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domingo, 1 de mayo de 2022

Forms: una experiencia hipnótica en el L.E.V.

 


Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón (L.E.V.), Teatro de la Laboral, sábado, 30 de abril de  2022. 


El Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón se consolida un año más como referente a nivel mundial con un desfile de propuestas vanguardistas que avanzan por dónde van los tiros en cuanto a sonidos e imágenes. Las tres performance que tuvieron lugar en el Teatro de la Laboral en la tarde del sábado no obtuvieron el mismo resultado en cuanto a aceptación, aún así cada una por individual sirvió para que el público se planteara un montón de preguntas  y esa es una de las finalidades de cualquier festival que apueste por la creación. 


La canadiense Cadie Desbiens-Desmeules y el japonés Tetsuji Ohno presentaron “Influenced”, una  performance en torno al uso de las redes sociales y el auge de la inteligencia artificial, a través de una selección de múltiples imágenes (sobre una base de sonidos abstractos) que nos invaden día a día y sobre las que es necesario hacer una reflexión. El resultado no fue tan atractivo como se esperaba. 


Más éxito tuvo el saxofonista y compositor canadiense Jason Sharp con la presentación de su tercer disco “The Turning Centre of a Still World”, creado junto al cineasta experimental Guillaume Vallée, En esta propuesta apreciamos la dificultad de extraer las notas de un saxo barítono mientras Sharp experimentaba con sonidos generados por su propio cuerpo mediante mecanismos electrónicos adheridos a su corazón para generar bits sonoros. Físicamente alteraba los latidos mediante movimientos forzados que interactuaban con los sonidos acústicos y los electrónicos producidos a base de pedales, loops, sintetizadores y samplers. La performance pecó un tanto de larga pero, sin duda, una experiencia muy interesante, de hecho, parte del público llegó a sudar por empatía con Sharp.   


La propuesta del estudio de investigación audiovisual “Playmodes” y su “Forms-String Quartet”,  fue la que se llevó la mayor ovación y la que más impacto causó.  Santiago Vilanova, alma máter del espectáculo, ideó una obra visual y sonora cuyo atractivo va a la par que la dificultad. Se trata de un sistema compositivo basado en la síntesis de espectrogramas con un gran avance: permite crear partituras gráficas para instrumentos acústicos que son interpretadas en directo por músicos profesionales, en este caso un cuarteto de cuerda, en combinación con sonidos electrónicos. Todas estas ideas tuvieron que convertirse previamente en algoritmos matemáticos para poder visualizarse en una gran pantalla. Además, Vilanova tuvo en cuenta las tesituras y las características de cada instrumento para que el resultado fuera espectralmente óptimo. Otro de los aciertos de esta obra es que, a diferencia de un concierto de estreno al uso, los espectadores saben lo que va a sonar con antelación a través de una gran pantalla, puesto que cada instrumento está representado por un color y las líneas de sonido correspondientes asoman por la derecha de la pantalla con múltiples combinaciones y formas y se hacen efectivas al alcanzar una línea vertical situada en la zona izquierda. Por lo tanto, nos anticipamos al sonido en sus cuatro parámetros. Pero para que esto ocurra con resultado óptimo hace falta que los cuatro intérpretes sean precisos y dominen su instrumento a la perfección, es decir, músicos de gran nivel. Y en esta ocasión la selección de Santiago Vilanova fue el “Ensemble 4.70”, un cuarteto de cuerda  formado por Marta Martínez (violonchelo), David Roldán (viola), Gits Sapietis (violín) y Marina Gurdzhiya (violín) que ejecutaron la creación de Vilanova con precisión milimétrica. Cuatro grandes músicos afincados en Asturias con una gran técnica y una cabeza bien abierta para interpretar una partitura un tanto alejada de su modus operandi habitual. 


Tan solo veinte minutos duró esta magnífica performance y durante ese tiempo todas las miradas estaban fijadas en la pantalla para seguir la experiencia sonora como si se tratara de una sesión de hipnosis.  Sin duda, la propuesta de Santiago Vilanova fue un gran acierto y también, sin duda, seguir apostando por el L.E.V. es uno de los mayores aciertos de Gijón. 



Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 9 de mayo de 2019

Apostando por el L.E.V.



XIII Festival de Creación Audiovisual. Teatro de la Laboral, sábado 4 de mayo.

El Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) culmina su decimotercera edición con un gran despliegue de exposiciones, instalaciones y conciertos durante  cuatro días, dejando de manifiesto que si este festival no existiera habría que inventarlo. De hecho, es uno de los eventos más importantes de Gijón y una buena disculpa para poner a esta ciudad en el mapa mundial de la vanguardia. Dicho esto, en cuanto a música no todo vale. Y si apuntábamos sobre estas líneas la poca calidad artística que tuvieron las propuestas de la jornada del viernes en el Teatro de la Laboral, la jornada del sábado tuvo sus más y sus menos.

Para empezar el colectivo berlinés “Transforma”  traía una propuesta llamada “Manufactory”, una performance audiovisual con música de Sascha Ring y coproducida, entre otros,  por el propio L.E.V. Desconozco las cifras de la inversión en este proyecto, pero viendo el resultado final es dinero tirado. Se vendió como “mezcla asombrosa de coreografía, vídeo en directo, grabaciones de campo y concierto, para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción de la era industrial”. El adjetivo “asombrosa” sobra, lo demás es correcto si consideramos el rutinario movimiento de manos y algún paseo por el escenario como coreografía. Fue una performance aburrida, falta de ideas, de coordinación, de luz y de sonido. La perfecta excusa para echar una siesta en las cómodas butacas del teatro después de haber vivido una intensa noche de música electrónica en la Nave de la Laboral por parte de muchos de los asistentes.
Caterina Barbieri se ha convertido en un referente de las investigaciones sonoras en este tipo de eventos. La italiana y el artista visual Ruben Spini presentaron su primer show “A/V”, un proyecto de interacción entre humanos y naturaleza que no sorprendió tanto como se esperaba. A través del ordenador y la mesa de mezclas ofrecieron una muestra de sonidos  procedentes del techno más ochentero, época en la que los sintetizadores analógicos tuvieron su auge. A base de arpegiadores y secuenciadores manipulados más o menos en directo la música iba transitando por distintos cuadros sonoros con imágenes de gran colorido y movimiento lento. Algún pasaje recordó a la música del famoso Tetrix, solo que con más calidad al no ser una muestra de 8-bits  Con este proyecto Barbieri, a diferencia de otros que ha presentado a lo largo de su trayectoria, no aporta nada nuevo.

Traer un espectáculo de la creadora visual Alba G. Corral es una apuesta segura para el L.E.V. Ya estuvo en anteriores ediciones, siempre dejando el listón muy alto y en esta ocasión volvió a sorprender con una propuesta junto con el músico  Alex Augier, que nos visitó hace un par de ediciones. Los dos, metidos en una especie de jaula ovalada cubierta con una tela semitransparente crearon un universo sonoro y visual a base de luz, color, muestras de sonido originales y tiempos bien medidos, convirtiendo el espectáculo en una experiencia hipnótica. El público lo agradeció con una estruendosa ovación.

Por lo tanto, aunque esta no haya sido una de las mejores ediciones del L.E.V., en lo que se refiere a los conciertos del Teatro de la Laboral, hay que seguir apostando por este festival, porque es necesario para dar cabida a todas esas inquietudes creativas que, sin duda, marcan el futuro audiovisual.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

L.E.V.: Estrenos efímeros

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Schnnitt + Gianluca Sibaldi; Myriam Bleau; Elias Merino & Tadej Droljc: XIII Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Teatro de la Laboral, viernes, 3 de mayo.
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La programación musical del Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) llegó el viernes al Teatro de la Laboral con un cartel que prometía sobre el papel, pero visto lo visto defraudó bastante. En los foros especializados se había creado expectación por ver el estreno mundial “ScanAudience”, una propuesta del compositor italiano Gianluca Sibaldi junto con “Schnnitt”, formado por Marco Monfardini y Amelie Duchow. Como se propio título indica, “ScanAudience” es una performance donde se escanea al público -concretamente a las primeras filas-, generando distintos sonidos e imágenes en tiempo real a partir de las características de los espectadores.  El resultado no deja de ser algo anecdótico que dista mucho de convertirse en una obra de arte. Visualmente resulta monótono y nada entendible, magnificado por una pantalla gigante donde concurren diferentes líneas en varias direcciones, con predominio de los colores grises, rojos y negros. Musicalmente (por decirlo de alguna manera), se trataba de una amalgama de sonidos industriales poco originales y sobrepasados de volumen, que por momentos provocaron cierto temor a sufrir algún daño en los tímpanos. En definitiva, nada interesante.

Las performance de la compositora y artista digital Myriam Bleau no suelen pasar inadvertidas: en sus propuestas siempre aporta algún elemento original y en esta edición del L.E.V. no iba a ser menos. Presentó por primera vez en España su proyecto “Ballistics”, en el que unas esferas luminosas equipadas con sensores de movimiento y mapeadas por láser, se desplazaban por el escenario con movimientos pendulares provocados por la artista canadiense, produciendo diferentes sonidos y dinámicas.  La idea es compleja y se notaba muchas horas de trabajo detrás, pero el escenario no es el más adecuado para poder apreciar la calidad y el esfuerzo. En un entorno más pequeño hubiera lucido mucho más. Y de nuevo es necesario resaltar el altísimo volumen por momentos de la performance. ¿Para qué tanto?

Otro estreno mundial tuvo lugar de la mano del español afincado en el Reino Unido Elías Merino, junto con el compositor audiovisual esloveno Tadej Droljc. En esta ocasión correspondía a la segunda parte de la instalación “Spaceless Latitudes” -presentada en la edición anterior del L.E.V-, titulada “Synspecies”, que abordaba el proceso de desintegración de espacios estelares, inspirado en ecologías virtuales. En la pantalla quedaba visualmente muy llamativa cuando se producía la ruptura de distintas figuras y, además, perfectamente sincronizada con los sonidos algorítmicos, por ello la primera mitad del espectáculo resultó bastante creativa. La segunda mitad fue más monótona al no aportar ningún elemento nuevo sonoro o visual.  En esta ocasión el volumen estaba perfecto.

En definitiva, una noche cargada de estrenos muy vanguardistas pero difícil de constatar como obras de arte en este terreno tan efímero como es la electrónica visual.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

viernes, 16 de noviembre de 2018

Portico Quartet: Rompiendo barreras sonoras

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Portico Quartet. Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes 9 de noviembre.

Portico Quartet es una propuesta diferente para un festival de jazz como el de Gijón,
sin embargo, necesaria para romper barreras y salir del estancamiento. La taquilla del teatro Jovellanos no logró atraer a los más puristas del jazz y se quedó con media butaca. Éramos pocos pero disfrutamos de un concierto tocado por buenos músicos, capaces de recrear los oídos con sonoridades exquisitas. Esta banda británica lleva más de una década explorando  y creando atmósferas sonoras que bien podrían haber encajado en el Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón (L.E.V.), pero que también encajan en un festival de jazz por la creatividad y por la técnica improvisada de cada uno de sus componentes.

Abrieron con “Double Space”, un tema que comienza con notas tenidas en el contrabajo tipo silent en las manos de Milo Fitzpatrick, al que se sumó rápidamente una capa sonora a base de platos del batería y líder Duncan Bellamy. Jack Wyllie, con una gran dosis de reverberación en el saxo soprano, aportaba las frecuencias agudas con arpegios y melodías abiertas. Para completar el cuarteto se sumaron los teclados de Keir Vine, sumergiéndonos en un ambiente a medio camino entre Brian Eno y  las últimas tendencias de Hans Zimmer con sus creaciones para la trilogía de Batman. De hecho, algunos pasajes recordaban al tema “Why so serious?”, tema leitmotiv del “Joker” en la primera entrega de Christopher Nolan.

Una de las características del sonido de este cuarteto es la utilización del Hang Drum, ese instrumento de percusión suizo tan cotizado por su capacidad hipnótica -y difícil de adquirir, salvo imitaciones-, que se suele tocar golpeando con los dedos en las hendiduras afinadas en escalas no cromáticas, pero Keir Vine lo hace con las mazas y da un peculiar sonido. Varios temas como “Current History”, “Isla” o “A Luminous Beam” impactaron por la buena técnica de los cuatro músicos, por la sonoridad de los dos Hang, por los cambios de dinámica tan bruscos, por los juegos con las panorámicas en el estéreo o las creaciones de loops y las manipulaciones del sonido en directo.  Pero lo más destacable de la banda son las polirritmias con las que juega el batería: virtuosismo exquisito y matices extraordinarios lo convierten en el mejor músico de la banda.

El poco público presente agradeció la experiencia sonora al cuarteto con una gran ovación y “Portico Quartet” dejó para el bis “Clipper or line”, un tema de lucimiento de los cuatro músicos que demuestran tener una gran técnica y una capacidad creativa, que parte del jazz y abarca una paleta sonora difícil de enmarcar en un solo estilo.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 23 de mayo de 2017

La reencarnación de John Cage





Conciertos de: Novi_Sad & Ryoichi Kurokawa, Hauschka, Alex Augier y Martin Messier. Sábado 29 de abril. Teatro de la Laboral. Laboratorio de Electrónica Visual

 
Novi_Sad & Ryoichi Kurokawa, con su espectáculo “Sirens”, se encargaron de abrir los conciertos del Teatro de la Laboral organizados por el LEV  para su XI edición del Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Los creadores se juntaron para ofrecer una sesión de menos de una hora en la que pudimos ver imágenes que se  descomponían en pequeños fragmentos, deformándose a base de movimientos muy rápidos o muy lentos, para mutar seguidamente  en otra imagen. Una sesión en la que la función sonora servía de apoyo  y aderezo a los efectos visuales de gran calidad.

 
 
Pero el artista más esperado de la noche era el compositor y pianista Hauschka,  y bien que se hizo esperar porque llegó al escenario con casi una hora de retraso.  El público ya empezaba a estar molesto y comenzaba a subir la intensidad de los silbidos y los pataleos en la tarima.  Hauschka comprendió que había rebasado el límite de la paciencia de los espectadores y salió con toda la humildad para pedir disculpas porque tenían algún problema técnico con las conexiones de la parte visual, a cargo de la artista Florence To.  Se dispuso a comenzar su actuación sin la parte luminosa, pero la “magia” de la electrónica hizo que todo se solucionara en el último instante pudiendo disfrutar en directo de su último trabajo “What if”.  Comenzó percutiendo las teclas de un piano acústico preparado con múltiples accesorios y creando loops que iba superponiendo en diferentes capas.  También contó con dos pianos Yamaha Disklaviers, traídos de Alemania para la ocasión, de los que extraía sonidos controlados por el piano de cola. Poco a poco el concierto iba cogiendo intensidad y creando estratos llenos de matices, dinámicas y contrastes, fusionando la interpretación en directo con pistas pregrabadas y sonidos sintetizados. A cada tecla o grupo de teclas del piano le asignaba un sonido diferente, bien electrónico o bien con accesorios adheridos a las cuerdas del piano; esto producía una riqueza de timbres inusual  y una completa orquesta de percusión manejada por los dedos de un pianista. Durante unos minutos nos hizo viajar y situarnos frente a una performance ofrecida por el innovador y creador John Cage, padre del piano preparado -entre otras cosas-. Algunos problemas de sincronización con los loops surgieron en la interpretación en vivo, pero rápidamente los corregía y la atmósfera sonora creada era tan gratificante que esos errores se podían considerar virtudes humanas. ¿Quién necesita tanta perfección? Cuando ya el final del concierto estaba próximo comenzó a desprender y tirar al suelo los artilugios adheridos a las cuerdas del piano hasta que quedó totalmente limpio y se quedó tocando una pieza modal preciosa, demostrando las grandes dotes de pianista que tiene el alemán Volker Beltermann, de nombre artístico Hauschka. El público se puso de pie aplaudiendo sin parar y manifestando que aquel era el mejor concierto del LEV.


Después de la estelar actuación de Hauschka todo era poco, pero aún quedaba mucha noche y en el teatro faltaban dos actuaciones importantes. Alex Augier llegó con un espectáculo de geometría visual titulado “_Nybble_”, en el que el artista manipulaba  la luz y el sonido  en perfecta sincronización, jugando con los estéreos y produciendo la sensación de que era la propia luz la que generaba el sonido.  

 
 Por último el canadiense  Martin Messier, ofreció una puesta en escena con dos paneles a modo de interfaz, colocados de tal modo que él mismo podía conectar y manipular el sonido haciéndolo por momentos visible.  La energía y el espectáculo que ofrecía en directo fue muy aplaudido y agradecido por el público, que siempre muestra más entusiasmo cuando hay más implicación humana que mecánica.
El cierre de la XI edición del Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón, antes de la fiesta nocturna, corre a cargo de la violonchelista Julia Kent y el lugar escogido es el Jardín Botánico Atlántico. Un entorno singular en el que pudimos escuchar  a la artista canadiense extraer de su chelo ricas sonoridades que graba una y otra vez en forma de loops, para reproducirlos al instante de ser grabados, generando múltiples capas de sonidos que le sirven de base para desarrollar tranquilas e hipnóticas melodías. Sin duda la edición del 2017 ha sido una de las mejores del Laboratorio de Electrónica Visual, consolidándose como uno de los más prestigiosos festivales internacionales de la música electrónica de vanguardia y de las artes visuales.  

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

jueves, 4 de mayo de 2017

Buenas propuestas del L.E.V.




Buenas propuestas del L.E.V.

Dos espectáculos que derrochan grandes dosis de creatividad en el L.E.V. y uno que se queda a medio camino.

Festival Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.). Conciertos en el Teatro de la Laboral. Viernes 28 de abril.

Kara-Lis Coverdale inició los conciertos del Teatro de la Laboral arropada por múltiples elogios de la crítica especializada, por lo tanto, una de las actuaciones más esperadas del Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.).  Con varios trabajos ampliamente reconocidos en su corta vida artística también supo crear expectación al publicar su proyecto “Grafts” el mismo día del concierto. Y tanta expectación funcionó, ya que la butaca del teatro estaba a rebosar. Dividió el espectáculo en  tres partes: la primera con predominio de ambientes más percusivos que melódicos, a base de diferentes timbres provocados por múltiples arpegios y glissandos que se entremezclaban produciendo un caos sonoro muy rítmico. La segunda parte estaba estructurada con predominio claro de melodías sugerentes que se solapaban a base de ondulaciones y creaban un ambiente más etéreo y tranquilo. En la última parte el elemento principal era la armonía, superponiendo múltiples capas de acordes que creaban ambientes más densos y animados. Los diferentes sonidos de órgano sampleados y manipulados a gusto de la artista sirvieron de hilo conductor para toda la sesión.  
La creatividad de la canadiense Kara-Lis está fuera de toda duda y por ello se ha convertido en una artista referente en la electrónica experimental y el sonido ambiente.  Pero para destacar en el L.E.V. hace falta algo más que buenos loops y de ese plus se encargó el alemán Marcel Weber (MFO), un artista visual que ya nos sorprendió con  su trabajo en otros eventos de años anteriores. Sus proyecciones invitaban al espectador a sumergirse en jardines exóticos y ambientes oníricos que despertaban la imaginación. El resultado: un buen trabajo y buena conjunción  de Kara-Lis y MFO.


En otra línea y otro discurso totalmente diferente gira el espectáculo “Frequencies”, de Nicolas Bernier.  Para definir el trabajo de Bernier los musicólogos nos encontramos con una vieja problemática: el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana no contiene vocabulario suficiente para detallar con precisión la oferta sonora del artista. Las muestras son pequeñísimas partículas de sonido que reproduce a distintas velocidades creando ¿melodías con distintas alturas? La definición es correcta pero incompleta. La simplicidad tímbrica de micro-sonidos industriales se fundía con una puesta en escena de luz blanca  a base de rectángulos sobre fondo negro, marcando el ritmo del discurso sonoro.  En definitiva, una sesión para disfrutar y comprobar que con buenas ideas y pocos elementos se puede crear un espectáculo audiovisual de alto nivel.


No podemos decir lo mismo de la última actuación en el teatro a cargo de Amnesia Scanner & Bill Kouligas, con su trabajo Lexachast.  En cuanto a la propuesta sonora nada nuevo en el horizonte, patrones, ritmos y loops demasiado comerciales y muy machacados en los oídos de los aficionados a la electrónica. En el aspecto visual pudimos contemplar un montón de bonitas imágenes y fotografías de la naturaleza, actitudes humanas cotidianas, animales,... pero faltó coherencia con la música.  El público aplaudió con cortesía y se fue al primer indicio de haber terminado el show para continuar con la amplia oferta artística y cultural. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 30 abril, 2017.

jueves, 14 de mayo de 2015

Las sorpresas del LEV



IX Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Laboral Ciudad de la Cultura.Mayo 2015.

Diversas propuestas  llegaron  a la novena edición del Laboratorio de Electrónica Visual (LEV) celebrado en Gijón. Unas más acertadas y otras no tanto, pero el  LEV siempre es una gran oportunidad para vivir experiencias diversas que combinan el arte visual con el auditivo. La inauguración corrió a cargo de  Playmid ofreciendo un  espectáculo gratuito de sinestesia, a base de juegos de luces y sonidos en el Puerto deportivo que sonaban muy bien sobre el papel pero la realidad quedó más deslucida.  

Interesante fue la videoinstalación de Quayola, y su “Strata #4”, que trata de mostrarnos qué   hay detrás de algunas pinturas de Van Dyck y Rubens. Mediante la proyección visual pudimos ver  la descomposición en pequeños fragmentos de pinturas religiosas en la Iglesia de la Laboral.  Sonidos de sintetizador de carácter minimalista con efectos sonoros  nos introducen en las cualidades de la composición que presentan  estas pinturas.

La primera sorpresa llegó de la mano de Jacaszek, un artista sonoro polifacético que, en su presentación de “Glimmer”,  resultó novedoso por una particular mezcla de instrumentos clásicos con texturas electrónicas y por la fusión sonora  de pasajes  barrocos, minimalistas y vanguardistas más actuales. Ignacy Wisniewski  demostró ser un brillante músico adaptándose metronómicamente a las secuencias prefijadas en la interpretación con un clavicordio.    Andrzej Wojciechowski, alternando entre un clarinete en Si b y un clarinete bajo, imprimía a la obra otras frecuencias sonoras que combinaban perfectamente con la electrónica industrial.  Pero no todo lo grabado era industrial, el artista Jacaszek también recurrió a sonidos de  cordófonos renacentistas,  láminas de madera y pianos pregrabados junto con la grabación a tiempo real de fragmentos de clarinete y clavicordio, interpretados en directo para volver a volcar la muestra en vivo y así crear un ambiente sonoro  perfectamente orquestado. Además de la satisfacción auditiva nuestros ojos también disfrutaron con los paisajes visuales abstractos creados por Alba G. Corral en directo. Una muestra de interdisciplinariedad cuyo resultado fue más que interesante. El público lo agradeció con estruendosos aplausos.

Cabaret Voltaire era el reclamo más popular de la novena edición del LEV. La presentación como proyecto personal de Richard  H. Kirk  no defraudó pero tampoco sorprendió.  Acierta al huir de los viejos temas que le consagraron como pionero y referencia de la música británica industrial y techno  de hace 30 años pero en su actual propuesta no deja claro por dónde van los tiros. Siguiendo una línea más comercial para consumo de ambientes ibicencos aporta alguna pequeña novedad, más en lo visual que en lo sonoro, pues en esto último aparte de romper de vez en cuando estructuras habituales de ocho compases, utilizar alguna polirritmia y mezclar de manera particular voces en off de radio y televisión con sonidos electrónicos poco más hay.  En una pantalla gigante dividida en tres secciones se proyectan imágenes a gran velocidad con saturación de color sobre fondo blanco y negro. Las imágenes muestran episodios claves de la civilización del siglo XX, principalmente de guerras, personajes políticos, luchas femeninas y superhéroes de ficción. Mientras, las composiciones sonoras se movían por diferentes bases rítmicas que se iban superponiendo con pequeñas variaciones e incrementando los niveles de audio. Al final de la sesión el volumen y la saturación de agudos rozaban el umbral del dolor en los oídos.  Suerte que la organización del LEV obsequiaba a cada visitante con tapones.  Se ve que estos del LEV están en todo.  


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La segunda sorpresa, aunque esperada, fue Ben Frost y el artista visual MFO, que consiguieron  cautivar a todos los presentes del abarrotado teatro de la Laboral con la presentación en directo de uno de los mejores discos del año en su género, “A U R O R A”. Un espectáculo de luces,  sombras y sonidos cuidado al máximo detalle para atrapar la mente y sumergir al espectador en una experiencia única y diferente. Aunque suene  a anuncio de película de ficción así nos sentimos la mayoría de los asistentes con el trabajo de Ben Frost y MFO, artistas que pasarán a la historia, seguramente.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


sábado, 31 de agosto de 2013

AUTECHRE, la innovación del sonido




Uno de los principales motivos que me llevó a estudiar Musicología (hay muchos otros)   es la posibilidad de adquirir la  suficiente destreza para hablar de  música con objetividad, con conocimiento de causa desde las más profundas raíces  y viendo las aportaciones que se han ido añadiendo a lo largo de los siglos, cuyos elementos están conectados con la historia de la humanidad en sí, es decir, que no surge como algo aislado.  Poder juzgar la música dejando a un lado los juicios pasionales es algo que poco a poco voy consiguiendo, gracias a los conocimientos adquiridos y también a la edad que tengo.  Con 20 años era capaz de debatir con cualquiera si este músico es bueno, malo o este grupo es mejor y peor.  Pero me doy cuenta  de que mi juicio se fundamentaba en la pasión que me provocaba la música. Y cuando hay pasión no hay objetividad. 
   A donde quiero llegar es que, antes, si me gustaba era bueno, si no me gustaba era malo y también había una tercera posibilidad que era "no me gusta pero lo respeto".  Esta tercera posibilidad se asentaba principalmente en la opinión de "los otros", es decir " no me gusta pero fulanito y menganito dicen que son buenos así que para no quedar de ignorante yo digo que sí lo son".  Como he dicho antes poco a poco me voy desprendiendo de esas pasiones y contemplo la música con objetividad.
Y siendo objetiva hablaré de un grupo que no diré "no me gusta" aunque  si puedo decir "no me apasiona", pero ahí están...

 AUTECHRE,  un dúo  formado por Rob Brown y Seath Booth ,  a base de muchos años experimentando con la tecnología y la creación de sonidos a través de sintetizadores, del software más sofisticado  y de la combinación de todos los elementos tecnológicos posibles, se han convertido en un importante referente y una fuente de sonidos, de los cuales otros se sirven.  Y esto es fundamental. 

 Casi ninguna  innovación surge en la música occidental en lo que a intervalos se refiere o a estructuras de la obra.  Algunos dicen que está todo inventado,- esa frase  la oigo desde que tengo uso de razón y,  por aquel tiempo aún  no existían los teléfonos móviles entre otros miles de inventos- pero en la música jamás estará todo inventado, ¿por qué?  Porque, en la medida en que se puede cuantificar  sabemos que las combinaciones, permutaciones y variaciones  posibles  -si no infinitas-  alcanzan unas cifras que nuestros pequeñitos cerebros no son capaces de abarcar.  Pero es que además, en la música no todo es cuantificable,  porque intervienen todos esos factores que pertenecen a la región más espiritual del ser humano.  Me gusta ese tema, ¿por qué?, no sé, simplemente me gusta.  
Desde luego en cuestión de sonidos aún estamos en la adolescencia.  El siglo XX ha dado un salto muy grande, absorbiendo sonidos de la naturaleza, sonidos industriales producidos por máquinas, - para algunos simplemente ruido-, integrándolos al conjunto sonoro   y desarrollando una tecnología capaz de crear nuevos sonidos.  

En el siglo XXI, es  importante distinguir cuándo un sonido es materia prima auténtica o es un refrito extraído de algún otro sitio.  Hoy en día con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance es difícil innovar sonidos, porque estamos atravesando un momento de "saturación del espectro sonoro".  Pero en realidad no es así, siempre aparecen cosas nuevas y siempre hay creadores que van más allá y sirven de referente para los demás. AUTECHRE lo consigue. Los productores y compositores  de grupos y bandas de hip-hop, electrónica, dance, pop, bandas sonoras, etc., lo saben y por ello utilizan sus sonidos y su forma de producir la música como manual de cabecera para inspirarse  y porqué no, también para copiar.   En cuestión de sonidos son grandes pioneros.
http://www.youtube.com/watch?v=gRgTIX4zGk4
http://youtu.be/FLK70Ipe-tI