miércoles, 20 de mayo de 2026

Notas al programa del concierto Rodiles- Rochat.

 



Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa

Las obras seleccionadas para este programa comparten una misma orientación estética basada en la reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales del pasado.  Lejos de la cita literal, en estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco idóneo para la interpretación de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat, dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Las Cinco piezas en el estilo popular que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a incidir en el tono popular con Night schnell, mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección como dice la indicación inicial Stark und Markirt (Con fuerza y marcado).

La Suite popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla, posteriormente adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el violinista Paul Kochanski. Basada en melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.

Entre las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.

En contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la suite.

El Polo cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.

En conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.

 

Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo, musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de formas clásicas.

Además de su importante contribución pedagógica -especialmente a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras heredadas. La Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.

 

La Suite Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella (1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.

La suite alterna movimientos de carácter contrastante entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano, realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico, mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.

¡Disfruten de este gran concierto!

Por Mar Norlander

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