viernes, 16 de noviembre de 2018

Carmen Souza: Jazz comercial con gran calidad

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Carmen Souza & Theo Pascal Creology Tour 2018. Festival Jazz Gijón. sábado, 10 de noviembre.

El cartel más comercial y capaz de atraer a un público heterogéneo al teatro en esta edición del Festival “Jazz Gijón” era Carmen Souza, sin duda. De origen portugués y ascendencia caboverdiana, fue etiquetada como “Best Jazz Singers” (2013) por la Radio Nacional Pública de Estados Unidos, una categoría bien merecida a raíz de lo escuchado en el Jovellanos. Carmen Souza no es sólo una gran instrumentista vocal capaz de abarcar tesituras amplias y controlar perfectamente la emisión de aire buscando sonidos y resonancias distintas a la proyección natural.  Souza cuenta con buenos músicos y buenas canciones que están construidas desde la reflexión y el conocimiento, fusionando jazz contemporáneo con ritmos brasileños y africanos.

Acompañada con su guitarra comenzó con “Xinxiroti” en alusión a un pájaro que cantaba todos los días cada vez más alto. Un tema lento con un final muy original para dar paso a la bossa nova “Song for my father” y  “Cape Verdean blues”, composiciones del gran pianista Horace Silver que influenció a una gran cantidad de primeras figuras del jazz contemporáneo. Carmen demostraba su dominio del scat con largas improvisaciones perfectamente afinadas. Los músicos acompañantes (bajo, batería y saxo) evidenciaban su calidad, destacando sobremanera Theo Pascal que alternaba el contrabajo y el bajo eléctrico y es autor de gran parte de las canciones de Carmen Souza.

Alternando la guitarra con el piano la cantante portuguesa conquistó a los más escépticos con la  samba “Upa Neguinho” y la presentación en idioma portuñol de la morna caboverdiana a ritmo de jazz “Magia Ca Tem“: un bonito tema lento con una armonía compleja y una buena improvisación del saxofonista británico Quinn Oulton. El público se lo pasaba en grande cantando el coro de “Ligria”, dando contestaciones al alegre “Code” o disfrutando del precioso tema “Moonlight Serenade”, con un acompañamiento de bajo excepcional.


Gran ovación se llevó el saxofonista por la improvisación de “Thursday”, tema con el que despidieron el concierto.  Aún faltaba el bis “África” y el público se puso de pie dispuesto a bailar en sus butacas y corear el estribillo con palmas hasta  que se fundieron en un gran aplauso.


Carmen Souza no sólo canta bien, tiene muchas tablas y se hace querer por su simpatía y su saber hacer. Se rodea de muy buenos músicos capaces de defender un repertorio difícil y muy bien seleccionado, con constantes cambios de ritmo para que la emoción no decaiga.  Una gran profesional que supo ganarse al público de Gijón a base de jazz comercial y de mucha calidad.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Portico Quartet: Rompiendo barreras sonoras

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Portico Quartet. Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes 9 de noviembre.

Portico Quartet es una propuesta diferente para un festival de jazz como el de Gijón,
sin embargo, necesaria para romper barreras y salir del estancamiento. La taquilla del teatro Jovellanos no logró atraer a los más puristas del jazz y se quedó con media butaca. Éramos pocos pero disfrutamos de un concierto tocado por buenos músicos, capaces de recrear los oídos con sonoridades exquisitas. Esta banda británica lleva más de una década explorando  y creando atmósferas sonoras que bien podrían haber encajado en el Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón (L.E.V.), pero que también encajan en un festival de jazz por la creatividad y por la técnica improvisada de cada uno de sus componentes.

Abrieron con “Double Space”, un tema que comienza con notas tenidas en el contrabajo tipo silent en las manos de Milo Fitzpatrick, al que se sumó rápidamente una capa sonora a base de platos del batería y líder Duncan Bellamy. Jack Wyllie, con una gran dosis de reverberación en el saxo soprano, aportaba las frecuencias agudas con arpegios y melodías abiertas. Para completar el cuarteto se sumaron los teclados de Keir Vine, sumergiéndonos en un ambiente a medio camino entre Brian Eno y  las últimas tendencias de Hans Zimmer con sus creaciones para la trilogía de Batman. De hecho, algunos pasajes recordaban al tema “Why so serious?”, tema leitmotiv del “Joker” en la primera entrega de Christopher Nolan.

Una de las características del sonido de este cuarteto es la utilización del Hang Drum, ese instrumento de percusión suizo tan cotizado por su capacidad hipnótica -y difícil de adquirir, salvo imitaciones-, que se suele tocar golpeando con los dedos en las hendiduras afinadas en escalas no cromáticas, pero Keir Vine lo hace con las mazas y da un peculiar sonido. Varios temas como “Current History”, “Isla” o “A Luminous Beam” impactaron por la buena técnica de los cuatro músicos, por la sonoridad de los dos Hang, por los cambios de dinámica tan bruscos, por los juegos con las panorámicas en el estéreo o las creaciones de loops y las manipulaciones del sonido en directo.  Pero lo más destacable de la banda son las polirritmias con las que juega el batería: virtuosismo exquisito y matices extraordinarios lo convierten en el mejor músico de la banda.

El poco público presente agradeció la experiencia sonora al cuarteto con una gran ovación y “Portico Quartet” dejó para el bis “Clipper or line”, un tema de lucimiento de los cuatro músicos que demuestran tener una gran técnica y una capacidad creativa, que parte del jazz y abarca una paleta sonora difícil de enmarcar en un solo estilo.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

sábado, 27 de octubre de 2018

Carvin Jones: Ya lo decía Eric Clapton

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Carvin Jones Band. Sala Memphis Live Music. Jueves, 25 de octubre


Algunas revistas famosas y prolíferas en rankings sobre guitarristas del mundo han situado a Carvin Jones como uno de los cincuenta mejores. Puede ser cuestionable la objetividad de estas listas y siempre surgen preguntas sobre quién las hace, con qué criterios, con qué objetivo, qué discográficas hay detrás, etc. Claro que si el mismísimo Eric Clapton es el que se manifiesta otorgándole una buen posición en alguno de los rankings gana  credibilidad. Lo más objetivo es situarse frente al artista y que cada uno saque sus propias conclusiones. Para comprobar el caso de Carvin Jones tuvimos la oportunidad de asistir a uno de sus directos en la sala Memphis, en la presentación de su último trabajo “What a Good Day”.


Desde las primeras canciones captamos una sonrisa permanente, cara de disfrute y transmisión de buen rollo a un público que abarrotaba la pequeña sala y que quería escuchar al guitarrista de Texas acompañado de un batería y un bajista, su formación habitual. En poco más de una hora disparó un buen set de canciones propias a base de buen blues, rock and roll y alguna balada, intercalando éxitos muy conocidos como “Johnny B. Goode” de Chuck Berry. Todo bien tocado, bien estructurado y con un sonido aceptable.



De voz no va muy sobrado, sin embargo tiene un timbre que engancha y apetece seguir escuchando tema tras tema. Pero el público estaba allí para escuchar los solos de guitarra y comprobar si es verdad que se parece a Jimmy Hendrix con las seis cuerdas, si tiene el toque de BB King o si habla de tú a tú con Steve Ray Vaugham, entre otros. Su exhibicionismo, a base de poses con la guitarra en la espalda, tirado por el suelo, atacando las cuerdas con los dientes o mezclándose entre el público, forma parte de su estilo heredado de otros grandes que lo implantaron primero. Y gusta mucho. Pero, ¿y si cerramos los ojos, dejamos a un lado el postureo y nos centramos en lo que toca? Pues va a ser que también gusta mucho. Los solos de guitarra a base de potentes distorsiones sobresaturadas, en ocasiones aderezadas con efectos de wah-wah y en otras con largas reverberaciones, cautivaron a los más exigentes. Hubo alarde de virtuosismo, fusión de escalas modales -no solo pentatónicas-  y dominio de múltiples técnicas como el tapping, bendings estirados al límite y resoluciones más que acertadas.


En definitiva, escuchamos a un guitarrista que tocó con los más importantes -Joe Cocker, Santana, Jeff Beck, Eric Burdon, Gary Moore, Albert Collins, etc.- ,estudió por los más grandes y se convirtió en uno de ellos a base de oficio. Porque Carvin Jones es un músico que, si puede, se sube cada día a un escenario para tocar. Y así es como se forja un buen guitarrista. Por mi parte suscribo la opinión de Eric Clapton.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 11 de octubre de 2018

Sutra: más que danza

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Ciclo “Danza Xixón 2018”. Sutra- Sidi Larbi Cherkaoui & Sadler's Wells London.
Teatro jovellanos, martes 9 de octubre.


“Sutra” es un espectáculo que no deja indiferente. No es solo una exhibición de saltos
y movimientos de gran dificultad realizados por casi una veintena de acróbatas  y un niño
como protagonista. Sutra cuenta una historia de vivencias y de forma de entender el mundo
espiritual de los monjes Shaolín, que gira en torno al espacio privado y colectivo de cada
individuo. Sutra no es solo una danza más, es un espectáculo que atrapa y provoca reflexión.
El Teatro Jovellanos inauguró el ciclo “Danza Xixón” con “Sutra”, idea de Sidi Larbi Cherkaoui,
uno de los mejores coreógrafos de la danza contemporánea actual, que lleva más de diez
años ofreciendo este espectáculo por todo el mundo. Cuenta el propio coreógrafo que creó
la danza a petición de los propios monjes y se inspiró en el personaje de Bruce Lee. La
puesta en escena resulta atractiva por los contrastes de luces en torno a ocres y grises y
por las dieciséis cajas de madera -creadas por el artista británico Anthony Gormley-, que
bien hacen las veces de muros, de ataúd, de camas, de puertas de un templo o de tablero
de ajedrez. Todo para dar lugar a la meditación o narrar escenas de la vida privada y pública
de un grupo de individuos. Los espacios cambian muy rápido, sin dar lugar al aburrimiento.
En cuanto a los danzantes, alternan la fuerza y rapidez de las katas de kung-fu con
movimientos suaves y fluidos en una representación de la naturaleza y del mundo animal
(serpientes, grullas, batalla de escorpiones, etc).
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Para completar la puesta en escena escuchamos una composición de Simón Brzóska
tocada en directo por cinco músicos -percusión, trío de cuerdas y piano-, parapetados
detrás de un telón semitransparente, permitiendo así vislumbrar a los ejecutantes pero
sin poder despistarse de lo que está ocurriendo en el escenario central, es decir, la danza.
La creación musical es de gran calidad, destacando las intervenciones de violín que
exprimen las posibilidades sonoras del instrumento. También hay dulces lamentos del
chelo, melodías de piano acompañadas y, sobre todo, ritmos de percusión acompasados
con el golpeo de las cajas en el suelo y alaridos de los bailarines que provocan la subida
de adrenalina del público. Curioso es el fragmento en que se arrastran las cajas por el
suelo reproduciendo la sonoridad de una corriente de agua.  La composición musical
preciosa y bien ejecutada, sin embargo, nada que ver con el mundo oriental: la sonoridad
es totalmente contemporánea occidental, en su mayoría elaborada con escalas tonales;
lo más cercano al continente asiático que se escucha es algún pasaje que podríamos ubicar
en los países del este de Europa. No deja de ser una forma de establecer puentes de
conexión entre dos mundos, a priori, totalmente distantes.

En definitiva, un espectáculo que merece la pena ver y escuchar, para luego reflexionar.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 9 de octubre de 2018

Mike Farris: poco público para escuchar una gran voz

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Mike Farris & The Fortunate Few. Teatro de la Laboral, domingo 7 de octubre.

La calidad vocal del cantante Mike Farris no es equiparable a la cantidad de entradas vendidas para su concierto en el teatro de la Laboral: congregó a escasa media butaca de fans. Sin embargo, hay que decir que los pocos cientos de asistentes disfrutaron de uno de los  conciertos más interesantes que rodaron este año por Gijón. Mike Farris posee una voz prodigiosa y no escatimó ni un solo giro.

Comenzó puntual y tocó uno a uno los temas que conforman  su nuevo disco “Silver and Stone”, junto con su nueva banda “The Fortunate Few”, compuesta por Jordan Hymon (batería), Justin Ferwerda (bajo) y Bart Walker (guitarra). Con este trabajo, Farris regresa al rock-blues con toques soul de sus orígenes, más cercano a  “Screamin’ Cheetah Wheelies”, el grupo con el que se consagró como vocalista, alejándose bastante de la línea del gospel religioso y melódico de los anteriores discos que le llevaron a conseguir un Grammy en el 2015. Concretamente  su anterior trabajo, 'Shine for All the People', fue premiado como mejor álbum de raíces gospel. Quizás sus fans andaban despistados o quizás no les convenció el cambio de estilo, sin embargo, para mi gusto la banda gana con el cambio.
Temas largos y elaborados como “Are you lonely for me baby?”, con solos de guitarra cuidados y un fraseo vocal impecable pusieron al público en pie, respondiendo con los coros. Podríamos destacar la precisión instrumental de “Snap your fingers” o el tema dedicado a su esposa  “Let me love you baby”, tocado con gran sentimiento. También sonaron temas de sus discos anteriores con arreglos más cañeros y muy bien tocados.
 Las letras de Farris son, quizás, lo menos cuidado. Su inmersión el mundo de las drogas (que le llevó a la desesperación) y su posterior recuperación a base de experiencias en el mundo de la religión, da como producto unos versos que bien podría haberlos escrito un adolescente cualquiera: demasiado obvios . Pero como canta en inglés es fácil desconectar de sus letras y centrarse sólo en la música.


Sin duda, es un acontecimiento escuchar a este cantante en directo cuyo timbre en algunos registros recuerda mucho al ex de Deep Purple, Glenn Hughes. Los giros vocales, la amplia tesitura, la potencia, una afinación impecable y, sobre todo, buen gusto convierten a Mike Farris en uno de los mejores cantantes del género. Un buen concierto y un buen disco.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

Juan Pérez Floristán: un pianista con nombre propio

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Juan Pérez Floristán (piano). Teatro Jovellanos, miércoles 3 de octubre.
Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón

En la interpretación de música clásica es muy difícil destacar porque en cada ciudad hay músicos buenos. Por lo tanto, sobrepasar los niveles más exigentes hasta poder llegar a figurar en un cartel con nombre propio sólo está al alcance de unos pocos. El pianista Juan Pérez Floristán inauguró la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón en el Teatro Jovellanos interpretando tres obras de máxima dificultad y estilos dispares y demostró por qué puede actuar como solista.

Comenzó con “Música Ricercata” de Ligeti, una obra contemporánea en la que el compositor se impuso límites estrictos para explorar al máximo la capacidad compositiva, dentro del lenguaje tonal en la cultura húngara. La obra se divide en once piezas breves, comenzando por la primera con tan solo dos notas jugando con diferentes octavas, tempos e intensidades para exprimir al máximo las cualidades del sonido. En la siguiente pieza va añadiendo una nota más y así sucesivamente hasta llegar a la número once, una pieza de carácter contrapuntístico donde experimenta con toda la escala cromática. La creación es sublime por parte de Ligeti y la interpretación de Pérez Floristán magistral. Con una técnica impecable supo destacar el carácter expresivo de una partitura que tenía totalmente interiorizada. Sin duda, se merecía un gran aplauso, pero no dio lugar a ello porque Floristán decidió enlazar esta obra con la Sonata para piano nº 23 “Apassionata” de Beethoven, sin pausa. Sus tres movimientos se sucedieron sin titubeos, destacando la interpretación del segundo, un tema con variaciones en el que Pérez Floristán se sentía cómodo volando por encima de los arpegios a gran velocidad. Al finalizar la obra llegó el estruendoso  aplauso.

Tras la pausa escuchamos la interpretación de los diez “Cuadros de una exposición” de Musorgsky, una obra que musicaliza la forma en que vemos los cuadros de un museo, pasando de un cuadro a otro a través del “Promenade” (paseo) e inspirada en diez pinturas y dibujos de su amigo y pintor Viktor Hartmann. La obra es de gran dificultad por su carácter programático, representando diez “cuadros” diferentes entre sí. Por citar alguno, nada tiene que ver el primer cuadro “Gnomos”,  tétrico y misterioso, con el segundo más cantabile, “Il vechio castello”. También son bastante dispares “Tuileries”, que representa juegos de niños en un jardín o “La cabaña sobre patas de gallina” donde podemos escuchar a la malvada bruja Baga-Yaga triturar los huesos de los niños perdidos. Floristán demostró que conocía muy bien la obra y supo darle el carácter adecuado a cada cuadro. La ovación a su interpretación fue prolongada, hasta el punto de que se sintió con ganas de deleitarnos con la complicada danza número 3 de Ginastera.


Sin duda, pudimos escuchar a unos de los pianistas más brillantes del panorama español, avalado por el primer premio del Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea” (2015). Merecido tiene este gran premio, entre otros, y muchos más que llegarán, porque con sólo veinticinco años demuestra una gran calidad técnica y una capacidad musical del más alto nivel.  Un gran comienzo para la nueva temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Homenaje a Jesús González Alonso: Reivindicando lo nuestro

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Gala homenaje a Jesús González Alonso: Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 23 de agosto.


Rescatar nuestro patrimonio cultural y visibilizar a nuestros grandes es una tarea pendiente de la sociedad española, sin embargo, hay iniciativas que rompen la tendencia. Es el caso del Festival Internacional de Piano de Gijón que rinde homenaje a la figura de Jesús González Alonso, un gran pianista gijonés al que una muerte prematura (cuarenta y un años) frenó su vertiginosa carrera como intérprete. Ya desde el 2011 la organización del festival acierta al dar el nombre del pianista al festival, que cuenta con diecinueve ediciones y gana prestigio año a año. Una gran idea, sin duda.
Eventos como la gala ofrecida en el Teatro Jovellanos para conmemorar el treinta aniversario de su muerte, tienen una importancia crucial a la hora de reivindicar nuestro acervo artístico, el de todos los asturianos y, por extensión, el de todos los españoles. Para ello, una selección de alumnos  brillantes del festival interpretaron algunas de las obras más importantes de la carrera de Jesús González como intérprete.

Abrió la estadounidense Jojo Yan interpretando la virtuosa obra de Enrique Granados “Allegro de Concierto”, de la que Yan supo extraer el carácter intimista y mantener la línea melódica por encima del desarrollo de arpegios de gran velocidad. Técnicamente impecable y bastante cercana a la pasión interpretativa que requiere esta obra,  teniendo en cuenta la corta edad de la pianista.

Los cambios de tempo y el carácter jazzístico conseguido por la coreana Soyoung Jung en “Rhapsody in Blue” sorprendieron a los asistentes, que disfrutaron con esta obra tan genial. Gershwin fue un compositor muy importante en la trayectoria de Jesús González y por ello le dedicó parte del primero de sus discos. Como también pudimos disfrutar de la interpretación de Meta Cerv con “Ronda Serrana” de Oscar Esplá: las largas horas de ensayo quedaron plasmadas en esta actuación.  
El pianista Xiangyu Zhao interpretó con acierto las tres primeras piezas de la suite “Cuadros de Exposición” de Mussorgsky  y para finalizar el concierto pudimos escuchar una grabación de las dos últimas piezas de esta suite interpretadas por el propio Jesús González Alonso, “La cabaña sobre patas de Gallina”, más conocida por “Baba Yaga” y “La Gran Puerta de Kiev”.  Previamente ya habíamos podido comprobar la calidad artística de Jesús González Alonso, escuchando una grabación de “Albaicín” de Albéniz.


La elección de las obras para rendir homenaje al pianista fue un logro por la variedad de composiciones, de colores y de riqueza armónica que pudimos escuchar. Además, entre obra y obra la musicóloga Sheila Martínez nos narraba los hitos más importantes de la vida del compositor ilustrados con fotografías, contando, al final, con la presencia del pianista y director del festival José Ramón Méndez, que aportó el momento emotivo de la noche con sus batallas como alumno de González.  En definitiva, el homenaje a Jesús González Alonso estuvo muy bien contextualizado, con una buena selección de obras y magníficos intérpretes que convirtieron esta gala en una agradable velada reivindicativa de un gran artista gijonés.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Kobrin borda a Chopin

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Alexander Kobrin. Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro de la Laboral, lunes 20 de agosto.

Es difícil asistir a un concierto donde se puedan escuchar las tres sonatas de Chopin seguidas, pero el Festival Internacional de Piano de Gijón intenta ponerse en el ranking de festivales de primera línea y, para ello, cuenta con pianistas de primer nivel y de visión peculiar. Así fue en el Teatro de la Laboral con el pianista ruso Alexander Kobrin que hizo todo un alarde de buena técnica, de sensibilidad y de conocimiento sobre el compositor.
La interpretación siguió el orden cronológico de las composiciones y, aunque pueda parecer cosa menor abordar tres sonatas del mismo autor no lo es en el caso de Chopin. La No. 1 corresponde al Opus 4, es decir, su cuarta obra, compuesta cuando solo tenía dieciocho años y, por lo tanto, presenta cierto grado de inmadurez en relación a sus posteriores obras. No por ello es una composición fácil de ejecución, en Chopin no hay nada fácil, de hecho -propio de la juventud de un genio-, cuenta con pasajes escalísticos y saltos de octava endiablados donde se atragantan muchos pianistas. Alexander la interpretó con la misma facilidad que podría tocar una nana.

Nueve años después compone la Sonata No. 2, correspondiente al Opus 35 y en ese intervalo de tiempo Chopin ya había hecho aportaciones importantes y esenciales a las composiciones de piano, por lo tanto, esta obra presenta una evolución significativa en cuanto a madurez y originalidad.  A pesar de la poca calidad sonora que ofrece el Teatro de la Laboral para los conciertos de piano, la ejecución de Kobrin fue magistral en los cuatro movimientos de la Sonata, destacando el tercer movimiento, la famosa Marcha Fúnebre, que fue incluída como parte de la Sonata con posterioridad y por ello se conoce esta obra como “Sonata Fúnebre”. También es muy destacable el endiablado Finale que se sostiene en un perpetuum mobile cargado de tresillos muy difíciles de ejecutar.


Para finalizar la No. 3, (Op. 58), una de las obras más magistrales de Chopin donde la técnica está al servicio de la composición (a diferencia de la No. 1) y donde muestra un gran poder emocional y un compendio de logros técnicos y artísticos adquiridos a lo largo de muchos años. Si el Allegro maestoso y el Scherzo fueron ejecutados con solvencia fue en el tercer movimiento, Largo, donde Alexander desplegó toda su capacidad de emocionar, para luego dejar al auditorio con la boca abierta con su interpretación del endemoniado Finale.  Sublime. El auditorio se fundió en un largo aplauso obligando al pianista a saludar varias veces. Por su parte hubo una propina, tocando una pieza de Bach que el público agradeció de nuevo con cara de satisfacción por haber podido escuchar a un pianista de tan alto nivel interpretativo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


jueves, 23 de agosto de 2018

Noche mágica con Debussy

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Festival Internacional de Piano de Gijón. Jardín Botánico, sábado 18 de agosto

Una cálida noche de agosto, con la temperatura adecuada (ni frío ni calor) y un entorno precioso como es el Jardín Botánico, resulta perfecto para escuchar un concierto monográfico sobre Claude Debussy. El Festival Internacional de Piano de Gijón en su XIX edición, quiso rendir homenaje a uno de los más grandes compositores de todos los tiempos en conmemoración con el centenario de su  muerte. Para ello contó con cinco pianistas solistas y dos dúos a cuatro manos que ofrecieron pinceladas de la profusa obra pianística del compositor, abarcando algunas de sus distintas etapas.

La joven pianista Ariel Mo fue la primera en subirse al escenario, abordando tres estudios de gran dificultad pertenecientes a un corpus de veinticuatro estudios publicados en dos volúmenes,  que sintetizan la técnica de escritura y la complejidad armónica adquirida por Debussy en la etapa final de su vida. No hay evocación a imágenes o argumentos poéticos, es pura técnica al servicio de la interpretación pianística, y buena técnica es lo que demostró Ariel al interpretar los estudios No. 5, No. 10 y No. 11, dedicados a la memoria de Chopin. Aunque no son los más difíciles recordamos las palabras que Debussy manifestó a su editor Durand acerca de ellos: “Mis estudios causarían horror  a sus dedos”.

Era el turno para la pianista Stephanie Draughon que interpretó la obra más famosa del compositor para piano, “Claro de Luna”, correspondiente al tercer movimiento de la “Suite Bergamasque”. Una obra inspirada en un poema de Verlaine y asociada a la cultura impresionista en la que Stephanie supo captar la intención contemplativa, entre melancólica y sensual y transmitirla a un auditorio que expresaba su satisfacción a través de intensos aplausos. También muy aplaudida fue la interpretación del “Arabesque No. 2”, una pieza de juventud con predominio de escalas pentatónicas y trinos.

La coreana Soyoung Jung, a la que podremos volver a escuchar el próximo miércoles en el homenaje a Jesús González Alonso en el Teatro Jovellanos tocando la obra más conocida de Gershwin, Rhapsody in Blue, hizo gala de su conocimiento sobre Debussy y su inspiración en la naturaleza interpretando las tres primeras piezas de la obra “Imágenes”. En esta obra Debussy muestra una gran capacidad para sugerir sin nombrar a través de la música y su primera pieza, “Reflexiones en el agua” es una buena muestra de ello. Su interpretación fue exquisita, al igual que la pieza “Homenaje a Rameau”.  

Obras más fáciles fueron las interpretadas a cuatro manos por los hermanos Carmona Gómez y por el dúo Baik/ Hartmann. Aunque más fáciles igual de hermosas y bien ejecutadas.  También con precisión Forrest Howell abordó la interpretación de “Images Oubliées” (imágenes olvidadas), una obra cuyo título ha sido premonitor, pues es muy poco interpretada. Por suerte Forrest Howell refrescó la memoria de los amantes de Debussy.

La breve pieza  “L’isle joyeuse”, interpretada con solvencia por la rumana  Andra Margineanu, puso el broche final a un concierto que parte de una buena idea y se concreta en una noche mágica.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Manel Fuentes & The Spring's Team: Y sin embargo fue un éxito




Manel Fuentes & The Spring’s Team. Jardín Botánico, Gijón. Jueves, 16 de agosto.

“¡Gijoooón! ¡La noche va a ser laaaarga!” Varias veces´exhaló este grito de guerra Manel Fuentes en su concierto homenaje al “Boss”. Y larga fue. Casi tres horas sonando las mejores canciones, o, por lo menos, las más emblemáticas de Bruce Springsteen. El lugar del concierto fue la carpa del Jardín Botánico de Gijón, posiblemente, uno de los peores recintos que me puedo imaginar para este concierto.  
Desde que se subió al escenario todos pudimos comprobar que el reto de “Men’s Health” para convertir a Manel Fuentes en portada del mes de septiembre está dando sus frutos: su cambio físico es más que evidente. Pero no estoy aquí para escribir sobre sus músculos sino sobre su actuación. Aretha Franklin abrió y cerró el concierto: para la entrada pincharon “I say a little Prayer” y para despedirse tocaron una  versión instrumental de “Think”. Una muestra de respeto que les honra.

La actuación transcurrió in crescendo y la banda cumplió una de sus máximas: nunca un concierto puede ser igual al anterior. Y no lo fue, aunque sonaron casi todas las canciones que tocan en cada uno de sus conciertos. Desde el cuarto tema, “Everybody Has a Hungry Heart” el público elevó los brazos agitando sus manos -ritual habitual de los conciertos de Bruce Springsteen- y casi permanecieron en alto hasta el final. Temas emblemáticos como “Born in the U.S.A.”, “Sherry Darling” o “Ain’t Good Enought For You”, entre otros,  convirtieron el momento en una comunión total entre artista y público. La banda “Spring’s Team” estuvo magnífica, destacando las guitarras en “Prove It All Night”, y en ”Wrecking Ball”, al igual que el saxo con intervenciones de una calidad sublime, ejemplo en “Glory Days”. El gran peso de los teclados en este repertorio, las melodías que desgranaba la violinista, el pulso del batería, el groove del bajista, los apoyos en coros… todo muy bien ejecutado y, además, manifestando buen rollo entre ellos.

En cuanto a Manel, sus desafines y limitaciones vocales los suple con creces con su encanto, sus dotes de comunicación y su pasión por lo que hace. No apeó la sonrisa en toda la noche y no descuidó ni un detalle en sus diálogos con el público y en la forma de enlazar los temas. Su manera de hablar de Gijón, de Asturias o de su ídolo Quini nos hizo sentirnos especiales. Por esto y por su manifiesta devoción hacia Bruce Springsteen, Manel Fuentes consiguió convertir a los fans del Boss en sus propios fans.

En definitiva, ¿Fue un buen concierto? La respuesta es no. Pero por cuestiones totalmente ajenas a la banda. El recinto no era el adecuado: la carpa del botánico oprimía el sonido, faltaba potencia, ni las voces ni los instrumentos se oían con definición, no se conseguía una buena ecualización, el público cantaba con la pasión propia de estos conciertos y el resultado final era un caos acústico.  Que vuelvan Manel Fuentes y los Spring’s Team a Gijón y que vuelvan pronto, pero a cualquier otro recinto más apropiado donde el sonido se pueda expandir con libertad. Y sin embargo, el concierto fue un gran éxito.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

The Blues Brothers: No tan granujas

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“The Original Blues Brothers Band”. Escenario de Poniente, Semana Grande. Lunes 13 de agosto.

La expectaciòn era máxima. Los Blues Brothers, los originales, era una de las actuaciones más esperadas en la Semana Grande de Gijón. Miles de personas acudieron al escenario de Poniente para ver lo que queda de aquella banda creada por John Belushi y Dan Aykroyd y nacida  como un número cómico del programa “Saturday Night Live”. ¿Decepcionaron? En parte sí, pero sólo en parte.

De aquella superbanda formada  a partir del 78’ solo quedan dos componentes: Lou Marini (saxofonista) y Steve Crooper (guitarra). Cuarenta años después por cuestiones de agenda solo llegó “Blue Lou” Marini a Gijón, rodeado de siete buenos músicos dispuestos a tocar los  grandes éxitos de “Granujas a todo ritmo” y “Blues Brothers 2000”. Tras una introducción instrumental bastante floja, en cuanto a empaste y precisión, salieron los “hermanos” para cantar “Going back to Miami”, destacando el solo de saxo de Marini. En “She caught the Katy” se alternan los solos de trombón y armónica con efectividad.  En “Missing with the kid” escuchamos un buen solo de guitarra, al igual que en “Shot gun blues”. La famosa “Sweet home Chicago” atrapó las palmas del público y de nuevo volvió a brillar el saxo de Marini. Y así hasta el final del concierto: cada instrumentista demostraba sus cualidades técnicas y artísticas cuando le correspondía de manera eficiente, pero el empaste de la banda seguía brillando por su ausencia. Y no es una cuestión de edad, es más bien un problema de ensayo. Hacen falta muchas horas tocando juntos para que todo suene engranado y esto no ocurrió. La imagen que dieron es de la típica banda que en su momento hizo un nombre importante y ahora se juntan para hacer algunos bolos arropados por la nostalgia de sus fans.  

Esa nostalgia se vio reconfortada por la presencia del actor Murphy Dunne que tuvo un papel significativo en las dos  películas. Tocó el teclado y cantó “Dime cuándo tú vendrás” en español y la icónica “Gimme some loving” y se llevó una gran ovación. Sin embargo, el momento estelar se vivió con el discurso de Lou Marini, mitad en español y mitad en inglés, recordando grandes momentos vividos por la banda y presentando a los músicos acompañantes. Escuchar a un artista que ha tocado con grandes como Frank Zappa,  Aerosmith o Steely Dann, entre otros y ha formado parte de ”Blood, Sweat & Tears”, siempre es un placer.

En cuanto a los “brothers” hay que reconocer que tienen mejores voces que los originales, sin embargo, salvo en ocasiones muy contadas no se vio esa complicidad y comicidad que mostraban sus “hermanos mayores”.
La mítica “Everybody need somebody” puso punto final a un concierto en el que el público bailó, cantó,  aplaudió a raudales y se lo pasó en grande. Pasarlo bien y escuchar una buena calidad musical son dos cosas diferentes y totalmente compatibles.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 14 de agosto de 2018

Shirley Davis & The Silverbacks: lo más chic del soul


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Shirley Davis & The Silverbacks durante la Semana Grande de Gijón. Plaza Mayor, domingo, 12 de agosto.

Si entendemos  “chic” como algo sofisticado y elegante, es el término que mejor describe la propuesta de Shirley Davis & The Silverbacks. La presentación del segundo disco “Wishes & Wants” en la Plaza Mayor dejó claro quién es la gran Davis.

En cada concierto tengo la costumbre de dedicarle más atención a los músicos que al artista principal, sin embargo, con Shirley Davis me pasa todo lo contrario: desde que sale al escenario no soy capaz de quitarle la vista  de encima. Su vestuario, su forma de mover los brazos, su manera de caminar y de intercambiar guiños con la banda...,  es todo sofisticación. Pero, lo que más me gusta es su voz:: su forma de proyectar el sonido en las canciones más blues y soul, o cómo corta las notas rápidamente en las canciones funk, creando una sensación rítmica como un instrumento más, hace que Davis sea una cantante particular.

Fue un placer escuchar temas arrolladores como “My Universe” de su primer disco “Black Rose”, reivindicativos como “Woman Dignity”, cuyo título ya describe de qué va el tema o muy rítmicos como “Night Life”. Su particular versión de Aretha Franklin en “I never loved a man” me cautivó.  Y eso que Aretha Franklin es de mis favoritas y pocas veces me conquista una versión de sus temas.  Dicho sea de paso mis mejores deseos para la gran Aretha, puesto que en el momento de redactar estas líneas me llega la información de que está en una situación muy grave. Larga vida a Aretha Franklin.

Para la banda que acompaña a la cantante, “The Silverbacks”, todo son halagos. Los solos de teclado con el Nord y su sonido hammond destacan sobre manera, al igual que el groove del bajista que hacía que el ritmo fluyera.  También muy destacables los agudos conseguidos en la trompeta y las rítmicas de la guitarra en los temas funk.  Una gran banda formada por la discográfica Tucxone Records para acompañar a la cantante, que son capaces de reinventar el sonido soul y aportar nuevos matices.

Sin duda, el concierto más chic de la Semana Grande. Creo que quedará archivado en la memoria de los presentes en la Plaza Mayor por su calidad, por su elegancia y por lo bien que lo pasamos escuchando a la cantante londinense y afincada en España Shirley Davis y su gran banda “The Silverbacks”.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España