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jueves, 26 de agosto de 2021

Ospa en Camín: la OSPA en versión orquesta de cámara

 


“Ospa en Camín”. Teatro de la Laboral, martes 24 de agosto, 2021. 


“OSPA en Camín” es el título de la gira que realizan varios componentes de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias para conmemorar el año Xacobeo 2021. Formada para la ocasión como orquesta de cámara con once músicos -un contrabajo, dos percusionistas, dos oboes, dos contrafagot, dos trompas y dos clarinetes-, capitaneados por el contrafagot John Falcone, alegró la tarde a los aficionados a la música clásica tan escasa en el periodo estival. 


Para comenzar, una interesante partitura de Mozart compuesta en 1782 para octeto de vientos, la “Serenata nº 12 para vientos en do menor K. 388”, la cual difiere sustancialmente del resto de serenatas por su carácter serio y sinfónico alejado de divertimentos y ligerezas. La obra se estructura en cuatro movimientos, comenzando con un prodigioso Allegro inicial cargado de dramatismo que fue abordado por la orquesta con timbres contrastantes muy firmes en definición. El resto de los movimientos fue un paseo para los componentes de la orquesta acostumbrados a interpretar partituras del de Salzburgo. Muy brillantes estuvieron en el Allegro final en forma de variaciones, destacando la dificultad de la particella del contrabajo que fue interpretada por Francisco Mestre con gran soltura.

 

La segunda obra de la tarde fue un arreglo de la Suite para Orquesta del Ballet “Romeo y Julieta” de Prokofiev. Para la ejecución se incorporaron dos percusionistas que contribuyeron a engrandecer el marcado ritmo que requieren las danzas y las trifulcas entre montescos y capuletos para que las melodías de oboes y clarinetes fluyan. La interpretación de los cinco movimientos estuvo fantástica, a pesar de que esta obra se acostumbra a escuchar con una orquesta de mayores dimensiones y, por lo tanto, con más contundencia. 


De la música rusa se fueron a Estados Unidos con una selección de temas muy conocidos de la ópera “Porgy & Bess”, compuesta por Gershwin y arreglos de A. Skirrow.  La selección era muy apropiada para la ocasión, comenzando por “Summertime” que siempre gusta en cualquier versión y, aunque esta formación está más ducha en interpretar obras de carácter europeo supieron aproximarse livianamente al feeling que requieren estas composiciones. Quizás, que John Falcone sea americano ayudó algo. El caso es que da gusto escuchar esa música por estas latitudes y el escaso público que se congregó quedó encantado reclamando más. La orquesta volvió a ocupar el escenario para interpretar el conocido “Easy Winner” de Scott Joplin, en un fantástico tempo muy alegre y divertido.


Para finalizar, como segunda propina pudimos escuchar uno de los mejores arreglos que se hayan hecho de “Asturias patria querida”. La partitura está creada por el asturiano Daniel Sánchez, presente en la actuación  y clarinete bajo principal de la OSPA y, sin duda, merece la pena reparar en ella. Todos los acordes, desde el primero hasta el último (el penúltimo sobremanera), están muy bien pensados. Esperamos escuchar más veces esta versión (y con más vueltas mejor), y también a esta singular orquesta de cámara. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 17 de marzo de 2020

OSPA: La trompa en primera línea



Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA), programa Horizontes II. Andrews Grams (director), Javier Molina (trompa). Teatro Jovellanos, jueves 27 de febrero

La trompa  tradicionalmente está relegada a ocupar  las últimas filas en una formación sinfónica.  Es un instrumento que pasa desapercibido entre la masa orquestal y pocos compositores han dedicado su talento a escribir obras para trompa y orquesta,  destacando Mozart, que escribió nada menos que cuatro conciertos, así como Anton Weber o Emmanuel Chabrier, entre otros. En esta ocasión la interpretación del "Concierto para trompa nº 1 en mi bemol mayor, op.11", compuesta por Richard Strauss, fue la excusa perfecta para que el alicantino Javier Molina, trompa solista de la OSPA desde junio de 2016, se situara en la primera línea del teatro Jovellanos y nos diera la posibilidad de contemplar la belleza y las capacidades de este instrumento tan peculiar. 



Detrás de esta composición de Richard Strauss hay todo un culebrón familiar que daría rienda suelta a los más inspirados novelistas. El caso es que el compositor conocía muy bien el instrumento, ya que su padre -Franz Strauss-, fue un prestigioso intérprete del mismo y del que Wagner afirmó “Strauss es un tipo detestable pero cuando toca la trompa uno no puede odiarlo”. Richard quiso dedicar a su progenitor la obra por su sesenta cumpleaños pero no la finalizó a tiempo y una vez terminada su padre la rechazó.  En conclusión, la rivalidad entre ambos dio lugar a ríos de tinta y la dedicatoria fue a parar a otro gran trompista, Oscar Franz

Una de las mayores dificultades de la obra es el control de la dinámica entre el instrumento solista y la orquesta y Javier Molina interpretó la obra con responsabilidad, entusiasmo y sin titubear, manteniendo el pulso con la orquesta de tú a tú. Se llevó una buena ovación, tanto del público como del resto de integrantes de la OSPA y nos deleitó con una propina junto con sus cinco compañeros de sección, que dieron muestras de cariño y respeto hacia el protagonista de la noche.

La batuta corría a cargo del americano Andrew Grams, que abrió el concierto con la suite sinfónica “Printemps” de Claude Debussy, inspirada en la obra “La Primavera” de Botticelli. Si la pintura está cargada de simbolismo y preciosistas detalles, la partitura no lo es menos. Siguiendo la línea de Debussy, esta composición tiene múltiples colores, formas y sutilezas que requiere muchas escuchas para captar toda la belleza. Es de esas obras que en cada interpretación se descubre algo nuevo, al igual que en la pintura. La dirección vigorosa de Grams, que además de las manos y la batuta dirige con todo su cuerpo en movimiento, favoreció una interpretación solvente.

La velada terminó con la interpretación de la “Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78”, para órgano de Camille Saint-Saëns, de quien Franz Liszt dijo que era "el más grande organista del mundo" y Wagner catalogó como "el más grande compositor francés vivo". Un prodigio de obra que Grams dirigió de forma enérgica, permitiendo por momentos escuchar casi de forma individual a cada una de las secciones orquestales, hasta llegar a la coda final con un derroche de energía.

Si tenemos en cuenta que Saint-Saëns a principios del siglo XX se mostraba en contra de las influencias de Debussy y de Richard Strauss, no deja de ser curiosa la elección del programa al unir a estos tres compositores en una misma velada. Pero la OSPA no deja de sorprendernos.  



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



lunes, 24 de febrero de 2020

OSPA: Expectativas cumplidas



Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA): Programa “Reflejos II”. Carlos Miguel Prieto (director), Ning Feng (violín). Teatro Jovellanos, 20 de febrero. 

Había expectación por volver a escuchar en el Teatro Jovellanos al virtuoso violinista Ning Feng y su Stradivarius fabricado en 1721. Para la interpretación del ambicioso programa “Reflejos II” que ofrece la temporada de la Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA), además de Ning Feng pudimos contar con uno de los directores más internacionales, el mexicano Carlos Miguel Prieto, una de las batutas más prestigiosas de la música sinfónica y descendiente de abuelos asturianos. Por algo se siente cómodo frente a la OSPA.

Para preparar la llegada de Ning Feng, el director quiso deleitarnos con las pintorescas sonoridades de  “Janitzio”, un poema sinfónico compuesto en 1933 por el también mexicano Silvestre Revueltas, que representa una crítica a la industria turística de la isla, cuyo nombre da título al poema y la más importante del lago Pátzcuaro, al que Revueltas se refirió en alguna ocasión como “asqueroso”.  La concepción del poema (no la forma ni la estructura), recuerda a “La Valse” de Ravel (1919), quien fue capaz de reflejar el deterioro mental de una burguesía que bailaba al ritmo de los valses de Strauss mientras Europa se sumía en la más absoluta decadencia. Tanto Revueltas como Ravel introducen disonancias orquestales y colores chocantes que ejemplifican perfectamente lo que quieren transmitir.

La batuta de Carlos Miguel Prieto sumergió a la orquesta a ritmo de vals, transitando por las distintas secciones orquestales  que iban afinando y desafinando, cumpliendo rigurosamente con las notas y las figuras escritas en la partitura, hasta el punto de que podíamos percibir el deterioro y el mal olor del lago.  Una delicia poder escuchar esta partitura tan escasamente interpretada.

Dejamos México para sumergirnos en la Hungría natal de Karl  Goldmark y su “Concierto para violín nº 1”, de la mano de Ning Feng. Goldmark fue un violinista extraordinario y, por lo tanto, conocía todos los recónditos sonoros que se pueden extraer del violín. Ahí estaba Ning Feng para sacarle partido a esta magnífica obra y llevar al público al éxtasis sonoro. La OSPA en pleno y especialmente la sección de cuerda se ponía las pilas para dialogar con Feng hasta lograr darle forma a una gran obra llena de dificultad y belleza. El violinista, por su parte, nos dejaba atónitos en las butacas al interpretar sus partes solistas de manera impecable. La ovación final no cesaba, hasta el punto de extraer de Feng dos propinas: una variación sobre “God save the King” de Paganini y “Recuerdos de la Alhambra” de Tárrega. Tremendo violinista. 

En la segunda parte se interpretó la “Sinfonía nº 1 en la bemol” de Edward Elgar, de una gran belleza melódica. Si a Goldmark se le atribuye un gran talento melódico Elgar no se queda rezagado, puesto que es una cualidad en la que siempre han destacado los británicos. La partitura de Elgar es minuciosa y Carlos Miguel Prieto supo sacarle todo el partido a la orquesta para que brillaran esos matices tan profusos en la composición, desde los pasajes más sensibles hasta los momentos más  apoteósicos. Gran obra, gran dirección y gran orquesta. Aplausos fervientes para un magnífico programa y una brillante interpretación de la OSPA que logró satisfacer las expectativas del público, una vez más. 

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 16 de mayo de 2019

La sonoridad más romántica de la OSPA

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hans Graf (director), Leon McCawley (pianista). Teatro Jovellanos, jueves 9 de mayo.

Estupendo y bien vertebrado programa ofreció la OSPA, bajo el título “Legados”; perfecto para constatar el gusto del público del Teatro Jovellanos en torno al Romanticismo en todo su esplendor, con obras de Brahms y Schumann. Como director invitado uno de los grandes, el austriaco Hans Graf que fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, del Mozarteum de Salzburgo o de la Houston Symphony y cuenta con numerosas distinciones y premios en su larga trayectoria.  Para completar el programa contamos con uno de los pianistas más importantes del panorama actual, el británico Leon McCawley, experimentado en el repertorio romántico y clásico.

El concierto abrió con la ”Obertura Trágica Op. 81”, una obra en forma de sonata con mucho trabajo temático, compuesta por Johannes Brahms durante el verano de 1880  y estrenada al año siguiente por el propio compositor. Esta peculiar obra se caracteriza por su gran belleza oscilante entre el drama, la tristeza y la pasión más exacerbada. Hans Graf llevó la batuta con firmeza en una interpretación brillante, tan solo ensombrecida por el comportamiento de parte la butaca del Jovellanos, que estuvo especialmente ruidosa entre toses, caídas de objetos varios y el prolongado y molesto crujir de los envoltorios de los caramelitos. Por lo demás exquisita.

El pianista Leon McCawley fue el protagonista de la noche dejando al público impactado con su magistral interpretación del “Concierto para piano en la menor, Op. 54” de Robert Schumann. La obra, estrenada en 1846 por la gran pianista Clara Schumann como intérprete solista, está dotada de gran lirismo y sensibilidad, con marcada ausencia de virtuosismo, compuesta en una época en la que las modas dictaban todo lo contrario. No confundir virtuosismo con dificultad: la obra es de gran dificultad y sólo al alcance de grandes pianistas como McCawley. El primer movimiento, basado en la “Fantasía” escrita unos años antes para su reciente esposa, fue interpretado con agilidad y gran expresividad. La animada cadencia final de este primer movimiento desató la pasión entre el público presente provocando numerosos aplausos, por otra parte bien merecidos y acertados en contra del estricto protocolo social que impide aplaudir entre movimientos. ¿Por qué no? Los dos movimientos siguientes se desarrollaron de manera impecable en las manos de McCawley. El director por su parte, mantuvo un perfecto equilibrio entre los fragmentos pianísticos y los desarrollos orquestales de manera que todo fluía correctamente, dando como resultado una gran interpretación por parte de todos y una gran ovación por parte del público.   



La segunda parte del programa estaba dedicada a la interpretación de la “Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68”  de Brahms, o la “Décima” de Beethoven tal y como la denominó el director y compositor Hans von Bulow. Intenso trabajo por parte de Graf en la dirección de orquesta de principio a fin, pero especialmente en el segundo y el tercer movimiento en contraste con la tensión del Allegro inicial. La obra finalizó con la cadencia al estilo de Beethoven  y se llevó una gran ovación de un público que agradeció la sonoridad del romanticismo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 22 de abril de 2019

OSPA: Música apropiada para la Semana Santa



Concierto Extraordinario de Semana Santa: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Rossen Milanov (director), Ewa Tracz (soprano, Mireia Pintó (mezzosoprano), David Menéndez ( barítono). Teatro Jovellanos, 11 de abril.

La elección de dos obras creadas en el siglo XX para celebrar el “Concierto Extraordinario de Semana Santa”  no consiguió despertar la curiosidad del público y la butaca del teatro Jovellanos se quedó a medias, aunque el anfiteatro casi se llenó. Y es una verdadera lástima, porque un concierto de esa magnitud necesita un gran despliegue de medios y de recursos: gran parte de los componentes de la OSPA, el Coro de la Fundación Princesa Sofía y tres cantantes solistas de gran nivel; casi había más personas en el escenario que en la butaca. También hay que decir que entre las dos obras musicalmente no llegan a la hora de duración y eso es algo negativo a la hora de pagar una entrada.  Aún así, es triste que el público no sepa apreciar la calidad musical que tenemos en Asturias.


“Los Improperios” de Federico Mompou fue la primera elección del concierto, una de las grandes obras maestras del compositor catalán basada en los versículos que se cantan en el oficio del Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. La carga dramática del texto que narra los reproches de Dios al pueblo de Israel por haberle llevado a la crucifixión, fue musicada por Mompou de manera sublime, cargada de contrastes y armonías expresivas sobre las que se dibuja una gran belleza melódica. El preludio orquestal dio paso a la voz de David Menéndez como barítono solista, con un precioso timbre y magistral dominio de la voz, sobre todo en las secciones más piano. El coro sublime en las respuestas y apoyado por la orquesta, cuya labor en esta ocasión es enfatizar el texto de las voces.

Para la segunda parte se escogió “Stabat Mater” de Karol Szymanowski, una obra que significó un cambio ideológico en el compositor polaco y está basada en la secuencia del siglo XIII que expresa el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo. Las tres voces solistas (soprano, mezzo y barítono) se repartieron el protagonismo, siendo la más destacada la soprano Ewa Tracz,  en cuya biografía cita haber obtenido el doctorado como cantante solista en la Academia K. Szymanowski: este dato corrobora el acierto al seleccionar a la soprano para un papel tan significativo. Mireia Pintó también estuvo magnífica en su papel de mezzosoprano, al igual que David Menéndez. El coro muy comedido y bien afinado, se encargó de darle sentido a la carga emocional que requiere tan magnífica obra y brilló en el cuarto número “Hazme contigo llorar”. Muy equilibrada la dirección coral con la dirección orquestal a cargo de Rossen MIlanov, al que siempre destacamos por su elegancia a la hora de dirigir.

El poco público presente correspondió gratamente ovacionando dos obras breves y con sonoridad del siglo XX, pero dos obras magníficas y muy apropiadas para adentrarnos en el significado de la Semana Santa.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 25 de marzo de 2019

La OSPA se sumerge en el siglo XX

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA): “Lenguajes propios I”. Teatro Jovellanos, 21 de marzo, 2019.

Los aficionados a la música clásica han experimentado dos conciertos consecutivos  en el teatro Jovellanos de lujo. El miércoles con el “Trío Wanderer” y su interpretación de los maravillosos tríos de Franz Schubert y el jueves con tres obras del siglo XX de tres compositores singulares: Lutoslawski, Bartok y Sibelius.

Béla Bartók  inspiró al polaco Witold Lutoslawski para componer  “Música fúnebre” y la OSPA la interpretó por primera vez, en esta ocasión dirigida por el suizo Baldur Brönnimann. La obra estructurada en tres movimientos contrapuntísticos, atraviesa momentos de tensión y pasadizos sinuosos que Brönnimann supo conducir con dinámicas oscilantes muy contenidas. Gran obra y gran dirección de orquesta, con la sección de cuerda como protagonista.  

Para la interpretación del  “Concierto para piano nº 3” de Béla Bartók -última composición cuyos diecisiete compases finales fueron completados por su alumno  Tibor Serly, tras la muerte de Bartók-, se contó con un pianista excepcional: el ucraniano Vadim Kholodenko. Obra de difícil ejecución por las exigencias rítmicas y la colorida orquestación que requiere, el primer movimiento destacó por el ensamblaje de la orquesta en diálogo con el piano. Si en el segundo movimiento quedó de manifiesto  la gran sensibilidad de Kholodenko fue en el Allegro Vivace donde el pianista invadió nuestros oídos con su vitalidad y energía, destacando con gran precisión los fraseos virtuosísticos. El buen entendimiento entre el pianista y el director de la orquesta propició una versión fantástica de la magistral obra de Bartók, estrenada en 1946. Hasta los miembros de la OSPA le rindieron una estruendosa ovación al pianista que fue correspondida con propina, interpretando una pieza de Henry Purcell.

Tras la pausa, para terminar la “Sinfonía nº 3 en do mayor” de Jean Sibelius, una obra estrenada en 1907 y menos interpretada que otras del mismo autor. La aparente sencillez de la obra es engañosa, quizás por estar más alejada del Romanticismo que sus anteriores sinfonías. Estructurada en tres movimientos es el Moderato-Allegro el que más destaca por su fusión de  un Scherzo y un Finale, con un tema claramente recurrente. El director consiguió extraer de la OSPA una interpretación clara y diáfana con un marcado pulso que trascendió por momentos de viva intensidad. Muy bien la dirección y muy bien la elección del programa dedicado íntegramente al siglo XX.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



jueves, 24 de enero de 2019

OSPA: Estreno contemporáneo sin demasiado brillo

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Concierto “Mensajes ocultos”.
Teatro Jovellanos, jueves 17 de enero


Estamos ante la última temporada de Rossen Milanov al frente de la OSPA, y durante
estos siete años como director de la orquesta, aunque no ha llovido a gusto de todos,
ha tenido grandes aciertos. Uno de los más importantes ha sido apostar por estrenos absolutos
de obras de música contemporánea, como es el caso del “Concierto para violonchelo” del
cántabro (muy unido a Asturias) Israel López Estelche, que tuvo lugar en el teatro Jovellanos
ante una butaca expectante.

El concierto fue dedicado al fallecido Vicente Álvarez Areces y, tras un minuto de silencio
 en su honor, sonaron las primeras notas de la Suite “Mi madre la Oca”,
inspirada en los cuentos de Charles Perrault. La obra es una de las partituras más refinadas
de Maurice Ravel y la interpretación de la OSPA, en esta ocasión con Elena Rey como
concertino, estuvo a la altura. A destacar la sección de viento en la pieza “El pequeño Poucet”
o la percusión en diálogo con las cuerdas de la fanfarria final de “El jardín encantado”.

Para el estreno del “Concierto para violonchelo” se contó con la presencia del chelista alemán
(de origen español) Adolfo Gutiérrez Arenas: un artista internacional implicado en la
composición de López Estelche, contribuyendo así a la fluidez de ideas y al pulido
técnico- interpretativo, según palabras del propio compositor. La partitura es de muy difícil
interpretación, al abarcar una gran variedad de técnicas diferentes en el chelo y Gutiérrez
Arenas estaba sobrado en el dominio de éstas. Sin embargo, aunque la obra cuenta con
numerosas buenas ideas, la sensación final se queda en un alarde de técnica: los distintos
motivos esgrimidos a lo largo de la pieza son difuminados constantemente sin acabar de
cohesionar. Al no conocer la obra previamente (por eso es un estreno) no queda clara la
implicación de la orquesta. No sabemos si simplemente se limitaron a tocar las notas escritas
como quien lee una lista de la compra o si la composición falla en coherencia orquestal.
La cuestión es que, en ocasiones, no transmitía unidad. Algunos pasajes sonaron
espectaculares, por ejemplo, el final del primer movimiento, el lirismo del chelo en el
segundo movimiento o la densidad en la cuerda grave en algunos fragmentos. A pesar
de que no haya salido redondo, según mi percepción, es de aplaudir la iniciativa al atreverse
a componer música contemporánea, tan poco consolidada entre los oídos de un público
mayoritariamente decimonónico, en cuanto a música académica se refiere. Sin duda,
a este compositor le espera un futuro prometedor, es cuestión de tiempo.


Para finalizar, la orquesta se lució con “Variaciones Enigma” del compositor Edward Elgar,
donde predominó la emoción melódica de la sección de cuerdas. Un gran final de concierto
que fue muy ovacionado por el numeroso público asistente.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 12 de junio de 2018

OSPA: Despedida de Calidad


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OSPA. Teatro Jovellanos. Jueves, 7 de junio.

Con un programa capaz de aunar  calidad a raudales y comercialidad, resulta inexplicable la poca afluencia de público al concierto de despedida de la temporada de la OSPA  en el Teatro Jovellanos.  Es cierto que el programa anunciaba el estreno  absoluto del “Concierto para violonchelo” de  Israel López Estelche  y que, por razones ajenas a la orquesta –según se informó-, el programa se cambió. Ahora bien, seguro que la obra del compositor cántabro hubiera sido un concierto de gran calidad pero las propuestas de sustitución son más que justificadas para llenar un auditorio:  “El Moldava” de Smetana  y la “Obertura- Fantasía” de Romeo y Julieta del compositor Chaikovsky. 

Para empezar la OSPA, como si de un Drone se tratara,  nos agarró por la nuca con suavidad y nos trasladó a la selva de Bohemia, para ver cómo nacen los dos afluentes del río Moldava, a través de unas serpenteantes melodías de las flautas por un lado y los clarinetes por otro, sostenidos por unas cuerdas juguetonas. Presenciamos el encuentro de los dos ríos a  través de una melodía reconfortante y difícil de olvidar.  Esta bella melodía se diluía por momentos: cuando nos alejamos un tanto del río para contemplar una escena de caza, con los metales a pleno rendimiento, o cuando presenciamos una boda campestre y nos apetecía sumarnos a la fiesta y ponernos a bailar. Después de pasar una noche jugando con las ninfas vivimos momentos intensos, con las percusiones a pleno rendimiento, en los rápidos cuando el agua choca con violencia  contra las rocas y cuando vuelve a aparecer el tema principal, un tanto modificado, para festejar la llegada del río a la ciudad de Praga.  Todas estas vivencias y otras más, fuimos capaces de imaginar,  gracias a una fantástica interpretación de la orquesta y una elegante dirección, como siempre, de Rossen Milanov. 


Tras los merecidos aplausos llegaba la segunda obra. No hay duda de que las tormentosas vivencias de Tchaikovsky dieron lugar a una intensa manera de comprender el drama de Shakespeare y de ahí surge esta Obertura- Fantasía. El amor, la muerte y las luchas de poder en torno a Romeo y Julieta son interiorizados por el compositor capaz de plasmar en la partitura toda esa intensidad en forma de desgarradoras melodías, que son ensombrecidas por momentos de tensión, que vaticinan poco a poco el drama final de la obra. De nuevo Rossen Milanov supo captar la esencia de la partitura de Tchaikovsky y plasmar toda la intensidad en su interpretación. 

Tras el descanso pudimos escuchar el carácter alegre y juguetón de la “Obertura op. 24” de  “Colas Breugnon”, cuyo compositor, Dimitri Kabalevsky, es uno de los inmerecidamente casi olvidados del siglo XX.  Una obra basada en la novela homónima de Romain Rolland, cuya Suite para Orquesta, -compuesta posteriormente a la ópera inicial- bien merece ser representada  en su totalidad. 

Para cerrar el concierto la “Sinfonía nº 6” de Shostakovich, una obra de estructura un tanto diferente y, quizás por ello, menos interpretada que otras del autor, como los “Cuartetos de Cuerda” o la emblemática “Sinfonía Leningrado” pero, sin duda,  de gran calidad artística.  El “Largo” del primer movimiento tiene una densidad armónica conmovedora, que contrasta con la riqueza rítmica del segundo movimiento, con pasajes de diálogo entre el viento-madera y la cuerda, y terminando de forma súbita. El último movimiento de carácter alegre y saltarín es un magnífico cierre de obra y también de temporada de OSPA, que se despide con la satisfacción de haber ofrecido un repertorio de gran altura a lo largo del año. Sin duda, quedamos ansiosos de conocer la programación de la próxima temporada.


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España