Edu Soto, “Más vale solo que ciento
volando”, Teatro de la Laboral, sábado, 11 de abril de 2026.
Sostener durante
dos horas un espectáculo en un gran escenario, prácticamente desnudo y ante 750
espectadores, es un reto difícil para cualquier cómico. Sin escenografía ni
apoyos -más allá de un breve vídeo-, Edu Soto volvió a demostrar que ese
desafío solo está al alcance de unos pocos y que, haga lo que haga, el público
está de su parte.
Desde el
inolvidable “Neng de Castefa”, el cómico catalán ha construido una carrera
basada en la improvisación, el humor físico y la interacción constante. Todo
ello estuvo presente en “Más vale solo que ciento volando”, donde el público
participó activamente en un juego cómico que Soto manejó a su antojo.
El arranque,
centrado en divagaciones sobre el clima o la profesión de “coach”, dio paso a
una sucesión de improvisaciones con la intervención de espectadores que, entre
otras situaciones, participaron en el cálculo del “porcentaje de gilipollas” en
el teatro: 38,5 individuos en total a los que Soto quiso dar caza.
Destacaron los
números del “niño gilipollas”, con el que mantiene una conversación sobre los
gustos sexuales, y su transformación en bailarín en la madurez, donde demuestra
sus dotes para la danza. Junto al número de hipnosis, su interpretación de las
distintas maneras de acometer el acto sexual fue el momento más brillante del
espectáculo.
El resto pecó de
relleno improvisado, con un ritmo irregular y carente de un guion claro. De
hecho, el show atravesó un bajón en su tramo final, con reflexiones que
diluyeron la potencia cómica.
Pero es Edu
Soto, y logra remontar gracias a su talento innato y su capacidad para
reconectar con el público, apoyándose en una reflexión sobre la “Apología del
ocio”, de Robert Louis Stevenson, y demostrando, además, que es un gran
cantante al que ni las canciones más emblemáticas de Camilo Sesto se le
resisten.
No es su mejor
espectáculo, pero sí una nueva demostración de que, incluso en sus momentos más
flojos, Edu Soto sigue siendo un animal escénico capaz de sostener él solo todo un teatro.
Crítica publicada en La Nueva España
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