sábado, 21 de marzo de 2015

Minimalista Madama Butterfly.

Ópera Madama Butterfly. Teatro Jovellanos. Viernes 13 de Marzo

¡Por fin! La ópera llega a Gijón para satisfacer a un público ansioso de vivir uno de los espectáculos más complejos de llevar a cabo, principalmente por la cantidad de recursos necesarios para una puesta en escena de poco más de dos horas. En este caso  se rescata una de las óperas más conocidas del verismo, una bella partitura cargada de emoción y dramatismo del italiano Giacomo Puccini, al que los compositores especializados en el séptimo arte le estarán eternamente agradecidos, pues ha servido de inspiración para multitud de películas del género dramático y romántico.
Minimalismo y austeridad definen la puesta en escena de una producción alemana (del Teatro Magdeburgo)  bajo la dirección escénica de  Olivia Fuchs, optando por trasladar la acción a mediados del siglo XX.  Se abre el telón y ante nuestros ojos  un escenario  totalmente blanquecino  con plataformas  de distintas  alturas y tamaños que sirven para desarrollar la trama.  La idea no es mala, no están los tiempos para grandes derroches. Además,  las diferentes alturas ofrecen al público una mejor visión de todos los personajes y las acciones que se desarrollan, aunque cause cierta incomodidad al devenir de algunos actores. De las ideas de Olivia Fuchs, aunque capto su intención,  no acabo de  encajar la colocación de la  nevera tipo retro años 50’ a partir del segundo acto.  Para mi gusto le dio un punto hortera a los decorados.  Lo más destacable de la puesta en escena es la iluminación, a cargo de Alfonso Malanda, siendo capaz de crear distintos ambientes para enfatizar distintas acciones, en especial el momento del  “coro a bocca chiusa” con los farolillos de colores. Muy bonito. 
En el aspecto musical, la soprano Carmen Solís estuvo convincente en su papel protagonista desde el primer instante, tanto en la interpretación artística como en la vocal.  En el primer acto fue  capaz de asumir la inocente personalidad de una geisha adolescente entregada al amor idílico hacia el teniente Pinkerton, plasmando esa inocencia en una interpretación vocal con finura y delicadeza  en los pasajes más pianísimos y con brillo y limpieza en los fortes.  También convenció  a partir del segundo acto, pues  poco a poco la  ilusión del amor de Cio Cio San hacia el teniente se ve golpeada por la cruda realidad.   Madame Butterfly (o mejor dicho madame Pinkerton) sumida en la pobreza, cuenta solo con la compañía de su hijo y de su criada Suzuki, pero aún conserva la ilusión  por el regreso de su marido y le canta a Suzuki el aria “Un bel dì vedremo” (un bello día veremos). Carmen Solís es capaz de abordar el aria más conocida de la ópera con una mezcla de pasión, nostalgia y tristeza,  hilando nota por nota la melodía con una gran expresividad vocal, sin caer en el dramatismo recurrente y logrando un buen empaste con la orquesta. La particella de la soprano es compleja y requiere gran resistencia porque abarca mucho registro y principalmente distintas emociones, desde la más ilusa e inocente hasta la más dramática y trágica.  Carmen Solís supo afrontar cada una de ellas con gran profesionalidad.  
 No puedo decir lo mismo del protagonista masculino. Eduardo Aladrén asume el papel de F.B. Pinkerton con luces y abundantes sombras.  El tenor se lució en muchas frases de intensidad media y tenue en las que pudimos apreciar su belleza tímbrica, pero se dosificó en exceso y le faltó fuerza, siendo continuamente  imbuido por la orquesta en los pasajes fortes y “devorado” por otros personajes secundarios en los dúos y tríos.   Tampoco supo culminar el “Vogliatemi bene” con el que se cierra el primer acto, cuando Pinkerton y Butterfly   tienen su primera noche apasionada, pues, faltó el Do de pecho final quedándose en un Si (casi bemol).  Aunque suene a frase hecha en este caso  es literal.  Me quedo con la curiosidad de verle en otros papeles y asegurarme de que un día malo lo puede tener cualquiera.
  Es  necesario destacar la estupenda actuación de algunos personajes secundarios, en especial el cónsul americano “Sharples” a cargo del  barítono  Manuel Lanza, interpretado con gran tesón, elegancia y  firmeza.  El bajo, Víctor García-Sierra,  en el papel del “tío Bonzo” también estuvo a la altura de las circunstancias.
 La Orquesta Oviedo Filarmonía dirigida por José María Moreno hizo un buen trabajo,  luciéndose en las partes instrumentales y sirviendo de apoyo a los cantantes cuando era preciso. La sonoridad que  se proyecta desde el foso del Teatro Jovellanos no es espectacular, por cuestiones físicas,  así que no se puede pedir más.
Mar Norlander para el periódico La Nueva España.


Concierto para clarinete y electrónica

EME 5. Fundación Municipal de Cultura, Centro Antiguo Instituto Jovellanos.  8 de Marzo, 2015
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Asistir como público  a un estreno absoluto  y poder deambular por  el escenario con total libertad, mientras tiene lugar un concierto de música contemporánea en directo, es una experiencia única.   Ocho altavoces marcan los límites del escenario (situado en el patio del Antiguo Instituto),    y dos músicos   desarrollan un juego espacial en octofonía  creando un continuo diálogo entre clarinete y electrónica.
 La oportunidad se presentó el domingo, durante  el concierto inaugural de la quinta edición de  “Encuentros de Música Electroacústica”, a iniciativa del  Taller de Músicos, de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón.  La  propuesta es por parte del clarinetista Miguel Pérez Iñesta junto con el compositor y sonista Antoine Daurat, en la que interpretan en directo cuatro piezas de Stefan Keller, Pierre Boulez, Antoine Daurat y Steve Reich. Además, los asistentes tuvieron el privilegio de disfrutar en primicia del estreno de  dos instalaciones sonoras del compositor y pianista Martin Hiendl, presente entre el público.

Una estación sonora, dotada de ordenador y varios  procesadores a cargo de Antoine Daurat, junto con cuatro atriles situados en diferentes puntos del escenario, por los que va pasando el clarinetista de una partitura a otra, enlazan las diferentes piezas de manera que el sonido nunca se extingue. La primera partitura es  “Immer da” del  suizo Stefan Keller,   en la que podemos apreciar un diálogo permanente entre el clarinete bajo, interpretado con gran precisión  por parte de Iñesta y los sonidos electrónicos  manipulados por Daurat mediante un ordenador.  Prosigue “Dialogue de l’Ombre Double” de Boulez, en la que hay un juego de sonidos a base de superposiciones entre la interpretación del clarinete en  directo y las muestras del clarinete pregrabado.  Es evidente que hay   un gran trabajo de estudio con magníficos resultados  por ambas partes. 
Seguidamente,  escuchamos el estreno de la  instalación sonora de Martin Hiendl titulada “Zeichnung1”.  La obra fue realizada a partir de 300 grabaciones del clarinete, colocadas  una encima de otra formando loops de tres segundos. El espectador siempre escucha 128 clarinetes a la vez, de manera que cada tres segundos aparece un clarinete nuevo y otro se va, produciendo una  continua rotación de sonidos.  Un proceso muy elaborado y de un alto grado de complicación.  Iñesta vuelve a cambiar  de atril para interpretar  “Salto”  de Antoine Daurat, en la que podemos apreciar cómo se extiende el sonido del clarinete mediante la manipulación electrónica, de manera que se  alargan y se alteran sus características físicas creando una polifonía.
Tras escuchar otra instalación sonora titula Zeichnung 2”  la performance concluye con  una pieza del compositor americano Steve Reich, en la que el sonido del clarinete en vivo y 10 clarinetes pregrabados interactúan para crear una sonoridad espectacular.
Solo queda felicitar a los responsables del Taller de Músicos por brindarnos la oportunidad de asistir en directo (y gratis) a la magnífica ejecución de  Miguel Pérez Iñesta, unida a la laboriosa y espectacular producción de Antoine Daurat sobre composiciones originales y únicas.

Mar Norlander para el periódico La Nueva España.

Jazz de lujo en Gijón


Dave Ambrosio Trío. Centro de Cultura Antiguo Instituto.  Ciclo “Jazz en el  centro”. 4 Marzo 2015.

Se dice que los tiempos no están para lujos pero, quizás el concepto de lujo habría que redefinirlo. Así lo entendemos los que asistimos a la presentación del nuevo trabajo discográfico de Dave Ambrosio Trío. Virtuosismo, gran calidad sonora y perfección técnica son los elementos más destacados en  uno de los conciertos más esperados del ciclo “Jazz en el centro”,  organizado por la Fundación Municipal de Cultura. Al contrario de lo que  muchos piensan, lujo y  dinero no siempre van unidos, pues,  por 3 simbólicos euros los asistentes pudieron disfrutar de una velada de  auténtico freejazz, cultivado en las más altas esferas de Nueva York. Evidentemente el aforo estaba al completo. 
 Dave Ambrosio es un contrabajista que decide formar su propio trío  para dar luz a un instrumento que, desde tiempos de Pachelbel permanece en la sombra.  Eso sí, que no falte en ninguna formación porque el vacío puede  producir vértigo. Pero Dave Ambrosio, con un curriculum de los que pesan, encuentra la manera de  darle la vuelta  a  la jerarquía que ocupa su instrumento arropándose con  2 músicos de la élite neoyorkina.  Es evidente la gran compenetración entre los 3 componentes que, desde el principio, logran mantener una atmósfera llena de contrastes dinámicos, en la que el “sonidazo”  cálido  del saxo tenor (Loren Stillman) se fusiona con el timbre redondo  y profundo de un  contrabajo capaz de abarcar todo el registro sonoro del instrumento.  Y para cerrar este perfecto triángulo equilátero, Russ Meissner, un batería que huye de los silencios, creando una base rítmica con patrones bien estructurados e integrando gran parte de las posibilidades tímbricas.  
 La melodía es la base de la construcción de sus temas.  Eso no quiere decir que la armonía estuviera ausente, todo lo contrario, las  melodías onduladas y ascendentes del saxo, en contraposición con otras más quebradas  y descendentes (en varias ocasiones con notas dobles), a cargo del contrabajo logran un desarrollo armónico modal sugerente y asequible para el oído en la mayor parte de los fraseos.   
Cambiando la trayectoria habitual de tocar los temas más potentes y llenos de energía al final de cada concierto optaron por terminar con  una pieza a medio tempo, precedida de otra bastante lenta.  Creo que la elección no fue correcta porque dejaron al público frío (no pidieron bis), aunque muy adecuado para el descanso nocturno, pues al día siguiente  hay jornada laboral.

Me resisto a concluir sin expresar mi admiración por mi vecina de asiento (una señora cuya edad sobrepasa los 80 y a la que no tengo el gusto de conocer), pues  me cautivó desde el primer tema por la intensidad con la que vivió el concierto, eso sí con discreción. 
Mar Norlander para el periódico La Nueva España 

domingo, 15 de marzo de 2015

Y el show continuó


Eli “Paperboy” Reed Trío.  Sala Acapulco.  

Un gran dominio del registro agudo y un potente y controlado falsete definen la voz de este artista originario de Boston que, además de cantar,  toca la guitarra y la armónica a un nivel  bastante aceptable.  Rock and Roll al más puro estilo de Memphis, Blues,  Rythm & Blues, mucho Soul aderezado con toques Funk y cierto aire Gospel,  un par de baladas lentas en compás ternario y alguna versión de  temas del mítico James Brown,  forman el grueso del repertorio que pudimos escuchar  en la sala Acapulco, de la mano de Eli “Paperboy” Reed,  junto con  Jacke Leckie (contrabajista) y Eli Keszler (batería).  Están de  gira por España durante el mes de marzo, presentando  su   'Walkin & Talkin 10th Anniversary Tour', para celebrar el décimo aniversario de su primer disco. 
Buen sonido, buenos instrumentistas, una voz portentosa y  grandes dosis  de empatía con el público. Con todo esto  me estaba aburriendo. No estaba escuchando nada diferente a lo que en ocasiones pasa por la sala Savoy de Gijón. El grupo telonero tampoco supo crear el clima necesario para entrar en calor,  pecando de falta de ensayo y de abuso de temas lentos y medio tempo. Así que dudaba entre irme y no escribir nada sobre el concierto o quedarme hasta el final para ver qué pasaba.  Opté por lo último y acerté.
El cantante se desprende de su guitarra y  de su chaqueta. Tras dar un golpe fortuito al micrófono  la voz de Eli se queda en silencio.   Intenta ajustar el cable pero el micro  no responde. Es el momento estelar de su actuación en la que hace una demostración de sus grandes dotes vocales, con quiebros y desgarros en el falsete más agudo, en un homenaje a James Brown.  Lejos de achicarse, retirarse y esperar a que los técnicos solucionen el problema  se arma de coraje y decide continuar, a capella.  El público más afín sabe valorar el esfuerzo, pues el techo de la sala es bajo y totalmente plano, por lo que no favorece la proyección de la voz sin amplificar, así que   pide a  los  demás asistentes, “silencio, por favor”.  Eli “Paperboy” Reed continúa, dejándose el hígado en  cada gesto, en cada palabra y en cada frase  (incluyendo la pose de rodillas y los manotazos en el suelo), hasta lograr el delirio del público que supo apreciar la energía, el valor y el  desgaste de sus cuerdas vocales. El micrófono fue sustituido y pudimos volver a escuchar la voz a pleno rendimiento.  
Estamos hablando de arte, por lo tanto   no basta solo con cantar o tocar  bien, lo que esperamos y apreciamos de un artista es  que se deje el alma en el escenario.  Así lo hizo, y así se lo agradeció el público con aplausos muy sonados y   pidiendo un par de bises para no dejar de bailar y cantar al ritmo que marcaba Eli “Paperboy” Reed Trío.

Mar Norlander para el periódico LA NUEVA ESPAÑA. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Ángel Stanich, una experiencia intensa

Un tipo feo para esta época (con perdón), aspecto desaliñado y parco en palabras,  voz rozando lo desagradable y estridente sobre todo en los registros agudos, amén de que el sonido de la sala tampoco le favorecía.  ¿Quién es  Ángel Stanich? Sus canciones se han convertido en himnos  entonados  y allá por donde pasa va ganando adeptos, como  si del “guitarrista” de Hamelín se tratase.
Se presentó el sábado (28 de febrero) en la sala Acapulco de Gijón dispuesto a no defraudar a cientos de seguidores.  Tras una estupenda actuación de los teloneros “Caballo Loco” sube al  escenario  arropado por una guitarra acústica y comienza a  entonar su “Amanecer Caníbal”. El público va cogiendo posiciones en primera fila   mientras el cantante desgrana una historia surrealista a la par que poética.    Casi al final del tema entra el resto de la banda para transformarlo en un rock sureño que coge velocidad al ritmo del taconeo de Stanich. 
Este enigmático artista, originario de Santander y residente en Madrid,  acaba de publicar hace pocos días el EP “Cuatro Truenos Cayeron”, con dos temas nuevos, “Carbura!” y “Mojo”,  que hay que añadir a su álbum “Camino Ácido”. Fue descubierto por Javier Vielba  en Valladolid, quien decidió producir  su primer disco.  Su apuesta de momento le está saliendo bastante rentable,  pues la  agenda de conciertos  está bastante repleta.
En el tercer tema saluda al público invitándoles a recorrer su “Camino  Ácido” junto con 3 estupendos músicos que le acompañan en la gira; Alex Izquierdo (bajista), Víctor L. Pescador (guitarra) y Lete G.  (batería).
Para “La noche del Coyote” pide silencio  (sólo un momento), pues el tema empieza muy bajito con guitarra y armónica. Poco a poco van subiendo los decibelios, el ritmo y la tensión,  mientras nos cuenta qué va a ocurrir la noche en la que el  Coyote pille al Correcaminos.
 Tras  anunciar las “últimas curvas del espectáculo”, eso sí, promete que serán intensas, prosigue con “Último aviso para el siglo XX” con un  público entregado que  canta sus versos y protesta,  pues la función se acaba. Pero no se puede cerrar una magnífica actuación sin volver a entonar “Metralleta Joe”, convertido en el himno oficial de los seguidores de Ángel Stanich:    “Hey, Joe, si me vas a matar / déjame al menos que termine mi sándwich”.
¿Qué tiene la música de Stanich?    Madurez, originalidad, energía, sonidos envolventes muy bien trabajados, cambios de ritmo  y sobre todo buenas letras. Rimas surrealistas, controvertidas, cargadas de ironía y humor, donde se fusionan personajes de ficción y de la vida real  para contarnos historias absurdas que despiertan la imaginación del más apático.  Es difícil de definir pero todo aquel que haya podido presenciar uno de sus conciertos en directo sabe de qué hablo.   

Mar Norlander para La Nueva España 


domingo, 1 de marzo de 2015

Maldataskull, jazz sofisticado y enérgico.

Llegan a Asturias para promocionar  su primer disco “Coton” y, para ello escogen el  Café Plaza Doze  de Gijón que, en pocos meses de existencia se consolida como un gran templo de culto para los aficionados a la buena música, no sólo jazz.
Originarios de Madrid, la trayectoria musical de Maldataskull comienza  en el Musikenne  de San Sebastián, donde se conocieron Jorge Castañeda (piano), Darío Guibert (contrabajo) y César de Frías (batería) cursando estudios superiores de jazz. Tras curtirse  en diferentes escenarios y festivales haciendo versiones  de otros,  paso a paso se fueron consolidando como trío. Pocas formaciones  de jazz (y de otros géneros) hay en España  de los que se pueda decir que forman un verdadero grupo consistente y engranado,  tallado a base  de muchas horas de ensayo tocando juntos hasta lograr adivinar qué sugiere el compañero por la forma de respirar.  Lo  curioso es que esta  consistencia la han alcanzado en tan solo dos años y medio.
Los integrantes manifiestan estar influenciados desde el jazz tradicional de Duke Ellington o Teddy Wilsson hasta el  jazz actual  más en la línea de Brad Meldhau, The Bad Plus,  Hiromi Uehara o Esbjorn Svensson.  Pero no sólo de jazz vive el hombre así que también alimentan sus oídos con géneros muy variopintos  y dispares como el thrash-metal, el hip-hop o el rock progresivo que, a priori, nada tienen que ver con el jazz, sin embargo ellos saben beber de la esencia de cada estilo y aplicarlo a un proyecto muy particular.

Tras escuchar el primer tema de su nuevo disco se intuía por donde iban los tiros  y, al  finalizar el tercer tema el público se entregó por completo a los  aplausos y vítores  hacia 3 grandes músicos que saben lo que se traen entre manos. Mientras desarrollaban los temas  hacían sutiles guiños,  a motivos musicales muy conocidos (Mario Bross, la Marcha Imperial de Star Wars, etc.),  causando la satisfacción  y la sonrisa de los oyentes,  entre ellos,   músicos de primera línea del panorama asturiano que no dejaban de manifestar su entusiasmo. En definitiva, un tema tras otro,  hasta un total de 12 composiciones que forman “Coton”,  dejaron encandilados a un público que permaneció fiel hasta el último bis.   No es de extrañar, un grupo con una gran madurez musical (a pesar de su juventud), buen sonido, buenas ideas, buena técnica y mucha energía son elementos más que suficientes para satisfacer a los aficionados a la buena música.
Mar Norlander para La Nueva España


Un ingenioso gato para despedir FETEN

Feten apuesta por un espectáculo donde música, danza, teatro, escenografía, video-mapping y grandes dosis de buena voluntad y entusiasmo se unen para darle vida al gato más famoso de los cuentos recopilados por Perrault. La partitura corresponde a Rogelio Groba, un compositor gallego cuya firma abarca más de 600 obras de una gran variedad de géneros musicales. Para esta producción se acude a una partitura sinfónica, inédita, titulada "El Gato con Botas" y a una adaptación literaria del cuento de Perrault a cargo de Manrique Fernández.
El estreno tuvo lugar en noviembre del 2014 en el teatro Colón de La Coruña y, pocos meses después, el teatro Jovellanos se viste de gala, con un lleno total, para clausurar la vigésimo cuarta Feria de Teatro Feten, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Gijón. Los protagonistas son los niños y las niñas ávidos de disfrutar de una función que se anuncia como ópera para niños, aunque considero que ese término no encaja con lo visto.
En el centro del escenario la Orquesta de Cámara Galega, formada por 18 músicos y dirigida por Rogelio Groba (hijo), da comienzo a la obra con una obertura musical a modo de fanfarria. Mientras, dos bailarinas recorren el escenario de un lado a otro y un texto impreso en un gigante libro, proyectado en el fondo del escenario, nos sitúa en el contexto en el que se va a desarrollar la acción.
La primera conversación entre el gato y su amo está ambientada por una partitura que describe, por un lado la tristeza en la que se halla sumido el "futuro" Marqués de Carabás y, por otro, las ideas ingeniosas del gato (muy alto, por cierto) ¿cómo lo hacen? Creando contraste entre las cuerdas en agudo y la sección de metal en grave para darle tensión y suspense a las intervenciones de un felino dotado de gran ingenio y picardía. Así, la orquesta deja claro desde el primer momento cuál es su función: dar vida a los pensamientos, al estado de ánimo y a la clase social de los personajes que van apareciendo en la escena. Música correcta (aunque poco original) y llena de tópicos que funcionan.
La obra está concebida para unos actores y actrices que interactúan en varias ocasiones con un público entregado y con ganas de pasárselo bien. Y lo consiguen a base de una buena interpretación por su parte, supliendo las escasas dotes líricas de las voces.
El video-mapping sustituye a los habituales grandes decorados teatrales y se encarga de ambientar las diferentes escenas y lugares por los que transcurre la historia de la azarosa vida del gato y su amo. Todo esto, junto con un vestuario bien diseñado para la ocasión y la participación del público más sincero y crítico, sumerge al espectador, durante 55 minutos, en una fantástica historia atemporal.
Por Mar Norlander para La Nueva España

sábado, 21 de febrero de 2015

Cultura de masas ¿mala?


Umberto Eco, para ilustrar su pensamiento sobre los movimientos pop y la cultura de masas, en los años 60', contaba en una entrevista lo siguiente: Picasso acababa  de terminar el retrato de Gertrude Stein y alguien le objetó que no se parecía a su modelo.  Picasso contestó: “Ya se le parecerá”. Con ello no quería decir que Gertrude Stein envejecería  o cambiaría para llegar a parecerse a su cuadro; quería decir que, desde aquel momento, los demás empezarían a  ver a Gertrude Stein  a través del filtro de su cuadro, con lo cual las semejanzas se habrían establecido.

Numerosos teóricos, filósofos, sociólogos, economistas….han hablado y escrito cientos de páginas sobre  lo que se conoce como  “Cultura de Masas” a lo largo del siglo XX.  Las posturas han ido  oscilando a favor y en contra a lo largo de las décadas, si bien es cierto que en un primer momento, con las teorías de Adorno,  los  argumentos  eran radicalmente opuestos a esta cultura emergente, según han pasado los años parece que se han suavizado,  y ya las últimas opiniones tienden a ver  más elementos positivos que negativos.  
La industria musical tiene poder para manipular los gustos  de los consumidores,  en base a una rentabilidad económica, -objetivo final  del mercado en una  sociedad capitalista-.  Su capacidad para fabricar a escala masiva productos, ideas,  estéticas,  estilos, sueños e ilusiones  provoca -en numerosos casos- una tendencia a la estandarización y a la repetición de productos que “funcionan”. 
Picasso  plasmó en el lienzo  una serie de rasgos  de la fisonomía de Gertrude Stein,  destacando lo que le parecía más conveniente y desechando otros rasgos que, quizá para otros ojos serían más destacables.  La industria musical  también plasma  en sus productos finales una serie de rasgos  que definen un estilo, sub-estilo, género  o tendencia, y al mismo tiempo desechan otros rasgos.   Entonces  ¿Qué diferencia hay entre Picasso y la industria musical? En su forma de proceder ninguna, diría yo,  pero la diferencia  más importante está en los criterios, puesto que Picasso lo hace según su propio criterio y la industria musical actúa en base a cuotas de mercado. Pero, ¿estamos   seguros de que Picasso no actuaba igual que la industria musical (en base a cuotas de mercado)? La respuesta es sí, estamos seguros,  porque si no fuera así no sería el gran genio creador español.  Y si es así ¿por qué contestó “Ya se le parecerá”?

Hay una tendencia generalizada a pensar que detrás de la industria musical, creadora de culturas y de productos para las masas, existen mentes oscuras  y malévolas con una única finalidad: enriquecerse económicamente a costa de la “masa” pasiva y sin capacidad para pensar. Y tendemos a olvidarnos de que detrás de todo esto también hay “genios creadores” que no firman su producto con su propio nombre, sino que lo hacen a través del sello de una discográfica, pero no por ello son menos geniales y menos creativos. 
Por otro lado, si bien es cierto que una parte de la sociedad, “masa”, no tiene criterios de selección  y actúa de forma pasiva, consumiendo “lo que le echen”, nos olvidamos de que la norma de nuestro tiempo se basa en la diversificación,  la cual ha inundado todos los campos de la cultura: las plataformas multimedia (spotify, itunes, youtube…),  las revistas especializadas, los  canales de televisión, la infinidad de  emisoras de radio,  la oferta cultural que se desarrolla en cada ciudad o pueblo,... Según  un artículo de la revista Rolling Stone, (creo que fue publicado en el 2010), cada año se graban y editan una media de 250.000 discos y la tendencia va aumentando exponencialmente con los años.   Esto ha hecho que los consumidores hayan logrado una autonomía suficiente para que no sean manipulados, si no quieren serlo. Lo que está claro es que en sus manos tienen la última decisión.  
Los detractores de la cultura de masas suelen formular sus teorías en base a los mismos o similares argumentos: el consumidor pasivo, la mano negra manipuladora de la industria, la ignorancia de la masa… “La cultura vulgar contemporánea es brutal y perturbadora”  decía Leslie Fiedler en  The Middle Against Both Ends, (1957).
 Creo que respecto a esto no deberíamos olvidarnos de que todos pertenecemos a la masa y todos formamos parte de ella en muchas de sus facetas. Puede que yo sepa algo de música y, por lo tanto,  sea muy selectiva a la hora de escuchar lo que quiero, pero tan sólo sabría nombrar un par de  títulos de revistas de comics actuales, no podría llegar a decir el nombre de 10 arquitectos (actuales) y probablemente no sabría diferenciar ni nombrar ningún estilo o corriente de la pintura asiática (ni actual ni antigua). Conclusión: yo también soy  de la masa ¿y qué?




[1] RAGUÉ ARIAS, Mª José.  Los movimientos pop. Salvat Editores, S.A. Barcelona,  1973.

sábado, 19 de julio de 2014

El Melólogo de Carbonell


Ansiosa porque lleguen las 8:30 y se abra el telón del escenario del Teatro Jovellanos....  El cartel anuncia un melólogo interpretado por el humorista, actor y cantante Pablo Carbonell titulado "Melólogo. El poeta escribiendo un monólogo".  Sólo con el título me invaden numerosos recuerdos acontecidos hace un año, de los que no voy a hablar pero...ahí están.
El melólogo es un subgénero teatral de 1 sola persona con acompañamiento musical.  No se canta y la música  sirve para subrayar los pasajes culminantes o emotivos  y también de transición entre un pasaje del monólogo y otro. El invento se debe  a Jean Jacques Rousseau cuyo "Pygmalion" tuvo un gran éxito en el siglo XVIII. 

En España, el nacimiento del melólogo está vinculado a Tomás de Iriarte, dramaturgo neoclásico, traductor, famoso por su fábulas literarias, y también  músico (tocaba el violín y la viola).   De él se dice que instaura el melólogo puro nacional con la obra "Guzmán el Bueno", estrenada en 1790 en Cádiz. Al poco tiempo se estrena en Madrid en el teatro Príncipe, con una introducción a cargo  de Luciano Comella.  A diferencia de Rousseau, los melólogos de Iriarte tienen una estructura musical mucho más elaborada y  "Guzmán el Bueno" está ideado para despertar emociones más complejas que las de "Pygmalion".  En definitiva, con este género Tomás de Iriarte logra un gran éxito (1790) pero tiene la mala fortuna de que  en 1791 se muere.

Al morirse Iriarte, Luciano Comella ve la oportunidad de aprovechar el tirón y  hace un melólogo titulado "Doña Inés de Castro", cuya temática trata de desamores entre Doña Inés y Don Pedro el cruel (Pedro I de Portugal).  Es  un melólogo de dos personajes (característica diferente a los de Iriarte)  y representan sentimientos y pensamientos cuidadosamente seleccionados, en un tiempo y un espacio limitados, durante una crisis de infortunio.   Se habla continuamente de la poca dignidad en el estilo de Comella.  Leandro Fernández de Moratín critica a Comella en La comedia nueva  o el Café.   También se le critica porque se aleja del monólogo puro. En cuanto a la técnica compositiva imita los cambiantes tonos musicales de Iriarte (eso de imitar sigue estando mal visto por los occidentales).  Estos cambios están más dirigidos a agradar al auditorio que a adecuarse al personaje.  La forma de moverse los personajes, as corridas de un lado a otro, los delirios,…. también son muy criticados y por ello hacen una parodia sobre el personaje de Pedro el cruel que pasará a ser “Perico el de los Palotes”. Dicen algunos que de ahí surge el nombre que utilizamos en el argot popular para nombrar a un personaje (o persona) que pasa, de ser temido a ser ridiculizado por bobo y calzonazos. 
En el melólogo de Carbonell no se lo que me voy a encontrar, pero teniendo en cuenta que el espectáculo está enmarcado dentro del Festival  de Música Antigua de Gijón la profesionalidad está garantizada.  Al mismo tiempo Pablo Carbonell es un humorista como la copa de un pino así que auguro grandes dosis de carcajadas ( o por lo menos sarcasmo y humor), aderezadas con buena música a cargo de Aarón Zapico.
Creo que me lo voy a pasar muy bien.

sábado, 12 de julio de 2014

Bienvenido Chucho Valdés



Hace pocos días hablaba de la pianista brasileña  Eliane Elías y su participación en Calle 54.  Hoy me toca hablar de otro protagonista de Calle 54, pero esta vez por motivos  muy diferentes.

Desde ayer los españoles  podemos presumir de contar entre nuestros paisanos con uno de los mejores pianistas del mundo, el gran Chucho Valdés.  Desde el 2006 reside en España  y ayer viernes le ha sido concedida la nacionalidad española.  
En los últimos 3 discos que ha publicado en solitario  (Border-Free, Chucho's Step y El último Trago)  se puede apreciar cierta influencia y un acercamiento a  la música del sur de España y los ritmos del  norte de África, quizá   fruto de su residencia en Málaga.  Además el beneficio de su residencia en España es doble para los aficionados a su música, puesto que, como se puede apreciar en la AGENDA  de su página web, hay varios conciertos en distintas provincias del territorio español para este verano. 

Para los que no lo conozcan Chucho Valdés es uno de los mejores pianistas de latin jazz de todos los tiempos. Como creador, pianista y director de la gran banda “Irakere” ha recorrido más de medio mundo, mostrando sus raíces afrocubanas en los escenarios más prestigiosos. Es hijo del que fue director de la sala “Tropicana” en La Habana durante muchos años hasta su exilio, el recién desaparecido Bebo Valdés y su carrera como pianista en solitario ha sido vertiginosa.  La naturaleza le concedió unas manos muy grandes  (perfectas para interpretaciones de obras de Rachmaninof) y su formación desde la cuna con los mejores maestros le han llevado a convertirse  en uno de los pianistas más respetados de todo el mundo, por su sentido del ritmo, su amor por la música de su tierra, amén de su increíble virtuosismo. 
Ante figuras como Chucho Valdés lo mejor es callarse y escuchar, así que Bienvenido Mr. Valdés.

martes, 8 de julio de 2014

Eliane Elias en Calle 54

14 años han pasado desde el estreno de Calle 54, un film de  Fernando Trueba  cuyo principal protagonista es la música de jazz en sí misma y que, al contrario que la gran mayoría de las películas, es la imagen la que está subordina a la música. Solo en este aspecto me recuerda a las películas de cine ruso de principios del siglo XX (principalmente Eisenstein), en el que se rodaban escenas para fragmentos musicales previamente concebidos, dándole a la música un protagonismo importante. A priori puede parecer que no hay narrativa en Calle 54 y, por lo tanto, no es una película sino un documental sobre el jazz latino, sin embargo es ambas cosas. Es documental porque sus personajes existen antes y después de la filmación, pero también es película puesto que hay una estructura deliberada por parte del director y hay una presencia musical que queda enmarcada dentro del film y no se puede extrapolar. O sí, pero ya no es la misma música. Basta escuchar cualquier grabación en CD de un mismo tema que ha sido interpretado en Calle 54 y podremos observar que no suena igual, puesto que las circunstancias de la interpretación han variado, por lo tanto esa música queda enmarcada dentro de la película y sólo en ella. 

La calidad de la grabación del sonido es sublime y la elección de los músicos por parte del director es incuestionable. Quizás podían estar otros, pero es innegable que todos los que están se han ganado con creces el podium entre los mejores músicos de latin-jazz. Trueba la define como película-documental cuyo principal protagonista es la música de jazz y concretamente el jazz latino. El propio director nos relata en su libro la importancia de este género y lo que le hace diferente del resto, matizando la idea de que el jazz se ha convertido en “una música para músicos”, pues el jazz fue inicialmente una música popular bailable (Trueba 2000: 10).

Paquito de Rivera y su disco Blowin’ (1981), fue quien provocó la adicción de Fernando Trueba al jazz latino: quizás por ello inicia el film con el saxofonista y su obra “Panamericana”. Además de Paquito de Rivera la película está protagonizada por Eliane Elias, Chano Domínguez, Jerry y Andy González, Michel Camilo, Gato Barbieri, Tito Puente, Chucho Valdés, Chico O’Farrel y su orquesta, Bebo Valdés, Orlando “Puntilla” Ríos y Nueva Generación, y The Fort Apache Band que acompaña a Jerry González con los créditos finales. Entre todos ellos interpretan 13 temas magistrales, algunos escogidos por los propios autores y otros por sugerencia de Fernando Trueba, acompañados cada uno por sus músicos habituales.


Relatado (un poco por encima)  lo que podemos ver en Calle 54 (si es que alguien no la ha visto), me quiero detener en  algo que me ha llamado la atención recientemente ( y eso que la he visto montones de veces, por trozos y entera). La grabación en el estudio con Eliane Elias. A ver si soy capaz de contarlo de manera tan sutil como  conduce las imágenes el propio director. 
   Considerada la primera dama del piano brasileño en el jazz, interpreta para Calle 54 el tema “Samba triste” del compositor Baden Powell.  “Me gustó tanto…, me pareció perfecto para mí”. La filmación, a través de 6 cámaras, se produce en un entorno de luz mucho más cálida que el resto de artistas, diseñado por el director de fotografía, “creando una atmósfera de sutil elegancia e intimidad, donde la música puede fluir a su aire” (Trueba 2000: 17).
La pianista está acompañada por su marido el contrabajista Marc Johnson, que formó parte de la banda de Michel Camilo a finales de los 80, y el batería de origen japonés Satoshi Takeishi, formado en el Berkley College of Music de Boston (Massachusetts). Es presentada por el director como “la elegancia del jazz latino”. La utilización de planos detalle de Eliane por parte de Trueba es constante, pero en esta ocasión no sólo es de sus manos en el piano, o de sus expresiones faciales fruto de una interpretación apasionada (al igual que hace con el resto de artistas), sino que busca resaltar la sensualidad y el erotismo de la pianista a través de movimientos lentos de la cámara que descansan en su boca, pelo, hombros, piernas,... destacando los planos medios laterales donde podemos percibir su perfil y su pecho. Uno de los planos más llamativos es el que se produce justo después del clímax de la improvisación de Eliane, que comienza con un plano detalle sobre el pie descalzo de la pianista (suele actuar descalza), la cámara sube lentamente, dibujando la escultural silueta de la artista hasta encontrarse con sus brazos y por prolongación con sus manos sobre el piano. El director constantemente ralentiza movimientos de la cámara que van desde sus manos, pasando por el pecho y acabando en su cara, que poco tienen que ver con el fluir de la música interpretada por Eliane Elías, produciéndose una relación de contraste entre lo visual y lo musical.
Esta es mi apreciación.


Fuentes:
TRUEBA, Fernando. Calle 54: El libro de la película. Sgae, Ediciones y Publicaciones, Madrid, 2000.