“Nunca un concierto puede ser igual que el anterior”, es una de las máximas de Manel Fuentes y su banda Spring’s Team, y lo cumplieron con creces. Probablemente el de Gijón, como inicio de la Semana Grande, haya sido uno de los peores de su larga trayectoria imitando a Bruce Springsteen. Comentábamos en estas páginas en agosto del año pasado que el escenario de la carpa del Botánico le quedaba pequeño, sin embargo, el escenario de Poniente le quedó demasiado grande. Si a los problemas de sonido que hubo durante la primera parte del concierto, le sumamos la evidente falta de ensayo de la formación y la falta de fuerza en la voz de Manel Fuentes, el resultado fue lamentable y el concierto se convirtió en un sucedáneo mal copiado de Bruce Springsteen.
Independientemente de la mala ecualización que hubo durante toda la actuación, la guitarra no sonó durante los primeros temas. Teniendo en cuenta el protagonismo del instrumento en las canciones del Boss, una banda de un caché nada modesto bien podía permitirse tener otra guitarra de repuesto. Pues se ve que no había, de hecho el guitarrista acabó cogiendo la Telecaster de Manel a partir del “No Surrender”. Para entonces ya habían sonado media docena de canciones con ruidos de fondo, desajustes en los volúmenes del saxo y el teclado y una batería y bajo que se adivinaban más que se oían. Como si no hubieran tenido tiempo suficiente para la prueba de sonido. Tocaron fondo con “Born to Run”: desafinado, modulaciones y progresiones de acordes mal ejecutadas, falto de medida...en fin, un desastre.
A partir de ese momento muchos espectadores se fueron y los que quedaron rebajaron sus expectativas para entregarse a los himnos creados por Springsteen y pasárselo bien. Nos acostumbramos al mal sonido y todo fue mejorando. Manel no dejaba de recorrer el escenario de un lado a otro con la sonrisa permanente, los gestos de Springsteen calcados y esforzándose por agradar y mover al público. Él sabe que cae bien y que en Asturias es bien recibido, por ello en cada actuación cuenta alguna anécdota vivida con los asturianos. En esta ocasión volvió a repetir la del álbum de cromos firmada por todos los jugadores del Barça gracias a Quini, su ídolo antes que Bruce.
Decentes sonaron “Drive all Night” o “Wrecking Ball”, atrapando al público con los coros. Soltó toda la artillería pesada en los últimos temas, con “Born to the U.S.A.” o “Glory Days” y el público reclamaba alguna propina. Habitual en esta banda, se extendieron en los bises sin escatimar tiempo hasta lograr que los asistentes se olvidaran de la fatídica primera parte.
En definitiva, un concierto que defraudó a muchos fans de Springsteen, sin duda, pero también dejó contentos a muchos espectadores que estaban en el recinto para ver a Manel Fuentes, el carismático presentador que sabe colarse en las pantallas del televisor cada semana y enamorar a la audiencia. Como decía una fan de Manel “No lo hizo muy bien, pero ye tan ricu”.
Bienvenido al Blog de mi banda sonora personal. Espero que disfrutes mientras navegas por aquí.
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martes, 13 de agosto de 2019
Manel Fuentes: Mala copia de Springsteen
Manel Fuentes & the Spring’s Team, Semana Grande. Escenario de Poniente, viernes 9 de agosto.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
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jueves, 23 de agosto de 2018
Manel Fuentes & The Spring's Team: Y sin embargo fue un éxito
Manel Fuentes & The Spring’s Team. Jardín Botánico, Gijón. Jueves, 16 de agosto.
“¡Gijoooón! ¡La noche va a ser laaaarga!” Varias veces´exhaló este grito de guerra Manel Fuentes en su concierto homenaje al “Boss”. Y larga fue. Casi tres horas sonando las mejores canciones, o, por lo menos, las más emblemáticas de Bruce Springsteen. El lugar del concierto fue la carpa del Jardín Botánico de Gijón, posiblemente, uno de los peores recintos que me puedo imaginar para este concierto.
Desde que se subió al escenario todos pudimos comprobar que el reto de “Men’s Health” para convertir a Manel Fuentes en portada del mes de septiembre está dando sus frutos: su cambio físico es más que evidente. Pero no estoy aquí para escribir sobre sus músculos sino sobre su actuación. Aretha Franklin abrió y cerró el concierto: para la entrada pincharon “I say a little Prayer” y para despedirse tocaron una versión instrumental de “Think”. Una muestra de respeto que les honra.
La actuación transcurrió in crescendo y la banda cumplió una de sus máximas: nunca un concierto puede ser igual al anterior. Y no lo fue, aunque sonaron casi todas las canciones que tocan en cada uno de sus conciertos. Desde el cuarto tema, “Everybody Has a Hungry Heart” el público elevó los brazos agitando sus manos -ritual habitual de los conciertos de Bruce Springsteen- y casi permanecieron en alto hasta el final. Temas emblemáticos como “Born in the U.S.A.”, “Sherry Darling” o “Ain’t Good Enought For You”, entre otros, convirtieron el momento en una comunión total entre artista y público. La banda “Spring’s Team” estuvo magnífica, destacando las guitarras en “Prove It All Night”, y en ”Wrecking Ball”, al igual que el saxo con intervenciones de una calidad sublime, ejemplo en “Glory Days”. El gran peso de los teclados en este repertorio, las melodías que desgranaba la violinista, el pulso del batería, el groove del bajista, los apoyos en coros… todo muy bien ejecutado y, además, manifestando buen rollo entre ellos.
En cuanto a Manel, sus desafines y limitaciones vocales los suple con creces con su encanto, sus dotes de comunicación y su pasión por lo que hace. No apeó la sonrisa en toda la noche y no descuidó ni un detalle en sus diálogos con el público y en la forma de enlazar los temas. Su manera de hablar de Gijón, de Asturias o de su ídolo Quini nos hizo sentirnos especiales. Por esto y por su manifiesta devoción hacia Bruce Springsteen, Manel Fuentes consiguió convertir a los fans del Boss en sus propios fans.
En definitiva, ¿Fue un buen concierto? La respuesta es no. Pero por cuestiones totalmente ajenas a la banda. El recinto no era el adecuado: la carpa del botánico oprimía el sonido, faltaba potencia, ni las voces ni los instrumentos se oían con definición, no se conseguía una buena ecualización, el público cantaba con la pasión propia de estos conciertos y el resultado final era un caos acústico. Que vuelvan Manel Fuentes y los Spring’s Team a Gijón y que vuelvan pronto, pero a cualquier otro recinto más apropiado donde el sonido se pueda expandir con libertad. Y sin embargo, el concierto fue un gran éxito.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España
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