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sábado, 6 de mayo de 2023

Una vez más Film Symphony

 


Film Symphony Orchestra, Gira “Krypton”. Teatro de la Laboral, Gijón, 5 de mayo de 2023.


Una vez más vuelve la Film Symphony a Gijón agotando entradas y causando euforia entre los asistentes. Además, con el programa “Krypton” la apuesta es segura, pues la temática de superhéroes cuenta con legiones de seguidores. Y una vez más, sigo creyendo que la idea de Constantino Martínez Orts es buena, porque la música de cine ha logrado captar la creatividad de los mejores compositores y hay verdaderas obras de arte, sin embargo, el modo de proceder no me convence: sobran películas y faltan ensayos. 


De la parte musical hay que apuntar algunos detalles. En la “Obertura” del Cid se notó que la sección de viento metal iba floja y se confirmó con el “Batman” de Elfman y aún más con el Capitán América, donde la falta de brillo era evidente. La sección de cuerda suena bastante bien, a pesar de la escasa dirección, hay empaste y buena afinación. En cuanto a la percusión, depende del tema: bastante flojos en los compases de amalgama, un poco batiburrillo en la banda sonora de Maurice Jarré, caos con las castañuelas de La máscara del Zorro y muy bien en el despliegue instrumental de Black Panther. 


Lo mejor: la joven orquesta se presta a cantar, tocar palmas, hacer coreografías… tanta participación es imposible de ver en una sinfónica al uso y eso está muy bien. Además, logran acercar al público masivo a la sonoridad de una orquesta sinfónica a través de un concierto que resulta bastante didáctico. 


Lo peor: tocan fragmentos de demasiadas películas de manera superficial buscando la comercialidad fácil, sin entrar en detalles sutiles. Aún así, triunfan porque no hay nada como no tener competencia. 


Crítica publicada en La Nueva España 

lunes, 28 de marzo de 2022

Film Symphony Orchestra y la gira Fénix

 


Film Symphony Orchestra: “Fénix”. Teatro de la Laboral, sábado, 27 de marzo de 2022. 


Lo que hace Constantino Martínez-Orts al frente de la Film Symphony Orchestra es lo mismo que hacen las orquestas “de prao” en las romerías de verano, solo que en vez de utilizar éxitos de música de baile se sirve de música de películas. Tras el parón de la pandemia el mejor título que se le ocurrió fue “Fénix”, simbolizando así el resurgir “de la vida, del arte y la cultura”, tal y como explica Martínez-Orts en las presentaciones, pero en lugar de “Fénix” bien podría haber utilizado cualquier otro nombre que se le hubiera pasado por la cabeza y el resultado sería lo mismo. No hay coherencia ni hilo conductor, simplemente hay música que funciona muy bien, porque la mayor parte del público la conoce. Toca pildoritas de bandas sonoras sin conexión entre ellas, de manera que si le da la vuelta al repertorio y empieza por el final el resultado sería el mismo. Eso no quiere decir que esté mal tocado o que no me guste, porque también las buenas orquestas “de prao” tocan bien y me gusta divertirme en una romería. 


Abrieron con Ludwig Göransson, interpretando pequeñas partes de la serie “The Mandalorian”, uno de los compositores más interesantes de la escena actual (“Tenet” o “Black Panther”, entre otras). A continuación “Ben-Hur” de Miklós Rózsa y el último vals de Bernard Hermann cuya interpretación compro porque son partituras sinfónicas y están bien tocadas. Lo difícil es crearlas. Seguidamente, algunos de los presentes descubrimos la serie “Los Bridgerton” y quedamos con ganas de ahondar en ella. De esta primera parte también destacaría “Matrix” por la dificultad rítmica bien resuelta. 

Y después de la obertura de Patrick Doyle llega el primer patinazo para mi gusto: “El Código da Vinci” de Hans Zimmer. La orquesta no capta las peculiaridades de Zimmer porque detrás de este compositor hay muchas horas de producción y un trabajo tímbrico exquisito que no es reproducido por la Film Symphony, aunque tire de coros grabados, como es el caso. Ahí estaban las notas de las partituras pero no los timbres ni el sentido. Y para cerrar las pifias de la primera parte un batiburrillo de temas de “West Side Story”. ¿Qué tiene que ver Bernstein con Zimmer o Göransson? Será que las partituras estaban de oferta al 2x1.


Ya en la segunda parte, tras el concurso habitual rescataron, entre otros, al gran Alfred Newman con “La Conquista del Oeste” y a Nicola Piovani con “La vida es bella”. Tampoco podía faltar en esta ensalada de astros del cine Dimitri Tiomkin para introducirnos a ritmo de marcha en el mundo del circo. Y el momento estelar del concierto llegó con “Gladiator” y una voz soprano que bordó el papel de Lisa Gerrard.


Para cerrar “La Bella y la Bestia” y los bises “Iron Man 3” y “Cantina Band”. Y otra vez más me quedo con la sensación de haber escuchado un montón de bandas sonoras que no tienen nada que ver unas con otras, como una orquesta de pachanga en versión cine. 


Me encantaría poder ver un concierto de la Film Symphony Orchestra interpretando menos cantidad y más desarrollo y profundidad de cualquiera de los compositores seleccionados Porque calidad no les falta. 

Crítica publicada en La Nueva España

viernes, 20 de diciembre de 2019

Film Symphony Orchestra: un pastiche de bandas sonoras





Film Symphony Orchestra: La mejor música de cine. Teatro de la Laboral, domingo, 15 de diciembre. 

Muchos éxitos está consiguiendo el director e ideólogo de la Film Symphony Orchestra Constantino Martínez-Orts.  Su presencia en el teatro de la Laboral en marzo del presente año interpretando bandas sonoras de John Williams, causó sensación y como consecuencia repitió escenario volviendo a agotar todas las entradas en estas fechas próximas a la Navidad. Pero esta vez faltó coherencia: su fórmula de ofrecer los temas más populares a modo de píldoras de diferentes películas funciona muy bien entre el público mayoritario, sin embargo, el resultado es una mezcolanza  que no está a la altura de la recopilación de bandas sonoras de Williams.

La suite que aborda los principales temas de “El Secreto de la Pirámide” fue una idea magnífica para abrir el concierto después de la Fanfarria de Korngold. Recordamos al joven Sherlock Holmes y a su ayudante el Dr. Watson, cómo huían de sus propios fantasmas al ser envenenados por disparos con una flauta certera. Había coherencia entre los distintos leitmotiv y la orquesta acertaba con la interpretación. Y también funcionaron bastante bien los temas de “El Discurso del Rey”, de Alexander Desplat, aunque la elección fue de lo más asequible dentro de la banda sonora. Hubiera estado fenomenal que se atrevieran con el segundo movimiento de la “Séptima” de Beethoven,  pieza clave de la película mientras el Rey Jorge (interpretado magistralmente por Colin Firth) ofrecía su discurso intentando superar la tartamudez. Quizás era un plato demasiado fuerte para digerir o quizás, superaba el tiempo que la orquesta dedicaba a cada película.

Hay cierta analogía entre “Inteligencia Artificial” de John Williams, “Jurassic World” de Michael Giacchino o “Willow” de James Horner junto con algunas grandes obras de Alan Silvestri. Sin embargo, del sinfonismo decimonónico alemán de las aventuras de “Han Solo” pasamos al exotismo oriental de la película “Aladín”, con ciertos problemas en la sincronización dicho sea de paso; y cambio de tercio para escuchar “El éxtasis del oro” de la película “El bueno, el feo y el malo” con soprano incluida. Ya en la segunda parte pasamos de la gloriosa y épica “Norte y Sur” al intimismo de “Amélie” o el ritmo frenético de “Piratas del Caribe”. En fin, todo un pastiche de emociones.

Me encantó su interpretación de la suite “Interstellar” del grandísimo Hans Zimmer, pero es un agravio tocar una obra de esa magnitud condensada en cinco minutos y pasar seguidamente a “Los Vengadores” de Alan Silvestri. Y no porque una sea menos importante que la otra o porque tenga menos calidad, sino porque no hay tiempo para procesar, para desarrollar las ideas y para saborear. Son dos mundos totalmente diferentes musicalmente hablando. 

Cada banda sonora por sí misma es una gran obra de arte y como gran aficionada al género aplaudo que exista una orquesta de estas características, pero me produce rechazo el formato: tocar cosas ligeras y cortas,  de consumo fácil, que estén en la mente de todos los aficionados, buscando la emoción visceral y el aplauso inmediato yo no lo compro. Finalizado el concierto me quedé con la sensación de haberme pegado un atracón en un restaurante tipo buffet con una gran variedad de platos queriendo probarlos todos, aunque sea de Estrellas Michelín. La digestión no es fácil. En muchas ocasiones menos es más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 14 de marzo de 2019

La fuerza de John Williams



Film Symphony Orchestra: Especial John Williams. Teatro de la Laboral,
viernes, 8 de marzo, 2019.

La propuesta de Constantino Martínez-Orts lleva meses agotando entradas por distintos escenarios españoles. El director de la “Film Symphony Orchestra” ha dado con la clave para conquistar a un público de lo más diverso y que todos los asistentes salgan satisfechos después de  escuchar a una orquesta sinfónica durante más de dos horas. Lo tenía fácil, tan sólo tuvo que formar una joven orquesta de buenos músicos e interpretar bandas sonoras de John Williams. Este formato funciona desde hace décadas en Estados Unidos y en otros países anglosajones, y el éxito se debe a que las piezas son cortas y están en nuestras cabezas. Quién no ha escuchado alguna vez la banda sonora o tan siquiera la melodía  de películas como Star Wars, Jurassic Park, JFK, Indiana Jones, Tintín, Memorias de una Geisha, La Terminal…Dieciocho películas sonaron en el Teatro de la Laboral y, además, hubo concurso online, personajes disfrazados y muchos detalles para convertir una noche sinfónica en un espectáculo de entretenimiento y diversión.


Impregnaron el auditorio de energía positiva interpretando  una de las especialidades de Williams: la fanfarria. “Olympic Fanfare and Theme”, creada para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984), fue dirigida con ímpetu sin llegar a extraer toda la fuerza del viento-metal que requiere este tipo de piezas, sin embargo, destacó ampliamente la sección de viento-madera. La sutileza de la flauta solista y la cuerda grave fue lo más destacado durante la interpretación de “Dartmoor 1912” de la película “War Horse”, una partitura de estilo pastoral que rinde homenaje a grandes compositores británicos como Vaugham Williams, Eliot Gardiner o Edward Elgar. Muy destacable la interpretación de una pieza del final de “Encuentros en la tercera fase”: para ilustrar musicalmente la comunicación entre los humanos y los extraterrestres,  Williams se sirvió de un lenguaje textural complejo para sostener un leitmotiv de cinco notas.


Tras la pausa hubo concurso a través de una app: los espectadores tenían que adivinar diez fragmentos que sonaron durante diez segundos para ganar un viaje a Hollywood. Desconozco el resultado de los acertantes, pero melodías como Casablanca, La Pantera Rosa o Juego de Tronos, entre otras, rompieron la dinámica del concierto y dieron paso a la segunda parte.  Sonaron partituras muy interesantes como “Las Cenizas de Ángela”, con la que se rindió homenaje a las mujeres por ser 8 de marzo. El concertino Manuel Serrano se lució con la adaptación musical de “El violinista del tejado”, y la sección de percusión brilló con la marcha diabólica de “Las brujas de Eastwick”, una partitura muy del estilo de otro de los grandes de Hollywood: Danny Elfman.


Para finalizar una de las bandas sonoras más influyentes de la historia del cine, en la que cada personaje y cada objeto tenía su leitmotiv: Star Wars. La “fuerza” acompañó a la orquesta en una Interpretación magistral de la escena en la que la princesa Leia condecora a Han Solo y Luke Skywalker tras destruir la Estrella de La Muerte. Algunas espadas láser se encendieron entre las butacas y el público se entregó a un entusiasmado aplauso que tuvo su recompensa. La orquesta, en actitud divertida y con espadas láser en mano (los arcos de violines y chelos) volvió a escena para interpretar la solemne “Marcha imperial” y la divertida “Cantina Band”. Sin duda, un éxito que marcará tendencia.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España