Tarzán, el musical. Teatro de la Laboral, viernes, 22 de mayo de 2026.
Con todos los elementos potentes que encierra
una leyenda como la de Tarzán, es difícil hacer algo tan infumable como el
musical que han presentado en el Teatro de la Laboral.
La figura creada por Edgar Rice Burroughs cuenta con más de una veintena de novelas, cómics y no sé cuántas versiones cinematográficas; más que suficiente para construir una trama sólida y emocionante. Sin embargo, lo que encontramos sobre el escenario es una comedia romántica descafeinada sostenida por un guion soporífero.
El inicio ya apunta maneras con anuncios de otros musicales, dando a entender que lo importante es el negocio. Economía y arte pueden convivir perfectamente, pero para que eso suceda la balanza debe inclinarse primero hacia la creación, porque cuando el arte funciona, el público responde por sí solo.
La música tampoco ayuda. Un musical
necesita canciones memorables que impulsen la historia y definan a los
personajes. Aquí, por el contrario, predominan melodías empalagosas y arreglos
previsibles típicos de fórmulas más comerciales del género. Me cuestiono si han
usado la IA para tales composiciones.
El
reparto ofrece resultados desiguales. Tarzán, no logra transmitir el carisma ni
la fuerza que exige el personaje. Especialmente floja resulta la escena en la
que el personaje se integra en la sociedad londinense. Para bostezar.
Jane
tampoco sale mejor parada. Convertida en un personaje casi decorativo y sin
apenas evolución, queda reducida a un papel romántico decimonónico que aporta
poco a la trama.
Se salvan algunos secundarios, como el
niño Charly: cargado de gracia, energía y con buena voz se ganó el sueldo,
destacando el número del conjuro mágico junto a Isabella, otro de los
personajes que mejor salen parados. También William Clayton, el antagonista,
cumple vocalmente con solvencia, aunque el libreto le condena a ser un villano plano
y poco creíble.
En conclusión, la entrada es cara (50 €),
salvo para aquellos que lo hayan disfrutado, que también puede ser, a tenor de
los aplausos finales. Ya lo decía Clint Eastwood: las opiniones y los gustos
son como los culos; todo el mundo tiene uno.
Crítica publicada en La Nueva España
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