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viernes, 20 de agosto de 2021

Alexander Kobrin frente a Chopin y Mussorgsky

 


Alexander Kobrin, Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. Teatro Jovellanos, miércoles 18 de agosto, 2021.  


Hace tres años por estas fechas apuntábamos en este periódico la audacia de Alexander Kobrin al abordar las tres sonatas de Chopin en un mismo concierto organizado por el Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. El éxito logrado ha provocado que en la presente edición del Festival se haya vuelto a contar con la presencia de Kobrin para el segundo y último concierto del Festival, que sigue apostando por mantener el nivel alcanzado en ediciones anteriores. 


El concierto en el Teatro Jovellanos se estructuró en dos partes compactas dedicadas a la música del periodo romántico y Chopin no podía faltar. Varias grabaciones en CD catapultan a Kobrin como uno de los grandes especialistas en el repertorio del compositor polaco y para este recital seleccionó varias piezas de distintas técnicas pianísticas. Para empezar “4 Mazurkas Op. 24” publicadas en 1836 que Kobrin abordó con una técnica que rebosaba sensibilidad, precisión y riqueza de planos sonoros. Continuó con la “Fantasía Op. 49”, compuesta cuando Chopin contaba con 31 años y estaba en un momento de convulsión política. La obra escrita en un solo movimiento con distintas indicaciones de tempo fue abordada por Kobrin con maestría, destacando la soltura con la que ejecutaba los pasajes de octavas terminando en una especie de marcha triunfal. Seguidamente interpretó “Berceuse Op. 57” o canción de cuna, la cual se basa en una serie de variaciones sobre un tema ostinato con una textura y sonoridad compleja que Kobrin demostró conocer profundamente. Finalizó la parte dedicada a Chopin con “Barcarola Op. 60” que Kobrin abordó en un tempo más lento que otros intérpretes, pero con sentido y conocimiento del autor. 

Ya en la segunda parte y tras las presentaciones de Andrea García, directora de producción del festival que sustituyó de viva voz al programa de mano habitual que se suele entregar en papel, Kobrin interpretó la obra programática “Cuadros de una Exposición” de Modest Mussorgsky, compuesta en 1874 e inspirada en pinturas de su amigo Víctor Harkman. Aunque esta obra está demasiado manida y puede llegar a resultar cansina -se interpreta cada año-, sigue teniendo mucha audiencia y sigue siendo una apuesta fuerte para cualquier recital. Además, Alexander Kobrin conoce muy bien el repertorio ruso y sobre todo del periodo romántico y su interpretación fue francamente limpia y depurada. La apoteosis del décimo y último cuadro levantó una gran ovación por parte del público y fue correspondida por parte del pianista ruso con una breve pieza de Debussy.


En definitiva, el programa elegido por Kobrin para un recital de piano no es para quitarse el sombrero y no está a la altura de su último recital en Gijón, sin embargo, las obras escuchadas presentan diferentes grados de dificultad y tuvieron una ejecución brillante. Kobrin ha bajado un poco el listón, pero sigue siendo una experiencia escucharle interpretar a Chopin.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 21 de octubre de 2019

Rosa Torres Pardo mejor que Lang Lang




Rosa Torres Pardo. XX Edición del Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro de la Laboral, jueves, 22 de agosto. 

Me consta que hay muchos aficionados a la música pianística que pagarían cientos de euros por asistir a un concierto de Lang Lang, sin embargo han estado reacios a pagar unos pocos euros por escuchar a una eminencia del piano como Rosa Torres Pardo, a juzgar por las múltiples butacas vacías del Teatro de la Laboral. Allá ellos y su supina ignorancia o esnobismo. Sin desmerecer al chino que va sobrado de dedos, de inteligencia, de técnica, de ideas y de todo lo concerniente al piano, pero yo me quedo con Torres Pardo, y más si interpreta a Debussy y Granados, como es el caso de su visita a Gijón para el vigésimo cumpleaños del Festival Internacional de Piano.

Varias veces ha visitado estas tierras y sus conciertos siempre son más que gratificantes, porque es una pianista brillante y segura. Así lo demostró abordando la “Suite Bergamasque” de Debussy, inspirada en las Fiestas Galantes del poeta francés Paul Verlaine. Los contrastes del “Preludio” dieron paso al singular “Menuet”, que Torres Pardo interpretó con soltura y delicadeza. Con la interpretación del famoso “Claro de Luna”, originalmente titulado “Promenade Sentimentale”, y los arpegios picados del “Passepied” dejó claro que la pianista domina totalmente al compositor francés, cuya obra está sólo a la altura de los grandes. 

De Debussy aún faltaba “Estampes”, estrenada por el pianista catalán Ricardo Viñes en 1904, que consta de tres piezas cortas e incluye la maravillosa “La Soirée dans Grenade”, de la que Manuel de Falla comentaba: "No hay ni siquiera una nota de esta música prestada del folklore español, y sin embargo, toda la composición en sus más mínimos detalles, expresa admirablemente España". Con la magnífica interpretación podíamos sentir el ritmo de las castañuelas y el zapateado de los pies. ”Jardins sous la pluie” es la última de las tres piezas de “Estampes” y la más difícil técnicamente, pero para Torres Pardo parecía un juego de niños. 
Pausa necesaria para desconectar del universo debussiano y sumergirse en Granados que, aunque contemporáneo del francés nada tiene que ver. A la pianista no le cuesta conectar con Granados, se podría decir que ya lo lleva en su ADN porque son muchas las horas que ha dedicado a este compositor muerto en un naufragio junto a su esposa, al ser bombardeado por un torpedo alemán durante la Primera Guerra Mundial,

Tres piezas de la historia de amor, de celos y al final la muerte, presente en “Goyescas” fueron la elección de Torres Pardo para finalizar su recital. Esta obra, inspirada en el pintor aragonés y convertida más tarde en ópera, fue interpretada por la pianista con gran solvencia y unidad estilística, mostrando todo el universo rico y complejo que Granados escribió.  Y es que Torres Pardo domina el repertorio español como pocos. En mi opinión, la pianista madrileña interpretando a Granados está a la altura de la gran Alicia de Larrocha, desaparecida hace una década.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

Nikita Mndoyants: El pianista ruso sube el listón



Nikita Mndoyants. XX Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro Jovellanos, martes, 20 de agosto. 

Elegante y precisa fue la interpretación de Nikita Mndoyants, en su concierto del teatro Jovellanos. Sonatas de Beethoven y Brahms protagonizaron una de las jornadas más esperadas del Festival Internacional de Piano, que mantiene su gran prestigio con invitados de lujo como el pianista ruso.

Comenzó con la “Sonata para piano n.º 17 Op. 31 No. 2”, más conocida como “La tempestad” de Beethoven. Si el primer movimiento fue discreto pudimos comprobar en el “Adagio” la gran capacidad de Mndoyants para captar el drama de la obra, creada en uno de los momentos más duros de la vida del compositor al confirmarse su sordera.  Fue escrita al mismo tiempo que la Sinfonía nº 3 (La Heróica) y comparte con ésta ciertas reminiscencias de carácter apasionado. El pianista ruso concluyó con mucha solvencia el tercer y último movimiento “Allegretto”, para brillar técnicamente con la siguiente obra del programa, la  “Sonata Op. 31, No. 3” conocida como “La Caza”, también del de Bonn. Los dedos ya estaban en forma para interpretar magistralmente esta obra de interpretación difícil a la par que menos frecuente y el cuarto movimiento “Presto con fuoco” fluyó con absoluta destreza al galope, a ritmo de tarantella.

Tras la pausa, escuchamos “Intermezzo”, una breve composición propia de carácter impresionista que recorría todo el rango del piano con largos pedales manteniendo el “leitmotiv” de forma recurrente. 

La tercera Sonata compuestas por Brahms fue el broche final del recital de piano. Una larga y compleja obra estructurada en cinco movimientos que representa una obra maestra de la literatura pianística, a pesar de que Brahms contaba con sólo veinte años  de edad. Mndoyants supo plasmar el equilibrio entre el fondo y la forma, que tanto le preocupaba al compositor. De hecho, Brahms no volvió a componer más sonatas para piano, quizás porque buscaba más libertad en las estructuras y se sentía más cómodo con otras formas compositivas. El pianista ruso demostró un gran conocimiento de la obra, destacando sobremanera en el Scherzo y arrollando en el “Finale”. 

La larga ovación  propició tres propinas, y después de un arreglo de Bach y una Bagatela de Beethoven nos fuimos del teatro entonando la repetitiva melodía del rondeau “Les Sauvages”  de Jean Phillip Rameau, con la que Mndoyants concluyó su recital, dejando el listón un poco más alto (si cabe), en este Festival Internacional de Piano que ya se consagra como uno de los más importantes del territorio español. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 3 de septiembre de 2018

Homenaje a Jesús González Alonso: Reivindicando lo nuestro

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Gala homenaje a Jesús González Alonso: Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 23 de agosto.


Rescatar nuestro patrimonio cultural y visibilizar a nuestros grandes es una tarea pendiente de la sociedad española, sin embargo, hay iniciativas que rompen la tendencia. Es el caso del Festival Internacional de Piano de Gijón que rinde homenaje a la figura de Jesús González Alonso, un gran pianista gijonés al que una muerte prematura (cuarenta y un años) frenó su vertiginosa carrera como intérprete. Ya desde el 2011 la organización del festival acierta al dar el nombre del pianista al festival, que cuenta con diecinueve ediciones y gana prestigio año a año. Una gran idea, sin duda.
Eventos como la gala ofrecida en el Teatro Jovellanos para conmemorar el treinta aniversario de su muerte, tienen una importancia crucial a la hora de reivindicar nuestro acervo artístico, el de todos los asturianos y, por extensión, el de todos los españoles. Para ello, una selección de alumnos  brillantes del festival interpretaron algunas de las obras más importantes de la carrera de Jesús González como intérprete.

Abrió la estadounidense Jojo Yan interpretando la virtuosa obra de Enrique Granados “Allegro de Concierto”, de la que Yan supo extraer el carácter intimista y mantener la línea melódica por encima del desarrollo de arpegios de gran velocidad. Técnicamente impecable y bastante cercana a la pasión interpretativa que requiere esta obra,  teniendo en cuenta la corta edad de la pianista.

Los cambios de tempo y el carácter jazzístico conseguido por la coreana Soyoung Jung en “Rhapsody in Blue” sorprendieron a los asistentes, que disfrutaron con esta obra tan genial. Gershwin fue un compositor muy importante en la trayectoria de Jesús González y por ello le dedicó parte del primero de sus discos. Como también pudimos disfrutar de la interpretación de Meta Cerv con “Ronda Serrana” de Oscar Esplá: las largas horas de ensayo quedaron plasmadas en esta actuación.  
El pianista Xiangyu Zhao interpretó con acierto las tres primeras piezas de la suite “Cuadros de Exposición” de Mussorgsky  y para finalizar el concierto pudimos escuchar una grabación de las dos últimas piezas de esta suite interpretadas por el propio Jesús González Alonso, “La cabaña sobre patas de Gallina”, más conocida por “Baba Yaga” y “La Gran Puerta de Kiev”.  Previamente ya habíamos podido comprobar la calidad artística de Jesús González Alonso, escuchando una grabación de “Albaicín” de Albéniz.


La elección de las obras para rendir homenaje al pianista fue un logro por la variedad de composiciones, de colores y de riqueza armónica que pudimos escuchar. Además, entre obra y obra la musicóloga Sheila Martínez nos narraba los hitos más importantes de la vida del compositor ilustrados con fotografías, contando, al final, con la presencia del pianista y director del festival José Ramón Méndez, que aportó el momento emotivo de la noche con sus batallas como alumno de González.  En definitiva, el homenaje a Jesús González Alonso estuvo muy bien contextualizado, con una buena selección de obras y magníficos intérpretes que convirtieron esta gala en una agradable velada reivindicativa de un gran artista gijonés.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Kobrin borda a Chopin

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Alexander Kobrin. Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro de la Laboral, lunes 20 de agosto.

Es difícil asistir a un concierto donde se puedan escuchar las tres sonatas de Chopin seguidas, pero el Festival Internacional de Piano de Gijón intenta ponerse en el ranking de festivales de primera línea y, para ello, cuenta con pianistas de primer nivel y de visión peculiar. Así fue en el Teatro de la Laboral con el pianista ruso Alexander Kobrin que hizo todo un alarde de buena técnica, de sensibilidad y de conocimiento sobre el compositor.
La interpretación siguió el orden cronológico de las composiciones y, aunque pueda parecer cosa menor abordar tres sonatas del mismo autor no lo es en el caso de Chopin. La No. 1 corresponde al Opus 4, es decir, su cuarta obra, compuesta cuando solo tenía dieciocho años y, por lo tanto, presenta cierto grado de inmadurez en relación a sus posteriores obras. No por ello es una composición fácil de ejecución, en Chopin no hay nada fácil, de hecho -propio de la juventud de un genio-, cuenta con pasajes escalísticos y saltos de octava endiablados donde se atragantan muchos pianistas. Alexander la interpretó con la misma facilidad que podría tocar una nana.

Nueve años después compone la Sonata No. 2, correspondiente al Opus 35 y en ese intervalo de tiempo Chopin ya había hecho aportaciones importantes y esenciales a las composiciones de piano, por lo tanto, esta obra presenta una evolución significativa en cuanto a madurez y originalidad.  A pesar de la poca calidad sonora que ofrece el Teatro de la Laboral para los conciertos de piano, la ejecución de Kobrin fue magistral en los cuatro movimientos de la Sonata, destacando el tercer movimiento, la famosa Marcha Fúnebre, que fue incluída como parte de la Sonata con posterioridad y por ello se conoce esta obra como “Sonata Fúnebre”. También es muy destacable el endiablado Finale que se sostiene en un perpetuum mobile cargado de tresillos muy difíciles de ejecutar.


Para finalizar la No. 3, (Op. 58), una de las obras más magistrales de Chopin donde la técnica está al servicio de la composición (a diferencia de la No. 1) y donde muestra un gran poder emocional y un compendio de logros técnicos y artísticos adquiridos a lo largo de muchos años. Si el Allegro maestoso y el Scherzo fueron ejecutados con solvencia fue en el tercer movimiento, Largo, donde Alexander desplegó toda su capacidad de emocionar, para luego dejar al auditorio con la boca abierta con su interpretación del endemoniado Finale.  Sublime. El auditorio se fundió en un largo aplauso obligando al pianista a saludar varias veces. Por su parte hubo una propina, tocando una pieza de Bach que el público agradeció de nuevo con cara de satisfacción por haber podido escuchar a un pianista de tan alto nivel interpretativo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España


jueves, 23 de agosto de 2018

Noche mágica con Debussy

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Festival Internacional de Piano de Gijón. Jardín Botánico, sábado 18 de agosto

Una cálida noche de agosto, con la temperatura adecuada (ni frío ni calor) y un entorno precioso como es el Jardín Botánico, resulta perfecto para escuchar un concierto monográfico sobre Claude Debussy. El Festival Internacional de Piano de Gijón en su XIX edición, quiso rendir homenaje a uno de los más grandes compositores de todos los tiempos en conmemoración con el centenario de su  muerte. Para ello contó con cinco pianistas solistas y dos dúos a cuatro manos que ofrecieron pinceladas de la profusa obra pianística del compositor, abarcando algunas de sus distintas etapas.

La joven pianista Ariel Mo fue la primera en subirse al escenario, abordando tres estudios de gran dificultad pertenecientes a un corpus de veinticuatro estudios publicados en dos volúmenes,  que sintetizan la técnica de escritura y la complejidad armónica adquirida por Debussy en la etapa final de su vida. No hay evocación a imágenes o argumentos poéticos, es pura técnica al servicio de la interpretación pianística, y buena técnica es lo que demostró Ariel al interpretar los estudios No. 5, No. 10 y No. 11, dedicados a la memoria de Chopin. Aunque no son los más difíciles recordamos las palabras que Debussy manifestó a su editor Durand acerca de ellos: “Mis estudios causarían horror  a sus dedos”.

Era el turno para la pianista Stephanie Draughon que interpretó la obra más famosa del compositor para piano, “Claro de Luna”, correspondiente al tercer movimiento de la “Suite Bergamasque”. Una obra inspirada en un poema de Verlaine y asociada a la cultura impresionista en la que Stephanie supo captar la intención contemplativa, entre melancólica y sensual y transmitirla a un auditorio que expresaba su satisfacción a través de intensos aplausos. También muy aplaudida fue la interpretación del “Arabesque No. 2”, una pieza de juventud con predominio de escalas pentatónicas y trinos.

La coreana Soyoung Jung, a la que podremos volver a escuchar el próximo miércoles en el homenaje a Jesús González Alonso en el Teatro Jovellanos tocando la obra más conocida de Gershwin, Rhapsody in Blue, hizo gala de su conocimiento sobre Debussy y su inspiración en la naturaleza interpretando las tres primeras piezas de la obra “Imágenes”. En esta obra Debussy muestra una gran capacidad para sugerir sin nombrar a través de la música y su primera pieza, “Reflexiones en el agua” es una buena muestra de ello. Su interpretación fue exquisita, al igual que la pieza “Homenaje a Rameau”.  

Obras más fáciles fueron las interpretadas a cuatro manos por los hermanos Carmona Gómez y por el dúo Baik/ Hartmann. Aunque más fáciles igual de hermosas y bien ejecutadas.  También con precisión Forrest Howell abordó la interpretación de “Images Oubliées” (imágenes olvidadas), una obra cuyo título ha sido premonitor, pues es muy poco interpretada. Por suerte Forrest Howell refrescó la memoria de los amantes de Debussy.

La breve pieza  “L’isle joyeuse”, interpretada con solvencia por la rumana  Andra Margineanu, puso el broche final a un concierto que parte de una buena idea y se concreta en una noche mágica.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Combate entre Prokofiev y Debussy



. Festival Internacional de Piano de Gijón. 
Frederic Chiu. Teatro de la Laboral. Jueves 24 de agosto.

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El Festival Internacional de Piano de Gijón clausura su decimoctava edición con una propuesta innovadora y una magnífica actuación a cargo del pianista internacional Frederic Chiu en el Teatro de la Laboral. Su propuesta resulta un tanto novedosa al plantearla como un combate musical entre Claude Debussy y Sergei Prokofiev: dos compositores que comparten época y dificultad técnica pero estilísticamente alejados entre sí, Debussy de estilo impresionista y Prokofiev más neoclásico. El concierto se planteó en cuatro asaltos y tras finalizar cada uno de ellos el público debía anotar en un papel su preferencia. El propósito de Chiu con este combate musical es que cambiemos todos de opinión.  Aunque sea un combate va a ser muy justo porque le encantan los dos compositores, y también nos advierte de que no hace falta ser entendido, lo único es disfrutar de la música y elegir.

El disfrute para los amantes del piano llegó desde el primer asalto, escogiendo piezas muy populares de los dos compositores: la “Suite Bergamasque” que incluye el famoso “Clair de Lune” de Debussy y tres piezas del ballet “Romeo y Julieta” de Prokofiev. Durante la interpretación de los dos cuatro movimientos de Debussy, Chiu visibiliza su particular estilo: interpretación elegante en las melodías y agresividad en las partes fortes con dinámicas contrastantes. El pianista nos ofrece un arreglo propio de la primera pieza del ballet de Prokofiev, “Alegría Pública”, muy rítmica y con algún pasaje cercano al estilo ragtime. “Los Montagues y los Capulets” fue interpretada con energía y precisión y una clara diferenciación de las líneas melódicas y rítmicas entre ambas manos. 

Para el segundo asalto nos ofrece una difícil comparación: “L’isle joyeuse” de Debussy y la “Sonata No. 3 de Prokofiev. Como puntos de unión son dos piezas en la misma tonalidad y compuestas en la misma época. También, las dos son de gran virtuosismo con pasajes muy rítmicos y de grandes complejidades armónicas.  Sin embargo es difícil decantarse por una u otra puesto que estilísticamente nada tienen que ver. Además, la interpretación de las dos fue magnífica.

Tras una pausa elige para el tercer asalto pequeñas miniaturas de ambos compositores. El experimento con la sonoridad y el color de Debussy quedó plasmado en “Jardins sous la pluie de Estampes” mientras que el sentido rítmico y la personalidad sarcástica y cínica de Prokofiev se deja ver en “Sarcasm No. 1”, “Dos Visions Fugitives” y “Sugerencias Diabólicas”, esta última de gran dificultad técnica y salvada con creces.  Termina el cuarto asalto con una gran interpretación de dos de las obras más importantes de los compositores: “Rèverie” de Debussy y “Toccata” de Prokofiev.

¿Quién será el vencedor de este magnífico combate? Frederic Chiu nos invita a ver el resultado en su página web en los próximos días. Por mi parte prefiero que la incógnita permanezca puesto que hablar de vencedores y vencidos comparando a dos de los mejores compositores de principios del siglo XX no tiene sentido, aunque en cuestión de gustos ya se sabe. Dada la excelente interpretación de Frederic Chiu lo dejaremos en tablas.

 Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.