sábado, 25 de abril de 2026

Ismael Serrano: canciones frente al ruido



Ismael Serrano, “Gira acústica: guitarra y voz”. Teatro de la Laboral, viernes, 24 de abril de 2026.

El planteamiento de la gira con la que Ismael Serrano anticipa su treinta aniversario resulta, en cierto modo, engañoso. Se anuncia como un concierto íntimo de guitarra y voz, una idea que el propio artista refuerza tras abrir con “Amores imposibles”, al reivindicar un formato acústico frente al “hiperestímulo” de los grandes espectáculos. Sin embargo, esa intimidad es relativa: aunque permanece solo en escena con su guitarra, el uso de bases pregrabadas -a veces sutiles, otras claramente orquestales- aleja el resultado de la desnudez prometida, especialmente en “Ven”, “Hija de Lilith” o “La canción de nuestra vida”. No resta calidad, más bien suma, pero sí cuestiona la coherencia del concepto.

Al margen de esta objeción, siempre fui escéptica con este cantautor, ya que su voz en estudio nunca terminó de atraerme. Sin embargo, animada por las valoraciones positivas del musicólogo Eduardo Viñuela, decidí acercarme al directo. Y tengo que afirmar que después de un concierto de dos horas y media me ha convencido. En vivo, su voz gana mucho y se integra con naturalidad en un repertorio donde lo esencial son las letras.

Porque si algo define el concierto es la palabra. Serrano construye un universo poético propio, centrado a menudo en el desamor, pero con ideas originales. A ello se suman sus extensas intervenciones entre canciones, auténticos pequeños ensayos orales que invitan a la reflexión sobre cuestiones cotidianas. Muy destacable su crítica a los algoritmos que nos invade a diario encerrándonos en burbujas que limitan la pluralidad o su disertación sobre el tiempo para presentar canciones como “Tanto por vivir”.

Más allá de la discutible sinceridad del formato anunciado, el concierto confirma algo que sus discos no siempre transmiten: Serrano es, ante todo, un artista de directo. Un formato contenido, sin grandes artificios, que frente al ruido pone el foco en las canciones y en su capacidad para sostener por sí solas el peso del recital.


Crítica publicada en La Nueva España 


jueves, 23 de abril de 2026

El cuarteto Quiroga roza la excelencia.

 


Cuarteto Quiroga. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 22 de abril de 2026.

El Cuarteto Quiroga es uno de los ejemplos más logrados de lo que significa el auténtico trabajo en equipo en la música de cámara. Su manera de interpretar, elegante y cohesionada, con una precisión impecable en entradas y salidas, expone, además, una comprensión profunda de cada obra.

Más allá de la técnica, es un placer observar en directo la complicidad entre sus integrantes: miradas, respiración compartida y gestos, a veces sutiles y a veces enérgicos, transmiten la sensación de estar completamente abstraídos del mundo mientras disfrutan de sus interpretaciones.

El Op. 20 de Joseph Haydn abrió el concierto. Un terreno cómodo para el cuarteto, en el que destacó especialmente el tercer movimiento por sus pianísimos de gran sutileza y una línea melódica clara y fluida. En contraste, el cuarto movimiento mostró toda su energía, con un carácter ágil y brillante, articulado con precisión en sus pasajes contrapuntísticos.

Con el Cuarteto nº 8 de Dmitri Shostakovich ofrecieron una lectura de precisión milimétrica y gran refinamiento expresivo. La intensidad emocional fue constante, revelando la crudeza de una obra compuesta en 1960 en apenas tres días y dedicada a las víctimas del fascismo y de la guerra. Muy acertadas las palabras del violinista Cibrán Sierra, al evocar conflictos actuales (Irán, Gaza, Ucrania, Israel), situando la obra en una dimensión plenamente contemporánea: una música que sigue mostrando el horror humano.

Para cerrar, el Op. 127 de Ludwig van Beethoven, escrito tras la Novena Sinfonía, en una etapa marcada por la sordera, la enfermedad y el aislamiento. Todo esto desplegó un lenguaje libre, experimental e introspectivo que el cuarteto interpretó con profundidad y sensibilidad.

Los ruidosos aplausos fueron correspondidos con una sonatina de Johann Sebastian Bach, poniendo el broche final con una ejecución impecable. Un auténtico lujo disfrutar de estos referentes de la música de cámara que rozan la excelencia.

Crítica publicada en La Nueva España

viernes, 17 de abril de 2026

Capercaillie: tradición y modernidad.

 


Capercaillie, Clausura del III Alcuentru Profesional Música en Rede, Teatro de la Laboral, jueves, 16 de abril de 2026.

El cierre del “III Alcuentru Profesional Música en Rede” no pudo tener mejor broche que la actuación de “Capercaillie”, una formación que lleva cuatro décadas sobre los escenarios y sigue siendo referencia indiscutible del folk celta contemporáneo.

Comenzaron con fuerza con una pieza instrumental muy folk y ya desde el saludo inicial de Donald Shaw, el grupo dejó clara su complicidad con el público y su altísimo nivel instrumental. Una actuación muy esperada en la que pudimos apreciar la excelencia individual de cada músico: el violín preciso de Charlie McKerron, la riqueza tímbrica de Michael McGoldrick en flautas y gaitas, el refinado acompañamiento de Manus Lunny al bouzouki y una sólida base rítmica.

La entrada de Karen Matheson dejó claro por qué son tan originales y queridos entre los seguidores del género. Su voz, de timbre inconfundible y gran exigencia técnica, actúa como un instrumento más dentro de un entramado sonoro complejo. En temas cantados en lengua gaélica, como Port Na Caillich” y en piezas más comerciales en inglés, como “At the Heart of It All”, la cantante demostró un dominio expresivo singular.

Uno de los logros de esta banda es la originalidad de los sonidos y el empaste del conjunto. A pesar de la dificultad inherente a combinar instrumentos tan diversos -gaita, violín, flauta, bouzouki, acordeón- con ritmos que transitan del folk al funky, la banda tiene credibilidad. Respiran en el mismo tempo, se ceden espacios con inteligencia y construyen una simbiosis sonora poco habitual.

Momento de emoción vivieron los seguidores al contar con Tejedor y su gaita en directo para interpretar la añada “Texendo Suaños”, de composición propia.

El cierre, con “Coisich a Rùin”, recordó su papel pionero al llevar el gaélico a las listas británicas, demostrando su capacidad para fusionar tradición y modernidad sin perder identidad. En definitiva, un concierto de altísima calidad artística, donde virtuosismo y cohesión alcanzan un equilibrio admirable.

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 12 de abril de 2026

Edu Soto: talento innato

 


Edu Soto, “Más vale solo que ciento volando”, Teatro de la Laboral, sábado, 11 de abril de 2026.

 

Sostener durante dos horas un espectáculo en un gran escenario, prácticamente desnudo y ante 750 espectadores, es un reto difícil para cualquier cómico. Sin escenografía ni apoyos -más allá de un breve vídeo-, Edu Soto volvió a demostrar que ese desafío solo está al alcance de unos pocos y que, haga lo que haga, el público está de su parte.

 

Desde el inolvidable “Neng de Castefa”, el cómico catalán ha construido una carrera basada en la improvisación, el humor físico y la interacción constante. Todo ello estuvo presente en “Más vale solo que ciento volando”, donde el público participó activamente en un juego cómico que Soto manejó a su antojo.

 

El arranque, centrado en divagaciones sobre el clima o la profesión de “coach”, dio paso a una sucesión de improvisaciones con la intervención de espectadores que, entre otras situaciones, participaron en el cálculo del “porcentaje de gilipollas” en el teatro: 38,5 individuos en total a los que Soto quiso dar caza.

 

Destacaron los números del “niño gilipollas”, con el que mantiene una conversación sobre los gustos sexuales, y su transformación en bailarín en la madurez, donde demuestra sus dotes para la danza. Junto al número de hipnosis, su interpretación de las distintas maneras de acometer el acto sexual fue el momento más brillante del espectáculo.

 

El resto pecó de relleno improvisado, con un ritmo irregular y carente de un guion claro. De hecho, el show atravesó un bajón en su tramo final, con reflexiones que diluyeron la potencia cómica.

 

Pero es Edu Soto, y logra remontar gracias a su talento innato y su capacidad para reconectar con el público, apoyándose en una reflexión sobre la “Apología del ocio”, de Robert Louis Stevenson, y demostrando, además, que es un gran cantante al que ni las canciones más emblemáticas de Camilo Sesto se le resisten.

 

No es su mejor espectáculo, pero sí una nueva demostración de que, incluso en sus momentos más flojos, Edu Soto sigue siendo un animal escénico capaz de sostener él solo todo un teatro.


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 9 de abril de 2026

Ensemble 4.70. Dos sextetos, un desafío

 


“Ensemble 4.70”, organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 8 de abril de 2026.

Es poco frecuente asistir a un concierto dedicado al sexteto de cuerda, una formación tan atractiva como exigente y, por ello, escasamente cultivada. La dificultad reside en equilibrar seis voces independientes -con violas y violonchelos duplicados- sin caer en el simple doblaje ni en la saturación del discurso. Lograr líneas diferenciadas, claras y expresivas es un reto incluso mayor que en el cuarteto. Por eso, cuando se abordan dos de las cimas del repertorio con dos lenguajes totalmente diferentes, como el Sexteto n.º 2 de Brahms y el “Souvenir de Florence” de Chaikovski, la expectativa es alta.

El “Ensemble 4.70”, impulsado por David Roldán junto con Marta Martínez, asumió el desafío reforzado por solistas de primer nivel como Nadège Rochat, Rubén Menéndez, Yuri Zhislin y Pedro Ordieres. La cita, organizada por la Sociedad Filarmónica de Gijón, comenzó con Brahms, obra de madurez, íntima y de hondura emocional. Desde los primeros compases, el conjunto supo encontrar ese equilibrio delicado que exige una textura densa: líneas bien perfiladas, respiración común y una escucha activa que evitó cualquier opacidad. La complejidad de la partitura se resolvió con naturalidad y coherencia, transmitiendo una complicidad palpable.

En la segunda parte, Chaikovski transformó el clima sonoro hacia un terreno más expansivo y brillante, más cercano a lo sinfónico que a lo puramente camerístico. La interpretación destacó por su energía y claridad, con especial relieve en las cascadas melódicas que transitaban de una cuerda a otra y en el diálogo entre el violín de Zhislin y el chelo de Rochat, sostenidos por un tejido de pizzicatos y líneas sutiles del resto del grupo. Sobresalió también Ordieres en el tercer movimiento, así como la riqueza dinámica del conjunto. El final, vertiginoso e imponente, cerró una velada de alto nivel.

En suma, un concierto poco habitual -casi un rara avis- que el público supo apreciar en toda su dimensión. Desafío superado.

Crítica publicada en La Nueva España