domingo, 28 de noviembre de 2021

La osadía de James Rhodes

 


James Rhodes, Gijón Sound Festival. Teatro de la Laboral, viernes 26 de noviembre de 2021.

Hay muchos motivos para aplaudir al pianista británico, recientemente nacionalizado español, James Rhodes. El motivo más importante por el que se merece todo el respeto del mundo es su valor para salir del infierno en el que ha vivido y haber contado al detalle sus intimidades en el libro autobiográfico “Instrumental”, convirtiéndose así en un referente para tanta gente que ha sufrido abusos sexuales a lo largo de su infancia. Un diez. Otro motivo que aplaudo es que rompa la rigidez de las “normas” estéticas y los protocolos que se han ido estableciendo en los recitales de música clásica a lo largo del último siglo, más concretamente a partir de la llegada de Hitler al poder. Me gusta que se vista con sudadera y vaqueros o que haya libertad para aplaudir entre movimiento y movimiento de la misma obra. Por qué no, si te ha gustado. Aplaudo que, bien sea por el morbo que suscita su historia o por otros motivos, haya conseguido acercar la música clásica a un público ajeno a los auditorios. También me parece genial que se comunique con el público en los recitales, que explique cosas de las obras que interpreta e incluso que diga tacos como “Beethoven es el puto amo” o “no hay sitio más bonito en todo el puto mundo que Asturias”, porque en las dos afirmaciones tiene razón y porque así se habla en la calle. Ahora bien, a nivel interpretativo tiene muchísimas limitaciones técnicas y es muy osado al escoger un repertorio tan ambicioso.

Comenzó tocando una versión libre del “Preludio en Mi bemol” de J.S. Bach, con una interpretación pausada y más cercana al minimalismo que encaja con su nivel técnico, pero nada que ver con el concepto de Bach. Y después de exhibir sus dotes de buen comunicador, abordó la “Sonata para piano nº 27” de Beethoven para rendirle homenaje en el 250 aniversario de su nacimiento, que se cumplió el año pasado. La dura infancia del genio de Bonn, con un padre borracho y maltratador, guarda cierto paralelismo con la infancia de Rhodes y la música fue el refugio de ambos, pero hasta ahí las similitudes. Beethoven, entre otras muchas cosas, fue un compositor que se caracteriza por su minuciosidad a la hora de detallar matices sobre cómo tenían que sonar sus obras. Y Rhodes no cumplía ni una. Además de los zarpazos que se le escapaban no había líneas claras en las melodías, los acordes atronaban con torpeza y las dinámicas estaban fuera de lugar.

Llegó el turno de Brahms, primero con la “Rapsodia en Sol menor, Op. 79” y después con el “Intermezzo en Mi bemol”. Y no sé cuál de las dos tocó peor. La mano izquierda de la Rapsodia iba lenta y torpe y los pasajes más oscuros y rápidos sonaban confusos, con un abuso de pedal de sustain que lo ensuciaba todo. El “Intermezzo” languidecía y aburría a las piedras.

Para finalizar, de nuevo Beethoven y la gran “Sonata en Do mayor Op. 53”, conocida como “Waldstein”, la cual destrozó totalmente. Atropellada como caballo desbocado y sin vida, parecía un bailarín afectado por el síndrome de Tourette.  En fin, fue horrible y ni siquiera se salvaron sus dos bises.

Tampoco se trata de pedir que toque las sonatas de Beethoven como lo haría Barenboim o Valentina Lisitsa, más bien es una cuestión de humildad y coherencia con las posibilidades de cada uno, y si no se puede hacer un triple salto mortal hay que conformarse con rodar con fluidez y hacer alguna pirueta de vez en cuando. En definitiva, si aparcara tanta osadía y escogiera un repertorio más acorde con sus capacidades le haría un gran favor al público.

Crítica publicada en La Nueva España 

Depedro: más música para los peques

 



Depedro, Gijón Sound Festival. Teatro de la Laboral, domingo, 21 de noviembre de 2021.

Decía Jairo Zavala en una entrevista de Radio 3 que las canciones para niños van más allá de una taza y una tetera. Y es justamente una de las reivindicaciones que más he oído a progenitores de infantes que ya han dejado el chupete hace tiempo. Si una amiga te pregunta por algún grupo o cantante que haga música para su hijo de nueve años, por ejemplo, ¿a quién le recomendarías? Creo que salvo “Petit Pop” poco más hay. Se salta de las canciones para bebés a la música para adultos, y así toda esa franja de edad intermedia se ve abocada a consumir reggaetones, rap y otros estilos con letras inadecuadas y a veces de mal gusto.   Por ello, el penúltimo trabajo de Depedro, “Érase una vez” (2019), aunque quedó un poco paralizado a causa de la pandemia, llegó y fue muy bien recibido. Y gustó tanto a los niños y niñas como a sus papás y mamás, porque son letras cotidianas y fáciles de digerir, sin tonterías. Además, musicalmente son sencillas y están bien tocadas, aunque no todas las del disco encajan con un público infantil, para mi gusto.

De la mano del “Gijón Sound Festival”, la banda de cuatro músicos que forman Depedro, con Jairo Zavala de frontman, se subió al escenario de la Laboral y puso a la butaca completa a silbar a ritmo de “Despierta”. Aquello parecía una pajarería, pero fue divertido y se creó complicidad entre público y escenario. “Dragón Alado” invitaba a bailar a ritmo de cumbia sabrosona, con la proyección de imágenes de vídeo creadas por Héctor de la Puente que se convertían en completas historias: gran artista y gran acierto. Otros temas como “Chilla que tiemble” o “Comanches” fueron un completo éxito, al igual que el tema que le da título al álbum.

Un poco más flojas sonaron “Vámonos al mar”, o “El Trato”, esta última cantada en inglés. El bonito tema “Te sigo soñando”, que grabó mano a mano con Luz Casal, fue la despedida antes de los bises. Y con todo el público en alto remató con la canción de Chavela Vargas “La Llorona” que, aunque bien cantada, está demasiado usada. Se me ocurren muchas otras canciones para un fin de fiesta sin caer en lo que hace la mayoría, pero es su elección. 

Depedro ha sacado un nuevo disco al mercado titulado “Máquina de Piedad”, sin embargo, no sigue la misma línea que “Érase una vez”, más bien está en la onda de sus anteriores trabajos, por lo tanto, parece que esto ha sido pasajero. Pues es una lástima, porque esta franja de edad necesita su propia música con letras y ritmos adecuados para sus vivencias.

Crítica publicada en La Nueva España 

Maika Makovski. Más visual que musical

 


Maika Makovski. Gijón Sound Festival. Sala Albéniz, sábado, 20 de noviembre de 2021.

Tras este periodo extraño de cancelaciones y aplazamientos que nos ha tocado, por fin llega la novena edición del “Gijón Sound Festival” y esta vez coincidiendo con el Festival Internacional de Cine de Gijón; después de tanta escasez se agradece la oferta.  La presentación del octavo y nuevo disco de Maika Makovski titulado “MK MK”, encajaba perfectamente con la esencia de lo que es el “Gijón Sound Festival”, o por lo menos, lo que yo entiendo que es su esencia, ya que en los últimos años me despistan algunos de los artistas escogidos. 

El esperado concierto arrancaba en la Sala Albéniz con una grabación (¿infantil?,¿ebria?), deliberadamente desafinada del poema sinfónico “Así habló Zaratustra”, como banda sonora para subir al escenario a Makovski y sus cuatro acompañantes: y esa música ambiental puede que tuviera su gracia, pero fue molesto para los oídos. Al instante suena “Scared of Dirt”, la primera canción con la que presentó su nuevo disco: dinámica, contundente y pegadiza, provocando la reacción de un público numeroso -dadas las circunstancias-, que quería agitar sus cabezas y moverse por la pista de baile, aunque tímidamente, por si acaso.

“Purpose”, cuyo inicio en directo parecía la mismísima “My Sharona”, evidenciaba una puesta en escena con una cantante que cambiaba de instrumento en cada una de sus canciones. Y eso siempre gusta. La actitud y la estética estaba cuidada al milímetro por todos los presentes encima del escenario, encajando perfectamente con esa pseudofilosofía punk llevada al rock que la cantante ofrece en sus conciertos. Predominio de los colores azul, blanco y rojo quizás, ¿para recordar que este disco ha sido grabado en U.S.A? No hubo presentaciones, ni explicaciones, ni mensajes, ni discursos aleccionadores entre canciones y los temas sonaban uno tras otro sin apenas interacción con el público, excepto para preguntar si estaban a gusto. Tampoco había solos de instrumentos, ni siquiera buenos músicos, aunque, eso sí, la apariencia era de todo lo contrario. Lo que había era mucho ritmo y mucha energía, de hecho, ninguna de sus canciones sitúa al metrónomo por debajo de 80 latidos por minuto.

De este nuevo disco de Makovski se salvan los cuatro videoclips que ha lanzado como promoción, por su calidad visual y poco más. Quizás, “I Live in a Boat”, cuyo ritmo un tanto ortopédico es muy efectivo y engancha. “Reaching out to you” suena machacona y monótona, con efectos grandilocuentes en cuanto a coros. En fin, que nada nuevo en el acervo de Maika Makovski, pero el público se mostraba encantado y vociferaban pidiendo “cabeza de cartel”, aunque una banda con canciones poco coreables es difícil que lo sea. Para finalizar sonó el sencillo “Love you Till I Die”, que tiene cierto encanto, y para el bis dejaron “Tonight”, esa canción de corte popular que cantaron todos arremolinados alrededor del piano.

 Sin duda, Maika Makovski ha conseguido alcanzar un nivel de popularidad -gracias a programas de televisión como “La Hora Musa”- y prestigio entre un sector del público afín a la música más alternativa, que se puede permitir hacer lo que quiera sin tener que dar explicaciones. Haga lo que haga va a quedar bien y sus seguidores le van a aplaudir.  Pero, musicalmente es muy mejorable.

Crítica publicada en La Nueva España 

Piazzolla x 100 años más



 “Piazzolla X 100”. Festival Jazz Gijón y Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, jueves, 11 de noviembre de 2021. 


El Festival Jazz Gijón y la Sociedad Filarmónica de Gijón se han unido para homenajear a Astor Piazzolla por el centenario de su nacimiento en un concierto denominado “Piazzolla X 100”, que inaugura su gira en el Teatro Jovellanos. La unión ha sido un acierto total al ser capaces de juntar a los aficionados al jazz, a los adeptos a la música clásica y a aquellas personas que gustan de sabores argentinos tradicionales. Porque la música bien hecha solo es eso: música buena. Y porque así es el legado de Piazzolla: un compendio de sonoridades  adquiridas a través de sus vivencias y de su amplia formación musical fuera de encasillamientos, que ha dado como resultado un estilo propio. 


La idea parte del pianista Federico Lechner, que forma un quinteto junto con el bandoneonista Claudio Constantini, el contrabajista Antonio Miguel, el batería Daniel “Pipi” Piazzolla (nieto del compositor) y la cantante Sheila Blanco. En el primer tema “Balada para un loco” encontramos todas estas influencias de Piazzolla absorbidas a través de sus maestros y admirados compositores, como Nadia Boulanger, Ginastera, Pugliese, Gershwin, Bach o Stravinsky, entre otros. Continuaron con “Milonga de la Anunciación” en la que los dedos de Lechner volaban libremente para dar paso a la dulce y delicada “Ave María”, muy lucida en la voz de Sheila Blanco, una artista polifacética que ha publicado recientemente un interesante disco titulado “Cantando a las poetas del 27”. Para mi gusto su momento más brillante fue durante la interpretación de “Balada para Mi Muerte”, un exquisito tema con una letra desgarradora que requiere echar las tripas por la boca. Y Sheila lo hizo. 


Continuó el recital con “Suite del Ángel”, formada por varias piezas instrumentales en las que el diálogo entre el piano de Lechner y el bandoneón de Constantini fue de lo más enriquecedor. Músicos excepcionales, sin duda, como también lo son el contrabajista y el batería que tuvieron sus momentos de exhibición individual, como parte de la esencia de un concierto de jazz. 


Después de la parte instrumental tan intensa vuelve la voz de Sheila Blanco y se produce un bajón de nivel con “Chiquilín de Bachín”. Ya con los latidos más calmados disfrutamos de la larga introducción pianística de “Vuelvo al Sur” y los fraseos del bandoneón antes de dar paso a una nueva visión del famoso “Libertango”, en el que el batería demostró que no solo tiene un gran apellido, sino que es un fantástico músico. 


El público agradeció la calidad del quinteto con un estruendoso aplauso que no cesaba, hasta que los músicos volvieron al escenario para regalar la entrañable “Adiós Nonino” en un tempo lento, finalizando con “J’oublie”, cantada en francés con gran delicadeza en la voz de Sheila. Un recital diseñado y ejecutado a conciencia para rendir homenaje a uno de los compositores más grandes del siglo XX, capaz de encajar en un festival de jazz, en un auditorio de música clásica o en una fiesta de música tradicional. Necesitamos otros 100 años para descubrir la versatilidad de Piazzolla y su legado de más de 2500 obras. Y necesitamos, sobre todo, conciertos como este. 


"Cantarinos pa que suañes". Lied en asturiano

 



“Cantarinos pa que suañes”: concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles, 27 de octubre de 2021.

Beatriz Díaz, soprano

Luis Vázquez del Fresno, pianista y compositor

Por causa de la pandemia el estreno de “Cantarinos pa que suañes” en el Teatro Jovellanos fue aplazado una y otra vez, hasta que por fin pudo celebrarse como es debido. Había muchas ganas de escuchar lied en asturiano, un género escasamente interpretado por estos lares. Claro que pocos son los compositores que le han prestado atención, pero, por suerte, tenemos al pianista y compositor Luis Vázquez del Fresno, uno de los más prolíficos de la escena asturiana y al que la Sociedad Filarmónica de Gijón quiso invitar bajo el epígrafe “Históricos de la Filarmónica”, 50 años después de su debut en esta sociedad.

La obra“Yerba op. 12”, compuesta en 1977 por Vázquez del Fresno y dedicada a D. Eladio de la Concha, abrió el concierto. Se trata de una obra tonal basada en siete temas populares asturianos y una pieza original titulada “Orbayu”.  En cuanto al estilo compositivo, la forma de abordar cada pieza presenta diferencias sustanciales, tanto armónicamente, con la utilización de la politonalidad en algunas de ellas, como en el tratamiento de la melodía. Varias técnicas pianísticas confluyen en esta obra y “Orbayu”, una pieza de influencia debussiana, es el nexo entre ellas. Desde luego es un gusto escuchar arreglos tan magníficos de piezas como “Dime paxarín parleru”, “Soy de Pravia” o “La mio neña”, entre otras, siguiendo la línea de Manuel de Falla con sus “Siete canciones populares”. Si bien es cierto que son canciones muy populares y existen múltiples versiones de estas, sin duda, Vázquez del Fresno ha aportado una forma diferente de arroparlas oscilando entre el romanticismo y el impresionismo. 

La segunda parte del concierto “Cantarinos pa que suañes” op, 30”, era la más esperada por el público y la que da título al concierto. Son trece composiciones para voz y piano de Vázquez del Fresno sobre poemas creados por el poeta asturiano José María González Fernández, que firma sus escritos como “Chemag”. Ya sin música los textos poseen una sensibilidad exquisita, por lo tanto, para defenderlos se requería una voz acorde a los poemas. No se me ocurre nadie mejor que Beatriz Díaz para tal cometido. La soprano allerana, a la que hemos visto cantando arias de enorme dificultad con gran solvencia, conoce y domina la técnica de la tonada y, además, conoce perfectamente la llingua asturiana y esa fusión la convierte en idónea para el papel. El uso reiterado de vocales cerradas, características de nuestro idioma, es una de las grandes dificultades para interpretar estos poemas: las terminaciones en “u” y en “e” requieren más exigencia para proyectar la voz y Díaz bordó una y otra vez los finales. También quedó patente esa capacidad de fusionar la tonada con el canto lírico en piezas como “Añada de una caparina”, donde la voz se acomodaba plácidamente entre las armonías mayores y menores y entre los pianissimos y los fortes, lo que demuestra la gran técnica y flexibilidad de Díaz.  Por otro lado, hay que destacar la interpretación de “La xaronca’namorá”, defendida por Beatriz con una sensibilidad y una técnica sublime a pesar del molesto timbre de un teléfono que no dejó de sonar durante toda la pieza. Cosas que pasan en directo.

El público encantado dedicó una larga ovación a los dos artistas y obtuvo a cambio dos propinas deliciosas. Sin duda, una velada singular tras haber escuchado una serie de lieder asturianos que convierten a “Cantarinos pa que suañes” en una obra a la que solo podemos desear larga longevidad en los escenarios.

Crítica publicada en La Nueva España 

martes, 19 de octubre de 2021

Isaac et Nora & Fetén Fetén: ¿Oportunidad de oro o explotación infantil?

 


Isaac & Nora & Fetén Fetén. Teatro de la Laboral, viernes, 15 de octubre, 2021. 


Los hermanos Isaac y Nora se han convertido en uno de los últimos fenómenos virales, arrasando las redes con canciones tradicionales hispanoamericanas junto a su padre Nicolás. A priori, el género musical se aleja bastante de las preferencias de esta generación, sin embargo, por alguna causa enganchan a la audiencia porque tienen algunos vídeos con más de seis millones de visitas y millones de seguidores en las redes. De tal impacto mediático quiso sacar provecho la discográfica “Madame Vodevil” y esos vídeos, que al principio eran inocentes y caseros, se han ido profesionalizando en los últimos meses llegando la grabación de un disco y la consiguiente gira por España (y próximamente por latinoamérica, anuncian). Y viendo a esos niños encima de un escenario tan frío y tan grande como el del Teatro de la Laboral de Gijón un viernes de mediados de octubre me provocan sensaciones contradictorias.  Me pregunto ¿Por qué no están en el colegio a estas alturas del curso y que hacen a tantísimos kilómetros de su casa? ¿Se trata de una explotación infantil como lo fueron en su día algunos artistas conocidos por todos o es una oportunidad de oro para ellos? 


En la gira por España no están solos, comparten escenario con Diego Galaz y Jorge Arribas, dos grandes músicos  creadores de “Fetén Fetén” que acaban de sacar al mercado un nuevo disco titulado “Cantables II” con el mismo sello discográfico. Ellos se encargan de abrir el concierto con una habanera y su habitual acopio de instrumentos peculiares. Uno a cada extremo del escenario, dejan el centro para la familia que hace su aparición después de la divertida “Vente que hacemos merienda cena”. Arreglos magníficos y originales dan paso a Nicolás, Isaac y Nora con el chachachá “Solamente tú”. La voz de Nora recuerda a aquella Jeanette que cantaba “Soy rebelde”, susurrando y con mucho aire entre las cuerdas vocales. Su puesta en escena es totalmente estática y con una sonrisa permanente canta canciones que expresan vivencias imposibles para una niña de diez años.  


Entre milongas, jotas, canciones mexicanas, cumbias y boleros  van alternando su repertorio con el propuesto por “Fetén, Fetén” y aparecen temas como “Gracias a la vida”, una canción chilena con la que se sienten identificados por la suerte que han tenido, expresa Nicolás. La interpretación de “El Huapanguero” pone en evidencia las magníficas cualidades de Isaac con la trompeta y deja en entredicho si esa canción es adecuada para la voz de Nora por mucho que le guste a su padre. Para mi gusto no, está muy forzada y deberían quitarla del repertorio o hacerla instrumental. 


Después de interpretar su mayor éxito “Veinte años” despiden con un pasodoble y se llevan la ovación del público. Casi dos horas de concierto en el que me cuestionaba una y otra vez si lo que estaba viendo me convencía o me parecía éticamente correcto. Por un lado, hay una vasta lista de niños en la escena artística que han sido explotados para el lucro de sus managers y progenitores sin tener en cuenta sus propios intereses. Por otro lado, no deja de ser una gran oportunidad en la que esos niños adquieren unas vivencias inalcanzables para la mayoría de sus pares. ¿Qué es lo correcto? Es cuestión de tiempo. Si permanecen en la escena sin formarse debidamente se quemarán. Lo más probable es que el fenómeno viral en el que se han visto envueltos sea solo eso, algo volátil y pasajero, pero estoy convencida de que el amor por la música y por la cultura popular se quedará entre ellos.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


Forma Antiqua, "Les Scaramouches": exquisito barroco francés con textos inconexos

 


Forma Antiqua: “Les Scaramouches”. Organiza la Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 6 de octubre, 2021.

 

“Voy a contaros la cosa más admirable, la más sorprendente, la más maravillosa, la más milagrosa… la más digna de envidia”, comenzaba declamando la actriz Ana Villa para dar vida a “Les Scaramouches”, el espectáculo de los hermanos Zapico en su conjunto instrumental “Forma Antiqua” con el que se inauguró la nueva temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Una selección de piezas enmarcadas en el barroco francés más exquisito que domina a la perfección esta formación de once componentes capitaneada por Aarón Zapico.

 

Musicalmente un 10, sin duda. No había una nota fuera de lugar ni un timbre que no encajara en este puzle sonoro bien armado a base de piezas históricamente bien informadas. La formación conseguía trasladar a los espectadores a los jardines de Versalles y a la corte del rey Luis XIV, con todo su boato. Las flautas de Guillermo Peñalver y Alejandro Villar volaban con una precisión milimétrica en los difíciles y virtuosos fraseos de piezas creadas por Couperin, Lully, Corrette y Leclair. Instrumentos poco asiduos como la tiorba de Daniel Zapico o la guitarra barroca de su hermano Pablo se entrelazaban con el clave de Aarón, formando el armazón del conjunto instrumental. Si bien es cierto que la sonoridad del clave queda difusa y apenas se percibe en un escenario como el del Jovellanos sabemos que Aarón es un maestro de maestros a las teclas porque lo hemos visto en otras ocasiones con mejor acústica. Las cuerdas frotadas de Jorge Jiménez y Daniel Pinteño a los violines engarzaban puntillosamente con la viola de José Vélez, el violonchelo de Ruth Verona y el contrabajo de Jorge Muñoz. Y para marcar los tempos estaba David Mayoral que ofreció todo un despliegue de instrumentos de percusión singulares. Grandes músicos todos ellos.

 

 En cuanto a los textos recitados que “en teoría” daban conexión a las piezas musicales ya hay más controversia. El texto terminó con la misma frase del comienzo y por medio, entre una y otra pieza, Ana Villa declamaba una selección de textos de grandes dramaturgos franceses de la época, Molière entre otros. Y esa “cosa más admirable, la más sorprendente, la más…” con la que comenzó y terminó no acabamos de adivinar cuál era. El público se afanaba por conectar una intervención con otra y darle significado a los textos escuchados en relación con las chaquetas de colores que triangulaban el escenario, las cuales terminaron unidas en una esquina a modo de bandera francesa.  Quizás nos hubiera venido bien alguna explicación o quizás no la tenía y era la pretensión del personaje que da título a “Les Scaramouches”: jugar con el público. Después de todo no deja de ser un espectáculo en el que se mezcla la farsa, la sátira, la tragedia y la comedia en la noche francesa. Desde luego yo no fui capaz de apreciar conexión alguna, así que opté por desistir y disfrutar de la maravillosa sonoridad de estas obras tan representativas del barroco francés que nos ofreció “Forma Antiqua”. Eso sí, interpretadas de modo exquisito.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

domingo, 29 de agosto de 2021

Pancho Varona: A la sombra de Sabina

 


Pancho Varona, “Ruta 52”. Terraza de La Laboral, viernes 27 de agosto,2021. 


Pancho Varona canta horriblemente mal, incluso peor que Sabina, que ya es decir. Su timbre es pobre y no afina frase ni queriendo. Además, como guitarrista nunca ha despuntado de manera significativa, ni por sus solos ni por tener un sonido único y su nombre ha estado siempre a la sombra de otros de primera línea, principalmente Sabina. Sin embargo, ahora que su frontman está en horas bajas se puede permitir el lujo de hacer una gira en solitario, llamarla “Ruta 52” para aprovechar el tirón mediático de la inmortalizada “Rute 66” y llenar todas las butacas.


“Más de 100 mentiras”, publicada en el álbum “Dos pájaros de un tiro”, abrió el concierto y una docena de canciones archiconocidas fueron las que sonaron en la Terraza de la Laboral, cantadas por Varona guitarra en mano. El resto del tiempo “Panchito, Panchito” (así es como le llama Sabina), se dedica a contar las historias que preceden a cada canción advirtiendo que “cuanto más cuente y menos cante mejor para todos”. Y es totalmente cierto. Pero es que, además, ni siquiera esas historias que preceden a cada canción son originales porque cada una de ellas las ha contado muchas veces en diferentes entrevistas que ha concedido a lo largo de su larga trayectoria y algunos detalles han variado. Cosas del tiempo.  


Nos contó la anécdota de “Peor para el sol” con Christina Rosenvinge y siguió con “Ahora que”, una canción “casi perfecta para un amor casi perfecto”, nos recordaba Varona después de aturdir nuestros oídos al no conseguir hacer una frase completamente afinada hasta bien pasado el primer estribillo. Otro tanto podríamos decir de “Hotel, dulce hotel” y “Ruido”, ese precioso tema cuya letra original es de Pedro Guerra y Sabina le cambió algunos versos hasta convertirla en una obra de arte. Lo paradójico es que la canción que peor cantó fue “La canción más hermosa del mundo”. Nos explicó que la letra es tan larga que les costó hacer la música a Antonio García de Diego y a él, y decidieron comenzar con versos de notas muy graves hasta terminar con versos muy agudos, pensando en que nunca la tendrían que cantar. Y aquí encajaría perfectamente un emoticono de Instagram o WhatsApp, de esos que aparecen con la boca y los ojos bien abiertos, porque resultó un dolor de oídos en la voz de Varona.


Claro que el mérito es que en todo su repertorio Varona es protagonista de la parte musical y por eso se puede permitir contar un montón de anécdotas. Pero también quiso cantar una canción de “La Mandrágora” en la que no intervino ni en la letra ni en la música, y la canta porque es la que más le gusta y significa un resorte para su vida. Se trata de la emblemática “Pongamos que hablo de Madrid”. Aún faltaban los grandes éxitos de los conciertos de Sabina: “Y sin embargo”, “La del pirata cojo” y “Princesa”, de las que, aparte de las anécdotas que ya habíamos oído no había por donde cogerlas (en cuanto a afinación, me refiero). Pese a todo, los aplausos fueron bien contundentes. 


En fin, llegado a este punto parece que ha quedado claro que, en mi opinión, la calidad musical de un concierto de Pancho Varona deja mucho que desear. Sin embargo, absolutamente todos los presentes salimos de allí con gran satisfacción y con la sensación de haber asistido a un evento ¿único?, ¿mágico?, ¿nostálgico?... Me viene a la cabeza aquella anécdota tan difundida por los medios de comunicación que se contaba de Lola Flores: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 26 de agosto de 2021

Ospa en Camín: la OSPA en versión orquesta de cámara

 


“Ospa en Camín”. Teatro de la Laboral, martes 24 de agosto, 2021. 


“OSPA en Camín” es el título de la gira que realizan varios componentes de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias para conmemorar el año Xacobeo 2021. Formada para la ocasión como orquesta de cámara con once músicos -un contrabajo, dos percusionistas, dos oboes, dos contrafagot, dos trompas y dos clarinetes-, capitaneados por el contrafagot John Falcone, alegró la tarde a los aficionados a la música clásica tan escasa en el periodo estival. 


Para comenzar, una interesante partitura de Mozart compuesta en 1782 para octeto de vientos, la “Serenata nº 12 para vientos en do menor K. 388”, la cual difiere sustancialmente del resto de serenatas por su carácter serio y sinfónico alejado de divertimentos y ligerezas. La obra se estructura en cuatro movimientos, comenzando con un prodigioso Allegro inicial cargado de dramatismo que fue abordado por la orquesta con timbres contrastantes muy firmes en definición. El resto de los movimientos fue un paseo para los componentes de la orquesta acostumbrados a interpretar partituras del de Salzburgo. Muy brillantes estuvieron en el Allegro final en forma de variaciones, destacando la dificultad de la particella del contrabajo que fue interpretada por Francisco Mestre con gran soltura.

 

La segunda obra de la tarde fue un arreglo de la Suite para Orquesta del Ballet “Romeo y Julieta” de Prokofiev. Para la ejecución se incorporaron dos percusionistas que contribuyeron a engrandecer el marcado ritmo que requieren las danzas y las trifulcas entre montescos y capuletos para que las melodías de oboes y clarinetes fluyan. La interpretación de los cinco movimientos estuvo fantástica, a pesar de que esta obra se acostumbra a escuchar con una orquesta de mayores dimensiones y, por lo tanto, con más contundencia. 


De la música rusa se fueron a Estados Unidos con una selección de temas muy conocidos de la ópera “Porgy & Bess”, compuesta por Gershwin y arreglos de A. Skirrow.  La selección era muy apropiada para la ocasión, comenzando por “Summertime” que siempre gusta en cualquier versión y, aunque esta formación está más ducha en interpretar obras de carácter europeo supieron aproximarse livianamente al feeling que requieren estas composiciones. Quizás, que John Falcone sea americano ayudó algo. El caso es que da gusto escuchar esa música por estas latitudes y el escaso público que se congregó quedó encantado reclamando más. La orquesta volvió a ocupar el escenario para interpretar el conocido “Easy Winner” de Scott Joplin, en un fantástico tempo muy alegre y divertido.


Para finalizar, como segunda propina pudimos escuchar uno de los mejores arreglos que se hayan hecho de “Asturias patria querida”. La partitura está creada por el asturiano Daniel Sánchez, presente en la actuación  y clarinete bajo principal de la OSPA y, sin duda, merece la pena reparar en ella. Todos los acordes, desde el primero hasta el último (el penúltimo sobremanera), están muy bien pensados. Esperamos escuchar más veces esta versión (y con más vueltas mejor), y también a esta singular orquesta de cámara. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

viernes, 20 de agosto de 2021

Alexander Kobrin frente a Chopin y Mussorgsky

 


Alexander Kobrin, Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. Teatro Jovellanos, miércoles 18 de agosto, 2021.  


Hace tres años por estas fechas apuntábamos en este periódico la audacia de Alexander Kobrin al abordar las tres sonatas de Chopin en un mismo concierto organizado por el Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. El éxito logrado ha provocado que en la presente edición del Festival se haya vuelto a contar con la presencia de Kobrin para el segundo y último concierto del Festival, que sigue apostando por mantener el nivel alcanzado en ediciones anteriores. 


El concierto en el Teatro Jovellanos se estructuró en dos partes compactas dedicadas a la música del periodo romántico y Chopin no podía faltar. Varias grabaciones en CD catapultan a Kobrin como uno de los grandes especialistas en el repertorio del compositor polaco y para este recital seleccionó varias piezas de distintas técnicas pianísticas. Para empezar “4 Mazurkas Op. 24” publicadas en 1836 que Kobrin abordó con una técnica que rebosaba sensibilidad, precisión y riqueza de planos sonoros. Continuó con la “Fantasía Op. 49”, compuesta cuando Chopin contaba con 31 años y estaba en un momento de convulsión política. La obra escrita en un solo movimiento con distintas indicaciones de tempo fue abordada por Kobrin con maestría, destacando la soltura con la que ejecutaba los pasajes de octavas terminando en una especie de marcha triunfal. Seguidamente interpretó “Berceuse Op. 57” o canción de cuna, la cual se basa en una serie de variaciones sobre un tema ostinato con una textura y sonoridad compleja que Kobrin demostró conocer profundamente. Finalizó la parte dedicada a Chopin con “Barcarola Op. 60” que Kobrin abordó en un tempo más lento que otros intérpretes, pero con sentido y conocimiento del autor. 

Ya en la segunda parte y tras las presentaciones de Andrea García, directora de producción del festival que sustituyó de viva voz al programa de mano habitual que se suele entregar en papel, Kobrin interpretó la obra programática “Cuadros de una Exposición” de Modest Mussorgsky, compuesta en 1874 e inspirada en pinturas de su amigo Víctor Harkman. Aunque esta obra está demasiado manida y puede llegar a resultar cansina -se interpreta cada año-, sigue teniendo mucha audiencia y sigue siendo una apuesta fuerte para cualquier recital. Además, Alexander Kobrin conoce muy bien el repertorio ruso y sobre todo del periodo romántico y su interpretación fue francamente limpia y depurada. La apoteosis del décimo y último cuadro levantó una gran ovación por parte del público y fue correspondida por parte del pianista ruso con una breve pieza de Debussy.


En definitiva, el programa elegido por Kobrin para un recital de piano no es para quitarse el sombrero y no está a la altura de su último recital en Gijón, sin embargo, las obras escuchadas presentan diferentes grados de dificultad y tuvieron una ejecución brillante. Kobrin ha bajado un poco el listón, pero sigue siendo una experiencia escucharle interpretar a Chopin.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

domingo, 6 de junio de 2021

Juancho Marqués: un rapero despistado

 


Juancho Marqués. Teatro de la Laboral, viernes 4 de junio, 2021.

Al abrir la página web de Juancho Marqués lo primero que aparece es todo un despliegue de merchandising con camisetas, sudaderas, vinilos… y arriba a la derecha el típico “carrito” para hacer la compra online. Pero si seguimos navegando por las distintas pestañas que tiene la web solo vemos muestras de negocio, como la propia página de conciertos o la “importante” pestaña de “Ayuda y soporte”, por si hay algún problema en las transacciones económicas. Y poco más hay. De hecho, para acceder a la discografía o a la biografía hay que molestarse y echar unos minutos hasta dar con ello. Y si a esto le sumamos que el cantante rapero últimamente afloja sus versos y se apunta a la ola del reggaetón facilón, ¿Qué idea percibimos del ex “Suite Soprano”? Pues que está en esto de la música para hacer caja, como podría estar en un supermercado o tener una librería sin haber leído tan siquiera un libro. Sin embargo, cuando sale al escenario y empieza a rapear te convence de que sus canciones (algunas) dicen verdad.

 Había expectación en el Teatro de la Laboral cuando el escenario se iluminó con “Luz Azul” y se percibió el cuidado sonido que proyecta Juancho Marqués, acompañado por una banda formada por guitarra, bajo, batería, teclados y su inseparable Dj Kaplan. Sin duda, “Álbum Uno” fue su mejor disco y de él sonaron temas como “Quema”, dedicado a los que han perdido a algún ser querido, la singular “Paralelo Circular” o la esperanzadora “Mil Pecados”, uno de sus mayores éxitos.

En contraposición con la calidad de “Álbum Uno”, también rescató casi todo lo que conforma “Summer Series” y toda la butaca repleta del teatro entonaba los versos de “Santa Mónica”, “Benicassim” o “Ibiza”. Temía que se convirtiera en una velada reguetoniana, pero estuvo comedido. Aun así, no podía faltar el último éxito “Te acuerdas que”, presentado el 14 de agosto del año pasado, desoyendo los consejos de su mánager que le decía que en agosto no se sacan temas. Una pena que no hubiera seguido su consejo y la hubiera enterrado para siempre.

Por lo demás, un concierto agradable con buen sonido, buen equilibrio entre las pistas grabadas y lo tocado en directo (gran bajista, dicho sea de paso) y un cantante cercano que conoce a su público, sabe lo que quiere y lo entrega. Juancho Marqués es uno de los mejores representantes del rap que tenemos en España y, aunque ahora esté un poco despistado y ande experimentando por jardines infructuosos -en cuanto a calidad me refiero-, a ver si hay suerte y es capaz de crear “Álbum Dos”.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

lunes, 24 de mayo de 2021

 


“Los Estanques”, Museo del Ferrocarril. Sábado, 22 de mayo de 2021. 


El Museo del Ferrocarril quiso celebrar la festividad del Día Internacional de los Museos con una banda de pop-rock progresivo y psicodélico que no deja de sorprender cada vez que sacan algo nuevo. Y ya van cuatro álbumes en cuatro años de “Los Estanques”, un grupo del que se pueden resaltar muchos aspectos positivos y pocos negativos. Sin duda, es una formación muy solvente que va más allá de la psicodelia setentera y el rock progresivo de largas composiciones y una prueba de que estos géneros se mantienen vivos. 


Abrieron con “Partiré hacia el sol” del álbum “II”, con una potente y animada base rítmica en la que se explayan con un solo de teclado de lo más atractivo a cargo de Íñigo Bregel, líder y compositor de la formación de origen cántabro y afincados en Madrid. En el segundo tema “Caminando hacia el mar”, con partes imaginativas en cuanto a ritmo y un estribillo pegadizo sobre el wah-wah de la guitarra, me llama la atención el batería (Andrea Conti), cuyo set se reducía a poco más que bombo, caja y charles. ¡Madre mía lo que es capaz de rellenar este chaval con las escobillas!


Siguen con el original, breve y divertido “Percal” para pasar a “Sentado al son”, y en este tema toca reparar en el bajo, ese instrumento imprescindible que siempre pasa desapercibido. Pues en esta ocasión no y ya no le quité el oído a los fraseos constructivos y seguros de Daniel Pozo en todo el concierto. Su manera de decir cosas es poco habitual en este género, a pesar de que la ecualización del bajo dejaba que desear en esta ocasión. También podemos destacar la labor de Germán Herrero, aunque poco inspirado con los solos de guitarra aporta mucho con las bases rítmicas, los cortes abruptos y bien definidos, la armonía y los coros. 


Respecto a las letras, en general están bastante bien pero hay de todo; algunas parecen un corta y pega de frases que suenan bien por sí solas pero sin sentido homogéneo (“Can Sagaz”, por ejemplo), otras son punzantes, directas  y sin artificios (“¡Joder!” ), las hay inspiradas y originales como “Rosario” o “Soy español, pero tengo un kebab” y, también, construcciones en pro de la rima consonante un tanto forzada, como “Efeméride”. 


Lo menos atractivo de “Los Estanques” es la voz: el timbre de Bregel no destaca por color ni resonancias y, además, tiene una tendencia a alargar las notas al final de las frases que desluce algunas partes cantadas. Sin embargo, la capacidad creativa de Bregel suple estas carencias. 

Y es que musicalmente estos chicos son muy buenos, tocan muy bien, conocen su oficio y se nota por todos lados que poseen un gran bagaje y cultura musical, con múltiples influencias. Las composiciones están llenas de dificultades técnicas con compases de amalgama muy bien medidos y modulaciones inesperadas. Los arreglos suenan frescos, divertidos y atractivos. Por ello, “Los Estanques” es una banda que merece la pena escuchar y seguir su trayectoria.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


sábado, 22 de mayo de 2021

Penélope Aboli y Patrin García-Barredo: Dos pianistas con libertad

 


Penélope Aboli y Patrin García-Barredo: recital de piano solo y a cuatro manos. Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes 21 de mayo, 2021. 

 “Al aire libre” es el título del programa ofrecido por las pianistas Penélope Aboli y Patrín García-Barredo en el penúltimo concierto de la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Un concierto atractivo y original de piano solo y a cuatro manos en el que se interpretaron obras de los compositores Crumb, Schuman, Ligeti, Bartók y Debussy.

A priori, resulta difícil encontrar una conexión entre estos compositores, ya que abarcan una enorme creación pianística en los últimos dos siglos, sin embargo, las intérpretes buscaron un nexo a través de un recorrido por distintas concepciones de los espacios abiertos, el cosmos y la naturaleza, seleccionando piezas que identifican estos elementos.

George Crumb (1927) es uno de los compositores americanos vivos más interpretados, (aunque casi nada por estas latitudes) y cuatro piezas de su obra “Makrokosmos” abrieron el recital, sumergiendo al espectador en una música poco convencional, donde Patrin García-Barredo se encargaba de percutir, rasguear e introducir objetos en el arpa del piano para alterar la sonoridad habitual del instrumento. Mientras, la sensibilidad de Penélope Aboli con las teclas quedó patente, ofreciendo un despliegue de pizzicatos, glissandos, trémolos, y otras técnicas contemporáneas de una manera elaborada y compleja, incluyendo citas a Chopin y a John Cage con su piano preparado. 

 Directamente, sin aplausos ni interrupciones (a petición de las artistas) se pasó del universo cósmico de Crumb al Romanticismo de Robert Schumann, con piezas de “Escenas del bosque” y “Retratos del Este”, ofreciendo una visión de la naturaleza bucólica a la par que hostil. Sin duda, no es fácil encontrar una conexión entre ambos compositores, sin embargo, este hecho aportó gran originalidad al concierto y apaciguó los oídos de algunos asistentes que gustan más de la música decimonónica.

Difícil la interpretación de “Cinco piezas para piano a cuatro manos” de Georgy Ligeti, sin embargo, la pareja formada por las dos pianistas funcionó perfectamente, respirando con sincronía, tanto en la “Marcha”, como en el “Estudio Polifónico” y, sobre todo, en las “Tres danzas nupciales”. 

Ligeti fue un compositor que influyó en Crumb, pero aún más influyó Bartók y su universo pequeño “Mikrokosmos”, una voluminosa obra de piezas progresivas que va desde partituras muy sencillas hasta las técnicas más avanzadas, como es el caso del “Volumen 5” que interpretó Penélope con gran profesionalidad. De Bartók también escuchamos la cuarta parte “Szabadban”, en húngaro “Al aire libre”, título que engloba el recital de Gijón y que da lugar a múltiples lecturas.

Para cerrar el programa, Patrin García-Barredo demostró dominio técnico de Debussy, uno de los compositores más profusos y complejos de la obra pianística. Entre “Images” y “Preludes” se lució ampliamente, cerrando a cuatro manos junto con su compañera Penélope con “En Bateau”, la primera parte de la “Petite Suite”, donde se percibe el continuo movimiento melódico sobre acordes quebrados a modo de barco navegando. Sin duda, la mejor interpretación de toda la velada.

Entre estos cinco compositores hay una significativa evolución del lenguaje con identidades propias y no es fácil abordar un repertorio así en un solo concierto, sin embargo, estamos ante dos pianistas maduras y que han sabido darle sentido a unas obras difíciles y heterogéneas con libertad. El aplauso sonoro fue agradecido por las pianistas con una danza a cuatro manos de Brahms, como propina. 

miércoles, 19 de mayo de 2021

M Clan en estado puro

 

M Clan, “Dúo Acústico”. Teatro de la Laboral, sábado, 15 de mayo de 2021. 

Los murcianos M Clan regresaron una vez más a Gijón, aunque esta vez en versión reducida. Un “Mini clan” formado por Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez, los originales de la banda, ofrecieron un concierto íntimo con el que poco a poco empezamos a ver luz. Y un buen síntoma de ello es poder asistir a conciertos de artistas que no son locales, como ha sido la tónica de los últimos meses. Y no porque tenga nada en contra de los de aquí, todo lo contrario. Como hemos podido constatar, tenemos artistas muy buenos de diferentes ámbitos, pero se echaba de menos carteles con más peso.  

“Filosofía Barata” abrió el concierto y se notaba cierto vacío sonoro; se echaba de menos los solos de Prisco o la contundencia de la batería, por ejemplo. Y por mi cabeza rondaba la idea de aburrimiento y sonido cansino: solo voz y guitarra tipo serrucho para rellenar, no pintaba bien. Sin embargo, seguidamente sonó “Souvenir” y la butaca llena cantando el estribillo con entusiasmo suplía las carencias de timbres contrastantes. Había entusiasmo por parte del público y profesionalidad por parte de los artistas que se manifestaron “felices y encantados de estar aquí otro año más”. Además, Tarque se desplegó con el cajón, la armónica, la pandereta o la guitarra, para aportar variedad.

En canciones como “Para no ver el final” es donde Tarque exhibe sus dotes vocales con un final de lo más soulero, aunque algunas notas se le escapen de afinación. Es uno de los mejores cantantes de rock que hay en español y en conciertos de este tipo, donde el sonido está desnudo de artificios, se percibe aún más su talento si está en buenas condiciones, que no siempre. Pero este viernes en el teatro de la Laboral fue un día de los buenos. Y volvió a mostrar su timbre rasgado en “California” y en “Las calles están ardiendo”, todo un alarde de potencia vocal.

El concierto fue un éxito porque no había ningún riesgo. Ellos son buenos, el público tenía ganas (para muchos era el primer concierto al que acudían tras muchos meses de pandemia), y la elección del repertorio no tenía desperdicio. Sonaron los temas más emblemáticos de la banda, desde el primer superventas versión de Steve Miller Band “Llamando a la Tierra” (cocinado por Alejo Stivel desde la producción), hasta la cansina “Carolina” de la que no pueden prescindir. Otro clásico que no faltó fue “Miedo” que Tarque dedicó a los sanitarios merecidamente, por estar en pie de guerra. Para mí, una de las mejores composiciones del prolífico Carlos Raya, con colaboración de Tarque.

Y para cerrar “Concierto Salvaje” que desde que vio la luz en el álbum “Delta” (2016), tenía todas las cartas para convertirse en un clásico imprescindible en cualquier gira. Y así fue, agradeciendo que no cierren con “Carolina”, que luego se te queda el soniquete en la cabeza de regreso a casa. En definitiva, se echó de menos a la banda en pleno y también hubiera estado bien alguna novedad o alguna composición nueva, pero al menos, vuelven las buenas canciones de rock en estado puro.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

 


Fran Juesas: un cantautor con gancho

 


Teatro de la Laboral, viernes, 8 de mayo de 2021. 



La suerte ha sonreído al cantautor asturiano Fran Juesas, pero es una suerte merecida, ya que no se puede meter en el mismo saco que a todos esos artistas “pelotazo”, que salen de un día para otro sin pasado y, probablemente, sin futuro. Detrás del micrófono y la guitarra que protegen al cantautor hay un trabajo y una constancia a base de tocar y tocar en infinidad de bares de toda la geografía asturiana, ganando adeptos poco a poco hasta culminar en la presentación de “Tiempo” en el teatro de la Laboral. Con una butaca casi repleta (teniendo en cuenta lo permitido por las restricciones), Fran Juesas junto con el pianista Edgar Olivero ofrecieron un concierto para todos esos cientos de Juesasliebers que le siguieron desde infinidad de pueblos asturianos. Juesas conocía a casi todo su público y había entusiasmo por ambas partes. 


El sonido bastante equilibrado y el orden de repertorio hecho con cabeza para que no decayera en ningún momento. Sin embargo, lo mejor y el gran acierto de Fran Juesas fue arroparse del músico y compositor Edgar Olivero. El pianista cubano le daba ese toque de sofisticación que faltaba en composiciones como “Nada” o “El resto del camino”, con unos coros superfinos y unos arreglos de piano muy logrados. Olivero es un musicazo que se ha curtido por los grandes escenarios acompañando a primeras figuras como Rosario Flores o Sole Giménez, entre muchos otros, y que destaca por su gran calidad musical y por su discreción, pues él sabe en todo momento quién es el artista principal. Los dos juntos llenaban el escenario y nada se echaba de menos. 

 

Otro de los aciertos de Juesas fue prescindir de éxitos comerciales de otros artistas que atraen a públicos menos adeptos, como acostumbra en sus bolos de bares. En su lugar optó por presentar nuevas canciones que plasmará en su próximo disco y un tema de Edgar Olivero sobre un niño cubano que soñaba con ser músico, con pinceladas de Eros Ramazzotti. Gran tema. 


Para despedir la velada sonó su éxito “Los años 80” y el público entusiasmado no quería que se acabara. Aún había tiempo hasta el toque de queda, así que Juesas se despidió con una versión de “Entre el cielo y el suelo” de Mecano, su grupo fetiche.


Fran Juesas es un cantautor con personalidad propia.  Aunque en algunos de sus temas denota un cierto parecido con Carlos Goñi de “Revólver” y en las canciones de desamor (o cortavenas, como él dice) nos viene un aire a Ismael Serrano, tiene una identidad. Las canciones de “Tiempo” son fáciles de digerir, no hay sofisticación de mensajes ni armonías y melodías complejas; las letras no son sabineras y tampoco tiene una voz espectacular, sin embargo, tiene gancho y engancha. Cae bien, canta y compone con sinceridad, por lo tanto, creo que tenemos cantautor para rato. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



domingo, 18 de abril de 2021

Sidecars. Mucha hambre de rock

 Sidecars: Gira “Ruido de Fondo”. Teatro de la Laboral, viernes, 16 de abril, 2021. 

(Fotografía de Marcos León, publicada en La Nueva España)


Dice el refrán que “a falta de pan buenas son tortas”, o en la versión asturiana “...buena ye boroña”.

Y eso ha pasado en Gijón: había tanta hambre de rock y de escuchar a una banda al completo, con buenos decibelios, potentes distorsiones y músicos trotando por el escenario, que los madrileños “Sidecars” sonaban como si fueran los mismísimos Rolling Stones en sus buenos tiempos. Yo lo percibí así y el aforo casi al completo del teatro de la Laboral también. Pero la banda en cuestión no es ningún icono del rock, solo es un grupo resultón que no se sale del estereotipo de bandas surgidas en los últimos años y que no aporta nada nuevo.  


La excusa era la presentación de “Ruido de fondo” y después de algún fastidioso aplazamiento “Sidecars” consiguió arrancar con un “Golpe de suerte” que sonó potente. La voz de Juancho -inevitable las comparativas con su hermano Leiva, misma tesitura y mismo estilo-, capitanea a una banda formada por sus colegas Gerbass (bajo) y Ruly (batería), junto con otros tres músicos que comparten gira para presentar su sexto álbum. Hay que decir que tiene mérito ofrecer una banda tan numerosa en estos tiempos porque con los aforos tan reducidos las cifras no cuadran igual, pero ahí están los seis músicos más todo el despliegue de técnicos y personal que conlleva una banda como esta.  


Tras cantar uno de sus anteriores éxitos, “La Tormenta”, el público estaba entregado y dispuesto a escuchar el directo de las nuevas canciones, entre ellas “Looping Star” o “Galaxia” que se intercalaban con himnos clásicos como “Cuestión de Gravedad” o “Fuego cruzado”. También hubo ritmos más cercanos al funk y algún rock and roll al más puro estilo de Ariel Roth. La balada “Dinamita” ponía algún color diferente al aportar sonidos extraídos del steel guitar y del hammond. Y por primera vez en la gira, contaron con la presencia de Angie Sánchez para cantar mano a mano “Quién sabe”, tal y como se grabó en el disco. 


Después de la potente “Garabatos”, con sonido denso, buenas distorsiones  y abruptos cortes que le daban vida al tema, siguieron con algunas más blandengues a base de edulcoradas introducciones de piano, como “Los Amantes”. 


El principio prometía y  parecía que, por fin, íbamos a escuchar un buen solo de guitarra en “Fan de Tí”,  pero ni en la introducción ni a mitad del tema pasó de los cuatro compases (otro tópico de este tipo de grupos). Una pena porque apuntaba maneras. Otro solo de guitarra salió de la Telecaster de Juancho en “Contra las cuerdas”, y esta vez sí fue largo, pero no pasó de ser más que postureo recorriendo escenario y laterales, sin llegar a decir nada. Aún así, como decía, había tantas ganas de escuchar rock que hasta los bendings más estereotipados “parecía” que sonaban como los de Brian May, y hasta el intercambio con el público de las típicas llamadas-respuestas recordaban al mismísimo Freddy Mercury en el Live Aid de 1985. En fin, todo un propósito.


Al fin y al cabo “Sidecars” es lo que es: una banda típica y tópica que sigue un patrón muy marcado y no se sale del guion ni un ápice. Pero funciona. Y esta vez mejor que nunca porque en un año de tanta sequía cualquier cliché más que masticado se siente como una absoluta novedad. El resultado es que el público se lo pasó estupendamente. Además, con experiencias como esta nos queda más que claro que la cultura es segura y si alguno de los presentes se contagió de Covid-19 seguro que en el teatro de la Laboral no fue. 


Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España



Olga María Ramos: Reviviendo el Cuplé

 

                        (Fotografía de Ángel González, La Nueva España)

“Evocación al cuplé”. Centro de Cultura Antiguo Instituto, sábado, 10 de abril de 2021.

Aplaudo la iniciativa del Centro de Cultura Antiguo Instituto por traer a su escenario central un género musical olvidado injustamente. Y es que no hay otro género que defina mejor la manera de vivir y pensar de las distintas clases sociales y, sobre todo, del estrato social más callejero y marginal de las tres primeras décadas del siglo XX. El cuplé está cargado de canciones sarcásticas, dobles sentidos, moralidad y picardía fina, todo un compendio de vivencias de las que carecen la mayoría de los libros de historia más voluminosos. La cupletista Olga María Ramos es una de las mayores responsables de que el cuplé siga vivo y con su propuesta “Evocación al cuplé” rinde homenaje a su madre, la cantante y violinista Olga Ramos y el compositor Enrique Ramírez de Gamboa, “El Cipri”.

Ramos vistió el escenario de boas y mantones multicolor (herencia de su madre, confesaba Olga), para rescatar las canciones más representativas del género. Con “Ven y ven” del compositor Álvaro Retana comenzó cantando y atrapando al público que agotó todas las localidades. Y sonaron los versos más conocidos de “Los Amores de Ana”, “Firulí, Firulá”, popularizado por Raquel Meller o el foxtrot por excelencia “Las tardes del Ritz”, entre otras aun más conocidas, si cabe, como el chotis “La Lola” de Francisco Alonso. Había ganas de cantar y de pasárselo bien. También hubo crítica para la cantante Carmen Flores cuando estrenó el cuplé “La Violetera”, a la que Ramos señaló por no ser capaz de cantar con la delicadeza que requiere el tema. Olga le imprimió ese toque de sensibilidad y dinámica que se necesita.

Durante todo el concierto la cantante estuvo musicalmente acompañada por el pianista Pablo Jiménez, que estaba atento a las entradas, salidas y los calderones que alargaba a su antojo la cupletista. Un pianista muy fino que conoce perfectamente su oficio. 

Otro protagonista del concierto fue el asturiano Juan Martínez Abades, el mejor compositor y el “pintor de cuplés” según Olga María. A él le dedicó la segunda parte del concierto rescatando “Mimosa”, “Mala Entraña”, “Agua que no has de beber” y “¡Ay, Cipriano!”, un lujo de canciones que la cupletista escenificó ataviándose con renovado despliegue de mantones.

Se vivieron momentos de nostalgia, sobre todo durante el cuplé que da título al espectáculo “Evocación”, que grabó su madre un año antes de morir.  escuchamos la grabación de “La Reina del Cuplé” durante la primera parte, mientras Olga María hidrataba la garganta con “champán de cañería” (como ella denomina al agua) para ofrecer en directo voz y piano la segunda parte de la canción.  

El espectáculo concluyó a ritmo de foxtrot cabaretero en tempo rápido,  con la popular "Vino tinto con sifón" y el público entregado acompañaba en los coros con discreción. Al terminar hubo esa sensación de incertidumbre que solo he visto en tiempos de pandemia: había ganas de pedir otra y otra, pero no sabemos muy bien cómo actuar por eso de que no se debe cantar, ni moverse, ni, ni...Total que Olga María Ramos nos dejó con ganas de más. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

martes, 16 de febrero de 2021

Bombará! Alegres sambas para un triste carnaval

 


Bombará! Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, sábado, 13 de febrero de 2021. 



Aunque no fue a propósito no hay otra fecha más adecuada que el periodo de Carnaval para la puesta en escena del espectáculo “Coisas do Brasil”, la propuesta de  “Bombará!”  con motivo del Festival de Jazz de Gijón. Este 2021 nos quedamos sin desfiles, carrozas o fiestas multicolor, sin embargo, al menos, hemos podido disfrutar de un recorrido por la música brasileña desde el inicio de la bossa nova hasta el momento actual con canciones de grandes artistas como Edu Lobo, Toninho Horta, Ary Barroso y, sobre todo, Antonio Carlos Jobim, compositor favorito de Helios Amor, alma máter del proyecto “Bombará!”


Desde el primer tema, “Fotografía” de Antonio Carlos Jobim, el sonido se escuchó contundente y los timbres bien empastados. En un arreglo que mezcla la samba más alegre con tempos lentos se lucieron Carlos Pizarro a la guitarra y sobre todo Cristina Montull al piano, con una calidad interpretativa brutal desde el primer tema hasta el último. Ya hemos visto a la pianista en otros repertorios más dispares y sabemos que todo lo que hace lo hace bien, por lo tanto, con los sonidos brasileños no podía ser menos. Así fue a lo largo de toda la velada, destacando en intervenciones como “Luiza”, también de Jobim o “Choro Bandido” de Edu Lobo. Y para completar el combo estaba Horacio García al contrabajo y Manu Molina a la batería, grandes músicos todos ellos y muy vinculados al Colectivo de Jazz Asturiano. 

  

Había tantas ganas de hacerlo bien -por aquello de jugar en casa-, que Helios Amor quiso contar con la intervención de otros músicos invitados, el primero de ellos el saxofonista Eladio Díaz (a su vez, encargado de cerrar el Festival de Jazz en esta edición), que ayudó a subir la intensidad con su calidad y su facilidad para improvisar en varios temas, comenzando por una bossa nova de Ary Barroso. También se contó con la intervención de Alba García (flauta travesera) destacando por la interpretación de “Te amo” de Chico Buarque y por las bellas improvisaciones en “Vocé”, otro de Jobim.


La buena introducción del contrabajo en “Beijo Partido” de Toninho Horta dio paso a un difícil arreglo armónico en las voces de los metales con la participación del trompetista Aitor Álvarez. Otro grande. Y ya todos en el escenario se despidieron con un complejo arreglo de Edu Lobo en el que hubo ocasión para demostrar una pequeña parte de lo buenos que son cada uno en su instrumento con una pequeña improvisación. Y es que en Asturias tenemos grandes músicos y les damos pocas oportunidades para demostrar lo buenos que son. 


Los multitudinarios aplausos provocaron un bis  y nos ofrecieron a ritmo de samba la alegre  “A rá” (La Rana) de Joao Donato, dejando en los presentes una sensación de haber podido disfrutar un buen rato en estas fechas de carnaval tan tristes. Ellos se lo pasaron muy bien y el público más. 


César Latorre: Jazz sin fronteras.

 


César Latorre. Festival de Jazz de Gijón. Teatro Jovellanos, viernes, 12 de febrero, 2021.



Con el pianista César Latorre arrancó una nueva edición del Festival de Jazz de Gijón tras su aplazamiento por las restricciones provocadas por la pandemia. Apostar por un pianista en cuya concepción sonora no hay límites y lo mismo mezcla melodías conocidas del ámbito pop con armonías del minimalismo y free jazz, es una gran elección por parte de la organización del festival. Muestra de sus múltiples influencias es “Lucidity”, el álbum que presentó Latorre en el teatro Jovellanos ante un público más bien escaso comparado con otras ediciones, probablemente  por causa de los cierres perimetrales.  


Fue difícil reconocer el tema con el que inició el concierto pero una vez captado vimos la gran capacidad que tiene el pianista para transfigurar esquemas y armonías lejos del sentido inicial. En directo  grabó un looper con el piano eléctrico desde un rincón del escenario y mientras éste sonaba Latorre se trasladó al centro para tocar con el piano de cola encima del ambiente grabado. Se trataba de una versión muy libre de “Me cuesta tanto olvidarte” de Mecano, un tema bien seleccionado y del que hizo una magnífica adaptación llevándola al terreno del jazz en una especie de meditación que sirvió para relajarse, pues no es fácil tocar en tierra patria sin sentir la presión. 


Siguió con un tema propio cuya traducción es “Como sobrellevarlo”, un título muy venido a cuento por las circunstancias, en el que demostró una solvente mano izquierda. A destacar la composición en directo del hipnótico “Montezuma”, interpretado en directo con energía y derroche técnico. 


Como era de esperar hubo homenaje al recientemente fallecido Chick Corea, uno de los grandes referentes  para  los músicos y los aficionados al jazz, “el Maradona del Jazz”, decía Latorre. Como homenaje escuchamos “Ilusión” un tema experimental en el que el pianista comienza jugando con las cuerdas del piano a modo de arpa en combinación  con las teclas y continúa metiéndose en senderos cercanos a Chick Corea, si es que se puede definir así, porque Corea es inabarcable. Para mí, “Ilusión” fue el tema más ambicioso de la noche, sin embargo, el más elegante y en el que más se muestra la personalidad de César Latorre fue “Pulaki” (pequeño pájaro en griego). Se trata de una composición más tranquila y paisajística con una melodía tonal azucarada y casi infantil que va madurando y transitando por distintos modos de modo sorprendente, de manera que cuando el oído se está aclimatando a un fraseo Latorre le da un cambio inesperado y te transporta a otro paisaje, retomando de vez en cuando a la primera melodía. Gran composición.


Seguramente muchos de los presentes nos fuimos de retirada tarareando aquella famosa canción titulada “Take on Me” de los guapos noruegos “A-ha”, superventas de los años ochenta. Es de esas melodías que se quedan en la cabeza y no hay manera de soltarlas y el culpable fue  César Latorre que la escogió para despedir su concierto. Con “Take on Me” jugó, la estiró y la transformó hasta que fue irreconocible y en este punto la volvía a retomar para que nadie se perdiera. Con una gran ovación fue despedido el pianista gijonés, demostrando una vez más su gran capacidad creativa y, sobre todo, su manera de ver y sentir la música. Sin fronteras. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España