Feten apuesta por un espectáculo donde música, danza, teatro, escenografía, video-mapping y grandes dosis de buena voluntad y entusiasmo se unen para darle vida al gato más famoso de los cuentos recopilados por Perrault. La partitura corresponde a Rogelio Groba, un compositor gallego cuya firma abarca más de 600 obras de una gran variedad de géneros musicales. Para esta producción se acude a una partitura sinfónica, inédita, titulada "El Gato con Botas" y a una adaptación literaria del cuento de Perrault a cargo de Manrique Fernández.
El estreno tuvo lugar en noviembre del 2014 en el teatro Colón de La Coruña y, pocos meses después, el teatro Jovellanos se viste de gala, con un lleno total, para clausurar la vigésimo cuarta Feria de Teatro Feten, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Gijón. Los protagonistas son los niños y las niñas ávidos de disfrutar de una función que se anuncia como ópera para niños, aunque considero que ese término no encaja con lo visto.
En el centro del escenario la Orquesta de Cámara Galega, formada por 18 músicos y dirigida por Rogelio Groba (hijo), da comienzo a la obra con una obertura musical a modo de fanfarria. Mientras, dos bailarinas recorren el escenario de un lado a otro y un texto impreso en un gigante libro, proyectado en el fondo del escenario, nos sitúa en el contexto en el que se va a desarrollar la acción.
La primera conversación entre el gato y su amo está ambientada por una partitura que describe, por un lado la tristeza en la que se halla sumido el "futuro" Marqués de Carabás y, por otro, las ideas ingeniosas del gato (muy alto, por cierto) ¿cómo lo hacen? Creando contraste entre las cuerdas en agudo y la sección de metal en grave para darle tensión y suspense a las intervenciones de un felino dotado de gran ingenio y picardía. Así, la orquesta deja claro desde el primer momento cuál es su función: dar vida a los pensamientos, al estado de ánimo y a la clase social de los personajes que van apareciendo en la escena. Música correcta (aunque poco original) y llena de tópicos que funcionan.
La obra está concebida para unos actores y actrices que interactúan en varias ocasiones con un público entregado y con ganas de pasárselo bien. Y lo consiguen a base de una buena interpretación por su parte, supliendo las escasas dotes líricas de las voces.
El video-mapping sustituye a los habituales grandes decorados teatrales y se encarga de ambientar las diferentes escenas y lugares por los que transcurre la historia de la azarosa vida del gato y su amo. Todo esto, junto con un vestuario bien diseñado para la ocasión y la participación del público más sincero y crítico, sumerge al espectador, durante 55 minutos, en una fantástica historia atemporal.
Por Mar Norlander para La Nueva España














