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jueves, 21 de mayo de 2026

Rochat - Rodiles: un viaje brillante por la música europea.

 

Foto: Juan Plaza

Concierto de Nadège Rochat y Noelia Rodiles. Sociedad Filarmónica de Gijón. Miércoles, 20 de mayo de 2026.

La unión de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat dio como resultado uno de esos conciertos en los que técnica, inteligencia musical y complicidad artística avanzan en la misma dirección. Y si a esa evidente química se suma un repertorio poco frecuente y cuidadosamente elegido, el resultado solo podía ser un concierto de los grandes de la temporada de la Filarmónica.

Abrieron con las “Cinco piezas en el estilo popular Op. 102” de Robert Schumann, donde destacó especialmente la atmósfera íntima y delicada de la segunda: “Langsam”. Rochat posee una forma de tocar difícil de apartar de la vista: el violonchelo parece una extensión natural de su cuerpo y cada frase nace con absoluta implicación expresiva. También brilló la tercera pieza, en la que las complejas armonías entre el piano y las dobles cuerdas del chelo encontraron un equilibrio admirable.

La música de Manuel de Falla permitió apreciar la sensibilidad y precisión de ambas intérpretes, especialmente de Rodiles, muy sólida durante toda la velada. Además, sorprendieron interpretando las siete canciones originales y no solo las seis habituales de la “Suite popular española” anunciada en el programa.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue la inclusión de la “Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, obra tan compleja como infrecuente, llena de cambios bruscos y contrastes expresivos que ambas resolvieron con seguridad y musicalidad.

Para mi gusto fue en la “Suite Italienne obra de Stravinsky extraída del ballet “Pulcinella”, donde más destacaron estas dos intérpretes, alcanzando, quizá, su momento más brillante: frescura, precisión rítmica y un diálogo bien definido entre ambos instrumentos.

Los reiterados aplausos dieron como premio la interpretación de quizás la más bella de las “Canciones que me enseñó mi madre” de Anton Dvorak, interpretada con delicadeza y calidez.

Y es que el tándem Rodiles-Rochat funciona y esperamos que esta unión se repita con más frecuencia.

Crítica publicada en La Nueva España

miércoles, 20 de mayo de 2026

Notas al programa del concierto Rodiles- Rochat.

 



Noelia Rodiles y Nadège Rochat. Sociedad Filarmónica de Gijón. Notas al programa

Las obras seleccionadas para este programa comparten una misma orientación estética basada en la reelaboración de materiales vinculados a lo popular o a tradiciones musicales del pasado.  Lejos de la cita literal, en estas composiciones se desarrollan una estilización que integra elementos melódicos, rítmicos y modales en un lenguaje académico y personal, en el que la escritura para violonchelo adquiere una marcada cualidad cantabile, mientras que el piano asume un papel tanto de sostén como de interlocutor activo, dependiendo del fragmento. En este contexto, las obras convergen en una síntesis entre tradición y modernidad que encuentra en la música de cámara un espacio privilegiado de intimidad y refinamiento, marco idóneo para la interpretación de la pianista Noelia Rodiles y la violonchelista Nadège Rochat, dos artistas muy conocidas y valoradas por los asiduos a los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Las Cinco piezas en el estilo popular que conforman el Op. 102 de Robert Schumann, fueron creadas durante una de las etapas más prolíficas del compositor (1849) y con entusiasmo por desarrollar un diálogo de instrumentos que se planteaba por primera vez. Los elementos de inspiración popular van dejando su rastro a lo largo de las cinco secciones, en las que destacan las referencias a los ritmos de danza. Estos elementos están presentes en la primera de las piezas que lleva la indicación: “Vanitas vanitatum”. Mit Humor, (Con humor). Y es efectivamente el humor y un poco la burla de las costumbres populares el tono que marca el desarrollo por encima de la imitación del ambiente. La segunda pieza es una canción de cuna, definida como Langsam (Lentamente), para volver a incidir en el tono popular con Night schnell, mit viel Ton zu spielen (No deprisa, pero tocado con mucha sonoridad). La cuarta pieza es una marcha campesina, Nicht zu rasch (No demasiado deprisa), para cerrar brillantemente la colección como dice la indicación inicial Stark und Markirt (Con fuerza y marcado).

La Suite popular española reúne siete canciones procedentes de las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla, posteriormente adaptadas para violonchelo y piano a partir del arreglo realizado por el violinista Paul Kochanski. Basada en melodías tradicionales de distintas regiones de España, la obra refleja el interés de Falla por el folklore como fuente de identidad musical. El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo son los títulos que recorren un amplio abanico expresivo, desde la vivacidad rítmica hasta un clima más íntimo.

Entre las piezas más singulares destaca la melancólica Asturiana, una de las más enigmáticas de la colección porque, a diferencia de lo que su título podría sugerir, no tiene carácter de danza ni virtuosismo folklórico exterior. Se trata en realidad de un lamento introspectivo, construido sobre una melodía tradicional asturiana que Falla encontró en recopilaciones de cantos del norte de España.

En contraste, la Jota presenta un carácter brillante y extrovertido. Inspirada en la danza aragonesa, incorpora ritmos vivos y giros melódicos típicos del folklore de esa región. Curiosamente, en esta pieza Falla combina la energía rítmica de la danza con pasajes más líricos, creando un equilibrio entre virtuosismo y expresividad que la convierte en una de las más vistosas de la suite.

El Polo cierra la colección y es una de las piezas más intensas y dramáticas. Está basado en un cante andaluz de carácter apasionado, y su texto original gira en torno a los celos y el desamor. Falla utiliza un acompañamiento insistente y casi obsesivo en el piano, que refuerza esa tensión emocional, mientras la línea melódica despliega un carácter casi declamatorio, cercano al cante jondo.

En conjunto, la Suite popular española constituye un ejemplo paradigmático del nacionalismo musical de principios del siglo XX, en el que la tradición oral es transformada en discurso artístico combinando la espontaneidad de lo popular con una escritura refinada.

 

Zoltán Kodály fue una de las figuras fundamentales de la música húngara del siglo XX, destacando como compositor, pedagogo, musicólogo y recopilador de folklore. Formado en la Academia de Budapest junto a Béla Bartók, desarrolló con él una intensa labor de investigación etnomusicológica, recorriendo Hungría, Transilvania y Rumanía para recoger canciones populares tradicionales. Influido tanto por la música campesina como por el impresionismo de Claude Debussy, Kodály construyó un lenguaje personal basado en la integración de modos, ritmos y giros melódicos populares dentro de formas clásicas.

Además de su importante contribución pedagógica -especialmente a través del llamado “Método Kodály”, centrado en la enseñanza del canto-, su música de cámara ocupa un lugar destacado en su producción. En ella logra una singular síntesis entre tradición y modernidad, sin romper con las estructuras heredadas. La Sonata para violonchelo y piano, Op. 4, compuesta en 1909, refleja ya esta estética: una escritura de gran libertad expresiva, influida por el folklore y por el color armónico impresionista. Aunque concebida inicialmente en tres movimientos, la obra quedó finalmente reducida a dos, tras abandonar Kodály la composición del allegro inicial previsto originalmente.

 

La Suite Italienne de Igor Stravinsky constituye una de las manifestaciones más refinadas de su periodo neoclásico. Derivada directamente del ballet Pulcinella (1920) y adaptada posteriormente para distintas formaciones instrumentales, la obra parte de materiales atribuidos durante mucho tiempo a Giovanni Battista Pergolesi y a otros autores italianos del siglo XVIII. Lo que propone Stravinsky es una reinterpretación moderna del pasado: conserva la claridad formal, el equilibrio y el espíritu danzable de la música barroca, pero los transforma mediante síncopas, desplazamientos de acentos, giros armónicos inesperados y una escritura rítmica de gran precisión.

La suite alterna movimientos de carácter contrastante entre la elegancia cortesana, el humor y la vivacidad teatral en una continua exploración de colores y texturas. En esta versión para violonchelo y piano, realizada en colaboración con el violonchelista Gregor Piatigorsky, el diálogo entre ambos instrumentos adquiere una dimensión especialmente incisiva y virtuosa. El violonchelo oscila entre el canto lírico y el gesto irónico, mientras el piano apuesta por una escritura transparente y de gran vitalidad rítmica. El resultado es un lenguaje plenamente moderno y personal.

¡Disfruten de este gran concierto!

Por Mar Norlander

jueves, 23 de abril de 2026

El cuarteto Quiroga roza la excelencia.

 


Cuarteto Quiroga. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 22 de abril de 2026.

El Cuarteto Quiroga es uno de los ejemplos más logrados de lo que significa el auténtico trabajo en equipo en la música de cámara. Su manera de interpretar, elegante y cohesionada, con una precisión impecable en entradas y salidas, expone, además, una comprensión profunda de cada obra.

Más allá de la técnica, es un placer observar en directo la complicidad entre sus integrantes: miradas, respiración compartida y gestos, a veces sutiles y a veces enérgicos, transmiten la sensación de estar completamente abstraídos del mundo mientras disfrutan de sus interpretaciones.

El Op. 20 de Joseph Haydn abrió el concierto. Un terreno cómodo para el cuarteto, en el que destacó especialmente el tercer movimiento por sus pianísimos de gran sutileza y una línea melódica clara y fluida. En contraste, el cuarto movimiento mostró toda su energía, con un carácter ágil y brillante, articulado con precisión en sus pasajes contrapuntísticos.

Con el Cuarteto nº 8 de Dmitri Shostakovich ofrecieron una lectura de precisión milimétrica y gran refinamiento expresivo. La intensidad emocional fue constante, revelando la crudeza de una obra compuesta en 1960 en apenas tres días y dedicada a las víctimas del fascismo y de la guerra. Muy acertadas las palabras del violinista Cibrán Sierra, al evocar conflictos actuales (Irán, Gaza, Ucrania, Israel), situando la obra en una dimensión plenamente contemporánea: una música que sigue mostrando el horror humano.

Para cerrar, el Op. 127 de Ludwig van Beethoven, escrito tras la Novena Sinfonía, en una etapa marcada por la sordera, la enfermedad y el aislamiento. Todo esto desplegó un lenguaje libre, experimental e introspectivo que el cuarteto interpretó con profundidad y sensibilidad.

Los ruidosos aplausos fueron correspondidos con una sonatina de Johann Sebastian Bach, poniendo el broche final con una ejecución impecable. Un auténtico lujo disfrutar de estos referentes de la música de cámara que rozan la excelencia.

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 19 de marzo de 2026

La travesía del viajero enamorado, con Luken Munguira y Aurelio Viribay

 


Luken Munguira (tenor) y Aurelio Viribay (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro

Jovellanos, miércoles, 18 de marzo, 2026.


Una de las partituras más bellas del compositor Franz Schubert es, sin duda, “La bella

molinera”, un ciclo de veinte lieder con un argumento que funciona desde los orígenes

de la humanidad hasta los culebrones más recientes: el amor no correspondido. Basada

en los poemas de Wilhelm Müller, la obra traza el recorrido emocional de un joven

errante que, guiado por un arroyo -símbolo del fluir de la vida-, se enamora de una

molinera para acabar sumido en la frustración y el desengaño.

En esta ocasión, la interpretación corrió a cargo del pianista Aurelio Viribay y el tenor

Luken Munguira, en un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica dentro del

festival (POEX). La proyección de los textos traducidos resultó un acierto al facilitar al

público el seguimiento de la narración sin romper la atmósfera intimista.

Viribay ofreció un acompañamiento sólido y refinado, atento en todo momento al

equilibrio sonoro. Su lectura del piano como encarnación del arroyo -con sus flujos y

remansos- fue especialmente lograda, sosteniendo el discurso con sensibilidad y

acertando con el plano en el que se debe situar sin eclipsar la línea vocal. Por su parte,

Munguira apostó por una interpretación contenida, de afinación impecable y más

centrada en la expresividad que en la potencia. Este enfoque, si bien funcionó de manera

excelente en las primeras filas por su riqueza de matices y su capacidad actoral, perdió

proyección en los pasajes más suaves para el público más alejado.


El ciclo, que avanza desde la ingenuidad inicial hasta la obsesión y el final incierto, en

el que amor, sufrimiento y muerte se entrelazan, encontró en ambos intérpretes un

vehículo convincente para explorar sus contrastes emocionales. El resultado fue un viaje

íntimo y coherente que logró conmover al público y arrancar una prolongada ovación,

confirmando la fuerza atemporal de esta obra maestra.

Crítica de Mar Norlander, publicada en La Nueva España. 

jueves, 29 de enero de 2026

Cuarteto Iberia: cinco siglos en cuatro cuerdas.



 Cuarteto Iberia. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 28 de

enero de 2026.


Los socios de la Filarmónica esperaban con interés un concierto dedicado al cuarteto de

cuerda, considerado la forma más depurada de la música de cámara, y el Cuarteto Iberia

cumplió sobradamente esas expectativas con un programa ambicioso que recorrió cinco

siglos de historia musical, desde el Renacimiento hasta finales del siglo XX.

El concierto se inició con la ensalada “La Negrina” de Mateo Flecha “El Viejo”, figura

clave del Renacimiento español. Esta forma polifónica, caracterizada por la mezcla de

estilos y elementos diversos, fue interpretada por el Cuarteto Iberia de manera original y

extrovertida. Los intérpretes rompieron con la visión solemne que suele asociarse a la

música antigua, subrayando su carácter lúdico mediante la incorporación de percusiones

y canto, tanto solista como coral, con textos humorísticos que sorprendieron y

divirtieron al público. Esta propuesta escénica recordó que muchas de estas obras

estaban concebidas para el entretenimiento cortesano y no para la gravedad que hoy se

les atribuye.

El cambio de siglo llegó de la mano de Mozart. Los Iberia se colocaron,

metafóricamente, las imaginarias pelucas blancas para abordar “La caza”. Dedicada a

Haydn y estructurada en cuatro movimientos, la obra combina un aparente desenfado

con una compleja elaboración armónica y formal. El Cuarteto Iberia supo captar ese

equilibrio, con mayor peso técnico en el primer violín, resuelto dignamente por Marta

Peño, destacando especialmente el Allegro assai final.

La segunda parte estuvo dedicada al Cuarteto op. 132 de Beethoven, una de las cumbres

del género. Compuesta en plena sordera y tras un periodo de grave enfermedad, la obra

transmite una profunda carga emocional. La interpretación evidenció un trabajo

minucioso y una comprensión profunda del lenguaje beethoveniano, destacando el

amplio scherzo de grandes dimensiones que evoca a la musette y el conmovedor

movimiento central. El resultado superó al de Mozart y fue acogido con prolongados

aplausos, correspondidos con una pieza minimalista de Philip Glass que devolvió los

estados de ánimo colectivos a una serena y deseada calma.

Crítica publicada en La Nueva España

viernes, 19 de diciembre de 2025

Velada solidaria con pulso sinfónico

 




Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo. Teatro Jovellanos, miércoles, 17 de diciembre de 2025.

Hay citas que, por su vocación y significado, se convierten en ineludibles. La Filarmónica de Gijón, en colaboración con Divertia, lo demuestra por quinta vez al impulsar un concierto solidario cuya recaudación íntegra se destinó en esta ocasión a la Asociación Española Contra el Cáncer de Gijón, una labor imprescindible que merece no solo reconocimiento, sino también el respaldo activo de la sociedad.

El concierto supuso además el estreno en Gijón de la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, formación recientemente creada bajo la dirección de Pedro Ordieres. Desde su propia definición como espacio de encuentro entre músicos de distintas edades y trayectorias, la orquesta evidenció sobre el escenario entusiasmo, cohesión y un prometedor potencial artístico.

El programa, bien elegido para las fechas que se aproximan, abrió con la Obertura de “Alfonso y Estrella”, D. 732, de Franz Schubert. La bellísima pieza, poco habitual en las salas de conciertos y relacionada con la monarquía asturiana -todo un descubrimiento-, permitió mostrar la firmeza y seguridad de Pedro Ordieres con la batuta, logrando un buen discurso sonoro y un magnífico empaste de las cuerdas, con Daniel Jaime como concertino y destacado violinista.

La Sinfonía “Del Nuevo Mundo” constituyó el atractivo del programa. Dvorák plasmó en esta obra una síntesis personal entre su lenguaje postromántico y las impresiones recogidas durante su estancia en Estados Unidos, sin recurrir a citas literales del folclore americano, tal y como recogía Pablo Siana en las magníficas notas al programa. La interpretación presentó algunos desaciertos puntuales y la cuerda quedó por momentos eclipsada por la numerosa sección de viento, sin embargo, en su conjunto se resolvió con brillantez. A destacar el Scherzo, que evidenció una orquesta ágil y bien articulada, rematando la sinfonía con el Allegro final lleno de energía y coherencia formal.

Los calurosos aplausos originaron dos propinas: el Danzón nº 2 de Arturo Márquez y un arreglo de “Noche de Paz”, original y delicado. En conjunto, un concierto honesto y bien trabajado, donde música y compromiso social se dieron la mano.

viernes, 5 de diciembre de 2025

El Trío Preseli convence con un estreno absoluto.

 


Trío Preseli, Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 3 de diciembre de 2025.

Singular concierto el que presentó la Sociedad Filarmónica en el Teatro Jovellanos al contar con un trío compuesto por María Hinojosa (soprano), Simon Lewis (trompa) y Daniel Pereira (piano). El Trío Preseli ofreció un programa de gran riqueza estética y emocional que abarcó casi dos siglos de creación musical, aunque la velada mostró un claro contraste entre sus dos mitades.

En la primera parte, que incluía obras de Berlioz, Rubén Díez, Randall y Schubert, destacó la hondura expresiva de “Introspección de Rubén Díez, una partitura de notable fuerza conceptual defendida con sensibilidad. Lewis mantuvo un nivel extraordinario, mientras que la soprano pareció necesitar algo más de tiempo para alcanzar su plena comodidad. Su emisión inicial se tradujo en una lectura contenida, aunque cuidada y respetuosa, de El pastor en la roca” de Schubert. Aun así, la cohesión del trío se sostuvo gracias al acompañamiento atento y elegante de Pereira, decisivo para la solidez de esta primera mitad.

El punto de inflexión llegó tras el descanso con el estreno absoluto de Bosque” (2025) de Gabriel Ordás, uno de los grandes hitos de la noche. La obra, compleja y delicadísima en su arquitectura sonora, exige una atención extrema al detalle y una ductilidad expresiva que el Trío convirtió en una experiencia absorbente. La evocación del paisaje crepuscular y el refinado juego de capas tímbricas revelaron una escritura de enorme sensibilidad que bien podría justificar una futura ampliación del ciclo. A partir de este estreno, Hinojosa mostró plenamente su capacidad artística: mayor variedad tímbrica, control dinámico exquisito y un notable despliegue de recursos vocales.

Mención especial merecen las “Four Irish Songs” de Havelock Nelson, interpretadas con frescura, claridad y un contagioso sabor local que el público recompensó con una ovación entusiasta.

El cierre con “Lela, popularizada por Dulce Pontes, fue una auténtica joya: una interpretación intensa y emotiva que coronó una segunda parte brillante y confirmó al Trío Preseli como un ensemble de gran proyección y versatilidad.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 13 de octubre de 2025

El Cuarteto Casals deja boquiabierto al Jovellanos.

 


Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, sábado 11 de octubre de 2025. 

El Cuarteto Casals dejó boquiabierto al aforo del Jovellanos y demostró por qué se sitúa entre las formaciones camerísticas más destacadas de nuestro tiempo. Se trataba del concierto inaugural de la temporada de la Sociedad Filarmónica y, para la ocasión, se seleccionó un programa tan ambicioso como coherente: el “Cuarteto n.º 3” de Arriaga, el “Cuarteto n.º 3” de Shostakovich y el “Op. 130” incluida la “Gran Fuga” de Beethoven. Ambicioso, porque requiere un conocimiento profundo de diferentes técnicas y sonoridades; y coherente, porque en las tres obras late la esencia beethoveniana. 

En el bellísimo cuarteto de Arriaga, el conjunto mostró una lectura de gran elegancia y claridad. La articulación fue precisa, el equilibrio entre voces impecable, y la calidez del sonido reveló tanto el refinamiento clásico como las intuiciones románticas del joven compositor bilbaíno.

El cuarteto de Shostakovich tiene tanta intensidad emocional que es difícil de ejecutar con precisión sin caer en la monotonía. La interpretación del Casals fue impecable: la expresividad y la infinidad de matices provocaron que buena parte del público se le descolgara la mandíbula según avanzaban los cinco movimientos. Bravo, bravísimo.

Y para rematar la velada, el Op.130 incluyendo la “Gran Fugafinal. Beethoven la había concebido como cierre del cuarteto, pero su estilo radicalmente innovador y el rechazo de público y editor lo llevaron a sustituirla por un movimiento más ligero, publicándose aparte como “Opus 133”. Es poco habitual escucharla integrada, y el Cuarteto Casals asumió el desafío con valentía y lucidez. Su rigor estructural y su fuerza visionaria se manifestaron aquí en una interpretación tensa, musculosa, pero nunca desmesurada. 

El público celebró una apertura de temporada memorable. El Casals no solo demostró su excelencia técnica, sino su capacidad para transformar la precisión en emoción y el estudio riguroso en arte vivo. Larga vida al Cuarteto Casals y que vuelvan pronto. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



lunes, 22 de enero de 2024

Ilia Papoian. La pasión y el talento del legado ruso. Notas al programa.

 


Notas al programa del concierto del pianista Ilia Papoian.
Sociedad Filarmónica de Gijón- Teatro Jovellanos, 24 de enero, 2024.

Antón Rubinstein (1829-94), fue el primer pianista que introdujo la música rusa en el
resto del mundo, tras fundar la Sociedad Musical Rusa y crear el Conservatorio de
San Petersburgo en 1862, junto con Theodor Leschetizki, quien definió el espíritu
musical ruso como caracterizado por una técnica prodigiosa unida a una intensa
pasión, una gran fuerza y una vitalidad extraordinaria. Desde ese momento la escuela
pianística rusa se ha convertido en una de las más potentes de la historia.
Es en el Conservatorio de San Petersburgo donde se fraguan las carreras de gigantes
como Scriabin, Tchaikovski y Rachmaninov, tres de los compositores que vamos a
escuchar esta velada, junto con otro de los grandes de la tradición rusa -aunque más
desconocido-, Nikolai Medtner, surgido desde el Conservatorio de Moscú.
Precisamente, también es en el Conservatorio de San Petersburgo donde se sigue
formando el pianista que intentará cautivar a todos los espectadores en este recital
de piano. Y dada la juventud de Ilia Papoian -nacido en 2001-, todo apunta a que
vamos a escuchar a un artista que está tocado por los astros para ser uno de los
grandes pianistas del siglo XXI, pues demuestra una gran valentía al enfrentarse a un
repertorio de osada escritura pianística unida a la tradición de su escuela, a la que
pretende honrar.

Comienza con los 24 preludios, Op.11 de Aleksandr Scriabin (1872 -1915), escritos
entre 1888 y 1896, cuyo carácter es más bien conservador en comparación con el
desarrollo evolutivo del compositor, que pasa desde el romanticismo hasta las puertas
de la atonalidad y el expresionismo, sin dejar a un lado su búsqueda de equivalencias
entre sonido, color y sentimiento. Sin duda, un compositor adelantado a su tiempo
que hubiera disfrutado con las posibilidades de la tecnología actual capaz de darle
vida –aunque sea de manera virtual- a su imaginación sinestésica y convertirla en
múltiples colores.
Aunque su obra orquestal es muy significativa, sin duda, la música para piano es
probablemente lo que más asombró de todo su repertorio. De hecho, a sus partituras
de piano quedaron rendidos músicos como Vladimir Horowitz, Sviatoslav Richter o
Vladimir Ashkenazy, entre otros. Y dentro de su amplio catálogo pianístico, el preludio
-junto con la sonata- es el género que más cultivó, creando alrededor de noventa. La
obra supone un homenaje a los 24 Preludios de Chopin, manteniendo el mismo orden
tonal, alternando los modos mayor y menor y siguiendo el círculo de quintas en orden
de ejecución. En estas veinticuatro miniaturas, desde la primera hasta la última se
aprecia la evolución estética y pianística del compositor, al adquirir nuevas formas de
expresión rítmica, melódica y armónica.
Absténganse de aplaudir veinticuatro veces y mantengan el silencio necesario para
disfrutar de los ecos sonoros que quedan después de cada interpretación de estos
veinticuatro bellos y fascinantes preludios.
De la brevedad de los preludios pasamos a escuchar una larga sonata del compositor
Nikolái Médtner (1880-1951), la Sonata para piano no 9 en La menor, Op.30, cuya
belleza va a la par que su complejidad. Si bien Médtner es el más desconocido de los
cuatro compositores elegidos para el recital, en las últimas décadas hay cierto interés
por rescatar su obra. Buen amigo de Rachmaninov (quien le dedicó su Concierto para
piano no 4) y de Scriabin, el virtuoso pianista pronto se dedicó a la composición,
llegando a crear un gran catálogo que, en líneas generales, se caracteriza por su
excepcional dominio de la forma, profundidad emocional, complejidad técnica y una
gran conexión con la tradición romántico-rusa al incorporar elementos folclóricos
rusos. Inspirado por Beethoven, por quien sentía devoción, de este catálogo destaca
sobremanera la escritura de las sonatas y los cuartetos de cuerda.
La Sonata para piano no 9 fue compuesta en 1914, coincidiendo la plena madurez de
su obra pianística con el inicio de la Primera Guerra Mundial, de hecho es conocida
con el subtítulo “War Sonata”, apuntado por su primer editor. Escrita en un solo
movimiento su sonido es poderoso en ambas manos y son varios los fragmentos que
sorprenden por su inesperada originalidad. La sonata alcanza muchos momentos
sublimes, algunos de ellos dramáticos, como el instante en el que la tonalidad está a
punto de desmoronarse antes de convertirse en alegres repiques de campanas, poco
antes de llegar al clímax. Sin duda, una obra para conocer, apreciar y disfrutar.

Tras la poderosa sonata de Nikolai Medtner toca disfrutar de la miniatura musical
Chant Elegiaque, Op.72 no 14, de Tchaikovsky, más conocido por sus partituras
para ballets y sinfonías y por su pertenencia al Círculo Beliáyev. La habilidad y
versatilidad para crear música expresiva y lírica en un formato más breve queda
patente en la creación de sus “18 Morceaux”, pequeñas joyas en las que cada una
tiene su propio carácter distintivo. Una de las piezas más destacadas por su compacta
armonía y su lirismo es este “Canto elegíaco” que ocupa el número catorce,
interpretado en tempo Adagio y tonalidad Re bemol mayor. Disfruten de cada uno de
los noventa y tres compases que forman esta miniatura de singular belleza lírica.

Y para poner el broche final a este recital cargado de talento y pasión rusa no podía
faltar una de las obras más aclamadas del repertorio ruso, la Sonata para piano no2
en Si bemol menor, Op.36 de Serguéi Rachmáninov, considerado como el último
seguidor del romanticismo ruso y uno de los compositores más influyentes del siglo
XX. Sus obras para piano son piezas muy cotizadas para los pianistas que quieren
posicionarse como solistas y la sonata que escuchamos a continuación es una de las
cimas.
La Sonata para piano no 2, está escrita en tres movimientos interrelacionados y
dedicada a su amigo de la infancia Matvey Presman. En 1913, estando de vacaciones
en Roma escribe su primera versión y la finaliza varios meses más tarde después de
su regreso a Rusia. Corresponde a una etapa de su vida muy creativa, componiendo
varias obras de gran calado. Fue creada en medio de los dos famosos conjuntos de
estudios para piano “Etudes-Tableaux” y compuesta simultáneamente con la sinfonía
coral “Las Campanas Op.35”.
El éxito de la segunda sonata fue rotundo desde su estreno, sin embargo, el autor no
estaba plenamente convencido porque encontraba algunas secciones superfluas y
demasiadas voces moviéndose simultáneamente. En general, la encontró demasiado
larga y durante el verano de 1931 realizó una revisión suprimiendo alrededor de seis
minutos con respecto a la primera versión y reescribiendo algunos pasajes. Fue
publicada con el subtítulo “Nueva versión revisada y reducida por el autor”.
Históricamente, la sonata se encuentra dentro de las obras para piano más
representativas del siglo XX, siendo la primera versión (1913) la preferida por los
pianistas, como es el caso del concierto ofrecido por Ilia Papoian. Difícil hazaña tiene
este pianista tan joven, pues abordar una obra de estas dimensiones exige una gran
madurez y mucha formación pianística para ejecutar correctamente el fraseo, las
dinámicas, el tempo, el uso del pedal, saber destacar la melodía del acompañamiento
con los desplazamientos melódicos continuamente entrecruzados y un sinfín de
detalles técnicos y sonoros que surgen desde los seisillos iniciales de esta gran
sonata. Aunque no es música programática los tres movimientos que la integran
tienen un discurso evocador con un hilo conductor que abarca una amplia tesitura con
una amplitud sonora casi orquestal. ¡Apabullante sonata!
Disfruten de este que promete ser un fascinante recital de obras creadas en su mayor
parte en gélidas tierras de las que, sin embargo, rebosa pasión, talento y emoción a
raudales.

Mar Norlander

sábado, 10 de junio de 2023

Estreno absoluto de "Cantarinos de mi Asturias"



 “Cantarinos de mi Asturias”, Oviedo Filarmonía, Rubén Díez (director), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, María Zapata (soprano), Serena Pérez (mezzosoprano), Juan Noval (tenor), Jorge Trillo (barítono-bajo). Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes 9 de junio de 2023. 


Finaliza la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón en colaboración con el Teatro Jovellanos con un concierto ambicioso, sin escatimar medios y llevando a cabo el estreno absoluto de una obra coral sinfónica del asturiano Fernando Menéndez Viejo. Rubén Díez se encargó de dirigir a la Oviedo Filarmonía, al Coro de la Fundación y a los cantantes solistas en una interpretación de tres obras vinculadas a Asturias. 


Abrió el “Capricho español” de Rimsky-Kórsakov y sorprende que sea un ruso quien compone la primera obra sinfónica sobre temas de temática asturiana. La obra es preciosa y si está bien dirigida y bien interpretada, como fue el caso, solo hay que disfrutar. 


Mayor disfrute fue la breve pieza “Escenas asturianas”, de Benito Lauret. Injustamente poco interpretada a pesar de tener una construcción exquisita, pues consigue aunar danzas y cantares asturianos con una policromía tímbrica y unos contrastes magistralmente orquestados que emocionan al más sordo de la sala. 


El esperado estreno de la fantasía coral “Cantarinos de mi Asturias” no defraudó. Si bien la partitura estaba en el último proceso de revisión cuando Menéndez Viejo falleció (2021), la obra es una culminación a toda una vida dedicada a la música. Escrita en cuatro movimientos para cuatro cantantes, gaita, coro y orquesta (casi nada), la obra vivió momentos sublimes bajo la batuta de Díez, que fueron recogidos en una grabación profesional para posterior deleite. Destacan las intervenciones de la soprano María Zapata en la “Añada” y la aparición del gaitero José Luis García en “Cumbres”, pues sus floreos impactaron. 

Y como cierre de temporada todo el teatro lleno, en pie, cantando “Asturias patria querida” a viva voz. Muy emocionante.  

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 25 de mayo de 2023

Sofía Esparza y Rinaldo Zhok: Canciones para una reina

 


Sofía Esparza (soprano) y Rinaldo Zhok (piano). Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles, 24 de mayo de 2023. 


Rescatar tesoros desconocidos de los compositores Arrieta y Gaztambide era el objetivo del recital ofrecido por la soprano navarra Sofía Esparza y el pianista italiano Rinaldo Zhok, bajo el nombre “Canciones para una reina”. El elegante belcantismo de Esparza, brillando en agudos y luciéndose en expresividad, contribuyó a elevar partituras como las seguidillas “Los ojos de las niñas”, la destacada alhambrista ¡Pobre Granada! o  la canción italiana  “L’addio di Eleonora a Torquato”. Magnífica interpretación, luciéndose aún más en las romanzas ofrecidas de Gaztambide. 

Por su parte, el pianista Rinaldo Zhok estuvo eficaz acompañando las piezas de lucimiento de la soprano y demostró su capacidad de concertista cuando se quedó solo para interpretar una obra del salmantino -también desconocido- Sánchez Allú, la “Gran Fantasía sobre Ildegonda de Emilio Arrieta”. Impresionante, dificilísima, cambiante, bella, emocionante… me quedo corta con los calificativos para describir esta gran obra que fluía en las manos de Zhok. Aún no está grabada y se ha rescatado de manuscritos encontrados. Solo espero que alguien ponga remedio a este olvido de nuestro patrimonio, se grabe como es debido y se incorpore al repertorio de los recitales de piano cuanto antes. 

También, inspirado en la “Marina” de Arrieta, Dámaso Zabala escribió una composición pianística que Zhok interpretó como solista, demostrando una vez más su calidad. Fue muy aplaudido. 

En definitiva, un concierto cuyo objetivo está más que justificado y que demuestra una vez más que en cuestiones de patrimonio todavía queda muchísimo por hacer, aunque iniciativas como esta y con tanta calidad, acortan el camino hasta lograr valorar lo nuestro. Porque es de todos.


jueves, 11 de mayo de 2023

Concerto 1700: Desafinando el Barroco

 


Concerto 1700. Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles 10 de mayo. 


El conjunto instrumental “Concerto 1700”, fundado en 2015 y liderado por el violinista malagueño Daniel Pinteño, se ha convertido en una de las formaciones más importantes dedicadas al repertorio Barroco y destaca por la recuperación de nuestro patrimonio musical, tan importante y tan olvidado.  Además, siguiendo la corriente historicista, utilizan instrumentos y accesorios de la época con el fin de conseguir la sonoridad más cercana al pensamiento creativo del compositor. 


Daniel Pinteño junto con Fumiko Morie (viola) y Ester Domingo (violonchelo) ofrecieron al público dos tríos de José Castel, un trío de Luigi Boccherini y un estreno del “Trío de cuerda nº 6” de Cayetano Brunetti. Un repertorio con algunos movimientos de gran belleza y creatividad, destacando los correspondientes a Boccherini y, también, el primero y el tercero de Brunetti. Además, demostraron ser grandes virtuosos y muy conocedores del repertorio en el que se mueven. Ahora bien, la inestabilidad en la afinación jugó malas pasadas. 


Esa idea de tocar el repertorio de manera historicista (el término más reciente es históricamente informado), sin aprovechar los avances tecnológicos es muy romántica, pero poco efectiva. Las cuerdas de tripa del violín (la viola estuvo mucho más firme), le obligaban a afinar cada vez que respiraba y cuando el movimiento exigía virtuosismo la afinación no se mantenía. El chelo por su parte, también tuvo muchos problemas con afinación al no usar pica. Supongo que la humedad de Gijón afectó más de la cuenta.

En definitiva, es una lástima que haya quedado deslucido un repertorio tan bonito con unos intérpretes tan magníficos. 

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 20 de abril de 2023

Otras sonoridades del acordeón



 Alejandro Ares. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro de Jovellanos, 19 de abril de 2023.  

No es habitual escuchar recitales de acordeón con repertorio académico en el Teatro Jovellanos. Es más, haciendo memoria colectiva con los más veteranos de la Sociedad Filarmónica, solo se recuerda el del acordeonista Mika Väyrynen, una década atrás. El acordeón es un instrumento que rápidamente asociamos al repertorio tradicional y folklórico, sin embargo, la rápida evolución de este joven aerófono ha generado mucha y buena escritura académica en estos casi dos siglos de vida.  

El concertista y profesor Alejandro Ares fue el encargado de romper la sequía de recitales de acordeón  con un programa que comenzó en el barroco y terminó en pleno siglo XXI. De las transcripciones del repertorio también se encargó Ares y así pudimos escuchar un “Preludio y Fuga” de Bach, con el que fueron inevitables las comparativas. Sorprendieron las dos sonatas de Scarlatti: por su aporte expresivo me gustan más en acordeón que en clave.   

Ares dio un salto del barroco al siglo XX para ofrecer “Tres preludios vascos” del Padre Donostia, con gran exhibición y virtuosismo de sonoridad folklórica mezclada con romanticismo. Gustó mucho.

De la segunda parte destaca la “Fantasía para acordeón” de Fermín Gurbindo por sus infinitas posibilidades técnicas. Nunca hubiera imaginado que se podía hacer bending, entre otros efectos, con un acordeón. 

“Stela” de Pablo Moras fue muy interesante, pero se quedó corta de volumen para un auditorio como el del Jovellanos. No así la obra “De la luz sobre las cosas”, escrita especialmente para Ares, con la que se lució y dejó claro que el acordeón merece más visibilidad en la música de cámara. Sobre todo con músicos de la talla de Alejandro Ares.


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 23 de marzo de 2023

Poesía hecha música POEX


 


“Poesía hecha Música”, Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 22 de marzo. 

Poesía y Música son dos artes paralelas que en ocasiones se unen para sumar, como es el caso del concierto organizado por la Sociedad Filarmónica en colaboración con la cuarta edición del Festival de Poesía (POEX) de Gijón.  El trío formado por Carmen Paula Romero (soprano), Ángel Belda (clarinete) y Viviana Salisi (piano), se encargó de ofrecer una velada con propuestas originales que fusionaron las partituras de Marcel Olm, Schubert, Lorenzo Palomo, Guastavino y Salazar con las poesías de Francisco Álvarez Velasco, Juan Ramón Jiménez y León Benarós. 

Después de interpretar la “Nana para luna” de Olm tuvo lugar el estreno absoluto de “Rubiana” para voz y clarinete, un mosaico de siete movimientos que nos haría falta una segunda escucha para apreciar toda su belleza. “El pastor en la roca”, lied póstumo de Schubert que trata de la desesperación por estar separado de la persona amada, fue la obra que más ovación recibió: el piano estuvo muy firme y el clarinete excelente. La voz de Carmen Paula es muy bonita, con buena dicción, muy ágil en dinámicas y gran cuerpo en el registro medio, sin embargo, en los agudos no brilla lo necesario.

En la segunda parte pudimos escuchar otra tanda de joyas, comenzando por los “Cantos del alma” con textos de Juan Ramón Jiménez. Bravo por el clarinete en el “¡Pájaro del agua!” y bravo por la composición de “Los palacios blancos”, que trata la muerte de un niño con dulzura y respeto. Las “Flores argentinas” de Guastavino junto con las piezas de Salazar también resultaron atractivas y muy bien interpretadas por el trío. En definitiva, una velada de música y poesía que encantó a los asistentes por su belleza y singularidad.


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 9 de marzo de 2023

La unión de tres astros

 


Soyoung Yoon (violín), Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles 8 de marzo de 2023. 


Tres solistas con carreras individuales más que consolidadas se han unido en formato trío para ofrecer un concierto con mucha amplitud de miras, coincidiendo con el “Día Internacional de la Mujer”. El repertorio seleccionado requiere gran técnica, conocimiento, sensibilidad y, sobre todo, mucha madurez. Reto difícil donde los haya, pero estamos contando con una violinista de la talla de Soyoung Yoon, que brilla como solista con las mejores orquestas del mundo, y otro tanto podemos decir de la chelista Nadége Rochat y la pianista Judith Jáuregui, de cuyas habilidades disfrutamos en el Jovellanos en temporadas pasadas con otras formaciones. La propuesta de unión de estos tres astros de la interpretación prometía y deslumbró.   


Comenzaron con Debussy y su “Trío para piano en sol mayor”, donde pudimos apreciar distintas personalidades que saben dialogar con madurez, destacando la fluidez y el enriquecimiento del lenguaje entre las tres intérpretes, sobre todo en el tercer movimiento. Con esta obra ya no necesitábamos más pruebas de la buena química que hay entre Rochat, Yoon y Jáuregui, pero hubo más. Si Debussy gustó mucho la obra de Arensky causó sensación. Arensky tiene verdaderas joyas como el “Trío para piano nº 1”, que bien se podía haber convertido en un concierto para piano por la dificultad y el brillo del instrumento en las manos de Jáuregui.  

Para la segunda parte dejaron un trío de Brahms, donde las tres estuvieron a la altura que requiere una obra de esta envergadura, destacando la conjunción  del chelo y del violín. 

Soyoung Yoon, Nadège Rochat y Judith Jáuregui no solo ejecutan bien todo lo que pone la partitura. Ellas tienen una tremenda personalidad que vuelcan sobre sus instrumentos, dando vida a las obras que tocan e impactando al oyente, hasta el punto de ofrecer el mejor concierto de la temporada hasta el momento, según mi criterio. Y, además (sirva como chascarrillo a las críticas sobre féminas), las tres llevaban “vestidos monísimos”. 


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 23 de febrero de 2023

Willard Carter: una nueva promesa para el chelo

 


Willard Carter (violonchelo), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 22 de febrero de 2023. 


El violonchelista británico Willard Carter obtuvo el Primer Premio del XXIII Concurso Internacional de Música “Villa de Llanes”, razón por la que la Sociedad Filarmónica de Gijón, en colaboración con la “Fundación Alvargonzález”, lo incluye en su programación de conciertos. Y ha sido todo un acierto, porque con tan solo veinte años Carter es un músico dotado de una técnica, expresividad y calidad sorprendente.

La primera obra fue un paseo dulce y agradable en las manos de Carter, pues no deja de ser un “Divertimento” compuesto por Haydn para el príncipe Esterhazy, estructurado en tres movimientos, cuya complejidad estriba en la buena dicción del fraseo.  

Carter da un salto espectacular en cuanto a dificultad al interpretar la “Sonata para violonchelo y piano en Re mayor n.º2, op.58” de Felix Mendelssohn. Acompañado por el pianista ucraniano Vadim Gladkov el público disfrutó de una obra en la que dependiendo de los intérpretes el protagonismo puede recaer en cualquiera de los dos instrumentos, pues el piano también tiene una partitura compleja y lucida. En esta ocasión Gladkov cedió la palabra a Carter y se limitó a acompañar con una buena ejecución. Excelente obra y magnífica interpretación por ambas partes.


Tras la pausa, Carter se quedó solo en el escenario para ofrecer la “Suite para violonchelo solo n.º1 op. 72”, una obra arriesgada escrita por Benjamin Britten que trasciende las técnicas puramente violonchelistas y convierte al instrumento en artífice de percusiones, voces e incluso una gaita con roncón inclusive. Todo esto y más escuchamos en esta obra magníficamente interpretada. 

La obra de Tedesco y su versión de “Fígaro” cargada de buen humor, puso fin a un recital  que dejó al público sorprendido, pues Willard Carter está llamado a ser uno de los grandes del violonchelo.  




Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 26 de enero de 2023

Franco Broggi: otras músicas argentinas

 


Franco Broggi: “Ciclo de Jóvenes Intérpretes Fundación Alvargonzález”,Sociedad Filarmónica de Gijón, miércoles, 25 de enero de 2022.


La Sociedad Filarmónica de Gijón apuesta por expandir el repertorio tradicional de las salas de concierto y se acerca al nacionalismo argentino al contar con la presencia  de Franco Broggi, un joven pianista con mucho talento y comprometido con sus raíces. Broggi dio vida a piezas de los compositores más relevantes que dotaron de identidad musical a su país, pues Argentina no es solo tango o milonga.


El recital se inició con una pieza de Alberto Williams, considerado uno de los impulsores del nacionalismo musical argentino junto con Julián Aguirre, cuya música también estuvo presente en las manos de Broggi. Interpretación un tanto fría que salvó con la “Sonatina en sol menor” del santafesino Carlos Guastavino, otra figura clave en el desarrollo del nacionalismo argentino. La primera parte se completó con “Evocaciones Líricas” del compositor Hugo Fernández Languasco, quien honró la sala con su presencia entre el público.

El pianista subió el nivel notablemente en la segunda parte del recital, comenzando con una magnífica interpretación de la preciosa pieza “Las Niñas”, también de Guastavino, en la que demostró su talento para el lirismo. Quizás donde más se lució fue en la mezcla de músicas y culturas de Alberto Ginastera que plasmó en su “Sonata n.º1”, inspirada en las pampas argentinas, con técnicas que recuerdan a Bartok o Stravinsky: una obra de enorme dificultad que Broggi bordó. 


Cerró por todo lo alto con “Adiós Nonino” de  Piazzola y como propina el “Bailecito” de Guastavino. Desconozco cuántos argentinos había en la sala, pero los que estaban se fueron orgullosos del legado de su música y de  su continuidad a través de un joven pianista que con veintisiete años está llamado al éxito. 

Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 11 de diciembre de 2022

La audacia de Noelia Rodriles.

 


Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 7 de diciembre de 2022. 


De las manos de la pianista asturiana Noelia Rodiles tuvimos ocasión de escuchar un

combinado en el que se mezclaron piezas muy famosas de Schubert con obras prácticamente

olvidadas o desconocidas de autores como Martín Sánchez Allú, Jesús Rueda o Benjamín

Orbón. Un magnífico recital que confirmó la buena técnica de la pianista y contribuyó a situar

a la Sociedad Filarmónica de Gijón entre las mejores programaciones de música de cámara

que tenemos en el país. 

Comenzó con la “Sonata para piano op. 1” de Sánchez Allú, una obra rescatada por Rodiles a

través de un proyecto de la Fundación Juan March, compuesta en pleno romanticismo (1853),

sin embargo, de corte totalmente clásico.  Estuvo bien para entrar en calor, pero fue la

“Sonata nº 5” de Jesús Rueda la que dejó a los espectadores con la respiración contenida.

Compuesta por encargo de Rodiles e inspirada en los “Papillons” de Schumann, aunaba en

sus tres movimientos sonoridades de Ravel, Debussy o Poulenc y representaba la ligereza y

el caos provocado por el “efecto mariposa”. Una gran composición y una interpretación

sublime que merece la pena escuchar de nuevo. 

Tras la pausa, tiempo de relax y dulzor para escuchar “Seis momentos musicales” de

Franz Schubert: composición prodigiosamente inspirada y bien interpretada por la pianista.  

Los aplausos dieron lugar a dos propinas: una famosa pieza de “Orfeo et Eurídice” de Gluck

y la “Rapsodia asturiana” de Benjamín Orbón, esta última totalmente desconocida y de gran

belleza y calidad.

Lo mejor de Noelia Rodiles es saber combinar bien su repertorio para agradar al público con

clásicos y descubrir obras olvidadas. Una pianista muy audaz. 

Crítica publicada en La Nueva España