sábado, 27 de junio de 2026

Juan Magán inaugura Metrópoli a golpe de fórmula conocida.

 

 



Juan Magán, Festival Metrópoli. Recinto Ferial Luis Adaro. Viernes 26 de junio de

2026.

Desde hace ya algunos años, la figura del DJ ha dejado de ser la de aquel amigo

encargado del tocadiscos en los guateques -generalmente el pagafantas servicial, que se

quedaba pinchando mientras los demás bailaban y ligaban-, para convertirse en una

auténtica estrella capaz de encabezar festivales y cobrar cachés que, en ocasiones,

superan a los de artistas de primera línea. Así ocurrió en la inauguración de Metrópoli,

en Gijón, un festival que, tras más de una década de trayectoria, se ha consolidado como

una de las citas culturales más importantes del verano asturiano.

La noche arrancó con el colectivo “3Pack Show”, una sesión de DJ que calentó la pista

al ritmo de “Código Latino”. Como era de esperar, la propuesta se apoyó más en el

espectáculo visual y el marketing que en la música. El principal atractivo recayó en las

dos bailarinas que acompañaban la actuación, auténticas responsables de mantener la

atención del público durante buena parte del set. Bastaba observar los rostros de muchos

asistentes para percibir una mezcla de actitud festiva y escaso entusiasmo real. Tras una

actuación más bien soporífera, todavía hubo que esperar quince minutos más para el

cambio de escenario y la instalación de las consolas de Juan Magán, el cabeza de cartel

de Metrópoli.

Una vez en escena, el catalán desplegó la fórmula que lleva perfeccionando desde hace

dos décadas: una sucesión de éxitos de su característico “Electro Latino”. Desde un

punto de vista estrictamente musical, con todo grabado resulta difícil encontrar

novedades en un espectáculo que suena igual que el del año pasado, el anterior o el

siguiente. La única incógnita reside en si incorporará algún tema nuevo al repertorio.

Sonaron clásicos como “No sigo modas” o “Ella se vuelve loca”, además de numerosas

canciones muy conocidas gracias a colaboraciones con artistas como Abraham Mateo,

Enrique Iglesias, Camela o David Bisbal.

Y, pese a la propuesta musical de escaso interés artístico, el objetivo se cumplió: el

público más joven cantó, bailó y disfrutó sin descanso durante toda la velada. A fin de

cuentas, en este tipo de espectáculos el arte importa menos que la capacidad de

mantener la fiesta en marcha.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

domingo, 14 de junio de 2026

Film Symphony Orchestra y las grandes Bandas Sonoras del Western



 Film Symphony Orchestra: gira “Wanted: el mejor western”. Teatro de la Laboral,

sábado, 13 de junio de 2026.

Tres meses después de su última visita a Gijón, la Film Symphony Orchestra regresó

con un programa completamente distinto, esta vez dedicado al universo musical del

western. Una apuesta tan atractiva como necesaria para rescatar partituras que, pese a su

enorme calidad, rara vez encuentran espacio en las salas de conciertos. Títulos como

“Bonanza”, “La conquista del Oeste”, “Solo ante el peligro” o “Los siete magníficos”

permitieron al público reencontrarse con algunas de las melodías más emblemáticas del

género.

Uno de los grandes aciertos del programa volvió a ser la labor divulgativa de

Constantino Martínez-Orts. El director contextualizó cada obra, presentando a sus

compositores y ofreciendo detalles sobre el proceso creativo. A ello se sumó la cuidada

puesta en escena, con toda la orquesta ataviada con vestuario inspirado en el imaginario

del Lejano Oeste.

La selección incluyó el tema principal de “Bailando con lobos” (1990), compuesto por

John Barry. La melodía conserva intacto su poder evocador, aunque la versión ofrecida

se quedó algo superficial, con escaso desarrollo de las líneas secundarias. Más

convincente resultó la suite de “Wyatt Earp”, de James Newton Howard, una partitura

que recoge con inteligencia la herencia sinfónica de Aaron Copland y Samuel Barber.

La figura dominante del concierto fue, sin duda, Ennio Morricone. Desde la célebre

“Trilogía del Dólar” hasta “Los odiosos ocho”, la orquesta recorrió la extraordinaria

capacidad del compositor italiano para crear partituras inolvidables con recursos

mínimos. Especialmente interesante fue la interpretación del tema inicial de “Los

odiosos ocho”, aunque los compases finales acusaron un exceso del fortísimo que restó

control al conjunto. También brilló “Once Upon a Time in the West”, una obra maestra

de originalidad tímbrica y expresiva, si bien las dinámicas fuertes evidenciaron ciertos

desequilibrios entre secciones.

El cierre llegó con la suite de “El bueno, el feo y el malo”, culminada por “El éxtasis del

oro”. La emoción de la canción quedó ligeramente empañada por algunas imprecisiones

de afinación de la solista. Pese a estos detalles, la Film Symphony Orchestra ofreció un

repertorio de enorme atractivo, confirmando una vez más su capacidad para acercar la

gran música del cine a un público amplio y familiar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

sábado, 13 de junio de 2026

Alejandro Sanz, el mejor concierto del año

 



Alejandro Sanz, gira “Y ahora qué”. Parque Hermanos Castro, Gijón, 12 de junio de

2026.

Los rumores sobre el supuesto deterioro de la voz de Alejandro Sanz en los últimos

tiempos quedaron totalmente desmentidos tras lo que demostró en el concierto de Gijón,

segundo de la gira por España del 2026. Su voz, con esa característica arenilla que

siempre la ha definido, se mantiene en buena forma y sigue siendo capaz de entonar sus

peculiares frases largas, cargadas de melismas y matices flamencos, sin necesidad de

coger aire a mitad de recorrido.

Hay mucho oído y mucho oficio sobre el escenario. Entre alguna bajada de tonalidad -

los años pasan-, algún cambio melódico en contados versos comprometidos o

recurriendo con toda su entrega al diafragma y a la garganta, como hizo en “Mi

soledad”, solventa con creces los retos más exigentes. Y cuando no, ahí está el público:

11.000 personas que conocen sus letras con puntos y comas y cantan y arropan a este

pedazo de artista que se hace querer y conecta con varias generaciones. Así quedó

patente a lo largo de toda la noche.

En cuanto al repertorio, si bien en los últimos discos anda dando bandazos hacia ritmos

de moda que encajan poco con su personalidad artística -como ocurre con el reciente

éxito junto a Shakira, “Bésame”, o la mediocre “Las guapas”, concebida claramente

para atraer a nuevos públicos- , para esta gira supo escoger, aparte de las mencionadas,

prácticamente lo mejor de su trayectoria. Desde la apertura con “Por Bandera” pasando

por clásicos como “Quisiera ser”, “Y, ¿si fuera ella?”, “Amiga mía” o “No es lo mismo”

hasta el inevitable cierre con “Corazón partío”, el repertorio funcionó como un recorrido

por los momentos más brillantes de su carrera.

Precisamente “Corazón partío” me deja una sensación algo agridulce. Una obra

prácticamente perfecta en su concepción original no parece necesitar el cambio de ritmo

que introduce a mitad para desembocar en una versión de tintes electrónicos. Un

experimento prescindible para una canción que, por sí sola, ya lo tiene todo.


Imprescindible mencionar a la magnífica banda que acompaña a Sanz: sencillamente

impecable y presentada por el cantante de una manera creativa y divertida. Y no quiero

dejar pasar la oportunidad de aplaudir su apuesta por la paridad -tan necesaria, aún-, con

cuatro mujeres y cuatro hombres encima del escenario, destacando la compenetración

de batería y bajo, pues de ello depende que los tempos se caigan o se suba la presión; y

es raro ver a dos mujeres liderando esta sección rítmica con semejante autoridad.

Increíbles las dos, especialmente la peruana Gisella Giurfa: pedazo de batería

contundente y perfecta cargada de matices y de definición. El set de batería era una

extensión de sus propios brazos y su lenguaje corporal así lo evidenciaba.


En definitiva, Alejandro Sanz volvió a demostrar por qué sigue ocupando un lugar

privilegiado en la música española. Pocos artistas son capaces de trasladar a un recinto

para 11.000 personas la intimidad y la emoción de canciones concebidas desde lo más

personal, haciendo que cada espectador las sienta como propias. Tres décadas después

de revolucionar el pop en español, sigue arrasando y firma el mejor concierto del año en

Gijón.

lunes, 8 de junio de 2026

Antonio Orozco en su mejor momento

 



Antonio Orozco, tour “La gira de mi vida, 2026”. Parque Hermanos Castro, Gijón, sábado 6 de junio de 2026.

 

Nueve años después de su última visita a Gijón, Antonio Orozco regresó a la ciudad para celebrar sus veinticinco años de carrera e iniciar la gira de presentación de su nuevo trabajo, “El tiempo no es oro”. Y pocas ciudades podían resultar más apropiadas para ello. Orozco manifestó en varias ocasiones durante la velada el cariño que siente por Gijón, pero el sentimiento es claramente recíproco: miles de personas abarrotaron la pista y las gradas para recibir a un cantautor que ha experimentado una notable y coherente evolución y está en el mejor momento de su vida artística.

Quienes recuerden su anterior actuación en la ciudad seguramente tendrán presentes aquellos largos discursos que regalaba entre canción y canción. Esta vez apenas hubo espacio para ellos. Lejos de ser un reproche, la ausencia de esas intervenciones demuestra cómo ha cambiado su manera de comunicarse con el público. Todo ese amor, esa sensibilidad y esa cercanía que antes transmitía a través de la palabra ahora se encuentran plenamente integrados en sus canciones.

La transformación también se percibe en la voz (canta mejor que nunca) y en la puesta en escena. El concierto, impecable durante las dos horas de duración, contó con una producción cuidada y una banda de grandes músicos que arropó cada una de las composiciones. Es cierto que de un artista de su categoría se espera un alto nivel técnico, pero lo que sigue distinguiendo a Orozco de muchos de sus contemporáneos es su extraordinaria capacidad para conectar emocionalmente con el público.

El nuevo disco tuvo un protagonismo destacado durante la noche. “El tiempo no es oro” es un trabajo cargado de verdad y sensibilidad, y así quedó reflejado en las interpretaciones de temas como “Bebé” o “El problema fue la solución”, dos de los momentos más íntimos y emotivos del repertorio.

Por supuesto, tampoco faltaron los grandes clásicos. Canciones como “Mi héroe”, “Estoy hecho de pedacitos de ti” o la imprescindible “Devuélveme la vida” sonaron renovadas gracias a unos arreglos intensos y cuidados que fueron coreados de principio a fin por un público completamente entregado. Hubo emoción, recuerdos y hasta alguna lágrima en una noche que confirmó la excelente relación entre el artista y la ciudad.

Antes de despedirse Orozco prometió regresar pronto. Después de la acogida recibida, no cabe duda de que Gijón volverá a recibirle con los brazos abiertos.

Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 6 de junio de 2026

Moisés P. Sánchez imagina a Falla en el siglo XXI

 



“Falla Imaginado”.Moisés P. Sánchez (piano), Ana María Valderrama (violín), Pablo Martín Caminero (contrabajo). Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 5 de junio de 2026.

El concierto de clausura de la temporada de la Filarmónica de Gijón volvió a demostrar la capacidad de esta renovada institución para romper barreras estilísticas y ampliar horizontes sonoros. La propuesta del pianista Moisés P. Sánchez constituyó, además, uno de los homenajes más originales a Manuel de Falla con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.

La idea que vertebraba el programa era tan sencilla como sugerente: imaginar cómo sonarían las partituras de Falla si fueran soñadas hoy por un músico libre de etiquetas, pero profundamente respetuoso con la tradición. Para ello, Sánchez contó con dos colaboradores de excepción: el contrabajista Pablo Martín Caminero y la violinista Ana María Valderrama.

La apertura con una poco frecuente “Mazurka” de Falla marcó desde el inicio el carácter de la propuesta. Los materiales originales se transformaron mediante sonoridades jazzísticas y una libertad expresiva que sugería posibles caminos creativos para el compositor gaditano en pleno siglo XXI.

Las “Seis canciones populares españolas” recibieron tratamientos diversos e imaginativos. Entre ellas destacó especialmente la “Asturiana”, convertida en un paisaje sonoro de resonancias methenianas donde afloraba la influencia armónica de Lyle Mays. Esa atmósfera contemplativa desembocó en un vibrante “Polo”, sustentado por los precisos obstinatos pianísticos de Sánchez, sobre los que violín y contrabajo desplegaron toda la energía y vitalidad de la obra.

El “Nocturno”, otra pieza poco conocida de inspiración chopiniana, reunió únicamente a piano y contrabajo en un delicado diálogo salpicado de improvisaciones que evocaban el entendimiento musical de Keith Jarrett y Charlie Haden.

La segunda parte estuvo presidida por la “Suite Imaginada”, composición de P. Sánchez construida a partir de recursos técnicos y expresivos característicos de Falla. Dividida en cuatro movimientos, la obra evidenció tanto el profundo conocimiento del compositor andaluz como la personalidad creativa de su autor. Brilló especialmente Ana María Valderrama, impecable en energía, precisión e integración dentro de un trío de gran cohesión.

Como cierre, una apasionada y precisa “Danza ritual del fuego” condensó todas las virtudes del proyecto: respeto por el legado de Falla, libertad creativa y una convincente traslación de su universo sonoro al lenguaje del jazz contemporáneo. Un final brillante para un concierto que demostró que la mejor manera de homenajear a los clásicos no es conservarlos intactos, sino permitir que sigan dialogando con el presente.

Crítica publicada en La Nueva España