Mostrando entradas con la etiqueta Orquestas Sinfónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orquestas Sinfónicas. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de enero de 2026

La OSPA resplandece con Dvorak

 

Fotografía: Fernando Rodríguez para La Nueva España.


OSPA: “El resplandor de Dvorak”. Teatro Jovellanos, jueves, 22 de enero de 2025.


El Teatro Jovellanos ofreció una imagen gratificante para acoger un nuevo concierto de

la OSPA, con el patio de butacas lleno y las zonas altas ampliamente densas. La

respuesta del público confirmó el atractivo de un programa bien diseñado, que combinó

repertorio clásico, una incursión en la música contemporánea y una de las sinfonías más

populares del canon sinfónico.

Abrió con la “Obertura para un Festival Académico” de Brahms, una obra que esconde

motivos bellamente enlazados y de carácter enigmático. La orquesta los asumió con un

notable equilibrio y claridad técnica, bajo la batuta de Ramón Tebar, director invitado

para la ocasión. Tebar condujo a la OSPA a un alto nivel interpretativo, destacando su

atención al detalle y su cuidado trabajo de dinámicas, capaz de extraer desde el más sutil

susurro de la cuerda y la madera hasta los contundentes tutti orquestales. Resulta,

además, especialmente agradable contemplar la elegancia de su gesto y la naturalidad

con la que disfruta sobre el escenario, evidenciando la excelente sintonía con una

orquesta a la que ha dirigido en numerosas ocasiones.

La segunda pieza, “The cry of Anubis”, del británico Harrison Birtwistle, requería

intencionalidad para lograr una obra breve pero intensamente expresiva, que le concede

el protagonismo a la tuba. El instrumento personifica a Anubis (Dios egipcio) liderando

un viaje musical alusivo a un cortejo fúnebre y fue magníficamente interpretado por

David Moen, el tuba principal de la OSPA, quien aportó una amplia gama de

sonoridades y recursos expresivos del instrumento pocas veces audibles en la mayoría

de obras sinfónicas. Una interpretación sobresaliente.

El concierto culminó con la Sinfonía “Del Nuevo Mundo”, de Dvorak, verdadero plato

fuerte de la noche. Una obra admirable, con ideas melódicas bellísimas que combina

con naturalidad ecos eslavos y americanos junto a una selección orquestal

especialmente original. Magnífica interpretación que significó un paseo para esta

orquesta, destacando la sección de cuerda. Aplaudimos a la OSPA y deseamos que

vuelva en breve Ramón Tebar al frente de la orquesta.

Crítica publicada en La Nueva España

lunes, 13 de octubre de 2025

Nicolas Altstaedt y Nuno Coelho inauguran con solvencia el curso sinfónico.

 



Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA)

Solista: Nicolas Alstaedt (violonchelo)

Lugar y fecha: Teatro Jovellanos,  jueves, 9 octubre, 2025.

Director: Nuno Coelho


Con un aforo discreto, arrancó la temporada de abono de la OSPA en el Teatro Jovellanos, contando con la colaboración de uno de los más importantes chelistas de la escena internacional, Nicolas Altstaedt. El francoalemán, ya familiarizado con la Sinfónica, escogió para la ocasión el interesante y enigmático “Concierto para violonchelo”  del inglés William Walton, obra con la que se lució ampliamente. Su sonido, amplio y profundo, de cálida resonancia, fue lo más destacado. El Allegro appassionato resultó impactante, y las crines del arco de Altstaedt apenas resistían el virtuosismo que exigía  la partitura; sin embargo, la madurez y solidez técnica obraron en su favor. La batuta de Nuno Coelho mantuvo un diálogo equilibrado entre solista y orquesta, haciendo crecer la sonoridad que requería la compleja partitura. El resultado fue una interpretación coherente y convincente, que confirmó a Altstaedt como uno de los violonchelistas más destacados de su generación, y nuestra orquesta autonómica, en buena forma y con posibilidades de crecer ahora que hay mayor competencia en el panorama regional.  

Tras la sonora ovación y el descanso para cambio de atriles, volvió la OSPA en pleno para interpretar la “Sinfonía n.º 9 en do mayor” de Schubert, identificada así en el ámbito anglosajón, mientras que las ediciones germanas la catalogan como Séptima u Octava.  Más allá de cuestiones de numeración, la interpretación fue brillante. La orquesta ofreció una lectura de gran cohesión y energía, que pareció fruto de largas sesiones de ensayo. La firmeza de Coelho resultó decisiva para mantener la arquitectura y el pulso de una obra de gran envergadura, cargada de bellísimas melodías que transitan con naturalidad. Nadie como Schubert para aunar belleza y coherencia sin perder el sentido sinfónico; y, aunque es una sinfonía extensa resulta breve.

En definitiva, un inicio de temporada prometedor que evidencia el excelente entendimiento entre director y orquesta y augura grandes veladas. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


jueves, 6 de octubre de 2022

Un Réquiem personal que impresiona

 



“Orquesta Sinfónica y Coro Mercadante”. Director: Mariano Rivas. Anna Kabrera (soprano), Alexandra Rivas (mezzosoprano), Quintín Bueno (tenor), Ihor Voievodin (bajo-barítono). Sociedad Filarmónica de Gijón, miércoles, 5 de octubre de 2022. 

 


Comienza la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón con un concierto tan atractivo que rozó el lleno en el Teatro Jovellanos y congregó a numerosas personalidades del mundo de la cultura y la política de Asturias, entre ellos Adrián Barbón. La “Orquesta Sinfónica y Coro Mercadante” bajo la dirección de su creador Mariano Rivas, fue la responsable de ofrecer la “Misa de Réquiem en Re menor, K. 626”, más conocido como el “Réquiem de Mozart”, una obra que supone el testamento musical de su autor. A pesar de que Mozart no terminó la partitura en vida -siendo finalizada por su discípulo Süssmayr a petición de la viuda de Mozart-, la obra marcó un antes y un después en las composiciones de este tipo de repertorio. 


El día previo al concierto la Sociedad Filarmónica organizó una conferencia  a cargo de la profesora de musicología María Sanhuesa, donde hizo un repaso por los orígenes y evolución del Réquiem según la visión de distintos compositores y desgranó todas las claves para entender una partitura tan valiosa. Como dato llamativo Sanhuesa aportó que este “Réquiem” ya fue interpretado en Oviedo en la iglesia de Santa María la Real de la Corte en 1824. Nada menos.


La interpretación de la orquesta estuvo bastante bien, teniendo en cuenta que es una formación joven y de reciente creación y que quizás esa obra requería un poco más de densidad sonora.  El coro estuvo sobresaliente desde el “Introito” y la dirección de Rivas, con un tempo más acelerado de lo habitual, fue comedida y controlada, ofreciendo un “Réquiem” muy personal.  Después del imponente “Dies Irae” era el momento de lucimiento de los cuatro solistas en el “Tuba Mirum”, destacando el bajo-barítono ucraniano Ihor Voievodin, con unas cualidades tímbricas y técnicas que llaman la atención. También la soprano Anna Kabrera posee un timbre muy bonito y estuvo fantástica en sus intervenciones. Las cuatro voces son excelentes por individual, aunque los límites entre coro y solistas quedaban excesivamente dibujados y la obra requiere más empaste, en mi opinión.


A destacar el maravilloso pasaje del “Lacrimosa”, tanto por la composición (Mozart solo compuso los ocho primeros compases y el resto Sûssmayr) como por la bella interpretación del coro con una sonoridad unitaria. 


Una vez finalizado el concierto y ya entre bastidores, la soprano Anna Kabrera me confesaba lo impresionada que quedó al ver a gran parte del público secarse las lágrimas continuamente. Y es que el concierto gustó tanto que los aplausos no cesaban y fue necesario repetir el “Dies Irae” como colofón para satisfacer al susodicho. Gran comienzo de temporada para la Sociedad Filarmónica de Gijón que trae una programación de primer nivel y que augura veladas extraordinarias.


Crítica publicada en La Nueva España







sábado, 24 de septiembre de 2022

Otro hito para Víctor Manuel

 


Víctor Manuel, Concierto Sinfónico 75 Aniversario, Teatro de la Laboral, viernes 23 de septiembre de 2022.


Hay conciertos que marcan un hito en la trayectoria de un artista, como lo fue el histórico de Víctor Manuel en 1999 celebrado en el Palacio de Deportes de Gijón y grabado en disco bajo el título “Vivir para cantarlo”. Las ganas de revivir aquella magia impulsan al cantante a poner en marcha toda la maquinaria necesaria para llevar a cabo un concierto sinfónico contando de nuevo con la Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA) y el coro de la Fundación Princesa de Asturias para celebrar su setenta y cinco cumpleaños. Sincronizar a tanta gente es tarea difícil donde las haya, pero no tanto al poder contar con el mismo director, el gran Joan Albert Amargós y los músicos David San José, Ovidio López, Daniel Casielles, Andrés Litwin y Pablo Carrera, aparte de un equipo técnico con dilatada experiencia.  


Comenzando la década de los 70’ Víctor Manuel ya era un artista importante, sin embargo, sus composiciones cargadas de denuncias políticas y sociales le ponían constantemente en el punto de mira de la censura, hasta rozar el límite y ser condenado al exilio tras el estreno en México de la comedia musical “Ravos”, protagonizada junto a Ana Belén. Tras este episodio Víctor Manuel se refugia en la lírica popular asturiana rescatando temas del “Cancionero de Torner”, difícilmente censurables y crea el disco “Verde” con arreglos del gran Juan Carlos Calderón. La mayor parte de las canciones comprendidas en este disco conformaron el repertorio de “Vivir para cantarlo” y se revivieron nuevamente en el Teatro de la Laboral junto con algunas novedades. 


El himno oficioso “Asturias” abrió el concierto y puso un nudo en la garganta al numeroso público con el imponente arreglo orquestal y el coro que estuvo magnífico durante toda la velada. El precioso arreglo de jazz en “Dime paxarín parleru”, que a veces contrastaba con la difusa afinación de la voz, dio paso al impresionante arreglo sinfónico de “Yeren dos guajes”, mezclado con “Pastor que tas en el monte”. David San José, hijo de Víctor Manuel, demostró ser un músico de primer nivel con su interpretación al piano y los arreglos orquestales de piezas como “He cortado estas flores”, con un magnífico arreglo coral, “Canción pequeña” o  “Digo España”, cuya orquestación parecía del mismísimo Falla. También destaca “Allá arriba al Norte”, tema que incluyó la gaita de Pablo Carrera en la recta final.


Víctor Manuel concibió el espectáculo como un concierto sinfónico en todos los detalles, situándose a un lado como un intérprete más, sin mediar palabra con el público y dejando el centro del escenario al director Joan Albert Amargós, como la mayor parte de los conciertos sinfónicos. No se escatimaron medios, ni técnicos ni humanos, se aportó ilusión y profesionalidad y el resultado es otro hito más para la dilatada carrera de Víctor Manuel. 


Crítica publicada en La Nueva España

martes, 17 de marzo de 2020

OSPA: La trompa en primera línea



Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA), programa Horizontes II. Andrews Grams (director), Javier Molina (trompa). Teatro Jovellanos, jueves 27 de febrero

La trompa  tradicionalmente está relegada a ocupar  las últimas filas en una formación sinfónica.  Es un instrumento que pasa desapercibido entre la masa orquestal y pocos compositores han dedicado su talento a escribir obras para trompa y orquesta,  destacando Mozart, que escribió nada menos que cuatro conciertos, así como Anton Weber o Emmanuel Chabrier, entre otros. En esta ocasión la interpretación del "Concierto para trompa nº 1 en mi bemol mayor, op.11", compuesta por Richard Strauss, fue la excusa perfecta para que el alicantino Javier Molina, trompa solista de la OSPA desde junio de 2016, se situara en la primera línea del teatro Jovellanos y nos diera la posibilidad de contemplar la belleza y las capacidades de este instrumento tan peculiar. 



Detrás de esta composición de Richard Strauss hay todo un culebrón familiar que daría rienda suelta a los más inspirados novelistas. El caso es que el compositor conocía muy bien el instrumento, ya que su padre -Franz Strauss-, fue un prestigioso intérprete del mismo y del que Wagner afirmó “Strauss es un tipo detestable pero cuando toca la trompa uno no puede odiarlo”. Richard quiso dedicar a su progenitor la obra por su sesenta cumpleaños pero no la finalizó a tiempo y una vez terminada su padre la rechazó.  En conclusión, la rivalidad entre ambos dio lugar a ríos de tinta y la dedicatoria fue a parar a otro gran trompista, Oscar Franz

Una de las mayores dificultades de la obra es el control de la dinámica entre el instrumento solista y la orquesta y Javier Molina interpretó la obra con responsabilidad, entusiasmo y sin titubear, manteniendo el pulso con la orquesta de tú a tú. Se llevó una buena ovación, tanto del público como del resto de integrantes de la OSPA y nos deleitó con una propina junto con sus cinco compañeros de sección, que dieron muestras de cariño y respeto hacia el protagonista de la noche.

La batuta corría a cargo del americano Andrew Grams, que abrió el concierto con la suite sinfónica “Printemps” de Claude Debussy, inspirada en la obra “La Primavera” de Botticelli. Si la pintura está cargada de simbolismo y preciosistas detalles, la partitura no lo es menos. Siguiendo la línea de Debussy, esta composición tiene múltiples colores, formas y sutilezas que requiere muchas escuchas para captar toda la belleza. Es de esas obras que en cada interpretación se descubre algo nuevo, al igual que en la pintura. La dirección vigorosa de Grams, que además de las manos y la batuta dirige con todo su cuerpo en movimiento, favoreció una interpretación solvente.

La velada terminó con la interpretación de la “Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78”, para órgano de Camille Saint-Saëns, de quien Franz Liszt dijo que era "el más grande organista del mundo" y Wagner catalogó como "el más grande compositor francés vivo". Un prodigio de obra que Grams dirigió de forma enérgica, permitiendo por momentos escuchar casi de forma individual a cada una de las secciones orquestales, hasta llegar a la coda final con un derroche de energía.

Si tenemos en cuenta que Saint-Saëns a principios del siglo XX se mostraba en contra de las influencias de Debussy y de Richard Strauss, no deja de ser curiosa la elección del programa al unir a estos tres compositores en una misma velada. Pero la OSPA no deja de sorprendernos.  



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



viernes, 20 de diciembre de 2019

Film Symphony Orchestra: un pastiche de bandas sonoras





Film Symphony Orchestra: La mejor música de cine. Teatro de la Laboral, domingo, 15 de diciembre. 

Muchos éxitos está consiguiendo el director e ideólogo de la Film Symphony Orchestra Constantino Martínez-Orts.  Su presencia en el teatro de la Laboral en marzo del presente año interpretando bandas sonoras de John Williams, causó sensación y como consecuencia repitió escenario volviendo a agotar todas las entradas en estas fechas próximas a la Navidad. Pero esta vez faltó coherencia: su fórmula de ofrecer los temas más populares a modo de píldoras de diferentes películas funciona muy bien entre el público mayoritario, sin embargo, el resultado es una mezcolanza  que no está a la altura de la recopilación de bandas sonoras de Williams.

La suite que aborda los principales temas de “El Secreto de la Pirámide” fue una idea magnífica para abrir el concierto después de la Fanfarria de Korngold. Recordamos al joven Sherlock Holmes y a su ayudante el Dr. Watson, cómo huían de sus propios fantasmas al ser envenenados por disparos con una flauta certera. Había coherencia entre los distintos leitmotiv y la orquesta acertaba con la interpretación. Y también funcionaron bastante bien los temas de “El Discurso del Rey”, de Alexander Desplat, aunque la elección fue de lo más asequible dentro de la banda sonora. Hubiera estado fenomenal que se atrevieran con el segundo movimiento de la “Séptima” de Beethoven,  pieza clave de la película mientras el Rey Jorge (interpretado magistralmente por Colin Firth) ofrecía su discurso intentando superar la tartamudez. Quizás era un plato demasiado fuerte para digerir o quizás, superaba el tiempo que la orquesta dedicaba a cada película.

Hay cierta analogía entre “Inteligencia Artificial” de John Williams, “Jurassic World” de Michael Giacchino o “Willow” de James Horner junto con algunas grandes obras de Alan Silvestri. Sin embargo, del sinfonismo decimonónico alemán de las aventuras de “Han Solo” pasamos al exotismo oriental de la película “Aladín”, con ciertos problemas en la sincronización dicho sea de paso; y cambio de tercio para escuchar “El éxtasis del oro” de la película “El bueno, el feo y el malo” con soprano incluida. Ya en la segunda parte pasamos de la gloriosa y épica “Norte y Sur” al intimismo de “Amélie” o el ritmo frenético de “Piratas del Caribe”. En fin, todo un pastiche de emociones.

Me encantó su interpretación de la suite “Interstellar” del grandísimo Hans Zimmer, pero es un agravio tocar una obra de esa magnitud condensada en cinco minutos y pasar seguidamente a “Los Vengadores” de Alan Silvestri. Y no porque una sea menos importante que la otra o porque tenga menos calidad, sino porque no hay tiempo para procesar, para desarrollar las ideas y para saborear. Son dos mundos totalmente diferentes musicalmente hablando. 

Cada banda sonora por sí misma es una gran obra de arte y como gran aficionada al género aplaudo que exista una orquesta de estas características, pero me produce rechazo el formato: tocar cosas ligeras y cortas,  de consumo fácil, que estén en la mente de todos los aficionados, buscando la emoción visceral y el aplauso inmediato yo no lo compro. Finalizado el concierto me quedé con la sensación de haberme pegado un atracón en un restaurante tipo buffet con una gran variedad de platos queriendo probarlos todos, aunque sea de Estrellas Michelín. La digestión no es fácil. En muchas ocasiones menos es más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 5 de junio de 2019

El poderío de Falete junto a la OCAS




“De Norte a Sur”: Falete, Orquesta de Cámara de Siero (OCAS), “La Bejazz” y Ángela Bonilla. Teatro Jovellanos, sábado 25 de mayo.

La idea de crear un espectáculo que engloba  una orquesta de cámara como la OCAS de Siero, un grupo de flamenco jazz, una bailaora sevillana, cuatro compositores de diversas procedencias y un cantante de copla muy popular como Falete, era una propuesta osada y el resultado bastante satisfactorio.

La obertura “De Norte a Sur”, que también da título al espectáculo, es una bella partitura de una gran complejidad por sus cambios de ritmo y armonías que fusionan sabores del norte con muchos toques flamencos, mezclando la sonoridad de los arreglos orquestales con el grupo de jazz flamenco “La Bejazz”. El taconeo de Ángela Bonilla ponía el broche de oro a esta composición. Buena interpretación por parte de los músicos y estupenda bailarina que protagonizó otros números a lo largo del espectáculo.

Más dificultades tuvieron en cuadrar perfectamente los tempos en “Intimad”, pieza compuesta por Pablo Carmona cargada de síncopas endiabladas y contrastes rítmicos, donde pudimos apreciar la calidad de los fraseos del saxofón. Pequeños desajustes rítmicos que ya no se volvieron a percibir en toda la velada, destacando la sonoridad de “Fuente de Lágrimas”, en homenaje a Lorca con más influjo árabe y jazz clásico.  “A mi tío Enrique”, sonó de lujo en las cuerdas de Melchor Díaz, tema dedicado a su tío el gran Enrique de Melchor.

Falete se hizo esperar, pero llegó con su potente voz entonando versos de Machado a ritmo de rumba con arreglos jazzeros y recibió una gran ovación.  Su tema más popular “SOS” fue cantado con gran emotividad y poderío andaluz. Pero, sin duda, lo más sorprendente fue su interpretación de la canción asturiana “Ayer vite na fonte”, demostrando así que Falete se atreve con todo. Cantada con mucha corrección y con humildad desde un lado del escenario, quiso dejar el protagonismo a la orquesta dirigida por Manuel Paz, que ejecutó una magnífica interpretación de un arreglo de Flores Chaviano.

El programa estaba muy bien estudiado, aportando una gran diversidad musical con magníficos arreglos, pero no podía faltar el plato fuerte de Falete, la copla. Una magnífica versión del bolero “Ponme otra copa”, la copla  “Te lo juro yo” de Rafael de León y Manuel Quiroga y como colofón final “María de la O”, donde Falete se lució como en una de sus mejores interpretaciones. Muy fino y atento estuvo Manuel Paz en el final de la copla entrando perfectamente a tiempo con toda la orquestación, tras las pausas que hacía Falete para los requiebros de la voz. El público pataleó y aplaudió hasta conseguir que Falete se arrancara con un pupurri de bulerías a modo de improvisación y sin micrófono. No lo necesitaba, su potente voz llegaba hasta los pasillos del Jovellanos.  
En definitiva, todos juntos ofrecieron un magnífico espectáculo que supo a poco. Una lástima que no tenga continuidad.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 16 de mayo de 2019

La sonoridad más romántica de la OSPA

Resultado de imagen de ospa leon mccawley
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hans Graf (director), Leon McCawley (pianista). Teatro Jovellanos, jueves 9 de mayo.

Estupendo y bien vertebrado programa ofreció la OSPA, bajo el título “Legados”; perfecto para constatar el gusto del público del Teatro Jovellanos en torno al Romanticismo en todo su esplendor, con obras de Brahms y Schumann. Como director invitado uno de los grandes, el austriaco Hans Graf que fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, del Mozarteum de Salzburgo o de la Houston Symphony y cuenta con numerosas distinciones y premios en su larga trayectoria.  Para completar el programa contamos con uno de los pianistas más importantes del panorama actual, el británico Leon McCawley, experimentado en el repertorio romántico y clásico.

El concierto abrió con la ”Obertura Trágica Op. 81”, una obra en forma de sonata con mucho trabajo temático, compuesta por Johannes Brahms durante el verano de 1880  y estrenada al año siguiente por el propio compositor. Esta peculiar obra se caracteriza por su gran belleza oscilante entre el drama, la tristeza y la pasión más exacerbada. Hans Graf llevó la batuta con firmeza en una interpretación brillante, tan solo ensombrecida por el comportamiento de parte la butaca del Jovellanos, que estuvo especialmente ruidosa entre toses, caídas de objetos varios y el prolongado y molesto crujir de los envoltorios de los caramelitos. Por lo demás exquisita.

El pianista Leon McCawley fue el protagonista de la noche dejando al público impactado con su magistral interpretación del “Concierto para piano en la menor, Op. 54” de Robert Schumann. La obra, estrenada en 1846 por la gran pianista Clara Schumann como intérprete solista, está dotada de gran lirismo y sensibilidad, con marcada ausencia de virtuosismo, compuesta en una época en la que las modas dictaban todo lo contrario. No confundir virtuosismo con dificultad: la obra es de gran dificultad y sólo al alcance de grandes pianistas como McCawley. El primer movimiento, basado en la “Fantasía” escrita unos años antes para su reciente esposa, fue interpretado con agilidad y gran expresividad. La animada cadencia final de este primer movimiento desató la pasión entre el público presente provocando numerosos aplausos, por otra parte bien merecidos y acertados en contra del estricto protocolo social que impide aplaudir entre movimientos. ¿Por qué no? Los dos movimientos siguientes se desarrollaron de manera impecable en las manos de McCawley. El director por su parte, mantuvo un perfecto equilibrio entre los fragmentos pianísticos y los desarrollos orquestales de manera que todo fluía correctamente, dando como resultado una gran interpretación por parte de todos y una gran ovación por parte del público.   



La segunda parte del programa estaba dedicada a la interpretación de la “Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68”  de Brahms, o la “Décima” de Beethoven tal y como la denominó el director y compositor Hans von Bulow. Intenso trabajo por parte de Graf en la dirección de orquesta de principio a fin, pero especialmente en el segundo y el tercer movimiento en contraste con la tensión del Allegro inicial. La obra finalizó con la cadencia al estilo de Beethoven  y se llevó una gran ovación de un público que agradeció la sonoridad del romanticismo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 22 de abril de 2019

OSPA: Música apropiada para la Semana Santa



Concierto Extraordinario de Semana Santa: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Rossen Milanov (director), Ewa Tracz (soprano, Mireia Pintó (mezzosoprano), David Menéndez ( barítono). Teatro Jovellanos, 11 de abril.

La elección de dos obras creadas en el siglo XX para celebrar el “Concierto Extraordinario de Semana Santa”  no consiguió despertar la curiosidad del público y la butaca del teatro Jovellanos se quedó a medias, aunque el anfiteatro casi se llenó. Y es una verdadera lástima, porque un concierto de esa magnitud necesita un gran despliegue de medios y de recursos: gran parte de los componentes de la OSPA, el Coro de la Fundación Princesa Sofía y tres cantantes solistas de gran nivel; casi había más personas en el escenario que en la butaca. También hay que decir que entre las dos obras musicalmente no llegan a la hora de duración y eso es algo negativo a la hora de pagar una entrada.  Aún así, es triste que el público no sepa apreciar la calidad musical que tenemos en Asturias.


“Los Improperios” de Federico Mompou fue la primera elección del concierto, una de las grandes obras maestras del compositor catalán basada en los versículos que se cantan en el oficio del Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. La carga dramática del texto que narra los reproches de Dios al pueblo de Israel por haberle llevado a la crucifixión, fue musicada por Mompou de manera sublime, cargada de contrastes y armonías expresivas sobre las que se dibuja una gran belleza melódica. El preludio orquestal dio paso a la voz de David Menéndez como barítono solista, con un precioso timbre y magistral dominio de la voz, sobre todo en las secciones más piano. El coro sublime en las respuestas y apoyado por la orquesta, cuya labor en esta ocasión es enfatizar el texto de las voces.

Para la segunda parte se escogió “Stabat Mater” de Karol Szymanowski, una obra que significó un cambio ideológico en el compositor polaco y está basada en la secuencia del siglo XIII que expresa el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo. Las tres voces solistas (soprano, mezzo y barítono) se repartieron el protagonismo, siendo la más destacada la soprano Ewa Tracz,  en cuya biografía cita haber obtenido el doctorado como cantante solista en la Academia K. Szymanowski: este dato corrobora el acierto al seleccionar a la soprano para un papel tan significativo. Mireia Pintó también estuvo magnífica en su papel de mezzosoprano, al igual que David Menéndez. El coro muy comedido y bien afinado, se encargó de darle sentido a la carga emocional que requiere tan magnífica obra y brilló en el cuarto número “Hazme contigo llorar”. Muy equilibrada la dirección coral con la dirección orquestal a cargo de Rossen MIlanov, al que siempre destacamos por su elegancia a la hora de dirigir.

El poco público presente correspondió gratamente ovacionando dos obras breves y con sonoridad del siglo XX, pero dos obras magníficas y muy apropiadas para adentrarnos en el significado de la Semana Santa.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 25 de marzo de 2019

La OSPA se sumerge en el siglo XX

Resultado de imagen de ospa
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA): “Lenguajes propios I”. Teatro Jovellanos, 21 de marzo, 2019.

Los aficionados a la música clásica han experimentado dos conciertos consecutivos  en el teatro Jovellanos de lujo. El miércoles con el “Trío Wanderer” y su interpretación de los maravillosos tríos de Franz Schubert y el jueves con tres obras del siglo XX de tres compositores singulares: Lutoslawski, Bartok y Sibelius.

Béla Bartók  inspiró al polaco Witold Lutoslawski para componer  “Música fúnebre” y la OSPA la interpretó por primera vez, en esta ocasión dirigida por el suizo Baldur Brönnimann. La obra estructurada en tres movimientos contrapuntísticos, atraviesa momentos de tensión y pasadizos sinuosos que Brönnimann supo conducir con dinámicas oscilantes muy contenidas. Gran obra y gran dirección de orquesta, con la sección de cuerda como protagonista.  

Para la interpretación del  “Concierto para piano nº 3” de Béla Bartók -última composición cuyos diecisiete compases finales fueron completados por su alumno  Tibor Serly, tras la muerte de Bartók-, se contó con un pianista excepcional: el ucraniano Vadim Kholodenko. Obra de difícil ejecución por las exigencias rítmicas y la colorida orquestación que requiere, el primer movimiento destacó por el ensamblaje de la orquesta en diálogo con el piano. Si en el segundo movimiento quedó de manifiesto  la gran sensibilidad de Kholodenko fue en el Allegro Vivace donde el pianista invadió nuestros oídos con su vitalidad y energía, destacando con gran precisión los fraseos virtuosísticos. El buen entendimiento entre el pianista y el director de la orquesta propició una versión fantástica de la magistral obra de Bartók, estrenada en 1946. Hasta los miembros de la OSPA le rindieron una estruendosa ovación al pianista que fue correspondida con propina, interpretando una pieza de Henry Purcell.

Tras la pausa, para terminar la “Sinfonía nº 3 en do mayor” de Jean Sibelius, una obra estrenada en 1907 y menos interpretada que otras del mismo autor. La aparente sencillez de la obra es engañosa, quizás por estar más alejada del Romanticismo que sus anteriores sinfonías. Estructurada en tres movimientos es el Moderato-Allegro el que más destaca por su fusión de  un Scherzo y un Finale, con un tema claramente recurrente. El director consiguió extraer de la OSPA una interpretación clara y diáfana con un marcado pulso que trascendió por momentos de viva intensidad. Muy bien la dirección y muy bien la elección del programa dedicado íntegramente al siglo XX.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



jueves, 14 de marzo de 2019

La fuerza de John Williams



Film Symphony Orchestra: Especial John Williams. Teatro de la Laboral,
viernes, 8 de marzo, 2019.

La propuesta de Constantino Martínez-Orts lleva meses agotando entradas por distintos escenarios españoles. El director de la “Film Symphony Orchestra” ha dado con la clave para conquistar a un público de lo más diverso y que todos los asistentes salgan satisfechos después de  escuchar a una orquesta sinfónica durante más de dos horas. Lo tenía fácil, tan sólo tuvo que formar una joven orquesta de buenos músicos e interpretar bandas sonoras de John Williams. Este formato funciona desde hace décadas en Estados Unidos y en otros países anglosajones, y el éxito se debe a que las piezas son cortas y están en nuestras cabezas. Quién no ha escuchado alguna vez la banda sonora o tan siquiera la melodía  de películas como Star Wars, Jurassic Park, JFK, Indiana Jones, Tintín, Memorias de una Geisha, La Terminal…Dieciocho películas sonaron en el Teatro de la Laboral y, además, hubo concurso online, personajes disfrazados y muchos detalles para convertir una noche sinfónica en un espectáculo de entretenimiento y diversión.


Impregnaron el auditorio de energía positiva interpretando  una de las especialidades de Williams: la fanfarria. “Olympic Fanfare and Theme”, creada para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984), fue dirigida con ímpetu sin llegar a extraer toda la fuerza del viento-metal que requiere este tipo de piezas, sin embargo, destacó ampliamente la sección de viento-madera. La sutileza de la flauta solista y la cuerda grave fue lo más destacado durante la interpretación de “Dartmoor 1912” de la película “War Horse”, una partitura de estilo pastoral que rinde homenaje a grandes compositores británicos como Vaugham Williams, Eliot Gardiner o Edward Elgar. Muy destacable la interpretación de una pieza del final de “Encuentros en la tercera fase”: para ilustrar musicalmente la comunicación entre los humanos y los extraterrestres,  Williams se sirvió de un lenguaje textural complejo para sostener un leitmotiv de cinco notas.


Tras la pausa hubo concurso a través de una app: los espectadores tenían que adivinar diez fragmentos que sonaron durante diez segundos para ganar un viaje a Hollywood. Desconozco el resultado de los acertantes, pero melodías como Casablanca, La Pantera Rosa o Juego de Tronos, entre otras, rompieron la dinámica del concierto y dieron paso a la segunda parte.  Sonaron partituras muy interesantes como “Las Cenizas de Ángela”, con la que se rindió homenaje a las mujeres por ser 8 de marzo. El concertino Manuel Serrano se lució con la adaptación musical de “El violinista del tejado”, y la sección de percusión brilló con la marcha diabólica de “Las brujas de Eastwick”, una partitura muy del estilo de otro de los grandes de Hollywood: Danny Elfman.


Para finalizar una de las bandas sonoras más influyentes de la historia del cine, en la que cada personaje y cada objeto tenía su leitmotiv: Star Wars. La “fuerza” acompañó a la orquesta en una Interpretación magistral de la escena en la que la princesa Leia condecora a Han Solo y Luke Skywalker tras destruir la Estrella de La Muerte. Algunas espadas láser se encendieron entre las butacas y el público se entregó a un entusiasmado aplauso que tuvo su recompensa. La orquesta, en actitud divertida y con espadas láser en mano (los arcos de violines y chelos) volvió a escena para interpretar la solemne “Marcha imperial” y la divertida “Cantina Band”. Sin duda, un éxito que marcará tendencia.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España