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lunes, 28 de octubre de 2019

Me quedo con Jekyll y con Hyde

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“Jekyll and Hyde”, el musical. Teatro de la Laboral, viernes 25 de octubre.

Solamente por escuchar el poderío vocal del protagonista merece la pena ver el musical  “Jekyll and Hyde”, en su nueva representación en el teatro de la Laboral. La adaptación de la fascinante novela creada por Robert Louis Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, ha dado y sigue dando para mucho: películas de cine y televisión, adaptaciones teatrales y, por supuesto, diferentes versiones de musicales, con protagonistas de la talla de Raphael, que llenaba los teatros día tras día durante tres años de vigencia a principios del nuevo milenio. El mexicano Abel Fernando no tiene tanto gancho mediático como Raphael para llenar salas, de hecho había poco público en la sala. Sin embargo, su voz es espectacular, capaz de adaptarse a las exigencias de voz limpia, clara y potente que representa al Dr. Jekyll y voz ronca, casi gutural y desgarradora que representa al maléfico Mr. Hyde. Magnífico en ambos registros. El resto ya requiere sus matices. 

La puesta en escena está bastante lograda. Diferentes decorados con gran protagonismo de la niebla y unas luces austeras, sitúan al espectador en las escenas claves de la trama que se desarrolla en la época victoriana londinense. Algunas coreografías y cambios de vestuario contribuyen a que la historia sea creíble. 

En cuanto a los arreglos musicales se ha tirado de clichés efectistas que siempre funcionan bien. Se pueden apreciar los distintos leitmotivs para cada personaje, armonías muy consonantes con melodías pegadizas para representar al bueno de Jekyll, mientras que con el maligno Hyde se utilizan arpegios repetitivos y cíclicos habituales en este tipo de personajes (La Profecía, por ejemplo), con la aportación de un sonido de clavicordio. Las escenas del prostíbulo también muy estereotipadas, con ritmos cabareteros y sonidos de acordeón. Es decir, musicalmente hablando es prefabricado y no hay nada de originalidad, pero lo que hay funciona bien. 
Los coros estuvieron brillantes en todos sus números, con un gran empaste vocal e instrumental. Menos acertada estuvo la voz de Emma (novia del Dr. Jekyll), con ligeros errores de afinación en varias intervenciones, aunque muy acertada en el timbre y en las modulaciones vocales. Por el contrario, Lucy (amante de Mr. Hyde) destacó tanto en interpretación como en voz. 

Al igual que en la zarzuela, cantar para un espectáculo como este requiere tener una gran técnica vocal, principalmente por los continuos cambios de la voz hablada a la voz cantada. Por este motivo muchos cantantes de ópera rechazan la zarzuela y los musicales, porque conlleva un deterioro de las cuerdas vocales. Este musical, además, requiere un plus porque el protagonista tiene que representar dos personajes antagónicos. El papel le viene como anillo al dedo al barítono Abel Fernando. De hecho, fue impactante la escena final que representa la lucha entre Jekyll y Hyde, con los cambios medidos milimétricamente. Un gran trabajo en ambos registros en el que hay empate técnico, por lo tanto no se si me quedo con Jekyll o prefiero a Hyde. Sin duda, el papel del barítono es lo mejor del espectáculo y aunque sólo sea por escuchar su voz merece la pena ver, una vez más, este extraño caso convertido en musical.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Faro: Un espectáculo para exportar

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"El Faro", Estreno del espectáculo en el Teatro de la Laboral. Protagonistas: Ana Belén y Alberto Rodríguez. Textos: Luis García Montero. Idea original: Javier Blanco y Manuel Paz. Intérpretes: Orquesta de Cámara de Siero, Coro de Voces Blancas del Nalón, colaboran Andreas Prittwitz, David Varela. Dirección de escena e Iluminación: Laura Iglesia y Carlos Dávila. Viceoarte: Rob Loren sábado, 15 de diciembre del 2018.

Los numerosos asistentes al Teatro de la Laboral que presenciaron el estreno de “El Faro” pueden sentirse privilegiados por haber vivido un espectáculo que, en principio y por desgracia, no se va a volver a repetir. Un compendio de grandes profesionales de diversas disciplinas se han unido para narrar las últimas horas de un farero (Alberto Rodríguez) al que le llega la hora de la despedida -”gracias por los servicios prestados”, dice la carta que recibe-, para ser sustituido por un ordenador.  Los diálogos del farero con la diosa Atenea (Ana Belén) y las ensoñaciones manifestadas a través de la música y la proyección de imágenes cuentan una historia muy actual y con gran profundidad, cuyo hilo conductor es la relación del hombre con el mar.

Mucha ambición y altura de miras hay detrás de la idea original de Javier Blanco y Manuel Paz que, en principio, iba a ser algo sinfónico pero ya metidos en harina se fue añadiendo levadura de la buena y la masa  fue creciendo hasta conseguir un espectáculo muy potente. Los textos del poeta Luis García Montero no tienen desperdicio, pues hay poesía y mucha filosofía. La puesta en escena y la iluminación bajo la dirección de Laura Iglesia y Carlos Dávila no podía estar más conseguida para contextualizar todo lo ocurrido. Horas y horas de grabaciones de Rob Loren han sido necesarias para ofrecer unas imágenes de videoarte que nos sumergen emocionalmente en la narrativa. Los protagonistas dos astros de la escena: a Ana Belén la hemos visto en su faceta de actriz con papeles dramáticos muy buenos y nos esperábamos una buena actuación, pero Alberto Rodríguez fue toda una sorpresa porque estamos acostumbrados a ver su faceta cómica,  sin embargo tiene una gran vena dramática. Me encantó.

En cuanto a la música, es una partitura muy bella con distintas partes contrastantes, con fragmentos espectaculares y de una gran creatividad. Lo más llamativo es que un espectáculo que reúne a tantísima gente en el escenario salga bien la primera vez que se representa.  Encima del escenario una orquesta de tamaño considerable como la “Orquesta de Cámara de Siero” destacando la sección de cuerdas que estuvo muy fina; preciosos cantos de sirenas emitieron el “Coro de Voces Blancas del Nalón”; el set de ritmo formado por batería, bajo, teclados y guitarras, empastaba perfectamente con la orquesta. Para completar, el aire celta en algunos fragmentos del acordeón de David Varela y las improvisaciones de flauta o de saxo alto de Andreas  Prittwitz engrandecieron la partitura original. Probablemente el entusiasmo con el proyecto y muchísimas horas de ensayo hicieron que cada componente diera lo mejor de sí mismo y, salvo algún pequeño matiz, no hay pega posible.

Para finalizar Ana Belén, con su habitual afinación exquisita y acompañada por todos los músicos, cantó “Las laboriosas vidas marineras”, un precioso tema compuesto para la ocasión por Víctor Manuel basado en los versos del mexicano Hugo Gutiérrez Vega.

“El Faro” es un espectáculo diferente que es capaz de cautivar al espectador a través de todos los sentidos. Tiene mucha calidad creativa y está muy bien ejecutado, por lo tanto se merece más representaciones, aquí y en otras latitudes. Esperemos que así sea, al fin y al  cabo el mar y los sentimientos que provoca son universales.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 18 de julio de 2017

Bach, revivido con éxito por "La Fura dels Baus"



 


La compañía catalana entusiasma al público del teatro Jovellanos con una propuesta a medio camino entre la música clásica, la electrónica y el flamenco

16.07.2017 
Foto:
 
 
Johan Sebastian Bach es todo un clásico y "La Fura dels Baus", abanderados de la innovación. Si se suma todo y se agita con contundencia el resultado es un espectáculo sorprendente que ayer convenció al público en el Teatro Jovellanos . "Free Bach 212" se llevó aplausos sonoros en una propuesta que no deja indiferente .
El espectáculo arrancó con el patio de butacas a rebosar para presenciar una puesta en escena que parte de la hibridación entre la partitura original de la cantata de los campesinos de Bach, la electrónica de vanguardia y el cante flamenco. El libretista Picander celebra una fiesta en honor al ministro de Hacienda, y el hilo conductor es un enredo amoroso entre dos campesinos.
A partir de ahí, y respetando la partitura original interpretada por un cuarteto de cuerda, "La Fura" va añadiendo diferentes números, alternando cuadros de línea flamenca con composiciones electrónicas disparadas por Miki Espuma, director de una propuesta programada en el marco del Festival de Música Antigua. Los números, de corta duración y en ocasiones completamente entremezclados, entusiasmaron al público.
A pesar de que hubo algún pequeño desajuste con el micrófono de la cantaora y algunos problemas de sincronización rítmica entre las bases electrónicas y la interpretación del cuarteto, la propuesta resultó fantástica, acompañada en todo momento de proyecciones de imágenes para ambientar las diferentes escenas en las que se sucede la obra.
Como buena recreación germana, la representación concluyó con un brindis de cerveza entre todos los componentes de la obra. Y Miki Espuma, el director, se dirigió al finalizar la puesta en escena a los asistentes, ya sin micrófono, para decirles que les invitaría a todos a un brindis cervecero, pero "hay una ley que prohíbe beber en los teatros". Una conclusión con vis cómica que fue muy aplaudida, al igual que sucedió con toda la obra en la que buscan mezclar lo burlesco, los humorístico, la crítica social o la invitación a los placeres más mundanos.
Como ellos mismos afirman, con el objeto de "conmover y deleitar sin barreras ni limitaciones". Anoche en Gijón, sobre las tablas del Teatro Jovellanos, lo consiguieron.

domingo, 1 de marzo de 2015

Un ingenioso gato para despedir FETEN

Feten apuesta por un espectáculo donde música, danza, teatro, escenografía, video-mapping y grandes dosis de buena voluntad y entusiasmo se unen para darle vida al gato más famoso de los cuentos recopilados por Perrault. La partitura corresponde a Rogelio Groba, un compositor gallego cuya firma abarca más de 600 obras de una gran variedad de géneros musicales. Para esta producción se acude a una partitura sinfónica, inédita, titulada "El Gato con Botas" y a una adaptación literaria del cuento de Perrault a cargo de Manrique Fernández.
El estreno tuvo lugar en noviembre del 2014 en el teatro Colón de La Coruña y, pocos meses después, el teatro Jovellanos se viste de gala, con un lleno total, para clausurar la vigésimo cuarta Feria de Teatro Feten, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Gijón. Los protagonistas son los niños y las niñas ávidos de disfrutar de una función que se anuncia como ópera para niños, aunque considero que ese término no encaja con lo visto.
En el centro del escenario la Orquesta de Cámara Galega, formada por 18 músicos y dirigida por Rogelio Groba (hijo), da comienzo a la obra con una obertura musical a modo de fanfarria. Mientras, dos bailarinas recorren el escenario de un lado a otro y un texto impreso en un gigante libro, proyectado en el fondo del escenario, nos sitúa en el contexto en el que se va a desarrollar la acción.
La primera conversación entre el gato y su amo está ambientada por una partitura que describe, por un lado la tristeza en la que se halla sumido el "futuro" Marqués de Carabás y, por otro, las ideas ingeniosas del gato (muy alto, por cierto) ¿cómo lo hacen? Creando contraste entre las cuerdas en agudo y la sección de metal en grave para darle tensión y suspense a las intervenciones de un felino dotado de gran ingenio y picardía. Así, la orquesta deja claro desde el primer momento cuál es su función: dar vida a los pensamientos, al estado de ánimo y a la clase social de los personajes que van apareciendo en la escena. Música correcta (aunque poco original) y llena de tópicos que funcionan.
La obra está concebida para unos actores y actrices que interactúan en varias ocasiones con un público entregado y con ganas de pasárselo bien. Y lo consiguen a base de una buena interpretación por su parte, supliendo las escasas dotes líricas de las voces.
El video-mapping sustituye a los habituales grandes decorados teatrales y se encarga de ambientar las diferentes escenas y lugares por los que transcurre la historia de la azarosa vida del gato y su amo. Todo esto, junto con un vestuario bien diseñado para la ocasión y la participación del público más sincero y crítico, sumerge al espectador, durante 55 minutos, en una fantástica historia atemporal.
Por Mar Norlander para La Nueva España