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viernes, 16 de noviembre de 2018

Portico Quartet: Rompiendo barreras sonoras

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Portico Quartet. Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes 9 de noviembre.

Portico Quartet es una propuesta diferente para un festival de jazz como el de Gijón,
sin embargo, necesaria para romper barreras y salir del estancamiento. La taquilla del teatro Jovellanos no logró atraer a los más puristas del jazz y se quedó con media butaca. Éramos pocos pero disfrutamos de un concierto tocado por buenos músicos, capaces de recrear los oídos con sonoridades exquisitas. Esta banda británica lleva más de una década explorando  y creando atmósferas sonoras que bien podrían haber encajado en el Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón (L.E.V.), pero que también encajan en un festival de jazz por la creatividad y por la técnica improvisada de cada uno de sus componentes.

Abrieron con “Double Space”, un tema que comienza con notas tenidas en el contrabajo tipo silent en las manos de Milo Fitzpatrick, al que se sumó rápidamente una capa sonora a base de platos del batería y líder Duncan Bellamy. Jack Wyllie, con una gran dosis de reverberación en el saxo soprano, aportaba las frecuencias agudas con arpegios y melodías abiertas. Para completar el cuarteto se sumaron los teclados de Keir Vine, sumergiéndonos en un ambiente a medio camino entre Brian Eno y  las últimas tendencias de Hans Zimmer con sus creaciones para la trilogía de Batman. De hecho, algunos pasajes recordaban al tema “Why so serious?”, tema leitmotiv del “Joker” en la primera entrega de Christopher Nolan.

Una de las características del sonido de este cuarteto es la utilización del Hang Drum, ese instrumento de percusión suizo tan cotizado por su capacidad hipnótica -y difícil de adquirir, salvo imitaciones-, que se suele tocar golpeando con los dedos en las hendiduras afinadas en escalas no cromáticas, pero Keir Vine lo hace con las mazas y da un peculiar sonido. Varios temas como “Current History”, “Isla” o “A Luminous Beam” impactaron por la buena técnica de los cuatro músicos, por la sonoridad de los dos Hang, por los cambios de dinámica tan bruscos, por los juegos con las panorámicas en el estéreo o las creaciones de loops y las manipulaciones del sonido en directo.  Pero lo más destacable de la banda son las polirritmias con las que juega el batería: virtuosismo exquisito y matices extraordinarios lo convierten en el mejor músico de la banda.

El poco público presente agradeció la experiencia sonora al cuarteto con una gran ovación y “Portico Quartet” dejó para el bis “Clipper or line”, un tema de lucimiento de los cuatro músicos que demuestran tener una gran técnica y una capacidad creativa, que parte del jazz y abarca una paleta sonora difícil de enmarcar en un solo estilo.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 18 de julio de 2017

Un brindis por La Fura dels Baus



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Festival de Música Antigua de Gijón. La Fura dels Baus y Divina Mysteria. Teatro Jovellanos, sábado 15 de julio
Dirección, idea y guión: Miki Espuma, David Cid
Dirección musical: Pavel Amilcar, Thor Jorgen, Miki Espuma

Cantaora: Mariola Membivres
Mezzosoprano: Eulália Fantova
Barítono: Joan García Gomá
Violín: Elisabeth Bataller
Viola: Letizia Moros
Violone: Thor Jorgen
Clavicémbalo: Andrés Alberto Gómez

Video: David Cid
Esculturas: Fernando Bravo
Producción: Marta Coll
Iluminación: Jaime Llerins, David Hoyo
Sonido: David Casamitjana
Maquinista: Roger Serra
Actores video: Jürgen Müller, Gemma Doblas, Atilá Puig. 

Para concluir el Festival de Música Antigua de Gijón, en su XX aniversario, se apostó  por un espectáculo innovador y creativo, como no podía ser de otra forma si hablamos de arte concebido por “La Fura dels Baus”, una compañía de teatro que no deja a nadie indiferente en cada una de sus propuestas.  Para la ocasión el protagonista era J.S. Bach y su “Cantata campesina”, subtitulada como "Cantate burlesque" con texto de Picander, una de las obras más alegres y burlescas del gran compositor barroco.

La pequeña trama amorosa entre una pareja de campesinos es el hilo conductor de una obra que contiene veinticuatro movimientos muy breves con alternancia entre recitativos y arias, incluyendo  varias danzas (zarabanda, mazurka, minueto, bourrée, polonesa…), para concluir con un coro alegre y jovial que recapitula lo sucedido.  La “Fura dels Baus”, siempre transgresora, respeta puntillosamente la partitura original y cuenta para la ejecución de la misma con “Divina Mysteria”, un conjunto de gran calidad que se caracteriza por una interpretación historicista de las obras, en esta ocasión con violín, viola, violone y clavicémbalo. Pero si hablamos de innovación y transgresión hay que aportar algo más y en este caso “La Fura dels Baus” hace una relectura libre de la cantata, añadiendo nuevos movimientos con aires flamencos, electrónica de vanguardia y danza. La puesta en escena se complementa con interesantes proyecciones de imágenes propias del cine mudo con funciones narrativas, creadas por David Cid, que nos sumergen en la trama de los campesinos y su interacción con el recaudador de impuestos, al que se rinde homenaje en la cantata.

Es de aplaudir las intervenciones, tanto de “Divina Mysteria” como de la mezzosoprano Eulália Fantova y el barítono Joan García Gomá, con sus voces expresivas y afinadísimas. Varios números de aire flamenco cantados por Mariola Membrives se intercalaron y la cantaora, dotada de una gran voz y una buena interpretación, los salvó con gran profesionalidad, incluso en algún momento en que el micrófono fallaba. Hubo brillantes pasajes de música electrónica a cargo de Miki Espuma y otros más oscuros y de difícil comprensión dentro de la trama. Muy destacable, a pesar de algún desliz en los tempos y algunos problemas de megafonía, es el movimiento carnavalesco en el que Miki Espuma crea la base rítmica con un charango junto con las melodías de las cuerdas de Divina Mysteria y el barítono entona la canción de Molotov “Gimme the power”,  con una letra muy venida a cuento. Levantó la primera ovación de la noche. 

Para el número final en la taberna, aunque no sonaron las cornamusas (como dice la letra del coro), sí cantaron todos unidos con alegría y brindaron con cerveza, pues un brindis es lo que se merece la propuesta de La Fura dels Baus y Divina Mysteria. Y cómo no, otro brindis también se merece el Festival de Música Antigua de Gijón, bajo la dirección de Eduardo G. Salueña, por traer a Gijón una propuesta tan creativa e innovadora. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España