Carmen Souza & Theo Pascal Creology Tour 2018. Festival Jazz Gijón. sábado, 10 de noviembre.
El cartel más comercial y capaz de atraer a un público heterogéneo al teatro en esta edición del Festival “Jazz Gijón” era Carmen Souza, sin duda. De origen portugués y ascendencia caboverdiana, fue etiquetada como “Best Jazz Singers” (2013) por la Radio Nacional Pública de Estados Unidos, una categoría bien merecida a raíz de lo escuchado en el Jovellanos. Carmen Souza no es sólo una gran instrumentista vocal capaz de abarcar tesituras amplias y controlar perfectamente la emisión de aire buscando sonidos y resonancias distintas a la proyección natural. Souza cuenta con buenos músicos y buenas canciones que están construidas desde la reflexión y el conocimiento, fusionando jazz contemporáneo con ritmos brasileños y africanos.
Acompañada con su guitarra comenzó con “Xinxiroti” en alusión a un pájaro que cantaba todos los días cada vez más alto. Un tema lento con un final muy original para dar paso a la bossa nova “Song for my father” y “Cape Verdean blues”, composiciones del gran pianista Horace Silver que influenció a una gran cantidad de primeras figuras del jazz contemporáneo. Carmen demostraba su dominio del scat con largas improvisaciones perfectamente afinadas. Los músicos acompañantes (bajo, batería y saxo) evidenciaban su calidad, destacando sobremanera Theo Pascal que alternaba el contrabajo y el bajo eléctrico y es autor de gran parte de las canciones de Carmen Souza.
Alternando la guitarra con el piano la cantante portuguesa conquistó a los más escépticos con la samba “Upa Neguinho” y la presentación en idioma portuñol de la morna caboverdiana a ritmo de jazz “Magia Ca Tem“: un bonito tema lento con una armonía compleja y una buena improvisación del saxofonista británico Quinn Oulton. El público se lo pasaba en grande cantando el coro de “Ligria”, dando contestaciones al alegre “Code” o disfrutando del precioso tema “Moonlight Serenade”, con un acompañamiento de bajo excepcional.
Gran ovación se llevó el saxofonista por la improvisación de “Thursday”, tema con el que despidieron el concierto. Aún faltaba el bis “África” y el público se puso de pie dispuesto a bailar en sus butacas y corear el estribillo con palmas hasta que se fundieron en un gran aplauso.
Carmen Souza no sólo canta bien, tiene muchas tablas y se hace querer por su simpatía y su saber hacer. Se rodea de muy buenos músicos capaces de defender un repertorio difícil y muy bien seleccionado, con constantes cambios de ritmo para que la emoción no decaiga. Una gran profesional que supo ganarse al público de Gijón a base de jazz comercial y de mucha calidad.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
Shirley Davis & The Silverbacks durante la Semana Grande de Gijón. Plaza Mayor, domingo,
12 de agosto.
Si entendemos “chic” como algo sofisticado y elegante, es el término
que mejor describe la propuesta de Shirley Davis & The Silverbacks. La
presentación del segundo disco “Wishes & Wants” en la Plaza Mayor dejó
claro quién es la gran Davis.
En cada concierto tengo la costumbre de dedicarle más atención a los
músicos que al artista principal, sin embargo, con Shirley Davis me pasa todo
lo contrario: desde que sale al escenario no soy capaz de quitarle la vista
de encima. Su vestuario, su forma de mover los brazos, su manera de
caminar y de intercambiar guiños con la banda...,es todo sofisticación. Pero, lo que más me
gusta es su voz:: su forma de proyectar el sonido en las canciones más blues y
soul, o cómo corta las notas rápidamente en las canciones funk, creando una
sensación rítmica como un instrumento más, hace que Davis sea una cantante
particular.
Fue un placer escuchar temas arrolladores como “My Universe” de su primer
disco “Black Rose”, reivindicativos como “Woman Dignity”, cuyo título ya
describe de qué va el tema o muy rítmicos como “Night Life”. Su particular
versión de Aretha Franklin en “I never loved a man” me cautivó. Y eso que
Aretha Franklin es de mis favoritas y pocas veces me conquista una versión de
sus temas.Dicho sea de paso mis mejores
deseos para la gran Aretha, puesto que en el momento de redactar estas líneas
me llega la información de que está en una situación muy grave. Larga vida a
Aretha Franklin.
Para la banda que acompaña a la cantante, “The Silverbacks”, todo son
halagos. Los solos de teclado con el Nord y su sonido hammond destacan sobre
manera, al igual que el groove del bajista que hacía que el ritmo fluyera.
También muy destacables los agudos conseguidos en la trompeta y las
rítmicas de la guitarra en los temas funk.Una gran banda formada por la discográfica Tucxone Records para
acompañar a la cantante, que son capaces de reinventar el sonido soul y aportar
nuevos matices.
Sin duda, el concierto más chic de la Semana Grande. Creo que quedará
archivado en la memoria de los presentes en la Plaza Mayor por su calidad, por
su elegancia y por lo bien que lo pasamos escuchando a la cantante londinense y
afincada en España Shirley Davis y su gran banda “The Silverbacks”.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
António Zambujo, Semana
Grande. Plaza Mayor, jueves 9 de agosto.
La sensibilidad y la elegancia de la música portuguesa impregnó la Plaza
Mayor de Gijón en una noche más que agradable. António Zambujo, considerado el
mejor cantante masculino de fado, ha sabido romper los límites del estilo
que lo encumbró y convertirseen uno de
los representantes más importantes de la música portuguesa a nivel internacional.
Sus sonoridades mantienen la esencia del fado tradicional y añaden toques
brasileños, africanos, griegos y elementos del jazz. Quizás, por ello su música
es tan especial.
Esa sonoridad diferente que tienen las canciones de Zambujo la
captamos desde el primer tema “Fatalidade”, del último disco “Rua da Emenda”.
Su voz es una delicia en cuanto a timbre y tesitura y los arreglos musicales
son de gran calidad. Para ello se acompaña de un gran intérprete de guitarra
portuguesa, Bernardo Couto, que le da el timbre tradicional, pero también
cuenta con José Miguel Conde manejando las llaves del clarinete y el clarinete
bajo, que aporta un sonido original a las respuestas de las melodías vocales.
Menos protagonismo tuvo Joao Moreira, aún así, sus intervenciones en la
trompeta con sordina en temas como “Valsa dum pavao Ciumento” o “Guia”, fueron
de gran sutileza. El metrónomo y la riqueza rítmica estuvo a cargo de Mario
Costa en la batería y percusiones, y todos ellos coordinados bajo la dirección
del contrabajista Ricardo Cruz, encargado de engrandecer las melodías de
Zambujo con buenos arreglos musicales.
Ejemplo de buenos arreglos es el fado “Apelo” que empezó calmado y fue
subiendo la intensidad para finalizar en una larga nota del cantante. También
es destacable el “Fado Desconcertado”, con clara influencia de la bossa
nova, o “Algo Estranho Acontece” que tanto me recuerda a Piazzolla y su
“Libertango”. También hubo temas para deleitarse ( “Flagrante”),para hacer un guiño al Sporting y arrancar
las risas de los presentes ( “Zorro”) o para cantar a pleno pulmón toda la
plaza (“Noche de Ronda” o “Cielito Lindo”).
António Zambujo preguntó al público si se entiende lo que canta y las
respuestas estaban bastante divididas: unos decían que sí, y otros que no pero
que les daba igual. Cierto es que el portugués se capta a grosso modo pero para
entender las sutilezas de sus historias románticas, amores perdidos,
sensaciones de soledad, etc., hay que dominar la lengua y el google translate
aún está en pañales. En lo que no estaban divididas las opiniones del público
era en lo agradable que suena la música de Zambujo y en lo bonita que es su
voz. Y eso que dicen que el fado es cosa triste, sin embargo, el público se
marchó muy alegre tras haber disfrutado de este gran concierto.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
Dani Nel-Lo y los
Saxofonistas Salvajes. Presentación del festival Rocking Gijón Weekender”.
Plaza Mayor, 6 de agosto.
Una buena dosis de Rock and roll y Rhythm and blues, con algunos toques de
swing, es lo que pudimos escuchar en el concierto de presentación del festival
“Rocking Gijón Weekender” en la Plaza Mayor. El saxofonista Dani Nel-Lo dio a
conocer en Gijón su proyecto más personal, reivindicando grandes temas que
tuvieron al saxofón como protagonista principal en la década de los 40’ y 50’,
en lo que fue conocido como el sonido de los “honkers”, en pleno declive de las
big bands. Para este proyecto al que llamó “Saxofonistas Salvajes”, en
honor a todos aquellos saxofonistas que asentaron las bases del rock and roll,
contó con la colaboración de dos guitarras, bajo, batería, percusión y saxo
barítono.
Arrancaron con el tema emblemático de este proyecto, “Flying home” de
Benny Goodman y Lionel Hampton, y ofrecieron una hora y media de concierto a
base de música instrumental de grandes compositores de música para saxofón como
Illinois Jacquet, Arnett Cobb, Noble Watts o Red Prysock. Dani Nel-Lo, un
artista conocido por sus colaboraciones con Loquillo, Ariel Rot o como miembro
de “Los Rebeldes”, entre otros, supo trasladar al escenario el espíritu,
la frescura y ese toquede rebeldía
juvenil que aportaron los “honkers” y contagió a un numeroso público que no
dejó de bailar y colaborar con palmas.Destacaron temas como “Gator Blues”, en el que Dani Nel-Lo mostró las
grandes posibilidades del saxo tenor en cuanto a tesitura. La capacidad rítmica
y la sensibilidad impregnaron a la Plaza Mayor de exotismo con el tema “Sands
of Sahara” del controvertido Lynn Hope. También brillaron varios solos de saxo
barítono, entre ellos “Snake Eyes”, a cargo de Pere Miró. Pero no todo fueron
solos y exhibición de saxofón, también había hueco para las improvisaciones de
las guitarras y de las percusiones en un concierto que destacó por su energía
contagiosa.
En definitiva, un concierto muy agradable a cargo de unos artistas que
consiguieron trasladarnos al otro lado del charco y vivir una etapa de la
música que brilla por su frescura y por su escasez interpretativa. Y es que
detrás de esa apariencia de música visceral, improvisada ysalvaje hay muchas horas de ensayo, de
estudio y de búsqueda de un sonido que define a una época. Ese sonido y esa
técnica es lo que ha conseguido Dani Nel-Lo con su proyecto “Saxofonistas
Salvajes”.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade.
Teatro de la Laboral, viernes 20 de abril, 2018
En la música, como
en todo, hay acontecimientos que se convierten en hitos históricos y se
mantienen en la memoria colectiva pasando a formar parte de rankings, de
páginas de internet o de libros recopilatorios cuyo título comienza por “Los
100 mejores de…”. Pues bien, a mi juicio la unión de tres astros de la primera
liga del jazz que se juntan para crear “Children of the Light” bien podría ser
uno de esos hitos históricos. Se trata de Danilo Pérez (piano), John Patitucci
(contrabajo) y Brian Blade (batería): tres músicos con una trayectoria más que
solvente que dominan el lenguaje del jazz en todas sus vertientes como pocos.
La presentación de este disco en el Teatro de la Laboral probablemente quede
grabado en la memoria de los asistentes por mucho tiempo, ya que las
sensaciones más placenteras afloraron desde la primera nota del piano y fueron
in crescendo durante casi dos horas de concierto.
Abrieron con
“Children of the Light”, tema homónimo del álbum, en el que se aprecia la
calidad técnica y la riqueza del lenguaje que utilizan cada uno de ellos:
improvisaciones, obstinati, búsqueda de diferentes timbres, cambios rítmicos y
un sinfín de matices que conforman su manera de entender el jazz más
contemporáneo.Cada composición aglutina
una cantidad de técnicas y de estilos que desborda los oídos de los
aficionados. Impacta el altísimo grado de entendimiento que se aprecia desde la
butaca, -están conectados de tal forma que respiran a la vez-, sin embargo, lo
mejor del trío es su nivel tan grande de improvisación: tienen tanto dominio y
disfrutan tanto de lo que hacen que no dejan de sorprenderse con las
improvisaciones de sus compañeros. Así lo pudimos comprobar en el tema lento y
enigmático “Midnight on Congo Square” o en “Suite for the Américas”, en el que
Patitucci exploró el contrabajo con el arco, produciendo sonoridades totalmente
diferentes.Una gran composición sin
duda. También estuvo presente un homenaje al creador del bebop Thelonious Monk
con una particular versión de la desconocida “Gallo’s Gallop”.
Con “Lumen”, además
de la experimentación tímbrica -apagando y jugando con las cuerdas del piano-,
se buscó la interacción con el público para silbar una melodía, pero se ve que
el silbido no es nuestro fuerte, a juzgar por el caos melódico que se formó
durante unos segundos. Rápidamente Danilo Pérez desistió del intento, dejando
que el tema fluyera y creciera hasta el apoteósico final. La ovación fue larga
y sonada.
La faceta más
humana y de compromiso social de Danilo Pérez también estuvo presente al
dedicar “Within Everything” a Donald Trump, al que le envía energía “para ver
si se le ilumina algo y le entra un poquito de luz”. Falta hace.Varias anécdotas de crítica social se
sucedieron entre tema y tema pero lo que más destacó fue el buen jazz extraído
de un trabajo dedicado al saxofonista Wayne Shorter, culpable de la unión de
estos tres grandes.
Sin duda, un
orgullo para Gijón haber podido contar con la presencia de Pérez, Patitucci y
Blade en su gira europea y una gran satisfacción para los asistentes al teatro,
al ser protagonistas del estreno de un disco que,probablemente, será mencionado.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
BILL LAURANCE GROUP. Festival Jazz Gijón. Teatro Jovellanos,
sábado, 11 de noviembre
La programación del
Festival Jazz Gijón en la presente edición venía cargada de grandes figuras
pero, sin duda, Bill Laurance Group era la más esperada. Hablamos de un grupo
liderado por el pianista Bill Laurance que representa a lo más selecto del jazz
contemporáneo actualmente, que tiene en su haber un Grammy y numerosos premios
avalados por la crítica. Llegó al Teatro Jovellanos y no defraudó.
Composiciones complejas
llenas de armonías profusas con acordes abiertos o tensiones encadenadas,
continuas modulaciones, virtuosismo, cambios de ritmo en compases de amalgama,
amplia paleta de timbres,… Dicho así
puede dar la impresión de que su música está dirigida a oídos demasiado
selectos y exigentes. De otro modo, parece música para entendidos, pero no es
así. El nivel musical de este compositor
y su grupo es tan alto que logra que parezca fácil toda esa complejidad y, por
lo tanto, fácil de escuchar para cualquier público profano en la materia.
Intentar destacar
alguna de las diez composiciones que ofreció durante hora y media es ardua
tarea. El repertorio traía varios cortes de su último disco “Live at Union
Chapel” y algún tema de sus anteriores trabajos, bien en solitario o con el
grupo “Snarky Puppy”. Impresionó la versión en directo de “December in New
York”, con un aire minimalista que por momentos nos recuerda a pasajes de
Ludovico Einaudi fusionado con Pat Metheny y The Bad Plus. En formato trío también pudimos escuchar el animado “The Pines”, más tradicional
contemporáneo, donde el batería Joshua Blackmore se lució con la compleja
polirritmia, creando la base para el virtuosismo del piano y una preciosa
melodía de Bill Laurance.Y viajamos al espacio interestelar
con composiciones como “Aftersun”, con una base arpegiada que funciona como
riff para que Laurance pueda explorar
con su teclado Nord abriendo y cerrando
filtros para modificar el sonido en directo, cambiando al piano
eléctrico Rhodes o experimentando con sonidos lead de sintetizadores. Todo un despliegue de medios que era completado
por el batería con la utilización de un Octapad y el bajista Chris Hyson, que fue
saltando durante toda la velada entre el contrabajo, el bajo eléctrico y un
sintetizador. Del mismo álbum “Aftersun” también pudimos escuchar “Golden Hour”
con gran riqueza de matices y colorido instrumental.
Su particular versión
del clásico “Cucurrucucu Paloma” terminada en un pianísimo exquisito despertó
la sonrisa de los presentes que llenaban la butaca del teatro. Un público que
aplaudía cada intervención y disfrutaba de un trío instrumental capaz de
fusionar todo lo que podamos imaginar. Bill Laurance Group destaca por
creatividad, por calidad técnica y por cuidar al detalle cada sonido, cada
timbre y cada matiz. Así lo comprobamos en el Jovellanos. Por ello Bill
Laurance recibirá y recibe tantos premios, entre ellos un Grammy como he dicho
antes, y bien merecido que lo tiene.
Sheila Jordan. Festival
Jazz Gijón. Teatro Jovellanos, viernes
10 de octubre.
A punto de cumplir
ochenta y nueve años, llegó al Festival Jazz Gijón la gran dama del jazz Sheila
Jordan. Con una dilatada carrera iniciada en la época dorada del jazz, junto a
Charlie Parker, George Russell o Lennie Tristano, y que cuenta entre sus muchos
méritos haber sido la primera mujer en grabar con el emblemático sello Blue
Note, congregó a un numeroso público dispuesto a disfrutar de la actuación de
un mito viviente.
Desde el primer tema el
público supo apreciar su calidad, su puesta en escena, su simpatía y
su energía, dejando claro que la edad no es ningún impedimento para
mantenerse encima del escenario haciendo lo que mejor sabe hacer. Para su gira
por España, -recordemos que la noche anterior actuó en Madrid y que cumple un
calendario como si se tratara de una artista mucho más joven- se acompañó del
trío “CCD”, utilizando la primera letra del nombre de los tres componentes:
César Latorre (piano), Cord Heineking (contrabajo) y Daniel García Bruno
(batería). Tres músicos como la copa de
un pino que manifestaban con sus instrumentos sentirse orgullosos de formar
parte de algo tan grande como es acompañar a la mismísima Sheila Jordan. Los arreglos
de César Latorre al piano engrandecían cada pieza.
De su repertorio podemos
destacar su versión de “Bird Alone”, un precioso tema de Abbey Lincoln tocado
al estilo bossa o la manera de improvisar y los arreglos de “Autumn in New
York”, para lucimiento del contrabajo. En la mayoría de los temas nos
sorprendía con improvisaciones al estilo scat – como lo hacía la gran Ella
Fitzgerald- pero, además, Sheila Jordan convierte piezas estándar en canciones
divertidas, cambiando las letras y haciendo guiños a personajes e historias que
han formado parte de su dilatada vida. El público se lo agradecía con
espontáneas carcajadas. Así ocurrió en
“Willow Weep for me”, un tema que formaba parte del repertorio de grandes
cantantes del jazz como Billy Holliday o Nina Simone. También hubo varios momentos de infinito
agradecimiento y devoción por Charlie Parker, quien confió en ella en sus
inicios al decirle “Chica, tienes un oído de un millón de dólares” y le enseñó
a ser ella misma y a expresarse con su propia voz. Dedicatorias, también, para
Clint Eastwood por dirigir “Bird” y contribuir a acercar al público ajeno al
estilo la figura de Parker, de apodo “Bird” o “Yardbird”.
Sin duda, una noche
mágica en la que Sheila Jordan dejó patente que es una grande y se morirá
encima de los escenarios. Esperemos que
tarde mucho tiempo y que podamos seguir disfrutando de su buen jazz.
Festival Jazz Gijón 2017. Teatro Jovellanos, 9 de noviembre, 2017.
El Festival Jazz Gijón
inauguró la temporada con el pianista más internacional y más respetado que
tenemos en Asturias. Isaac Turienzo,
nacido en Gijón, cumple “30 años de Jazz” y quiso celebrarlo con sus paisanos
en el Teatro Jovellanos. Dónde mejor.
Con aire flamenco
inició su primer tema, “Lush Life” de Billy Strayhorn, y lo transformó en bebop
pasando por la bossa nova, estilos que fusiona habitualmente en su
repertorio. Todo un espectáculo de
virtuosismo y de riqueza armónica en un tema de diez minutos, que supo dulcificar por momentos para que al público le diera tiempo a coger
aire y exponer sus oídos al siguiente fraseo.
Pero no nos engañemos, Turienzo no se caracteriza por buscar sonoridades
consonantes afines a un público mayoritario.
Y se lo agradecemos. Para eso ya
hay muchos otros.
Velada de homenajes,
comenzando por el flautista Jorge Pardo, un habitual compañero de escenarios, y
para ello Turienzo interpretó el precioso tema “De Picos Pardo”, con un estilo
menos flamenco que el original y unas improvisaciones más cercanas al bop y al
cool jazz. Homenaje también para el gran
Tete Montoliu -que siempre está en su memoria-, ya con Miguel Ángel Chastang
(contrabajo) en el escenario, formando un dúo lleno de ricos matices. El estilo inconfundible de Thelonious Monk también estuvo presente para
lucimiento de Turienzo y Chastang, cómplices de cada sonido y cada fraseo.
El trío al completo,
tras la incorporación del batería Fernando Arias, ofreció un recital muy variopinto consiguiendo que el tiempo se
detuviera para los presentes en el teatro:
la balada de Ivan Lins “Começar de novo”, con la que Turienzo acostumbra
a abrir sus recitales, una versión muy especial de “Bésame mucho” a compás
ternario o el estándar de origen francés “Autumn Leaves”, con aires renovados
por el pianista, comenzando en tempo lento y alcanzando una velocidad
vertiginosa donde captamos sonoridades originales. A estas alturas es difícil escuchar alguna
versión novedosa de este tema, pero ahí estaba.
En los conciertos de
Turienzo no puede faltar algún tema tradicional asturiano, y para la ocasión
una magnífica versión jazz de “Santa Bárbara bendita”, que lleva con orgullo
por los escenarios de todo el mundo. Para cerrar el recital, después de
“Caravan” (Duke Ellington) en el que destacó el magnífico solo de batería, “Balada para Tete”, una genial composición de
Turienzo con la que disfruta y exhala admiración por todos los poros hacia el
gran Tete Montoliu.
Un gustazo
escuchar la cantidad de registros que
ofrece el trío, mostrando calidad técnica, empaste, virtuosismo y amor por lo
que hacen. El público supo recompensar el
trabajo y la trayectoria de tres décadas con una gran ovación.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
Homenaje a Chet Baker. Sala
Acapulco del Casino de Asturias. 26 de octubre.
Con un ambiente acogedor, a modo de club de jazz con mesas
y sillas distribuidas por la pista de baile -sólo faltó el humo para recrear
los grandes clubs de jazz de los años 50’-, se dio cita en la sala Acapulco la
primera producción de una serie de conciertos dentro de “El tiempo
delicuescente”, un título que hace honor a la novela “Rayuela” de Julio Cortázar. En esta ocasión se rinde homenaje (no confundir con tributo) al gran
trompetista de jazz Chet Baker, un músico que abrazó el bebop de la mano de
Charlie Parker y se forjó una carrera como figura clave del cool jazz.
Para profundizar en la música más representativa de la
trayectoria jazzística de Chet Baker se seleccionó un repertorio bien estudiado
y unos músicos bien escogidos entre los grandes del jazz de la escena
asturiana. El concierto se inició con “I
fall in love to easy” en la voz sensual de Jorge Viejo y continuó con “I could
happen to you”, destacando la breve improvisación al piano de Jacobo de Miguel.
La famosa composición de Cole Porter “Every Time We Say Goodbye” sirvió de presentación del trompetista Aitor
Herrero, con un solo de trompeta correcto caracterizado por su brevedad ceñida
a los ocho compases por influencia de Charlie Parker. Él decía que los solos si
eran largos era un ensayo y ensayar se hacía en casa. Chet Baker lo aprendió y
Aitor Herrero captó el mensaje.
Algún tema instrumental como “Lover Man” y clásicos como
“Autumm Leaves” o “Summertime” con un estupendo solo de saxo de Jorge Viejo ,
fueron interpretados con calidad por los músicos mencionados junto con Manu Molina a la batería y Javi San
Marcos al contrabajo; los dos se encargaron se mantener el tempo y el pulso con
precisión.
No faltó “My funy Valentine”, susurrada por la voz de Jorge Viejo emulando la
versión que popularizó Chet Baker al grabarla, primero como versión
instrumental y seguidamente cantada por él mismo con tanta fragilidad que se
convirtió en una forma estándar de cantarla y quizás su tema más
representativo. La genial interpretación de todos los músicos levantó sonoros
aplausos.
Otros grandes temas como “Just Friends” o “Almost Blue” de
Elvis Costelo se pudieron escuchar durante hora y media en una velada
caracterizada por una buena sonoridad, destacando la técnica y afinación de
Jorge Viejo en la voz y sobremanera la interpretación con el piano de cola de
Jacobo de Miguel que se lucía en cada fraseo y cada improvisación. Sin duda un gran concierto que nos dio a
conocer al gran Chet Baker y nos despertó la curiosidad por adentrarnos en su
particular genialidad jazzística.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
Concierto del Colectivo Asturiano de Jazz
(CAJ) en la Plaza Mayor. Gijón Sound Festival.Domingo, 2 de marzo
Cuando se asiste con frecuencia a las sesiones de jazz, en las
que la formación no corresponde a un nombre o a una identidad particular, se
puede llegar a tener la sensación de estar viviendo ese famoso “día de la
marmota”, cuya existencia conocemos todos a raíz de la película “Atrapado en el
tiempo”, (espectacular el papel de Bill Murray, dicho sea de paso). ¿Y por qué
digo esto? Porque, en estos casos los músicos de jazz se juntan un par de días
antes (a veces ni eso), decidenrápidamente un repertorio archiconocido por todos los integrantes y se
dedican a improvisar varias ruedas sobre temas estándar extraídos del Real
Book, que es el manual indispensable para cualquier jazzista. Es decir, es
siempre lo mismo con pequeñas variaciones.
Pues bien, para la despedida de la tercera edición del
Gijón Sound Festival se optó por un concierto dedicado al jazz en la Plaza
Mayor. Y para ello contó con una representación del Colectivo Asturiano de Jazz
(CAJ), formado para la ocasión por Jorge Viejo (saxo y voz), Xaime Arias
(piano), Manu Molina (batería), David Casillas (contrabajo) y Carlos Pizarro
(guitarra). El quinteto ofreció un repertorio estandarizado (de los del Real
Book), pero escogido con cierta elegancia en diferentes aires dentro del jazz:
bossas, swing, funk, latin…
El saxofonista Jorge Viejo lideró está formación especial y
desde los primeros temas, concretamente con“It could happen to you” del trompetista Chet Baker, dejó claro
que, además de dominar el saxo tenor tenía una sólida formación vocal. También
se lució con bossas, como la preciosa “ Brigas nunca
mais”, original de Tom Jobim en versión de Djavan. Quizás, sus improvisaciones
vocales tipo scat, desarrollado al máximopor la gran Ella Fitzgerald, quedaron técnicamente correctas pero un
tanto frías. Un poco de riesgo no hubiera estado mal, de todos modos Jorge
Viejo tiene un bonito timbre y desde luego sabe cantar.
A pesar de que la
acústica de la carpa no favorecía la sonoridad y no permitía captar todos los
matices que estaban presentes, todos los músicos tuvieron sus momentos
correctos y algunos brillantes, comoCarlos Pizarro con su improvisación en “Just Friends”. La técnica
impecable de toda la formación fue superada por el pianistaXaime Arias al imprimirle un plus de pasión.
Y no es que al resto de la banda le falte (pasión, quiero decir), es que Xaime
desborda. Su particular forma de frasear, sus experimentaciones rítmicas con
apoyaturas en las notas y en los pulsos más inesperados, sus largas
construcciones que abren hacia el agudo
y regresan al punto de partida alejadas de la mecánica, amén del virtuosismo,dan coherencia, carácter y naturalidad a cada
melodía. Tiene una forma de improvisar y
de dialogar con el resto de la banda que le hace singular.Sin duda uno de los mejores pianistas que
tenemos en España.
Y por todas estas
razones, y otras que me callo por falta de espacio, puede que fuera otro “día
de la marmota” en el jazz pero, desde luego, un día especial que merece la pena
revivir.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 5 de abril, 2017.
En 1960 se estrena la película 091, Policía al habla, inspirada en hechos reales y dirigida por José
María Forqué. La música corre a cargo del compositor Augusto Algueró y cuenta
con la participación del saxofonista Pedro Iturralde. Basta escuchar las partes
de saxofón incluidas en la banda sonora para apreciar que hay un gran músico
detrás del instrumento, aunque en los créditos del film no aparece su nombre.
Según
Padrol el catalán Augusto Algueró es el responsable de la evolución de la
canción española, convirtiéndola “de folklórica en moderna” (Padrol 2009:390).
Hijo y nieto de músicos (su abuelo fue el pianista de Raquel Meller y su padre
fue pionero de los editores musicales españoles), tiene una solvente
trayectoria como arreglista, director de orquesta, pianista y compositor.
Estuvo muy influenciado por el jazz y la música norteamericana, y sus inicios
en la música de películas se sitúan en el “Teatro Cómico” del Paralelo de
Barcelona, situado enfrente de los Estudios Iquino de Cine. A finales de los 50
se convirtió en una de las figuras claves de la música moderna española, con
canciones popularizadas por Marisol, Rocío Dúrcal o Los Cinco Latinos, entre
otros. Compuso numerosas bandas sonoras de diferentes estilos, para una gran
variedad de films, sin embargo, el único premio que se le ha concedido hasta la
fecha es la Medalla de Oro del Cine Español, concedida con motivo del
Centenario del Cine (Padrol 2009: 394).
El
argumento de la película "091, Policía al habla" trata de la vida de un policía que atiende las
llamadas de emergencia nocturnas en su coche patrulla. Su hija de 7 años es
víctima de un atropello a la salida del colegio y el conductor se da a la fuga.
Cuando consiguen localizar el coche del siniestro, el policía (interpretado por
Adolfo Marsillach) quiere encargarse personalmente de detener al conductor.
Mientras, el cuerpo de policía tiene que resolver diferentes sucesos que se
desarrollan a través de distintas historias paralelas: la mala relación del
protagonista con su mujer a raíz de la muerte de su hija, un grave accidente de
coche con dos muertos por los efectos del alcohol, una mujer que se pone de
parto, un niño que necesita urgentemente una bombona de oxígeno para respirar y
un robo a gran escala, son algunos de los sucesos a los que se enfrenta la
patrulla de policías en el transcurso de una noche. Dos cacos de poca monta,
interpretados por Tony Leblanc y Manolo Gómez Bur, aportan la comicidad
necesaria a una película basada en la tragedia, para aligerar la tensión. Este
tipo de contrastes es una herencia de la zarzuela, del sainete y en general del
teatro español.
La
finalidad de la película, además del entretenimiento, es mostrar al cuerpo de
policía en labores heroicas y al mismo tiempo humanas, con un marcado carácter
apologético. Es destacable el desarrollo y la estructura del film, así como los
apuntes costumbristas de la época (Aguilar 2013:93). En este aspecto es
necesario destacar el papel de la esposa del policía, prototipo femenino de la
mujer servicial, generosa y todo un conjunto de virtudes necesarias para asumir
lo que debe y puede hacer en la vida una mujer de la época: ser esposa, madre y
ama de casa. Con la pérdida de la niña la relación se desmorona, pero aun así
ella está dispuesta a resolver la situación siempre que su marido la necesite.
Otra pincelada costumbrista que está presente en el film es el que da lugar a
la frase “estar de Rodríguez”, mientras las esposas se van de vacaciones a la
playa con los niños.
La
película se enmarca en un contexto histórico en el que cobra gran importancia
la crónica criminal, en parte debido al auge del semanario El Caso,
fundado en 1952 (Benet 2012: 306). El reparto es excepcional, contando con
algunos de los actores más importantes de la época: entre ellos Adolfo
Marsillach, Tony Leblanc, Susana Campos, José Luis López Vázquez, Manolo Gómez
Bur, María Luisa Merlo, Francisco Cornet, Julia Gutiérrez Caba, Gracita
Morales, Antonio Casas, Asunción Balaguer, Irene Gutiérrez Caba, Agustín
González o Antonio Ferrandis.
La
secuencia inicial es especialmente interesante para ver la relación que se
produce entre música e imágenes ya que sin música no tendría el mismo sentido.
Esta escena nos muestra diferentes planos de niñas vociferando a la salida del colegio, en un hábito muy común, alternándose
con planos de un coche que circula de manera sospechosa y el ruido del frenazo
al dar la curva con excesiva velocidad. La integración música-efectos de sala
crea un continuum sonoro que nos sitúa emocionalmente dentro de la secuencia.
La salida del colegio se orquesta con un ritmo constante de percusión, con un
acorde obstinato construido con un tritono (Fig. 1) y va tomando
cada vez más presencia, incrementándose la instrumentación y acelerando el
pulso rítmico. Es la música la que nos comunica la gravedad de los hechos que
van a acontecer.
Inmediatamente la
niña es atropellada y hay una explosión de metales con un glissando descendente
sobre tres notas (Fig. 2), cuatro pulsos más de percusión en un registro
más grave y de nuevo metales con intervalos disonantes anunciando la tragedia (Fig.
3). De hecho, el plano cenital junto con el acorde en los metales en glissando
descendente nos comunica que la niña ha muerto.
La
música, por tanto tiene una función narrativa puesto que sin música sólo
sabemos que una niña ha sido atropellada. La película continúa sin música
mientras se informan de quién es la víctima, tan sólo se alternan diálogos con
sonido ambiente, ruidos de coches y máquinas de escribir.
La
banda sonora que acompaña a los créditos iniciales tiene una orquestación
claramente inspirada en la película “Vértigo” dirigida por Alfred Hitchcock,
con música de Bernard Hermann. El estreno de Vértigo es de 1958, dos años antes
de la película de Forqué, y Hermann se había convertido en una referencia para numerosos compositores de
bandas sonoras. La música de Augusto Algueró presenta un aire de fusión entre
el jazz y ritmos caribeños. Un motivo circular en obstinato con corcheas
sobre compás ternario, surge cuando le comunican al policía a través de la
emisora que es su hija la que ha muerto y da lugar al inicio de los créditos
(Fig. 4). La banda sonora de Vértigo también se
construye con un motivo circular en obstinato que forma una espiral con
tresillos de negra sobre compás binario (Fig. 5). En las dos películas los
motivos circulares sirven de fondo para desarrollar la sección de metales,
siempre de agudo a grave, con cromatismos que tienen su máximo clímax en
registro grave, tan característico del estilo de Herrmann. Otros elementos
característicos de este autor son: el uso de motivos muy pequeños que somete a
una constante repetición con un elaborado tratamiento sinfónico y el privilegio
del registro grave en la orquestación a cargo de los instrumentos de viento en
detrimento del lirismo de las cuerdas. Estas características se aprecian en la
banda sonora de Augusto Algueró pero adaptándolas a la música de jazz.
En el siguiente vídeo podemos ver el inicio de la película Vértigo de Alfred Hitchcock con banda sonora de Bernard Hermann.
Como
comentamos anteriormente 2 personajes aportan el tono cómico a la obra. Se
trata de dos ladronzuelos que roban un pequeño coche (muy moderno para la
época) y unos melones para intentar impresionar a unas chicas (que no aparecen
en el film). Estos dos personajes cómicos suelen aparecer después de escenas de
máxima tensión y dramatismo y generalmente todas las fechorías que llevan a
cabo les salen mal. Para narrar su presencia, el compositor crea un motivo
musical sobre la escala pentatónica de Mi (Fig. 6), sobre una base
armónica de tónica y dominante. Para cerrar la melodía, a modo de pregunta y
respuesta utiliza un turn around, característico de la música de blues y
la mayoría de las veces está interpretada por marimba y guitarra de caja.
El mismo motivo podemos escucharlo cuando los cacos intentan
vender un maletín de relojes que se han encontrado en el coche robado, sin
saber que tienen un alto precio. Cuando les van a pagar el
importe de la venta de 2 de los relojes se asustan y deciden devolverlo al
lugar de origen (el coche robado), ya que son ladrones “honrados”. Para narrar
esta escena, el compositor utiliza el mismo motivo, pero la melodía está
interpretada por una flauta sobre un ritmo de swing llevado a cabo con
percusiones.
https://www.youtube.com/watch?v=JMTtBSKQxoQ
Poco después de haber devuelto el coche al mismo lugar donde lo
habían sustraído, son detenidos, pero en ese momento el policía (Adolfo
Marsillach) quiere llegar al aeropuerto cuanto antes para evitar que su esposa
se marche a Barcelona. Por ello deciden dejar a los ladrones libres y en ese
momento vuelve a sonar el motivo, con saxofón a ritmo de swing orquestado e
improvisaciones de clarinete.
Los
motivos comentados hasta ahora son los más significativos y tienen lugar a lo
largo de todo el film para ambientar diferentes escenas, principalmente de
carga dramática (Fig, 1, 2 y 3). Además, la banda sonora contiene otras músicas
que ayudan a narrar las distintas situaciones a las que se ven sometidos los
diferentes personajes. También encontramos música diegética para situarnos en
lugares de ocio (una bolera, un pub, un tablao flamenco…). La máxima tensión se
produce al final de la película en el aeropuerto de Barajas ya que, por un
lado, el policía protagonista quiere evitar que su mujer se vaya y, por otro
lado, han sido movilizadas numerosas patrullas para detener a una banda
organizada de ladrones, que intentan huir con el botín a Lisboa. Se producen
escenas de persecución y disparos con máxima tensión, típicas de cine
policiaco. Para ambientar esta escena (que dura casi 5 minutos), Augusto
Algueró recurre a todo el arsenal de motivos y melodías que ha utilizado
durante toda la película: los tres acordes de metales cuando los ladrones son
descubiertos; motivo de espiral con marimba, percusión y metales, junto con las
sirenas de policías al iniciarse la persecución; una improvisación de estilo
be-bop sobre base del motivo de espiral; la música de los créditos iniciales
junto con los golpes en obstinato de la primera escena aderezado con sirenas de policías y múltiples
disparos. El policía protagonista cae herido y suena una variación de los 3
acordes de metales (Fig. 2). Su esposa acude en su ayuda, mientras, la escena
de la persecución continúa desarrollándose in crescendo, hacia el agudo,
hasta el momento en que disparan al ladrón.
La música nos
informa de que la persecución ha terminado al morir el ladrón, con una sinuosa
melodía de saxofón. Unos instantes sin música, tan sólo con el sonido ambiente
de los ruidos de motores y la ambulancia que se lleva al policía herido junto
con su esposa. Para los breves créditos finales se utiliza el motivo de
los cacos desarrollado con gran orquestación, a modo de big-bang con ritmo de
swing. En definitiva, una interesante película que nos acerca a algunos aspectos de los usos y costumbres de la sociedad española en los 60', con una banda sonora a la altura de cualquier película de cine negro hollywoodiense. Bibliografía:
AGUILAR, Carlos. Cine y jazz. Ediciones Cátedra,
Madrid, 2013.
ALCALDE
DE ISLA, Jesús. “Pautas para el estudio de la música cinematográfica”. Área
Abierta, Nº 16, Marzo 2007
BENET,
Vicente J. El cine español: Una historia cultural. Paidos, Barcelona,
2012. PADROL
Joan, “La música del cine español de los años 50: Augusto Algueró, Xavier
Montsalvatge e Isidro B. Maiztegui” en OLARTE, Matilde. Reflexiones en torno
a la música y la imagen desde la musicología española. Plaza Universitaria
Ediciones, Salamanca, 2009. P. 389-402. SANCHEZ BARBA, Francesc. Brumas del Franquismo: el auge
del cine negro español (1950-1965). Edicions Universitat Barcelona, 2007.