lunes, 8 de junio de 2026

Antonio Orozco en su mejor momento

 



Antonio Orozco, tour “La gira de mi vida, 2026”. Parque Hermanos Castro, Gijón, sábado 6 de junio de 2026.

 

Nueve años después de su última visita a Gijón, Antonio Orozco regresó a la ciudad para celebrar sus veinticinco años de carrera e iniciar la gira de presentación de su nuevo trabajo, “El tiempo no es oro”. Y pocas ciudades podían resultar más apropiadas para ello. Orozco manifestó en varias ocasiones durante la velada el cariño que siente por Gijón, pero el sentimiento es claramente recíproco: miles de personas abarrotaron la pista y las gradas para recibir a un cantautor que ha experimentado una notable y coherente evolución y está en el mejor momento de su vida artística.

Quienes recuerden su anterior actuación en la ciudad seguramente tendrán presentes aquellos largos discursos que regalaba entre canción y canción. Esta vez apenas hubo espacio para ellos. Lejos de ser un reproche, la ausencia de esas intervenciones demuestra cómo ha cambiado su manera de comunicarse con el público. Todo ese amor, esa sensibilidad y esa cercanía que antes transmitía a través de la palabra ahora se encuentran plenamente integrados en sus canciones.

La transformación también se percibe en la voz (canta mejor que nunca) y en la puesta en escena. El concierto, impecable durante las dos horas de duración, contó con una producción cuidada y una banda de grandes músicos que arropó cada una de las composiciones. Es cierto que de un artista de su categoría se espera un alto nivel técnico, pero lo que sigue distinguiendo a Orozco de muchos de sus contemporáneos es su extraordinaria capacidad para conectar emocionalmente con el público.

El nuevo disco tuvo un protagonismo destacado durante la noche. “El tiempo no es oro” es un trabajo cargado de verdad y sensibilidad, y así quedó reflejado en las interpretaciones de temas como “Bebé” o “El problema fue la solución”, dos de los momentos más íntimos y emotivos del repertorio.

Por supuesto, tampoco faltaron los grandes clásicos. Canciones como “Mi héroe”, “Estoy hecho de pedacitos de ti” o la imprescindible “Devuélveme la vida” sonaron renovadas gracias a unos arreglos intensos y cuidados que fueron coreados de principio a fin por un público completamente entregado. Hubo emoción, recuerdos y hasta alguna lágrima en una noche que confirmó la excelente relación entre el artista y la ciudad.

Antes de despedirse Orozco prometió regresar pronto. Después de la acogida recibida, no cabe duda de que Gijón volverá a recibirle con los brazos abiertos.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 6 de junio de 2026

Moisés P. Sánchez imagina a Falla en el siglo XXI

 



Falla Imaginado”.Moisés P. Sánchez (piano), Ana María Valderrama (violín), Pablo Martín Caminero (contrabajo). Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 5 de junio de 2026.

El concierto de clausura de la temporada de la Filarmónica de Gijón volvió a demostrar la capacidad de esta renovada institución para romper barreras estilísticas y ampliar horizontes sonoros. La propuesta del pianista Moisés P. Sánchez constituyó, además, uno de los homenajes más originales a Manuel de Falla con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.

La idea que vertebraba el programa era tan sencilla como sugerente: imaginar cómo sonarían las partituras de Falla si fueran soñadas hoy por un músico libre de etiquetas, pero profundamente respetuoso con la tradición. Para ello, Sánchez contó con dos colaboradores de excepción: el contrabajista Pablo Martín Caminero y la violinista Ana María Valderrama.

La apertura con una poco frecuente “Mazurka” de Falla marcó desde el inicio el carácter de la propuesta. Los materiales originales se transformaron mediante sonoridades jazzísticas y una libertad expresiva que sugería posibles caminos creativos para el compositor gaditano en pleno siglo XXI.

Las “Seis canciones populares españolas” recibieron tratamientos diversos e imaginativos. Entre ellas destacó especialmente la “Asturiana”, convertida en un paisaje sonoro de resonancias methenianas donde afloraba la influencia armónica de Lyle Mays. Esa atmósfera contemplativa desembocó en un vibrante “Polo”, sustentado por los precisos obstinatos pianísticos de Sánchez, sobre los que violín y contrabajo desplegaron toda la energía y vitalidad de la obra.

El “Nocturno”, otra pieza poco conocida de inspiración chopiniana, reunió únicamente a piano y contrabajo en un delicado diálogo salpicado de improvisaciones que evocaban el entendimiento musical de Keith Jarrett y Charlie Haden.

La segunda parte estuvo presidida por la “Suite Imaginada”, composición de P. Sánchez construida a partir de recursos técnicos y expresivos característicos de Falla. Dividida en cuatro movimientos, la obra evidenció tanto el profundo conocimiento del compositor andaluz como la personalidad creativa de su autor. Brilló especialmente Ana María Valderrama, impecable en energía, precisión e integración dentro de un trío de gran cohesión.

Como cierre, una apasionada y precisa “Danza ritual del fuego” condensó todas las virtudes del proyecto: respeto por el legado de Falla, libertad creativa y una convincente traslación de su universo sonoro al lenguaje del jazz contemporáneo. Un final brillante para un concierto que demostró que la mejor manera de homenajear a los clásicos no es conservarlos intactos, sino permitir que sigan dialogando con el presente.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 24 de mayo de 2026

Jeanette: cincuenta años de dulzura intacta

 



Jeanette, “50 Aniversario”. Teatro de la Laboral, sábado, 23 de mayo de 2026.

Si no fuera porque la Wikipedia lo revela sin contemplaciones, pocos dirían que Jeanette ha cumplido ya 74 años. La joven que en los años setenta cantaba aquello de “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” mantiene una sorprendente frescura sobre el escenario. Conserva la esencia que la convirtió en un icono de la canción melódica y una voz que con algún retoque técnico, sigue sonando afinada, delicada y profundamente evocadora.

El Teatro de la Laboral acogió una de las citas de su gira 50 Aniversario, reuniendo a varios cientos de espectadores que acudieron movidos por la nostalgia y el deseo de reencontrarse con una banda sonora que forma parte de sus vidas. Jeanette respondió apoyada por una sólida banda de seis músicos y salvo algún pequeño desliz puntual, el sonido acompañó desde la primera nota, con unos coros trabajados y una instrumentación que supo respetar el carácter intimista de su repertorio.

El recital comenzó con uno de sus himnos, “Por qué te vas”, y terminó con la misma canción como bis, cerrando así un círculo emocional que el público recibió con entusiasmo. Entre ambos momentos desfilaron cerca de una veintena de temas, algunos de composición propia y otros del gran Manuel Alejandro, junto con anécdotas contadas con ese inconfundible acento inglés que sigue siendo parte de su encanto.

La velada contó además con un invitado de excepción: Juan Bau, uno de los grandes representantes de la canción romántica española de los años setenta y ochenta. Interpretó tres de sus éxitos antes de compartir con Jeanette una emotiva versión de «Acaríciame», uno de los momentos más celebrados de la noche.

Más allá de la nostalgia, Jeanette demostró que sigue disfrutando del escenario y del contacto con el público. Cincuenta años después de iniciar su carrera, continúa poseyendo ese raro don de cantar con aparente fragilidad mientras transmite una enorme fuerza emocional. Y eso, más que cualquier aniversario, explica por qué sus canciones siguen encontrando eco generación tras generación.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 23 de mayo de 2026

Tarzán, el musical: empalagoso y aburrido.

 



Tarzán, el musical. Teatro de la Laboral, viernes, 22 de mayo de 2026.

Con todos los elementos potentes que encierra una leyenda como la de Tarzán, es difícil hacer algo tan infumable como el musical que han presentado en el Teatro de la Laboral.

La figura creada por Edgar Rice Burroughs cuenta con más de una veintena de novelas, cómics y no sé cuántas versiones cinematográficas; más que suficiente para construir una trama sólida y emocionante. Sin embargo, lo que encontramos sobre el escenario es una comedia romántica descafeinada sostenida por un guion soporífero.

El inicio ya apunta maneras con anuncios de otros musicales, dando a entender que lo importante es el negocio. Economía y arte pueden convivir perfectamente, pero para que eso suceda la balanza debe inclinarse primero hacia la creación, porque cuando el arte funciona, el público responde por sí solo.

La música tampoco ayuda. Un musical necesita canciones memorables que impulsen la historia y definan a los personajes. Aquí, por el contrario, predominan melodías empalagosas y arreglos previsibles típicos de fórmulas más comerciales del género. Me cuestiono si han usado la IA para tales composiciones.

 

El reparto ofrece resultados desiguales. Tarzán, no logra transmitir el carisma ni la fuerza que exige el personaje. Especialmente floja resulta la escena en la que el personaje se integra en la sociedad londinense. Para bostezar.

Jane tampoco sale mejor parada. Convertida en un personaje casi decorativo y sin apenas evolución, queda reducida a un papel romántico decimonónico que aporta poco a la trama.

 

Se salvan algunos secundarios, como el niño Charly: cargado de gracia, energía y con buena voz se ganó el sueldo, destacando el número del conjuro mágico junto a Isabella, otro de los personajes que mejor salen parados. También William Clayton, el antagonista, cumple vocalmente con solvencia, aunque el libreto le condena a ser un villano plano y poco creíble. 

En conclusión, la entrada es cara (50 €), salvo para aquellos que lo hayan disfrutado, que también puede ser, a tenor de los aplausos finales. Ya lo decía Clint Eastwood: las opiniones y los gustos son como los culos; todo el mundo tiene uno.

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 21 de mayo de 2026

Rochat - Rodiles: un viaje brillante por la música europea.

 

Foto: Juan Plaza

Concierto de Nadège Rochat y Noelia Rodiles. Sociedad Filarmónica de Gijón. Miércoles, 20 de mayo de 2026.

La unión de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat dio como resultado uno de esos conciertos en los que técnica, inteligencia musical y complicidad artística avanzan en la misma dirección. Y si a esa evidente química se suma un repertorio poco frecuente y cuidadosamente elegido, el resultado solo podía ser un concierto de los grandes de la temporada de la Filarmónica.

Abrieron con las “Cinco piezas en el estilo popular Op. 102” de Robert Schumann, donde destacó especialmente la atmósfera íntima y delicada de la segunda: “Langsam”. Rochat posee una forma de tocar difícil de apartar de la vista: el violonchelo parece una extensión natural de su cuerpo y cada frase nace con absoluta implicación expresiva. También brilló la tercera pieza, en la que las complejas armonías entre el piano y las dobles cuerdas del chelo encontraron un equilibrio admirable.

La música de Manuel de Falla permitió apreciar la sensibilidad y precisión de ambas intérpretes, especialmente de Rodiles, muy sólida durante toda la velada. Además, sorprendieron interpretando las siete canciones originales y no solo las seis habituales de la “Suite popular española” anunciada en el programa.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue la inclusión de la “Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, obra tan compleja como infrecuente, llena de cambios bruscos y contrastes expresivos que ambas resolvieron con seguridad y musicalidad.

Para mi gusto fue en la “Suite Italienne obra de Stravinsky extraída del ballet “Pulcinella”, donde más destacaron estas dos intérpretes, alcanzando, quizá, su momento más brillante: frescura, precisión rítmica y un diálogo bien definido entre ambos instrumentos.

Los reiterados aplausos dieron como premio la interpretación de quizás la más bella de las “Canciones que me enseñó mi madre” de Anton Dvorak, interpretada con delicadeza y calidez.

Y es que el tándem Rodiles-Rochat funciona y esperamos que esta unión se repita con más frecuencia.

Crítica publicada en La Nueva España

miércoles, 20 de mayo de 2026

Notas al programa del concierto Rodiles- Rochat.

 



Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa

Las obras seleccionadas para este programa comparten una misma orientación estética basada en la reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales del pasado.  Lejos de la cita literal, en estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco idóneo para la interpretación de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat, dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Las Cinco piezas en el estilo popular que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a incidir en el tono popular con Night schnell, mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección como dice la indicación inicial Stark und Markirt (Con fuerza y marcado).

La Suite popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla, posteriormente adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el violinista Paul Kochanski. Basada en melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.

Entre las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.

En contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la suite.

El Polo cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.

En conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.

 

Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo, musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de formas clásicas.

Además de su importante contribución pedagógica -especialmente a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras heredadas. La Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.

 

La Suite Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella (1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.

La suite alterna movimientos de carácter contrastante entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano, realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico, mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.

¡Disfruten de este gran concierto!

Por Mar Norlander

domingo, 17 de mayo de 2026

Vibra Mahou Fest: cuando el sonido no acompaña

 


“Ginebras” y “León Benavente”, Vibra Mahou Fest. Recinto Ferial de Asturias Luis Adaro, sábado, 16 de mayo de 2026.

 

El “Vibra Mahou Fest” volvió a celebrarse en Gijón con un cartel muy atractivo para los amantes del rock alternativo, apostando por nombres consolidados y propuestas frescas dentro de la escena nacional. La organización fue impecable, con todo lo necesario para el disfrute, pero el gran problema volvió a ser el recinto elegido: un pabellón. En este caso el de la Feria de Muestras, aunque realmente da igual cual sea porque todos tienen el mismo problema: una acústica terrible. Los rebotes constantes convierten el sonido en una masa informe que satura los oídos y empaña la experiencia de los cientos de asistentes. Una auténtica lástima para bandas que merecían mejores condiciones.

Aun así, hubo grupos capaces de sobreponerse parcialmente a esas dificultades. Las madrileñas “Ginebras” demostraron por qué es una de las bandas más atractivas del panorama actual. Frescas, descaradas y divertidas, desplegaron un repertorio de letras irónicas y pegadizas acompañado de una energía contagiosa sobre el escenario. Su conexión con el público fue inmediata y, pese al deficiente sonido, dejaron claro que verlas en directo sigue siendo una auténtica fiesta. Espero otra oportunidad para escucharlas en mejores condiciones.

El cierre de cartel quedó en manos de “León Benavente”, habituales ya en Gijón y siempre recibidos con entusiasmo. Pero tampoco ellos se libraron y el problema acústico volvió a penalizar seriamente la actuación de la banda liderada por Abraham Boba. Resultó frustrante no poder captar esas capas sonoras que el grupo desarrolla de forma tan personal en canciones que el pabellón entero coreaba casi al unísono, como “La aventura” o “La gloria”, entre muchas otras.

En definitiva, este festival dejó claro que sabe construir un cartel atractivo y cuidar los detalles organizativos, pero también dejó en evidencia que, además de cervezas vende música y, sin embargo, no se concede importancia al sonido. La solución no es compleja, bastaría con colgar grandes cortinajes o elementos absorbentes para reducir los rebotes y mejorar sustancialmente la acústica. Quizás, algún día se tenga en cuenta.  

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 16 de mayo de 2026

Hevia firma una noche redonda en Gijón.

 

Foto: Mario Cantelli

Gira “Platinum Europe Award - 25 Aniversario”. Teatro Jovellanos, viernes, 15 de mayo de 2025.

Hay conciertos que, dependiendo del lugar en que se celebren, pueden pasar desapercibidos entre la vorágine de la oferta cultural o convertirse en una experiencia redonda, dejando en el público la sensación de haber asistido a algo verdaderamente reseñable. El concierto de Hevia en el Teatro Jovellanos pertenece claramente a esta segunda categoría. El escenario elegido era el idóneo para celebrar el 25 aniversario de su Platinum Europe Award, reconocimiento recibido tras vender más de un millón de copias en un solo año de su álbum “Tierra de Nadie”.

Después de triunfar por medio mundo, Hevia regresó a su tierra y fue recibido agotando todas las localidades del teatro. Y no es casualidad. Tiene un mérito enorme haber construido una trayectoria internacional a partir de una música mayoritariamente instrumental en una época poco propicia para este género. Más aún haciéndolo con un instrumento tan singular como la gaita, conocida universalmente, pero alejada de los circuitos más comerciales.

Jugar en casa, sin embargo, también implica asumir ciertos riesgos, y el gaitero, consciente de ello, pensó en todo: el repertorio, los tiempos, la puesta en escena, la narrativa... Todo cuidado al detalle para ofrecer una actuación impecable.

Además de interpretar grandes temas junto a una banda de enorme nivel, Hevia quiso rodearse de artistas que elevaron aún más la emoción de la noche, como Marisa Valle Roso interpretando “La Panderetera” y confirmando que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Tampoco podía faltar el compositor Ramón Prada, uno de los autores más prolíficos de Asturias. Y para completar una velada memorable, además de una pareja de baile, el escenario acogió no una, sino dos bandas de gaitas para interpretar dos de sus temas más emblemáticos: “Villa de Gijón” en " Busindre Reel" y la “Banda de Gaitas de Candás” para “El Garrotín”, concluyendo todos en el escenario con el himno de Asturias. Difícil imaginar un final mejor para un concierto en el que todo salió redondo. 

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 25 de abril de 2026

Ismael Serrano: canciones frente al ruido



Ismael Serrano, “Gira acústica: guitarra y voz”. Teatro de la Laboral, viernes, 24 de abril de 2026.

El planteamiento de la gira con la que Ismael Serrano anticipa su treinta aniversario resulta, en cierto modo, engañoso. Se anuncia como un concierto íntimo de guitarra y voz, una idea que el propio artista refuerza tras abrir con “Amores imposibles”, al reivindicar un formato acústico frente al “hiperestímulo” de los grandes espectáculos. Sin embargo, esa intimidad es relativa: aunque permanece solo en escena con su guitarra, el uso de bases pregrabadas -a veces sutiles, otras claramente orquestales- aleja el resultado de la desnudez prometida, especialmente en “Ven”, “Hija de Lilith” o “La canción de nuestra vida”. No resta calidad, más bien suma, pero sí cuestiona la coherencia del concepto.

Al margen de esta objeción, siempre fui escéptica con este cantautor, ya que su voz en estudio nunca terminó de atraerme. Sin embargo, animada por las valoraciones positivas del musicólogo Eduardo Viñuela, decidí acercarme al directo. Y tengo que afirmar que después de un concierto de dos horas y media me ha convencido. En vivo, su voz gana mucho y se integra con naturalidad en un repertorio donde lo esencial son las letras.

Porque si algo define el concierto es la palabra. Serrano construye un universo poético propio, centrado a menudo en el desamor, pero con ideas originales. A ello se suman sus extensas intervenciones entre canciones, auténticos pequeños ensayos orales que invitan a la reflexión sobre cuestiones cotidianas. Muy destacable su crítica a los algoritmos que nos invade a diario encerrándonos en burbujas que limitan la pluralidad o su disertación sobre el tiempo para presentar canciones como “Tanto por vivir”.

Más allá de la discutible sinceridad del formato anunciado, el concierto confirma algo que sus discos no siempre transmiten: Serrano es, ante todo, un artista de directo. Un formato contenido, sin grandes artificios, que frente al ruido pone el foco en las canciones y en su capacidad para sostener por sí solas el peso del recital.


Crítica publicada en La Nueva España 


jueves, 23 de abril de 2026

El cuarteto Quiroga roza la excelencia.

 


Cuarteto Quiroga. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 22 de abril de 2026.

El Cuarteto Quiroga es uno de los ejemplos más logrados de lo que significa el auténtico trabajo en equipo en la música de cámara. Su manera de interpretar, elegante y cohesionada, con una precisión impecable en entradas y salidas, expone, además, una comprensión profunda de cada obra.

Más allá de la técnica, es un placer observar en directo la complicidad entre sus integrantes: miradas, respiración compartida y gestos, a veces sutiles y a veces enérgicos, transmiten la sensación de estar completamente abstraídos del mundo mientras disfrutan de sus interpretaciones.

El Op. 20 de Joseph Haydn abrió el concierto. Un terreno cómodo para el cuarteto, en el que destacó especialmente el tercer movimiento por sus pianísimos de gran sutileza y una línea melódica clara y fluida. En contraste, el cuarto movimiento mostró toda su energía, con un carácter ágil y brillante, articulado con precisión en sus pasajes contrapuntísticos.

Con el Cuarteto nº 8 de Dmitri Shostakovich ofrecieron una lectura de precisión milimétrica y gran refinamiento expresivo. La intensidad emocional fue constante, revelando la crudeza de una obra compuesta en 1960 en apenas tres días y dedicada a las víctimas del fascismo y de la guerra. Muy acertadas las palabras del violinista Cibrán Sierra, al evocar conflictos actuales (Irán, Gaza, Ucrania, Israel), situando la obra en una dimensión plenamente contemporánea: una música que sigue mostrando el horror humano.

Para cerrar, el Op. 127 de Ludwig van Beethoven, escrito tras la Novena Sinfonía, en una etapa marcada por la sordera, la enfermedad y el aislamiento. Todo esto desplegó un lenguaje libre, experimental e introspectivo que el cuarteto interpretó con profundidad y sensibilidad.

Los ruidosos aplausos fueron correspondidos con una sonatina de Johann Sebastian Bach, poniendo el broche final con una ejecución impecable. Un auténtico lujo disfrutar de estos referentes de la música de cámara que rozan la excelencia.

Crítica publicada en La Nueva España

viernes, 17 de abril de 2026

Capercaillie: tradición y modernidad.

 


Capercaillie, Clausura del III Alcuentru Profesional Música en Rede, Teatro de la Laboral, jueves, 16 de abril de 2026.

El cierre del “III Alcuentru Profesional Música en Rede” no pudo tener mejor broche que la actuación de “Capercaillie”, una formación que lleva cuatro décadas sobre los escenarios y sigue siendo referencia indiscutible del folk celta contemporáneo.

Comenzaron con fuerza con una pieza instrumental muy folk y ya desde el saludo inicial de Donald Shaw, el grupo dejó clara su complicidad con el público y su altísimo nivel instrumental. Una actuación muy esperada en la que pudimos apreciar la excelencia individual de cada músico: el violín preciso de Charlie McKerron, la riqueza tímbrica de Michael McGoldrick en flautas y gaitas, el refinado acompañamiento de Manus Lunny al bouzouki y una sólida base rítmica.

La entrada de Karen Matheson dejó claro por qué son tan originales y queridos entre los seguidores del género. Su voz, de timbre inconfundible y gran exigencia técnica, actúa como un instrumento más dentro de un entramado sonoro complejo. En temas cantados en lengua gaélica, como Port Na Caillich” y en piezas más comerciales en inglés, como “At the Heart of It All”, la cantante demostró un dominio expresivo singular.

Uno de los logros de esta banda es la originalidad de los sonidos y el empaste del conjunto. A pesar de la dificultad inherente a combinar instrumentos tan diversos -gaita, violín, flauta, bouzouki, acordeón- con ritmos que transitan del folk al funky, la banda tiene credibilidad. Respiran en el mismo tempo, se ceden espacios con inteligencia y construyen una simbiosis sonora poco habitual.

Momento de emoción vivieron los seguidores al contar con Tejedor y su gaita en directo para interpretar la añada “Texendo Suaños”, de composición propia.

El cierre, con “Coisich a Rùin”, recordó su papel pionero al llevar el gaélico a las listas británicas, demostrando su capacidad para fusionar tradición y modernidad sin perder identidad. En definitiva, un concierto de altísima calidad artística, donde virtuosismo y cohesión alcanzan un equilibrio admirable.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 12 de abril de 2026

Edu Soto: talento innato

 


Edu Soto, “Más vale solo que ciento volando”, Teatro de la Laboral, sábado, 11 de abril de 2026.

 

Sostener durante dos horas un espectáculo en un gran escenario, prácticamente desnudo y ante 750 espectadores, es un reto difícil para cualquier cómico. Sin escenografía ni apoyos -más allá de un breve vídeo-, Edu Soto volvió a demostrar que ese desafío solo está al alcance de unos pocos y que, haga lo que haga, el público está de su parte.

 

Desde el inolvidable “Neng de Castefa”, el cómico catalán ha construido una carrera basada en la improvisación, el humor físico y la interacción constante. Todo ello estuvo presente en “Más vale solo que ciento volando”, donde el público participó activamente en un juego cómico que Soto manejó a su antojo.

 

El arranque, centrado en divagaciones sobre el clima o la profesión de “coach”, dio paso a una sucesión de improvisaciones con la intervención de espectadores que, entre otras situaciones, participaron en el cálculo del “porcentaje de gilipollas” en el teatro: 38,5 individuos en total a los que Soto quiso dar caza.

 

Destacaron los números del “niño gilipollas”, con el que mantiene una conversación sobre los gustos sexuales, y su transformación en bailarín en la madurez, donde demuestra sus dotes para la danza. Junto al número de hipnosis, su interpretación de las distintas maneras de acometer el acto sexual fue el momento más brillante del espectáculo.

 

El resto pecó de relleno improvisado, con un ritmo irregular y carente de un guion claro. De hecho, el show atravesó un bajón en su tramo final, con reflexiones que diluyeron la potencia cómica.

 

Pero es Edu Soto, y logra remontar gracias a su talento innato y su capacidad para reconectar con el público, apoyándose en una reflexión sobre la “Apología del ocio”, de Robert Louis Stevenson, y demostrando, además, que es un gran cantante al que ni las canciones más emblemáticas de Camilo Sesto se le resisten.

 

No es su mejor espectáculo, pero sí una nueva demostración de que, incluso en sus momentos más flojos, Edu Soto sigue siendo un animal escénico capaz de sostener él solo todo un teatro.


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 9 de abril de 2026

Ensemble 4.70. Dos sextetos, un desafío

 


“Ensemble 4.70”, organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 8 de abril de 2026.

Es poco frecuente asistir a un concierto dedicado al sexteto de cuerda, una formación tan atractiva como exigente y, por ello, escasamente cultivada. La dificultad reside en equilibrar seis voces independientes -con violas y violonchelos duplicados- sin caer en el simple doblaje ni en la saturación del discurso. Lograr líneas diferenciadas, claras y expresivas es un reto incluso mayor que en el cuarteto. Por eso, cuando se abordan dos de las cimas del repertorio con dos lenguajes totalmente diferentes, como el Sexteto n.º 2 de Brahms y el “Souvenir de Florence” de Chaikovski, la expectativa es alta.

El “Ensemble 4.70”, impulsado por David Roldán junto con Marta Martínez, asumió el desafío reforzado por solistas de primer nivel como Nadège Rochat, Rubén Menéndez, Yuri Zhislin y Pedro Ordieres. La cita, organizada por la Sociedad Filarmónica de Gijón, comenzó con Brahms, obra de madurez, íntima y de hondura emocional. Desde los primeros compases, el conjunto supo encontrar ese equilibrio delicado que exige una textura densa: líneas bien perfiladas, respiración común y una escucha activa que evitó cualquier opacidad. La complejidad de la partitura se resolvió con naturalidad y coherencia, transmitiendo una complicidad palpable.

En la segunda parte, Chaikovski transformó el clima sonoro hacia un terreno más expansivo y brillante, más cercano a lo sinfónico que a lo puramente camerístico. La interpretación destacó por su energía y claridad, con especial relieve en las cascadas melódicas que transitaban de una cuerda a otra y en el diálogo entre el violín de Zhislin y el chelo de Rochat, sostenidos por un tejido de pizzicatos y líneas sutiles del resto del grupo. Sobresalió también Ordieres en el tercer movimiento, así como la riqueza dinámica del conjunto. El final, vertiginoso e imponente, cerró una velada de alto nivel.

En suma, un concierto poco habitual -casi un rara avis- que el público supo apreciar en toda su dimensión. Desafío superado.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 21 de marzo de 2026

Piaf revive con elegancia.

 






Piaf! The show. Teatro Jovellanos, viernes 20 de marzo, 2026.

El espectáculo “Piaf! The Show”, recaló en Gijón dentro de su gira internacional

conmemorativa del 110º aniversario del nacimiento de Édith Piaf. La propuesta plantea

un recorrido por la vida y carrera de la artista a través de sus canciones y, sobre el

escenario, Nathalie Lermitte asume el reto de encarnar a un mito irrepetible.

Lejos de la imitación, su interpretación nace desde el respeto y la admiración, logrando

momentos de notable intensidad emocional. Su voz, sólida y expresiva, sostiene un

repertorio exigente que rescata una selección de los temas más brillantes de la “Mome

Piaf”.

El acompañamiento musical resulta impecable, tanto en ejecución como en el buen

gusto de los arreglos, a cargo de Benoit Pierron (percusión), Philippe Villa (piano),

Frederic Viale (acordeón) y Giliard Lopes (contrabajo). Destaca especialmente el

acordeón de Viale, con muchas exquisitas incursiones y un solo memorable en "La

Foule", al que se incorpora posteriormente el resto de la banda.

La atmósfera lograda, gracias a una puesta en escena minimalista con proyecciones

audiovisuales que evocan el París de mediados del siglo XX a consigue transportar al

espectador al universo íntimo de Piaf.

Si bien resulta conveniente dominar el francés o conocer el contenido emocional de las

letras para evitar cierta monotonía, Lermitte suple esta barrera con entrega y una

expresividad gestual muy eficaz. Como única pega en un espectáculo por lo demás

elegante, el intermedio tras la interpretación de “Padam, padam, padam”, rompe

innecesariamente el ritmo con un descanso excesivo. No es necesario un descanso en un

espectáculo de noventa minutos.

El tramo final, con los temas más populares como “La Vie en Rose” o “Non, je ne

regrette rien”, eleva la conexión con el público, que respondió con entusiasmo y

prolongadas ovaciones.

En definitiva, “Piaf! The Show” es un homenaje elegante y sincero, más disfrutable

para quienes ya conocen el repertorio de la cantante, pero capaz también de seducir por

la calidad interpretativa y el buen gusto de su ejecución.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

viernes, 20 de marzo de 2026

“Mamma Mia!”: fiesta asegurada

 



Musical “Mamma mia!”, Teatro de la Laboral, jueves 19 de marzo, 2026.


El musical Mamma Mia! sigue demostrando que es uno de los títulos más rentables del

género. La fórmula funciona: una comedia ágil, dinámica y sin apenas tiempos muertos,

que mantiene el ritmo de principio a fin. Sin embargo, es justo reconocer que la clave de

su éxito está en las sempiternas canciones de ABBA, autores de algunos de los mayores

hits del pop internacional.

La producción presentada en el Teatro de la Laboral, con aforo casi completo en el

estreno, confirma el tirón del espectáculo. Se trata de la adaptación de David Serrano,

con dirección escénica de Juan Carlos Fisher y dirección musical de Joan Miquel Pérez.

En el plano musical, el trabajo es sólido. Asia Paletskaya, directora musical y pianista,

realiza en directo un trabajo notable, llevando el mayor peso de los arreglos musicales,

destacando las transiciones fluidas que facilitan los cambios escénicos con naturalidad.

Los arreglos están bien construidos y la interpretación en directo resulta convincente,

aunque se echa en falta la visibilidad de la banda, situada tras el escenario.

En cuanto a la calidad vocal, el espectáculo funciona como una máquina bien

engranada: las voces corales destacan por su potencia y cohesión, y los números

colectivos -con el tutti en pleno- alcanzan momentos de gran impacto. Sin embargo, en

el plano individual, ninguna voz resulta memorable. La voz de Donna presenta carácter,

pero acusa una tendencia clara a engolar el sonido; Tanya, por su parte, muestra

solvencia en los agudos, aunque con cierta nasalidad en el registro grave. Las voces

masculinas cumplen con corrección, sin rasgos especialmente distintivos, en una línea

cada vez más habitual en producciones recientes, donde prima el conjunto sobre el

lucimiento individual.

Aunque no todo resulta igual de efectivo el conjunto funciona con precisión. Porque, al

final, Mamma Mia! no pretende reinventar el género: su objetivo es hacer disfrutar. Y lo

consigue. El público sale tarareando, sonriendo y, sobre todo, con la sensación de haber

asistido a una celebración compartida en la que la historia importa poco porque la

música es la verdadera protagonista.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

jueves, 19 de marzo de 2026

La travesía del viajero enamorado, con Luken Munguira y Aurelio Viribay

 


Luken Munguira (tenor) y Aurelio Viribay (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro

Jovellanos, miércoles, 18 de marzo, 2026.


Una de las partituras más bellas del compositor Franz Schubert es, sin duda, “La bella

molinera”, un ciclo de veinte lieder con un argumento que funciona desde los orígenes

de la humanidad hasta los culebrones más recientes: el amor no correspondido. Basada

en los poemas de Wilhelm Müller, la obra traza el recorrido emocional de un joven

errante que, guiado por un arroyo -símbolo del fluir de la vida-, se enamora de una

molinera para acabar sumido en la frustración y el desengaño.

En esta ocasión, la interpretación corrió a cargo del pianista Aurelio Viribay y el tenor

Luken Munguira, en un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica dentro del

festival (POEX). La proyección de los textos traducidos resultó un acierto al facilitar al

público el seguimiento de la narración sin romper la atmósfera intimista.

Viribay ofreció un acompañamiento sólido y refinado, atento en todo momento al

equilibrio sonoro. Su lectura del piano como encarnación del arroyo -con sus flujos y

remansos- fue especialmente lograda, sosteniendo el discurso con sensibilidad y

acertando con el plano en el que se debe situar sin eclipsar la línea vocal. Por su parte,

Munguira apostó por una interpretación contenida, de afinación impecable y más

centrada en la expresividad que en la potencia. Este enfoque, si bien funcionó de manera

excelente en las primeras filas por su riqueza de matices y su capacidad actoral, perdió

proyección en los pasajes más suaves para el público más alejado.


El ciclo, que avanza desde la ingenuidad inicial hasta la obsesión y el final incierto, en

el que amor, sufrimiento y muerte se entrelazan, encontró en ambos intérpretes un

vehículo convincente para explorar sus contrastes emocionales. El resultado fue un viaje

íntimo y coherente que logró conmover al público y arrancar una prolongada ovación,

confirmando la fuerza atemporal de esta obra maestra.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Víctor Manuel: medio siglo de canciones y aún mucho que decir.



Gira “Solo a solas conmigo”. Teatro de la Laboral, sábado, 14 de marzo de 2026.


 El nuevo disco de Víctor Manuel, “Solo a solas conmigo”, vuelve a situar al cantautor

en el terreno que mejor domina: la reflexión social y política. Su capacidad para seguir

escribiendo grandes letras no puede decirse que esté mejor que nunca, porque a lo largo

de su carrera ha alcanzado cotas tan altas que ya resulta difícil superarse, pero parece

que lo intenta.

Su concierto en el Teatro de la Laboral, con el cartel de completo, confirmó que su

público continúa respondiendo con una fidelidad casi inquebrantable al artista de mayor

proyección internacional salido de Asturias. Y cada vez que vuelve a casa se nota.

La actuación comenzó con “Déjame por Dios que coja aire”, tema que abre el nuevo

disco y que refleja el cansancio que provoca el ruido permanente de los políticos. A

partir de ahí, el repertorio alternó canciones recientes con clásicos muy ligados a la

memoria histórica. Tampoco faltaron referencias a sus inicios con “La romería”, “La

planta 14” o “El abuelo Vítor”, cuya interpretación en vivo siempre resulta

emocionante.

Pero un concierto en directo necesita algo más que el peso de las canciones. En el

apartado musical, la banda ofreció una actuación sólida, dirigida con solvencia por su

hijo, el magnífico pianista David San José. También el saxofonista Santi Ibarretxe firmó

algunos de los momentos más brillantes de la noche.

Donde el paso del tiempo resulta más evidente es en la voz. Víctor Manuel nunca fue un

vocalista técnico y hoy sufre especialmente en las notas altas y en los finales largos de

frase, que a menudo se quedan cortos. Sin embargo, su manera de cantar, con sus

limitaciones y desafines, forma ya parte inseparable de su identidad artística. Algo

parecido ocurre con Bob Dylan: la voz puede fallar, pero el carácter permanece.

Entre recuerdos, anécdotas e ironías políticas muy acertadas, el concierto dejó claro que

Víctor Manuel sigue teniendo algo nuevo que decir. Y que muchas de sus canciones

hace tiempo que dejaron de ser solo suyas.

Crítica de Mar Norlander publicada en LA nueva España. 

sábado, 14 de marzo de 2026

“El último vals” de Miguel Ríos no es una despedida.

 



Gira “El último vals”, Teatro de la Laboral, Gijón, viernes, 13 de marzo de 2026.


Cuando sonaron los primeros acordes de “Bienvenidos”, el Teatro de la Laboral

entendió rápidamente que la noche iba a ser, sobre todo, un ejercicio de memoria

compartida. A sus casi 82 años, Miguel Ríos regresó con la gira “El último vals”, un

título que sugiere despedida pero que, al menos sobre el escenario, todavía no parece

definitivo, porque a este yonqui de los aplausos aún le queda fuelle y energía.


Arropado por su banda habitual, The Black Betty Boys, fue desgranando algunas de sus

canciones más emblemáticas ante un auditorio prácticamente lleno, alternando

momentos estelares, como “El blues del autobús” con otros en los que el paso del

tiempo se hizo notar. Canciones como “Vuelvo a Granada” o “No estás sola”

mantuvieron buena parte de su carga emocional, mientras que incursiones en el rock and

roll más clásico -“Sábado a la noche”, “Bumerang” o el inevitable “Rock de la cárcel”-

lograron que parte del público abandonara la contención de la butaca para acompañar el

ritmo.

Las casi dos horas de actuación dejaron también algunos signos de desgaste. En la

segunda mitad del recital, temas exigentes como “Insurrección” o “A todo pulmón”

evidenciaron cierta fatiga vocal. Sin embargo, el oficio acumulado durante décadas y

una banda sólida y eficaz en los coros permitieron salvar el momento.

El repertorio incluyó varias piezas de su último trabajo, entre ellas la balada “El último

vals”, que exigió un esfuerzo extra al cantante. También sonó “No es la tierra, estúpido.

Eres tú”, dedicada al “matón planetario”, Donald Trump, en una muestra más del

compromiso que Ríos ha mantenido a lo largo de su carrera por no callarse ante los

atropellos sociales que se cometen a lo ancho del planeta.

Puede que la voz ya no tenga la contundencia de otros tiempos, pero el repertorio, la

experiencia y su buena técnica siguen sosteniendo el espectáculo. En Gijón, más que

una despedida, lo que se vio fue a un veterano del rock que todavía se resiste a

abandonar el escenario.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Un viaje fugaz con la Film Symphony Orchestra

 




Film Symphony Orchestra: gira “Toon Story”. Teatro de la Laboral, domingo, 1 de marzo, 2026.


Por tener la oportunidad de escuchar fragmentos de obras tan increíbles como la banda

sonora de Tom & Jerry ya merece la pena acudir a un concierto de la Film Symphony

Orchestra. Salvo conciertos esporádicos ninguna otra formación interpreta partituras

concebidas por grandes compositores al servicio de lo visual y que son verdaderas obras

de arte.

Sin embargo, peca por abarcar demasiadas películas por programa, extrayendo apenas

dos o tres minutos de cada tema principal. Esta fórmula impide una verdadera inmersión

y convierte el conjunto en un collage poco cohesionado: se pasa de Danny Elfman a

Hans Zimmer o Harry Gregson-Williams sin tiempo para apreciar la singularidad de

cada universo sonoro.

El programa “Toon Story”, presentado en el Teatro de la Laboral y dedicado al cine de

animación, alternó aciertos con piezas que habrían agradecido mayor ensayo o revisión

del conjunto. De entre las quince películas abordadas (diecisiete contando los bises)

destacó por su buena interpretación “Pesadilla antes de Navidad”, donde se recreó con

acierto el color instrumental de Elfman, y “Kung Fu Panda”, de Zimmer, con una

brillante intervención de la concertino Amanda Ochoa extrayendo sugerentes sonidos

orientales.

Con tono más humorístico destacaron las marchas militares y las gallinas cacareando

vía kazoos en “Evasión en la granja”, y como propina “Los Simpson” con participación

del público.

Más flojas sonaron la suite “Cómo entrenar a tu dragón” y “Los Increíbles” de Michael

Giacchino, donde el viento metal evidenció falta de consistencia. En cuanto a las voces,

hubo entrega y buena puesta en escena por parte de los dos cantantes (Anastasia, La

Bella y la Bestia, Aladín), sin embargo, falta un buen pulido técnico en la voz femenina.

En resumen, un espectáculo ameno para disfrutar del entusiasmo de esta joven orquesta

y de la didáctica dirección de Constantino Martínez-Orts, aunque con margen para

profundizar más en unas bandas sonoras que bien merecen estar en el podio de grandes

composiciones contemporáneas y, por lo tanto, mayor desarrollo en concierto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

domingo, 22 de febrero de 2026

Celtas Cortos: 40 años contando cuentos

 



Celtas Cortos, gira “40 años contando cuentos”. Gijón Arena, sábado 21 de febrero, 2026.


Cuatro décadas llevan “Celtas Cortos” sobre los escenarios y una fecha tan simbólica

bien merecía un esfuerzo para ofrecer un directo contundente. Así, los saludos grabados

de rostros conocidos dieron paso al inconfundible violín que marca una de las

identidades sonoras del grupo, en una apertura vibrante con “¿Qué voy a hacer yo?”. El

orden del repertorio estaba muy bien estudiado y apenas hubo respiro.

Jesús Cifuentes, con su voz peculiar y su cercanía, recordaba una y otra vez que “esto lo

hemos construido entre todos”. Y así se sucedieron los temas, con un gran despliegue de

instrumentos aportando colorido sonoro a esas canciones cuyas letras incisivas se

combinan con una energía festiva, como la eufórica “El mundo al revés” o “Legión de

mudos”, que sonó potente con esos fraseos de violín y flauta.

Aunque los discursos fueron más contenidos que otras veces, no faltaron las pullitas a

los políticos y a las atrocidades que se cometen a lo largo y ancho del planeta. Así se

volcaron con todos coreando aquello de “Haz turismo invadiendo un país”, aderezado

con proyecciones de guerras; o un tema instrumental al que Cifuentes animó al público

a cantar la consigna “¡Que te den po’l culo, cabrón!”, dedicada a Donald Trump cuando

abandone la Casa Blanca.


Uno de los grandes aciertos de la gira ha sido integrar símbolos locales en cada parada.

En Gijón, el gran gaitero José M. Tejedor interpretó “Retales de una vida”, gran tema y

gran fusión de gaita y banda. La aparición del icónico Rodrigo Cuevas convirtió el

momento en estelar, integrándose totalmente en ese sonido rock con toda la banda para

cantar la famosa “20 de abril”. El broche de oro lo puso Víctor Manuel con “La senda

del tiempo”, ofreciendo un cierre redondo antes de entonar “No nos podrán parar”, toda

una declaración de intenciones.

La multitud salió eufórica tras haber asistido a uno de esos conciertos cuyas entradas se

guardan en un álbum como recuerdo de un momento histórico y comprobando que a

Celtas Cortos aún les quedan muchos cuentos que contar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.