Celtas Cortos, gira “40 años contando cuentos”. Gijón Arena, sábado 21 de febrero, 2026.
Cuatro décadas llevan “Celtas Cortos” sobre los escenarios y una fecha tan simbólica
bien merecía un esfuerzo para ofrecer un directo contundente. Así, los saludos grabados
de rostros conocidos dieron paso al inconfundible violín que marca una de las
identidades sonoras del grupo, en una apertura vibrante con “¿Qué voy a hacer yo?”. El
orden del repertorio estaba muy bien estudiado y apenas hubo respiro.
Jesús Cifuentes, con su voz peculiar y su cercanía, recordaba una y otra vez que “esto lo
hemos construido entre todos”. Y así se sucedieron los temas, con un gran despliegue de
instrumentos aportando colorido sonoro a esas canciones cuyas letras incisivas se
combinan con una energía festiva, como la eufórica “El mundo al revés” o “Legión de
mudos”, que sonó potente con esos fraseos de violín y flauta.
Aunque los discursos fueron más contenidos que otras veces, no faltaron las pullitas a
los políticos y a las atrocidades que se cometen a lo largo y ancho del planeta. Así se
volcaron con todos coreando aquello de “Haz turismo invadiendo un país”, aderezado
con proyecciones de guerras; o un tema instrumental al que Cifuentes animó al público
a cantar la consigna “¡Que te den po’l culo, cabrón!”, dedicada a Donald Trump cuando
abandone la Casa Blanca.
Uno de los grandes aciertos de la gira ha sido integrar símbolos locales en cada parada.
En Gijón, el gran gaitero José M. Tejedor interpretó “Retales de una vida”, gran tema y
gran fusión de gaita y banda. La aparición del icónico Rodrigo Cuevas convirtió el
momento en estelar, integrándose totalmente en ese sonido rock con toda la banda para
cantar la famosa “20 de abril”. El broche de oro lo puso Víctor Manuel con “La senda
del tiempo”, ofreciendo un cierre redondo antes de entonar “No nos podrán parar”, toda
una declaración de intenciones.
La multitud salió eufórica tras haber asistido a uno de esos conciertos cuyas entradas se
guardan en un álbum como recuerdo de un momento histórico y comprobando que a
Celtas Cortos aún les quedan muchos cuentos que contar.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.
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