sábado, 17 de octubre de 2020

El Cuarteto Zagreb abre una puerta a la normalidad.

 


Cuarteto Zagreb. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, 7 de septiembre, 2020.



Bajo estrictos protocolos impuestos por el Teatro Jovellanos para evitar la pesadilla de pandemia que nos ha caído encima, arrancó la esperada temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón con novedades y con muchas ganas de traer de nuevo la música de cámara a la ciudad. Como novedad, además de una amplia programación de  quince conciertos, sustituye el programa de mano y las notas al programa en formato papel por una presentación oral y una mini conferencia en el intermedio, en esta ocasión a cargo de la doctora en musicología Andrea García Alcantarilla. Un formato original del gusto de la mayor parte del público que ha venido para quedarse. 


El Cuarteto Zagreb inaugura la temporada con dos emblemáticas obras,  el Cuarteto Nº 12, Op. 127 de Beethoven y el Nº 1 de Chaikovski, dos obras que abarcan contrastantes técnicas compositivas, mostrando así la solvencia de la formación croata que ha cumplido 100 años desde su formación y se ha convertido en uno de los cuartetos más reclamados por todo el mundo.



Nos recordaba  Andrea García que el estreno del cuarteto de Beethoven supuso un shock para el público de la época y fue un fracaso de público y crítica, por la complejidad armónica y por la mala ejecución de los instrumentistas. No fue el caso de esta velada. Ya en pleno siglo XXI, con los oídos más evolucionados y entrenados en armonías y texturas más complejas, pudimos disfrutar de una magnífica ejecución de los croatas, destacando el segundo movimiento por la belleza y sutileza de sus variaciones con profusos cambios de dinámica. El cuarteto respiraba milimétricamente al compás para ofrecer esta original obra, jugando con el scherzo y terminando en un auténtico clímax de la coda en el cuarto movimiento.




Después de las explicaciones detalladas y didácticas de la musicóloga Andrea García volvió el Cuarteto Zagreb para interpretar el Nº 1 de Tchaikovsky, una obra de composición temprana escrita en apenas seis semanas, que supone la primera partitura del compositor en este formato y creada con intención de hacer dinero. Sin embargo, se erige como uno de los cuartetos más representativos del periodo romántico ruso, demostrando así el extraordinario oficio del compositor y su capacidad inventiva. Lo demuestra principalmente con el segundo movimiento que gira en torno a una canción folclórica ucraniana ¡Qué bonita, qué espléndido entramado  y qué gran interpretación! La obra terminó con un magnífico Finale que levantó una gran ovación. Los sonados aplausos dieron paso a una propina en la que el Cuarteto Zagreb nos deleitó con una bellísima pieza de Haydn. 


Ya terminado el concierto y un poco precipitado el encendido de luces(aún estábamos en pleno apogeo de aplausos), nos dirigimos a la salida de manera excesivamente ordenada, con indicaciones de quién se podía levantar de su butaca y en qué momento. En mi opinión, un protocolo excesivo tratándose de gente adulta cuyo máximo interés es escuchar buena música y cuidar su propia salud. Por ello hemos llegado a cumplir años. 


Por lo demás, una magnífica velada que abre la puerta a que todo vuelva a la normalidad, o por lo menos a que se pueda convivir con este maldito virus. Hay que agradecer el esfuerzo de la Sociedad Filarmónica que, lejos de quedarse al margen esperando que todo esto pase, se ha puesto ha trabajar con ímpetu para seguir creciendo y haciendo una labor cultural que la ciudad de Gijón necesita.   


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.


Los Secretos: Concierto para nostálgicos

 


LOS SECRETOS, Gira “De Vuelta”. Festival Metrópoli, plaza de toros El Bibio, sábado 15 de agosto.

Esta pandemia que nos asola ha cambiado muchas cosas en nuestras vidas y la mayoría para peor, sin embargo, hay hechos que son muy bien recibidos, al menos por mi parte. Plaza  de toros “El Bibio” en el día de Begoña (la fiesta grande de Gijón), y en el cartel que cuelga no figura  ningún Cayetano, Ponce, Rivera...ni nadie con traje de luces. En su lugar “Los Secretos”, vestidos con sus vaqueros de siempre y ataviados con guitarras y piano para dar las estocadas. Ole, ole y olee con acento en la O. Y no porque esta banda forme parte de mis dioses del olimpo musical, ni mucho menos, sino porque se ha cambiado una sangrienta corrida de toros por un concierto de música.Todo un hito histórico. Bienvenido y que perdure.  



En cuanto a “Los Secretos” hacía poco que nos habían visitado, concretamente en febrero con motivo de la presentación de su disco “El Paraíso”. Su gira se vio interrumpida por el confinamiento pero como supervivientes que son se adaptaron rápidamente a las nuevas circunstancias y en esta ocasión ofrecieron un concierto en acústico con el líder Álvaro Urquijo, acompañado por las guitarras de Ramón Arroyo y el piano de Jesús Redondo. Dejaron en casa al bajista  Juanjo Ramos y al batería Santi Fernández. Y se notó. El repertorio escogido fue prácticamente igual que el de febrero, quizás con menos temas del último álbum y con muchas de las canciones míticas que han consagrado a la banda como leyendas del pop español, pero la falta de bajo y batería dejó cierto aire de monotonía sonora, excepto para los nostálgicos que disfrutaron de lo lindo aunque la lluvia quiso aguar la fiesta. Quizás el guiño a “It’s raining again” de Supertramp hizo su efecto  y las nubes se disiparon.  

  


Bonita la versión de “Échame a mi la culpa” del incombustible Albert Hammond,  con el que hicieron un cameo durante el confinamiento cuando gran parte de los artistas optaron por seguir vivos a través de las redes. Una vez más estuvo presente (como es habitual en todos sus conciertos) el recuerdo para Enrique Urquijo, autor de la mayoría de los éxitos de la banda, al que le dedicaron “Aunque tú no lo sepas” que, curiosamente no fue compuesta por él. Sigue sonando más interesante la versión de “Ojos de gata” de sus propios autores que la que hace Sabina a ritmo de vals con el título “Nos dieron las 10”, y eso que, como decía antes, la carencia de bajo y batería se notó. El resto del repertorio lo de siempre: “Agárrate a mí María”, “Sobre un vídeo mojado”, no podía faltar “Déjame” y tampoco la gran “Por el bulevar de los sueños rotos”.


Por lo demás un concierto poco reseñable, hora y media de espectáculo en plan tranquilo que sirvió para apaciguar las ganas de fiesta de algunos por falta de otras opciones y para el disfrute de los sempiternos nostálgicos que disfrutaron cada canción de principio a fin.  


Crítica publicada en La Nueva España