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viernes, 16 de noviembre de 2018

Carmen Souza: Jazz comercial con gran calidad

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Carmen Souza & Theo Pascal Creology Tour 2018. Festival Jazz Gijón. sábado, 10 de noviembre.

El cartel más comercial y capaz de atraer a un público heterogéneo al teatro en esta edición del Festival “Jazz Gijón” era Carmen Souza, sin duda. De origen portugués y ascendencia caboverdiana, fue etiquetada como “Best Jazz Singers” (2013) por la Radio Nacional Pública de Estados Unidos, una categoría bien merecida a raíz de lo escuchado en el Jovellanos. Carmen Souza no es sólo una gran instrumentista vocal capaz de abarcar tesituras amplias y controlar perfectamente la emisión de aire buscando sonidos y resonancias distintas a la proyección natural.  Souza cuenta con buenos músicos y buenas canciones que están construidas desde la reflexión y el conocimiento, fusionando jazz contemporáneo con ritmos brasileños y africanos.

Acompañada con su guitarra comenzó con “Xinxiroti” en alusión a un pájaro que cantaba todos los días cada vez más alto. Un tema lento con un final muy original para dar paso a la bossa nova “Song for my father” y  “Cape Verdean blues”, composiciones del gran pianista Horace Silver que influenció a una gran cantidad de primeras figuras del jazz contemporáneo. Carmen demostraba su dominio del scat con largas improvisaciones perfectamente afinadas. Los músicos acompañantes (bajo, batería y saxo) evidenciaban su calidad, destacando sobremanera Theo Pascal que alternaba el contrabajo y el bajo eléctrico y es autor de gran parte de las canciones de Carmen Souza.

Alternando la guitarra con el piano la cantante portuguesa conquistó a los más escépticos con la  samba “Upa Neguinho” y la presentación en idioma portuñol de la morna caboverdiana a ritmo de jazz “Magia Ca Tem“: un bonito tema lento con una armonía compleja y una buena improvisación del saxofonista británico Quinn Oulton. El público se lo pasaba en grande cantando el coro de “Ligria”, dando contestaciones al alegre “Code” o disfrutando del precioso tema “Moonlight Serenade”, con un acompañamiento de bajo excepcional.


Gran ovación se llevó el saxofonista por la improvisación de “Thursday”, tema con el que despidieron el concierto.  Aún faltaba el bis “África” y el público se puso de pie dispuesto a bailar en sus butacas y corear el estribillo con palmas hasta  que se fundieron en un gran aplauso.


Carmen Souza no sólo canta bien, tiene muchas tablas y se hace querer por su simpatía y su saber hacer. Se rodea de muy buenos músicos capaces de defender un repertorio difícil y muy bien seleccionado, con constantes cambios de ritmo para que la emoción no decaiga.  Una gran profesional que supo ganarse al público de Gijón a base de jazz comercial y de mucha calidad.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 14 de agosto de 2018

Shirley Davis & The Silverbacks: lo más chic del soul


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Shirley Davis & The Silverbacks durante la Semana Grande de Gijón. Plaza Mayor, domingo, 12 de agosto.

Si entendemos  “chic” como algo sofisticado y elegante, es el término que mejor describe la propuesta de Shirley Davis & The Silverbacks. La presentación del segundo disco “Wishes & Wants” en la Plaza Mayor dejó claro quién es la gran Davis.

En cada concierto tengo la costumbre de dedicarle más atención a los músicos que al artista principal, sin embargo, con Shirley Davis me pasa todo lo contrario: desde que sale al escenario no soy capaz de quitarle la vista  de encima. Su vestuario, su forma de mover los brazos, su manera de caminar y de intercambiar guiños con la banda...,  es todo sofisticación. Pero, lo que más me gusta es su voz:: su forma de proyectar el sonido en las canciones más blues y soul, o cómo corta las notas rápidamente en las canciones funk, creando una sensación rítmica como un instrumento más, hace que Davis sea una cantante particular.

Fue un placer escuchar temas arrolladores como “My Universe” de su primer disco “Black Rose”, reivindicativos como “Woman Dignity”, cuyo título ya describe de qué va el tema o muy rítmicos como “Night Life”. Su particular versión de Aretha Franklin en “I never loved a man” me cautivó.  Y eso que Aretha Franklin es de mis favoritas y pocas veces me conquista una versión de sus temas.  Dicho sea de paso mis mejores deseos para la gran Aretha, puesto que en el momento de redactar estas líneas me llega la información de que está en una situación muy grave. Larga vida a Aretha Franklin.

Para la banda que acompaña a la cantante, “The Silverbacks”, todo son halagos. Los solos de teclado con el Nord y su sonido hammond destacan sobre manera, al igual que el groove del bajista que hacía que el ritmo fluyera.  También muy destacables los agudos conseguidos en la trompeta y las rítmicas de la guitarra en los temas funk.  Una gran banda formada por la discográfica Tucxone Records para acompañar a la cantante, que son capaces de reinventar el sonido soul y aportar nuevos matices.

Sin duda, el concierto más chic de la Semana Grande. Creo que quedará archivado en la memoria de los presentes en la Plaza Mayor por su calidad, por su elegancia y por lo bien que lo pasamos escuchando a la cantante londinense y afincada en España Shirley Davis y su gran banda “The Silverbacks”.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Antonio Zambujo:más que fado


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António Zambujo, Semana Grande. Plaza Mayor, jueves 9 de agosto.

La sensibilidad y la elegancia de la música portuguesa impregnó la Plaza Mayor de Gijón en una noche más que agradable. António Zambujo, considerado el mejor cantante masculino de fado,  ha sabido romper los límites del estilo que lo encumbró y convertirse  en uno de los representantes más importantes de la música portuguesa a nivel internacional. Sus sonoridades mantienen la esencia del fado tradicional y añaden toques brasileños, africanos, griegos y elementos del jazz. Quizás, por ello su música es tan especial.


Esa sonoridad diferente que  tienen las canciones de Zambujo la captamos desde el primer tema “Fatalidade”, del último disco “Rua da Emenda”. Su voz es una delicia en cuanto a timbre y tesitura y los arreglos musicales son de gran calidad. Para ello se acompaña de un gran intérprete de guitarra portuguesa, Bernardo Couto, que le da el timbre tradicional, pero también cuenta con José Miguel Conde manejando las llaves del clarinete y el clarinete bajo, que aporta un sonido original a las respuestas de las melodías vocales. Menos protagonismo tuvo Joao Moreira, aún así, sus intervenciones en la trompeta con sordina en temas como “Valsa dum pavao Ciumento” o “Guia”, fueron de gran sutileza. El metrónomo y la riqueza rítmica estuvo a cargo de Mario Costa en la batería y percusiones, y todos ellos coordinados bajo la dirección del contrabajista Ricardo Cruz, encargado de engrandecer las melodías de Zambujo con buenos arreglos musicales.

Ejemplo de buenos arreglos es el fado “Apelo” que empezó calmado y fue subiendo la intensidad para finalizar en una larga nota del cantante. También es destacable el “Fado Desconcertado”, con clara  influencia de la bossa nova, o “Algo Estranho Acontece” que tanto me recuerda a Piazzolla y su “Libertango”. También hubo temas para deleitarse ( “Flagrante”),   para hacer un guiño al Sporting y arrancar las risas de los presentes ( “Zorro”) o para cantar a pleno pulmón toda la plaza (“Noche de Ronda” o “Cielito Lindo”).
  
António Zambujo preguntó al público si se entiende lo que canta y las respuestas estaban bastante divididas: unos decían que sí, y otros que no pero que les daba igual. Cierto es que el portugués se capta a grosso modo pero para entender las sutilezas  de sus historias románticas, amores perdidos, sensaciones de soledad, etc., hay que dominar la lengua y el google translate aún está en pañales. En lo que no estaban divididas las opiniones del público era en lo agradable que suena la música de Zambujo y en lo bonita que es su voz. Y eso que dicen que el fado es cosa triste, sin embargo, el público se marchó muy alegre tras haber disfrutado de este gran concierto.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


El saxo más salvaje


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Dani Nel-Lo y los Saxofonistas Salvajes. Presentación del festival Rocking Gijón Weekender”. Plaza Mayor, 6 de agosto.

Una buena dosis de Rock and roll y Rhythm and blues, con algunos toques de swing, es lo que pudimos escuchar en el concierto de presentación del festival “Rocking Gijón Weekender” en la Plaza Mayor. El saxofonista Dani Nel-Lo dio a conocer en Gijón su proyecto más personal, reivindicando grandes temas que tuvieron al saxofón como protagonista principal en la década de los 40’ y 50’, en lo que fue conocido como el sonido de los “honkers”, en pleno declive de las big bands. Para este proyecto al que llamó  “Saxofonistas Salvajes”, en honor a todos aquellos saxofonistas que asentaron las bases del rock and roll, contó con la colaboración de dos guitarras, bajo, batería, percusión y saxo barítono.

Arrancaron con el tema emblemático de este proyecto,  “Flying home” de Benny Goodman y Lionel Hampton, y ofrecieron una hora y media de concierto a base de música instrumental de grandes compositores de música para saxofón como Illinois Jacquet, Arnett Cobb, Noble Watts o Red Prysock. Dani Nel-Lo, un artista conocido por sus colaboraciones con Loquillo, Ariel Rot o como miembro de “Los Rebeldes”, entre otros,  supo trasladar al escenario el espíritu, la frescura y ese toque  de rebeldía juvenil que aportaron los “honkers” y contagió a un numeroso público que no dejó de bailar y colaborar con palmas.  Destacaron temas como “Gator Blues”, en el que Dani Nel-Lo mostró las grandes posibilidades del saxo tenor en cuanto a tesitura. La capacidad rítmica y la sensibilidad impregnaron a la Plaza Mayor de exotismo con el tema “Sands of Sahara” del controvertido Lynn Hope. También brillaron varios solos de saxo barítono, entre ellos “Snake Eyes”, a cargo de Pere Miró. Pero no todo fueron solos y exhibición de saxofón, también había hueco para las improvisaciones de las guitarras y de las percusiones en un concierto que destacó por su energía contagiosa.

En definitiva, un concierto muy agradable a cargo de unos artistas que consiguieron trasladarnos al otro lado del charco y vivir una etapa de la música que brilla por su frescura y por su escasez interpretativa. Y es que detrás  de esa apariencia de música visceral, improvisada y  salvaje hay muchas horas de ensayo, de estudio y de búsqueda de un sonido que define a una época. Ese sonido y esa técnica es lo que ha conseguido Dani Nel-Lo con su proyecto “Saxofonistas Salvajes”.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

domingo, 29 de abril de 2018

Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade: "Tres grandes del jazz"


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Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade. Teatro de la Laboral, viernes 20 de abril, 2018

En la música, como en todo, hay acontecimientos que se convierten en hitos históricos y se mantienen en la memoria colectiva pasando a formar parte de rankings, de páginas de internet o de libros recopilatorios cuyo título comienza por “Los 100 mejores de…”. Pues bien, a mi juicio la unión de tres astros de la primera liga del jazz que se juntan para crear “Children of the Light” bien podría ser uno de esos hitos históricos. Se trata de Danilo Pérez (piano), John Patitucci (contrabajo) y Brian Blade (batería): tres músicos con una trayectoria más que solvente que dominan el lenguaje del jazz en todas sus vertientes como pocos. La presentación de este disco en el Teatro de la Laboral probablemente quede grabado en la memoria de los asistentes por mucho tiempo, ya que las sensaciones más placenteras afloraron desde la primera nota del piano y fueron in crescendo durante casi dos horas de concierto.

Abrieron con “Children of the Light”, tema homónimo del álbum, en el que se aprecia la calidad técnica y la riqueza del lenguaje que utilizan cada uno de ellos: improvisaciones, obstinati, búsqueda de diferentes timbres, cambios rítmicos y un sinfín de matices que conforman su manera de entender el jazz más contemporáneo.  Cada composición aglutina una cantidad de técnicas y de estilos que desborda los oídos de los aficionados. Impacta el altísimo grado de entendimiento que se aprecia desde la butaca, -están conectados de tal forma que respiran a la vez-, sin embargo, lo mejor del trío es su nivel tan grande de improvisación: tienen tanto dominio y disfrutan tanto de lo que hacen que no dejan de sorprenderse con las improvisaciones de sus compañeros. Así lo pudimos comprobar en el tema lento y enigmático “Midnight on Congo Square” o en “Suite for the Américas”, en el que Patitucci exploró el contrabajo con el arco, produciendo sonoridades totalmente diferentes.  Una gran composición sin duda. También estuvo presente un homenaje al creador del bebop Thelonious Monk con una particular versión de la desconocida “Gallo’s Gallop”.

Con “Lumen”, además de la experimentación tímbrica -apagando y jugando con las cuerdas del piano-, se buscó la interacción con el público para silbar una melodía, pero se ve que el silbido no es nuestro fuerte, a juzgar por el caos melódico que se formó durante unos segundos. Rápidamente Danilo Pérez desistió del intento, dejando que el tema fluyera y creciera hasta el apoteósico final. La ovación fue larga y sonada.    
La faceta más humana y de compromiso social de Danilo Pérez también estuvo presente al dedicar “Within Everything” a Donald Trump, al que le envía energía “para ver si se le ilumina algo y le entra un poquito de luz”. Falta hace.  Varias anécdotas de crítica social se sucedieron entre tema y tema pero lo que más destacó fue el buen jazz extraído de un trabajo dedicado al saxofonista Wayne Shorter, culpable de la unión de estos tres grandes.
Sin duda, un orgullo para Gijón haber podido contar con la presencia de Pérez, Patitucci y Blade en su gira europea y una gran satisfacción para los asistentes al teatro, al ser protagonistas del estreno de un disco que,  probablemente, será mencionado. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 22 de noviembre de 2017

BILL LAURANCE: Un Grammy bien merecido


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BILL LAURANCE GROUP. Festival Jazz Gijón. Teatro Jovellanos, sábado, 11 de noviembre

La programación del Festival Jazz Gijón en la presente edición venía cargada de grandes figuras pero, sin duda, Bill Laurance Group era la más esperada. Hablamos de un grupo liderado por el pianista Bill Laurance que representa a lo más selecto del jazz contemporáneo actualmente, que tiene en su haber un Grammy y numerosos premios avalados por la crítica. Llegó al Teatro Jovellanos y no defraudó.

Composiciones complejas llenas de armonías profusas con acordes abiertos o tensiones encadenadas, continuas modulaciones, virtuosismo, cambios de ritmo en compases de amalgama, amplia paleta de timbres,…  Dicho así puede dar la impresión de que su música está dirigida a oídos demasiado selectos y exigentes. De otro modo, parece música para entendidos, pero no es así.  El nivel musical de este compositor y su grupo es tan alto que logra que parezca fácil toda esa complejidad y, por lo tanto, fácil de escuchar para cualquier público profano en la materia.

Intentar destacar alguna de las diez composiciones que ofreció durante hora y media es ardua tarea. El repertorio traía varios cortes de su último disco “Live at Union Chapel” y algún tema de sus anteriores trabajos, bien en solitario o con el grupo “Snarky Puppy”. Impresionó la versión en directo de “December in New York”, con un aire minimalista que por momentos nos recuerda a pasajes de Ludovico Einaudi fusionado con Pat Metheny y The Bad Plus.  En formato trío también pudimos escuchar  el animado “The Pines”, más tradicional contemporáneo, donde el batería Joshua Blackmore se lució con la compleja polirritmia, creando la base para el virtuosismo del piano y una preciosa melodía de Bill Laurance. Y viajamos al espacio interestelar con composiciones como “Aftersun”, con una base arpegiada que funciona como riff para que Laurance  pueda explorar con su teclado Nord abriendo y cerrando  filtros para modificar el sonido en directo, cambiando al piano eléctrico Rhodes o experimentando con sonidos lead de sintetizadores.  Todo un despliegue de medios que era completado por el batería con la utilización de un Octapad y el bajista Chris Hyson, que fue saltando durante toda la velada entre el contrabajo, el bajo eléctrico y un sintetizador. Del mismo álbum “Aftersun” también pudimos escuchar “Golden Hour” con gran riqueza de matices y colorido instrumental.

Su particular versión del clásico “Cucurrucucu Paloma” terminada en un pianísimo exquisito despertó la sonrisa de los presentes que llenaban la butaca del teatro. Un público que aplaudía cada intervención y disfrutaba de un trío instrumental capaz de fusionar todo lo que podamos imaginar. Bill Laurance Group destaca por creatividad, por calidad técnica y por cuidar al detalle cada sonido, cada timbre y cada matiz. Así lo comprobamos en el Jovellanos. Por ello Bill Laurance recibirá y recibe tantos premios, entre ellos un Grammy como he dicho antes, y bien merecido que lo tiene.

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


Sheila Jordan: Buen jazz por muchos años

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Sheila Jordan. Festival Jazz Gijón.  Teatro Jovellanos, viernes 10 de octubre.

A punto de cumplir ochenta y nueve años, llegó al Festival Jazz Gijón la gran dama del jazz Sheila Jordan. Con una dilatada carrera iniciada en la época dorada del jazz, junto a Charlie Parker, George Russell o Lennie Tristano, y que cuenta entre sus muchos méritos haber sido la primera mujer en grabar con el emblemático sello Blue Note, congregó a un numeroso público dispuesto a disfrutar de la actuación de un mito viviente.

Desde el primer tema el público supo apreciar su calidad, su puesta en escena,  su simpatía y  su energía, dejando claro que la edad no es ningún impedimento para mantenerse encima del escenario haciendo lo que mejor sabe hacer. Para su gira por España, -recordemos que la noche anterior actuó en Madrid y que cumple un calendario como si se tratara de una artista mucho más joven- se acompañó del trío “CCD”, utilizando la primera letra del nombre de los tres componentes: César Latorre (piano), Cord Heineking (contrabajo) y Daniel García Bruno (batería).  Tres músicos como la copa de un pino que manifestaban con sus instrumentos sentirse orgullosos de formar parte de algo tan grande como es acompañar a la mismísima Sheila Jordan. Los arreglos de César Latorre al piano engrandecían cada pieza.

De su repertorio podemos destacar su versión de “Bird Alone”, un precioso tema de Abbey Lincoln tocado al estilo bossa o la manera de improvisar y los arreglos de “Autumn in New York”, para lucimiento del contrabajo. En la mayoría de los temas nos sorprendía con improvisaciones al estilo scat – como lo hacía la gran Ella Fitzgerald- pero, además, Sheila Jordan convierte piezas estándar en canciones divertidas, cambiando las letras y haciendo guiños a personajes e historias que han formado parte de su dilatada vida. El público se lo agradecía con espontáneas carcajadas.  Así ocurrió en “Willow Weep for me”, un tema que formaba parte del repertorio de grandes cantantes del jazz como Billy Holliday o Nina Simone.  También hubo varios momentos de infinito agradecimiento y devoción por Charlie Parker, quien confió en ella en sus inicios al decirle “Chica, tienes un oído de un millón de dólares” y le enseñó a ser ella misma y a expresarse con su propia voz. Dedicatorias, también, para Clint Eastwood por dirigir “Bird” y contribuir a acercar al público ajeno al estilo la figura de Parker, de apodo “Bird” o “Yardbird”.


Sin duda, una noche mágica en la que Sheila Jordan dejó patente que es una grande y se morirá encima de los escenarios.  Esperemos que tarde mucho tiempo y que podamos seguir disfrutando de su buen jazz. 


Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

Isaac Turienzo: “30 años de Jazz”



  Festival Jazz Gijón 2017.  Teatro Jovellanos, 9 de noviembre, 2017.

El Festival Jazz Gijón inauguró la temporada con el pianista más internacional y más respetado que tenemos en Asturias.  Isaac Turienzo, nacido en Gijón, cumple “30 años de Jazz” y quiso celebrarlo con sus paisanos en el Teatro Jovellanos. Dónde mejor. 

Con aire flamenco inició su primer tema, “Lush Life” de Billy Strayhorn, y lo transformó en bebop pasando por la bossa nova, estilos que fusiona habitualmente en su repertorio.  Todo un espectáculo de virtuosismo y de riqueza armónica en un tema de diez minutos, que supo  dulcificar por momentos  para que al público le diera tiempo a coger aire y exponer sus oídos al siguiente fraseo.  Pero no nos engañemos, Turienzo no se caracteriza por buscar sonoridades consonantes afines a un público mayoritario.  Y se lo agradecemos.  Para eso ya hay muchos otros.
 
Velada de homenajes, comenzando por el flautista Jorge Pardo, un habitual compañero de escenarios, y para ello Turienzo interpretó el precioso tema “De Picos Pardo”, con un estilo menos flamenco que el original y unas improvisaciones más cercanas al bop y al cool jazz.  Homenaje también para el gran Tete Montoliu -que siempre está en su memoria-, ya con Miguel Ángel Chastang (contrabajo) en el escenario, formando un dúo lleno de ricos matices.  El estilo inconfundible de  Thelonious Monk también estuvo presente para lucimiento de Turienzo y Chastang, cómplices de cada sonido y cada fraseo.

El trío al completo, tras la incorporación del batería Fernando Arias,  ofreció un recital  muy variopinto consiguiendo que el tiempo se detuviera para los presentes en el teatro:  la balada de Ivan Lins “Começar de novo”, con la que Turienzo acostumbra a abrir sus recitales, una versión muy especial de “Bésame mucho” a compás ternario o el estándar de origen francés “Autumn Leaves”, con aires renovados por el pianista, comenzando en tempo lento y alcanzando una velocidad vertiginosa donde captamos sonoridades originales.  A estas alturas es difícil escuchar alguna versión novedosa de este tema, pero ahí estaba.  

En los conciertos de Turienzo no puede faltar algún tema tradicional asturiano, y para la ocasión una magnífica versión jazz de “Santa Bárbara bendita”, que lleva con orgullo por los escenarios de todo el mundo. Para cerrar el recital, después de “Caravan” (Duke Ellington) en el que destacó el magnífico solo de batería,  “Balada para Tete”, una genial composición de Turienzo con la que disfruta y exhala admiración por todos los poros hacia el gran Tete Montoliu.

Un gustazo escuchar  la cantidad de registros que ofrece el trío, mostrando calidad técnica, empaste, virtuosismo y amor por lo que hacen.  El público supo recompensar el trabajo y la trayectoria de tres décadas con una gran ovación.



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

¿Conocemos a Chet Baker?


Homenaje a Chet Baker.  Sala Acapulco del Casino de Asturias. 26 de octubre.

Con un ambiente acogedor, a modo de club de jazz con mesas y sillas distribuidas por la pista de baile -sólo faltó el humo para recrear los grandes clubs de jazz de los años 50’-, se dio cita en la sala Acapulco la primera producción de una serie de conciertos dentro de “El tiempo delicuescente”, un título que hace honor a la novela  “Rayuela” de Julio Cortázar.  En esta ocasión se rinde  homenaje (no confundir con tributo) al gran trompetista de jazz Chet Baker, un músico que abrazó el bebop de la mano de Charlie Parker y se forjó una carrera como figura clave del cool jazz. 

Para profundizar en la música más representativa de la trayectoria jazzística de Chet Baker se seleccionó un repertorio bien estudiado y unos músicos bien escogidos entre los grandes del jazz de la escena asturiana.  El concierto se inició con “I fall in love to easy” en la voz sensual de Jorge Viejo y continuó con “I could happen to you”, destacando la breve improvisación al piano de Jacobo de Miguel. La famosa composición de Cole Porter “Every Time We Say Goodbye”  sirvió de presentación del trompetista Aitor Herrero, con un solo de trompeta correcto caracterizado por su brevedad ceñida a los ocho compases por influencia de Charlie Parker. Él decía que los solos si eran largos era un ensayo y ensayar se hacía en casa. Chet Baker lo aprendió y Aitor Herrero captó el mensaje.

Algún tema instrumental como “Lover Man” y clásicos como “Autumm Leaves” o “Summertime” con un estupendo solo de saxo de Jorge Viejo , fueron interpretados con calidad por los músicos mencionados  junto con Manu Molina a la batería y Javi San Marcos al contrabajo; los dos se encargaron se mantener el tempo y el pulso con precisión.

No faltó “My funy Valentine”, susurrada por  la voz de Jorge Viejo emulando la versión que popularizó Chet Baker al grabarla, primero como versión instrumental y seguidamente cantada por él mismo con tanta fragilidad que se convirtió en una forma estándar de cantarla y quizás su tema más representativo. La genial interpretación de todos los músicos levantó sonoros aplausos. 

Otros grandes temas como “Just Friends” o “Almost Blue” de Elvis Costelo se pudieron escuchar durante hora y media en una velada caracterizada por una buena sonoridad, destacando la técnica y afinación de Jorge Viejo en la voz y sobremanera la interpretación con el piano de cola de Jacobo de Miguel que se lucía en cada fraseo y cada improvisación.  Sin duda un gran concierto que nos dio a conocer al gran Chet Baker y nos despertó la curiosidad por adentrarnos en su particular genialidad jazzística.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


jueves, 4 de mayo de 2017

Colectivo Asturiano de Jazz en el Gijón Sound Festival



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Un especial “día de la marmota”

Concierto del Colectivo Asturiano de Jazz (CAJ) en la Plaza Mayor. Gijón Sound Festival.  Domingo, 2 de marzo

Cuando se asiste con frecuencia a las sesiones de jazz, en las que la formación no corresponde a un nombre o a una identidad particular, se puede llegar a tener la sensación de estar viviendo ese famoso  “día de la marmota”, cuya existencia conocemos todos a raíz de la película “Atrapado en el tiempo”, (espectacular el papel de Bill Murray, dicho sea de paso). ¿Y por qué digo esto? Porque, en estos casos los músicos de jazz se juntan un par de días antes (a veces ni eso), deciden  rápidamente un repertorio archiconocido por todos los integrantes y se dedican a improvisar varias ruedas sobre temas estándar extraídos del Real Book, que es el manual indispensable para cualquier jazzista. Es decir, es siempre lo mismo con pequeñas variaciones.

Pues bien, para la despedida de la tercera edición del Gijón Sound Festival se optó por un concierto dedicado al jazz en la Plaza Mayor. Y para ello contó con una representación del Colectivo Asturiano de Jazz (CAJ), formado para la ocasión por Jorge Viejo (saxo y voz), Xaime Arias (piano), Manu Molina (batería), David Casillas (contrabajo) y Carlos Pizarro (guitarra). El quinteto ofreció un repertorio estandarizado (de los del Real Book), pero escogido con cierta elegancia en diferentes aires dentro del jazz: bossas, swing, funk, latin…

El saxofonista Jorge Viejo lideró está formación especial y desde los primeros temas, concretamente con  “It could happen to you” del trompetista Chet Baker, dejó claro que, además de dominar el saxo tenor tenía una sólida formación vocal. También se lució con bossas, como la preciosa “ Brigas nunca mais”, original de Tom Jobim en versión de Djavan. Quizás, sus improvisaciones vocales tipo scat, desarrollado al máximo  por la gran Ella Fitzgerald, quedaron técnicamente correctas pero un tanto frías. Un poco de riesgo no hubiera estado mal, de todos modos Jorge Viejo tiene un bonito timbre y desde luego sabe cantar.

A pesar de que la acústica de la carpa no favorecía la sonoridad y no permitía captar todos los matices que estaban presentes, todos los músicos tuvieron sus momentos correctos y algunos brillantes, como  Carlos Pizarro con su improvisación en “Just Friends”. La técnica impecable de toda la formación fue superada por el pianista  Xaime Arias al imprimirle un plus de pasión. Y no es que al resto de la banda le falte (pasión, quiero decir), es que Xaime desborda. Su particular forma de frasear, sus experimentaciones rítmicas con apoyaturas en las notas y en los pulsos más inesperados, sus largas construcciones  que abren hacia el agudo y regresan al punto de partida alejadas de la mecánica, amén del virtuosismo,  dan coherencia, carácter y naturalidad a cada melodía. Tiene una forma de improvisar  y de dialogar con el resto de la banda que le hace singular.  Sin duda uno de los mejores pianistas que tenemos en España.

Y por todas estas razones, y otras que me callo por falta de espacio, puede que fuera otro “día de la marmota” en el jazz pero, desde luego, un día especial que merece la pena revivir.

 Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 5 de abril, 2017.

martes, 12 de enero de 2016

Analizando la banda sonora de "091, policía al habla", de Augusto Algueró



En 1960 se estrena la película 091, Policía al habla, inspirada en hechos reales y dirigida por José María Forqué. La música corre a cargo del compositor Augusto Algueró y cuenta con la participación del saxofonista Pedro Iturralde. Basta escuchar las partes de saxofón incluidas en la banda sonora para apreciar que hay un gran músico detrás del instrumento, aunque en los créditos del film no aparece su nombre.

Según Padrol el catalán Augusto Algueró es el responsable de la evolución de la canción española, convirtiéndola “de folklórica en moderna” (Padrol 2009:390). Hijo y nieto de músicos (su abuelo fue el pianista de Raquel Meller y su padre fue pionero de los editores musicales españoles), tiene una solvente trayectoria como arreglista, director de orquesta, pianista y compositor. Estuvo muy influenciado por el jazz y la música norteamericana, y sus inicios en la música de películas se sitúan en el “Teatro Cómico” del Paralelo de Barcelona, situado enfrente de los Estudios Iquino de Cine. A finales de los 50 se convirtió en una de las figuras claves de la música moderna española, con canciones popularizadas por Marisol, Rocío Dúrcal o Los Cinco Latinos, entre otros. Compuso numerosas bandas sonoras de diferentes estilos, para una gran variedad de films, sin embargo, el único premio que se le ha concedido hasta la fecha es la Medalla de Oro del Cine Español, concedida con motivo del Centenario del Cine (Padrol 2009: 394).

El argumento de la película "091, Policía al habla" trata de la vida de un policía que atiende las llamadas de emergencia nocturnas en su coche patrulla. Su hija de 7 años es víctima de un atropello a la salida del colegio y el conductor se da a la fuga. Cuando consiguen localizar el coche del siniestro, el policía (interpretado por Adolfo Marsillach) quiere encargarse personalmente de detener al conductor. Mientras, el cuerpo de policía tiene que resolver diferentes sucesos que se desarrollan a través de distintas historias paralelas: la mala relación del protagonista con su mujer a raíz de la muerte de su hija, un grave accidente de coche con dos muertos por los efectos del alcohol, una mujer que se pone de parto, un niño que necesita urgentemente una bombona de oxígeno para respirar y un robo a gran escala, son algunos de los sucesos a los que se enfrenta la patrulla de policías en el transcurso de una noche. Dos cacos de poca monta, interpretados por Tony Leblanc y Manolo Gómez Bur, aportan la comicidad necesaria a una película basada en la tragedia, para aligerar la tensión. Este tipo de contrastes es una herencia de la zarzuela, del sainete y en general del teatro español.

La finalidad de la película, además del entretenimiento, es mostrar al cuerpo de policía en labores heroicas y al mismo tiempo humanas, con un marcado carácter apologético. Es destacable el desarrollo y la estructura del film, así como los apuntes costumbristas de la época (Aguilar 2013:93). En este aspecto es necesario destacar el papel de la esposa del policía, prototipo femenino de la mujer servicial, generosa y todo un conjunto de virtudes necesarias para asumir lo que debe y puede hacer en la vida una mujer de la época: ser esposa, madre y ama de casa. Con la pérdida de la niña la relación se desmorona, pero aun así ella está dispuesta a resolver la situación siempre que su marido la necesite. Otra pincelada costumbrista que está presente en el film es el que da lugar a la frase “estar de Rodríguez”, mientras las esposas se van de vacaciones a la playa con los niños.

La película se enmarca en un contexto histórico en el que cobra gran importancia la crónica criminal, en parte debido al auge del semanario El Caso, fundado en 1952 (Benet 2012: 306). El reparto es excepcional, contando con algunos de los actores más importantes de la época: entre ellos Adolfo Marsillach, Tony Leblanc, Susana Campos, José Luis López Vázquez, Manolo Gómez Bur, María Luisa Merlo, Francisco Cornet, Julia Gutiérrez Caba, Gracita Morales, Antonio Casas, Asunción Balaguer, Irene Gutiérrez Caba, Agustín González o Antonio Ferrandis.


La secuencia inicial es especialmente interesante para ver la relación que se produce entre música e imágenes ya que sin música no tendría el mismo sentido. Esta escena nos muestra diferentes planos de niñas  vociferando a la salida del colegio, en un hábito muy común, alternándose con planos de un coche que circula de manera sospechosa y el ruido del frenazo al dar la curva con excesiva velocidad. La integración música-efectos de sala crea un continuum sonoro que nos sitúa emocionalmente dentro de la secuencia. La salida del colegio se orquesta con un ritmo constante de percusión, con un acorde obstinato construido con un tritono (Fig. 1) y va tomando cada vez más presencia, incrementándose la instrumentación y acelerando el pulso rítmico. Es la música la que nos comunica la gravedad de los hechos que van a acontecer.



Inmediatamente la niña es atropellada y hay una explosión de metales con un glissando descendente sobre tres notas (Fig. 2), cuatro pulsos más de percusión en un registro más grave y de nuevo metales con intervalos disonantes anunciando la tragedia (Fig. 3). De hecho, el plano cenital junto con el acorde en los metales en glissando descendente nos comunica que la niña ha muerto.

La música, por tanto tiene una función narrativa puesto que sin música sólo sabemos que una niña ha sido atropellada. La película continúa sin música mientras se informan de quién es la víctima, tan sólo se alternan diálogos con sonido ambiente, ruidos de coches y máquinas de escribir.

La banda sonora que acompaña a los créditos iniciales tiene una orquestación claramente inspirada en la película “Vértigo” dirigida por Alfred Hitchcock, con música de Bernard Hermann. El estreno de Vértigo es de 1958, dos años antes de la película de Forqué, y Hermann se había convertido en una referencia para numerosos compositores de bandas sonoras. La música de Augusto Algueró presenta un aire de fusión entre el jazz y ritmos caribeños. Un motivo circular en obstinato con corcheas sobre compás ternario, surge cuando le comunican al policía a través de la emisora que es su hija la que ha muerto y da lugar al inicio de los créditos (Fig. 4). La banda sonora  de Vértigo también se construye con un motivo circular en obstinato que forma una espiral con tresillos de negra sobre compás binario (Fig. 5). En las dos películas los motivos circulares sirven de fondo para desarrollar la sección de metales, siempre de agudo a grave, con cromatismos que tienen su máximo clímax en registro grave, tan característico del estilo de Herrmann. Otros elementos característicos de este autor son: el uso de motivos muy pequeños que somete a una constante repetición con un elaborado tratamiento sinfónico y el privilegio del registro grave en la orquestación a cargo de los instrumentos de viento en detrimento del lirismo de las cuerdas. Estas características se aprecian en la banda sonora de Augusto Algueró pero adaptándolas a la música de jazz. 

En el siguiente vídeo podemos ver el inicio de la película Vértigo de Alfred Hitchcock con banda sonora de Bernard Hermann.


Como comentamos anteriormente 2 personajes aportan el tono cómico a la obra. Se trata de dos ladronzuelos que roban un pequeño coche (muy moderno para la época) y unos melones para intentar impresionar a unas chicas (que no aparecen en el film). Estos dos personajes cómicos suelen aparecer después de escenas de máxima tensión y dramatismo y generalmente todas las fechorías que llevan a cabo les salen mal. Para narrar su presencia, el compositor crea un motivo musical sobre la escala pentatónica de Mi (Fig. 6), sobre una base armónica de tónica y dominante. Para cerrar la melodía, a modo de pregunta y respuesta utiliza un turn around, característico de la música de blues y la mayoría de las veces está interpretada por marimba y guitarra de caja.



El mismo motivo podemos escucharlo cuando los cacos intentan vender un maletín de relojes que se han encontrado en el coche robado, sin saber que tienen un alto precio. Cuando les van a pagar el importe de la venta de 2 de los relojes se asustan y deciden devolverlo al lugar de origen (el coche robado), ya que son ladrones “honrados”. Para narrar esta escena, el compositor utiliza el mismo motivo, pero la melodía está interpretada por una flauta sobre un ritmo de swing llevado a cabo con percusiones. 
https://www.youtube.com/watch?v=JMTtBSKQxoQ

Poco después de haber devuelto el coche al mismo lugar donde lo habían sustraído, son detenidos, pero en ese momento el policía (Adolfo Marsillach) quiere llegar al aeropuerto cuanto antes para evitar que su esposa se marche a Barcelona. Por ello deciden dejar a los ladrones libres y en ese momento vuelve a sonar el motivo, con saxofón a ritmo de swing orquestado e improvisaciones de clarinete.

Los motivos comentados hasta ahora son los más significativos y tienen lugar a lo largo de todo el film para ambientar diferentes escenas, principalmente de carga dramática (Fig, 1, 2 y 3). Además, la banda sonora contiene otras músicas que ayudan a narrar las distintas situaciones a las que se ven sometidos los diferentes personajes. También encontramos música diegética para situarnos en lugares de ocio (una bolera, un pub, un tablao flamenco…). La máxima tensión se produce al final de la película en el aeropuerto de Barajas ya que, por un lado, el policía protagonista quiere evitar que su mujer se vaya y, por otro lado, han sido movilizadas numerosas patrullas para detener a una banda organizada de ladrones, que intentan huir con el botín a Lisboa. Se producen escenas de persecución y disparos con máxima tensión, típicas de cine policiaco. Para ambientar esta escena (que dura casi 5 minutos), Augusto Algueró recurre a todo el arsenal de motivos y melodías que ha utilizado durante toda la película: los tres acordes de metales cuando los ladrones son descubiertos; motivo de espiral con marimba, percusión y metales, junto con las sirenas de policías al iniciarse la persecución; una improvisación de estilo be-bop sobre base del motivo de espiral; la música de los créditos iniciales junto con los golpes en obstinato de la primera escena  aderezado con sirenas de policías y múltiples disparos. El policía protagonista cae herido y suena una variación de los 3 acordes de metales (Fig. 2). Su esposa acude en su ayuda, mientras, la escena de la persecución continúa desarrollándose in crescendo, hacia el agudo, hasta el momento en que disparan al ladrón.
La música nos informa de que la persecución ha terminado al morir el ladrón, con una sinuosa melodía de saxofón. Unos instantes sin música, tan sólo con el sonido ambiente de los ruidos de motores y la ambulancia que se lleva al policía herido junto con su esposa. Para los breves créditos finales se utiliza  el motivo de los cacos desarrollado con gran orquestación, a modo de big-bang con ritmo de swing.

En definitiva, una interesante película que nos acerca a algunos aspectos de los usos y costumbres de la sociedad española en los 60', con una banda sonora a la altura de cualquier película de cine negro hollywoodiense. 

Bibliografía:

AGUILAR, Carlos. Cine y jazz. Ediciones Cátedra, Madrid, 2013. 
ALCALDE DE ISLA, Jesús. “Pautas para el estudio de la música cinematográfica”. Área Abierta, Nº 16, Marzo 2007
BENET, Vicente J. El cine español: Una historia cultural. Paidos, Barcelona, 2012. 
PADROL Joan, “La música del cine español de los años 50: Augusto Algueró, Xavier Montsalvatge e Isidro B. Maiztegui” en OLARTE, Matilde. Reflexiones en torno a la música y la imagen desde la musicología española. Plaza Universitaria Ediciones, Salamanca, 2009. P. 389-402.
SANCHEZ BARBA, Francesc. Brumas del Franquismo: el auge del cine negro español (1950-1965). Edicions Universitat Barcelona, 2007.