domingo, 24 de mayo de 2026

Jeanette: cincuenta años de dulzura intacta

 



Jeanette, “50 Aniversario”. Teatro de la Laboral, sábado, 23 de mayo de 2026.

Si no fuera porque la Wikipedia lo revela sin contemplaciones, pocos dirían que Jeanette ha cumplido ya 74 años. La joven que en los años setenta cantaba aquello de “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” mantiene una sorprendente frescura sobre el escenario. Conserva la esencia que la convirtió en un icono de la canción melódica y una voz que con algún retoque técnico, sigue sonando afinada, delicada y profundamente evocadora.

El Teatro de la Laboral acogió una de las citas de su gira 50 Aniversario, reuniendo a varios cientos de espectadores que acudieron movidos por la nostalgia y el deseo de reencontrarse con una banda sonora que forma parte de sus vidas. Jeanette respondió apoyada por una sólida banda de seis músicos y salvo algún pequeño desliz puntual, el sonido acompañó desde la primera nota, con unos coros trabajados y una instrumentación que supo respetar el carácter intimista de su repertorio.

El recital comenzó con uno de sus himnos, “Por qué te vas”, y terminó con la misma canción como bis, cerrando así un círculo emocional que el público recibió con entusiasmo. Entre ambos momentos desfilaron cerca de una veintena de temas, algunos de composición propia y otros del gran Manuel Alejandro, junto con anécdotas contadas con ese inconfundible acento inglés que sigue siendo parte de su encanto.

La velada contó además con un invitado de excepción: Juan Bau, uno de los grandes representantes de la canción romántica española de los años setenta y ochenta. Interpretó tres de sus éxitos antes de compartir con Jeanette una emotiva versión de «Acaríciame», uno de los momentos más celebrados de la noche.

Más allá de la nostalgia, Jeanette demostró que sigue disfrutando del escenario y del contacto con el público. Cincuenta años después de iniciar su carrera, continúa poseyendo ese raro don de cantar con aparente fragilidad mientras transmite una enorme fuerza emocional. Y eso, más que cualquier aniversario, explica por qué sus canciones siguen encontrando eco generación tras generación.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 23 de mayo de 2026

Tarzán, el musical: empalagoso y aburrido.

 



Tarzán, el musical. Teatro de la Laboral, viernes, 22 de mayo de 2026.

Con todos los elementos potentes que encierra una leyenda como la de Tarzán, es difícil hacer algo tan infumable como el musical que han presentado en el Teatro de la Laboral.

La figura creada por Edgar Rice Burroughs cuenta con más de una veintena de novelas, cómics y no sé cuántas versiones cinematográficas; más que suficiente para construir una trama sólida y emocionante. Sin embargo, lo que encontramos sobre el escenario es una comedia romántica descafeinada sostenida por un guion soporífero.

El inicio ya apunta maneras con anuncios de otros musicales, dando a entender que lo importante es el negocio. Economía y arte pueden convivir perfectamente, pero para que eso suceda la balanza debe inclinarse primero hacia la creación, porque cuando el arte funciona, el público responde por sí solo.

La música tampoco ayuda. Un musical necesita canciones memorables que impulsen la historia y definan a los personajes. Aquí, por el contrario, predominan melodías empalagosas y arreglos previsibles típicos de fórmulas más comerciales del género. Me cuestiono si han usado la IA para tales composiciones.

 

El reparto ofrece resultados desiguales. Tarzán, no logra transmitir el carisma ni la fuerza que exige el personaje. Especialmente floja resulta la escena en la que el personaje se integra en la sociedad londinense. Para bostezar.

Jane tampoco sale mejor parada. Convertida en un personaje casi decorativo y sin apenas evolución, queda reducida a un papel romántico decimonónico que aporta poco a la trama.

 

Se salvan algunos secundarios, como el niño Charly: cargado de gracia, energía y con buena voz se ganó el sueldo, destacando el número del conjuro mágico junto a Isabella, otro de los personajes que mejor salen parados. También William Clayton, el antagonista, cumple vocalmente con solvencia, aunque el libreto le condena a ser un villano plano y poco creíble. 

En conclusión, la entrada es cara (50 €), salvo para aquellos que lo hayan disfrutado, que también puede ser, a tenor de los aplausos finales. Ya lo decía Clint Eastwood: las opiniones y los gustos son como los culos; todo el mundo tiene uno.

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 21 de mayo de 2026

Rochat - Rodiles: un viaje brillante por la música europea.

 

Foto: Juan Plaza

Concierto de Nadège Rochat y Noelia Rodiles. Sociedad Filarmónica de Gijón. Miércoles, 20 de mayo de 2026.

La unión de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat dio como resultado uno de esos conciertos en los que técnica, inteligencia musical y complicidad artística avanzan en la misma dirección. Y si a esa evidente química se suma un repertorio poco frecuente y cuidadosamente elegido, el resultado solo podía ser un concierto de los grandes de la temporada de la Filarmónica.

Abrieron con las “Cinco piezas en el estilo popular Op. 102” de Robert Schumann, donde destacó especialmente la atmósfera íntima y delicada de la segunda: “Langsam”. Rochat posee una forma de tocar difícil de apartar de la vista: el violonchelo parece una extensión natural de su cuerpo y cada frase nace con absoluta implicación expresiva. También brilló la tercera pieza, en la que las complejas armonías entre el piano y las dobles cuerdas del chelo encontraron un equilibrio admirable.

La música de Manuel de Falla permitió apreciar la sensibilidad y precisión de ambas intérpretes, especialmente de Rodiles, muy sólida durante toda la velada. Además, sorprendieron interpretando las siete canciones originales y no solo las seis habituales de la “Suite popular española” anunciada en el programa.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue la inclusión de la “Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, obra tan compleja como infrecuente, llena de cambios bruscos y contrastes expresivos que ambas resolvieron con seguridad y musicalidad.

Para mi gusto fue en la “Suite Italienne obra de Stravinsky extraída del ballet “Pulcinella”, donde más destacaron estas dos intérpretes, alcanzando, quizá, su momento más brillante: frescura, precisión rítmica y un diálogo bien definido entre ambos instrumentos.

Los reiterados aplausos dieron como premio la interpretación de quizás la más bella de las “Canciones que me enseñó mi madre” de Anton Dvorak, interpretada con delicadeza y calidez.

Y es que el tándem Rodiles-Rochat funciona y esperamos que esta unión se repita con más frecuencia.

Crítica publicada en La Nueva España

miércoles, 20 de mayo de 2026

Notas al programa del concierto Rodiles- Rochat.

 



Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa

Las obras seleccionadas para este programa comparten una misma orientación estética basada en la reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales del pasado.  Lejos de la cita literal, en estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco idóneo para la interpretación de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat, dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Las Cinco piezas en el estilo popular que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a incidir en el tono popular con Night schnell, mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección como dice la indicación inicial Stark und Markirt (Con fuerza y marcado).

La Suite popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla, posteriormente adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el violinista Paul Kochanski. Basada en melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.

Entre las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.

En contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la suite.

El Polo cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.

En conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.

 

Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo, musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de formas clásicas.

Además de su importante contribución pedagógica -especialmente a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras heredadas. La Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.

 

La Suite Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella (1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.

La suite alterna movimientos de carácter contrastante entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano, realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico, mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.

¡Disfruten de este gran concierto!

Por Mar Norlander

domingo, 17 de mayo de 2026

Vibra Mahou Fest: cuando el sonido no acompaña

 


“Ginebras” y “León Benavente”, Vibra Mahou Fest. Recinto Ferial de Asturias Luis Adaro, sábado, 16 de mayo de 2026.

 

El “Vibra Mahou Fest” volvió a celebrarse en Gijón con un cartel muy atractivo para los amantes del rock alternativo, apostando por nombres consolidados y propuestas frescas dentro de la escena nacional. La organización fue impecable, con todo lo necesario para el disfrute, pero el gran problema volvió a ser el recinto elegido: un pabellón. En este caso el de la Feria de Muestras, aunque realmente da igual cual sea porque todos tienen el mismo problema: una acústica terrible. Los rebotes constantes convierten el sonido en una masa informe que satura los oídos y empaña la experiencia de los cientos de asistentes. Una auténtica lástima para bandas que merecían mejores condiciones.

Aun así, hubo grupos capaces de sobreponerse parcialmente a esas dificultades. Las madrileñas “Ginebras” demostraron por qué es una de las bandas más atractivas del panorama actual. Frescas, descaradas y divertidas, desplegaron un repertorio de letras irónicas y pegadizas acompañado de una energía contagiosa sobre el escenario. Su conexión con el público fue inmediata y, pese al deficiente sonido, dejaron claro que verlas en directo sigue siendo una auténtica fiesta. Espero otra oportunidad para escucharlas en mejores condiciones.

El cierre de cartel quedó en manos de “León Benavente”, habituales ya en Gijón y siempre recibidos con entusiasmo. Pero tampoco ellos se libraron y el problema acústico volvió a penalizar seriamente la actuación de la banda liderada por Abraham Boba. Resultó frustrante no poder captar esas capas sonoras que el grupo desarrolla de forma tan personal en canciones que el pabellón entero coreaba casi al unísono, como “La aventura” o “La gloria”, entre muchas otras.

En definitiva, este festival dejó claro que sabe construir un cartel atractivo y cuidar los detalles organizativos, pero también dejó en evidencia que, además de cervezas vende música y, sin embargo, no se concede importancia al sonido. La solución no es compleja, bastaría con colgar grandes cortinajes o elementos absorbentes para reducir los rebotes y mejorar sustancialmente la acústica. Quizás, algún día se tenga en cuenta.  

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 16 de mayo de 2026

Hevia firma una noche redonda en Gijón.

 

Foto: Mario Cantelli

Gira “Platinum Europe Award - 25 Aniversario”. Teatro Jovellanos, viernes, 15 de mayo de 2025.

Hay conciertos que, dependiendo del lugar en que se celebren, pueden pasar desapercibidos entre la vorágine de la oferta cultural o convertirse en una experiencia redonda, dejando en el público la sensación de haber asistido a algo verdaderamente reseñable. El concierto de Hevia en el Teatro Jovellanos pertenece claramente a esta segunda categoría. El escenario elegido era el idóneo para celebrar el 25 aniversario de su Platinum Europe Award, reconocimiento recibido tras vender más de un millón de copias en un solo año de su álbum “Tierra de Nadie”.

Después de triunfar por medio mundo, Hevia regresó a su tierra y fue recibido agotando todas las localidades del teatro. Y no es casualidad. Tiene un mérito enorme haber construido una trayectoria internacional a partir de una música mayoritariamente instrumental en una época poco propicia para este género. Más aún haciéndolo con un instrumento tan singular como la gaita, conocida universalmente, pero alejada de los circuitos más comerciales.

Jugar en casa, sin embargo, también implica asumir ciertos riesgos, y el gaitero, consciente de ello, pensó en todo: el repertorio, los tiempos, la puesta en escena, la narrativa... Todo cuidado al detalle para ofrecer una actuación impecable.

Además de interpretar grandes temas junto a una banda de enorme nivel, Hevia quiso rodearse de artistas que elevaron aún más la emoción de la noche, como Marisa Valle Roso interpretando “La Panderetera” y confirmando que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Tampoco podía faltar el compositor Ramón Prada, uno de los autores más prolíficos de Asturias. Y para completar una velada memorable, además de una pareja de baile, el escenario acogió no una, sino dos bandas de gaitas para interpretar dos de sus temas más emblemáticos: “Villa de Gijón” en " Busindre Reel" y la “Banda de Gaitas de Candás” para “El Garrotín”, concluyendo todos en el escenario con el himno de Asturias. Difícil imaginar un final mejor para un concierto en el que todo salió redondo. 

Crítica publicada en La Nueva España