domingo, 18 de abril de 2021

Sidecars. Mucha hambre de rock

 Sidecars: Gira “Ruido de Fondo”. Teatro de la Laboral, viernes, 16 de abril, 2021. 

(Fotografía de Marcos León, publicada en La Nueva España)


Dice el refrán que “a falta de pan buenas son tortas”, o en la versión asturiana “...buena ye boroña”.

Y eso ha pasado en Gijón: había tanta hambre de rock y de escuchar a una banda al completo, con buenos decibelios, potentes distorsiones y músicos trotando por el escenario, que los madrileños “Sidecars” sonaban como si fueran los mismísimos Rolling Stones en sus buenos tiempos. Yo lo percibí así y el aforo casi al completo del teatro de la Laboral también. Pero la banda en cuestión no es ningún icono del rock, solo es un grupo resultón que no se sale del estereotipo de bandas surgidas en los últimos años y que no aporta nada nuevo.  


La excusa era la presentación de “Ruido de fondo” y después de algún fastidioso aplazamiento “Sidecars” consiguió arrancar con un “Golpe de suerte” que sonó potente. La voz de Juancho -inevitable las comparativas con su hermano Leiva, misma tesitura y mismo estilo-, capitanea a una banda formada por sus colegas Gerbass (bajo) y Ruly (batería), junto con otros tres músicos que comparten gira para presentar su sexto álbum. Hay que decir que tiene mérito ofrecer una banda tan numerosa en estos tiempos porque con los aforos tan reducidos las cifras no cuadran igual, pero ahí están los seis músicos más todo el despliegue de técnicos y personal que conlleva una banda como esta.  


Tras cantar uno de sus anteriores éxitos, “La Tormenta”, el público estaba entregado y dispuesto a escuchar el directo de las nuevas canciones, entre ellas “Looping Star” o “Galaxia” que se intercalaban con himnos clásicos como “Cuestión de Gravedad” o “Fuego cruzado”. También hubo ritmos más cercanos al funk y algún rock and roll al más puro estilo de Ariel Roth. La balada “Dinamita” ponía algún color diferente al aportar sonidos extraídos del steel guitar y del hammond. Y por primera vez en la gira, contaron con la presencia de Angie Sánchez para cantar mano a mano “Quién sabe”, tal y como se grabó en el disco. 


Después de la potente “Garabatos”, con sonido denso, buenas distorsiones  y abruptos cortes que le daban vida al tema, siguieron con algunas más blandengues a base de edulcoradas introducciones de piano, como “Los Amantes”. 


El principio prometía y  parecía que, por fin, íbamos a escuchar un buen solo de guitarra en “Fan de Tí”,  pero ni en la introducción ni a mitad del tema pasó de los cuatro compases (otro tópico de este tipo de grupos). Una pena porque apuntaba maneras. Otro solo de guitarra salió de la Telecaster de Juancho en “Contra las cuerdas”, y esta vez sí fue largo, pero no pasó de ser más que postureo recorriendo escenario y laterales, sin llegar a decir nada. Aún así, como decía, había tantas ganas de escuchar rock que hasta los bendings más estereotipados “parecía” que sonaban como los de Brian May, y hasta el intercambio con el público de las típicas llamadas-respuestas recordaban al mismísimo Freddy Mercury en el Live Aid de 1985. En fin, todo un propósito.


Al fin y al cabo “Sidecars” es lo que es: una banda típica y tópica que sigue un patrón muy marcado y no se sale del guion ni un ápice. Pero funciona. Y esta vez mejor que nunca porque en un año de tanta sequía cualquier cliché más que masticado se siente como una absoluta novedad. El resultado es que el público se lo pasó estupendamente. Además, con experiencias como esta nos queda más que claro que la cultura es segura y si alguno de los presentes se contagió de Covid-19 seguro que en el teatro de la Laboral no fue. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



Olga María Ramos: Reviviendo el Cuplé

 

                        (Fotografía de Ángel González, La Nueva España)

“Evocación al cuplé”. Centro de Cultura Antiguo Instituto, sábado, 10 de abril de 2021.

Aplaudo la iniciativa del Centro de Cultura Antiguo Instituto por traer a su escenario central un género musical olvidado injustamente. Y es que no hay otro género que defina mejor la manera de vivir y pensar de las distintas clases sociales y, sobre todo, del estrato social más callejero y marginal de las tres primeras décadas del siglo XX. El cuplé está cargado de canciones sarcásticas, dobles sentidos, moralidad y picardía fina, todo un compendio de vivencias de las que carecen la mayoría de los libros de historia más voluminosos. La cupletista Olga María Ramos es una de las mayores responsables de que el cuplé siga vivo y con su propuesta “Evocación al cuplé” rinde homenaje a su madre, la cantante y violinista Olga Ramos y el compositor Enrique Ramírez de Gamboa, “El Cipri”.

Ramos vistió el escenario de boas y mantones multicolor (herencia de su madre, confesaba Olga), para rescatar las canciones más representativas del género. Con “Ven y ven” del compositor Álvaro Retana comenzó cantando y atrapando al público que agotó todas las localidades. Y sonaron los versos más conocidos de “Los Amores de Ana”, “Firulí, Firulá”, popularizado por Raquel Meller o el foxtrot por excelencia “Las tardes del Ritz”, entre otras aun más conocidas, si cabe, como el chotis “La Lola” de Francisco Alonso. Había ganas de cantar y de pasárselo bien. También hubo crítica para la cantante Carmen Flores cuando estrenó el cuplé “La Violetera”, a la que Ramos señaló por no ser capaz de cantar con la delicadeza que requiere el tema. Olga le imprimió ese toque de sensibilidad y dinámica que se necesita.

Durante todo el concierto la cantante estuvo musicalmente acompañada por el pianista Pablo Jiménez, que estaba atento a las entradas, salidas y los calderones que alargaba a su antojo la cupletista. Un pianista muy fino que conoce perfectamente su oficio. 

Otro protagonista del concierto fue el asturiano Juan Martínez Abades, el mejor compositor y el “pintor de cuplés” según Olga María. A él le dedicó la segunda parte del concierto rescatando “Mimosa”, “Mala Entraña”, “Agua que no has de beber” y “¡Ay, Cipriano!”, un lujo de canciones que la cupletista escenificó ataviándose con renovado despliegue de mantones.

Se vivieron momentos de nostalgia, sobre todo durante el cuplé que da título al espectáculo “Evocación”, que grabó su madre un año antes de morir.  escuchamos la grabación de “La Reina del Cuplé” durante la primera parte, mientras Olga María hidrataba la garganta con “champán de cañería” (como ella denomina al agua) para ofrecer en directo voz y piano la segunda parte de la canción.  

El espectáculo concluyó a ritmo de foxtrot cabaretero en tempo rápido,  con la popular "Vino tinto con sifón" y el público entregado acompañaba en los coros con discreción. Al terminar hubo esa sensación de incertidumbre que solo he visto en tiempos de pandemia: había ganas de pedir otra y otra, pero no sabemos muy bien cómo actuar por eso de que no se debe cantar, ni moverse, ni, ni...Total que Olga María Ramos nos dejó con ganas de más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España