Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa
Las obras seleccionadas
para este programa comparten una misma orientación estética basada en la
reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales
del pasado. Lejos de la cita literal, en
estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos
melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la
escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como
de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras
convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la
música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco
idóneo para la interpretación de la pianista Noelia
Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat,
dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la
Sociedad Filarmónica de Gijón.
Las Cinco piezas en el estilo popular
que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de
las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por
desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los
elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco
secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos
elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con
humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres
populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del
ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a
incidir en el tono popular con Night schnell,
mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La
cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht
zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección
como dice la indicación inicial Stark und
Markirt (Con fuerza y marcado).
La
Suite
popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas
(1914) de Manuel de Falla, posteriormente
adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el
violinista Paul Kochanski. Basada en
melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el
interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño
moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana,
Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico
expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.
Entre
las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las
más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría
sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se
trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional
asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.
En
contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada
en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del
folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía
rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre
virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la
suite.
El Polo
cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está
basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en
torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y
casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la
línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.
En
conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo
paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la
tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la
espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.
Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de
la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo,
musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto
a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación
etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger
canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como
por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal
basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de
formas clásicas.
Además de su importante contribución pedagógica -especialmente
a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su
música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una
singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras
heredadas. La Sonata para violonchelo
y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una
escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color
armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la
obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.
La Suite
Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más
refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella
(1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la
obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista
Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone
Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad
formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los
transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos
inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.
La suite alterna movimientos de carácter contrastante
entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua
exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano,
realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo
entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y
virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico,
mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad
rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.
¡Disfruten de este gran concierto!
Por Mar Norlander
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