Los Brincos, Gira "60 Aniversario". Teatro de la Laboral, domingo, 8 de febrero, 2026.
décadas fueron llamados los Beatles españoles, y no sin razón. Los Brincos
supieron adaptar la incipiente moda beat a la identidad musical española en una época
dominada por la copla, las baladas italianas y los boleros de ultramar. Sin embargo, su
última cita en Gijón dejó la sensación de que aquel espíritu innovador, hoy sobrevive
más como recuerdo que como realidad escénica. Más que un grupo histórico, la
formación recordó por momentos a una orquestina de bolos recreando canciones de Los
Brincos, una diferencia sutil pero decisiva.
El concierto se abrió con “Flamenco”, luciendo la mítica capa de Seseña y dejando
visible la ausencia de Miguel Morales, líder del regreso del grupo en el siglo XXI.
Estáticos y alineados, repasaron su cancionero desde sus inicios en 1964, cuando se
convirtieron en líderes absolutos del pop español de los sesenta, forjando un repertorio
de canciones breves, directas y generacionales.
No obstante, en esta ocasión, canciones icónicas como “Amiga mía”, “Sola” o el éxito
rotundo “Mejor”, entre otras, resultaron interpretativamente pobres. No es una cuestión
de edad, sino de entusiasmo y actitud. Ese empuje no terminó de transmitirse a una sala
con poco más de media entrada, formada en gran parte por quienes acudieron movidos
por la nostalgia. En los teclados, los sonidos de metales sonaban plásticos,
especialmente evidentes en “Lola”. Los tempos se caían frecuentemente y las
presentaciones se resolvían sin demasiado esfuerzo, como si el estatus ganado décadas
atrás bastara para sostener el concierto.
Los momentos más convincentes llegaron con los temas de mayor pulso rock, como
“The Train”, cantado en inglés, donde el guitarrista firmó un solo digno con su
inconfundible Rickenbacker. También, a destacar unos coros que en su día supieron
incorporar al pop español extraídos del estilo anglosajón.
Sesenta años después, el mérito de seguir en activo es indiscutible, aunque un refuerzo
instrumental y coral habría aportado el vigor que estas canciones eternas merecen para
seguir conquistando generaciones futuras.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
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