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sábado, 25 de abril de 2026

Ismael Serrano: canciones frente al ruido



Ismael Serrano, “Gira acústica: guitarra y voz”. Teatro de la Laboral, viernes, 24 de abril de 2026.

El planteamiento de la gira con la que Ismael Serrano anticipa su treinta aniversario resulta, en cierto modo, engañoso. Se anuncia como un concierto íntimo de guitarra y voz, una idea que el propio artista refuerza tras abrir con “Amores imposibles”, al reivindicar un formato acústico frente al “hiperestímulo” de los grandes espectáculos. Sin embargo, esa intimidad es relativa: aunque permanece solo en escena con su guitarra, el uso de bases pregrabadas -a veces sutiles, otras claramente orquestales- aleja el resultado de la desnudez prometida, especialmente en “Ven”, “Hija de Lilith” o “La canción de nuestra vida”. No resta calidad, más bien suma, pero sí cuestiona la coherencia del concepto.

Al margen de esta objeción, siempre fui escéptica con este cantautor, ya que su voz en estudio nunca terminó de atraerme. Sin embargo, animada por las valoraciones positivas del musicólogo Eduardo Viñuela, decidí acercarme al directo. Y tengo que afirmar que después de un concierto de dos horas y media me ha convencido. En vivo, su voz gana mucho y se integra con naturalidad en un repertorio donde lo esencial son las letras.

Porque si algo define el concierto es la palabra. Serrano construye un universo poético propio, centrado a menudo en el desamor, pero con ideas originales. A ello se suman sus extensas intervenciones entre canciones, auténticos pequeños ensayos orales que invitan a la reflexión sobre cuestiones cotidianas. Muy destacable su crítica a los algoritmos que nos invade a diario encerrándonos en burbujas que limitan la pluralidad o su disertación sobre el tiempo para presentar canciones como “Tanto por vivir”.

Más allá de la discutible sinceridad del formato anunciado, el concierto confirma algo que sus discos no siempre transmiten: Serrano es, ante todo, un artista de directo. Un formato contenido, sin grandes artificios, que frente al ruido pone el foco en las canciones y en su capacidad para sostener por sí solas el peso del recital.


Crítica publicada en La Nueva España 


domingo, 26 de noviembre de 2023

Alfredo González, el final de un cantautor



 

Alfredo González, “Se parece al final”. Sala Club del Centro Niemeyer, 25 de noviembre de 2023.


Casi veinte años de trayectoria han pasado desde aquel primer disco que autoeditó el mierense Alfredo González y a las puertas de la Navidad ha decidido poner fin a su etapa como cantautor con nombre propio para abordar una nueva andadura, que aún está por definir o por lo menos por desvelar. Si bien es cierto que a nivel nacional no tuvo demasiada repercusión (salvo pequeños escarceos) y en Asturias su fama tampoco logró cotas muy altas, sí consiguió conquistar a adeptos que encontraron en sus canciones un lugar para refugiarse del ruido externo y de las voraces listas reguetoneras del mainstream. Ese pequeño club de fans respondió a la última llamada titulada “Se parece al final” y agotó las entradas de la Sala Club del Niemeyer.


Con una presencia física del montón y una voz poco interesante, amén de su forma reiterativa y machacona de tocar el piano y sin más puntos focales, no había nada en el escenario que atrapara mi mirada. Así que me dediqué a googlear sus letras según iban sonando sus canciones y ahí descubrí el talento de este cantautor. Versos de “Hasta las manos” o “Afluentes” llamaron mi atención, también “Wikileaks” y varias canciones en llingua asturiana, como “La nada y tú” o “Si te pregunten por mí”. 


Puede que sea el final de Alfredo González con nombre propio,  pero está claro que es un talentoso creador de versos con mucho que contar y difícil de silenciar.  Ya lo anunció en su despedida mientras entonaba “A borbotones" emocionado: " Volveré, de otro modo, pero volveré ". Veremos de qué forma. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


miércoles, 19 de mayo de 2021

Fran Juesas: un cantautor con gancho

 


Teatro de la Laboral, viernes, 8 de mayo de 2021. 



La suerte ha sonreído al cantautor asturiano Fran Juesas, pero es una suerte merecida, ya que no se puede meter en el mismo saco que a todos esos artistas “pelotazo”, que salen de un día para otro sin pasado y, probablemente, sin futuro. Detrás del micrófono y la guitarra que protegen al cantautor hay un trabajo y una constancia a base de tocar y tocar en infinidad de bares de toda la geografía asturiana, ganando adeptos poco a poco hasta culminar en la presentación de “Tiempo” en el teatro de la Laboral. Con una butaca casi repleta (teniendo en cuenta lo permitido por las restricciones), Fran Juesas junto con el pianista Edgar Olivero ofrecieron un concierto para todos esos cientos de Juesasliebers que le siguieron desde infinidad de pueblos asturianos. Juesas conocía a casi todo su público y había entusiasmo por ambas partes. 


El sonido bastante equilibrado y el orden de repertorio hecho con cabeza para que no decayera en ningún momento. Sin embargo, lo mejor y el gran acierto de Fran Juesas fue arroparse del músico y compositor Edgar Olivero. El pianista cubano le daba ese toque de sofisticación que faltaba en composiciones como “Nada” o “El resto del camino”, con unos coros superfinos y unos arreglos de piano muy logrados. Olivero es un musicazo que se ha curtido por los grandes escenarios acompañando a primeras figuras como Rosario Flores o Sole Giménez, entre muchos otros, y que destaca por su gran calidad musical y por su discreción, pues él sabe en todo momento quién es el artista principal. Los dos juntos llenaban el escenario y nada se echaba de menos. 

 

Otro de los aciertos de Juesas fue prescindir de éxitos comerciales de otros artistas que atraen a públicos menos adeptos, como acostumbra en sus bolos de bares. En su lugar optó por presentar nuevas canciones que plasmará en su próximo disco y un tema de Edgar Olivero sobre un niño cubano que soñaba con ser músico, con pinceladas de Eros Ramazzotti. Gran tema. 


Para despedir la velada sonó su éxito “Los años 80” y el público entusiasmado no quería que se acabara. Aún había tiempo hasta el toque de queda, así que Juesas se despidió con una versión de “Entre el cielo y el suelo” de Mecano, su grupo fetiche.


Fran Juesas es un cantautor con personalidad propia.  Aunque en algunos de sus temas denota un cierto parecido con Carlos Goñi de “Revólver” y en las canciones de desamor (o cortavenas, como él dice) nos viene un aire a Ismael Serrano, tiene una identidad. Las canciones de “Tiempo” son fáciles de digerir, no hay sofisticación de mensajes ni armonías y melodías complejas; las letras no son sabineras y tampoco tiene una voz espectacular, sin embargo, tiene gancho y engancha. Cae bien, canta y compone con sinceridad, por lo tanto, creo que tenemos cantautor para rato. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



martes, 17 de marzo de 2020

La carismática Alice Wonder




Alice Wonder, ciclo “San Miguel On Air”. Sala Acapulco del Casino de Asturias, viernes 6 de marzo.

Alicia Climent no podía haber escogido un nombre artístico más apropiado para definir todo su singular universo musical. Bajo el seudónimo Alice Wonder hay una chica de tan solo veintidós años que empezó abriendo una cuenta de Instagram donde volcaba covers de las canciones que más le gustaban para su pequeño círculo de seguidores, pasó por ser telonera de Vetusta Morla, entre otros, hasta lanzar un disco propio bajo el título “Firekid”, que a pocos deja indiferente y la sitúa con nombre propio entre los artistas emergentes más relevantes del país. Su presentación en la sala Acapulco dentro del ciclo San Miguel “On Air”, congregó a una pequeña muestra de fans que han tenido el privilegio de comprobar de primera mano el porqué de su crecimiento tan rápido como artista ajena al mainstream.

Pasando de la guitarra al teclado constantemente y acompañada por un batería y un teclista/bajista, dependiendo del tema, sonaron las once canciones que forman su álbum y algunas inéditas que prepara para próximos conciertos y pudimos escuchar en primicia. Los tres, más alguna pista grabada dependiendo de la canción, ofrecieron un sonido contundente, a pesar de la mala acústica de la sala. Sus canciones se mueven entre la nostalgia de Bon Iver, el rock de Radiohead y el pop más underground, aunque  Alice demuestra que sus influencias son muy eclécticas. En la misma canción es capaz de recrearse en pequeñas frases minimalistas durante un buen rato y, después, desplegar todo un conglomerado de sonidos psicodélicos multicapa para transmitir un mensaje cercano con su voz grave y personal. Además, su puesta en escena entre la chulería y la humildad, es llamativa y capaz de atrapar la mirada del público constantemente.

Por otro lado, salvo excepciones, la labor de los baterías suele pasar bastante desapercibida, sin embargo, Echedey Molina destacó desde el primer tema.  Los ritmos de batería, ya de por sí, son bastante originales en el disco (quizás, tenga que ver que el padre de Alice es batería profesional y ella es exigente con este instrumento), sin embargo, Molina los engrandecía y ofrecía una amalgama de ritmos complejos cargados de sutilezas que llamaban la atención. Buenísimo batería.

Alice marca la diferencia con detalles que demuestran su singularidad.  Por ejemplo, el hecho de ofrecer una hora y media de concierto y no utilizar ninguna versión de canciones superfamosas y pegadizas de otros artistas con las que enganchar al público más despistado, marca la diferencia respecto a otros artistas que están empezando como ella y tienen poco repertorio conocido, porque es lo habitual.

En definitiva, su estilo coherente y particular define a Alice Wonder como una artista carismática y de  singular voz. Tiene talento y sabe lo que quiere y después de lo visto en la presentación de su primer álbum estoy segura de que la volveremos a ver en muchos escenarios con más público y con mejor acústica. Y será muy pronto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Nando Agüeros: La voz del norte





Nando Agüeros, Gira 20 Aniversario. Teatro de la Laboral, viernes 28 de febrero. 

Hay una parte del público asturiano con apego por el mundo rural y por las tradiciones que le gusta escuchar artistas con voces limpias, con cierto aire a tonada y con letras que tocan la fibra del que se siente de la "tierrina". Nando Agüeros ha calado hondo entre este tipo de público hasta el punto de adoptarlo como parte de sus raíces, aunque sea de Cantabria. Quizás, porque en Asturias hay carencia de artistas que sigan esa línea desde hace muchos años (probablemente, desde que Víctor Manuel buscó tierras más prósperas) o porque las fronteras entre Asturias y Cantabria son un poco ficticias. El caso es que el de Torrelavega lo tiene fácil porque cumple con todos los requisitos: buena voz, estilo clásico, buen porte y un cierto aire de orgullo y de nostalgia en sus letras que evocan tradiciones y emigración.

Hacía semanas que se habían agotado todas las entradas del concierto en el teatro de la Laboral para celebrar su  vigésimo aniversario de carrera artística. Desde el primer tema “Cantábrico”, hasta la popular “Viento del Norte”, sonaron veinticuatro canciones de lo mejor de su amplia discografía, evocando a “ La LLuvia” o a “La Santina”, pasando por “Mi viejo Pueblo”  y por Galicia hasta “El Restallar de Asturias”, dando paso al último tema que ya es todo un himno. Una selección de canciones muy apropiada para el lugar del concierto. 

Se acompañó de siete músicos y entre los  instrumentos no faltó la gaita, el violín o el acordeón que tanto gusta en esta tierra y le dan ese aire celta. Los siete arroparon una voz limpia y franca,  modulando y luciendo varios registros con alarde de potencia pero sin tener que estar siempre al límite de su tesitura, como hacen otros cantantes. Es comedido y conoce muy bien donde están sus fronteras. No hubo sorpresas, todo estaba medido al milímetro y todo sonó con corrección, con los deberes hechos. 

En lo que más destaca Nando Agüeros es en su estilo para componer letras y ese gusto por las rimas lo lleva hasta las llamativas presentaciones de los músicos en directo. Cada uno de los componentes tuvieron su rima, como muestra presentó al guitarra diciendo: “en ese mundo tan nuestro de acordes y telecasters, de trotamundos con máster he aquí un buen maestro, Eduardo Basterra Baster”. 

La velada terminó con todo el público cantando los versos de “Viento del Norte” y los aplausos fueron bien sonados. Dejando a un lado los gustos de cada uno hay que reconocer que Nando Agüeros se ha forjado una carrera que bien merece los reconocimientos que está teniendo y seguro que los éxitos no le darán la espalda en un futuro. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 13 de febrero de 2020

Los Secretos: Cuatro décadas de talento creativo


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Los Secretos. Gira “Mi Paraíso”. Teatro de la Laboral, viernes 7 de febrero

A Los Secretos se les atribuye el inicio de la Movida Madrileña, allá por 1980 durante el Concierto Homenaje a Canito (Enrique Cano Leal), batería muerto en un trágico accidente de tráfico y componente del grupo “Tos” junto a los tres hermanos Urquijo (Javier, Enrique y Álvaro).  Su muerte originó la aparición de la nueva formación que se ha convertido en toda una institución musical, a pesar de los altibajos y las vicisitudes que han tenido que atravesar a lo largo de estos cuarenta años de historia. Tras la muerte de Enrique Urquijo (1999), su hermano Álvaro toma las riendas de la banda con una proliferación discográfica más bien escasa. Por ello, el anuncio del nuevo disco “Mi Paraíso”, después de nueve años de sequía, causó expectación y agotó las entradas del Teatro de la Laboral en poco tiempo.
No hay nada nuevo en este disco, simplemente son canciones nuevas que conservan el sonido y el estilo de aquellas otras que convirtieron a la banda en lo que son. “Mi Paraíso” lo forman doce temas que después de escucharlos te dejan la sensación de que las cosas que están bien hechas para qué cambiarlas. Este es el gran mérito que tienen Los Secretos, un estilo definido e imperecedero fácil de captar y de acomodar a los oídos de varias generaciones.

Arrancaron con “Agárrate a mí, María”, un clásico escrito por Enrique Urquijo dedicado a su hija y terminaron con la versión de “Sobre un vídeo mojado” que ya formaba parte de sus orígenes cuando eran “Tos”. Más de dos horas de concierto en las que la figura de Enrique era recordada constantemente a través de los temas nuevos y, por supuesto, los clásicos como “Déjame”, “Ojos de Gata” o “Y no amanece”, entre otros.

La puesta en escena muy cuidada y el sonido definido con precisión, pudiendo captarse cada detalle instrumental. Ramón Arroyo sacó todo un arsenal de guitarras con las que exhibió sus peculiares solos de alto nivel y una proliferación de adornos que parecen simples y, sin embargo, engrandecen las canciones.  Jesús Redondo, teclista y arreglista de gran parte de los temas, también es responsable de los arreglos corales tan característicos de Los Secretos. Él y el último fichaje de la banda Txetxu Altube, bordaron las voces.  El bajista Juanjo Ramos y el batería Santi Fernández se encargaron de que el ritmo fluyera con un buen engranaje.  También hubo algunos fallos del directo, pero nada reseñables, porque incluso esos fallos son una muestra de tener los pies en la tierra y de transmitir verdad, por lo tanto, hasta los errores quedaron bien en este concierto.

Buenos músicos experimentados y buenas canciones ideadas con esa mezcla de nostalgia y talento creativo, ese es el secreto de esta banda madrileña que forma parte de la memoria musical de varias generaciones por derecho propio. Una banda que lleva cuatro décadas creando canciones inolvidables que ya son himnos y que con “Mi Paraíso” demuestran que aún tienen potencial para crear muchas más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

domingo, 26 de enero de 2020

Dulce Pontes: Con estilo propio





Dulce Pontes, “30 años de música”. Teatro Jovellanos, sábado, 18 de enero. 

Hablar de Dulce Pontes como una de las máximas exponentes del fado, aunque es correcto, significa encasillarla en un estilo del que escapa constantemente. Y no porque reniegue de su cuna -todo lo contrario-, sino porque le gusta explorar otros terrenos musicales hasta dominarlos y hacerlos suyos. Su gira “30 años de música” celebra mucha música a sus espaldas y hace un repaso de grandes canciones a lo largo de toda su trayectoria. La elección del repertorio no fue del gusto de todos y quizás faltaron temas como  “Asturias” que se incluye en su último trabajo “Peregrinaçao” (2017), o la espectacular “A Rose Among Thorns”, compuesta por Ennio Morricone para la banda sonora de “La Misión”, cuya versión cantada por la portuguesa pone los pelos de punta. 

Durante los tres primeros temas se enfrentó sola con el piano a un teatro Jovellanos abarrotado por completo. La interpretación  íntima de “A Minha Barquinha” dio paso a “La Boheme” de Charles Aznavour, cantada en español y con un arreglo de piano algo más elaborado.  Siguió con “Ondeia”, donde hizo un gran alarde de técnica vocal con fraseos complicados y agudos imposibles, la constante de la mayoría de los temas que ofreció en el recital. Se sumaron al escenario el guitarrista Daniel Casares y el contrabajista Yelsy Heredia, ofreciendo variedad rítmica y sabores cubanos, brasileños o jazzísticos, incluso coqueteando con el flamenco, que estuvo muy presente en las virtuosas manos de Casares. Un repertorio de lo más variopinto en el que los tres empastaron a la perfección. 

La parquedad de palabras de la cantante hacia el público la suplió con un lenguaje corporal divertido entre guiños y bailes, haciendo partícipe a los presentes con coros y palmas, pero sobre todo con una voz que llenaba todo el teatro. Pocas notas desafinadas hubo entre tantas florituras vocales abarcando una  tesitura amplísima. Impactante fue su versión de “Senhora do Almortao” .o “Cai Dentro” de Elis Regina, con improvisaciones buenísimas planeando por encima de una armonía muy difícil. Su versión de “O Pato” de Joao Gilberto, onomatopeyas incluidas, fue divertida y con una introducción que recordaba a las improvisaciones de Al Jarreau. Causó sensación la desgarradora versión de “La Leyenda del tiempo”, un tema de Camarón con letra de García Lorca en el que la guitarra hacía contener el aliento. 

También hubo momentos para recordar a Chavela Vargas con “El último trago” o a Alejandro Fernández  y su “Procuro olvidarte”, de nuevo con una introducción de guitarra flamenca espectacular. El público en pie no quería despedirse sin escuchar la “Cançao do mar”, probablemente su mayor éxito de todos los tiempos. 

Dulce Pontes es una artista singular, con un estilo inclasificable y con una voz muy trabajada a base de buena técnica y de explorar diferentes géneros musicales. Sin duda, pasará a la historia como una de las grandes voces en su estilo y el público del teatro Jovellanos lo pudo comprobar. La ovación fue sonora.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

viernes, 20 de diciembre de 2019

Milanés y la tortilla

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Pablo Milanés,  gira “Esencia”. Teatro de la Laboral, sábado, 14 de diciembre

Un pincho de tortilla es suficiente para que un espectáculo se quede a medio gas. La tortilla y un largo viaje en coche desde Sevilla a Gijón dejaron a Pablo Milanés con mal cuerpo y su esperado concierto en el teatro de la Laboral quedó aburrido y monótono. 

Uno de los tres fundadores de la nueva trova cubana - junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola-, presentaba en Gijón su gira “Esencia”, que lleva año y medio rodando por los principales teatros: una gira que repasa las canciones más emblemáticas del artista, junto con otras que han pasado más desapercibidas y algunas composiciones nuevas.  La pianista Ivonne Téllez y la chelista Caridad Varona, junto con la guitarra de Milanés fueron los únicos instrumentos que sonaron durante el recital.

Las dos primeras canciones “Matinal” y “Plegaria” dieron comienzo a una sonoridad con pocas variaciones a lo largo de todo el concierto. Los únicos cambios resaltables fueron  “De qué callada manera” y “En saco roto”, en los que el acompañamiento rozó los ritmos cubanos rompiendo un poco la línea musical, además de “Los males del silencio” interpretada a modo de danza barroca y renacentista. El resto del repertorio caía completamente en la monotonía debido principalmente a los acompañamiento del piano, en los que no se jugaba con los silencios ni había fraseos originales. Alguna aportación original hubo por parte de la chelista que alternaba melodías líricas en contestación a la voz con pizzicatos  para dibujar síncopas a modo de contrabajo y así imprimir un poco de ritmo. 

La voz sonó limpia y clara, como es habitual en Milanés, ya que su esencia es el mensaje de sus letras comprometidas y reivindicativas. Sus versos no tienen desperdicio  y sus melodías cuando compone sobre textos de otros también son de gran calidad, como “Alga quisiera ser” con letra del poeta asturiano Ángel González, o una de sus canciones más antiguas y queridas “Ya ves y yo sigo pensando en tí”.
El concierto fluyó de manera coloquial, en ocasiones improvisando el orden del repertorio para acomodarlo a su tesitura sin esfuerzo, claro que es fácil buscar las canciones que mejor le vienen entre tantísimo repertorio como ha compuesto a lo largo de su vida. Aún así no podían faltar parte de sus himnos como “Para vivir”, la famosa “Yolanda” o “El breve espacio en que no estás” con la que dio fin al recital de poco más de hora y media. 

Decíamos que faltó variedad en el acompañamiento musical, pero también faltó diálogo con el público por parte de Milanés, tal y como nos tiene acostumbrados: sus aventuras y reflexiones entre canción y canción no estuvieron presentes por culpa de la tortilla. En definitiva, no fue una buena noche, aún así los gijoneses hemos tenido la oportunidad de disfrutar de sus conciertos varias veces y esperamos que vuelva pronto y en plena forma. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 21 de octubre de 2019

Amaia: Oportunidad perdida




Amaia. Gira “Pero no pasa nada”. Teatro de la Laboral, viernes 18 de octubre. 

El disco debut de la eurovisiva ganadora de la última edición de Operación Triunfo está formado por un paquete de canciones que no sobrepasan la barrera de la mediocridad o como diría un asturiano de arraigo “cancionines de perrona”. El título del disco “Pero no pasa nada”,  podría interpretarse como una muestra de humildad, haciendo eco de la personalidad que Amaia ha mostrado en toda su trayectoria televisiva. Pero, en realidad sí que pasan muchas cosas. Pasa que esta chica ha tenido una serie de oportunidades con las que la mayoría de los artistas de su nivel no se atreverían ni a soñar. Y es que está muy bien querer tener el control de toda su carrera musical, evitando la manipulación del entramado de la productora Gestmusic, pero es importante ser consciente de las limitaciones propias y saber delegar en otros profesionales. Sobre todo, como he dicho antes, porque ha tenido una gran oportunidad. 

Su puesta en directo en el teatro de la Laboral agrupó a muchos fans y curiosos, logrando llenar tres cuartos de butaca. Empezó sola con el piano rodeada de un gran despliegue floral, entonando “No me interesa”. Luego se sumaron los cuatro músicos que forman su banda y una a una sonaron todas las canciones del disco. La voz,  por momentos mal ecualizada, sonaba chillona en algunos temas que requerían fuerza en tesituras altas. En cuanto al acompañamiento, los arreglos instrumentales que arropaban a las melodías eran de una simpleza que rozaban el aburrimiento.  

Muy osada su interpretación en directo de una de las piezas de la suite para piano “Iberia”, del compositor Isaac Albéniz. Aunque “El Puerto” sea una de las obras más cortas y sencillas de esta suite todo lo de Albéniz es difícil y requiere un gran dominio. Y no sólo es cuestión de dedos, se necesita madurez para que fluya. Ella misma confesaba que la había estudiado este año para examinarse en el conservatorio y también reconocía que algunas partes necesitaban más ensayo. Para una prueba de conservatorio está muy bien, pero para tocarla en directo en un teatro como el de la Laboral son necesarias muchas más horas de estudio. No basta sólo con una confesión de humildad. 

No todo es negativo, Amaia es una gran cantante con una potente voz y una perfecta afinación. Además, tiene cualidades más que suficientes para interpretar sus propias canciones con el piano, sin necesidad de tocar por Albéniz.  El problema es que las canciones no son buenas, no hay buenos arreglos ni melodías interesantes. Tampoco hay una buena producción, pero lo peor son las letras: parecen escritas por estudiantes de secundaria en el reverso de sus libretas cuando están aburridos en clase de matemáticas. 


En definitiva, esta chica ha tardado en sacar un disco el triple de tiempo que cualquiera de sus compañeros y, sin embargo, ha perdido una oportunidad de oro. Posiblemente tendrá más ocasiones. Si surgen,  lo mejor que puede hacer es arroparse de buenos arreglistas y buenos letristas, es decir, hacer caso a los profesionales. Si no lo hace caerá en el olvido, como tantos otros de OT. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 13 de agosto de 2019

Amancio Prada: una voz y una guitarra, pura poesía



Amancio Prada. Jardín Botánico. Domingo, 11 de agosto 

Después de escuchar un recital de Amancio Prada  sientes unas ganas incontenibles de llegar a casa corriendo y desempolvar algunos libros de poesía que han quedado semiocultos en alguna estantería, leer y releer para poder extraer toda esa magia que ha sabido plasmar en forma de canciones el poeta y cantautor nacido en el Bierzo. Pero no basta solo con leer poesía una y otra vez, porque el arte de Amancio Prada no consiste en poner música a poemas, él extrae la música que hay dentro de cada palabra y cada verso. Por eso es un artista singular. 
Poesías de grandes como Juan Ramón Jiménez , Rosalía de Castro, Fernando Beltrán, Juan Carlos Mestre o Chicho Sánchez Ferlosio, junto con versos propios, sonaron en la voz de Amancio Prada sin más revestimiento que su guitarra, en un entorno mágico como es el Jardín Botánico y para un público selecto que se mostró encantado durante toda la velada, a pesar del frío nocturno. 

Como novedad, presentó algunas canciones reunidas en su último disco  junto a Juan Carlos Mestre. De “Cavalo Morto” pudimos escuchar “Compañerita” y comprobar que mantiene la voz tan clara y tan limpia como cuando era un jovencito. Y es que Amancio Prada es de esa minoría de artistas que lucha por mantener vivo el rico acervo poético con el que contamos. Cantada con mucha emoción sonó “Jaula en el pecho”, primer poema del libro “Canciones y Soliloquios” de Agustín García Calvo. Nos sumergimos en los paisajes que vieron crecer a la gran Rosalía de Castro escuchando las “Campanas de Bastabales” y pudimos comprobar la gran admiración que profesa al poeta y cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, o la pasión que siente por la poesía de San Juan de la Cruz. 

Entre canción y canción había lugar para numerosas anécdotas, algunas divertidas, otras tristes y muchas históricas apelando a la emoción, pero, al fin y al cabo, cuenta sus vivencias a lo largo de su dilatada carrera. Si bien es cierto que para la presentación de cada canción siempre cuenta las mismas anécdotas, palabra por palabra, las hace tan de verdad que el público siente que está escuchando algo en primicia. Quizás porque las tiene interiorizadas y porque disfruta del ambiente que él mismo es capaz de crear, el caso es que funcionan muy bien. 

Es de agradecer que entre las miles de canciones que hay en su repertorio escoge temas apropiados para empatizar con el público asturiano. Así sonó “Oviedo crece” (“con perdón”, se excusó Amancio ha sabiendas de la rivalidad entre Oviedo y Gijón), una bella canción basada en un poema de su amigo Fernando Beltrán. También nos cantó y contó cómo descubrió en chile “Si la nieve resbala” del compositor Julio Domínguez y gran parte del auditorio le acompañó con el coro de principio a fin. 

Lorca sirvió para despedir una magnífica velada en la que hubo momento para risas, para nostalgia y sobre todo para apreciar la importante labor que hace un artista tan singular, que con su voz y una guitarra es capaz de detener el tiempo y alejarnos por un momento del ruido en el que estamos continuamente sumergidos. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 2 de enero de 2019

Nacho Vegas: casi un gran cantautor



Nacho Vegas. Festival Metrópoli Winter. Teatro de la Laboral, sábado, 30 de diciembre, 2018.

De todos es sabido la importancia de los cantautores en cualquier sociedad. Ellos tienen la misión de agitar conciencias y de hacer reflexionar a las masas para hacer de este mundo un sitio un poco más agradable. En Asturias tenemos a Nacho Vegas que, con una trayectoria más que consolidada, se ha convertido en  uno de los cantautores más aclamados en castellano. La presentación de su disco “Violética” era la excusa perfecta para una puesta en directo que llegó al teatro de la Laboral servida de polémica en las redes sociales por el recinto escogido. Pero ese no es el tema que a mi me concierne. “Violética” está plagado de temas originales, con buenas letras y bien elaborados, siguiendo la línea de sus últimos trabajos “Resituación” y “La zona sucia”, en cuanto a ideas. El problema  de Nacho Vegas es que desafina demasiado. Y a mi particularmente me molesta.

“El corazón helado” inició el concierto con la presencia del “Coru Antifascista Al Altu La LLeva” y los músicos Eduardo Baos (guitarra), Joseba Irazoki (guitarra), Manu Molina (batería) y los de “León Benavente” Luis Rodríguez (bajo) y el líder Abraham Boba (teclados). Muy bien el coro en casi todas las intervenciones, especialmente en “Ser árbol” -canción de amor que habla de los ideales sociales-, en el canto popular “Aida” que, aunque entraron flojitos luego lo solventaron con creces. También destacaron en “Ideología”, con la banda aportando armonías y texturas interesantes y un sonido muy cercano a “León Benavente”. Buenos arreglos sin grandes solos de guitarras ni de teclados, buscaron un sonido de masa sonora densa y saturada que iba in crescendo y empujaba duramente hasta pasar por encima de la voz en algunos estribillos finales.

Además de los temas de su último disco también hubo canciones para el recuerdo, como “La Plaza de la Soledad” del álbum “Cajas de Música difíciles de parar” o del anterior disco  “Ciudad Vampira”, cantada en asturiano y contextualizada en Gijón. Más calmada y con mucha presión final sonó “La pena o la nada” que fue grabada con Bunbury para “El tiempo de las cerezas”.  Algunas imágenes proyectadas contextualizaban los temas que sonaban contribuyendo a una puesta en escena bien trabajada. Muy guapa y muy apropiada la imagen de la guitarra con el texto “This machine kills Fascist”, inspirada en el cantautor Woody Guthrie cuyo texto aparecía impreso en su guitarra.

En definitiva, Nacho Vegas ha cocinado un buen disco cuya puesta en directo engancha al público afín. Así lo demostraron abarrotando la butaca del teatro disfrutando su concierto. Como decía antes, el problema de este cantautor es que desafina demasiado. De hecho, creo que que es el cantautor que más desafina, por encima de Sabina o de su ídolo Leonard Cohen. Ser cantautor y desafinar no van de la mano, es una cuestión totalmente subsanable, sólo hay que tomárselo en serio y asistir a clases.  Después de todo hablamos de música, la música tiene unas reglas y los grandes artistas son los que conocen las reglas y luego se las saltan. Porque pueden y quieren. Y este no es el caso.

Critica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

viernes, 7 de diciembre de 2018

Silvia Pérez Cruz y Marco Mezquida: Un encuentro irrepetible



Silvia Pérez Cruz  y Marco Mezquida. Teatro de la Laboral. sábado, 1 de diciembre, 2018

Silvia Pérez Cruz no es una cantante de masas enloquecidas de consumo rápido y fácil, es de ese tipo de artistas capaz de llegar a un público heterogéneo y exigente. Llevaba tiempo queriendo cantar junto al pianista Marco Mezquida pero no encontraban el momento oportuno, por sus apretadas agendas. Esta fue la ocasión para el encuentro y un privilegio poder escuchar una actuación como la que nos ofrecieron en el Teatro de la Laboral.
Escogieron un repertorio de lo más variopinto, sin novedades pero con mucho gusto. Arrancaron de modo íntimo con poca luz, ella sentada en el suelo y Marco al piano vertical con “My funny Valentine”. Versión difícil de reconocer  y nada que ver con otras como la de Sinatra, Ella Fitgerald o Chet Baker; ni un verso cantó, solo notas monosilábicas sobre un arreglo al piano vertical a base de escalas y arpegios sinuosos improvisados. Poco a poco la actuación iba cogiendo ritmo sin perder ese punto de intimidad que busca la cantante catalana en sus conciertos. Jugando con las cuerdas del piano de cola, a modo de arpa y después con las teclas, muy debussiano sonó el comienzo de “Plumita”. Pasó por toques flamencos, blues y volvió a ser etéreo, mientras la melodía vocal era más propia de un canto lusitano.  Esta fue la tónica del repertorio: variedad, experimentación tímbrica, improvisación y todo un alarde de dominio de distintas técnicas pianísticas y vocales que encandiló al público.

Buen gusto demostraron los dos al escoger temas tan exquisitos y poco escuchados como “Oración del Remanso” de Jorge Fandermole o “Barco negro” de Amalia Rodrigues. Sorprendente la mezcla de un coral de Anton Bruckner con un tema de Ornette Coleman. Menos sorprendente, por estar muy usada,  fue la versión de Chavela Vargas “Llorona”, pero bien. Parte del público contuvo las ganas de arrancarse a cantar “Padre nuestro tú que estás” en versión española y parroquial al escuchar “Sound of Silence” (Simon & Garfunkel). Por suerte Silvia la cantó en inglés comenzando a modo de espiritual negro para después transformarse en algo extraño con toques flamencos.

Silvia Pérez Cruz no deja de sorprender en cada una de sus actuaciones. Con aires más flamencos o con música más experimental se curra cada concierto para llegar a la gente y, guste o no guste es una artista que merece la pena ver en directo, al menos una vez. Por sus poros emana calidad vocal y conocimiento musical a raudales. En esta ocasión, acompañada por un pianista de tanto nivel como Marco Mezquida, pudimos disfrutar de un concierto que quedará para el recuerdo de los presentes y, probablemente irrepetible. La ovación final fue muy sonada.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 14 de agosto de 2018

Karaoke Sabinero


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“Noche Sabinera”. Semana Grande, Plaza Mayor. Viernes 10 de agosto.

Gijón, la “ciudad de los gatillazos” y el lugar donde los “sabineros” han vivido las noches más hermosas -según Antonio García de Diego- , acogió a la banda de Joaquín Sabina con el mismo cariño y la misma emoción que cuando él está presente.  ¿Se echó de menos al cantante?  Yo personalmente no,  porque lo mejor de Sabina son sus creaciones en forma de canción y ahí estaban.Tocadas por la banda de siempre y cantadas por ellos mismos y, sin ánimo de ofender a sus fans, todos cantan mejor que Sabina.

El concierto se dividió en dos partes: en la primera Mara Barros, Antonio García de Diego, Pancho Varona y Jaime Asúa alternaban sus voces al servicio de una selección de grandes temazos que siempre tocan en sus giras; en la segunda es el público -previamente seleccionado- el que sube a cantar otras grandes canciones, como si de un karaoke se tratara, pero con mucho lujo.  

Fue Pancho Varona el que comenzó cantando “Sálvese quien pueda” y el motor musical estaba perfectamente engrasado: las guitarras, el bajo, la batería, los coros de Mara, los arreglos de piano de García de Diego…más de treinta años juntos hace que todo fluya. El rock and roll “Seis de la mañana” y la rumba “Cerrado por derribo” puso a la abarrotada Plaza Mayor a bailar. Esa canción llamada “Peces de ciudad”, que tiene tanta miga literaria y musical sonó mejor, si cabe. Mara Barros, espléndida como siempre, brilló en temas como  “Y sin embargo”, “Con las manos en la masa” o en la canción “Hace tiempo que no”, regalo de Sabina para su propio disco en solitario.

La segunda parte se convirtió en un karaoke de lujo para seis seleccionados, algunos imitando la voz de Sabina en “Quién me ha robado el mes de abril” o “Pongamos que hablo de Madrid” y otros con estilo propio, cantando “Conductores de ciudad “ o “19 días y 500 noches”.  Una noche que no olvidarán jamás con el karaoke de lujo que tenían a su servicio.

Dos horas de concierto que se hicieron  cortas y dejaron al público con ganas de seguir cantando.  Decía que no eché de menos la voz de Joaquín Sabina porque sus músicos cantan mejor y porque  el público invitado también lo hizo muy bien, pero lo que sí se echó de menos del de Úbeda fueron sus discursos políticamente incorrectos. Y es que un artista como Sabina no se hace  tan grande solo por sus canciones.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

sábado, 24 de marzo de 2018

Apoteósico Pablo López


Pablo López. “Tour Santa Libertad”. Teatro de la Laboral, 17 de marzo.
 
Suenan las primeras notas al piano y un recinto con más de 1.300 personas las reconoce y se disponen a cantar la canción de principio a fin. Eso es lo que ansían la mayor parte de artistas y es lo que ha conseguido Pablo López con tan solo tres discos en el mercado. La clave es la comercialidad: letras de amoríos, unos compases de introducción con melodía pegadiza, alguna frase cantada y rápidamente el tema se viene arriba.  A la apoteosis total. Después del primer estribillo decae un poco y rápidamente vuelve a lo más alto para llegar hasta la traca final. Una fórmula que se repite una y otra vez en la música comercial y que conocen perfectamente los artistas que han desfilado por Operación Triunfo. Y así son las estructuras de la mayoría de los temas del cantante y pianista malagueño.  Sin embargo, Pablo López  va un paso más allá de esas simples estructuras comerciales apoteósicas. Pablo es músico y esa formación musical  se nota. Canta bien y, además, es singular porque el instrumento protagonista es el piano: un rara avis en la música pop española.

Abrió el concierto del Teatro de la Laboral con “El Camino” y “El niño”, dos temas de su último disco “Camino, fuego y libertad”.  Sonaron éxitos de los dos discos anteriores como “Vi”, de corte más rockero y “Ven”, del álbum “El mundo y los amantes”. El pianista, acompañado por guitarra, bajo y batería, ofrecía buen sonido y una buena puesta en escena. El público estaba encantado sin dejar de corear cada tema y más cuando sonó el último single “El Patio”.  Es curiosa la coincidencia de la armonía en las partes cumbres del tema con la famosísima canción de Procol Harum “A Whiter Shade of Pale”, sin embargo la melodía va por otros derroteros.

En cuanto a su interpretación al piano hay varias cosas que destacar: los fraseos tipo blues en “El teléfono”, el diálogo de piano y guitarra (¿Ludovico Einaudi?) en “Lo imposible”,  el arreglo en directo de “Trece”, los guiños a la música árabe en “El mundo”, las modulaciones de “Las 17:00” o la introducción de “Lo saben mis zapatos”. Pablo López es un buen pianista y además es capaz de conjugar  calidad y comercialidad. Esto también es parte de su éxito.

El concierto terminó con “Tu enemigo”, el tema que le catapultó a las listas de ventas y el público disfrutó de un espectáculo que mantuvo la apoteosis desde el principio al fin. También apoteósico está siendo su “Tour Santa Libertad”, agotando las entradas con meses de antelación en cada ciudad programada. Viendo la capacidad musical que tiene Pablo López seguro que en un futuro aportará cosas nuevas, más registros sonoros y letras más elaboradas, capaces de atraer a un público más heterogéneo y convertirse así en uno de los grandes, de los que llenan estadios. Desde luego talento no le falta.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  el 26 de marzo