“Falla Imaginado”.Moisés P. Sánchez (piano), Ana María Valderrama
(violín), Pablo Martín Caminero (contrabajo). Organiza: Sociedad Filarmónica de
Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 5 de junio de 2026.
El concierto de clausura de la temporada de la
Filarmónica de Gijón volvió a demostrar la capacidad de esta renovada
institución para romper barreras estilísticas y ampliar horizontes sonoros. La
propuesta del pianista Moisés P. Sánchez constituyó, además, uno de los
homenajes más originales a Manuel de Falla con motivo del 150 aniversario de su
nacimiento.
La idea que vertebraba el programa era tan
sencilla como sugerente: imaginar cómo sonarían las partituras de Falla si
fueran soñadas hoy por un músico libre de etiquetas, pero profundamente
respetuoso con la tradición. Para ello, Sánchez contó con dos colaboradores de
excepción: el contrabajista Pablo Martín Caminero y la violinista Ana María
Valderrama.
La apertura con una poco frecuente “Mazurka” de Falla
marcó desde el inicio el carácter de la propuesta. Los materiales originales se
transformaron mediante sonoridades jazzísticas y una libertad expresiva que
sugería posibles caminos creativos para el compositor gaditano en pleno siglo
XXI.
Las “Seis canciones populares españolas” recibieron
tratamientos diversos e imaginativos. Entre ellas destacó especialmente la
“Asturiana”, convertida en un paisaje sonoro de resonancias methenianas donde
afloraba la influencia armónica de Lyle Mays. Esa atmósfera contemplativa
desembocó en un vibrante “Polo”, sustentado por los precisos obstinatos
pianísticos de Sánchez, sobre los que violín y contrabajo desplegaron toda la
energía y vitalidad de la obra.
El “Nocturno”, otra pieza poco conocida de
inspiración chopiniana, reunió únicamente a piano y contrabajo en un delicado
diálogo salpicado de improvisaciones que evocaban el entendimiento musical de
Keith Jarrett y Charlie Haden.
La segunda parte estuvo presidida por la
“Suite Imaginada”, composición de P. Sánchez construida a partir de recursos
técnicos y expresivos característicos de Falla. Dividida en cuatro movimientos,
la obra evidenció tanto el profundo conocimiento del compositor andaluz como la
personalidad creativa de su autor. Brilló especialmente Ana María Valderrama,
impecable en energía, precisión e integración dentro de un trío de gran
cohesión.
Como cierre, una apasionada y precisa
“Danza ritual del fuego” condensó todas las virtudes del proyecto: respeto por
el legado de Falla, libertad creativa y una convincente traslación de su
universo sonoro al lenguaje del jazz contemporáneo. Un final brillante para un concierto
que demostró que la mejor manera de homenajear a los clásicos no es
conservarlos intactos, sino permitir que sigan dialogando con el presente.
Crítica publicada en La Nueva España
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