domingo, 18 de abril de 2021

Sidecars. Mucha hambre de rock

 Sidecars: Gira “Ruido de Fondo”. Teatro de la Laboral, viernes, 16 de abril, 2021. 

(Fotografía de Marcos León, publicada en La Nueva España)


Dice el refrán que “a falta de pan buenas son tortas”, o en la versión asturiana “...buena ye boroña”.

Y eso ha pasado en Gijón: había tanta hambre de rock y de escuchar a una banda al completo, con buenos decibelios, potentes distorsiones y músicos trotando por el escenario, que los madrileños “Sidecars” sonaban como si fueran los mismísimos Rolling Stones en sus buenos tiempos. Yo lo percibí así y el aforo casi al completo del teatro de la Laboral también. Pero la banda en cuestión no es ningún icono del rock, solo es un grupo resultón que no se sale del estereotipo de bandas surgidas en los últimos años y que no aporta nada nuevo.  


La excusa era la presentación de “Ruido de fondo” y después de algún fastidioso aplazamiento “Sidecars” consiguió arrancar con un “Golpe de suerte” que sonó potente. La voz de Juancho -inevitable las comparativas con su hermano Leiva, misma tesitura y mismo estilo-, capitanea a una banda formada por sus colegas Gerbass (bajo) y Ruly (batería), junto con otros tres músicos que comparten gira para presentar su sexto álbum. Hay que decir que tiene mérito ofrecer una banda tan numerosa en estos tiempos porque con los aforos tan reducidos las cifras no cuadran igual, pero ahí están los seis músicos más todo el despliegue de técnicos y personal que conlleva una banda como esta.  


Tras cantar uno de sus anteriores éxitos, “La Tormenta”, el público estaba entregado y dispuesto a escuchar el directo de las nuevas canciones, entre ellas “Looping Star” o “Galaxia” que se intercalaban con himnos clásicos como “Cuestión de Gravedad” o “Fuego cruzado”. También hubo ritmos más cercanos al funk y algún rock and roll al más puro estilo de Ariel Roth. La balada “Dinamita” ponía algún color diferente al aportar sonidos extraídos del steel guitar y del hammond. Y por primera vez en la gira, contaron con la presencia de Angie Sánchez para cantar mano a mano “Quién sabe”, tal y como se grabó en el disco. 


Después de la potente “Garabatos”, con sonido denso, buenas distorsiones  y abruptos cortes que le daban vida al tema, siguieron con algunas más blandengues a base de edulcoradas introducciones de piano, como “Los Amantes”. 


El principio prometía y  parecía que, por fin, íbamos a escuchar un buen solo de guitarra en “Fan de Tí”,  pero ni en la introducción ni a mitad del tema pasó de los cuatro compases (otro tópico de este tipo de grupos). Una pena porque apuntaba maneras. Otro solo de guitarra salió de la Telecaster de Juancho en “Contra las cuerdas”, y esta vez sí fue largo, pero no pasó de ser más que postureo recorriendo escenario y laterales, sin llegar a decir nada. Aún así, como decía, había tantas ganas de escuchar rock que hasta los bendings más estereotipados “parecía” que sonaban como los de Brian May, y hasta el intercambio con el público de las típicas llamadas-respuestas recordaban al mismísimo Freddy Mercury en el Live Aid de 1985. En fin, todo un propósito.


Al fin y al cabo “Sidecars” es lo que es: una banda típica y tópica que sigue un patrón muy marcado y no se sale del guion ni un ápice. Pero funciona. Y esta vez mejor que nunca porque en un año de tanta sequía cualquier cliché más que masticado se siente como una absoluta novedad. El resultado es que el público se lo pasó estupendamente. Además, con experiencias como esta nos queda más que claro que la cultura es segura y si alguno de los presentes se contagió de Covid-19 seguro que en el teatro de la Laboral no fue. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



Olga María Ramos: Reviviendo el Cuplé

 

                        (Fotografía de Ángel González, La Nueva España)

“Evocación al cuplé”. Centro de Cultura Antiguo Instituto, sábado, 10 de abril de 2021.

Aplaudo la iniciativa del Centro de Cultura Antiguo Instituto por traer a su escenario central un género musical olvidado injustamente. Y es que no hay otro género que defina mejor la manera de vivir y pensar de las distintas clases sociales y, sobre todo, del estrato social más callejero y marginal de las tres primeras décadas del siglo XX. El cuplé está cargado de canciones sarcásticas, dobles sentidos, moralidad y picardía fina, todo un compendio de vivencias de las que carecen la mayoría de los libros de historia más voluminosos. La cupletista Olga María Ramos es una de las mayores responsables de que el cuplé siga vivo y con su propuesta “Evocación al cuplé” rinde homenaje a su madre, la cantante y violinista Olga Ramos y el compositor Enrique Ramírez de Gamboa, “El Cipri”.

Ramos vistió el escenario de boas y mantones multicolor (herencia de su madre, confesaba Olga), para rescatar las canciones más representativas del género. Con “Ven y ven” del compositor Álvaro Retana comenzó cantando y atrapando al público que agotó todas las localidades. Y sonaron los versos más conocidos de “Los Amores de Ana”, “Firulí, Firulá”, popularizado por Raquel Meller o el foxtrot por excelencia “Las tardes del Ritz”, entre otras aun más conocidas, si cabe, como el chotis “La Lola” de Francisco Alonso. Había ganas de cantar y de pasárselo bien. También hubo crítica para la cantante Carmen Flores cuando estrenó el cuplé “La Violetera”, a la que Ramos señaló por no ser capaz de cantar con la delicadeza que requiere el tema. Olga le imprimió ese toque de sensibilidad y dinámica que se necesita.

Durante todo el concierto la cantante estuvo musicalmente acompañada por el pianista Pablo Jiménez, que estaba atento a las entradas, salidas y los calderones que alargaba a su antojo la cupletista. Un pianista muy fino que conoce perfectamente su oficio. 

Otro protagonista del concierto fue el asturiano Juan Martínez Abades, el mejor compositor y el “pintor de cuplés” según Olga María. A él le dedicó la segunda parte del concierto rescatando “Mimosa”, “Mala Entraña”, “Agua que no has de beber” y “¡Ay, Cipriano!”, un lujo de canciones que la cupletista escenificó ataviándose con renovado despliegue de mantones.

Se vivieron momentos de nostalgia, sobre todo durante el cuplé que da título al espectáculo “Evocación”, que grabó su madre un año antes de morir.  escuchamos la grabación de “La Reina del Cuplé” durante la primera parte, mientras Olga María hidrataba la garganta con “champán de cañería” (como ella denomina al agua) para ofrecer en directo voz y piano la segunda parte de la canción.  

El espectáculo concluyó a ritmo de foxtrot cabaretero en tempo rápido,  con la popular "Vino tinto con sifón" y el público entregado acompañaba en los coros con discreción. Al terminar hubo esa sensación de incertidumbre que solo he visto en tiempos de pandemia: había ganas de pedir otra y otra, pero no sabemos muy bien cómo actuar por eso de que no se debe cantar, ni moverse, ni, ni...Total que Olga María Ramos nos dejó con ganas de más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

martes, 16 de febrero de 2021

Bombará! Alegres sambas para un triste carnaval

 


Bombará! Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, sábado, 13 de febrero de 2021. 



Aunque no fue a propósito no hay otra fecha más adecuada que el periodo de Carnaval para la puesta en escena del espectáculo “Coisas do Brasil”, la propuesta de  “Bombará!”  con motivo del Festival de Jazz de Gijón. Este 2021 nos quedamos sin desfiles, carrozas o fiestas multicolor, sin embargo, al menos, hemos podido disfrutar de un recorrido por la música brasileña desde el inicio de la bossa nova hasta el momento actual con canciones de grandes artistas como Edu Lobo, Toninho Horta, Ary Barroso y, sobre todo, Antonio Carlos Jobim, compositor favorito de Helios Amor, alma máter del proyecto “Bombará!”


Desde el primer tema, “Fotografía” de Antonio Carlos Jobim, el sonido se escuchó contundente y los timbres bien empastados. En un arreglo que mezcla la samba más alegre con tempos lentos se lucieron Carlos Pizarro a la guitarra y sobre todo Cristina Montull al piano, con una calidad interpretativa brutal desde el primer tema hasta el último. Ya hemos visto a la pianista en otros repertorios más dispares y sabemos que todo lo que hace lo hace bien, por lo tanto, con los sonidos brasileños no podía ser menos. Así fue a lo largo de toda la velada, destacando en intervenciones como “Luiza”, también de Jobim o “Choro Bandido” de Edu Lobo. Y para completar el combo estaba Horacio García al contrabajo y Manu Molina a la batería, grandes músicos todos ellos y muy vinculados al Colectivo de Jazz Asturiano. 

  

Había tantas ganas de hacerlo bien -por aquello de jugar en casa-, que Helios Amor quiso contar con la intervención de otros músicos invitados, el primero de ellos el saxofonista Eladio Díaz (a su vez, encargado de cerrar el Festival de Jazz en esta edición), que ayudó a subir la intensidad con su calidad y su facilidad para improvisar en varios temas, comenzando por una bossa nova de Ary Barroso. También se contó con la intervención de Alba García (flauta travesera) destacando por la interpretación de “Te amo” de Chico Buarque y por las bellas improvisaciones en “Vocé”, otro de Jobim.


La buena introducción del contrabajo en “Beijo Partido” de Toninho Horta dio paso a un difícil arreglo armónico en las voces de los metales con la participación del trompetista Aitor Álvarez. Otro grande. Y ya todos en el escenario se despidieron con un complejo arreglo de Edu Lobo en el que hubo ocasión para demostrar una pequeña parte de lo buenos que son cada uno en su instrumento con una pequeña improvisación. Y es que en Asturias tenemos grandes músicos y les damos pocas oportunidades para demostrar lo buenos que son. 


Los multitudinarios aplausos provocaron un bis  y nos ofrecieron a ritmo de samba la alegre  “A rá” (La Rana) de Joao Donato, dejando en los presentes una sensación de haber podido disfrutar un buen rato en estas fechas de carnaval tan tristes. Ellos se lo pasaron muy bien y el público más. 


César Latorre: Jazz sin fronteras.

 


César Latorre. Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 12 de febrero, 2021.



Con el pianista César Latorre arrancó una nueva edición del Festival de Jazz de Gijón tras su aplazamiento por las restricciones provocadas por la pandemia. Apostar por un pianista en cuya concepción sonora no hay límites y lo mismo mezcla melodías conocidas del ámbito pop con armonías del minimalismo y free jazz, es una gran elección por parte de la organización del festival. Muestra de sus múltiples influencias es “Lucidity”, el álbum que presentó Latorre en el teatro Jovellanos ante un público más bien escaso comparado con otras ediciones, probablemente  por causa de los cierres perimetrales.  


Fue difícil reconocer el tema con el que inició el concierto pero una vez captado vimos la gran capacidad que tiene el pianista para transfigurar esquemas y armonías lejos del sentido inicial. En directo  grabó un looper con el piano eléctrico desde un rincón del escenario y mientras éste sonaba Latorre se trasladó al centro para tocar con el piano de cola encima del ambiente grabado. Se trataba de una versión muy libre de “Me cuesta tanto olvidarte” de Mecano, un tema bien seleccionado y del que hizo una magnífica adaptación llevándola al terreno del jazz en una especie de meditación que sirvió para relajarse, pues no es fácil tocar en tierra patria sin sentir la presión. 


Siguió con un tema propio cuya traducción es “Como sobrellevarlo”, un título muy venido a cuento por las circunstancias, en el que demostró una solvente mano izquierda. A destacar la composición en directo del hipnótico “Montezuma”, interpretado en directo con energía y derroche técnico. 


Como era de esperar hubo homenaje al recientemente fallecido Chick Corea, uno de los grandes referentes  para  los músicos y los aficionados al jazz, “el Maradona del Jazz”, decía Latorre. Como homenaje escuchamos “Ilusión” un tema experimental en el que el pianista comienza jugando con las cuerdas del piano a modo de arpa en combinación  con las teclas y continúa metiéndose en senderos cercanos a Chick Corea, si es que se puede definir así, porque Corea es inabarcable. Para mí, “Ilusión” fue el tema más ambicioso de la noche, sin embargo, el más elegante y en el que más se muestra la personalidad de César Latorre fue “Pulaki” (pequeño pájaro en griego). Se trata de una composición más tranquila y paisajística con una melodía tonal azucarada y casi infantil que va madurando y transitando por distintos modos de modo sorprendente, de manera que cuando el oído se está aclimatando a un fraseo Latorre le da un cambio inesperado y te transporta a otro paisaje, retomando de vez en cuando a la primera melodía. Gran composición.


Seguramente muchos de los presentes nos fuimos de retirada tarareando aquella famosa canción titulada “Take on Me” de los guapos noruegos “A-ha”, superventas de los años ochenta. Es de esas melodías que se quedan en la cabeza y no hay manera de soltarlas y el culpable fue  César Latorre que la escogió para despedir su concierto. Con “Take on Me” jugó, la estiró y la transformó hasta que fue irreconocible y en este punto la volvía a retomar para que nadie se perdiera. Con una gran ovación fue despedido el pianista gijonés, demostrando una vez más su gran capacidad creativa y, sobre todo, su manera de ver y sentir la música. Sin fronteras. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España




Elena Setien en el Ciclo Encaja2

 


Elena Setién, Ciclo Encaja2. Teatro Jovellanos, 22 de enero, 2021. 

El ciclo de conciertos  que ha iniciado el teatro Jovellanos el verano pasado y que lleva por título “Encaja2”, es una fantástica oportunidad para poder disfrutar de una apuesta por la cultura de una manera diferente. Una nueva cita  tuvo lugar este viernes frente a un reducido número de espectadores (cuarenta asistentes en tiempos de pandemia), compartiendo espacio con la artista en la caja escénica del teatro  para disfrutar de un espectáculo sonoro de forma directa e íntima. Además, el concierto se graba  por medio de varias cámaras y realidad virtual y se puede visualizar a través del canal de Youtube del Jovellanos. Sin duda, una buena iniciativa alejada de los circuitos de consumo corriente. 

 

La actuación inédita de la guipuzcoana  Elena Setién junto con el guitarrista Joseba Irazoki ratifica la calidad del ciclo. Con una interesante trayectoria musical y después de haber cosechado importantes premios durante los trece años que ha vivido por tierras danesas vuelve a España y se refugia ahora en la experimentación y la improvisación sonora alejada del jazz. Ataviada con un teclado y algunos efectos electrónicos nos invitó a sumergimos en ensoñaciones con “We see you Shining for a While”, una canción de su tercer álbum  para comenzar de manera tranquila, pudiendo captar cada timbre, cada peculiaridad de la voz y cada efecto de guitarra. Seguidamente trepamos por árboles del tiempo (“From the time tree”), de forma anárquica y sin el ritmo de  batería que aparece en su grabación. Tampoco lo echamos de menos, los tiempos estaban bien medidos y los sonidos fluían con originalidad. 

 

Después de respirar aires folk provenientes de las montañas de algún pueblo invadido  pasamos a escuchar, en euskera, la frustración de“Las Ranas” cuando no consiguen atrapar la luna. Elena cambiaba de micrófono dependiendo del efecto que quería conseguir y experimentaba con un procesador que armonizaba las voces, mientras Joseba exploraba con artilugios a través de las pastillas de la guitarra de forma creativa.  Un tema muy interesante. 

Más rítmica y cercana al pop suena “A Foreigner Like Me”, un tema que Elena compuso como identificación personal tras conocer a un señor kurdo que se sentía extranjero al vivir en Copenhague. Y de nuevo regreso al mundo onírico con la hipnótica y dulce “Dreaming of Early Things”. Para terminar el concierto “She was so Fair”, canción con la que también cierra su tercer álbum “Another King of Revolution” y que merece la pena escuchar en directo. 

Sin duda, hay madurez en las composiciones de Elena Setién y, sobre todo, hay sinceridad, pero también hay que decir que el formato favorece. Situados en el escenario a la manera tradicional y con el público sentado en las butacas hubiera sido probablemente un concierto más, pero así en petit comité gana enteros y hace partícipes a los presentes de una celebración especial. “Encaja2”, un formato que ha llegado con un perfil muy concreto y que tiene que quedarse. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



miércoles, 13 de enero de 2021

Coro Joven de Gijón: un coro prometedor

 



Coro Joven de Gijón, director musical: Santi Novoa. Teatro Jovellanos, sábado, 9 de enero, 2021. 


Si corren tiempos difíciles para la música aún más para los coros, comenzando por la imposibilidad de ensayar como es debido -es casi imposible que se junten todos a la vez-, y siguiendo por tener que cantar con una mascarilla tapando el instrumento emisor. Es como ponerle un trapo a la boca de un saxofón o como si un bailarín tuviera que moverse con unas pesadas botas. Harto difícil. Pero la pandemia ha traído alguna cosa positiva y es que ante la imposibilidad de ofrecer espectáculos foráneos hay que acudir a los artistas que tenemos en casa. Y aquí hay talento. Este es el caso del “Coro Joven de Gijón” que después de algún aplazamiento tuvo la ocasión, por fin, de presentar su nuevo repertorio en el teatro Jovellanos. Vale que jugaban en casa y que la mayor parte del público (rozaron el lleno) era afín a algún componente del escenario pero todos ellos juntos ofrecieron un espectáculo muy digno, a pesar de la falta de ensayo y a pesar de las mascarillas. Y dejaron claro que con más oportunidades pueden brillar al mismo nivel que los mejores coros del género que proliferan en Barcelona o Madrid. 



A ritmo de Queen y su emblemático “We Will Rock You”, salieron al escenario  en compañía de músicos reconocidos de la escena asturiana: Pablo Herrero (piano), Julio Gilsanz (guitarra), Juan Flores (saxo y flautas), David Casillas (bajo) y José Ramos (batería). Y para ensamblar todo el cotarro estaba Santi Novoa, un director atípico que combina su faceta de dirección coral con la de teclista en la banda “Warcry”. Su entusiasmo y sus formas, alejadas de todo estereotipo canónico, conquistaron a la audiencia. 


Después del pupurri en el que se mezclaron breves fragmentos de musicales archiconocidos como “El Fantasma de la Ópera”, “No llores por mi Argentina”, “Jesus Christ Superstar” o “Memory” -todos estos relacionados con Andrew Lloyd Weber-, sacaron su vena más cañera con “Believer” de Imagine Dragons, aunque en una versión más light que en el videoclip promocional. 


Tan solo pudieron ensayar juntos dos veces desde que empezó la pandemia, nos recordaba Santi Novoa, y esa falta de ensayos se notó en temas como “Recuérdame”, la banda sonora de “Coco” o también en “Shallow”, la balada que emparejó a Lady Gaga con Bradley Cooper. También se notó la falta de ensayo en los dos temas con intervenciones solistas, pero entre los nervios, la mascarilla, el manejo del micrófono y con un equipo de sonido ajeno es más que complicado que todo salga perfecto. 

 

El concierto fue de menos a más y los últimos temas salieron redondos, salvo peccata minuta. Fantástico arreglo y estupenda interpretación de “Skyfall” el tema de Adele que fue banda sonora de la vigésimo no sé cuántas películas de James Bond. También estuvieron muy acertados con Michael Jackson y su tema “Heal the World”, sin olvidarme de destacar el “Mamma mía” de Abba que desató las ganas de levantarse de las butacas y ponernos todos a bailar. Fuimos responsables y no lo hicimos.  

Para el bis que reclamó la audiencia fervorosamente dejaron “It's Raining again” de Supertramp. ¡Cómo se notó que lo tienen más que ensayado! Así da gusto y con la buenísima intervención de Juan Flores al saxo, aún más. El “Coro Joven de Gijón” demostró que necesita más oportunidades para tocar una y otra vez y así acabar de ensamblar esos pequeños detalles.  Por lo demás, un coro con buen ambiente, muchas ganas y talento. Hay buena cantera en Gijón y queremos volver a escucharles pronto y sin mascarilla. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Joaquín Torre: Apostando por los nuevos talentos


 

Joaquín Torre (violín) y Vadim Gladkov (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellalnos, 8 de enero, 2021. 


Sabias y precisas fueron las palabras de David Roldán en su presentación del concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón y patrocinado por la Fundación Alvargonzález. Roldán sustituyó a viva voz el programa de mano y las notas al programa habituales en los conciertos organizados por la entidad, recordando al público la disciplina “inhumana” que hace falta para mantener un buen nivel interpretativo y una “fe inquebrantable” en estos tiempos que vivimos, cuando no se sabe si estos músicos van a tener conciertos o van a ser cancelados de un día para otro por causa de la maldita pandemia. El violinista gijonés Joaquín Torre tuvo fe y acompañado por el pianista Vadim Gladkov  trabajaron duramente con disciplina para llevar al teatro Jovellanos un programa ambicioso y arriesgado. 


La primera obra fue la Sonata nº 1 en sol menor, BWV 1001, de J.S.  Bach, una sonata escrita sin ningún acompañamiento, dejando al violín todo el protagonismo en manos de Torre, que sorteó los cuatro movimientos con alguna dificultad dada su juventud y con muchos aciertos. Si recordamos que Bach dominaba el violín con destreza y que compuso esta obra (junto con otras cinco del mismo formato) para el virtuoso violinista Johann Georg Pisendel, primera figura de la Orquesta de Dresde, la partitura no era fácil, más bien era endiablada.

Más lucida estuvo la interpretación de Torre con Beethoven y su "Sonata para piano y violín nº 1 en re mayor, Op. 12, nº 1", la primera de las diez que compuso para esta formación y dedicada a Antonio Salieri.  Organizada en tres movimientos la partitura fluía en el “Allegro con brío” y destacaba el violín en el “Rondó” final.



El repertorio escogido por Joaquín Torre quiso explorar la mayor parte de las técnicas y las posibilidades del violín y en el segundo bloque abordó tres composiciones del siglo XIX y XX. De nuevo, Torre se enfrentó solo en el escenario a la primera de ellas, la “Sonata para violín solo op. 27 nº 3”  compuesta por el virtuoso violinista Eugène Auguste Ysaÿe y dedicada a George Enescu. Quizás, la más atractiva de las seis sonatas que compuso el violinista belga y un aliciente para el público por la interpretación solvente de Torre.


Volvió al escenario el pianista Vadim Gladkov para acompañar a Joaquín Torre en la segunda de las tres romanzas de Schumann y en la “Fantasía sobre la ópera Carmen” de un gigante del violín, el navarro Pablo de Sarasate. Magnífica la interpretación de Schumann por parte de los dos instrumentistas y especialmente bien ensamblada quedó la pieza de Sarasate, dando muestras de buen entendimiento entre piano y violín.  La segunda mitad de la “Fantasía” está construida sobre  la “Seguidilla” y el “Baile de Gitanos” de la ópera y mano a mano piano y violín lograron imprimir una fuerza magistral, provocando una gran ovación de todos los presentes. 


Sin duda, Joaquín Torre tiene un gran futuro como violinista (tan solo tiene 20 años), por su disciplina y por su talento. Tan solo hacen falta oportunidades para que pueda desarrollar una brillante carrera y en esta ocasión la oportunidad fue gracias a la Fundación Juan Alvargonzález y la Sociedad Filarmónica de Gijón. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Concierto de Año Nuevo: Orquesta Sinfónica Mercadante



Director: Mariano Rivas. 

Solista: Elena Mikhailova (violín)

 Teatro Jovellanos, viernes 1 de enero de 2021.  


En las últimas semanas sobrevolaba la incógnita de poder llevar a cabo el Concierto de Año Nuevo en el Teatro Jovellanos, emulando al concierto de la Sala Dorada de la Musikverein que se oficia en Viena desde hace más de ochenta años, sin embargo, cumpliendo todos los protocolos de seguridad el concierto salió adelante y  se celebró con toda la ilusión que siempre despierta este evento. Mariano Rivas fue una vez más el encargado de la batuta que ensambla las distintas secciones de una joven orquesta que ha pasado de llamarse “Orquesta Sinfónica de España”  a “Orquesta Sinfónica Mercadante”, con una considerable reducción de plantilla debido a las distancias de seguridad, quedando en poco más de una veintena de músicos.  A pesar de la falta de densidad sonora la orquesta interpretó con dignidad un repertorio esperado que en su mayoría lleva el apellido Strauss y se compone de valses, polkas, romances y alguna que otra sorpresa, cumpliendo las expectativas del aforo. 


Entre las sorpresas de la velada tuvo lugar el estreno mundial de un fragmento de la ópera “La solitaria delle asturie”, musicada por Saverio Mercadante en 1840, que Rivas quiere rescatar del olvido. De ahí el cambio del nombre de la orquesta. En esta obra destacó la interpretación de la desconocida mezzosoprano Inés López, con un timbre poderoso cargado de graves y una regulación precisa en cada momento. Previamente, la mezzosoprano ya había impactado al público al formar trío vocal con Lucía G. Casanueva y Laura Galán (las dos sopranos y a su vez flauta y violonchelo de la orquesta), en la interpretación del conocido "Dúo de las flores" de Léo Delibes.


Además del estreno había expectación por ver en directo a Elena Mikhailova, una estrella mediática capaz de tocar a Paganini con soltura, ser escaparate de diseñadores de moda o abrazar otros géneros de música con el violín electrificado. La violinista de ascendencia ruso-armenia y residente en Madrid, no defraudó y demostró merecer su fama de virtuosa en varias piezas. Su aparición en el escenario fue para interpretar el famoso “Intermedio” de la zarzuela “La Leyenda del Beso” de Soutullo i Vert, deleitando con su expresividad a gran parte del público que susurraban tras sus mascarillas la famosa letra de Luis Gómez-Escolar “Amor de hombre”, popularizada por Mocedades. Mikhailova interpretó dos danzas españolas muy conocidas de Sarasate y si el violín brilló con la “Jota Aragonesa”, no estuvo tan acertada con “Zapateado”, la más célebre del compositor. Esta pieza representa todo un catálogo de técnicas y efectismos del violín y Mikhailova los solventó todos uno a uno, sin embargo, la orquesta no estaba acompasada y se mostraron varias evidencias de falta de ensayo. Quizás, con diez puntos menos de metrónomo todos hubieran respirado a la par. 

Extraña fue la interpretación de  “Czardas para violín y orquesta” de Vittorio Monti y no por causa del violín de Mikhailova que volaba con gran soltura en una interpretación sublime, más bien quedó deslucida por la mezcolanza que propició Rivas al introducir un fragmento de “Carmen” de Bizet y el “Asturias patria querida”, con todo el público cantando. Eso sí, casi todos encantados.  


Después del popular “Galop de los Bandidos” de  Johann Strauss II (una se pierde entre tan larga saga), finalizó el concierto cumpliendo los protocolos estipulados desde hace décadas, con el “Danubio azul” y la “Marcha Radetzky”  de Johann Strauss padre, en la que no faltaron los aplausos de la audiencia al compás marcado por el director. 


Sin duda, una velada que musicalmente no fue memorable pero, a pesar de las circunstancias se pudo celebrar, marcando así el pistoletazo de salida a un año cargado de esperanzas y buenos augurios, sobre todo en cuestiones de salud. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


sábado, 17 de octubre de 2020

El Cuarteto Zagreb abre una puerta a la normalidad.

 


Cuarteto Zagreb. Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, 7 de septiembre, 2020.



Bajo estrictos protocolos impuestos por el Teatro Jovellanos para evitar la pesadilla de pandemia que nos ha caído encima, arrancó la esperada temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón con novedades y con muchas ganas de traer de nuevo la música de cámara a la ciudad. Como novedad, además de una amplia programación de  quince conciertos, sustituye el programa de mano y las notas al programa en formato papel por una presentación oral y una mini conferencia en el intermedio, en esta ocasión a cargo de la doctora en musicología Andrea García Alcantarilla. Un formato original del gusto de la mayor parte del público que ha venido para quedarse. 


El Cuarteto Zagreb inaugura la temporada con dos emblemáticas obras,  el Cuarteto Nº 12, Op. 127 de Beethoven y el Nº 1 de Chaikovski, dos obras que abarcan contrastantes técnicas compositivas, mostrando así la solvencia de la formación croata que ha cumplido 100 años desde su formación y se ha convertido en uno de los cuartetos más reclamados por todo el mundo.



Nos recordaba  Andrea García que el estreno del cuarteto de Beethoven supuso un shock para el público de la época y fue un fracaso de público y crítica, por la complejidad armónica y por la mala ejecución de los instrumentistas. No fue el caso de esta velada. Ya en pleno siglo XXI, con los oídos más evolucionados y entrenados en armonías y texturas más complejas, pudimos disfrutar de una magnífica ejecución de los croatas, destacando el segundo movimiento por la belleza y sutileza de sus variaciones con profusos cambios de dinámica. El cuarteto respiraba milimétricamente al compás para ofrecer esta original obra, jugando con el scherzo y terminando en un auténtico clímax de la coda en el cuarto movimiento.




Después de las explicaciones detalladas y didácticas de la musicóloga Andrea García volvió el Cuarteto Zagreb para interpretar el Nº 1 de Tchaikovsky, una obra de composición temprana escrita en apenas seis semanas, que supone la primera partitura del compositor en este formato y creada con intención de hacer dinero. Sin embargo, se erige como uno de los cuartetos más representativos del periodo romántico ruso, demostrando así el extraordinario oficio del compositor y su capacidad inventiva. Lo demuestra principalmente con el segundo movimiento que gira en torno a una canción folclórica ucraniana ¡Qué bonita, qué espléndido entramado  y qué gran interpretación! La obra terminó con un magnífico Finale que levantó una gran ovación. Los sonados aplausos dieron paso a una propina en la que el Cuarteto Zagreb nos deleitó con una bellísima pieza de Haydn. 


Ya terminado el concierto y un poco precipitado el encendido de luces(aún estábamos en pleno apogeo de aplausos), nos dirigimos a la salida de manera excesivamente ordenada, con indicaciones de quién se podía levantar de su butaca y en qué momento. En mi opinión, un protocolo excesivo tratándose de gente adulta cuyo máximo interés es escuchar buena música y cuidar su propia salud. Por ello hemos llegado a cumplir años. 


Por lo demás, una magnífica velada que abre la puerta a que todo vuelva a la normalidad, o por lo menos a que se pueda convivir con este maldito virus. Hay que agradecer el esfuerzo de la Sociedad Filarmónica que, lejos de quedarse al margen esperando que todo esto pase, se ha puesto ha trabajar con ímpetu para seguir creciendo y haciendo una labor cultural que la ciudad de Gijón necesita.   


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.


Los Secretos: Concierto para nostálgicos

 


LOS SECRETOS, Gira “De Vuelta”. Festival Metrópoli, plaza de toros El Bibio, sábado 15 de agosto.

Esta pandemia que nos asola ha cambiado muchas cosas en nuestras vidas y la mayoría para peor, sin embargo, hay hechos que son muy bien recibidos, al menos por mi parte. Plaza  de toros “El Bibio” en el día de Begoña (la fiesta grande de Gijón), y en el cartel que cuelga no figura  ningún Cayetano, Ponce, Rivera...ni nadie con traje de luces. En su lugar “Los Secretos”, vestidos con sus vaqueros de siempre y ataviados con guitarras y piano para dar las estocadas. Ole, ole y olee con acento en la O. Y no porque esta banda forme parte de mis dioses del olimpo musical, ni mucho menos, sino porque se ha cambiado una sangrienta corrida de toros por un concierto de música.Todo un hito histórico. Bienvenido y que perdure.  



En cuanto a “Los Secretos” hacía poco que nos habían visitado, concretamente en febrero con motivo de la presentación de su disco “El Paraíso”. Su gira se vio interrumpida por el confinamiento pero como supervivientes que son se adaptaron rápidamente a las nuevas circunstancias y en esta ocasión ofrecieron un concierto en acústico con el líder Álvaro Urquijo, acompañado por las guitarras de Ramón Arroyo y el piano de Jesús Redondo. Dejaron en casa al bajista  Juanjo Ramos y al batería Santi Fernández. Y se notó. El repertorio escogido fue prácticamente igual que el de febrero, quizás con menos temas del último álbum y con muchas de las canciones míticas que han consagrado a la banda como leyendas del pop español, pero la falta de bajo y batería dejó cierto aire de monotonía sonora, excepto para los nostálgicos que disfrutaron de lo lindo aunque la lluvia quiso aguar la fiesta. Quizás el guiño a “It’s raining again” de Supertramp hizo su efecto  y las nubes se disiparon.  

  


Bonita la versión de “Échame a mi la culpa” del incombustible Albert Hammond,  con el que hicieron un cameo durante el confinamiento cuando gran parte de los artistas optaron por seguir vivos a través de las redes. Una vez más estuvo presente (como es habitual en todos sus conciertos) el recuerdo para Enrique Urquijo, autor de la mayoría de los éxitos de la banda, al que le dedicaron “Aunque tú no lo sepas” que, curiosamente no fue compuesta por él. Sigue sonando más interesante la versión de “Ojos de gata” de sus propios autores que la que hace Sabina a ritmo de vals con el título “Nos dieron las 10”, y eso que, como decía antes, la carencia de bajo y batería se notó. El resto del repertorio lo de siempre: “Agárrate a mí María”, “Sobre un vídeo mojado”, no podía faltar “Déjame” y tampoco la gran “Por el bulevar de los sueños rotos”.


Por lo demás un concierto poco reseñable, hora y media de espectáculo en plan tranquilo que sirvió para apaciguar las ganas de fiesta de algunos por falta de otras opciones y para el disfrute de los sempiternos nostálgicos que disfrutaron cada canción de principio a fin.  


Crítica publicada en La Nueva España


sábado, 8 de agosto de 2020

Dani Fernández: Poco que contar

 Dani Fernandez - Te esperaré toda la vida

Dani Fernández, Festival Metrópoli City. Plaza de Toros de El Bibio, Gijón, 6 de agosto. 


Dani Fernández saboreó con creces los aplausos y el éxito al formar parte del grupo vocal Auryn, que causó furor entre el público adolescente durante poco más de un lustro. Tras la disolución de Auryn en 2016, Dani inicia su carrera en solitario y una gira para presentar su disco “Incendios”, interrumpida tras el confinamiento. Retoma la gira en Gijón en versión reducida y lo da todo en el escenario, sin embargo, de momento tiene poco que contar. 


Es difícil que un concierto suene mal en la plaza de toros “El Bibio” pero siempre hay excepciones y Dani Fernández es una de ellas. “En Llamas” inició el espectáculo del cantante, junto con un teclista y un guitarrista que tenía dificultades para estabilizar la afinación en los pocos solos que hizo. El sonido sucio, el volumen alto y la ecualización con excesivo realce de medios, consiguiendo una voz estridente. Las canciones del disco sonaban una tras otra y aquello no mejoraba por ningún lado. En mi opinión la planificación de la gira en su nuevo formato no está bien diseñada ya que no han sabido adaptar los arreglos a esta versión reducida de guitarras (a veces steel guitar), y teclados con múltiples programaciones. Las cajas de ritmos suenan machaconas y los bajos sin definición. Buscan esa sensación de relleno de capas sonoras que ofrece una banda al completo y para conseguirlo suben el volumen más de lo necesario y aporrean los instrumentos. El resultado deja mucho que desear. Desde el punto de vista musical un artista que todavía no puede volar alto se arropa de una buena banda y da el pego, pero en un formato reducido las carencias cantan. 


Aún así, el público feliz y las fans con la emoción a flor de piel no dejaban de cantar “Perdido en Madrid”, la famosa “Te esperaré toda la vida” o “Bailemos”, todo un himno cargado de positivismo que desató las ganas de levantarse de las sillas y ponerse a dar brincos. Dani Fernández,  muy activo en las redes sociales y con muchos apoyos de artistas  como Andrés Suárez, Marwan o Funanbulista, entre otros, logra aforos multitudinarios entre las adolescentes. Musicalmente está claro que todavía hay mucho que pulir, sus letras no dejan de ser simples y muy oídas, sus melodías no dicen nada nuevo y en cuanto a los arreglos ya lo he mencionado. Sin embargo, sabe conectar con su público. Esto no quiere decir que la multitud de fans que le siguen no tengan buen criterio o estén dotadas de oídos sordos, más bien utilizan otros parámetros que van más allá de lo estrictamente musical y Dani Fernández sabe conquistarlos. Si hay evolución o se queda por el camino, como tantos otros, lo veremos.  Es cuestión de tiempo. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Ara Malikian: Un concierto redondo

 Entradas de conciertos de Ara Malikian en Plaza de Toros de Gijón ...

Ara Malikian. Festival Metrópoli City. Plaza de Toros de “El Bibio”, viernes, 31 de julio. 


Ara Malikian tendría que estar durante esta temporada en plena promoción del disco “Royal Garage”, grabado el año pasado con la colaboración de grandes artistas como Franco Battiato, Estrella Morente, Kase.O, Bunbury o Pablo Milanés, entre otros. Así se había anunciado su gira “Royal Garage World Tour”, pero las circunstancias han cambiado toda la planificación y el tour se quedó en una versión muy reducida de violín y piano, junto con Iván “Melón” Lewis. Si Malikian es un virtuoso del violín “Melón” Lewis no lo es menos con las teclas. Los dos juntos ofrecieron un espectáculo de sonoridades que dejó al público encantado.  Además, hay que recalcar la buena acústica que tiene esta plaza de toros: se captan todos los pequeños matices hasta la respiración del violín. Quizás, sería un buen lugar para poder disfrutar de alguna interpretación de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, ahora que están los aforos tan complicados. Ahí lo dejo.


Provisto con la obligada mascarilla, Malikian dio un rodeo por la arena interpretando una breve introducción del tema que compuso en recuerdo al genocidio armenio con su “Alfredo Ravioli” (así bautizó a su violín), para el disfrute de aquellos espectadores que sintieron su presencia bien cerca. Al perderse por detrás del escenario el pianista tomó el relevo ejecutando una pieza contemporánea de gran nivel técnico. “Con mucha nata” no sonó igual que cuando la toca con toda su banda pero tampoco sonó peor: el pianista era capaz de rellenar con creces la parte percusiva y armónica de la pieza ofreciendo otra esencia.  



Del doble disco “Royal Garage” apenas se tocó nada. Tan solo “Loucine”, dedicada  a su madre y el extracto de la ópera de Gluck “Mélodie d’Orpheé et Eurydice”, donde percibimos la capacidad de Malikian de extraer todo el peso expresivo y la flexibilidad lírica. Para el resto de la velada se rescataron temas que ya son banderas de sus conciertos con anécdotas incluidas. Cuántas veces hemos escuchado la aventura de su viaje a Alemania  y cómo empezó a tocar en bodas de judíos durante unos cuantos años. Repite cada palabra y cada gesto para introducir el tema “Pisando flores”, sin embargo, cada vez que lo cuenta nos mantiene atentos como si fuera la primera vez. Todo un showman, además de gran músico. 


Tampoco faltó la “Campanella” de su admirado Paganini que interpretó, una vez más, con total libertad y brillantez, al igual que el “Valse-Scherzo” de Chaikovski o la “Introducción y Rondó Caprichoso” de Camille Saint-Saëns. No todo fue clásico, también hubo hueco para su particular versión del tema “Bachelorette” de su “enamorada” cantante islandesa Björk, en mi opinión ampliamente mejorado. Las sonoridades de su cuna libanesa también estuvieron presentes con temas como “Bourj Hammuod”. Un gusto escuchar estas músicas. 


Después de más de dos horas cerró la velada con un tema compuesto recientemente, dedicado a todas las personas mayores que han estado solas durante el confinamiento, cuyo nombre es  “Nana Arrugada”. Solo el título del tema ya evidencia la inteligencia y la dimensión artística de Ara Malikian. El magnífico arreglo de piano y la melodía expresiva del violín emocionaron a gran parte del público premiando el espectáculo con una larga ovación. Sea con la formación que sea o busque inspiraciones sonoras desde aquí a la Patagonia, Ara Malikian siempre tendrá un público fiel en Gijón que llenará el aforo y marchará encantado. Eso sí, preferentemente que vuelva a ser en la Plaza de Toros con sonido redondo. 



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


domingo, 19 de julio de 2020

Amaral: Grandes de verdad



Amaral, gira “Acústico Eva y Juan”. Festival Metrópoli City, Plaza de Toros de El Bibio, viernes, 17 de julio. 


A priori, un concierto incómodo y frío: Amaral en acústico, sin más músicos en el escenario que Eva Amaral y Juan Aguirre, en una plaza en la que hay que permanecer con el trasero bien pegado a unas viejas sillas de madera del tipo “destroza lumbagos” y guardando las distancias exigidas, con mascarilla puesta durante todo el concierto y un vigilante con ojos avizor dispuesto a llamar la atención por si la nariz asomaba por encima del tapabocas...La cosa no prometía, sin embargo, las ganas y la calidad de los artistas suplieron con creces todos los inconvenientes.  Y es que en situaciones como estas es donde mejor se aprecia si un artista es grande de verdad o está inflado por la publicidad. 

Gijón fue la ciudad escogida para iniciar la gira  “Acústico Eva y Juan”, y presentar su octavo disco “Salto al color”. Cuando acabó el confinamiento la primera vez que se juntaron fue para preparar este concierto y lloraron de felicidad, anunciaba Eva, por poder compartir esta noche tan especial. Guitarras en mano sonó  “Señales” y se captó la buena acústica de la Plaza de Toros El Bibio y la gran voz de Eva Amaral que en los discos queda comprimida y no se aprecia todo su potencial. Después “El Universo sobre mi”, despertando en el público las ganas de vivir, gritar o sentir (como dice la canción), pero nos conformamos con hacerlo mentalmente. 

El repertorio de Amaral iba fluyendo entre viejos éxitos y lo último que han grabado, dejando sin presentar temas que requerían más electrónica y más banda como  “Juguetes Rotos” y otro par de temas de lo más nuevo. El resto se interpretó con mucha dignidad a pesar de la poca instrumentación. Sorprendente sonó “Ondas do mar de Vigo”, basado en un poema del siglo XIII del trovador Martín Códax que rescataron del cancionero de la lírica galaicoportuguesa. 

Hubo mucha conexión con el público que no dejó de cantar temas como “Moriría por vos” con muchas ganas de levantarse y empezar a brincar,  o “Cómo hablar” sobre los arpegios de la guitarra de Juan Aguirre. Después de “Mares igual que tú” parecía que tocaba despedida pero el público quería más y el dúo fue muy generoso. Aún faltaba “Sin tí no soy nada” en la que nos deleitaron con un homenaje a Ennio Morricone recientemente desaparecido. El público todavía soportaba las tablillas de las sillas clavadas en los riñones y quería más, así que sonaron la rítmica y animada “Hacia lo salvaje”, “Peces de colores” que habla de la defensa de la identidad de cada uno, “Cuando sube la marea” y “Salir corriendo”. Todas con muy buen sonido y una voz espectacular.

Como broche final “Ruido” y Eva manifestó que había sido una noche inolvidable. Para el público también y así lo demostraron con una larga ovación e infinitas muestras de respeto y admiración. 


Ocho discos grabados y más de veinte años juntos avalan el éxito del dúo Amaral con decenas de canciones que ya forman parte de la cultura popular. Eso se consigue cuando las composiciones son muy buenas o cuando están muy bien adornadas. En este caso, los asistentes al concierto pudimos escuchar canciones desnudas con guitarras, una voz y poco más, y pudimos corroborar que sus composiciones son muy buenas. Que vuelvan pronto. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Un sosegado Loquillo vuelve al ruedo





Loquillo y Gabriel Sopeña. Gira “La vida por delante”. Festival Metrópoli, plaza de Toros de El Bibio. Gijón, 11 de julio.

Por fin vuelve la música en directo y sin pantallas de ordenador entre público y artistas. Han sido unos meses largos y duros y se agradece la vuelta, aunque sea con mucha reducción de aforos y estrictas medidas de distanciamiento. A pesar de la reducción sobraron muchos asientos porque Loquillo con su versión más poética junto a Gabriel Sopeña, no logró atraer al público y llenar la Plaza de Toros.

El tema lento “Balmoral“, homónimo del álbum que le valió una nominación a los Grammys latinos,  fue el arranque de un concierto de casi dos horas que defraudó a los que buscaban puro Rock and Roll simple y directo (no hubo Trogloditas, ni Cadillac, ni Rompeolas, ni Rey del Glam) y gustó a los que prefieren  a un Loquillo más poético y sosegado, con letras más elaboradas y más variedad musical. “Transgresiones” de Mario Benedetti o uno de sus clásicos de George Brassens “La Mala Reputación”, junto con “Political Incorrectness” de Luis Alberto de Cuenca, con los presentes coreando el estribillo “Se buena, dime cosas incorrectas desde el punto de vista político”, fueron momentos de euforia y entendimiento entre los dos bandos del público y artistas. 

Segundo concierto de la gira y después de tantos meses parados la falta de rodaje se notó. “Cuando pienso en los viejos amigos” o “Cruzando el paraíso” no sonaron redondos.  “La vida es de los que arriesgan” exclamaba Loquillo que estuvo parco en palabras y sin provocaciones subidas de tono como es habitual en sus conciertos.

Cambiaron un poco la letra del tema de Kris Kristoferson “Yo y Bobby McGee”, con permiso a regañadientes del autor, y sonó un buen solo de guitarra de la mano de Josu García. Por momentos cedió el protagonismo al compositor, músico, filósofo y profesor Gabriel Sopeña, que estuvo solvente durante todo el concierto cantando, haciendo coros, tocando la guitarra, la armónica o el piano. Un artista muy prolífico que completaba la banda junto con Josu García, Alfonso Alcalá al contrabajo y Laurent Castagnet a la batería. También el guitarra tuvo su momento cantando “Cass, la chica más guapa de la ciudad”, una guapa canción con melodía muy al estilo Sabina que quedó deslucida por los coros un tanto desafinados.

En definitiva, fue un concierto cargado de nostalgia que no es para enmarcar por la falta de rodaje, pero se agradece el intento. El mérito de Loquillo no está en cantar ni en vender nada, su mayor logro es haber sabido escoger buenas canciones y rodearse de buenos amigos y de gente de gran talento, como Gabriel Sopeña.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 17 de marzo de 2020

La carismática Alice Wonder




Alice Wonder, ciclo “San Miguel On Air”. Sala Acapulco del Casino de Asturias, viernes 6 de marzo.

Alicia Climent no podía haber escogido un nombre artístico más apropiado para definir todo su singular universo musical. Bajo el seudónimo Alice Wonder hay una chica de tan solo veintidós años que empezó abriendo una cuenta de Instagram donde volcaba covers de las canciones que más le gustaban para su pequeño círculo de seguidores, pasó por ser telonera de Vetusta Morla, entre otros, hasta lanzar un disco propio bajo el título “Firekid”, que a pocos deja indiferente y la sitúa con nombre propio entre los artistas emergentes más relevantes del país. Su presentación en la sala Acapulco dentro del ciclo San Miguel “On Air”, congregó a una pequeña muestra de fans que han tenido el privilegio de comprobar de primera mano el porqué de su crecimiento tan rápido como artista ajena al mainstream.

Pasando de la guitarra al teclado constantemente y acompañada por un batería y un teclista/bajista, dependiendo del tema, sonaron las once canciones que forman su álbum y algunas inéditas que prepara para próximos conciertos y pudimos escuchar en primicia. Los tres, más alguna pista grabada dependiendo de la canción, ofrecieron un sonido contundente, a pesar de la mala acústica de la sala. Sus canciones se mueven entre la nostalgia de Bon Iver, el rock de Radiohead y el pop más underground, aunque  Alice demuestra que sus influencias son muy eclécticas. En la misma canción es capaz de recrearse en pequeñas frases minimalistas durante un buen rato y, después, desplegar todo un conglomerado de sonidos psicodélicos multicapa para transmitir un mensaje cercano con su voz grave y personal. Además, su puesta en escena entre la chulería y la humildad, es llamativa y capaz de atrapar la mirada del público constantemente.

Por otro lado, salvo excepciones, la labor de los baterías suele pasar bastante desapercibida, sin embargo, Echedey Molina destacó desde el primer tema.  Los ritmos de batería, ya de por sí, son bastante originales en el disco (quizás, tenga que ver que el padre de Alice es batería profesional y ella es exigente con este instrumento), sin embargo, Molina los engrandecía y ofrecía una amalgama de ritmos complejos cargados de sutilezas que llamaban la atención. Buenísimo batería.

Alice marca la diferencia con detalles que demuestran su singularidad.  Por ejemplo, el hecho de ofrecer una hora y media de concierto y no utilizar ninguna versión de canciones superfamosas y pegadizas de otros artistas con las que enganchar al público más despistado, marca la diferencia respecto a otros artistas que están empezando como ella y tienen poco repertorio conocido, porque es lo habitual.

En definitiva, su estilo coherente y particular define a Alice Wonder como una artista carismática y de  singular voz. Tiene talento y sabe lo que quiere y después de lo visto en la presentación de su primer álbum estoy segura de que la volveremos a ver en muchos escenarios con más público y con mejor acústica. Y será muy pronto.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España