domingo, 22 de febrero de 2026

Celtas Cortos: 40 años contando cuentos

 



Celtas Cortos, gira “40 años contando cuentos”. Gijón Arena, sábado 21 de febrero, 2026.


Cuatro décadas llevan “Celtas Cortos” sobre los escenarios y una fecha tan simbólica

bien merecía un esfuerzo para ofrecer un directo contundente. Así, los saludos grabados

de rostros conocidos dieron paso al inconfundible violín que marca una de las

identidades sonoras del grupo, en una apertura vibrante con “¿Qué voy a hacer yo?”. El

orden del repertorio estaba muy bien estudiado y apenas hubo respiro.

Jesús Cifuentes, con su voz peculiar y su cercanía, recordaba una y otra vez que “esto lo

hemos construido entre todos”. Y así se sucedieron los temas, con un gran despliegue de

instrumentos aportando colorido sonoro a esas canciones cuyas letras incisivas se

combinan con una energía festiva, como la eufórica “El mundo al revés” o “Legión de

mudos”, que sonó potente con esos fraseos de violín y flauta.

Aunque los discursos fueron más contenidos que otras veces, no faltaron las pullitas a

los políticos y a las atrocidades que se cometen a lo largo y ancho del planeta. Así se

volcaron con todos coreando aquello de “Haz turismo invadiendo un país”, aderezado

con proyecciones de guerras; o un tema instrumental al que Cifuentes animó al público

a cantar la consigna “¡Que te den po’l culo, cabrón!”, dedicada a Donald Trump cuando

abandone la Casa Blanca.


Uno de los grandes aciertos de la gira ha sido integrar símbolos locales en cada parada.

En Gijón, el gran gaitero José M. Tejedor interpretó “Retales de una vida”, gran tema y

gran fusión de gaita y banda. La aparición del icónico Rodrigo Cuevas convirtió el

momento en estelar, integrándose totalmente en ese sonido rock con toda la banda para

cantar la famosa “20 de abril”. El broche de oro lo puso Víctor Manuel con “La senda

del tiempo”, ofreciendo un cierre redondo antes de entonar “No nos podrán parar”, toda

una declaración de intenciones.

La multitud salió eufórica tras haber asistido a uno de esos conciertos cuyas entradas se

guardan en un álbum como recuerdo de un momento histórico y comprobando que a

Celtas Cortos aún les quedan muchos cuentos que contar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

jueves, 19 de febrero de 2026

The Best of Soul, un espectáculo sin alma.

 



Teatro Jovellanos, miércoles, 18 de febrero de 2026. 


Los promotores de “The Best of Soul” han sabido vender el espectáculo como un show

de primer nivel, y el público respondió agotando las entradas del Jovellanos. Con una

puesta en escena vistosa y un conjunto musical sólido -formado por cuatro voces, banda

rítmica y cuerdas que le dan el punto de sofisticación-, realizaron un viaje sonoro por las

canciones más míticas de la historia del soul y el doo-wop, a base de clásicos

inmortales.

Sin embargo, el resultado dista de ser ese espectáculo redondo que promete. Pese a la

calidad intrínseca de canciones únicas e irrepetibles popularizadas por artistas como

James Brown, The Temptations, Sam Cooke, Otis Redding o Percy Sledge, la función

carece de alma y termina ofreciendo una calidad irregular.

Las cuatro voces masculinas –de nombres desconocidos- presentan un nivel desigual.

Destaca especialmente el cantante que abre con “Papa Was a Rolling Stone”, un

barítono imponente con graves sólidos y una tesitura amplia que firma algunos de los

momentos más memorables de la noche, como “Georgia on My Mind” o “Shout”.

Frente a él, otra de las voces opta por un falsete para abordar repertorio asociado a

voces femeninas –como Aretha Franklin-, con un resultado artificial y falto de fuerza.

¿Tan difícil era contar con una voz femenina? Los otros dos cantantes alternan pasajes

solventes con deslices de afinación, abusando de glissandos que no siempre aterrizaban

donde deberían.

El espectáculo resulta además impersonal: no hay presentaciones de canciones ni de

intérpretes, ni apenas interacción con el público, excepto para pedir palmas. Los temas -

hasta cuarenta y siete- se suceden uno tras otro, separados únicamente por breves

segundos de fundidos a negro. Ni siquiera los nombres de los artistas se anuncian

durante la función; aparecen proyectados al final, a toda velocidad, como si fueran

créditos de cine.

En definitiva, “The Best of Soul” es un espectáculo que lo tiene todo para triunfar y, sin

embargo, carece de vida. Un producto impecable en su envoltorio, pero

sorprendentemente frío en su esencia.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

lunes, 9 de febrero de 2026

Los Brincos: el eco de una revolución pop



Los Brincos, Gira "60 Aniversario". Teatro de la Laboral, domingo, 8 de febrero, 2026.


décadas fueron llamados los Beatles españoles, y no sin razón. Los Brincos

supieron adaptar la incipiente moda beat a la identidad musical española en una época

dominada por la copla, las baladas italianas y los boleros de ultramar. Sin embargo, su

última cita en Gijón dejó la sensación de que aquel espíritu innovador, hoy sobrevive

más como recuerdo que como realidad escénica. Más que un grupo histórico, la

formación recordó por momentos a una orquestina de bolos recreando canciones de Los

Brincos, una diferencia sutil pero decisiva.


El concierto se abrió con “Flamenco”, luciendo la mítica capa de Seseña y dejando

visible la ausencia de Miguel Morales, líder del regreso del grupo en el siglo XXI.

Estáticos y alineados, repasaron su cancionero desde sus inicios en 1964, cuando se

convirtieron en líderes absolutos del pop español de los sesenta, forjando un repertorio

de canciones breves, directas y generacionales.

No obstante, en esta ocasión, canciones icónicas como “Amiga mía”, “Sola” o el éxito

rotundo “Mejor”, entre otras, resultaron interpretativamente pobres. No es una cuestión

de edad, sino de entusiasmo y actitud. Ese empuje no terminó de transmitirse a una sala

con poco más de media entrada, formada en gran parte por quienes acudieron movidos

por la nostalgia. En los teclados, los sonidos de metales sonaban plásticos,

especialmente evidentes en “Lola”. Los tempos se caían frecuentemente y las

presentaciones se resolvían sin demasiado esfuerzo, como si el estatus ganado décadas

atrás bastara para sostener el concierto.


Los momentos más convincentes llegaron con los temas de mayor pulso rock, como

“The Train”, cantado en inglés, donde el guitarrista firmó un solo digno con su

inconfundible Rickenbacker. También, a destacar unos coros que en su día supieron

incorporar al pop español extraídos del estilo anglosajón.

Sesenta años después, el mérito de seguir en activo es indiscutible, aunque un refuerzo

instrumental y coral habría aportado el vigor que estas canciones eternas merecen para

seguir conquistando generaciones futuras.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Javier Comesaña, Otto Tausk y la OSPA: Talento joven y dirección firme.

 

 





Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA).Director: Otto Tausk; violín: Javier Comesaña. Teatro Jovellanos, jueves 5 de febrero de 2026.


Muchos premios relevantes avalan la aún corta trayectoria del violinista español Javier Comesaña, galardones que resultan plenamente justificados a juzgar por su sobresaliente interpretación del “Concierto para violín nº 1” de Shostakovich. Se trata de una obra de enorme complejidad, tanto técnica como expresiva, un verdadero desafío de sonoridades, contrastes y profundidad musical.

El primer movimiento, que transita constantemente entre la luz y la oscuridad, exige capacidad expresiva, especialmente en los pasajes más trágicos. Comesaña supo dotarlos de una fuerza contenida y cuidadosamente medida. En el segundo movimiento, la extensa cadenza, auténtico eje de la parte solista, dejó literalmente boquiabierta a la repleta butaca del Jovellanos, sostenida por una admirable concentración y solidez técnica.

El virtuosismo alcanzó su punto culminante en la Burlesca, movimiento final de enorme dificultad tanto para el solista como para la orquesta, destacando también la labor del director invitado Otto Tausk, cuya batuta transmitió firmeza, precisión y expresividad.

La calurosa ovación fue correspondida con la “Danse des ombres” de Ysaye, pieza endiablada que Comesaña resolvió con brillantez. A sus veintisiete años, su proyección artística resulta incuestionable.

La segunda parte comenzó con la “Pavane pour une infante défunte” de Ravel, joya del impresionismo francés que el propio compositor calificó modestamente como de melodía “imperfecta” y forma “pobre”,  apreciación con la que resulta difícil estar de acuerdo. Su delicadeza y elegancia sirvieron como refinado preludio antes de afrontar la complejidad de “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky.

En esta obra, Otto Tausk ofreció una lectura clara y convincente, comunicada con eficacia a la orquesta. Destacó especialmente el trabajo de la cuerda y el viento madera, con una intervención sobresaliente de la flauta de Myra Sinclair.

En conjunto, el concierto dejó una impresión muy positiva, tanto por el altísimo nivel del solista como por la cohesión orquestal y la solidez de la dirección. Una velada intensa y bien construida, que confirma la calidad artística de sus protagonistas y el acierto del programa propuesto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

domingo, 1 de febrero de 2026

El oficio de Quique González.

 

Fotografía: Juan Plaza.

Quique González, Presentación del disco “1973”. Teatro de la Laboral, sábado, 31 de

enero de 2026.


Con nombre y apellido corriente, instrumentista correcto sin alardes y una técnica vocal

que apenas alcanza el aprobado raspado, una se pregunta cómo ha logrado Quique

González construir una carrera tan sólida a lo largo de casi quince álbumes. La

respuesta es porque sabe escribir buenas canciones, relatos cotidianos que conectan con

las emociones humanas y ha tenido el acierto de rodearse siempre de músicos

excelentes.

Eso quedó patente en la presentación de su nuevo disco, “1973”, ante cerca de un millar

de seguidores fieles que no dudaron en sacar entrada para escucharlo en directo. La

primera parte estuvo dedicada íntegramente a las nuevas canciones. Entre ellas apuntan

claras posibilidades de permanecer en sus giras “Terciopelo azul”, tema de apertura con

un logrado solo de guitarra con efecto wah-wah. También destacó “Cheques falsos”, en

la que narra una anécdota vivida junto al productor y guitarrista Toni Brunet y el batería

Carlos Arancegui. Su interpretación provocó la primera gran ovación de la noche.

A mitad del concierto el formato se volvió más acústico. En este tramo brillaron

especialmente el contrabajo de Jacob Reguilón y los teclados de Raúl Bernal, aportando

elegancia y profundidad a los arreglos. Fue también el momento en el que más se

evidenciaron las limitaciones vocales del cantante: desafinaciones frecuentes, timbre

estridente y un uso excesivo de la garganta en detrimento de la técnica.

La segunda parte del recital estuvo dedicada a repasar algunos de los temas más

reconocibles de su trayectoria, como “Mis camisetas”, “Salitre”, con una destacada

intervención de órgano Hammond, y “Vidas cruzadas”, reafirmando su calidad como

compositor.

Tras insistentes peticiones llegaron los bises. El cantautor regresó al escenario para

interpretar dos temas, entre ellos la inédita “Padres huérfanos”, que formará parte de

una película de próximo estreno. En definitiva, un concierto exitoso, sostenido por

buenas canciones y una banda solvente que reafirma la fidelidad de su público y el

oficio de Quique González.

Crítica para La Nueva España.

Tarja, la reina del metal sinfónico.

 



Tarja Turunen y Marko Hietala, “Living The Dream Together Tour”. Gijón Arena,

viernes, 30 de enero de 2026.


Tarde de metal sinfónico en estado puro, de ese que resiste modas y playlists fugaces

gracias a una parroquia fiel capaz de cruzarse medio país en pleno invierno gélido para

escuchar el poderío de la distorsión y voces que todavía ponen la piel de gallina. El

Gijón Arena acogía la primera de las cuatro fechas españolas que reúnen a Tarja

Turunen y Marko Hietala, ex de Nightwish, acompañados por otras dos bandas: “Rok

Ali and The Addiction” y “Serpentyne”.

Tras la actuación de las bandas invitadas –mención aparte merece “Serpentyne” que

dejaremos para otra ocasión-, llegó el turno de Marko Hietala. El finlandés concluyó un

concierto correcto, apoyado más en actitud y carisma que en brillantez musical,

llevándose la gran ovación cuando llamó a Tarja para compartir escenario durante un

par de temas.

Pasadas las nueve de la noche, apareció Tarja Turunen con su show en solitario para

confirmar quién manda. Tras un arranque tibio para ajustar sonido –esta vez con

teclados ¡por fin! con volumen adecuado-, sonó “Crimson Deep”: intensidad, afinación,

dramatismo y una demostración de técnica en agudos que recordaron por qué su voz

sigue siendo referencia.

Sorprendió el guiño metalero al “Bolero” de Ravel en “Victim of ritual”, antes de

sumergirse en el repertorio que encumbró a Nightwish, con “Feel for You” como

momento destacado junto a Hietala. “Higher Than Hope” sonó algo justa, pero quedó

compensada con “Silent Masquerade” cantada a dúo y convertida en uno de los grandes

momentos de la noche.

El tramo final fue una apisonadora con “I Walk Alone” y “Wish I Had an Angel”, sin

pirotécnica ni artificios: solo banda, canciones y poderío. Así es el metal honesto. Como

buena capitana, Tarja fue la última en abandonar el escenario, dejando claro que sigue

siendo la reina vocal y que en el metal sinfónico el liderazgo se demuestra en directo.

Crítica publicada en La Nueva España.