sábado, 9 de febrero de 2019

Motus Ensemble: Atípica música de cámara

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Cuarteto “Motus Ensemble”, David Roldán y María Díaz- Caneja. Organiza Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 13 de noviembre.

La Sociedad Filarmónica de Gijón, en su afán de crecer e innovar, rompe moldes con el concierto presentado en el teatro Jovellanos al ofrecer sonoridades alejadas del romanticismo o del clasicismo. El “Cuarteto para el fin del tiempo” del francés Olivier Messiaen y la “Obertura sobre temas hebreos” de Serguei Prokófiev eran las piezas seleccionadas por el atípico cuarteto “Motus Ensemble”, una formación vinculada a la Orquesta Sinfónica de Bilbao que se caracteriza por abordar un repertorio innovador con una ejecución impecable.   

Abrió el concierto la breve Obertura de Prokofiev escrita en 1919 para seis instrumentos,  y para su interpretación se contó con la colaboración de María Díaz-Caneja (violín) y David Roldán (viola), sumándose así al cuarteto “Motus Ensensble” formado por el clarinetista Carlos García Sanz, el violonchelista Javier Martínez Campos, la violinista Giulia Brinkmeier y el pianista Julián Ramos. La obra tiene una estructura convencional y fusiona sonoridades neoclásicas con música “klezmer” (música popular del pueblo judío). Presenta un buen equilibrio entre los distintos instrumentos  y fue puntillosamente bien ejecutada por todos los intérpretes. Esta obra es de gran belleza y el problema que tiene es que siempre se hace demasiado corta.


No hay duda de que Olivier Messiaen es uno de los compositores más importantes del siglo XX y muy avanzado para su tiempo. En su búsqueda de ruptura con las tradiciones musicales, compone -durante su encarcelamiento en un campo de prisioneros nazis- el “Cuarteto para el fin del tiempo”, cargado de una gran riqueza rítmica (muchos fragmentos se pueden leer a modo de palíndromo) y una búsqueda de timbres que la convierten en una obra única y pionera. La composición se inspira en el “Apocalipsis” de San Juan (Messiaen era un devoto religioso) y se divide en ocho movimientos, dos de ellos  compuestos con anterioridad para un instrumento electrónico casi extinto, llamado “Ondas Martenot”, y el resto de movimientos compuesto para los instrumentistas con los que contaba en el propio campo de prisioneros, violín, violonchelo, clarinete y él mismo al piano. Utiliza escalas simétricas y armonías tradicionales que sostienen unos perfiles melódicos no clásicos de inspiración en el folklore oriental y, en ocasiones, difíciles de digerir. También incluye trinos y gorjeos que imitan el canto de los pájaros, una de las grandes pasiones de Messiaen. Partiendo de estas premisas podemos entender que la obra es de muy difícil ejecución: hay que ser un gran instrumentista y además contar con muchos ensayos para poder llegar a empastar todas las voces. “Motus Ensemble” demostró que es una formación muy sólida interpretando esta obra de forma magistral.


Encontrar la “Obertura” de Prokofiev y, sobre todo, el “Cuarteto para el fin del tiempo” en la programación de una ciudad periférica y pequeña como Gijón no deja de ser un rara avis, Por ello el concierto del teatro Jovellanos se convirtió en un lujo para los espectadores asistentes que lo han sabido apreciar. La ovación fue prolongada.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Pinceladas de Rebétiko, la película de Costas Ferris


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La diversidad con la que cuenta el séptimo arte a lo largo de su historia es tan inmensa que 
a menudo se nos escapan verdaderas joyas. En esta ocasión, gracias a la Asociación de profesores de Latín y Griego "Céfiro", he podido conocer y profundizar en una importante película, cuyo título alude a un género musical que representa a la Grecia tradicional. Una gran película que merece la pena conocer. 
En esta entrada del blog describiré algunos fragmentos que me han llamado la atención, principalmente por su calidad sonora, su construcción fílmica y su historia. 

 Nota: Hay SPOILERS 

Comenzaré definiendo el rebético como un género musical griego cuyo origen se remonta al siglo XIX y logra su máxima extensión durante las primeras décadas del siglo XX, entre las clases trabajadoras y los suburbios de Grecia. La frágil convivencia entre minorías étnicas, aunque limitada y con episodios de enfrentamiento, se prolongó hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. Pero con la disolución del Imperio Otomano y la configuración de los nuevos estados-nación, todos aquellos que quedaron a caballo entre dos culturas fueron condenados al desarraigo o a la marginación.  Fue entonces cuando evolucionó esta nueva tradición musical denominada rebético. Hoy en día, las canciones forman parte del repertorio tradicional de casi todos los eventos sociales acompañados de música y bailes. La riqueza cultural y artística de este género es un legado que se debe conservar para compartir con futuras generaciones. Por ello la Unesco lo ha inscrito en 2017 en la "Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad". 

Las canciones rebéticas contienen valiosas referencias a costumbres y prácticas de una población marginal que vivió uno de los episodios más dramáticos de la historia de Grecia durante la primera mitad del siglo XX. Esta música aúna cantos tradicionales de la zona del Egeo, ritmos y armonías occidentales y esquemas compositivos otomanos. Hoy en día es un género musical tradicional vivo, con un fuerte contenido artístico, simbólico e ideológico. En sus orígenes este elemento cultural se transmitía sólo por vía oral, cuando se interpretaban en directo sus canciones, o mediante las enseñanzas prácticas impartidas por los músicos y cantantes veteranos a los más jóvenes. Aunque este modo de aprendizaje informal sigue siendo importante todavía, las vías de transmisión del rebético se han ampliado gracias al cine, a los medios de comunicación y a la generalización de las grabaciones sonoras. En las últimas décadas el rebético se enseña cada vez más en conservatorios, escuelas y academias, contribuyendo así a que su difusión sea mayor. Los músicos y cantantes, junto con los aficionados a este género musical, desempeñan un papel esencial en la viabilidad y perdurabilidad de esta práctica cultural. 

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"Rebétiko", dirigida por Costas Ferris (1983), es una película imprescindible para acercarse y conocer a fondo este género musical, cuyo valor es incalculable. Con guión de Costas Ferris y Sotiria Leonardou (también es la actriz protagonista) está basada en la vida de la cantante Marika Ninou (Esmirna 1919- Atenas 1956), una de las cantantes más representativas del género. En paralelo se narra la convulsa historia de Grecia de la primera mitad del siglo XX a través de los ambientes y la vida de los músicos de rebético de la época. Hay que aclarar que el director se permite varias licencias en cuanto a la biografía de Marika Ninou, incluso faltando a la verdad, como el momento de su muerte. No por ello pierde valor, pues se trata de contar una historia en la que la música y la historia de un pueblo son los principales protagonistas. 

COSTAS FERRIS  es un director de cine y escritor griego con grandes aciertos a lo largo de su carrera. Según mi opinión los dos más importantes son: la película de la que trata esta entrada del blog y el libreto del disco "666" del grupo Afrodite's Child, un álbum conceptual de rock progresivo con composiciones de Vangelis que se ha convertido en un disco imprescindible dentro del estilo. Demis Roussos también formó parte de esta banda como bajista y cantante, antes de iniciar su carrera en solitario. Uno de los cortes más importantes del álbum cuenta con la colaboración de la actriz Irene Papas, que hace una performance a medio camino entre el dolor y la orgía sexual. Este disco tuvo una fuerte censura en su momento y hoy en día es un disco de culto. Más información sobre el disco AQUÍ

"Rebétiko" es una película de 2 horas y media de duración en la que se cuentan todos los hechos históricos a través de las letras de las canciones, de los escasos diálogos entre los personajes y de imágenes documentales de archivo. Comienza con un texto impreso en la pantalla que nos sitúa en la narrativa. Dice:

"La música rebética tradicional fue siempre la música por excelencia de los marginales, los rebeldes y los fuera de la ley. Con la catástrofe de Esmirna, en 1922, miles de griegos de Asia Menor - entre los cuales había muchos excelentes músicos- se encontraron de un día para otro hacinados en barrios para refugiados de las afueras de Atenas.  Fue entonces cuando se desarrolló una solidaridad de clase, entre los refugiados y los mangues -chulos- del Pireo.  En esta convivencia  surgió la escuela de Esmirna y luego, con la oficialización del buzuki, las corrientes atenienses y del Pireo  consagraron al rebético como la auténtica canción popular que expresa el sentir de la mayoría de los heredados".

El plano se pone en movimiento y la acción comienza en 1919 con el nacimiento de Marika Ninou en la ciudad de Esmirna (Turquía), durante una actuación musical del grupo de rebético liderado por su padre. Mientras, el parto tiene lugar en una habitación contigua en condiciones muy precarias. El "cojín" del embarazo es uno de los pocos detalles de esta película que no están conseguidos. Llama la atención el vestido de raso negro de la parturienta y da lugar a varias interpretaciones: es posible que estuviera vestida para actuar y el parto fuera en un momento imprevisto o quizás Costas Ferris quiso reflejar una forma de vida "a salto de mata", es decir, viven con lo puesto y se adaptan a las situaciones según llegan. 
Por otro lado, en esta escena también podemos observar la composición de los grupos de rebético en su origen, con sus instrumentos tradicionales, buzuki, baglamás, guitarra, mandolina y violín (este último, junto con el acordeón es de incorporación más tardía). La canción es muy melódica, fácil de recordar y los músicos actúan con cierta alegría, cantando una canción de letra esperanzadora. Aún faltaban dos años para que tuviera lugar la "Gran Catástrofe", de Esmirna, provocando que cerca de dos millones de personas que serían desplazados de sus lugares de origen para hacinarse en suburbios de distintas ciudades griegas, viviendo en absoluta pobreza. Dice la letra de la primera canción: 
"Un día la historia escribirá cómo expulsó de Atenas a las fieras, cómo expulsó a reyes y diputados, a los mentirosos y granujas".. El estribillo dice: "Y en la Defensa Nacional están todos los oficiales, está luchando también Venizelos, que va a acabar con esto y todos juntos los patriotas nos traerán la igualdad"..." La Virgen que está a nuestro lado le muestra el camino a nuestro nuevo general, el héroe de la Defensa Nacional, que lucha y expulsa a los enemigos.  Los muchachos de la Defensa expulsaron al Rey y lo mandaron a tomar viento y a largarse por donde vino a comer hasta reventar junto a su familia extranjera".

Enfatizada por una melodía delirante de violín, la cara del padre es todo un espectáculo al recibir la noticia de que es una niña la que acaba de nacer. Una de los detalles más interesantes a lo largo de toda la película es la utilización de gran cantidad de planos medios y primeros planos, ayudando al espectador a comprender perfectamente todas las emociones que viven los protagonistas. 
Otro de los grandes aciertos del film es intercalar imágenes documentales de los hechos históricos y políticos de la nación. Después de la primera escena se emiten imágenes de documental de 1922, momento de la Catástrofe de Asia Menor y la expulsión de los griegos de Esmirna. Después de las guerras entre Grecia y Turquía, el acuerdo diplomático del Tratado de Lausanne forzó el desplazamiento de cerca de dos millones de griegos de Asia Menor, que se estabecieron en miseras barriadas de Atenas y Salónica. La gran mayoría huyeron con lo puesto y lo único que les quedaba era su música, sus costumbres y su orgullo.













La siguiente escena, ya tras el exilio, se sitúa en El Pireo (Grecia) en 1925 y parece similar a la anterior (sin el parto), sin embargo hay notables diferencias. La acción transcurre en una taberna o tekede, donde se muestra el ambiente de consumo de hachís, alcohol y opio. El tekede está mucho más concurrido y están representados los mangas (chulos), las prostitutas y la desidia de los hombres que se refugian en las drogas.  El grupo musical toca una canción rebética sin alegría y sin entusiasmo, con resignación por la suerte que les ha tocado vivir y mostrando que la música (y las drogas) es lo único que les da calor. La letra de la canción lo pone en evidencia. Dice:  
¿Dónde voy a encontrar cuatro espadas y un cirio que empuñar para encender fuego hoy mismo y quemar de una vez este mundo al que amé y dejó que me pudriera? En las islas desiertas de la amargura comulgué con mis propias lágrimas y en la cárcel de la vida, donde no existen los domingos, nunca pude olvidar la soledad asesina. Y tú que llegaste una noche a dar calor a mi corazón, me arrojaste pobre de mi, a lo más profundo del negro invierno. Me traicionaste y me escupiste. Eras la alegría y te apagaste. 



De nuevo destacan los primeros planos y los planos medios, en este caso de Adriana (madre de Marika) y de Thomas (el chulo), sin ningún diálogo comunican al espectador todo lo que está sucediendo emocionalmente. 
Seguidamente tiene lugar una escena que representa las vejaciones a las que están sometidas las mujeres de esa condición social y en ese periodo histórico: el maltrato del marido y los favores sexuales que tiene que hacer la madre de Marika para proporcionarle comida decente a su hija. La situación es dramática, sin embargo está representada con elegancia, sin caer en el socorrido aspecto lacrimógeno. En posteriores escenas se vuelven a vivir momentos dramáticos, siendo el padre el artífice del maltrato, tanto a su mujer como a su hija cuando era niña. 

La mayor parte de la película contiene música rebética, principalmente diegética y en menor medida incidental para contextualizar alguna situación. Sin embargo, también se juega con los espacios de silencio tan necesarios para dar tiempo al público a asimilar las distintas escenas. La banda sonora corre a cargo de STAVROS XARJAKOS, un compositor que ha hecho una gran labor de investigación etnomusicológica en las raíces de la música griega, para volcar todo ese conocimiento en esta cinta. Hemos citado algunas de las canciones que contienen una letra muy significativa, sin embargo también es muy destacable los fragmentos de música instrumental, donde combina melodías étnicas de origen occidental con escalas orientales, jugando con los cromatismos que identifican las tonalidades mayores y menores. 


En el siguiente corte podemos ver escenas diferentes donde la música juega un papel primordial, por ejemplo durante la paliza que le da el padre a Marika: suena un lamento musical, sin embargo no se escucha ningún llanto por parte de la niña. Una analogía musical muy interesante.

De nuevo en la taberna, mientras suena la música, el movimiento lento de la cámara le cuenta al espectador la situación que está viviendo la madre de Marika junto con su amante (primero enfoca la silla vacía de Adriana y seguidamente la de Thomas). Estos movimientos de cámara tan lentos es uno de los mayores logros de la película, evitando diálogos innecesarios. 



Una de las escenas más dramáticas de la película es la muerte de Andriana, madre de Marika. Gran interpretación por parte de los actores durante todo el film, pero especialmente en esta escena. Consiguen que el espectador sienta un gran desprecio por el padre y una gran compasión por la situación de la madre. 
Por otro lado, es llamativo el comportamiento vecinal después del suceso: muestra una gran pasividad ante la situación sin alterarse lo más mínimo ante tan grave acontecimiento, y en este aspecto la cámara vuelve a jugar un papel fundamental con sus movimientos lentos, mientras suena la música. El pueblo vive aletargado, aceptando su destino y sus lamentos solo se transmiten a través de los cantos. Dice la letra: 

"No tengo ni calle ni barrio donde pasear un primero de Mayo Tus grandes palabras falsas me las dijiste con la primera leche materna, pero ahora que las serpientes han despertado tú luces tus adornos de antaño y nunca derramas siquiera una lágrima Madre Grecia, al vender a tus hijos como esclavos". Toda una declaración de reproches al sistema político griego que se ha desentendido de esa parte de la población, dejándola a su suerte. Las letras de las canciones pertenecen a dos de las grandes joyas de la literatura griega: la pareja formada por NIKOS GATSOS y AGATHI DIMITROUKA.  Un trabajo formidable. 





Una de las características de las canciones rebéticas es su capacidad para improvisar letras aludiendo a personajes locales. En el siguiente fragmento podemos escuchar una de las canciones rebéticas más representativas. El ritmo está formado por compases de amalgama (2/8, 2/8, 2/8 y 3/8) formando ciclos en compás de 9/8, que se repiten continuamente. En esta canción la letra hace un repaso por los instrumentos más característicos del género y los bailes que lo conforman, sobre versos con rima consonante. 

Dice la letra:  "Ven esta noche al Thomás, tocaré para ti el baglamás bajarán los  ángeles a bailar el tsifteteli y si te emocionas mucho y te gusta el violín, con violín y con dulcémele bailarán los diablos.    
En el local de Thomás nos drogaremos todos juntos pero para que lo entiendas Babis te lo va a explicar.
 El violín de Yorgakis te dejará sin palabras y Marika con la pandereta reirá y te hará un guiño..."
El baglamás o baglama es un instrumento similar a una mandolina griega, que consta de un cuerpo pequeño de madera con forma cóncava y un mástil que sostiene tres pares de cuerdas. Es un instrumento muy antiguo cuya evolución dio lugar al buzuki, uno de los instrumentos más importantes del rebético. El Tsifteteli es una danza del vientre griega, en la que bailan hombres  mujeres por igual y es una mezcla de elementos griegos, turcos, armenios y árabes. El violín se incorporó a la música rebética ya en el siglo XX, al igual que el acordeón y el banjo, anteriormente los instrumentos que se utilizaban eran el baglamás, el buzuki y el laúd, principalmente. El dulcémele es un tipo de salterio con forma trapezoidal, más conocido como dulcimer. 
Durante esta canción Marika (ya adulta y con una hija) se incorpora a la música rebética para ganarse la vida al ser abandonada por su marido. 



Una de las escenas más importantes de la película, según mi criterio, es una conversación entre Yorgakis y Marika que tiene lugar en el Mercado de los Limones, cuando Yorgakis anima a Marika a cantar. A priori, parece una escena sin importancia, sin embargo, consigue definir perfectamente la esencia del rebético. Ella duda de su capacidad vocal y el le contesta: "¿Tienes dentro de ti sufrimientos y penas? Eso es todo". En este aspecto el rebético se asimila al espiritual negro cantado por trabajadores afroamericanos que vivían en condiciones de esclavitud y marginación. También se asimila al cante flamenco original que surgió de la persecución de los gitanos, judíos y musulmanes asentados en Andalucía.



En la siguiente escena podemos ver cómo Marika comienza a cantar inspirándose en momentos trágicos de su pasado. La melodía es una fusión de escalas occidentales con escalas muy utilizadas en la cultura turca, donde se mezclan modos mayores y menores.



La última escena a destacar es una actuación en la taberna, mientras están en plena guerra, con explosiones y bombardeos que no cesan. A pesar de ello, el grupo sigue tocando como si no pasara nada, incluso se arrancan a bailar. El único cambio es que se ponen de pie y aceleran el tempo de la canción. Parece surrealista, sin embargo, consigue reflejar la indiferencia que sienten ante el peligro. Han vivido y viven tantas situaciones amargas que para ellos es una más. 



Y después de spoilear la mitad de la película dejo el resto para que cada uno saque sus propias conclusiones. Tan solo contar que Marika Ninou comienza a grabar discos y se va a América, donde vivirá otras nuevas aventuras y desventuras que no voy a desvelar aquí. A lo largo de su vida grabó 119 piezas cantadas y 55 instrumentales y algunas se ofrecen a lo largo de la película en versión original. 

Conclusiones

Una de las películas imprescindibles para acercarse a un momento histórico de la Grecia del siglo XX y para conocer un género musical rico de una gran riqueza rítmica, melódica y cultural. La película ha sido muy bien valorada por la crítica y ha obtenido numerosos premios, entre ellos el "Oso de Plata" de Berlín (1984), el "Premio Especial del Jurado" en Valencia (1984) y el premio "Tesalónica" (1983) como mejor película, mejor actriz principal, mejor actriz y actor secundarios, así como Premio Especial al Compositor. 

NOTA: En el siguiente enlace se puede ver la película completa en griego con subtítulos en inglés.  https://youtu.be/G21q_5iac90

FUENTES:
https://ich.unesco.org/es/RL/el-rebetico-01291
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/canciones-de-amor-del-hachis-y-del-exilio-antologia-de-la-cancion-rebetica/html/
https://www.pireas.com/es/entertainment/nightlife/rembetika
http://hashmuseum.com/es/coleccion/hachis-en-grecia
https://int.ert.gr/agathi-dimitrouka-manolis-mitsias-gatsos-loved-concert-harvard-university/
https://elflamencoensevilla.com/cante-flamenco-historia/


jueves, 24 de enero de 2019

OSPA: Estreno contemporáneo sin demasiado brillo

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Concierto “Mensajes ocultos”.
Teatro Jovellanos, jueves 17 de enero


Estamos ante la última temporada de Rossen Milanov al frente de la OSPA, y durante
estos siete años como director de la orquesta, aunque no ha llovido a gusto de todos,
ha tenido grandes aciertos. Uno de los más importantes ha sido apostar por estrenos absolutos
de obras de música contemporánea, como es el caso del “Concierto para violonchelo” del
cántabro (muy unido a Asturias) Israel López Estelche, que tuvo lugar en el teatro Jovellanos
ante una butaca expectante.

El concierto fue dedicado al fallecido Vicente Álvarez Areces y, tras un minuto de silencio
 en su honor, sonaron las primeras notas de la Suite “Mi madre la Oca”,
inspirada en los cuentos de Charles Perrault. La obra es una de las partituras más refinadas
de Maurice Ravel y la interpretación de la OSPA, en esta ocasión con Elena Rey como
concertino, estuvo a la altura. A destacar la sección de viento en la pieza “El pequeño Poucet”
o la percusión en diálogo con las cuerdas de la fanfarria final de “El jardín encantado”.

Para el estreno del “Concierto para violonchelo” se contó con la presencia del chelista alemán
(de origen español) Adolfo Gutiérrez Arenas: un artista internacional implicado en la
composición de López Estelche, contribuyendo así a la fluidez de ideas y al pulido
técnico- interpretativo, según palabras del propio compositor. La partitura es de muy difícil
interpretación, al abarcar una gran variedad de técnicas diferentes en el chelo y Gutiérrez
Arenas estaba sobrado en el dominio de éstas. Sin embargo, aunque la obra cuenta con
numerosas buenas ideas, la sensación final se queda en un alarde de técnica: los distintos
motivos esgrimidos a lo largo de la pieza son difuminados constantemente sin acabar de
cohesionar. Al no conocer la obra previamente (por eso es un estreno) no queda clara la
implicación de la orquesta. No sabemos si simplemente se limitaron a tocar las notas escritas
como quien lee una lista de la compra o si la composición falla en coherencia orquestal.
La cuestión es que, en ocasiones, no transmitía unidad. Algunos pasajes sonaron
espectaculares, por ejemplo, el final del primer movimiento, el lirismo del chelo en el
segundo movimiento o la densidad en la cuerda grave en algunos fragmentos. A pesar
de que no haya salido redondo, según mi percepción, es de aplaudir la iniciativa al atreverse
a componer música contemporánea, tan poco consolidada entre los oídos de un público
mayoritariamente decimonónico, en cuanto a música académica se refiere. Sin duda,
a este compositor le espera un futuro prometedor, es cuestión de tiempo.


Para finalizar, la orquesta se lució con “Variaciones Enigma” del compositor Edward Elgar,
donde predominó la emoción melódica de la sección de cuerdas. Un gran final de concierto
que fue muy ovacionado por el numeroso público asistente.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Juan Barahona: Claridad con Mozart y emoción con Listz



Juan Barahona. Sociedad Filarmónica de Gijón, en colaboración con la Fundación Alvargonzález. Teatro Jovellanos, miércoles 16 de enero.

“Lo más difícil en Mozart es ser fiel a la partitura y recrear todo lo que hubiese querido decir”, comentaba el pianista Juan Barahona en la conferencia previa al concierto organizado por la Sociedad Filarmónica, en el que interpretó obras de Mozart y de Listz. Exactamente no sabemos lo que Mozart quería transmitir en sus composiciones pero sí conocemos las notas que escribió en la partitura, y esas notas fueron ejecutadas con claridad y limpieza una por una.
Abrió el concierto con la “Fantasía en do menor KV 396” del compositor salzburgués, una obra enmarcada en el clasicismo que precede al romanticismo de Beethoven. La ejecución de Barahona fue muy correcta sin llegar a perder la concentración, a pesar de que algún fotógrafo presente estaba molestando más de lo habitual. Continuó con una de las sonatas más conocidas de Mozart, la “Sonata en Do mayor KV 396”, formada por tres movimientos, de los cuales destaca la interpretación enérgica del Allegretto, con mucha claridad en los arpegios y delicadeza en los tres acordes finales.

La primera parte del programa terminó con “Funerailles”, la séptima de las diez piezas que componen el ciclo de “Armonías poéticas y religiosas”  de F. Listz, escrita como tributo a tres de sus amigos que mueren en el levantamiento frente a los Habsburgo. Una pieza cargada de drama y de sufrimiento que requiere de una gran madurez en la interpretación, no sólo técnica. Barahona la tenía muy bien estudiada e interiorizada y el resultado fue magnífico teniendo en cuenta que el pianista sólo tiene treinta años.  

Ya en la segunda parte del programa la “Sonata en Re Mayor KV 311” fue casi un paseo para Barahona, dispuesto a afrontar una de las obras más difíciles para un pianista: “Aprés une Lecture du Dante, Fantasía Quasi sonata” de Listz.  Con esta obra el compositor austro-húngaro, después de muchas revisiones de la partitura alcanza el ideal de “música poética”, una concepción propia que nace en Listz después de asistir al estreno de la “Sinfonía Fantástica” de Berlioz. Esta obra está cargada de innovadores recursos pianísticos desarrollados a partir de su impresión tras ver a Paganini en un concierto. Listz revolucionó la escritura pianística dejando un legado que sólo alcanzan los pianistas más osados. Ahí estaba Barahona para hacernos partícipes de la belleza y la sonoridad de la obra. Muy destacable la interpretación de algunos pasajes con la mano izquierda logrando unos graves estruendosos. La obra atraviesa momentos de sentimentalismo tenue y otros de gran intensidad emocional, amén del virtuosismo propio de la partitura. Brillante la resolución de Barahona y una merecidísima ovación por parte del público asistente.

Como ya he anotado en alguna ocasión sobre estas líneas, quiero llamar la atención sobre la falta de entusiasmo del público gijonés al manifestar su agrado ante los conciertos de música clásica. Parece un público oriental. Por suerte Barahona es asturiano y comprende perfectamente nuestra expresividad. Sabiendo que fue del agrado de todos nos deleitó con dos propinas: una “Paráfrasis sobre un tema de Schubert”, en transcripción de Rajmáninov y la preciosa “Pavana para una infanta difunta” de Ravel. Magnífica elección y magnífico pianista al que auguramos una brillante carrera internacional.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 14 de enero de 2019

Sara Baras: Sombras flamencas

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Sara Baras  “Sombras”. Teatro Jovellanos. viernes, 11 de enero/2019

Casi dos horas de espectáculo que se evaporan en un instante porque el diseño, la puesta en escena, la música y la calidad artística de cada uno de los integrantes es tan alta que no da tiempo ni a respirar. Así es “Sombras”, el nuevo espectáculo de Sara Baras presentado en el teatro Jovellanos, para celebrar veinte años de su compañía de baile “Ballet Flamenco Sara Baras”.La propuesta es “un viaje a través del tiempo, de los colores, del silencio y del bullicio, de la multitud y de la soledad, de la luz y de las sombras”, como cita el programa de mano. Un viaje a través de trece números que comienza y termina con “Sombras”, donde el arte y el taconeo de la bailarina a velocidad de un martillo neumático, hizo sucumbir a un público que abarrotaba el teatro y no dejaba de exclamar “Ole” y “guapa”, entre muchos otros piropos.

Abrieron con el cuerpo de baile proyectando sombras a través de un juego de luces milimétricamente medido para dar paso al virtuosismo de los pies de la protagonista, acompañada por el gran guitarrista Keko Baldomero. Si espectacular fue el inicio aún más la “Farruca”, cuyo nombre se debe a la denominación en Cuba y en Andalucía de los gallegos y asturianos recién migrados. Un baile masculino creado por Faíco y popularizado por Antonio Gades que Sara ha convertido en habitual de sus coreografías. Los muchos contratiempos de gran dificultad  y la carga expresiva que tiene el cante lo convierten en un cuadro de gran impresión. La “Farruca” se iba transformando en “Martinete”, con todos los bailarines moviéndose con gran precisión. Muy destacable las bailarinas en “Mariana”, un palo muy cercano a los tientos en el que también se lucieron las voces a pelo de Rubio de Pruna e Israel Fernández.

Impactante fue la coreografía de Sara Baras y José Serrano en el “Vals” sobre un poema de García Lorca, musicalizado por Leonard Cohen y muy bien adaptado por Keko Baldomero para la ocasión. Con los “Tangos”, José Serrano demostró que es un gran compañero de baile -además de sentimental- y arrancó una estruendosa ovación.

Aún faltaba la “Travesía”, en la que pudimos escuchar el violín de Ara Malikian sonando de fondo. Todo un lujo. Después, una “Alegría”, una “Bulería” y toda la compañía presente para el “Fin de Fiesta”, cerrando un espectáculo que te atrapa. Y es que la potencia, la velocidad, la precisión y el arte de Sara Baras (de abuela asturiana) es deslumbrante, pero sus espectáculos son redondos porque se acompaña de grandísimos músicos, un gran cuerpo de baile y un equipo técnico que no deja nada al azar. Nos dolían las manos de aplaudir.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 3 de enero de 2019

Concierto vienés muy español

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Concierto de Año Nuevo. Orquesta Filarmónica de España, Coral Polifónica Gijonesa Anselmo Solar, Coro Joven de Gijón, Coro Castillo de Gauzón, Jessica Stabros (soprano), Nuria Lloris (bailarina). Teatro Jovellanos, martes 1 de enero/2019.

Un acierto por parte del director Mariano Rivas, al frente de la Orquesta Filarmónica de España, incorporar al tradicional Concierto de Año Nuevo de Gijón música de zarzuela. En 1939 se celebró el primer concierto de este tipo en la “Sala Dorada” de la Musikverein de Viena y, desde entonces, cada ciudad celebra su particular Año Nuevo con un programa más o menos similar: piezas muy conocidas  de la saga Strauss y otras de compositores clásicos de éxito. Sin embargo, en los últimos años los directores españoles apuestan por introducir clásicos de nuestra cultura y la zarzuela es el máximo exponente.

La Obertura de “El barón gitano” y la polca “En  los valles de Krapfen”, ambas de Strauss II, iniciaron un concierto  cargado de humor y complicidad con un público que abarrotaba los asientos del teatro Jovellanos. La primera muestra de zarzuela fue la polca de “Las Mujeres” de Gerónimo Jiménez, uno de los compositores más prolíficos del género. La Filarmónica estuvo muy correcta en la interpretación de todas las obras. La petenera “Tres horas antes del día” de “La Marchenera” (F. Moreno Torroba), fue la ocasión para lucirse la soprano americana Jessica Stavros, habitual en los teatros españoles y con una técnica muy depurada. Volvió a destacar con “La Viuda Alegre” de Franz Lehár, donde Stabros demostró mucha sensibilidad y emotividad. Espléndido el despliegue de voces formado por la Coral Polifónica Gijonesa “Anselmo Solar”, el “Coro Joven de Gijón” y el “Coro Castillo de Gauzón”: bien ensayado, bien afinado y con mucha ilusión por participar en este concierto. Así lo mostraron en todas sus intervenciones, especialmente en la marcha de “Los Gavilanes” (J. Guerrero) y en “Heia, Heia, en las montañas está mi patria” (E. Kálmán), que cerraba el programa oficial. El coro espléndido y el director aún más, por su expresividad y su simpatía.

Uno de los momento estelares de la noche fue la salida a escena de la bailarina Nuria Lloris para interpretar la danza final de “El Sombrero de Tres Picos”, en la primera parte del programa. Lloris contaba con poco espacio para bailar, debido a tanto despliegue de personal en el escenario, aún así encontró su hueco y se lució, aunque con las castañuelas no estuvo tan afortunada.

El público se mostró encantado con el repertorio y  reclamó más música. Siguiendo la tradición incorporada por Willi Boskovsky desde 1954 y ya fuera de programa, el concierto finalizó con la interpretación del “Danubio Azul” y la “Marcha Radetzky”, con los asistentes haciendo lo posible por acompañar con palmas al compás. Un éxito gracias al buen sentido del humor de Rivas que, además de dirigir la orquesta, dirigió al público  para que la sincronía rítmica fuera perfecta. Casi se logra.

Aunque sea a base de escuchar piezas de consumo fácil este tipo de conciertos sirven para acercar al público a la audición de música clásica. Y en esta ocasión, además, hemos podido disfrutar de fragmentos de zarzuela, un género que merece mucha más reivindicación y que está próximo a declararse Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Así lo esperamos.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 2 de enero de 2019

Nacho Vegas: casi un gran cantautor



Nacho Vegas. Festival Metrópoli Winter. Teatro de la Laboral, sábado, 30 de diciembre, 2018.

De todos es sabido la importancia de los cantautores en cualquier sociedad. Ellos tienen la misión de agitar conciencias y de hacer reflexionar a las masas para hacer de este mundo un sitio un poco más agradable. En Asturias tenemos a Nacho Vegas que, con una trayectoria más que consolidada, se ha convertido en  uno de los cantautores más aclamados en castellano. La presentación de su disco “Violética” era la excusa perfecta para una puesta en directo que llegó al teatro de la Laboral servida de polémica en las redes sociales por el recinto escogido. Pero ese no es el tema que a mi me concierne. “Violética” está plagado de temas originales, con buenas letras y bien elaborados, siguiendo la línea de sus últimos trabajos “Resituación” y “La zona sucia”, en cuanto a ideas. El problema  de Nacho Vegas es que desafina demasiado. Y a mi particularmente me molesta.

“El corazón helado” inició el concierto con la presencia del “Coru Antifascista Al Altu La LLeva” y los músicos Eduardo Baos (guitarra), Joseba Irazoki (guitarra), Manu Molina (batería) y los de “León Benavente” Luis Rodríguez (bajo) y el líder Abraham Boba (teclados). Muy bien el coro en casi todas las intervenciones, especialmente en “Ser árbol” -canción de amor que habla de los ideales sociales-, en el canto popular “Aida” que, aunque entraron flojitos luego lo solventaron con creces. También destacaron en “Ideología”, con la banda aportando armonías y texturas interesantes y un sonido muy cercano a “León Benavente”. Buenos arreglos sin grandes solos de guitarras ni de teclados, buscaron un sonido de masa sonora densa y saturada que iba in crescendo y empujaba duramente hasta pasar por encima de la voz en algunos estribillos finales.

Además de los temas de su último disco también hubo canciones para el recuerdo, como “La Plaza de la Soledad” del álbum “Cajas de Música difíciles de parar” o del anterior disco  “Ciudad Vampira”, cantada en asturiano y contextualizada en Gijón. Más calmada y con mucha presión final sonó “La pena o la nada” que fue grabada con Bunbury para “El tiempo de las cerezas”.  Algunas imágenes proyectadas contextualizaban los temas que sonaban contribuyendo a una puesta en escena bien trabajada. Muy guapa y muy apropiada la imagen de la guitarra con el texto “This machine kills Fascist”, inspirada en el cantautor Woody Guthrie cuyo texto aparecía impreso en su guitarra.

En definitiva, Nacho Vegas ha cocinado un buen disco cuya puesta en directo engancha al público afín. Así lo demostraron abarrotando la butaca del teatro disfrutando su concierto. Como decía antes, el problema de este cantautor es que desafina demasiado. De hecho, creo que que es el cantautor que más desafina, por encima de Sabina o de su ídolo Leonard Cohen. Ser cantautor y desafinar no van de la mano, es una cuestión totalmente subsanable, sólo hay que tomárselo en serio y asistir a clases.  Después de todo hablamos de música, la música tiene unas reglas y los grandes artistas son los que conocen las reglas y luego se las saltan. Porque pueden y quieren. Y este no es el caso.

Critica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Otra vez Malikian

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Ara Malikian: Festival Metrópoli Winter. Palacio de deportes Adolfo Suárez. Domingo, 23 de diciembre, 2018.

Si Ara Malikian decidiera aparcar el violín y dejar la música podría dedicarse a hacer monólogos para el Club de la Comedia y se ganaría la vida perfectamente. Humor no le falta y discurso tampoco. De hecho, repite los mismos discursos en cada concierto y sigue gustando. Un encargado de la seguridad del Palacio de Deportes comentaba previo al concierto: “si viniese todos los días llenaría todos los días”. Dado el caso no se si sería para tanto, pero el hecho es que cuelga el cartel de lleno absoluto al poco de anunciar una nueva fecha y Gijón se ha convertido en cita obligada cada año.


Llegó a Gijón y repitió el concierto del verano del 2017 titulado “La increíble gira de Violín”. Si obviamos que no se acordó de los “percebes” y su historia por tierras asturianas todo lo demás fue clavado al concierto anterior, incluídas pausas, monólogos y coreografías. Sonó “Voodoo Child” de Jimi Hendrix mezclado con el “Requiem” de Mozart. También “Life on Mars?” de David Bowie o “Kashmir” de Led Zeppelin, intercaladas con Bach o la “Campanella”  de Paganini. Por supuesto no faltaron sus habituales “Danza Armenia”, el “Comodín Nº 8”, -versión de “Pajaritos por aquí”, o “El Vals de Kairo” dedicado a su hijo cuando aún estaba en la barriga de su madre. Y también tuvo su momento triste para acordarse de todos los refugiados y los migrantes.

Si al hecho de repetir concierto añadimos que muchos  de ellos están colgados en internet y se pueden ver cómodamente desde el sofá con la calefacción bien humeante, ¿merece la pena volver a pagar otra vez la entrada -que no es barata- y pasar mucho frío en un pabellón de deportes en pleno mes de diciembre? Suena de locos pero sí merece la pena. Por un lado da gusto ver cómo interactúa con su banda, formada por músicos de gran nivel que integran un cuarteto de cuerda, batería y percusión hindú, a los  que se suma el guitarrista Tony Carmona, habitual de grandes del pop español como “Mondragón”, Aute, Serrat o Luz Casal. También es un placer escuchar sus discursos tan divertidos y tan bien contados, aunque sean los mismos: ya lo decíamos antes, para monologuista no tiene precio.

Pero lo mejor es verle tocar el violín con maestría, con energía y con técnica impecable. Si lo vemos de cerca podemos observar cómo se van desgastando los pelos de su arco por el roce, a menudo que transcurren los temas. Muchos miles de notas salen de ese violín en cada concierto -al que bautizó como Alfredo Ravioli-, para ofrecer un repertorio que, aunque lo pueda parecer no es fácil. Es difícil dar coherencia a estilos tan contrastados como el rock, el glam, el barroco, el clasicismo, el romanticismo o las músicas de Europa del Este. Malikian encontró la fórmula para unificarlas todas y las aderezó con mucho sentido del humor. Por eso es capaz de llenar estadios una y otra vez y recibir ovaciones sonoras, como la de Gijón. Aunque repita el mismo concierto siempre hay hueco para una lectura nueva. Por lo tanto, aunque sea lo mismo sí merece la pena escuchar otra vez a Ara Malikian.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Joshua Nelson: Góspel sin edulcorantes



Joshua Nelson & The New Yorkers Gospel. Festival de Gospel de Gijón. domingo 17 de diciembre.

Traer al Teatro Jovellanos a Joshua Nelson, acompañado por “The New Yorkers Gospel”, ha sido un gran acierto por parte de la organización para que no perdamos la fe en los festivales de este estilo musical. Digo esto porque es un estilo que funciona muy bien y siempre se llenan las butacas, el problema es que a estas alturas se ha estandarizado tanto que todos los conciertos suenan más o menos igual. Todos tienen una puesta en escena muy similar, todos tienen grandísimas voces, cantan más o menos el mismo repertorio - “Oh happy day”, “When the saints”, “Silent night”, “Jesus is the light”, etc- y todos empiezan y terminan con la misma cadencia. Ya lo decíamos en estas páginas al mencionar a “Chicago Mass Choir”, encargados de abrir el festival de esta edición: son buenísimos pero de producción en serie.


Si escuchamos a Mahalia Jackson podemos entender cómo siente la música Joshua Nelson, es la anarquía del gospel estandarizado, es la vuelta a las raíces del gospel. Para empezar nada de sermones religiosos, de hecho su espectáculo lleva por título “El Evangelio según Joshua”, toda una declaración de intenciones. De religión judía -nacido en Nueva York y de origen senegalés-, mezcla  la tradición “Kosher” con el soul y el gospel inspirado en el canto de la reina del gospel.

Comienza su espectáculo como otros lo terminan: aparece por los pasillos del teatro cantando a capella, seguido de sus integrantes ataviados con panderetas y tabla de lavar, sumergiendo al público en una gran fiesta para seguir así hasta el final. Ya en el escenario frente al piano, va desgranando tema tras tema a base de “work songs” y de cantos espirituales de raíces africanas en los que la improvisación siempre tiene cabida. También canta los clásicos citados antes, pero a su manera. De hecho, las armonizaciones vocales y las coreografías no están estandarizadas: cada componente de la formación suelta alaridos gospelianos cuando le apetece y se mueve libremente por el escenario.


Por otro lado - lo que más nos interesa-, cuando vamos a un concierto de gospel queremos escuchar grandes voces; Joshua Nelson tiene una voz inmensa y un timbre precioso sustentado por una energía desbordante. Su forma de tocar el piano o el órgano es técnicamente incorrecto por salvaje y visceral,  pero justamente es lo le hace más atractivo. Eso se llama tener feeling. El instrumento está al servicio de las voces, de la suya propia y de los nueve miembros que componen “The New York Gospel”, con buenas voces de tesituras muy contrastadas.

Joshua Nelson es todo un personaje que se define a sí mismo como “la peor pesadilla del Ku Klus Klan” y no sabemos cuánto hay de cierto en esto, lo que sí sabemos es que Nelson es capaz de mantener en plena orgía festivalera al aforo del teatro Jovellanos durante hora y media. Una fiesta por todo lo alto que nos traslada a los orígenes del gospel. Al gospel de verdad.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Faro: Un espectáculo para exportar

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"El Faro", Estreno del espectáculo en el Teatro de la Laboral. Protagonistas: Ana Belén y Alberto Rodríguez. Textos: Luis García Montero. Idea original: Javier Blanco y Manuel Paz. Intérpretes: Orquesta de Cámara de Siero, Coro de Voces Blancas del Nalón, colaboran Andreas Prittwitz, David Varela. Dirección de escena e Iluminación: Laura Iglesia y Carlos Dávila. Viceoarte: Rob Loren sábado, 15 de diciembre del 2018.

Los numerosos asistentes al Teatro de la Laboral que presenciaron el estreno de “El Faro” pueden sentirse privilegiados por haber vivido un espectáculo que, en principio y por desgracia, no se va a volver a repetir. Un compendio de grandes profesionales de diversas disciplinas se han unido para narrar las últimas horas de un farero (Alberto Rodríguez) al que le llega la hora de la despedida -”gracias por los servicios prestados”, dice la carta que recibe-, para ser sustituido por un ordenador.  Los diálogos del farero con la diosa Atenea (Ana Belén) y las ensoñaciones manifestadas a través de la música y la proyección de imágenes cuentan una historia muy actual y con gran profundidad, cuyo hilo conductor es la relación del hombre con el mar.

Mucha ambición y altura de miras hay detrás de la idea original de Javier Blanco y Manuel Paz que, en principio, iba a ser algo sinfónico pero ya metidos en harina se fue añadiendo levadura de la buena y la masa  fue creciendo hasta conseguir un espectáculo muy potente. Los textos del poeta Luis García Montero no tienen desperdicio, pues hay poesía y mucha filosofía. La puesta en escena y la iluminación bajo la dirección de Laura Iglesia y Carlos Dávila no podía estar más conseguida para contextualizar todo lo ocurrido. Horas y horas de grabaciones de Rob Loren han sido necesarias para ofrecer unas imágenes de videoarte que nos sumergen emocionalmente en la narrativa. Los protagonistas dos astros de la escena: a Ana Belén la hemos visto en su faceta de actriz con papeles dramáticos muy buenos y nos esperábamos una buena actuación, pero Alberto Rodríguez fue toda una sorpresa porque estamos acostumbrados a ver su faceta cómica,  sin embargo tiene una gran vena dramática. Me encantó.

En cuanto a la música, es una partitura muy bella con distintas partes contrastantes, con fragmentos espectaculares y de una gran creatividad. Lo más llamativo es que un espectáculo que reúne a tantísima gente en el escenario salga bien la primera vez que se representa.  Encima del escenario una orquesta de tamaño considerable como la “Orquesta de Cámara de Siero” destacando la sección de cuerdas que estuvo muy fina; preciosos cantos de sirenas emitieron el “Coro de Voces Blancas del Nalón”; el set de ritmo formado por batería, bajo, teclados y guitarras, empastaba perfectamente con la orquesta. Para completar, el aire celta en algunos fragmentos del acordeón de David Varela y las improvisaciones de flauta o de saxo alto de Andreas  Prittwitz engrandecieron la partitura original. Probablemente el entusiasmo con el proyecto y muchísimas horas de ensayo hicieron que cada componente diera lo mejor de sí mismo y, salvo algún pequeño matiz, no hay pega posible.

Para finalizar Ana Belén, con su habitual afinación exquisita y acompañada por todos los músicos, cantó “Las laboriosas vidas marineras”, un precioso tema compuesto para la ocasión por Víctor Manuel basado en los versos del mexicano Hugo Gutiérrez Vega.

“El Faro” es un espectáculo diferente que es capaz de cautivar al espectador a través de todos los sentidos. Tiene mucha calidad creativa y está muy bien ejecutado, por lo tanto se merece más representaciones, aquí y en otras latitudes. Esperemos que así sea, al fin y al  cabo el mar y los sentimientos que provoca son universales.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España