martes, 31 de mayo de 2016

El Arrebato. Una noche con mucho arte


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Concierto en el teatro de la Laboral de Gijón. Jueves 26 de mayo.

Con gritos de ¡Guapoo!, ¡Macizoo! y algún esporádico ¡quiero un hijo tuyoo! recibieron los múltiples fans a Javier Labandón en Gijón este jueves y los piropos no cesaron en toda la noche.  “El Arrebato” volvió al escenario con su banda para casi concluir una gira que le ha llevado por toda España presentando su disco “La música de tus tacones”. Un disco que añade alguna varilla más a su abanico de acordes y estructuras de rumba-pop con algunos pellizcos flamencos. La esencia es la misma de sus anteriores discos y su forma de cantar también pero  se detectan algunos arreglos musicales diferentes que no se apoyan solamente en la cadencia andaluza, ofreciendo un sonido renovado.

Calentó el ambiente con algunos de sus éxitos anteriores. “Dame cariño”, “Que salga el sol por donde quiera” (su primer gran éxito) y “Una noche con arte” precedieron a “Vuela”, primer tema del nuevo disco de tempo lento y fácil de convertirse en un himno.  La mayoría de las canciones iban acompañadas de algún comentario apelando a las emociones y a los sentimientos más humanos. Y es que el éxito de Javier Labandón se debe precisamente a ese tipo de reflexiones en torno al amor, a la energía positiva y a la vida diaria, conectando con el público de forma cercana y entrañable y cantando con el corazón.

Cinco músicos dirigidos por el pianista Jesús Chávez arroparon durante todo el concierto al cantante y tuvieron momentos para lucirse cada uno con su instrumento. Así fue en la versión instrumental del tema “Cuando quieras quiero”, con muchos matices en cuanto a dinámica.  También destacar la preciosa introducción de piano jazzeada del tema “Durmiendo en tu ombligo” que dio paso a un remix de varios temas con más dificultad vocal, en la cual se apreciaba cierto cansancio en la voz, aunque Javier no escatimó energías dejando el alma en el escenario. Para entonar “No lo entiendo” se sumaron un cajón flamenco y unas palmas y continuó con una versión muy particular del fandango de Camarón “A un pozo tiré una piedra”, en la que se lució de manera excepcional el jovencísimo guitarrista Álvaro Llanos; sin duda su forma de tocar dará que hablar en los próximos años.

Dos horas de concierto dieron para interpretar grandes éxitos, para conquistar (más aún) a los fans, dedicando el   himno del Sevilla a Antonio Puerta y a Manolo Preciado y para despedir con el apropiado tema de Los Módulos  “Todo tiene su fin”, amén de algunos bises más. Ciertos detalles se podrían mejorar, por ejemplo las pausas tan largas entre canción y canción. También es poco frecuente en este tipo de conciertos que no se permita grabar ni hacer fotos con el móvil, así que el público se quedó con las ganas de tweetear o compartir por facebook sus momentos mágicos (aunque hubo quien se saltó las normas, por supuesto). Es posible que no fuera la noche con más arte de toda la gira (como prometía El Arrebato al inicio) pero hubo mucho arte en un concierto divertido y entrañable para los fans.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 28-5-2016

sábado, 23 de abril de 2016

¡Mamma Mía! Un espectáculo casi redondo



 
Musical Mamma Mía! Teatro de la Laboral de Gijón. Abril, 2016.
El musical ¡Mamma Mía! es un espectáculo muy bien pensado y muy bien enlazado de principio a fin. Las maravillosas e imperecederas canciones de Abba son la disculpa para montar una trama  basada en enredos amorosos y secretos de familia con grandes dosis de humor y emoción que se desarrollan en torno a Donna y su hija Sophie. La iluminación, con  predominio de blancos y azules, nos sitúa en una isla griega y para las diferentes escenas se utilizan cambios de decorados que se desarrollan con gran naturalidad. La música, el vestuario, las coreografías, la iluminación, el atrezzo,  los momentos de tensión, las escenas de humor…No hay nada forzado, todo está muy bien justificado y encajado perfectamente con el desarrollo de la historia.

En cuanto al tema vocal la más sorprendente es Clara Altarriba en el papel de Sophie: personalidad, sensibilidad, dulzura, afinación y buen timbre.  Una delicia escucharla. También da gusto escuchar a Carlos Solano (Sky) y verle actuar: es frescura, energía, pasión y buena voz. Los tres “posibles padres de Sophie” se desenvuelven estupendamente con sus líneas vocales, destacando el cálido y precioso timbre de Albert Muntanyola (Sam) y la afinación de Nando González (Javi). Los arreglos vocales corales están muy bien estudiados y muy ensayados. En cuanto a Nina tengo que decir que es una de las mejores voces que hay en España, sin duda. Siento admiración por ella desde que nos representó en Eurovisión en 1989, sin embargo no me convence en el papel de Donna, ni como actriz ni como cantante.  Como actriz, su fuerte personalidad hace que su interpretación sea un tanto sobreactuada, principalmente en las escenas con sus dos amigas Tanya (Olga Hueso) y Rosie (Eva Diago), que bordan sus papeles.   La voz de Nina es sublime pero también resulta excesiva en ocasiones. Tiene demasiado potencial para algunas canciones y no logra empastar todo lo que quisiéramos con el resto de las voces (Dancing Queen, Mamma mía, Waterloo...). Tampoco me convence en solitario en la versión española del tema “The winner takes it all”: al reprimir todo ese potencial  de voz queda, por momentos, artificial y engolada. Eso sí, la afinación es perfecta y la estética muy buena.

Me hubiera encantado poder ver a la orquesta (buenísima, por cierto) que estaba tocando en directo, pero oculta detrás de la pantalla del escenario. Estamos hablando de tan solo seis músicos, según el folleto publicitario y estamos hablando  del Teatro de la Laboral de Gijón, uno de los mejores del norte de España, no de un teatrillo pequeño de cualquier pueblo. ¿No encontraron forma de poner a la orquesta de manera visible? En el foso delantero sacrificando las primeras butacas, en alguna plataforma a un lado del escenario (como en el Circo del Sol), repartidos por los laterales…Esto es un musical no una obra de teatro, por lo tanto, la música es muy protagonista y de paso los músicos también. En fin, que si no fuera por este detalle fácilmente subsanable sería un espectáculo redondo.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

lunes, 18 de abril de 2016

Silvio Rodríguez, un gran poeta cubano.




Concierto de Silvio Rodríguez en el Palacio de Deportes Presidente Adolfo Suárez. Sábado, 9 de abril. 



Una noche mágica vivieron los fans que ansiaban escuchar al fundador de la Nueva Trova Cubana (junto con Pablo Milanés) en Gijón. Silvio Rodríguez cumplió las expectativas sobradamente.  Rodeado de una banda del más alto nivel cantó sus grandes éxitos y muchos temas de su último disco “Amoríos”, publicado en 2015.  La introducción instrumental con aires de jazz dejaba claro la calidad artística de Jorge Reyes (contrabajo), Emilio Vega (vibráfono), Oliver Valdés (batería) y Jorge Aragón (piano).  También estuvo presente el Trío Trovarroco (guitarra, bajo y tres cubano) junto con la flautista Niurka González. El conjunto musical consiguió una amalgama de sonidos entre lo tradicional cubano y la sonoridad más contemporánea cuyo resultado hizo que el concierto fuera excepcional y diferente.
Con “Una canción de amor esta noche” escuchamos a Silvio, nacido en una tierra de poetas, y pudimos comprobar que aún conserva gran parte de su tesitura y su timbre característico.  Los años apenas pasan por su voz.  Tras “Tu soledad me abriga la garganta” con arreglos instrumentales de gran calidad llegó la “Segunda Cita”, haciendo acto de presencia los instrumentos tradicionales y la flauta travesera de Niurka, capaz de extraer una delicia de sonido. Los versos entonados son contestados por el tres cubano a modo de pregunta-respuesta en la rumbita “Días de agua”. Silvio rescató para este concierto una obra compuesta en 1970 basada en una tetralogía cuyo título es “Exposición de mujer con sombrero”, destacando los magníficos arreglos de piano que consigue Jorge Aragón.  Todos los músicos son muy buenos pero, sin duda, Jorge es excepcional.
El Trío Trovarroco hizo un pequeño recital de temas instrumentales de tradición cubana mientras Silvio se tomaba unos minutos de descanso para afrontar la segunda parte del concierto, pues hay que señalar que Silvio no utiliza el típico recurso (tan de moda en otros artistas más jóvenes) de dejar que el público cante para ahorrarse algunas frases.  De hecho no escatima ni una sola sílaba.
Precioso arreglo musical con ritmo in crescendo se escuchó en “La Maza”, una canción que representa toda una declaración de intenciones. Varios temas pudimos escuchar cuyas letras son una visión romántica de ideología castrense que encandilaron al público. Así surgieron temas muy coreados como “Quien fuera”, “El necio”, “Un ángel para un final”, “Ojalá” o “La era está pariendo un corazón”; todos con letras de doble sentido a la par que melodías trabajadas y sublimes arreglos musicales.
Silvio no habla mucho entre canción y canción, lo suyo son los versos cantados. La excepción fue su anécdota con Gabriel García Márquez en un avión con dos pasajeros y malas condiciones meteorológicas que propició el diálogo entre ambos (para ahuyentar el miedo a volar). Gabriel le contó una historia de una mujer abandonada en la noche de bodas y Silvio, un tiempo después, compuso una canción que no tiene nada que ver (jajaja… risas del público), pero que si no fuera por aquella historia no se le hubiera ocurrido.
En definitiva, más de dos horas en las que el público cantó, aplaudió y reclamó más canciones  para disfrutar de un artista con identidad propia capaz de convertir sus versos en un elevado arte. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

viernes, 15 de abril de 2016

Juan Barahona, joven pianista de gran madurez.



 
Recital de piano de Juan Barahona. Ciclo “Jóvenes valores de la música” de la Fundación Museo Evaristo Valle, sábado, 9 abril, 2016.

El reclamo publicitario pregonaba: la temporada de música de cámara de la Fundación Museo Evaristo Valle recibe a uno de los más talentosos pianistas de su generación.  No era una exageración o estrategia comercial. Juan Barahona posee sin duda un talento excepcional. Talento sí, pero  arropado por infinitas horas de estudio y de trabajo hasta lograr depurar su técnica y sobre todo su expresividad a un nivel que, a mi juicio, no corresponde con su edad. El pianista fue ambicioso al escoger obras tan alejadas entre sí por la variedad de lenguajes, como la Sonata para piano no. 9 de Mozart o las “Tres Danzas Argentinas” de Alberto Ginastera; nada que ver. También sonaron las “Escenas del Bosque” op. 82 de Robert Schumann y  dos bellísimas piezas de Albéniz de carácter impresionista: La Vega y Azulejos.

El recital se inició con Mozart y los tres movimientos fluyeron con corrección tanto en lo estructural como en lo melódico. Barahona abordó la segunda obra escogiendo las nueve piezas de piano “Escenas del Bosque”, una obra programática compuesta por Schumann en uno de los periodos depresivos de su vida.  Fue en  la tercera escena de la obra, “Flores solitarias”, cuando Barahona captó mi atención por su sensibilidad y su capacidad para ir al fondo emocional de la obra. Si bien la interpretación de  la octava escena “Canción de caza” parecía más confusa volvió a sobresalir en la “Despedida”, una escena bellísima que finaliza con un largo calderón. Los aplausos tardaron en arrancar por el estado emocional en que sumió al medio centenar de asistentes, pero llegaron y se notaron. Su forma de interpretar es exquisita, aunque la acústica de la sala no favorecía todo el potencial: el salón se queda pequeño para dar libertad a la gran sonoridad que extrae Barahona en los pasajes fortes.

Tras una pausa el pianista inicia la segunda parte agradeciendo la asistencia y aportando algunos datos para contextualizar las obras que se escuchaban. Es de agradecer que Barahona haya escogido “La Vega”, una pieza puente entre dos estéticas diferentes de Albéniz muy poco interpretada y “Azulejos”, obra inacabada que Enrique Granados se encargó de completar a la muerte de Isaac Albéniz. Para cerrar el recital Barahona escogió las “Danzas argentinas, op. 2” de Ginastera, una obra pianística de tres piezas que evocan a tres danzas propias de la cultura nacional, comenzando por la “Danza del viejo boyero”,  basada en una danza conocida como Malambo, cuyo peculiar baile del zapateo supo reflejar Ginastera en una complejidad métrica con acompañamiento acéfalo en tempo allegro. Barahona no titubeó en la interpretación siendo capaz de extraer toda la bella sonoridad que proporciona la combinación bitonal en ambas manos. Si en la “Danza de la moza donosa” pudimos apreciar de nuevo la capacidad expresiva y emocional del pianista la “Danza del gaucho matrero” fue sorteada con impecable técnica y gran musicalidad.  Sin duda, la interpretación  de la obra  de Ginastera fue la mejor del recital.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España