sábado, 24 de marzo de 2018

Apoteósico Pablo López


Pablo López. “Tour Santa Libertad”. Teatro de la Laboral, 17 de marzo.
 
Suenan las primeras notas al piano y un recinto con más de 1.300 personas las reconoce y se disponen a cantar la canción de principio a fin. Eso es lo que ansían la mayor parte de artistas y es lo que ha conseguido Pablo López con tan solo tres discos en el mercado. La clave es la comercialidad: letras de amoríos, unos compases de introducción con melodía pegadiza, alguna frase cantada y rápidamente el tema se viene arriba.  A la apoteosis total. Después del primer estribillo decae un poco y rápidamente vuelve a lo más alto para llegar hasta la traca final. Una fórmula que se repite una y otra vez en la música comercial y que conocen perfectamente los artistas que han desfilado por Operación Triunfo. Y así son las estructuras de la mayoría de los temas del cantante y pianista malagueño.  Sin embargo, Pablo López  va un paso más allá de esas simples estructuras comerciales apoteósicas. Pablo es músico y esa formación musical  se nota. Canta bien y, además, es singular porque el instrumento protagonista es el piano: un rara avis en la música pop española.

Abrió el concierto del Teatro de la Laboral con “El Camino” y “El niño”, dos temas de su último disco “Camino, fuego y libertad”.  Sonaron éxitos de los dos discos anteriores como “Vi”, de corte más rockero y “Ven”, del álbum “El mundo y los amantes”. El pianista, acompañado por guitarra, bajo y batería, ofrecía buen sonido y una buena puesta en escena. El público estaba encantado sin dejar de corear cada tema y más cuando sonó el último single “El Patio”.  Es curiosa la coincidencia de la armonía en las partes cumbres del tema con la famosísima canción de Procol Harum “A Whiter Shade of Pale”, sin embargo la melodía va por otros derroteros.

En cuanto a su interpretación al piano hay varias cosas que destacar: los fraseos tipo blues en “El teléfono”, el diálogo de piano y guitarra (¿Ludovico Einaudi?) en “Lo imposible”,  el arreglo en directo de “Trece”, los guiños a la música árabe en “El mundo”, las modulaciones de “Las 17:00” o la introducción de “Lo saben mis zapatos”. Pablo López es un buen pianista y además es capaz de conjugar  calidad y comercialidad. Esto también es parte de su éxito.

El concierto terminó con “Tu enemigo”, el tema que le catapultó a las listas de ventas y el público disfrutó de un espectáculo que mantuvo la apoteosis desde el principio al fin. También apoteósico está siendo su “Tour Santa Libertad”, agotando las entradas con meses de antelación en cada ciudad programada. Viendo la capacidad musical que tiene Pablo López seguro que en un futuro aportará cosas nuevas, más registros sonoros y letras más elaboradas, capaces de atraer a un público más heterogéneo y convertirse así en uno de los grandes, de los que llenan estadios. Desde luego talento no le falta.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  el 26 de marzo


FITO: Veinte años de buen Rock and Roll



Fito & Fitipaldis en la gira “20 años, 20 ciudades”, con “Muchachito Bombo Infierno” y “Fetén Fetén”.  Palacio de Deportes Presidente Adolfo Suárez. Gijón, 16 de marzo.

Asistir a un concierto de Fito & Fitipaldis es una experiencia para recordar. La conexión que se produce entre el público y el escenario desde el primer instante no sucede con todos los artistas, aunque sean mejores técnicamente.  Fito tiene tal honestidad artística que consigue  que el tiempo se pare y el recinto se sumerja en una burbuja donde prima el buen rollo y el mejor rock and roll. Esto no es fácil. Y más si tenemos en cuenta que el rock and roll no está de moda. Pero así fue y el motivo era la celebración  “20 años, 20 ciudades”. Por suerte Gijón es una de las veinte privilegiadas.

De telonero “Muchachito Bombo Infierno”, divertido y espontáneo como de costumbre, calentó el ambiente con sus rumbas con toques roqueros y buscó la complicidad del público que respondió gustoso con palmas y cantando estribillos, sobre todo en “Ojalá no te hubiera conocido nunca”. Sus rítmicas con la guitarra son vertiginosas y merecidamente muy aplaudidas.

Llegó el momento esperado. Tras la presentación con un cortometraje animado salió el bilbaíno, guitarra en mano, para cantar “Siempre estoy soñando contigo” y el público a sus pies.  Impecable puesta en escena, buena ecualización, buena presión sonora (difícil de lograr en este pabellón, por lo tanto un aplauso para el técnico de sonido) y sobre todo musicazos. Llegó el primer solo de Carlos Raya y hubo que contener la respiración: técnica, precisión y mucho que contar con el slide durante treinta y dos compases. Y es que hay buenos solos de guitarra y luego están los que te obligan a exhalar algún “Guau”.  Esos son los solos del maestro Raya que, además, prepara sus guitarras a conciencia. Y así durante todo el concierto: como ejemplo “Garabatos”, “Todo a cien” o “Por la boca vive el pez”, en el que también destaca el saxofonista Javier Arzola.


Fito y su banda repasaron grandes temas que han marcado su carrera: “Quiero beber hasta perder el control”, “Lo que sobra de mí”, “La casa por el tejado”, “Soldadito marinero”, etc. Todo el público manifestaba su satisfacción aplaudiendo, silbando, bailando y principalmente cantando cada tema de principio a fin. Pero aún faltaban por llegar las sorpresas que el cantante ofrece en cada concierto de la gira. De nuevo la presencia de “Muchachito” en el escenario para cantar y tocar mano a mano con Fito “Yo no soy Bo Diddley” (en honor al padre del rock and roll) y “Me tienes frito”. Los dos con las guitarras ofrecieron una buena demostración de gran calidad artística.
“Fetén Fetén” era la sorpresa de la primera noche en Gijón. Los burgaleses tocaron “Me quedo aquí”  y el famosísimo “Whisky Barato” y todos juntos aportando una gran riqueza tímbrica con el acordeón, banjo y violín y una energía desbordante.

Fito & Fitipaldis fueron generosos y ofrecieron un concierto de más de dos horas. Después de los primeros bises el abarrotado pabellón volvió a rugir estruendosamente porque sabía que Fito siempre termina sus conciertos con “Acabo de llegar” y aún no había sonado. Tocaron “Entre la espada y la pared” y sonó la canción emblema que anuncia la triste y a la vez feliz despedida.  Triste porque se rompe esa conexión mágica y hay que volver a casa y feliz por haber asistido a un concierto extraordinario y porque sabemos que mientras le aguanten los huesos tendremos Fito & Fitipaldis para rato. Espero que por lo menos sean otros veinte años.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  publicada el 18 de marzo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Joana Serrat en versión acústica



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Joana Serrat presenta su disco “Dripping Springs”. Sala Memphis Gijón, 10 de marzo

Parece ser que cuando Joana Serrat graba un disco nuevo le gusta presentarlo en salas pequeñas, ella sola con su guitarra, para medir así la recepción del público antes de girar con su banda.  Y así fue en la sala Memphis de Gijón como conocimos “Dripping Springs” en versión acústica.  La cantautora catalana, que se mueve entre el folk de raíz americana y el pop, ha sabido conquistar a élites culturales desde su primer disco “The Relief Sessions” y ha obtenido críticas de gran prestigio a lo largo de su trayectoria (lleva cuatro discos), de hecho la importante revista New Musical Express calificó su tercer disco como “Gorgeous”, (para los no bilingües precioso, maravilloso, magnífico....). Imposible nombrar todos los premios y críticas elogiosas que ha recibido Joana, por suerte  para los curiosos está Tito Google.

Desde el primer tema “Farewell” llamó la atención la larguísima reverberación que adornaba su reconfortante y singular voz, con un peculiar paso de registro de pecho a falsete en la línea de Alanis Morissette o Dolores O’Riordan (The Cramberries), aunque más suave y sin tanta agresividad. “Black Cake”, “Wall in Sin” o “Cloudy Heart” fueron algunos de los temas que escuchamos y comprobamos que el sonido de Joana en esta versión reducida nada tiene que ver con lo que ofrece con su banda. Cuando está sola le gusta andar por esos mundos oníricos e intangibles y por eso su repertorio se basa en canciones lentas y de medio tiempo que hablan de experiencias que te cambian la vida (“Runnin”), de mirar al pasado para entendernos y perdonarnos (“Unnamed) o de esa paradoja que tienen los músicos que cuando están mucho tiempo en casa echan de menos la carretera y cuando están mucho tiempo fuera echan de menos las cosas cotidianas (“Solitary Road”), esta última con evocación dylaniana y armónica incluída.

 Su magnífica voz contrastaba con sus limitaciones a la guitarra y para darle más relleno a las canciones optó por disparar con un pedal bases de colchones que engordaban el sonido. En este aspecto quizás resultó cansino tanto fondo grabado ya que desvirtuaba su particular estilo, llegando a rozar el New Age (Enya y su “Watermark”, por ejemplo) y logrando poca diferenciación entre un tema y otro.  Aun así fue hora y media de concierto en la que se mostró cercana y dialogante con el público que manifestó en todo momento estar a gusto con la artista. Me quedo con ganas de escuchar a Joana Serrat con su banda en plena efervescencia. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el  12 de marzo.

Rosana: Mucho oficio en la piel



 

Concierto de presentación del disco "En la memoria de la piel" en el Teatro Jovellanos, 9 de marzo.

Si no fuera porque los conciertos se programan con muchos meses de antelación podríamos pensar que el de Rosana estaba fechado a propósito. Y es que los acontecimientos vividos durante esta semana han hecho historia.  La lucha por la igualdad y por los derechos de las mujeres alcanzaron su cumbre con la huelga y las multitudinarias manifestaciones del 8 de marzo. Y para cerrar toda esta semana de reivindicaciones quién mejor que Rosana, una primera espada del feminismo y “talismán” de la lucha por la igualdad desde hace más de dos décadas.

La entrada al escenario del Teatro Jovellanos fue muy efectiva. Precedida por sus músicos atravesó el pasillo de la butaca y llegó al escenario para grabar con todos los instrumentos (uno por uno) loops que se iban solapando, creando así la base del tema “No habrá Dios”, empezando por la percusión y añadiendo guitarra, batería, bajo y teclado. Sin parada y  ya con el resto de los músicos detrás de sus instrumentos, siguieron con “LLegaremos a tiempo”, tema muy apto para impregnar de energía al aforo completo del teatro y para lucimiento del guitarra David Pedragosa que se marcó un solo espectacular. En la primera parte hubo temas bastante cañeros, con arreglos armónicos más british y alejados del latin pop que caracteriza a la artista hasta este último disco “En la memoria de la piel”. Además de buen repertorio no faltaron esas anécdotas con las que Rosana se gana el afecto del aforo y logró un buen rollo in crescendo. Si el público se mostraba tímido al entonar “Sin miedo”, al llegar “Soñaré” las gargantas estaban a plena potencia y dispuestos a terminar la primera parte bailando la rumba “Hoy”.


Menos afortunado estuvo el sonido en la parte acústica que comenzó con “Tormenta de Arena”: el excesivo volumen del micrófono jugó malas pasadas con varios amagos de acoples, pero la profesionalidad de los técnicos de sonido y las tablas de la artista solventaron los problemas.  Después de cantar el imprevisto (a petición del público) “Carta urgente” terminaron la parte acústica  con todos los músicos a modo “beat vox”  para que Rosana entonara (entre muchas risas) “Así son las cosas”.

Volvió la caña más roquera y la energía de esta cantante canaria que ya había demostrado su destreza con las guitarras y ahora tocaba el timple canario a ritmo de polka canaria en el tema “Con una hora menos”.  Con muy buenos arreglos y muy potente sonó el tema homónimo del último álbum “En la memoria de la piel”. Después de los cambios rítmicos (y no demasiado conseguidos) en “Silencio” comenzaron los bises. Generosa estuvo Rosana y no faltaron sus hits: “Si tú no estás”, “El Talismán” o “A fuego lento”, en versión breve y a modo de popurrí, con algunas dificultades para abordar el cambio de tonalidad entre uno y otro, pero el público estaba entregado al máximo y no se reparaba en pequeñeces.

Finalizó con una gran ovación y un mensaje en la pantalla: “Un mundo mejor 100% posible”. Y es que Rosana demuestra tener muchas tablas y mucho oficio, por eso gana adeptos  en cada concierto con sus potentes directos. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España