Mostrando entradas con la etiqueta LNE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LNE. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de julio de 2017

Fangoria, en otra movida






Fangoria en Metrópoli

Foto: Angel González. La Nueva España
 
Concierto de Fangoria, Festival Metrópoli. Sábado 8 de julio.

- “Cari”, has de hablar con el “repre” para que nos consiga diez o doce bolos de esos que están bien pagados, porque esta mañana he visto en una revista un hotelazo en Dubai con unas vistas impresionantes para irnos de vacaciones.
-Pero “Olvi”, ¿no prefieres ir a otra ciudad más underground y perdernos por los suburbios para empaparnos de las alternativas culturales que se cuecen?
- No, yo ahora estoy en otra “Movida”.

Podría ser perfectamente una conversación mantenida entre Alaska y Mario Vaquerizo en momentos previos a la última gira. O a la gira de hace un par de años. O quizás de una década atrás.  Más o menos el tiempo que hace que Fangoria no presenta nada nuevo.

¿Qué fue de aquella Alaska de corta y rasga, transgresora y capitana de varias generaciones en los ochenta y en los noventa? No sabía bailar y tampoco sabía cantar pero la adorábamos. Se subía a un escenario y arrasaba, nos  impactaba su vestuario, sus pelos y sus comentarios en revistas o en televisión. Nos incitaba, siempre con sutileza, a arremeter con cortes de manga contra las posturas machistas y contra todo lo relacionado con el establishment. Esa era nuestra Alaska.

Llegó a Metrópoli para presentar su último álbum “Canciones para robots románticos”.  Tiró de viejos éxitos como “Rey del Glam”, “Ni tu ni nadie”, por supuestísimo “A quién le importa” o “Bailando”, y disparó uno tras otro gran parte de los temas “nuevos”. Pero nuevo de verdad no hay nada. Algún título prometía, como “Fiesta en el infierno” o “Manual de decoración para personas abandonadas” y la promesa se queda sólo en el título porque las letras están vacías de contenido.  Respecto al sonido,  lo de siempre: ritmos machacones en compases binarios o tirando del cansino dubstep, estructuras repetitivas hasta la saciedad, sonidos de sintetizador noventeros y recubiertos de potentes distorsiones para subir la adrenalina, la voz milimétricamente doblada por Rafa Spunky y la puesta en escena sosa y trasnochada.  Lo más “transgresor” (por llamarlo de alguna forma) es cuando se toca sus pechos mientras entona “No sé qué me das”. A estas alturas de la película. 

El otro cincuenta por ciento de Fangoria, el señor Nacho Canut, en su línea: parapetado entre sintetizadores sin pestañear y sin mover ni un solo dedo. Para qué, si está grabada hasta la más ínfima nota y allí no toca nadie. Lo mejor de la noche los bailarines, que se ganaron el sueldo a base de volteretas y contorsiones para animar un poco la hierática puesta en escena. 

Camino de la salida, a paso de tortuga por la gran  multitud presente, un par de veinteañeras comentaban y definían perfectamente lo acontecido, - “¡Ay Mari, me lo pasé superbien, canté y bailé mucho muchísimo!  ¿Nos comemos una hamburguesa?”-. Y  punto pelota con el tema,  porque el concierto de Fangoria no deja poso para más comentarios.  Una vez concluido se olvida, como se olvida el sabor de las hamburguesas de un “Mcburguer” de esos, te sacian cuando tienes mucha hambre y a otra cosa mariposa. Y es que Fangoria está nada más que para hacer caja.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

martes, 11 de julio de 2017

M Clan, con muchas tablas



 Concierto de M Clan en el Festival Metrópoli, jueves 6 de julio, 2017
Foto: Juan Plaza Concierto de M-Clan en el festival Metrópoli de Gi


M Clan llegó a Metrópoli para presentar “Delta”, el último trabajo de la banda liderada por Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez. Un disco con sonidos renovados a base de experimentación con otros timbres, más creativo y en una línea country- folk que se aleja un tanto de su habitual discurso. Para mi gusto un gran álbum,  del que sólo pudimos escuchar cuatro cortes en el concierto de Gijón: “La esperanza”, con una pequeña e interesante improvisación de David Soler en el steel guitar, la tranquila “Delta”, la animada y contundente “Whisky on the rocks” y “Concierto salvaje”, con todos los síntomas de convertirse en habitual para futuras giras.  El resto del concierto se deslizó a base de grandes clásicos de esta banda a punto de cumplir medio siglo de existencia y que gana solvencia con el paso de los años.

Comenzaron con “Usar y tirar”, marcando la diferencia respecto a versiones anteriores con el steel guitar y los solos de “slide” del guitarrista Prisco, al que mencionaría en cada una de sus intervenciones. Muy fino con las seis cuerdas. La adaptación del tema de Steve Miller Band “Llamando a la Tierra” reafirmó la complicidad del multitudinario público con la banda, desatando el poder de las gargantas que la conocen a la perfección, porque fue la canción que sepultó a M Clan a las primeras filas del rock. Varios éxitos estuvieron presentes, como “Perdido en la ciudad”, destacando otra vez el solo de Prisco. Muy solventes todos los músicos y buen discurso de Carlos Tarque para presentar “Las calles están ardiendo”. Emblemáticas y coreadísimas por el público fueron “Quédate a dormir”, “Basta de blues” o “Maggie despierta”, un clásico de Rod Steward en el que el cantante le gusta mezclarse entre el público para que puedan hacerse selfies y subirlos a las redes sociales. Algún acople de micrófono se deslizó en “Roto por dentro” y algo más de definición se echó de menos en “Calle sin luz” o “Pasos de equilibrista”: las tres guitarras a pleno rendimiento, junto con el teclado, intensificaban en exceso los registros medios y tapaban otras frecuencias. Es lógico en conciertos de tanta presión sonora y con músicos tocando en directo, algo que no pasa en las sesiones de DJ’s, principalmente porque no tocan ningún instrumento.

Por su lado Carlos Tarque, pletórico de voz y afinadísimo como siempre, echó el hígado en cada tema, desde la última frase de “Para no ver el final” hasta el último bis “Concierto Salvaje”, acabando con un punto de ronquera por el exceso.  Ya son muchas tablas y en cada concierto deja claro que es un gran maestro de ceremonias entregado totalmente a su oficio desde el minuto uno. Y para huir del hartazgo que le provoca cantar una y otra vez el mismo tema añade nuevos fraseos a la incombustible y cansina “Carolina”.  Pero ellos saben  que sin “Carolina” no hay fuegos artificiales y final de fiesta con M Clan.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Ariel Rot pierde de rebote

La mala acústica del auditorio restó brillantez a un recorrido memorable por las mejores canciones del artista argentino

05.07.2017 | 03:42
Ariel Rot, durante el concierto de ayer por la tarde.
Ariel Rot protagonizó ayer en Metrópoli un concierto fantástico ensuciado por una mala acústica. Fue una lástima que la reverberación del auditorio y los rebotes de sonido empeñaran la actuación del cantante y guitarrista argentino e impidieran escuchar con nitidez los arreglos preparados para la ocasión por Rot con el pianista Federico Lechner, en un show que Ariel definió ante el público como "especial, elegante y distinguido".
Abrieron cartel con "Una semana encerrado", del último disco del artista, "La manada", que dio paso después a uno de los clásicos del célebre músico, "Lo siento, Frank", puro rock and roll. Después de "Mil palabras sucias, Rot le dedica una canción a un vagabundo, "a ese vagabundo que todos llevamos dentro", dijo el artista, muy parlanchín durante toda la velada. La canción llevaba por título "Debajo del puente", un título viejo que compuso tras la separación de aquel imberbe "Tequila", "en un momento de lucidez juvenil", explicó.
"Yo no sé dónde estaría" sonó después, un tema que rescató después de revisar junto a su pianista decabecera algunas viejas canciones. Y siguió con uno de sus clásicos en solitario "Dos de corazones", aquella canción que narra como un jugador se lo juega todo a una carta. El momento más especial de la noche alcanza al sonar los acordes iniciales de "Viridiana", una canción que habla de una prostituta mexicana, que Ariel musicó para una letra de Sabina, de quien dicen que dijo al escuccharla: "Rot, nos vamos a forrar".
Dejó para el final dos postres suculentos, memoria de la época de "Los Rodríguez": "Me estás atrapando otra vez" y "Milonga del marinero y el capitán". Un concierto memorable en suma si no fuera por la mala acústica.
Crónica de Mar Norlander para La Nueva España 
Para ver más fotos de la crónica pinchar en el enlace lne