martes, 24 de octubre de 2017

"Vínculos", un gran proyecto de la OCAS



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Orquesta de Cámara de Siero, Kamy Rapstyle, Rafa Kas, Rodrigo Cuevas y Bombai. Teatro de la Laboral, domingo 8 de octubre.

Sin duda falló la promoción del evento porque el motivo y la calidad artística era más que suficiente para haber abarrotado el Teatro de la Laboral  y haber agotado las entradas, pero se quedó en poco más de media butaca. El motivo se denomina “Vínculos”, un proyecto que lleva a cabo la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS) desde hace algunos años, apostando por la integración social y cultural a través de la música.  La calidad artística corría a cargo de la propia OCAS que, dispuestos a recaudar fondos para poder darle continuidad a su proyecto, reunieron en el escenario a diferentes artistas con diferentes propuestas.

Manuel Paz, director de la OCAS, desgranó el significado de “Vínculos” e inició el concierto, batuta en mano, con una versión de “Haiyu” un tema de la escritora y compositora Mariem Hassan, que se ha convertido en todo un himno para la cultura saharaui, lugar de procedencia de Hassan. Una bonita versión sinfónica que supo captar la esencia del tema árabe y fusionarla con armonías occidentales. Kamy Rapstyle, también de origen saharaui, puso el toque rap a la velada presentando “He vuelto” y “Querida abuela”, dos temas en los que Kamy recitaba sus versos apoyados sobre una base pop orquestada por la OCAS. Sin duda una fusión interesante. 

La colaboración del guitarrista Rafa Kas puso el toque rock a la velada, desplegando su arsenal de pedales y distorsiones para ofrecernos una composición propia con aires de “Queen” y “Beatles” titulada “El mar”. Un buen tema en versión sinfónica en el que, además de la OCAS participaron músicos de la talla de Antón Ceballos (bajo) y Samuel Rodríguez (piano). La interpretación del famoso “Kashmir” de Led Zeppelin desató una gran ovación entre el público al ver a una joven orquesta disfrutar y medir con precisión cada melodía, amén de la voz de Rafa Kas, pues no es tarea fácil emular al mismísimo Robert Plant, sin embargo resolvió con nota.  

El controvertido Rodrigo Cuevas fue el encargado de poner al público a “perrear” y a hacer “twerking”, después de corear “Déxame subir al carru”. Sin duda el momento más festivo de la velada. Pero Rodrigo Cuevas es algo más que un artista divertido porque sabe sacar la esencia de cada estilo que aborda y darle una vuelta más transgresora. Así lo demostró con su interpretación de “El día que nací yo”, copla de Quintero, Guillén y Mostazo compuesta para la gran Imperio Argentina. Cuevas, ataviado con madreñas y mantilla, demostró que está dotado de una gran voz y que la puesta en escena no tiene porqué ceñirse al dramatismo habitual de las folklóricas. Hay otras maneras de interpretar. Y es que Rodrigo Cuevas es mucho más que un artista que se sube al escenario con liguero y madreñas. 

Para cerrar la velada el grupo de moda “Bombai”, cuyo estilo ellos mismos lo definen como “Beach-pop”, interpretando tres temas, entre ellos el famoso “Solo si es contigo”, propuesta para ser la mejor canción pop de este año. Sin duda, una gran velada que conlleva un gran esfuerzo de medios técnicos, artísticos y humanos para poner en marcha toda esta amalgama de colores sonoros sin que nada falle y cuyo objetivo es bien noble. Pues bien, nada falló, excepto la asistencia del público, pero los presentes supimos valorar ese gran esfuerzo y ese proyecto llamado “Vínculos”, brindando a la OCAS y a sus artistas invitados una gran ovación todos en pie. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

La OSPA deja el listón bien alto



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Concierto de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Programa: “Música y Literatura I”. Teatro Jovellanos, 5 de Octubre, 2017

Dos figuras importantes en la trayectoria de la OSPA han fallecido durante este verano: la brillante pianista Olga Semushina, colaboradora habitual de la Sinfónica durante la década de los noventa y el chelista Juan Carlos Cadenas, uno de sus componentes más respetados. Con este sentimiento de orfandad  y un minuto de silencio en su honor inició la temporada la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias bajo la batuta de Rosen Milanov. 

Dentro del programa “Música y Literatura I” abrieron con la poética, sempiterna y emocionante obra de Carl Orff “Carmina Burana”. La sección de cuerdas en pizzicato tejía el obstinato para desgranar las melodías de la primera parte (“Fortuna Imperatrix Mundi”) y dar lugar al lucimiento del Coro de la Fundación Princesa Sofía que estuvo a la altura de la orquesta, desde el “O Fortuna” inicial hasta el final homónimo, pues la obra se compone de veinticinco poemas con una idea circular de vuelta al origen. En el cuarto poema “Omnia sol temperat”, hacía su aparición el barítono Hugh Rusell, con una puesta en escena impetuosa. La escenificación del poema cargada de dramatismo provocaba que su voz acusara un ligero exceso de vibrato. Un nimio detalle a tener en cuenta, pues su actuación, con varios números solistas, se ganó una gran ovación del público al final de la obra por su precioso timbre y por la potencia de su voz. Para los números de solo de tenor contamos con la presencia del catalán David Alegret que solventó con más o menos acierto el difícil papel en las notas agudas, pues las exigencias de la partitura en cuanto a tesitura exceden el habitual registro de un tenor. La ovetense Ana Nebot fue la encargada de lucir los números destinados a la voz soprano, destacando por la coloratura y la riqueza de matices en el poema “Dulcissime!” y el empaste con el coro en “Amor volat undique”.

Si destacábamos la actuación del coro también es necesario mencionar al coro de niños, situado en los dos palcos laterales por problemas de espacio, que hizo breves apariciones muy bien solventadas. Espectacular quedó su intervención en partes como en “Tempus es locundum”, cantando el coro “Oh, oh, oh”, totus floreo” (Oh, oh, oh, ya florezco todo entero). Por parte del coro al completo también cabe señalar el poema anterior a éste, “Ven, veni, venias!”, dotado de una gran riqueza rítmica cambiante que interpretaron magistralmente. 

La obra de Orff es tan rica en matices y dinámicas, que permite un gran margen de expresividad, y la dirección de Rosen Milanov estuvo sublime, tanto en las partes de pianissimo como en los fortes. El cierre final del “O Fortuna”, cargado de emoción y pleno de potencia se ganó los aplausos del multitudinario público presente en el Teatro Jovellanos y dejó el listón muy alto para próximas actuaciones de la temporada de la OSPA.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Combate entre Prokofiev y Debussy



. Festival Internacional de Piano de Gijón. 
Frederic Chiu. Teatro de la Laboral. Jueves 24 de agosto.

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El Festival Internacional de Piano de Gijón clausura su decimoctava edición con una propuesta innovadora y una magnífica actuación a cargo del pianista internacional Frederic Chiu en el Teatro de la Laboral. Su propuesta resulta un tanto novedosa al plantearla como un combate musical entre Claude Debussy y Sergei Prokofiev: dos compositores que comparten época y dificultad técnica pero estilísticamente alejados entre sí, Debussy de estilo impresionista y Prokofiev más neoclásico. El concierto se planteó en cuatro asaltos y tras finalizar cada uno de ellos el público debía anotar en un papel su preferencia. El propósito de Chiu con este combate musical es que cambiemos todos de opinión.  Aunque sea un combate va a ser muy justo porque le encantan los dos compositores, y también nos advierte de que no hace falta ser entendido, lo único es disfrutar de la música y elegir.

El disfrute para los amantes del piano llegó desde el primer asalto, escogiendo piezas muy populares de los dos compositores: la “Suite Bergamasque” que incluye el famoso “Clair de Lune” de Debussy y tres piezas del ballet “Romeo y Julieta” de Prokofiev. Durante la interpretación de los dos cuatro movimientos de Debussy, Chiu visibiliza su particular estilo: interpretación elegante en las melodías y agresividad en las partes fortes con dinámicas contrastantes. El pianista nos ofrece un arreglo propio de la primera pieza del ballet de Prokofiev, “Alegría Pública”, muy rítmica y con algún pasaje cercano al estilo ragtime. “Los Montagues y los Capulets” fue interpretada con energía y precisión y una clara diferenciación de las líneas melódicas y rítmicas entre ambas manos. 

Para el segundo asalto nos ofrece una difícil comparación: “L’isle joyeuse” de Debussy y la “Sonata No. 3 de Prokofiev. Como puntos de unión son dos piezas en la misma tonalidad y compuestas en la misma época. También, las dos son de gran virtuosismo con pasajes muy rítmicos y de grandes complejidades armónicas.  Sin embargo es difícil decantarse por una u otra puesto que estilísticamente nada tienen que ver. Además, la interpretación de las dos fue magnífica.

Tras una pausa elige para el tercer asalto pequeñas miniaturas de ambos compositores. El experimento con la sonoridad y el color de Debussy quedó plasmado en “Jardins sous la pluie de Estampes” mientras que el sentido rítmico y la personalidad sarcástica y cínica de Prokofiev se deja ver en “Sarcasm No. 1”, “Dos Visions Fugitives” y “Sugerencias Diabólicas”, esta última de gran dificultad técnica y salvada con creces.  Termina el cuarto asalto con una gran interpretación de dos de las obras más importantes de los compositores: “Rèverie” de Debussy y “Toccata” de Prokofiev.

¿Quién será el vencedor de este magnífico combate? Frederic Chiu nos invita a ver el resultado en su página web en los próximos días. Por mi parte prefiero que la incógnita permanezca puesto que hablar de vencedores y vencidos comparando a dos de los mejores compositores de principios del siglo XX no tiene sentido, aunque en cuestión de gustos ya se sabe. Dada la excelente interpretación de Frederic Chiu lo dejaremos en tablas.

 Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

jueves, 24 de agosto de 2017

Noche mágica con Revólver






Concierto de Revólver en la Semana Grande de Gijón.  Sábado 12 de agosto.

 
Los conciertos de “Revólver” siempre son bienvenidos y sus  nuevas canciones también, sean más acústicas, como las del nuevo disco “Capitol”, o más cañeras. Su música está llena de ricos matices instrumentales que sustentan letras maduras y bien trabajadas. Sus conciertos vienen cargados a tope de energía  porque Carlos Goñi, líder de “Revólver”, no es artista de grandes titulares pero con su música gana en las distancias cortas, disfruta con lo que hace y lo transmite encima del escenario. 

Llegó a Poniente y advirtió que el concierto iba a ser largo. Un poquito más de dos horas que, sin embargo, para gran parte del público se pasó en un instante. Y es que cuando estás a gusto los minutos vuelan.  Y muy a gusto nos sentimos escuchando a cuatro músicos que desde el primer tema “Premios y Matices”, sonaban con buen engranaje.  La comodidad del recinto al aire libre y sin aglomeraciones, la buena calidad del sonido, el empaste de los instrumentos y un repertorio bien escogido  convirtió la noche del sábado en un momento mágico. 

Hacía dos años que no presenciaba un concierto de “Revólver” en directo y me sorprendió comprobar la mejoría de Carlos Goñi como guitarrista. En mis notas, tema tras  tema anotaba  “solazo de guitarra”, “otra vez solazo de guitarra”,  y así hasta el último.  Siempre fue buen guitarrista pero ahora hay una diferencia sustancial. Por destacar algunos me quedo con el gran single “Black Jack”, desde luego “Estar dentro de ti”, donde integró una parte del solo de “Purple Rain” (Prince) y lo desarrolló hasta ganarse una gran ovación,  “No va más”, en la línea de Bruce Springsteen y, por supuesto, “El Dorado”, tema emblemático de la banda con el que cerró el recital. 

Muchas canciones para recordar en esa gran noche por diferentes motivos: la cañera y muy coreada “El roce de tu piel”, la tranquila  “Frío en Madrid”,  con una letra bien elaborada de esas que apetece memorizar e interiorizar porque invitan a la reflexión, también  “Odio”, en la que nos cuenta que no es capaz de aprenderse la letra, sin embargo las progresiones y las melodías de guitarras se las sabe perfectamente y  “Si es tan solo amor”, uno de los himnos de la banda. 

Su mánager le advertía de lo poco apropiado que es tocar en acústico en un escenario abierto y con público masivo –“eso es para escenarios más íntimos”- y Carlos Goñi saltándose sus consejos a la torera, nos deleitó con temas como “Perdí lo que no tuve”, “Esclavo de tu amor” o “Tu canción” solo con su guitarra y armónica. En esta ocasión su mánager no tenía razón porque la ovación fue sonora.  El resto de la banda se incorporó para “El peligro” y “Faro de Lisboa” que el público cantó, creándose un momento íntimo y especial.

Los últimos bises fueron “San Pedro”, con una presión sonora impactante y, por supuesto, “El Dorado”, su canción imprescindible en cada concierto. Buen sonido, buena música y buena química entre público y banda: los ingredientes perfectos para recordar el concierto de “Revólver” en Poniente como una noche especial.  
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

La Oreja de Van Gogh: un "Planeta Imaginario" muy dulzón



Concierto de la Semana Grande. Gijón 11 de agosto.
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El pop más caramelizado y fácil de digerir llegó a Gijón de la mano de “La Oreja de Van Gogh” para los conciertos de la Semana Grande y miles de personas, entre curiosos y fans, se dieron cita para escuchar su “Planeta Imaginario” en el escenario de Poniente. 

Fue un acierto comenzar con la canción “Estoy contigo”. Sin duda, el mejor tema del último disco, promocionado como algo novedoso en cuanto a sonoridades  y letras comprometidas con los problemas sociales. Pero puestos a mirar con detalle es más de lo mismo: canciones simples y facilonas con algo más de electrónica. Las letras de algunos temas están llenas de versos sin coherencia, y sirva de ejemplo “Camino de tu corazón” que, supuestamente, habla de los problemas de la inmigración: “el eco de tu beso se coló en el avión / las nubes eran versos del vapor de tu voz/ miradas sin palabras, besos de esos sin crianza/ oh oh oh oh”. En fin, para qué seguir. Los únicos temas que merecen la pena de este nuevo disco son “Mi pequeño gran valiente”  (que no la interpretaron) y la nombrada “Estoy contigo”.  La letra de esta canción te toca la fibra por aquello de que todos conocemos a alguien con problemas de Alzheimer: está bien construida y va al grano. Los versos se sustentan con arreglos musicales  a base de guitarras con delays y notas pedal (del estilo de U2), y sonoridades cercanas a “Coldplay”. El resto de las canciones del nuevo álbum que pudimos escuchar fueron como la cara B de los discos anteriores. Flojas y planas a más no poder.

La puesta en escena fue sencilla y agradable y la interpretación de la mayor parte de los temas estuvo bastante correcta, si obviamos dos de ellos. El primero “Europa VII”, en el que el teclista  quiso mostrar su habilidad tocando el Theremin,  pero le sobró volumen y le faltaron unas cuantas horas de ensayo.  El segundo “Muñeca de Trapo”, y de nuevo el teclista invadió nuestros oídos marcándose un solo de piano sucio y mal ejecutado. ¡Más de diez años tocando este tema y todavía no consigue hacer algo digno! Quizá, debería pasarle el testigo al guitarrista, que dicho sea de paso, estuvo muy fino con su instrumento durante toda la actuación.

Considero un acierto de la banda el fichaje de la cantante Leire Martínez,  en sustitución de Amaya Montero: es más elegante y su voz abarca el mismo registro pero con más grosor y menos estridencia, aunque en directo es bastante sosa.
Por otra parte, el público se lo pasó en grande cantando varios éxitos de la banda, como “Café con sal” “Jueves”, “Cuídate” o “la canción más bonita del mundo”, entre otras. No por ser tan pasteleros vamos a quitarles el valor que tienen: ver a grupos de amigos de diferentes generaciones,  o a madres con sus hijas cantando juntas y entusiasmadas las letras de principio a fin es emocionante y tiene un gran mérito. Así que, aunque sólo sea por este aspecto, la banda LODVG se merece un reconocimiento, y así lo valoró el público de Gijón con sonoros aplausos. Y es que los sabores dulces siempre triunfan.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España