquesta hasta convertirse en una sección más, aportando profundidad, luminosidad y

grandeza al conjunto. Coelho destacó por su brillante control de los planos sonoros y la

precisa coordinación entre coro y orquesta, fruto también del excelente trabajo previo de

Marco Antonio García de Paz. Una dirección segura y minuciosa, a la altura de las

exigencias de Ravel.

La OSPA inicia así una temporada especialmente significativa, coincidente con el

último curso de Coelho como director titular y artístico, con una propuesta que

reivindica tanto el talento propio como la ambición de afrontar grandes desafíos del

repertorio sinfónico.


Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España

miércoles, 7 de octubre de 2026

Casi medio siglo con Bryan Adams

 


Si hay una canción que probablemente conoce incluso quien nunca ha escuchado un

disco de Bryan Adams, esa es “(Everything I Do) I Do It for You”. Apareció en un

momento extraordinariamente importante para la música popular, 1991, como parte de

la banda sonora de “Robin Hood: Prince of Thieves”, protagonizada por Kevin Costner.

Su impacto comercial fue tan gigantesco que terminó convirtiéndose en una de las

grandes baladas románticas de los años noventa.

Para toda una generación de pianistas que comenzó a estudiar en aquella década, la

canción fue también una puerta de entrada a la música popular. Es difícil encontrar a

alguien que empezara entonces y no se cruzara con ella. Y eso ayuda a entender lo que

ocurría en las casas y escuelas de música: no era una canción que el alumno tuviera que

descubrir; ya estaba en todas partes. Cuando un adolescente empieza a estudiar piano,

existe una diferencia enorme entre “aprende esta pieza de método que no conoces” y

“enséñame a tocar esa canción que escuchamos ayer en la radio”. Una versión

simplificada permitía reconocer rápidamente la melodía y acompañarla con acordes y

arpegios, convirtiéndola en una pieza especialmente agradecida para quienes daban sus

primeros pasos.

Casi lo mismo podríamos decir de “All For Love”, esa balada desgarradora que cantó

junto a Sting y a otro de los iconos de la voz ronca, Rod Steward, para “Los Tres

Mosqueteros”.

Son dos de las canciones que mejor representan su faceta más romántica, aunque reducir

la trayectoria del canadiense a sus baladas sería quedarse muy corto. Adams lleva casi

cinco décadas escribiendo canciones capaces de conectar con varias generaciones.


Inició su carrera musical en 1978 junto a Jim Vallance, con quien publicó “Let Me Take

You Dancing”, un tema vinculado a la escena disco. Tras sus primeros álbumes, alcanzó

su primer gran éxito con “Cuts Like a Knife” (1983) y se consolidó internacionalmente

con Reckless (1984), que incluía clásicos como “Heaven” y “Run to You”. En 1991

publicó “Waking Up the Neighbours”, cuyo mayor éxito fue la mencionada

“(Everything I Do) I Do It for You”, acompañada de otros grandes temas y de una

producción cercana al sonido de Def Leppard. Durante los 90’ destacó por sus

colaboraciones con artistas como Sting, Rod Stewart, Paco de Lucía o Barbra Streisand,

además de experimentar con nuevas sonoridades, como las mezclas de “Chicane” y

nuevas formas de producción, algo que contribuyó a alimentar la percepción de que

Adams se acercaba al dance. Sin embargo, conviene distinguir entre la música grabada

originalmente por Adams y las remezclas realizadas posteriormente por otros

productores.

Durante los 2000 combinó rock, pop, bandas sonoras y proyectos cinematográficos, sin

abandonar nunca del todo la fórmula que había construido su carrera. Después llegaron

nuevos discos, recopilaciones y giras, mientras su repertorio clásico seguía

incorporándose a la memoria musical de nuevas generaciones.

Y ahora esa historia tiene una nueva parada en Asturias. Bryan Adams actuará en Gijón

el 20 de agosto de 2027, en el Parque Hermanos Castro, dentro del Gijón Life, como


parte de su gira “Roll With The Punches”. La gira comenzó en enero de 2025 y

continuará durante 2026 para afrontar nuevas fechas europeas en el verano de 2027. La

cita gijonesa forma parte de una nueva tanda de conciertos en España que también

llevará al canadiense a Pamplona y Fuengirola.

El concierto llegará, además, después de la publicación de “How’s It Goin”, su nuevo

álbum, previsto para el 6 de noviembre de 2026, con dos canciones de adelanto, «51st

State» y «The Ballad of Terry Fox», que permiten intuir una nueva etapa en una carrera

que, casi cincuenta años después de sus comienzos, sigue encontrando motivos para

volver a los escenarios.

sábado, 3 de octubre de 2026

El Kanka, mucho talento.

 


El Kanka, gira “La Calma”. Teatro de la Laboral, sábado 3 de octubre de 2026.


A “El Kanka” le sienta bien finalizar un disco, abandonar el estudio y ponerse en la

carretera con la banda, para demostrar todo su poderío sobre el escenario. Porque es ahí

donde más brilla: en el directo. Sus composiciones tienen gancho y su último disco, “La

Calma”, está hecho con verdadero mimo, pero sobre las tablas se crecen y empiezan a

parecer realmente buenas. Además, esta gira lleva varios meses de rodaje -desde marzo-

y a Gijón llegó este sábado con toda la maquinaria perfectamente rodada y engrasada.

“O algo” fue una declaración de intenciones: percusión poderosa, coros precisos y una

melodía con suficiente personalidad para esquivar la fórmula. Después llegó “La

apuesta”, con su rumbita de acentos latinos, y “Para eso canto” hizo el resto: el teatro

entero entregado, cantando los estribillos como si llevara años -concretamente tres-

esperando ese momento.

El cantautor malagueño sabe, además, administrar el escenario. Cuenta historias,

bromea, se ríe de sí mismo y consigue que sus intervenciones no sean simples paréntesis

entre canciones. La anécdota de “Compadres”, la maruja cotilla que todos llevamos

dentro de “Pasitos Benditos”, o su defensa de cuidarse “más por dentro que por fuera”

construyen un personaje cercano sin necesidad de impostarlo.

Y luego está la banda. Carlos Manzanares, al frente de la dirección musical, lidera un

equipo que entiende que acompañar no significa permanecer de fondo. Sobresalieron el

buen fraseo y mejor sonido del saxo en “Para vivir”, la contundencia de las percusiones

y, sobre todo, la complicidad entre unos músicos que también saben divertirse. ¿Cuándo

un solo de batería ha conseguido arrancar risas además de aplausos? Ahí estaba José

Benítez para demostrarlo en “Pensando en ti”.

Su último disco deja, además, canciones destinadas a quedarse, como “Le pasa solo al

resto” o “Limpieza General”, cargadas de ironía y poesía. Pero su éxito radica también

en algo aparentemente sencillo y cada vez más difícil: fabricar estribillos que se agarran

al cerebro sin pedir permiso. No es poca cosa. En tiempos de canciones que pueden

desaparecer a la segunda escucha, conseguir que un teatro lleno las devuelva

multiplicadas quizá sea una forma bastante precisa de medir el talento. Y de eso, Juan

Gómez Canca, va sobrao.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

viernes, 21 de agosto de 2026

Jorge Drexler convierte lo esencial en espectáculo.

 


Jorge Drexler “Taracá tour”. Isla del Jardín Botánico de Gijón. Jueves, 20 de agosto de 2026.


Hay artistas que conquistan al público a golpe de espectáculo: luces, grandes decorados,

vestuarios, efectos visuales, coreografías y toda una parafernalia concebida para

deslumbrar. Pero basta con cerrar los ojos, apartar todo aquello que rodea a la música y

buscar lo esencial para descubrir que, detrás de tanto artificio, no siempre hay arte.

Hay otros artistas que recorren exactamente el camino contrario. No necesitan más que

lo imprescindible para que el arte emane. Unos instrumentos, unas voces, unas palabras

y la capacidad de crear, con tan poco, un espacio propio. Un espacio en el que la música

deja de ser simplemente sonido para convertirse en una experiencia; un lugar casi

mágico donde el tiempo pierde su significado y uno deja de preguntarse cuánto lleva

allí.

En ese territorio habita el uruguayo Jorge Drexler. Un artista que en su concierto en el

Jardín Botánico volvió a demostrar que no necesita llenar el escenario para llenar el

espacio. La cita sirvió para presentar “Taracá”, su disco recién publicado. Gustaron

mucho sus nuevas canciones, pero el repertorio no se quedó ahí. Drexler construyó un

viaje por distintas etapas de su trayectoria, recuperando temas como “Las palabras” o

“Guitarra y vos”, cuya letra sigue siendo una pequeña maravilla. A ello se sumó una

banda de músicos de enorme nivel, capaz de acompañar cada canción con precisión y

sensibilidad, sin restarle protagonismo a aquello que verdaderamente sostiene su

propuesta: las palabras. Porque en Drexler las letras no son un mero complemento de la

música; son el corazón de un discurso lleno de contenido, de preguntas, de imágenes y

de emociones.

Y así, casi sin necesidad de artificios, el concierto terminó convirtiéndose en una

auténtica comunión entre el cantautor y el público. El tiempo pareció detenerse para

disfrutar de cada verso, cada acorde, cada silencio y cada sonido. Drexler demostró que,

cuando lo que se tiene que decir es verdadero y la música tiene alma, lo superfluo sobra.

Y que, paradójicamente, cuanto menos necesita un concierto para deslumbrar, más

profundamente puede llegar a conmover.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Martín García: personalidad y virtuosismo




 XXVI Edición del Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. Teatro Jovellanos, martes 18 de agosto de 2026.


El Festival Internacional de Piano de Gijón ha contado en esta edición con Martín

García, un pianista gijonés de enorme personalidad que está llamado a pasar a la historia

de la música como uno de los mejores de este siglo XXI. Aparte de interpretar a

Chopin como pocos –uno de los motivos por los que ha saltado a la primera liga de

concertistas de piano-, su inquietud por ampliar horizontes le ha llevado a abordar un

programa heterogéneo en técnicas y lenguajes y cohesionado en su marco histórico:

finales del XIX y principios del XX.

Abrió con la “Gran Sonata en Sol Mayor” de Tchaikovsky, obra que encajaba con su

personalidad llena de contrastes y de carga visceral. García la defendió con

extraordinaria riqueza de matices, desde los fraseos limpios y delicados hasta las partes

más emotivas donde los graves de piano destacaban sobremanera. Manejaba los tempos

y las dinámicas a su antojo y canturreaba las frases más melódicas en un gesto que

recordaba al gran Glenn Gould. El último movimiento, cargado de virtuosismo, fue

acometido con vértigo a la par que limpieza. Todo estaba bien definido y perfectamente

ejecutado.

Sin grandes dilaciones pasó después a los “Valses nobles y sentimentales” de Ravel.

Aunque contemporáneo de Tchaikovsky, Ravel utiliza un lenguaje diametralmente

lejano en estilo y sonoridad. La concentración y la intensidad contenida llegaron a

arrancarle evidentes gotas de sudor, testimonio físico de la exigencia del recital.

En la segunda parte interpretó la “Sonata-Fantasía en Sol Mayor” de Franz Schubert,

obra que Schumann alabó como la obra más perfecta en forma y concepción del autor.

García ofreció toda una demostración de preparación y estudio meticuloso para

acometerla sin titubeos.

Los aplausos y la ovación final obligaron al pianista a regresar al escenario hasta en

cuatro ocasiones. Generoso, nos regaló dos piezas de Debussy y una de Mompou, antes

de cerrar el recital con el “Estudio op. 8 n.º 12” de Scriabin, una obra de descomunal

dificultad técnica y, al mismo tiempo, de extraordinaria belleza.

Fue, en definitiva, un recital en el que Martín García volvió a demostrar por qué su

nombre ocupa ya un lugar entre los grandes pianistas de su generación: dominio técnico

y gran personalidad interpretativa. Todo un fenómeno.


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

viernes, 14 de agosto de 2026

Ana Torroja y la magia de Mecano

 

 


Ana Torroja, gira “Se ha acabado el show”. Escenario de Poniente, Semana Grande de

Gijón. Jueves, 13 de agosto de 2026.

El concierto de Ana Torroja era uno de los más esperados de la Semana Grande de

Gijón, pero no estuvo a la altura de lo deseado. Y eso que, después de casi treinta años

de carrera en solitario poco fructífera en éxitos, ha encontrado la inspiración para

componer nuevos temas para su álbum “Se ha acabado el show”. Buen álbum y excusa

perfecta para esta gira, que sirve de encuentro para los nostálgicos del icónico grupo

Mecano.

Sin embargo, las miles de personas que acudieron a Poniente percibieron que Ana

Torroja no atraviesa su mejor momento a nivel vocal, llegando a hacernos sufrir ante las

dificultades que mostraba para afrontar determinadas partes del repertorio. Se notaba

falta de aire para terminar las frases y el apoyo diafragmático no era suficiente,

obligándola a recurrir a la garganta. No funcionó. Quizás la humedad de Gijón influyó o

quizás faltó una preparación técnica más adecuada. Lo cierto es que no conseguía

sobrepasar ciertas notas indispensables (aún bajando tonos) y que, además, forman parte

de su identidad vocal.

Aun así el concierto fue un regalazo para los amantes nostálgicos que se colaron en la

fiesta de los 80 para tomar un “Barco a Venus” y llenarse de emoción al escuchar temas

como “Cruz de Navajas”, la maravillosa “Hijo de la Luna” o “Mujer contra Mujer”,

cuyo arreglo renovado sonó espectacular.

En cambio, no termina de convencer el arreglo de “Maquillaje”. Y es que hay canciones

que no necesitan una nueva versión porque, en su formato original, ya son perfectas.

De los temas nuevos destacaría “La maleta”, con un sutil riff de bajo. También hubo

tiempo para recordar “A contratiempo”, punto de salida a su carrera en solitario y “Hoy

ya no te quiero”, con un buen groove placentero para los oídos.

Por otro lado, el estilismo y la pose elegante de Torroja, así como su cercanía y entrega

hacia el público, estuvieron impecables, como siempre. La puesta en escena, sin grandes

artilugios ni virtuosismos instrumentales, estuvo igualmente impoluta, dándole

protagonismo a las canciones, que es lo que importa. Porque la magia de aquellas

canciones de Mecano volvió a hacerse presente en Poniente.

En definitiva, pese a las dificultades vocales, Ana Torroja nos regaló una noche

emocionante y, por eso, la querremos siempre.


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

sábado, 27 de junio de 2026

Juan Magán inaugura Metrópoli a golpe de fórmula conocida.

 

 



Juan Magán, Festival Metrópoli. Recinto Ferial Luis Adaro. Viernes 26 de junio de

2026.

Desde hace ya algunos años, la figura del DJ ha dejado de ser la de aquel amigo

encargado del tocadiscos en los guateques -generalmente el pagafantas servicial, que se

quedaba pinchando mientras los demás bailaban y ligaban-, para convertirse en una

auténtica estrella capaz de encabezar festivales y cobrar cachés que, en ocasiones,

superan a los de artistas de primera línea. Así ocurrió en la inauguración de Metrópoli,

en Gijón, un festival que, tras más de una década de trayectoria, se ha consolidado como

una de las citas culturales más importantes del verano asturiano.

La noche arrancó con el colectivo “3Pack Show”, una sesión de DJ que calentó la pista

al ritmo de “Código Latino”. Como era de esperar, la propuesta se apoyó más en el

espectáculo visual y el marketing que en la música. El principal atractivo recayó en las

dos bailarinas que acompañaban la actuación, auténticas responsables de mantener la

atención del público durante buena parte del set. Bastaba observar los rostros de muchos

asistentes para percibir una mezcla de actitud festiva y escaso entusiasmo real. Tras una

actuación más bien soporífera, todavía hubo que esperar quince minutos más para el

cambio de escenario y la instalación de las consolas de Juan Magán, el cabeza de cartel

de Metrópoli.

Una vez en escena, el catalán desplegó la fórmula que lleva perfeccionando desde hace

dos décadas: una sucesión de éxitos de su característico “Electro Latino”. Desde un

punto de vista estrictamente musical, con todo grabado resulta difícil encontrar

novedades en un espectáculo que suena igual que el del año pasado, el anterior o el

siguiente. La única incógnita reside en si incorporará algún tema nuevo al repertorio.

Sonaron clásicos como “No sigo modas” o “Ella se vuelve loca”, además de numerosas

canciones muy conocidas gracias a colaboraciones con artistas como Abraham Mateo,

Enrique Iglesias, Camela o David Bisbal.

Y, pese a la propuesta musical de escaso interés artístico, el objetivo se cumplió: el

público más joven cantó, bailó y disfrutó sin descanso durante toda la velada. A fin de

cuentas, en este tipo de espectáculos el arte importa menos que la capacidad de

mantener la fiesta en marcha.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

domingo, 14 de junio de 2026

Film Symphony Orchestra y las grandes Bandas Sonoras del Western



 Film Symphony Orchestra: gira “Wanted: el mejor western”. Teatro de la Laboral,

sábado, 13 de junio de 2026.

Tres meses después de su última visita a Gijón, la Film Symphony Orchestra regresó

con un programa completamente distinto, esta vez dedicado al universo musical del

western. Una apuesta tan atractiva como necesaria para rescatar partituras que, pese a su

enorme calidad, rara vez encuentran espacio en las salas de conciertos. Títulos como

“Bonanza”, “La conquista del Oeste”, “Solo ante el peligro” o “Los siete magníficos”

permitieron al público reencontrarse con algunas de las melodías más emblemáticas del

género.

Uno de los grandes aciertos del programa volvió a ser la labor divulgativa de

Constantino Martínez-Orts. El director contextualizó cada obra, presentando a sus

compositores y ofreciendo detalles sobre el proceso creativo. A ello se sumó la cuidada

puesta en escena, con toda la orquesta ataviada con vestuario inspirado en el imaginario

del Lejano Oeste.

La selección incluyó el tema principal de “Bailando con lobos” (1990), compuesto por

John Barry. La melodía conserva intacto su poder evocador, aunque la versión ofrecida

se quedó algo superficial, con escaso desarrollo de las líneas secundarias. Más

convincente resultó la suite de “Wyatt Earp”, de James Newton Howard, una partitura

que recoge con inteligencia la herencia sinfónica de Aaron Copland y Samuel Barber.

La figura dominante del concierto fue, sin duda, Ennio Morricone. Desde la célebre

“Trilogía del Dólar” hasta “Los odiosos ocho”, la orquesta recorrió la extraordinaria

capacidad del compositor italiano para crear partituras inolvidables con recursos

mínimos. Especialmente interesante fue la interpretación del tema inicial de “Los

odiosos ocho”, aunque los compases finales acusaron un exceso del fortísimo que restó

control al conjunto. También brilló “Once Upon a Time in the West”, una obra maestra

de originalidad tímbrica y expresiva, si bien las dinámicas fuertes evidenciaron ciertos

desequilibrios entre secciones.

El cierre llegó con la suite de “El bueno, el feo y el malo”, culminada por “El éxtasis del

oro”. La emoción de la canción quedó ligeramente empañada por algunas imprecisiones

de afinación de la solista. Pese a estos detalles, la Film Symphony Orchestra ofreció un

repertorio de enorme atractivo, confirmando una vez más su capacidad para acercar la

gran música del cine a un público amplio y familiar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

sábado, 13 de junio de 2026

Alejandro Sanz, el mejor concierto del año

 



Alejandro Sanz, gira “Y ahora qué”. Parque Hermanos Castro, Gijón, 12 de junio de

2026.

Los rumores sobre el supuesto deterioro de la voz de Alejandro Sanz en los últimos

tiempos quedaron totalmente desmentidos tras lo que demostró en el concierto de Gijón,

segundo de la gira por España del 2026. Su voz, con esa característica arenilla que

siempre la ha definido, se mantiene en buena forma y sigue siendo capaz de entonar sus

peculiares frases largas, cargadas de melismas y matices flamencos, sin necesidad de

coger aire a mitad de recorrido.

Hay mucho oído y mucho oficio sobre el escenario. Entre alguna bajada de tonalidad -

los años pasan-, algún cambio melódico en contados versos comprometidos o

recurriendo con toda su entrega al diafragma y a la garganta, como hizo en “Mi

soledad”, solventa con creces los retos más exigentes. Y cuando no, ahí está el público:

11.000 personas que conocen sus letras con puntos y comas y cantan y arropan a este

pedazo de artista que se hace querer y conecta con varias generaciones. Así quedó

patente a lo largo de toda la noche.

En cuanto al repertorio, si bien en los últimos discos anda dando bandazos hacia ritmos

de moda que encajan poco con su personalidad artística -como ocurre con el reciente

éxito junto a Shakira, “Bésame”, o la mediocre “Las guapas”, concebida claramente

para atraer a nuevos públicos- , para esta gira supo escoger, aparte de las mencionadas,

prácticamente lo mejor de su trayectoria. Desde la apertura con “Por Bandera” pasando

por clásicos como “Quisiera ser”, “Y, ¿si fuera ella?”, “Amiga mía” o “No es lo mismo”

hasta el inevitable cierre con “Corazón partío”, el repertorio funcionó como un recorrido

por los momentos más brillantes de su carrera.

Precisamente “Corazón partío” me deja una sensación algo agridulce. Una obra

prácticamente perfecta en su concepción original no parece necesitar el cambio de ritmo

que introduce a mitad para desembocar en una versión de tintes electrónicos. Un

experimento prescindible para una canción que, por sí sola, ya lo tiene todo.


Imprescindible mencionar a la magnífica banda que acompaña a Sanz: sencillamente

impecable y presentada por el cantante de una manera creativa y divertida. Y no quiero

dejar pasar la oportunidad de aplaudir su apuesta por la paridad -tan necesaria, aún-, con

cuatro mujeres y cuatro hombres encima del escenario, destacando la compenetración

de batería y bajo, pues de ello depende que los tempos se caigan o se suba la presión; y

es raro ver a dos mujeres liderando esta sección rítmica con semejante autoridad.

Increíbles las dos, especialmente la peruana Gisella Giurfa: pedazo de batería

contundente y perfecta cargada de matices y de definición. El set de batería era una

extensión de sus propios brazos y su lenguaje corporal así lo evidenciaba.


En definitiva, Alejandro Sanz volvió a demostrar por qué sigue ocupando un lugar

privilegiado en la música española. Pocos artistas son capaces de trasladar a un recinto

para 11.000 personas la intimidad y la emoción de canciones concebidas desde lo más

personal, haciendo que cada espectador las sienta como propias. Tres décadas después

de revolucionar el pop en español, sigue arrasando y firma el mejor concierto del año en

Gijón.

lunes, 8 de junio de 2026

Antonio Orozco en su mejor momento

 



Antonio Orozco, tour “La gira de mi vida, 2026”. Parque Hermanos Castro, Gijón, sábado 6 de junio de 2026.

 

Nueve años después de su última visita a Gijón, Antonio Orozco regresó a la ciudad para celebrar sus veinticinco años de carrera e iniciar la gira de presentación de su nuevo trabajo, “El tiempo no es oro”. Y pocas ciudades podían resultar más apropiadas para ello. Orozco manifestó en varias ocasiones durante la velada el cariño que siente por Gijón, pero el sentimiento es claramente recíproco: miles de personas abarrotaron la pista y las gradas para recibir a un cantautor que ha experimentado una notable y coherente evolución y está en el mejor momento de su vida artística.

Quienes recuerden su anterior actuación en la ciudad seguramente tendrán presentes aquellos largos discursos que regalaba entre canción y canción. Esta vez apenas hubo espacio para ellos. Lejos de ser un reproche, la ausencia de esas intervenciones demuestra cómo ha cambiado su manera de comunicarse con el público. Todo ese amor, esa sensibilidad y esa cercanía que antes transmitía a través de la palabra ahora se encuentran plenamente integrados en sus canciones.

La transformación también se percibe en la voz (canta mejor que nunca) y en la puesta en escena. El concierto, impecable durante las dos horas de duración, contó con una producción cuidada y una banda de grandes músicos que arropó cada una de las composiciones. Es cierto que de un artista de su categoría se espera un alto nivel técnico, pero lo que sigue distinguiendo a Orozco de muchos de sus contemporáneos es su extraordinaria capacidad para conectar emocionalmente con el público.

El nuevo disco tuvo un protagonismo destacado durante la noche. “El tiempo no es oro” es un trabajo cargado de verdad y sensibilidad, y así quedó reflejado en las interpretaciones de temas como “Bebé” o “El problema fue la solución”, dos de los momentos más íntimos y emotivos del repertorio.

Por supuesto, tampoco faltaron los grandes clásicos. Canciones como “Mi héroe”, “Estoy hecho de pedacitos de ti” o la imprescindible “Devuélveme la vida” sonaron renovadas gracias a unos arreglos intensos y cuidados que fueron coreados de principio a fin por un público completamente entregado. Hubo emoción, recuerdos y hasta alguna lágrima en una noche que confirmó la excelente relación entre el artista y la ciudad.

Antes de despedirse Orozco prometió regresar pronto. Después de la acogida recibida, no cabe duda de que Gijón volverá a recibirle con los brazos abiertos.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 6 de junio de 2026

Moisés P. Sánchez imagina a Falla en el siglo XXI

 



“Falla Imaginado”.Moisés P. Sánchez (piano), Ana María Valderrama (violín), Pablo Martín Caminero (contrabajo). Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 5 de junio de 2026.

El concierto de clausura de la temporada de la Filarmónica de Gijón volvió a demostrar la capacidad de esta renovada institución para romper barreras estilísticas y ampliar horizontes sonoros. La propuesta del pianista Moisés P. Sánchez constituyó, además, uno de los homenajes más originales a Manuel de Falla con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.

La idea que vertebraba el programa era tan sencilla como sugerente: imaginar cómo sonarían las partituras de Falla si fueran soñadas hoy por un músico libre de etiquetas, pero profundamente respetuoso con la tradición. Para ello, Sánchez contó con dos colaboradores de excepción: el contrabajista Pablo Martín Caminero y la violinista Ana María Valderrama.

La apertura con una poco frecuente “Mazurka” de Falla marcó desde el inicio el carácter de la propuesta. Los materiales originales se transformaron mediante sonoridades jazzísticas y una libertad expresiva que sugería posibles caminos creativos para el compositor gaditano en pleno siglo XXI.

Las “Seis canciones populares españolas” recibieron tratamientos diversos e imaginativos. Entre ellas destacó especialmente la “Asturiana”, convertida en un paisaje sonoro de resonancias methenianas donde afloraba la influencia armónica de Lyle Mays. Esa atmósfera contemplativa desembocó en un vibrante “Polo”, sustentado por los precisos obstinatos pianísticos de Sánchez, sobre los que violín y contrabajo desplegaron toda la energía y vitalidad de la obra.

El “Nocturno”, otra pieza poco conocida de inspiración chopiniana, reunió únicamente a piano y contrabajo en un delicado diálogo salpicado de improvisaciones que evocaban el entendimiento musical de Keith Jarrett y Charlie Haden.

La segunda parte estuvo presidida por la “Suite Imaginada”, composición de P. Sánchez construida a partir de recursos técnicos y expresivos característicos de Falla. Dividida en cuatro movimientos, la obra evidenció tanto el profundo conocimiento del compositor andaluz como la personalidad creativa de su autor. Brilló especialmente Ana María Valderrama, impecable en energía, precisión e integración dentro de un trío de gran cohesión.

Como cierre, una apasionada y precisa “Danza ritual del fuego” condensó todas las virtudes del proyecto: respeto por el legado de Falla, libertad creativa y una convincente traslación de su universo sonoro al lenguaje del jazz contemporáneo. Un final brillante para un concierto que demostró que la mejor manera de homenajear a los clásicos no es conservarlos intactos, sino permitir que sigan dialogando con el presente.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 24 de mayo de 2026

Jeanette: cincuenta años de dulzura intacta

 



Jeanette, “50 Aniversario”. Teatro de la Laboral, sábado, 23 de mayo de 2026.

Si no fuera porque la Wikipedia lo revela sin contemplaciones, pocos dirían que Jeanette ha cumplido ya 74 años. La joven que en los años setenta cantaba aquello de “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” mantiene una sorprendente frescura sobre el escenario. Conserva la esencia que la convirtió en un icono de la canción melódica y una voz que con algún retoque técnico, sigue sonando afinada, delicada y profundamente evocadora.

El Teatro de la Laboral acogió una de las citas de su gira 50 Aniversario, reuniendo a varios cientos de espectadores que acudieron movidos por la nostalgia y el deseo de reencontrarse con una banda sonora que forma parte de sus vidas. Jeanette respondió apoyada por una sólida banda de seis músicos y salvo algún pequeño desliz puntual, el sonido acompañó desde la primera nota, con unos coros trabajados y una instrumentación que supo respetar el carácter intimista de su repertorio.

El recital comenzó con uno de sus himnos, “Por qué te vas”, y terminó con la misma canción como bis, cerrando así un círculo emocional que el público recibió con entusiasmo. Entre ambos momentos desfilaron cerca de una veintena de temas, algunos de composición propia y otros del gran Manuel Alejandro, junto con anécdotas contadas con ese inconfundible acento inglés que sigue siendo parte de su encanto.

La velada contó además con un invitado de excepción: Juan Bau, uno de los grandes representantes de la canción romántica española de los años setenta y ochenta. Interpretó tres de sus éxitos antes de compartir con Jeanette una emotiva versión de «Acaríciame», uno de los momentos más celebrados de la noche.

Más allá de la nostalgia, Jeanette demostró que sigue disfrutando del escenario y del contacto con el público. Cincuenta años después de iniciar su carrera, continúa poseyendo ese raro don de cantar con aparente fragilidad mientras transmite una enorme fuerza emocional. Y eso, más que cualquier aniversario, explica por qué sus canciones siguen encontrando eco generación tras generación.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 23 de mayo de 2026

Tarzán, el musical: empalagoso y aburrido.

 



Tarzán, el musical. Teatro de la Laboral, viernes, 22 de mayo de 2026.

Con todos los elementos potentes que encierra una leyenda como la de Tarzán, es difícil hacer algo tan infumable como el musical que han presentado en el Teatro de la Laboral.

La figura creada por Edgar Rice Burroughs cuenta con más de una veintena de novelas, cómics y no sé cuántas versiones cinematográficas; más que suficiente para construir una trama sólida y emocionante. Sin embargo, lo que encontramos sobre el escenario es una comedia romántica descafeinada sostenida por un guion soporífero.

El inicio ya apunta maneras con anuncios de otros musicales, dando a entender que lo importante es el negocio. Economía y arte pueden convivir perfectamente, pero para que eso suceda la balanza debe inclinarse primero hacia la creación, porque cuando el arte funciona, el público responde por sí solo.

La música tampoco ayuda. Un musical necesita canciones memorables que impulsen la historia y definan a los personajes. Aquí, por el contrario, predominan melodías empalagosas y arreglos previsibles típicos de fórmulas más comerciales del género. Me cuestiono si han usado la IA para tales composiciones.

 

El reparto ofrece resultados desiguales. Tarzán, no logra transmitir el carisma ni la fuerza que exige el personaje. Especialmente floja resulta la escena en la que el personaje se integra en la sociedad londinense. Para bostezar.

Jane tampoco sale mejor parada. Convertida en un personaje casi decorativo y sin apenas evolución, queda reducida a un papel romántico decimonónico que aporta poco a la trama.

 

Se salvan algunos secundarios, como el niño Charly: cargado de gracia, energía y con buena voz se ganó el sueldo, destacando el número del conjuro mágico junto a Isabella, otro de los personajes que mejor salen parados. También William Clayton, el antagonista, cumple vocalmente con solvencia, aunque el libreto le condena a ser un villano plano y poco creíble. 

En conclusión, la entrada es cara (50 €), salvo para aquellos que lo hayan disfrutado, que también puede ser, a tenor de los aplausos finales. Ya lo decía Clint Eastwood: las opiniones y los gustos son como los culos; todo el mundo tiene uno.

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 21 de mayo de 2026

Rochat - Rodiles: un viaje brillante por la música europea.

 

Foto: Juan Plaza

Concierto de Nadège Rochat y Noelia Rodiles. Sociedad Filarmónica de Gijón. Miércoles, 20 de mayo de 2026.

La unión de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat dio como resultado uno de esos conciertos en los que técnica, inteligencia musical y complicidad artística avanzan en la misma dirección. Y si a esa evidente química se suma un repertorio poco frecuente y cuidadosamente elegido, el resultado solo podía ser un concierto de los grandes de la temporada de la Filarmónica.

Abrieron con las “Cinco piezas en el estilo popular Op. 102” de Robert Schumann, donde destacó especialmente la atmósfera íntima y delicada de la segunda: “Langsam”. Rochat posee una forma de tocar difícil de apartar de la vista: el violonchelo parece una extensión natural de su cuerpo y cada frase nace con absoluta implicación expresiva. También brilló la tercera pieza, en la que las complejas armonías entre el piano y las dobles cuerdas del chelo encontraron un equilibrio admirable.

La música de Manuel de Falla permitió apreciar la sensibilidad y precisión de ambas intérpretes, especialmente de Rodiles, muy sólida durante toda la velada. Además, sorprendieron interpretando las siete canciones originales y no solo las seis habituales de la “Suite popular española” anunciada en el programa.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue la inclusión de la “Sonata para violonchelo y piano, Op. 4”, obra tan compleja como infrecuente, llena de cambios bruscos y contrastes expresivos que ambas resolvieron con seguridad y musicalidad.

Para mi gusto fue en la “Suite Italienne” obra de Stravinsky extraída del ballet “Pulcinella”, donde más destacaron estas dos intérpretes, alcanzando, quizá, su momento más brillante: frescura, precisión rítmica y un diálogo bien definido entre ambos instrumentos.

Los reiterados aplausos dieron como premio la interpretación de quizás la más bella de las “Canciones que me enseñó mi madre” de Anton Dvorak, interpretada con delicadeza y calidez.

Y es que el tándem Rodiles-Rochat funciona y esperamos que esta unión se repita con más frecuencia.

Crítica publicada en La Nueva España

miércoles, 20 de mayo de 2026

Notas al programa del concierto Rodiles- Rochat.

 



Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa

Las obras seleccionadas para este programa comparten una misma orientación estética basada en la reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales del pasado.  Lejos de la cita literal, en estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco idóneo para la interpretación de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat, dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Las Cinco piezas en el estilo popular que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a incidir en el tono popular con Night schnell, mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección como dice la indicación inicial Stark und Markirt (Con fuerza y marcado).

La Suite popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla, posteriormente adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el violinista Paul Kochanski. Basada en melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.

Entre las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.

En contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la suite.

El Polo cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.

En conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.

 

Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo, musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de formas clásicas.

Además de su importante contribución pedagógica -especialmente a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras heredadas. La Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.

 

La Suite Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella (1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.

La suite alterna movimientos de carácter contrastante entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano, realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico, mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.

¡Disfruten de este gran concierto!

Por Mar Norlander

domingo, 17 de mayo de 2026

Vibra Mahou Fest: cuando el sonido no acompaña

 


“Ginebras” y “León Benavente”, Vibra Mahou Fest. Recinto Ferial de Asturias Luis Adaro, sábado, 16 de mayo de 2026.

 

El “Vibra Mahou Fest” volvió a celebrarse en Gijón con un cartel muy atractivo para los amantes del rock alternativo, apostando por nombres consolidados y propuestas frescas dentro de la escena nacional. La organización fue impecable, con todo lo necesario para el disfrute, pero el gran problema volvió a ser el recinto elegido: un pabellón. En este caso el de la Feria de Muestras, aunque realmente da igual cual sea porque todos tienen el mismo problema: una acústica terrible. Los rebotes constantes convierten el sonido en una masa informe que satura los oídos y empaña la experiencia de los cientos de asistentes. Una auténtica lástima para bandas que merecían mejores condiciones.

Aun así, hubo grupos capaces de sobreponerse parcialmente a esas dificultades. Las madrileñas “Ginebras” demostraron por qué es una de las bandas más atractivas del panorama actual. Frescas, descaradas y divertidas, desplegaron un repertorio de letras irónicas y pegadizas acompañado de una energía contagiosa sobre el escenario. Su conexión con el público fue inmediata y, pese al deficiente sonido, dejaron claro que verlas en directo sigue siendo una auténtica fiesta. Espero otra oportunidad para escucharlas en mejores condiciones.

El cierre de cartel quedó en manos de “León Benavente”, habituales ya en Gijón y siempre recibidos con entusiasmo. Pero tampoco ellos se libraron y el problema acústico volvió a penalizar seriamente la actuación de la banda liderada por Abraham Boba. Resultó frustrante no poder captar esas capas sonoras que el grupo desarrolla de forma tan personal en canciones que el pabellón entero coreaba casi al unísono, como “La aventura” o “La gloria”, entre muchas otras.

En definitiva, este festival dejó claro que sabe construir un cartel atractivo y cuidar los detalles organizativos, pero también dejó en evidencia que, además de cervezas vende música y, sin embargo, no se concede importancia al sonido. La solución no es compleja, bastaría con colgar grandes cortinajes o elementos absorbentes para reducir los rebotes y mejorar sustancialmente la acústica. Quizás, algún día se tenga en cuenta.  

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 16 de mayo de 2026

Hevia firma una noche redonda en Gijón.

 

Foto: Mario Cantelli

Gira “Platinum Europe Award - 25 Aniversario”. Teatro Jovellanos, viernes, 15 de mayo de 2025.

Hay conciertos que, dependiendo del lugar en que se celebren, pueden pasar desapercibidos entre la vorágine de la oferta cultural o convertirse en una experiencia redonda, dejando en el público la sensación de haber asistido a algo verdaderamente reseñable. El concierto de Hevia en el Teatro Jovellanos pertenece claramente a esta segunda categoría. El escenario elegido era el idóneo para celebrar el 25 aniversario de su Platinum Europe Award, reconocimiento recibido tras vender más de un millón de copias en un solo año de su álbum “Tierra de Nadie”.

Después de triunfar por medio mundo, Hevia regresó a su tierra y fue recibido agotando todas las localidades del teatro. Y no es casualidad. Tiene un mérito enorme haber construido una trayectoria internacional a partir de una música mayoritariamente instrumental en una época poco propicia para este género. Más aún haciéndolo con un instrumento tan singular como la gaita, conocida universalmente, pero alejada de los circuitos más comerciales.

Jugar en casa, sin embargo, también implica asumir ciertos riesgos, y el gaitero, consciente de ello, pensó en todo: el repertorio, los tiempos, la puesta en escena, la narrativa... Todo cuidado al detalle para ofrecer una actuación impecable.

Además de interpretar grandes temas junto a una banda de enorme nivel, Hevia quiso rodearse de artistas que elevaron aún más la emoción de la noche, como Marisa Valle Roso interpretando “La Panderetera” y confirmando que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Tampoco podía faltar el compositor Ramón Prada, uno de los autores más prolíficos de Asturias. Y para completar una velada memorable, además de una pareja de baile, el escenario acogió no una, sino dos bandas de gaitas para interpretar dos de sus temas más emblemáticos: “Villa de Gijón” en " Busindre Reel" y la “Banda de Gaitas de Candás” para “El Garrotín”, concluyendo todos en el escenario con el himno de Asturias. Difícil imaginar un final mejor para un concierto en el que todo salió redondo. 

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 25 de abril de 2026

Ismael Serrano: canciones frente al ruido



Ismael Serrano, “Gira acústica: guitarra y voz”. Teatro de la Laboral, viernes, 24 de abril de 2026.

El planteamiento de la gira con la que Ismael Serrano anticipa su treinta aniversario resulta, en cierto modo, engañoso. Se anuncia como un concierto íntimo de guitarra y voz, una idea que el propio artista refuerza tras abrir con “Amores imposibles”, al reivindicar un formato acústico frente al “hiperestímulo” de los grandes espectáculos. Sin embargo, esa intimidad es relativa: aunque permanece solo en escena con su guitarra, el uso de bases pregrabadas -a veces sutiles, otras claramente orquestales- aleja el resultado de la desnudez prometida, especialmente en “Ven”, “Hija de Lilith” o “La canción de nuestra vida”. No resta calidad, más bien suma, pero sí cuestiona la coherencia del concepto.

Al margen de esta objeción, siempre fui escéptica con este cantautor, ya que su voz en estudio nunca terminó de atraerme. Sin embargo, animada por las valoraciones positivas del musicólogo Eduardo Viñuela, decidí acercarme al directo. Y tengo que afirmar que después de un concierto de dos horas y media me ha convencido. En vivo, su voz gana mucho y se integra con naturalidad en un repertorio donde lo esencial son las letras.

Porque si algo define el concierto es la palabra. Serrano construye un universo poético propio, centrado a menudo en el desamor, pero con ideas originales. A ello se suman sus extensas intervenciones entre canciones, auténticos pequeños ensayos orales que invitan a la reflexión sobre cuestiones cotidianas. Muy destacable su crítica a los algoritmos que nos invade a diario encerrándonos en burbujas que limitan la pluralidad o su disertación sobre el tiempo para presentar canciones como “Tanto por vivir”.

Más allá de la discutible sinceridad del formato anunciado, el concierto confirma algo que sus discos no siempre transmiten: Serrano es, ante todo, un artista de directo. Un formato contenido, sin grandes artificios, que frente al ruido pone el foco en las canciones y en su capacidad para sostener por sí solas el peso del recital.


Crítica publicada en La Nueva España 


jueves, 23 de abril de 2026

El cuarteto Quiroga roza la excelencia.

 


Cuarteto Quiroga. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 22 de abril de 2026.

El Cuarteto Quiroga es uno de los ejemplos más logrados de lo que significa el auténtico trabajo en equipo en la música de cámara. Su manera de interpretar, elegante y cohesionada, con una precisión impecable en entradas y salidas, expone, además, una comprensión profunda de cada obra.

Más allá de la técnica, es un placer observar en directo la complicidad entre sus integrantes: miradas, respiración compartida y gestos, a veces sutiles y a veces enérgicos, transmiten la sensación de estar completamente abstraídos del mundo mientras disfrutan de sus interpretaciones.

El Op. 20 de Joseph Haydn abrió el concierto. Un terreno cómodo para el cuarteto, en el que destacó especialmente el tercer movimiento por sus pianísimos de gran sutileza y una línea melódica clara y fluida. En contraste, el cuarto movimiento mostró toda su energía, con un carácter ágil y brillante, articulado con precisión en sus pasajes contrapuntísticos.

Con el Cuarteto nº 8 de Dmitri Shostakovich ofrecieron una lectura de precisión milimétrica y gran refinamiento expresivo. La intensidad emocional fue constante, revelando la crudeza de una obra compuesta en 1960 en apenas tres días y dedicada a las víctimas del fascismo y de la guerra. Muy acertadas las palabras del violinista Cibrán Sierra, al evocar conflictos actuales (Irán, Gaza, Ucrania, Israel), situando la obra en una dimensión plenamente contemporánea: una música que sigue mostrando el horror humano.

Para cerrar, el Op. 127 de Ludwig van Beethoven, escrito tras la Novena Sinfonía, en una etapa marcada por la sordera, la enfermedad y el aislamiento. Todo esto desplegó un lenguaje libre, experimental e introspectivo que el cuarteto interpretó con profundidad y sensibilidad.

Los ruidosos aplausos fueron correspondidos con una sonatina de Johann Sebastian Bach, poniendo el broche final con una ejecución impecable. Un auténtico lujo disfrutar de estos referentes de la música de cámara que rozan la excelencia.

Crítica publicada en La Nueva España