viernes, 8 de mayo de 2015

Un "Revólver" bien cargado


Concierto de Revólver en el Teatro de la Laboral, Gijón. Viernes 25 de abril.
Carlos Goñi, voz y guitarra
Manuel Bagües, bajo
Julián Nemesio, batería.

Hace tiempo descubrí que para disfrutar de la música de Revólver hay que saberse las letras porque si no se hace pesado.  Fui al concierto de Gijón para ver la presentación del nuevo disco “Babilonia”  con media lección aprendida, es decir, con varios temas memorizados. Menos mal, porque si alguna pega le puedo buscar a este concierto de dos horas es que cuando la banda está  a pleno rendimiento apenas se entiende lo que dice Carlos Goñi. No porque tenga mala vocalización (bastante buena por cierto), es más bien porque  la  contundencia del trío envuelve la voz dejándola un tanto sumergida.  Es curioso, porque el formato  trío es el más pequeño que ha tenido Revólver en su larga trayectoria de más de 25 años, pero los arreglos que han hecho y la energía con la que tocan hacen que suene a una banda mucho más numerosa de auténtico rock americano.

Después de este pequeño apunte el resto son halagos.  Buenas composiciones siguiendo las líneas marcadas desde hace tiempo y una buena construcción de letras muy actualizadas, de crítica social y de sentimientos muy humanos hacen que cada oyente se identifique (cada uno a su manera) con los 10 temas que conforman “Babilonia”.  Pero no todo fueron novedades, también pudimos disfrutar de clásicos, referentes del pop español, como “Si es tan solo amor”, “Duro de llevar”, “El roce de tu piel”, “Mi rendición” o “Si no hubiera que correr”. 

Tras tocar el primer tema  “Babilonia”, Goñi se ganó  a los gijoneses recordando que uno de los mejores momentos de su vida fue en el Náutico cantando  “El Faro de Lisboa”, tema que volvió a interpretar ganándose una gran ovación.  Hubo otras anécdotas narradas entre canción y canción, mientras Perucho, “el mejor técnico de guitarra del mundo” (mencionado en cada ocasión),  le cambiaba los cables o las guitarras. Contó que hace 15 años en un pueblo de Asturias (Pola de Lena, le gritó una espectadora) lo pasó muy mal porque se le olvidaron todas las letras, por eso lleva atril y, aunque para esta gira prefería prescindir de él hay canciones que lo necesitan, pues contienen letras que no quiere interiorizar,  como “La moral mora en la moneda”,  un tema muy bien narrado que habla de la situación de España en los últimos años.


Entre temas acústicos con guitarra y voz y otros de sonido más cañero transcurrió el concierto para finalizar con el emblemático “El Dorado”, donde Carlos Goñi se marcó un largo solazo de guitarra demostrando lo buen instrumentista que es, no sólo cantautor. Me dejó con la boca abierta y levantó al público de sus asientos dando botes. El trío se fue bailando por el fondo del escenario mientras recibían una estruendosa ovación. No hubo lugar para ningún bis, ya estaba todo cantado y contado. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Un ensayo de blues-rock

John the Conqueror en la sala Acapulco del Casino de Asturias.  Jueves 23 de abril.

Tenía buenas expectativas con el concierto del  trío John the Conqueror.  Nunca les había visto en directo pero sí conocía sus dos álbumes: el primero, con título homónimo  y el que grabaron hace poco más de un año “The Good Live”, con el que llegan a Gijón en medio de una gira europea.  Hablamos de un grupo de blues-rock que fusiona estructuras y riffs clásicos en la línea de  Muddy Waters, B.B. King o John Lee Hooker con un sonido más actual y enérgico como The Black Keys.
Bandas de este estilo de música hay en cada ciudad, así que, destacar haciendo blues-rock no es tarea fácil.  Sin embargo John the Conqueror han sabido traspasar la frontera local del Mississippi, y se posicionan entre los buenos de segunda liga.  Como el Sporting.

John the Conqueror se caracterizan por un sonido denso y contundente y una carga de energía que no decae ni suena vacía cuando hay solos de guitarra, pues el relleno de la batería con los platos y el bajo, crean un continuum sonoro potente. Una guitarra que, más que solos virtuosos construye riffs contundentes,  junto con una voz desgarrada, firme y seductora, -de las que no desafinan ni queriendo-, convierten a Pierre Moore en líder indiscutible de la banda; su primo Adam Williams a la batería y Ryan Lynn,  con una forma particular de tocar el bajo, cierran el trío norteamericano.


Pero mis expectativas se fueron disipando según avanzaba el concierto.  Más que una sólida formación dispuesta a conquistar a sus seguidores parecían tres colegas en un local de ensayo pasándoselo bien. No es que me moleste el disfrute de los artistas, todo lo contrario, si un músico no siente placer con lo que hace ¿qué puede ofrecerle al público? Técnica vacía. Pero no es el caso de John the Conqueror que, precisamente la buena técnica  instrumental no es su fuerte, excepto la voz.   Tampoco me molesta que hablen entre ellos riéndose, que paren para beber whisky, ni que el bajista deje de tocar para ir al camerino a por un cigarro o que el batería haga estiramientos musculares, pues tocar la batería cansa. Estos y otros detalles carecen de importancia, e incluso se pueden aplaudir  como parte de la “naturalidad” y el “feeling” con que se vive la música de blues, rock y soul.  Me molesta un poco más que los solos de guitarra no fluyan y se atasquen a medio camino del desarrollo, sin conclusión.  Pero lo que más me molesta es que se ignore al público. Éramos pocos pero ahí estábamos y parece que la banda no se dio cuenta, excepto en  momentos puntuales.  Quién sabe si es por timidez, por el whisky o por falta de profesionalidad, el caso es que el trío se metió en una burbuja de diálogo entre ellos haciendo caso omiso de los presentes, los cuales, aun así, con gran generosidad lo perdonaban todo e incluso reclamaron por dos ocasiones la vuelta al escenario del trío. Quizás, en otra ocasión se disipen mis dudas.  

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

Paco Loco y los Jayhawks en el Gijón Sound Festival.

The Jayhawks + The Ships. Gijón Sound Festival. Sala Albéniz.  Sábado 18 de Abril.

Los norteamericanos The Jayhawks llegan al Gijón Sound Festival precedidos por la banda The Ships,  formada por el respetadísimo Paco Loco, junto con Juan Ewan y Dani Llamas, con disco recién estrenado y totalmente entregados al aforo completo de la sala Albéniz.  Tras su brillante actuación el buen rollo estaba servido, en parte  porque cualquier hazaña en la que se involucre  Paco será bienvenida en Gijón, pero, además porque conectaron perfectamente y dejaron al público con ganas de pasárselo muy bien el resto de la noche.
Tras los cambios de instrumental oportunos con la mayor brevedad posible llega la actuación de los Jayhawks, abriendo con “I’m gonna make you love me”,  tema que recuerda a los Credence Clearwater  Revival. The Jayhawks es de esas bandas  que se pueden permitir el lujo de vivir de rentas sin sacar nada nuevo o anunciando eternamente que están en ello, aunque lleven cuatro años con el mismo discurso, pues el líder de la banda Gary Louris está dotado de ese particular duende que le hace crear melodías que se convierten rápidamente en himnos.
Muchos cambios ha habido en esta banda de rock alternativo country, pero es en esta última formación donde más se acercan al pop. Gary Louris con sus guitarras “Gibson SG” y “Flying V” lleva el peso de los solos y las composiciones melódicas, pero también contribuyen a esa creación la teclista Karen Grotberg, que se encarga de los sonidos de piano y de Hammond, además de los coros, el bajista Marc Perlman, el más antiguo de la formación junto con el propio Gary, Tim O’Reagan a la batería y cantante principal en algún tema y el segundo guitarra Kraig Johnson que no me dijo en particular salvo que aporta grosor al sonido.
Durante hora y media el público cantó y tarareó los temas más emblemáticos rescatados de sus discos anteriores, temas como   “Ain’t no End”, “Big Star”, las coreadísimas “Save it for a Rainy Day” y “Bad Time”,  el hit “Blue”, “All the Right Reasons” “Angelyne”, etc. El momento cumbre del concierto se logró  con la participación en el escenario de Paco Loco, al que Gary reclamó su presencia contando con la complicidad del público para que subiera. Con su particular forma de solear conquistó a todos los presentes que no dejaron de corear “Paco, Paco….”.  Ya en el último bis se reclamó de nuevo su presencia para acompañar con la guitarra el tema “Tailspin”. Un gran éxito.


A base de buen rollo por parte de todos la noche fue especial, no importaba que la guitarra de Kraig Johnson se pasó medio concierto semitonada, tampoco importaban los desafines puntuales de la voz y de los coros (muy evidentes en “I’d Run Away” y en otras), los gambazos de las guitarras, los solos blandengues o los desajustes rítmicos que provocaron que en dos temas tuvieran que volver a empezar.  Las composiciones están ahí para disfrutar y el público iba  a eso.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Un trovador australiano para el Gijón Sound Festival

Scott Matthew en la sala Acapulco del Casino de Gijón. Gijón Sound Festival, viernes 17 abril.

El australiano Scott Matthew era uno de los artistas más esperados  para la tercera edición del Gijón Sound Festival, sin embargo,  paradójicamente  no es una de las figuras que más público atrae.  Su particular forma de cantar y contar historias sobre la vida cotidiana está reservada para minorías que buscan una tranquila alternativa a lo que se escucha en la radio fórmula.
Alrededor de 100 personas ocuparon las sillas dispuestas en medio de la pista de la sala Acapulco  para presenciar el  estreno del quinto disco del cantautor residente en Nueva York, ”This Here Deafeat”. Un álbum con 10 temas lentos que hablan de tristezas, desamor, desencuentros y derrotas como el título del álbum.  Su  peculiar voz dotada de cierto encanto desgarrado y llena de melancolía imprime un sello de identidad un tanto diferente, pero que no haya malos entendidos, a pesar de la temática de sus letras huye del victimismo recurrente y cuenta lo que cuenta con cierta lejanía.  Como buen trovador que es.

Su participación en la banda sonora y en algún fragmento (como músico) de la película “Shortbuss”, dirigida por John Cameron Mitchell, contribuyó enormemente a su despegue comercial. El film fue muy polémico porque contiene algunas escenas con sexo real y, como todos sabemos,  no hay nada que venda más que el sexo, bien sea para aplaudirlo o para repudiarlo. La cuestión es que muchos se fijaron en su música y la demanda de sus conciertos hace que actualmente tenga colapsado el calendario de su gira.  Basta con echarle un ojo a su página web y podemos ver los pocos días de descanso que hay intercalados en el mes de abril, sólo tres, y si miramos los destinos aparecen  Alemania, Suiza, Portugal, Francia, Italia y tres conciertos en España Barcelona, Madrid y Gijón. ¡Agotador!

Un tema tras otro fuimos conociendo su nuevo trabajo, acompañado por sus tres amigos tocando el piano, la guitarra y el chelo para imprimirle un plus de melancolía a su música.  En ocasiones Scott Matthew se agarra al ukelele, instrumento al que le tiene un cariño especial, como manifestó él mismo sentado en un taburete con una copa de vino en la mano. También pudimos escuchar algún cover,  entre ellos el  tema popularizado por Whitney Houston  "I Wanna Dance With Somebody", compuesto por George Merrill y Shannon Rubicam. Por supuesto, su forma de interpretar  este tema dista mucho de la versión bailable y alegre de la fallecida cantante. Fue chocante pero estuvo logrado.   


En definitiva, el público que asiste a los conciertos de Scott Matthew va en busca de una experiencia emocional diferente, así que mencionar que me hubiera gustado escuchar mejores arreglos instrumentales, no tan básicos, repetitivos y carentes de recursos, quizás esté de más. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España

El poeta y sus músicos


 
Joaquín Sabina en su gira “500 noches para una crisis”.   Jueves, 17 de abril. Palacio de Deportes Adolfo Suárez.

“En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, dice la letra de “Peces de Ciudad”,  pero Joaquín Sabina miente. Dijo que “Gijón no es cualquier sitio”, puesto que algunos de sus mejores conciertos y, desde luego,  las mejores juergas las pasó aquí. A Macondo no volvió, eso se lo deja a Gabriel García Márquez y sus personajes, pero a Gijón sí. Por lo tanto miente,  porque en Gijón fue feliz y vuelve a repetir una vez más para el delirio de los miles de espectadores que abarrotaron el recinto y para desgracia de otros tantos que se quedaron sin entrada al poco de ponerlas a la venta. Yo tengo claro que  Joaquín Sabina es uno de los peores cantantes que tenemos en España y no creo que  nadie le admire por el desagradable sonido que sale de sus cuerdas vocales. Pero también tengo claro que Sabina es uno de los más grandes poetas que se han parido en nuestra tierra.  Un maestro del verso y de la prosa, único e irrepetible.

Dicho esto no me apetece seguir hablando del cantautor, ya está todo dicho,  pero sí hacer referencia a sus músicos, porque  el oficio de Sabina no es vender libros (aunque hay unos cuantos). Vende música,  compuesta y arreglada por musicazos con mayúsculas que, como él mismo dijo, “no son mercenarios de la música” contratados para una gira concreta, son sus compañeros de viaje durante muchos años, pues  “conviven, ríen y lloran” con el poeta. Son su “familia”.

 La banda que acompaña al cantautor es la élite  de los artistas que figuran en los créditos de las carátulas de los discos con letra pequeña.  Sus nombres y sus caras no ocupan portadas de tirada nacional ni acuden a programas de televisión de máxima audiencia.  Es más, probablemente una gran mayoría de los seguidores del espectáculo no conozcan sus nombres,  pero sin ellos ni el propio Joaquín Sabina ni otros muchos como Ana Belén, Víctor Manuel, Luz Casal, Miguel Ríos...estarían donde están.


Jaime Asúa, Pancho Varona, Pedro Barceló, Mara Barros, José Miguel Pérez Sagaste y Antonio García de Diego,  son esa élite que conforma la gira que lleva por título “500 noches para una crisis”. Cada uno de ellos se merece un espacio más amplio que éste y un reconocimiento de primer nivel, más allá de portadas de revistas o de periódicos. Son músicos de grandes recursos,  capaces de triplicar la sonoridad de una simple  acorde de Do Mayor y de extraer de sus instrumentos las vísceras y el alma para alimentar los oídos de los melómanos más exigentes. Por ello quiero dejar reflejada mi admiración por todos ellos  y en especial por el guitarrista, pianista y  compositor Antonio García de Diego. Un crack, al igual que el poeta, único e irrepetible. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

jueves, 30 de abril de 2015

ABBA forever




“Symphonic of ABBA” en el Teatro Jovellanos.  Miércoles 16 de Abril.

El filón de ABBA es inagotable. Da igual que sean grupos tributo, musicales, homenajes, orquestas, películas  o sinfonías, cualquier espectáculo que lleve música creada por la banda sueca es garantía de éxito ¿Quién no conoce algún tema de ABBA? Melodías pegadizas, letras sencillas, estribillos explosivos y voces femeninas armonizadas de manera peculiar para los años 70 han hecho que  hasta las generaciones más pequeñas de hoy sepan tararear alguna canción.
Por donde pasan arrasan, así que “Symphonic of Abba” repite en el Jovellanos un año más con el mismo éxito. No es de extrañar porque es un espectáculo muy bien pensado de principio a fin: luces, sonido, cantantes solistas, coro, orquesta mini-sinfónica, orden del repertorio...Todo está tan estudiado como las recetas del McDonalds, sin dejar nada al azar ni a la improvisación.
Dos pases.  El primero arranca con una introducción sinfónica del tema “Dancing Queen” y continúa con pequeños fragmentos en los que vamos escuchando poco a poco cada grupo instrumental presente en el escenario.  Se trata de que suene a Abba así que no podía faltar el cuarteto clásico de pop formado por batería, bajo, guitarra y sobre todo teclados que, en realidad tienen mucho más peso que la pequeña orquesta sinfónica.  Por supuesto, todo al servicio de unos magníficos cantantes como son Thomas Vikström,  Jakob Stadell, Alicia Nilsson y Michele McCain, la más conocida por el público español tras su paso por la “Orquesta Mondragón” y el programa cazatalentos “PopStar”. En el primer pase los hits muy conocidos estaban más dosificados, “Thank you for the music”, “Fernando”, “Super Trouper” o “Honey Honey”, intercalados por otros temas que fueron éxito en otros países, pero en España no tanto.
Después del descanso la temperatura de la sala ascendió algún grado. Desde “Chiquitita”, cantado magistralmente por Thomas Vikström, hasta el ”Voulez-vous”, en la  potente voz del guapo Jakob Stadell, llegaron los grandes éxitos, que no son pocos. La eurovisiva “Waterloo” volvió a interpretarse para cerrar la actuación en la que el público se sintió un tanto incómodo por estar pegado a las butacas.  Aun así, en los cuatro últimos temas la mayoría de los presentes se levantaron para dar palmas y poder bailar, aunque sólo fuera moviendo la cabeza y los brazos.
Pocas veces hay ocasión para ver a la sección de violines y violas divertirse, corrijo, exteriorizar su diversión, seguir el ritmo de la música con el pié, cabeza u hombros y gestos de complicidad entre los músicos. Todo el mundo quedó con ganas de más. 

Crítica de Mar Norlander para la Nueva España.

MONGOLIA, el NO Musical




Mongolia, el Musical.  Sábado 11 de Abril en el Teatro de la Laboral.

Si nos ponemos a describir  la situación que vive nuestra sociedad en los últimos años dan ganas de llorar, pero si son los de “Mongolia, el Musical” los que te lo cuentan en un par de horas te ríes hasta de tu sombra. Humor inteligente y socarrón, capaz de rescatar chistes malos para contarnos historias filosóficas que describen la realidad actual  ¿Cuándo tuvo gracia un chiste como: van dos y el del medio se cayó? O ese que dice: “la mejor forma de matar a un gallego es meterlo en la puerta giratoria porque jamás va a encontrar la salida”.  Ya se imaginan de qué va el chiste, pero no sólo de la política actual, también nos enteramos de que “Franco era un  puto genio” porque trajo el Rock and Roll  y la democracia a España. El  origen del chiste nos lo cuenta el argentino Darío Adanti y cómo las puertas giratorias eran un control de la emigración  española a Argentina a finales del XIX, por eso los gallegos (españoles) entraban pero no salían.  Actualmente los emigrantes no entran. 

El apellido “el musical” no describe nada de lo que acontece en su espectáculo, salvo que Eduardo Bravo recita tres temas al  ukelele (con mucha gracia, eso sí) más música no hay, así que bien podían haberle puesto “Mongolia, la Macarena” (me abstengo de explicarlo por si hay lío) o “Mongolia, los perroflautas”, por ejemplo.  Sería más descriptivo.  En el primer sketch, dos agentes de la autoridad nos cuentan los síntomas que padecen los “pies negros”, enfermos de “perroflautosis”, cómo hacer para identificarlos y cómo acabar con ellos.   Muchos personajes públicos y hechos sociales quedaron reflejados en esta parodia, pero fue el “pies negros” Santiago Calatrava y su Palacio de Congresos de Oviedo el que arrancó los primeros aplausos bulliciosos de la noche.
 Una de las particularidades de “Mongolia, el Musical” es que adaptan el humor a cada lugar a donde van. En esta ocasión lo tenían fácil pues Edu Galán es ovetense y conoce  perfectamente la idiosincrasia del pueblo asturiano y las tiranteces entre Oviedo y Gijón, “donde inventaron el turrón, el del blando”. Edu se dispuso a darnos una clase de marketing, principalmente  a los de Gijón porque “llevamos mucho tiempo viviendo de las subvenciones y no del esfuerzo individual”, y así aprendimos que “encima de nuestras cabezas está la crisis y alrededor los chinos”, y que “crisis en chino es igual a oportunidad, así que hay que expandirse”.  Todo un seminario sobre la especulación inmobiliaria contado de manera sarcástica e inteligente, hasta que llegó el primer patinazo de la noche: la venta de la oficina de Charlie Hebdó. Tampoco hizo gracia el chiste con Rafa Nadal y mucho menos el del parricida José Bretón. La lluvia de abucheos fue sonada.  El final del espectáculo, donde hablan del "prepucio de Cristo" y el negocio de la iglesia, dividió al público entre risas y gestos de desagrado. Podemos reírnos de todo pero no todo hace gracia a todos. 
A pesar de estos pequeños patinazos  el público se lo pasó en grande riéndose a carcajada limpia de las miserias y  las desgracias diarias españolas, de la monarquía, de los políticos,…Hasta el perro “mistetas” apareció por ahí.  Un humor necesario, eso sí muy bestia y muy arriesgado por parte de los protagonistas.  Ellos sabrán lo que hacen, de momento yo les aplaudo. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

La danza argentina vuela alto.

El Ballet Nacional de Argentina en el Teatro Jovellanos.
Dirección general y artística: Iñaki Urlezaga
Viernes 11 de Abril

La gira del Ballet Nacional de Argentina no dejó a nadie indiferente a su paso por Gijón.  La joven compañía, con poco más de un año de rodaje,  supo escoger un repertorio que une calidad y comercialidad para hacer su presentación internacional.  Su programa alterna coreografías creadas por la élite de la danza, como Mikhail Fokine, Marius Petipa o Frederick Ashton, junto con  otras de coreógrafos más actuales como Giusseppe della Mónica o el propio director de la compañía Iñaki Urlezaga. Para la puesta en escena se optó por decorados sencillos y efectistas, con una  excelente iluminación que supo dar el color apropiado a cada interpretación.

La primera parte se abrió con “Chopiniana”, una coreografía creada por Fokine inspirándose en Glazunov e Isadora Duncan, sobre música de Chopin no escrita para danza (Chopin nunca escribió música para ballet).  Una danza que en su día fue muy innovadora, tanto por la distribución espacial como por la diferente jerarquización de papeles protagonistas.   El cuerpo de baile  se movía con soltura y bastante  precisión y los pequeños errores se suplieron con el entusiasmo y las ganas propias  de una compañía joven que arranca con mucha ilusión.
Tras un breve descanso varios números solistas fueron alternándose, entre ellos destacamos “Claro de Luna” con música de Debussy y “La muerte del cisne” del compositor Camile Saint-Saens y coreografía de Fokine. La coreografía de Iñaki Urlezaga sobre la escena de la muerte de “La Traviata” fue la que más impacto causó a los asistentes, todo un desafío sobre una música concebida para la ópera. El primer bailarín Matías Iaconiani causó sensación entre los y las asistentes.  El resto de las coreografías, salvo  alguna actuación de alguna solista, más pendiente de la técnica que de la expresión,  cada intervención era mejor que la anterior, si cabe.  

Otra cosa es el sonido. No  estuvo nada cuidado y la culpa en este caso es compartida.   Sabemos que el equipo del teatro Jovellanos no es muy bueno, más bien es pésimo, forzado en agudos y con calidad obsoleta, pero el equipo técnico del ballet no puede presentar esas grabaciones  tan lamentables. Estamos hablando de música grabada, por lo tanto comprimida y no tienen  por qué escucharse esos niveles de saturación en agudos, propios de la conversión de discos analógicos en  digitales, y unas diferencias de calidad y de volumen abismales  entre unos temas y otros.
En definitiva, para el público que quería ver sólo ballet fue sublime, pero para los que entendemos el espectáculo como una fusión entre danza, interpretación y música pudo haber estado mejor.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España. 

domingo, 26 de abril de 2015

Una Sinfónica muy contemporánea

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, 9 de Abril.  Teatro Jovellanos de Gijón.
Director: Perry So

Estaba ansiosa por poder ver a nuestra sinfónica interpretar una obra escrita en el siglo XXI. No es que sea la primera vez, pero es tan poco frecuente escuchar composiciones  contemporáneas que llama la atención. Que conste que la calidad interpretativa de toda la orquesta es más que sobrada para abordar cualquier repertorio que se les ponga por delante, por lo tanto, si buscamos culpables ¿es la dirección? ¿es el público? ¿la taquilla? Por otro lado ¿qué hacen las instituciones impasibles ante más de medio aforo del Jovellanos vacío y sin gente joven cuando tenemos un conservatorio, escuelas de música, un instituto con bachiller artístico y miles de jóvenes que estarían encantados de vivir una experiencia como esta por un precio simbólico? La media de edad de los asistentes es de “cincuenta y bastantes”, pero esta reflexión la dejamos para otra ocasión más propicia, si acaso.

Ahora vamos por partes. Un programa que contemple sólo obras del XXI o de la segunda mitad del XX es impensable para un público muy apegado al repertorio decimonónico.  Pues bien, optando por lo seguro el concierto se inició con el Op. 52 de Schumann, una preciosa obra romántica, de carácter “liviano y cordial”, en palabras del propio compositor, ya que la escribió “en un estado de ánimo verdaderamente feliz”.  Un ensayo más hubiera sido apropiado para lograr una buena ejecución por parte de la orquesta bajo la dirección de Perry So. El Finale estuvo bastante bien, pero en el Scherzo y sobre todo en la Obertura hubo momentos bastante turbios y confusos, faltos de definición y claridad.
Seguidamente es el momento para la esperada obra del joven Guillaume Connesson, uno de los compositores actuales que más sorprende, pues sus influencias  abarcan desde una gran parte de los discípulos de  la irrepetible maestra Nadia Boulanger -incluidos sus alumnos de la vanguardia americana -, hasta los sonidos más orientales, sin olvidar a Debussy o a los románticos europeos.

 Todo esto es perceptible en  sus composiciones y, concretamente en “Une lueur dans l’âge sombre” hay mucho de Messiaen, Debussy, Copland, Adams, etc. La introducción de la obra, escrita en un solo movimiento, comienza con un pianíssimo en el grave que representa el vacío, del cual emerge un destello que poco a poco se va transformando, mediante silencios, glissandos, notas tenidas y distintas melodías, hasta que  se convierte en una cegadora luz.  La representación del vacío resultó perfecta por parte de la orquesta, y al mismo tiempo estropeada por el cuchicheo de algunos espectadores que, o bien no se habían percatado del comienzo de la obra o no encontraron otro momento más adecuado para contarse sus intimidades.  Tras un toque de atención por parte de otro espectador pudimos sumergirnos en un paisaje sonoro cósmico, en el que se van superponiendo melodías hasta alcanzar el clímax  en plena luz, para  volver a desaparecer en el vacío. El musicólogo Alejandro G. Villalibre hace una magnífica descripción en las notas al programa de la OSPA. Recomiendo su lectura para la comprensión de la obra, por lo tanto, sólo me queda reflejar la magnífica interpretación de la orquesta guiada por la  excelente dirección del carismático Perry So. Un lujo para mis oídos.


Tras el descanso, volvemos al siglo XIX para cerrar el programa con la tercera sinfonía de Brahms.  Sólo comentar que desde el motivo inicial del primer movimiento hasta el pianissimo final -que termina de nuevo con el motivo inicial-,  todo estuvo en su sitio para cerrar el círculo de manera impecable, tanto por parte de la orquesta como de la dirección de Perry So, cuya simpatía y saber hacer se ganó una gran ovación de los pocos presentes.

Crítica  de Mar Norlander para el diario La Nueva España

El universo sonoro de César Latorre Trío


 
Ciclo “Jazz en el Centro” de la Fundación Municipal de Cultura.  Salón de actos del Antiguo Instituto.  Miércoles 9 de Abril
César Latorre, piano
Petros Klampanis, contrabajo
Yago Fernández, batería.

El ciclo “Jazz en el Centro”  cada año se molesta un poco más por ofrecer novedades  y traer a músicos de prestigio internacional, sin caer continuamente  en los típicos tríos o cuartetos que improvisan el mismo jazz de siempre sobre temas estándar más que masticados.  Que también, y   por qué no. A veces apetece escuchar una vez más “All of me” o  “Cantaloupe Island”, pero este miércoles no era el día. Recién estrenada la primavera con la sangre fluyendo a tope necesitamos ponernos las pilas, así que César Latorre Trío y el estreno de su disco en primicia para Gijón fue la mejor opción.

¿Qué tiene de particular este trío? No es jazz clásico, tampoco es free-jazz, ni progresivo, ni cool, ni bebop, ni smooth, ni rag,...es una fusión que tiene un poco de todo lo anterior y muchas otras influencias ajenas al jazz; música contemporánea, folklore europeo, vanguardia americana y un sinfín de discos (incluído Pat Metheny) que navegan por las neuronas del pianista gijonés César Latorre y conforman su ecléctico universo sonoro. El trío, además del pianista gijonés (sé que me repito pero es para que quede claro que es de la tierrina aunque haya emigrado), lo conforman el contrabajista griego Petros Klampanis  y el batería letón Artis Orubsen, unidos por amistad y por estudios desde hace 10 años en Ámsterdam. Tanto tiempo ensayando y tocando juntos y con tanta diversidad cultural da como resultado un disco cuyo título define perfectamente lo que suena.  Se titula “Collage” al igual que el tema con el que abrió el concierto. En  esta gira sustituye al batería habitual el  gallego Iago Fernández.  Demostró ser un gran músico pues no es fácil aprenderse en poco tiempo temas con estructuras, cortes y dinámicas tan complejas.  Pocos errores percibimos.  


Continuos ostinatos rítmicos en amalgama forman la base principal de las composiciones sobre la que se desarrollan improvisaciones y se tejen melodías de distinta complejidad.  Algunas muy asequibles, incluso para oídos poco exigentes, otras no tanto.  Ni los músicos ni el público se aburren porque no hay tiempo para ello. A César Latorre  le encantan los cambios, en su mayor parte de forma progresiva y algunos bastante abruptos. Pasa de los pianíssimos,  perceptibles sólo para las primeras filas, a los fortes en cero coma.  Lo mismo podemos decir de la armonía, huye de lo tonal para moverse rápidamente por modulaciones contemporáneas con acortes abiertos, manteniendo casi siempre el ostinato en el piano.  Si hablamos del tempo, no hay ningún tema lento y tampoco ningún tema rápido, todos tienen partes lentas, rápidas y a medio tiempo. Hay que decir que tanto cambio resultó denso y difícil de digerir para algunos espectadores más afines al frío invierno. Para otros muchos y para mí un placer. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España. 

jueves, 23 de abril de 2015

La sombra de Hendrix

Miércoles 1 de Abril.  Sala Acapulco

¿Fue la sombra de Jimi Hendrix la que planeó por Gijón  la noche del pasado miércoles 1 de abril, durante más de una hora? O era su sombra o su espíritu se apoderó del guitarrista Parker Griggs en algún momento de su vida, pues hubo instantes en que cerramos los ojos y sentimos su presencia.  Griggs es el creador de la banda americana Radio Moscow y llegan a la sala Acapulco de la mano de “The Promouters”. Abro paréntesis para resaltar la labor de estos promotores que se lo curran mucho y que gracias a ellos este año  hemos podido disfrutar de bandas como “Siena Root” o “Dewolff”. Cierro paréntesis y sigo con la estrella de la noche.
Radio Moscow es una banda de Iowa formada en el 2003 por Parker Griggs, cantante, guitarrista y compositor. Por esta formación han pasado numerosos músicos, hasta los actuales Paul Marrone (batería) y Anthony Meier (bajo) que, junto con Griggs presentan su disco “Magical Dirt” por varios países de Europa.  La actuación tuvo mucho de “magical” y también algo de “dirt-y”.  Vamos con lo mágico. Desde el primer tema “So Alone” hasta los bises, nos sumergimos en un sonido hipnótico de hard-rock setentero con psicodelia y blues, donde se evidencia el protagonismo de la guitarra, capaz de crear brutales riffs, de los que enganchan, y escupir solos vertiginosos y aullantes para impactar a un aforo bastante repleto. Pentatónicas menores, acordes de dominante con novenas aumentadas, bendings dobles al unísono, abuso de wah-wah y feedbacks, slides, peculiares delays setenteros…. y un sinfín de detalles técnicos son la justificación de porqué hablo de la sombra de Jimi Hendrix. En las composiciones de Griggs también hay influencias de Cream, Led Zeppelin, Blue Cheer  y un montón de bandas de primera línea que contribuyeron a crear uno de los estilos más increíbles del siglo XX.
Menos mágico fue la parte del sonido. Sabemos que un concierto de rock requiere grandes dosis de decibelios, pero fue excesivo, de hecho hizo recular a algunos asistentes que se habían apresurado a ocupar las primeras filas. Además del volumen se abusó de graves, creando por momentos una bola sin definición. Me consta que ellos lo quieren así, quizás buscando esa sonoridad retro, pero creo que es un error, ya que las posibilidades técnicas actuales permiten un sonido mucho más claro y definido sin perder la esencia. En su día lo pudimos comprobar con el concierto de Dewolff, en el mismo escenario y con el mismo equipo. En cuanto a la voz de Griggs, una leve ronquera acentuaba aún más su habitual timbre rajado. Sus melodías vocales son monótonas y repetitivas y sus letras no dicen nada interesante. ¿Qué importancia tiene? Está claro que Griggs canta para no convertir la banda en un trío instrumental.  Sabe que eso no vende por muy clon de Jimi Hendrix que sea.
En definitiva, probablemente debido al cansancio por haber actuado el día anterior en Madrid  Radio Moscow no tuvo su mejor noche en Gijón, de cualquier forma mereció la pena escuchar a una de las mejores bandas de rock actuales, cuyos  largos solos de Stratocaster son capaces de cortar la respiración por momentos.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España, publicado el 8 de abril. 

domingo, 5 de abril de 2015

¿Los sonidos de la Tierra?

planet montage


En 1977 se envía al espacio, acompañando a las sondas espaciales Voyager, un disco de gramófono titulado  "The Sounds  of Earth"  Un disco de oro  con un amplio contenido que representa (como su propio título indica) todos los sonidos  provocados por la naturaleza del planeta tierra, viento, lluvia, agua, tormenta, etc. También contiene sonidos de animales como el canto de las ballenas, pájaros, lobos, chimpancés, elefantes....sonidos industriales como trenes, tractores, autobuses, radio, la sirena de un barco.....saludos en más de  50 idiomas,  un centenar de  fotografías..... y una gran selección de obras musicales que representan a las mejores composiciones o por lo menos las que mejor identifican los sonidos de la tierra.  Entre ellas tenemos: 
-2 obras de BACH (el primer movimiento del Concierto Nº2 de Brandemburgo  y una parte de El Clave bien Temperado),  el aria de la reina de la noche de la "Flauta Mágica" de Mozart, la quinta de Beethoven, la "Consagración de la Primavera" de Stravinsky, "El cascabel", "El Cóndor pasa", un  estandar de jazz interpretado por Louis Armstrong, "Johnnie Be Goode" de Chuck Berry... y diferentes temas tradicionales que representan a naciones como Islas Salomón, India, China, Nueva Guinea, Senegal, Indonesia..... 
 En fin, supuestamente todo un cúmulo de información que refleja los sonidos de la Tierra y la  naturaleza del animal que domina el planeta.  EL HOMBRE.
Magnífica, genial y estupenda idea con objetivos muy loables. Si acaso existen otros seres en el universo y se topan con la Voyager que puedan saber quienes somos y cómo sonamos. El contenido fue seleccionado por la NASA y  por un comité presidido por Carl Sagan.
Bien.  Llegados a este punto me sale la vena reivindicativa  ¿Dónde están las mujeres? ¿Las compositoras? ¿Las instrumentistas? ¿Las mujeres no hacen música? ¿Acaso Carl Sagan y su comité creen que con incluir el sonido de los besos de una madre a su hijo  queda suficientemente representado el otro 50% del "animal que domina el planeta"? LA MUJER.
En fin, !hasta los marcianos tienen que darse cuenta de la gran desigualdad que tenemos en este planeta! Yo casi prefiero que se pierda para siempre en el espacio o, en caso de que tropiece con otra civilización que no sepan cómo sacar el sonido. 


https://www.youtube.com/watch?v=Zp1R6TMvWTA
ENLACE se pueden escuchar lo mas representativo
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sábado, 4 de abril de 2015

¿Por qué Mahler? Cómo un hombre y diez sinfonías cambiaron el mundo.


Es el título del último libro que ha lanzado el polémico y controvertido Norman Lebrech.  Un apasionante viaje por la vida del gran compositor Gustav Mahler, escrito con matices y anécdotas que lo hacen diferente de las biografías clásicas.  Personalmente me gustan este tipo de biografías divertidas y polémicas, además creo que su profundo conocimiento y su estudio sobre el compositor durante décadas le acredita  para dar una  opinión veraz y, aunque no esté de acuerdo en algunos puntos de vista lo tengo en cuenta.
No quiero desvelar su contenido porque es un libro y como tal hay que leerlo, pero  me llama la atención el tratamiento que hace a Alma Mahler, esposa del compositor.  Habla de ella con pocas palabras pero dando a entender que es peor que la madrastra de Blancanieves y me invita a  adentrarme en el conocimiento de esta señora.
Sus particulares descripciones de las 10 sinfonías de Mahler son llamativas y acertadas para mi gusto.
Al final del libro  hace una selección de grabaciones  que se han hecho sobre la música de Mahler y aprovecha una vez más la oportunidad de "apuñalar" a directores de orquesta que no son de su agrado, principalmente Von Karajan.
Un interesante libro sobre uno de mis compositores favoritos.

Mi noche con Joan Báez




Teatro de la Laboral de Gijón. Viernes 27 Marzo.
Reconozco que nunca he sido muy seguidora de Joan Báez. Woodstock, el movimiento hippie,  activismo pro derechos humanos, feminismo, guerra de Vietnam, etc., son hechos ajenos a mis vivencias, bien porque no había nacido o  porque era  muy niña. El famoso “No nos moverán” que dedicó en 1977  a la “Pasionaria” en su primera visita a España comenzó a formar parte de mi acervo musical  posteriormente, gracias a “Chanquete” en “Verano Azul” y alguna misa parroquial de mi infancia, pero sin captar la importancia de su significado. Así son las cosas.   También reconozco que en mi adolescencia si me hablaban de Joan Báez me causaba el mismo efecto que Lola Flores, Bob Dylan, Pete Seeger o Joan Manuel Serrat, es decir,  reliquias del pasado del gusto de mis mayores, pero no del mío, pues mis “rebeldes” eran otros.
Es cuestión de tiempo que acabes reparando en alguien que perdura  con tanto respeto por  su trabajo y  por sus convicciones firmes. Poco a poco aprendes a valorar todo aquello que simboliza, a apreciar la belleza de las melodías que compone o que rescata, y sobre todo a conectar el mensaje de sus letras con los acontecimientos históricos que suceden al margen de la música, pues en esto destaca la cantante. No hace mucho  leía una noticia que contaba que Joan Báez se había subido a un árbol para  evitar la expropiación  de una granja urbana en Los Ángeles ¡Pero si tiene que ser  anciana!- me decía.  La Wikipedia no lo desmentía. Aun así, no dejan de ser asuntos sociales que enternecen pero que musicalmente no me tocan el alma.

El concierto de Gijón es la oportunidad para comprobar quién es Joan Báez fuera de los libros y de los vídeos. Su primera lección es que ser anciana o no es una cuestión de actitud ante la vida y no de carnet de identidad. Ante nuestros ojos una sencilla joven madura  de 74 años, con el pelo blanco y con una fuerza interior que irradia tanta energía que llena el escenario solo con su presencia y su guitarra. En cuestiones acústicas la ecualización, el volumen, brillo, reverb,... todo en su justa medida para crear el “sonido perfecto” tan ansiado en los conciertos.  Su particular   “Big-band” la forman:  el genial Dirk Powell que sabe sacarle el jugo a cada uno de los muchos instrumentos que toca (banjo, mandolina, guitarra, piano, acordeón, violín, etc.),  el percusionista Gabriel Harris parapetado con congas, djembé, cajón y varios artilugios de percusión menor para imprimirle el ritmo necesario a cada magistral melodía, y por último la joven Grace Stumberg, con un precioso timbre de estilo folk  que le hace coros en varios temas y canta alguna estrofa en solitario. No es una Big-band al uso pero como si lo fuera, pues no se echa de menos ningún timbre o  registro sonoro diferente de lo que hay. Y allí me vi sumergida en un espacio en el que el tiempo se detuvo durante hora y media, dando y cantando “Gracias a la vida” (y de paso a La Nueva España), “Donna donna” o “No nos moverán” (sin recordar a Chanquete), aplaudiendo y, sobre todo,  absorbiendo la grandeza de una auténtica y generosa gran dama,  cuyo reconocimiento popular es más que merecido.  Ahora ya puedo decir que una noche Joan Baéz me tocó el alma y que siempre seré su fan. 
Mar Norlander para el periódico La Nueva España. 

Réquiem, por la OSPA.

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Coro de la Fundación Princesa de Asturias.  Concierto extraordinario de Semana Santa en el Teatro Jovellanos. Jueves, 26 de Marzo. 

La Sinfónica de Gijón se murió lentamente, por motivos ajenos a la música y sin réquiem, pero la OSPA está más viva que nunca.  Tan viva que es capaz de abordar una de las grandes obras maestras de todos los tiempos: “Un réquiem alemán” Op. 45 de Johannes Brahms. Una obra independiente y al margen de la liturgia, ya que se trata de un réquiem más humano que religioso, basado en pasajes de la biblia luterana, cuyos textos seleccionados hablan de serenidad ante la muerte y esperanza ante el futuro.
Otros han escrito  música de  réquiem pero hay tres obras maestras que destacan: Mozart, Brahms y Verdi (el de Berlioz también es grandioso).  Los tres (o cuatro) escritos por motivos espirituales diferentes, tres maneras de abordar el tema de la muerte que distan en las formas pero se igualan en el sentido de la reflexión. Por ello, ante una obra de tal envergadura el trabajo de Rossen Milanov, no consiste sólo en saber puntillosamente las notas  y las partes de cada instrumento, es necesaria  una conexión con Brahms a través de la armonía, el texto y el contexto en que se desarrolla. Sin batuta y siempre con gestos elegantes logra extraer de la orquesta y del coro el potencial  requerido con magnífico resultado para darle a la obra ese sentido de reflexión,  a través de dinámicas contenidas y exentas de grandilocuencia. Tan sólo pequeños desajustes rítmicos entre la cuerda y el coro en algunos pasajes evidencian la dificultad de coordinar a tanto personal encima de un escenario.
El inicio se produce en la cuerda grave sobre la que planea el coro suavemente, en contraste con el segundo movimiento, donde los violines cobran protagonismo dialogando entre fortes y pianos con el coro que exclama un canto a la alegría: “La alegría y el gozo se apoderarán de ellos, y el dolor y el llanto desaparecerán”. El barítono Kresimir Strazanak, con elegancia y sutileza inicia el tercer movimiento expresado de forma íntima, para culminar con una complicada fuga de carácter barroco al más puro estilo de Bach, pues Brahms es conocedor de los estilos que encumbran al sacro imperio como cuna de los grandes géneros que preceden al romanticismo. Muy correcta la interpretación del cuarto movimiento en el que el coro y la sección de viento-madera  son los protagonistas. María Espada interviene en el quinto movimiento, el cual varias tesis clarifican que está dedicado a la madre del compositor de forma idealizada, pues el texto dice “Os consolaré, como una madre consuela a su hijo”. Creo que la soprano no logró transmitir esa delicadeza  “ideal”, pues su timbre y su fuerza encajan mejor en otros repertorios.  
El sexto movimiento, el más largo,  es de gran complejidad técnica. El barítono y el coro a través de fuertes cambios contrastados exclaman el fin de la muerte y posteriormente la victoria de la vida sobre la muerte. Este movimiento culmina con una magnífica interpretación de la gran fuga coral y orquestal barroca, esta vez más próxima  a Hendl. 

 “Bienaventurados sean los muertos que mueren en el Señor”,  cantado por el coro cierra esta obra maestra con la misma intensidad con que comenzó, es decir suavemente, pues todo es cíclico y en las cuestiones espirituales aún más. Final reconfortante que invita a unos segundos de recogimiento y reflexión.  El silencio no dura mucho pues pronto es interrumpido por un espectador con ganas de aplaudir y al que todos le seguimos.  Daba igual,  el silencio ya estaba roto, además es muy  comprensible ya que la magnífica interpretación de todos los presentes en el escenario se merece una buena ovación. 
Mar Norlander para  el periódico La Nueva España. 

domingo, 29 de marzo de 2015

Concierto para Instrumentos Aumentados

Laboral, Centro de Arte y Creación Industrial. “Encuentros de música electroacústica”. Fundación Municipal de Cultura. Viernes 20 de Marzo.
La quinta edición de “Encuentros de música electroacústica”, llegó a su fin con un concierto singular cuyo título despertaba curiosidades: “Concierto para Instrumentos Aumentados”.  ¿Aumentados? Esto es nuevo.  Para los seguidores de la música  contemporánea  hablar  de indeterminación, uso del azar, happening, performance, arte multimedia… es habitual, ya que son  términos que forman parte del acervo de las vanguardias del siglo XX. Sin embargo no olvidemos que estos términos, o mejor dicho estas prácticas (el término suele darse a posteriori), surgieron en encuentros similares al  ofrecido por iniciativa del Taller de Músicos de Gijón. Posiblemente  no con tanto bombo y platillo, ni con tantos medios económicos,  como los encuentros en el Black Mountain College  de los años 50’ ( por poner un ejemplo), donde se reunían  muchos artistas como John Cage,  Merce Cunningham o la mismísima Yoko Ono,  pero la esencia es la misma.  Se trata de dar cabida a iniciativas de intérpretes y creadores sonoros que buscan la experimentación del sonido más allá de los cauces habituales.
En esta ocasión se apuesta  por la experimentación con instrumentos tradicionales valiéndose de la tecnología para “aumentar”  las posibilidades sonoras de los mismos. Así pudimos disfrutar de diferentes propuestas de la mano de músicos con gran peso curricular, unas con más acierto que otras, pero  al fin y al cabo todas innovadoras  porque de eso se trata. 
El violinista Alejandro Morán abrió el concierto con una composición inspirada en la Grecia épica titulada “Demodocos Geistesblitz para violín aumentado”.  Mediante una pastilla adherida al instrumento capta la sonoridad y la transmite a un ipad para que procese el sonido y lo aumente a base de echos, delays y resonancias, al mismo tiempo que  juega con diferentes tesituras y dinámicas para crear efectos imposibles en un violín tradicional.  La  propuesta de la segunda obra “Elogio de lo ausente”,  tocando en un piano de juguete un tema de Schumann y  “aumentando” el sonido por medio de un piano grabado y un altavoz me pareció interesante sobre el papel, pero el resultado final no me convenció.
Buenas sensaciones causó “Momentum Kinésica” para guitarra, electrónica en vivo y dos guitarras solas.   Moisés Arnáiz toca en directo una guitarra que transmite el sonido a otras dos apoyadas en sus soportes, haciendo que resuenen a la vez.  El sonido  es procesado a través de un ordenador  y  el sonista  Honorino García,  mediante una Xbox, lo captura con sus manos y lo mueve a través de movimientos similares al tai chi.
“Transducción Aérea” de Francisco Javier Rodríguez fue compuesta para esta ocasión.  La idea es aprovechar las TICs y dotar al instrumentista de la capacidad de controlar el sonido activando o desactivando los procesos a tiempo real.  Mediante un sistema de cuadrafonía el sonido viaja por todo el espacio físico que ocupa el escenario donde se halla el público, transmitiendo sonoridades curiosas.   El concierto finalizó con la obra “Turbo” de Alfonso Mollá (tuba) y Miguel Fernández (sonista), donde se apuesta por la improvisación y se aprovecha el espacio interactuando con el público.

No sé si esto de “instrumentos aumentados” se verá alguna vez reflejado en los libros de historia de la música, lo que sí sé es que hay que apoyar en la medida de lo posible este tipo de iniciativas y darle cabida a artistas que no se conforman sólo con reproducir patrones  estandarizados.
Crítica para el periódico La Nueva España.  

Tamar Beraia, la gran promesa del piano



Recital de piano de Tamar Beraia, organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón.  Teatro Jovellanos. Miércoles 25 de marzo, 2015.
Puntual y con presencia impecable, la georgiana Tamar Beraia se presenta en el Jovellanos dispuesta a ofrecer un recital que aborda piezas magistrales del repertorio pianístico del siglo XIX y principios del XX.  Su aspecto frío, con escasos movimientos físicos ante el imponente piano, contrasta con la expresividad y la pasión que concentra en sus dedos capaces de extraer delicados pianísimos y estruendosos fortes.
Inicia el recital con Nocturno Op. 9 Nº 1de Chopin, una composición con claras reminiscencias estéticas de los nocturnos de John Field, creador del término. La exquisita interpretación deja claro que es una pianista de altos vuelos capaz de cumplir los vaticinios de los más especializados cuando afirman que en pocos años  se convertirá en figura de primera línea, a la altura de María Joao Pires, Martha Argerich o nuestra Alicia de la Rocha. Pocos segundos de pausa necesita para concentrarse y enlazar las diferentes piezas que incluye  el programa, cada una de ellas con  características muy particulares.  Así, tras la magnífica interpretación de dos temas de Tschaikowsky  aborda el segundo movimiento de la Sonata para piano nº 3 de Brahms, cuya composición nos recuerda a algunos pasajes de Beethoven.  
Si alguna imprecisión pudimos captar a lo largo de una hora fue en el “Estudio trascendental nº 11,  Armonías de la tarde” de Franz Liszt, una endiablada composición que  se encuadra entre las más difíciles de la historia del piano,  quedando algunos fraseos un tanto turbios en  manos de Tamar, pero poca cosa. Seguidamente, con gran acierto,  nos traslada al siglo XX con  una de las tres piezas que componen “Estampes”  de Debussy, “La soirée dans Grenade”, cuyo impresionismo cargado de  atmósferas melancólicas y  vaporosas se inspiran en Andalucía y a la que Falla hizo referencia en múltiples ocasiones.  Seguimos escuchando impresionismo pero con particularidades diferentes, pues  es  el turno del movimiento “Le Gibet” de la obra “Gaspard de la nuit”.  Aquí se evidencia la afición de Ravel por los relojes con una partitura que oscila entre un tic-tac constante  y preciso y unas melodías sugerentes cargadas de armonías de inspiración más americana. Muchas obras de jazz juegan con estas cadencias.

Dejamos Francia y nos trasladamos a las múltiples influencias que conforman el estilo personal del húngaro Béla Bartók, con dos piezas en las que el piano se convierte en un instrumento de percusión  con ritmos agitados y complejos. Tamar realiza una  interpretación precisa a la par que delicada y sutil. Para no romper la magia presente nadie del público se atreve a respirar más fuerte de la cuenta o a moverse de sus butacas por temor a un crujido inesperado. Cierra el programa con el sugerente Nocturno Op. 62, Nº 1 de Chopin y el público le reclama con insistentes aplausos un bis.  Agradecida, nos regala una magnífica interpretación de la “Danza ritual del Fuego” de Manuel de Falla.  Con esta obra talmente parece que la sangre española corre por sus venas.
Crítica para el periódico La Nueva España