jueves, 4 de mayo de 2017

Alberto & García y Depedro en el Gijón Sound Festival



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 ¡Qué pena de sonido!
Dos grandes actuaciones que no logran brillar por la emborronada acústica de la carpa del Ayuntamiento.  

Alberto & García y Depedro en el Gijón Sound Festival.  Sábado 2 de abril. Recinto Plaza del Ayuntamiento. 

Plantar una carpa en medio de la Plaza del Ayuntamiento de Gijón  para ver conciertos de pago es una mala idea. Diversos conciertos, organizados por el Gijón Sound Festival, tuvieron lugar en la susodicha carpa durante el fin de semana, algunos gratuitos y otros de pago.  Para los de previo paso por taquilla se cerraban los laterales de la carpa para que nadie pudiera colarse.  Para los gratuitos se quitaban los toldos laterales, permitiendo el acceso a todo transeúnte para escuchar una buena colección de grandes artistas, que, al fin y al cabo, es el cometido del GSF.  La diferencia –además del dinero- es que en los gratuitos, al quitar los toldos laterales el sonido se expandía libremente, desapareciendo gran parte de la bola de frecuencias que se formaba dentro de la carpa. El resultado es que los de pago tuvieron un sonido lamentable, peor que los gratuitos, -que tampoco es para tirar voladores-. 

Una lástima, porque estaba expectante desde que se había anunciado la actuación de Alberto & García: una banda asturiana que camina con paso firme y gana solidez con cada nuevo proyecto.   Así lo demuestran con “Voladores”, un disco publicado en el 2016 que contiene magníficos temas que tuvimos el gusto de escuchar en directo, junto con otros temas de su anterior álbum “Ley de gravedad”.  Voy a tener que esperar a una tercera ocasión (y será la vencida, espero) para disfrutar de esta banda en un recinto con mejor acústica.  

Tras la aplaudida actuación de Alberto & García subió al escenario el cantante  y guitarrista Jairo Zavala, arropado por grandes músicos que aportan un timbre particular y forman Depedro. Tengo que decir que el recinto se llenó bastante, absorbiendo los rebotes de la acústica y, por tanto,  mejoró el sonido respecto al concierto anterior. 

 Depedro es, sin duda, uno de los mejores grupos que suenan en el panorama musical español. Su nuevo disco “El Pasajero”,  en el mercado desde septiembre de 2016, contiene temas que consolidan la banda, ganando adeptos allá por donde pasan. La noche prometía desde el primer tema “Como el viento”,  y fue in crescendo hasta el  bis “Comanche”: temazo aderezado con rítmicas de estilo funk que invitaban a desatarse en un éxtasis final (musical, por supuesto).  Por el medio todo estuvo bien calculado.   “Tu mediodía” fue un gran momento para lucirse  David Carrasco, con su saxo barítono, que se ganó el respeto del público por sus solos y por su gran versatilidad con otros instrumentos como el teclado, el vibráfono o la melódica. El público se entregó para corear “Hombre bueno” o “La Llorona” tema que hizo famoso Chavela Vargas y que sigue conquistando a varias generaciones. Varias canciones a destacar, pero me quedo con “Panamericana” y sobre todo con “DF”, porque con la magia del directo nos acercamos a las fronteras mexicanas con energía desbordante y ganas de derribar muros, elevados por personajes estridentes de cara anaranjada. Y es que Depedro son muy buenos en directo y Jairo Zavala, fundador de Depedro, además de cantar sabe contar historias que nos preocupan a todos, pero lo hace con elegancia y sutileza a la par que punzantes. 

En definitiva, con la elección de Alberto & García y Depedro la organización del Gijón Sound Festival acierta y se consolida, en su tercera edición, como uno de los festivales más importantes, vigentes en España. Aunque no hayan acertado en el recinto se merecen todo mi respeto por la dificultad que conlleva organizar todo esto y el resultado tan positivo que consiguen. Larga vida al GSF.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España publicada el 4 de abril, 2017. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Donovan no convence.





Donovan.  Teatro de la Laboral, sábado 11 de marzo. 

Imagínense la escena. Un gran salón  privado y en el centro, sentado encima de una alfombra de pelo claro (de oveja, creo), el mismísimo Donovan, con un micrófono y su inseparable guitarra verde, de nombre “Kelly”. Luces tenues, -con velas estaría perfecto- y alrededor del compositor varios cientos de colegas, afines e incondicionales, sentados y dispuestos a escuchar unas cuantas historias contadas por alguien que las ha vivido con intensidad. Dispuestos a absorber todo lo posible de un icono universal que ha sabido conectar parte de la filosofía oriental con la música occidental, encontrando el sentido de la vida a través de la meditación con sabios como el gurú Maharishi Mahesh Yogi – al igual que los Beatles o Mick Jagger, entre otros-, y que ha sabido convertir todas estas vivencias en grandes canciones. Imagínense que ese gran artista viene con ganas de compartir parte de sus historias y sus canciones con todos nosotros. ¡Qué emoción!
Con esa filosofía llegó Donovan a Gijón, con el propósito de ofrecer a sus fieles un repertorio sin novedades. La excusa  era el 50th aniversario de su mítico “Sunshine Superman” y la intención cantar todos aquellos temas por los que es quien es. Pero el Teatro de la Laboral no es un salón privado donde se pueda extender la alfombra  en el centro y cantar en posición de yoga. Los asistentes no tienen libertad  para sentarse o ponerse de pie cuando quieran danzar libremente, al sentirse poseídos por el espíritu de la psicodelia, escuchando “The hurdy gurdy man”,  o cantar y danzar con los versos de “Donna, Donna”, “Lalena” o “Remember the Álamo”.  El teatro cuenta con un escenario difícil de llenar. Enfrente, en una gran oscuridad, unas cuantas butacas que ocupan los asistentes desde el principio del concierto hasta el final, -al menos según el manual de buenas costumbres- sin levantarse.
Pues bien, dado que el entorno no era el ideal el concierto de Donovan presentó demasiadas carencias para los asistentes que no se conformaban sólo con revivir nostalgias de la época hippie. El público que buscaba cierta calidad sonora no la encontró. Es sabido que Donovan nunca estuvo dotado de una voz prodigiosa, más bien se queda en una voz agradable que supo cantar buenas historias Tampoco nunca fue un virtuoso de la guitarra, dejémoslo en que su técnica era correcta. Si a esto le sumamos que los excesos y los años pasan factura, el resultado es que su timbre ya no es tan agradable: un vibrato demasiado forzado en los finales de frase y una afinación inestable, muy pronunciada en temas como “To try for the sun” o “Mellow Yellow”.  Amén de su ejecución con la guitarra: el tempo se le iba y los acordes se quedaban, en ocasiones, mudos.
Con lo fácil y satisfactorio que hubiera sido arroparse de una buena banda de músicos y alguien haciendo los coros para suplir sus carencias –como hace Sabina, por ejemplo- o, al menos un  guitarrista de primer nivel que resolviera e iluminara el oscuro escenario. De esa forma hubiéramos podido ver a un gran artista, creador de  grandes canciones que forman parte del acervo cultural de varias generaciones y de las que se han nutrido grandes estrellas de la música.  Pero no fue así. O, al menos, no del todo. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 13 de marzo, 2017. 

sábado, 11 de marzo de 2017

La buena trayectoria de Rozalén



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Concierto de Rozalén  en el Teatro de la Laboral. Sábado, 25 de febrero. Teloneros Alberto & García, con la participación de Marisa Valle Roso.

Tres integrantes del grupo Alberto & García, fueron los encargados de calentar el ambiente para la entrada triunfal y casi despedida de la gira de Rozalén en el Teatro de La Laboral de Gijón. Pero antes de hablar de Rozalén, quiero mencionar la sensación tan agradable y buen sabor que me causó la banda ovetense Alberto & García, presentando parte de su disco “Voladores”.  Este grupo tiene buen sonido, buenos músicos y buenas ideas, contando historias cercanas a la par que bien elaboradas.  Su breve actuación me supo a poco, así que les seguiré la pista, sin duda.
Tenía curiosidad por ver a Rozalén en directo dada la trayectoria tan vertiginosa que ha tenido en tan poco tiempo.  El éxito que ha alcanzado con tan sólo dos discos en el mercado, es muy difícil de conseguir si no estás muy bien apadrinado por alguna esfera de la “Radio Fórmula” o no te apuntas al ritmo de reggaetón. Pues de momento Rozalén pasa del reggaetón (gracias a Dios) y, aunque sí ha tenido buenos padrinos creo que está donde está por méritos propios, vista su actuación en Gijón.  No tiene un gran físico, aunque agradable,  resulta un tanto alejado del canon de belleza que estipula no sé quién, pero que ahí está. Tampoco tiene una gran voz, aunque es afinada.  Si a esto le sumamos que el concierto del Teatro de la Laboral era uno de los últimos de la gira (el día anterior estuvo en Amsterdam) y que su voz presentaba evidencias de cansancio (con acentuada ronquera y quiebro en los agudos) puede ser que el resultado no fuera todo lo bien que se deseaba, sin embargo fue un éxito.
Cantó  temas pop de su último disco “Quién te ha visto…”, intercalando con otros éxitos anteriores. Hubo temas en inglés como el fantástico “Wings”, canciones de otros artistas a ritmo de corrido, como “Me arrepiento”, un vals peruano “La flor de la canela”, de Chabuca Granda, la cumbia “Somos”, el tema “Los artistas” en un estilo de Gypsy jazz, otros temas más lentos como “Mi fe”, etc.  Todo esto junto, así contado, puede sonar a grupo de pachanga que se apunta a lo que funciona, sin embargo Rozalén tiene una identidad propia, diferente, conectando todos los temas y englobándolos dentro del mismo estilo. Además de un repertorio muy bien escogido se rodea de estupendos músicos que ayudan a hacer aún más grandes las buenas canciones que trae consigo. Destaco el precioso arreglo del pianista y director musical Álvaro Gandul en la interpretación de “La Belleza”, de Luís Eduardo Aute y el equilibrio tan perfecto que suman los dos guitarristas Samuel Vidal e Ismael Guijarro durante todo el repertorio. Beatriz Romero aporta originalidad en el escenario, danzando con el lenguaje de los signos para que la música “pueda llegar a todo el mundo”. También contó con la colaboración de la cantante Marisa Valle Roso para interpretar a dúo la canción de Chabela Vargas “Llorona”.  Las dos juntas una delicia.
En definitiva, Rozalén apunta maneras para convertirse en una gran artista acaparadora de masas, pues sabe escribir buenas letras, sabe cantar, sabe rodearse de un buen equipo y, sobre todo, derrocha una simpatía que hace que sienta ganas de comprarme su próximo disco y de volver a verla en el escenario. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

lunes, 20 de febrero de 2017

El incombustible John Mayall





John Mayall en su gira “Livin & Lovin the Blues Tour 2017.  Teatro de la Laboral, Viernes 17 de marzo.

El uso de las nuevas tecnologías, a veces,  juega malas pasadas y así ocurrió con la crónica del concierto de John Mayall el viernes en el Teatro de la Laboral.  El saludo inicial con el que daba comienzo el concierto “Do you ready for the blues?” fue escrito por mi corrector de wasap como “Do you ready foro Thermomix blues?” y así llegó a manos de redacción, (como siempre, respetuosos con todas mis palabras) y así apareció escrito en la crónica de La Nueva España del sábado.  En fin, sólo puedo decir: ¡maldito corrector de wasap!  Aclarada la “frasecita”, entonado el mea culpa y  recibiendo cuarenta latigazos virtuales (la tecnología para lo malo y para lo bueno), procedo a mi cometido, empezando por añadir que el concierto que ofreció el legendario  artista estuvo muy bien cocinado a base de buen blues y sin Thermomix.

La excusa era la presentación  de su nuevo disco “Talk about that” y para ello llegó a Gijón en formato trío acompañado por el bajista Greg Rzab y el batería Jay Davenport. Sin embargo, de su nuevo trabajo poco pudimos escuchar ya que John Mayall se decantó por emocionantes temas de blues de su extensa discografía anterior y también  de otros compositores. Grandes ovaciones recibió el trío con la interpretación de temas como “Parchman Farm”,  “Room to Move” o “It´s hard going up”, entre otros.  El tema “Nothing to do with love” resultó un tanto novedoso al añadir un sonido de cuerdas a modo de colchón cuando mantenía los acordes del piano, algo singular en el blues y que llamó la atención de algunos asistentes que se preguntaban si eso estaba grabado.  Pues no, fue todo puro directo. Con “Ain’t no guarantees” John Mayall se marcó un buen solo en el órgano Hammond demostrando que sus dedos está en plena forma y otro tanto hizo con la armónica al interpretar el tema de Jimmy Rogers “Going away baby”. Muy fino, como siempre, estuvo el batería, sosteniendo el tempo con metrónomo impecable y creando un relleno que solo los grandes alcanzan.  Hablando de “solos”, hubo muchos a lo largo de las dos horas de concierto, muy bien construidos y con delicados matices, pero el que más destacaría, sin duda, fue el del bajista Greg Rzab en el último tema antes del bis, provocando un sincero “¡ole tus huevos guaje!” por parte de un acalorado asistente. 

Quizá se echó en falta más presencia del sonido de la guitarra en el escenario como mandan los cánones del blues y dada su trayectoria, pues John Mayall siempre destacó por sus guitarras y por los guitarristas que le acompañaron, sin embargo en esta gira se decantó más por las teclas y la armónica. Pero eso es lo de menos porque, sin duda, los asistentes al concierto del padre blanco del blues fuimos conscientes de que estábamos ante una leyenda viva, ante una figura incombustible que ha logrado tal estatus dentro de la música que se puede permitir hacer lo que le da la gana y tocar con la formación que le apetece en cada momento y donde le place, pues John Mayall siempre será bien recibido.
Crítica publicada en La Nueva España el domingo 19 de febrero- 2017.

martes, 7 de junio de 2016

Malú. Espectacular concierto con sonido caótico.



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Concierto en el Palacio de Deportes Adolfo Suárez. 3 de junio, 2016.

La puesta en directo del último disco de Malú era una de las citas más esperadas en el arranque de la programación veraniega de Gijón y así lo manifestaron varios miles de fans acudiendo a la presentación de “Caos”. Un disco que, si bien no aporta nada nuevo en la larga trayectoria de la cantante madrileña, viene con nuevas canciones cargadas de más intensidad y perfección, es decir, más de lo mismo pero con una pizca más de elegancia y madurez.

La puesta en escena en el Palacio de Deportes Adolfo Suárez  fue todo un espectáculo de primera línea.  La aparición de Malú  sobre una plataforma giratoria que hacía las veces de proyector de imágenes, con tonos rojizos como si de fuego se tratara, dio paso a  “Cenizas” y “De vez en cuando”, dos temas presentes en el último disco. Y fue en el tercer tema “Deshazte de mí” cuando los fans desataron sus voces casi sobrepasando la potencia del equipo de sonido y cantando el tema de principio a fin. Muchos momentos como este hubo a lo largo de la noche, entre otros “Devuélveme la vida”, “Ahora tú”, “Se acabó”, el famosísimo “Blanco y negro” o el origen de su gran éxito “Aprendiz” donde Malú demostró su gran calidad vocal con un potente final.

Un show con  cada detalle  estudiado a la perfección  en el que el guión está muy bien aprendido. No  se improvisa ni una coma: cada palabra, cada frase que da lugar a la presentación de una canción, cada movimiento por el escenario, luces, ventilador, imágenes adecuadas para cada tema, siete músicos de primer nivel, cada nota musical...Sin duda las cabezas pensantes que arropan a la artista han sabido fabricar un buen producto capaz de ensalzar la incuestionable calidad artística de Malú,  logrando impactar y tocar la fibra sensible de sus fans.

Respecto a la acústica no podemos decir lo mismo. Si bien es cierto que es difícil conseguir medianamente un buen sonido en este recinto el concierto de Malú está entre los peores que he escuchado.  La mala acústica del Palacio de los Deportes sumió la amalgama de sonidos en un “caos” sonoro que por momentos resultaba desagradable, sobre todo en los temas más cañeros en los que no había ningún tipo de definición. Desde luego la culpa no es de Malú y su equipo, como decía la canción “la culpa fue del cha-cha-chá”. Sólo cabe esperar que (quizás cuando se acabe la crisis) alguna autoridad se preocupe por buscar soluciones para mejorar el recinto o buscar otro más adecuado para este tipo de conciertos. Hay que decir que el sonido mejoraba con creces durante las canciones más íntimas y acústicas como “MI mundo en el aire” o Ángel Caído”, temas en los que la cantante demostraba todo su esplendor vocal lleno de fuerza y sensibilidad.  A pesar del mal sonido pudimos captar que Malú es una gran profesional con un potente instrumento afinado a la perfección: no se le escapó ni un pequeño requiebro. En definitiva, un buen espectáculo deslucido por la pésima acústica del recinto.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España, publicado el 5 de junio.