lunes, 20 de mayo de 2019

Miriam Rodríguez: mucho que pulir



Miriam Rodríguez, gira "Contigo". Teatro de la Laboral, viernes 17 de mayo

Teniendo en cuenta que la mayoría de los concursantes de Operación Triunfo caen en el olvido rápidamente o ni siquiera llegan a grabar disco y hacer gira en solitario, el vertiginoso éxito que está teniendo Miriam Rodríguez sorprende. Tercera finalista de la edición 2017, su paso por el programa “Lo siguiente” de Televisión Española o “La Voz”, en la que hizo de ayudante del cantante y coach Pablo López, amén de su exitoso single “Hay algo en mi”, canción promocional de la serie “Vis a Vis”, contribuyeron en gran medida a este éxito. Otra cosa es mantenerlo y para ello  hace falta pulir unos cuantos detalles, al menos en la puesta en directo.

Llegó al Teatro de la Laboral para presentar su álbum debut “Cicatrices”, que lleva medio año a la venta. Salvo algunos pequeños fragmentos, no es un álbum cargado de grandes canciones, ni mucho menos, sin embargo, su actuación en directo causó una gran sensación a un público mayoritariamente femenino y adolescente. Sonó “Aquí estás” con un volumen de micrófono excesivamente alto y una reverberación descomunal. La mala ecualización de los instrumentos fue mejorando, excepto la voz que se mantuvo sin definición y con mucha reverberación todo el concierto.

Acompañada por batería, bajo, guitarra y teclado disparó una a una las canciones de su disco, quedando en evidencia que los músicos están al servicio de las canciones para lucimiento de la voz, sin ninguna concesión a solos instrumentales. Una pena, porque seguro que son buenos músicos.

Pero lo peor de la puesta en directo de la cantante gallega no son ni sus canciones insulsas, aunque algunas sean autoría de Pablo López, ni sus letras creadas a base de frases demasiado manidas, ni que no haya hueco para lucimiento de los músicos, ni siquiera que su voz no esté bien ecualizada y, por lo tanto, no se entienda lo que dice. Lo peor son las presentaciones que preceden a cada tema: son discursos aprendidos que rayan la falta de credibilidad, poco adecuados para conectar con las vivencias  del público que acude a sus conciertos (mayoritariamente quinceañeras) y sobre todo falta de espontaneidad. Hay demasiada rigidez para que todo salga según lo previsto y eso le quita la gracia.

Por otro lado, Miriam Rodríguez tiene cosas positivas que pueden llevar a convertirla en una gran estrella con el paso del tiempo. Lo primero tiene una gran voz, con un vibrato peculiar que le aporta una identidad distinta a otras voces “extriunfitas”, por lo que es una lástima que quede enmascarado por una pésima ecualización y no lo explote más. Además, su puesta en escena es muy buena, de una auténtica rockera aunque no se dedique a este género (una lástima). Sobre todo, lo que demostró Miriam Rodríguez en el Teatro de la Laboral es que tiene ganas y eso es importante. Espero que encuentre un camino fructífero y que no caiga en el olvido al tercer disco.  

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Antonio Baciero: un gran histórico de la Filarmónica




Antonio Baciero (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 15 de mayo.  


Quince veces ha sido invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón el pianista, musicólogo y organista Antonio Baciero y quince grandes ovaciones se ha llevado. La última este miércoles, tan aplaudida que arrancó de su generosidad tres propinas, después de ofrecer un amplio programa que enlaza los dos puentes esenciales del Barroco (tal y como denomina Baciero a J.S. Bach y Antonio de Cabezón), con la cumbre del piano dramático, refiriéndose a la “Sonata nº 21 en Do menor” de Franz Schubert.


Comenzó con tres piezas de su tocayo y paisano burgalés Antonio de Cabezón, un compositor ciego desde muy niño, injustamente poco interpretado en los escenarios actuales y con una apasionante vida al servicio de la realeza española - principalmente Carlos I y Felipe II-, que bien merece ser rescatado. De su extensa obra Baciero escogió “Diferencias sobre el canto del caballero”, canción renacentista sobre la que Cabezón realizó cinco diferencias o variaciones, interpretadas por Baciero con un profundo conocimiento sobre la obra, teniendo en cuenta que el piano actual no es el instrumento más adecuado para desarrollar la sonoridad ideada por el compositor . El “Tiento de primer tono”, y la canción glosada sobre Philippe  Verdelot a seis voces “Ultimi mei suspiri”, fueron las otras dos piezas escogidas de Antonio de Cabezón que Baciero salvó con discreción.


El pianista es todo un experto en Bach y lo demostró con su interpretación de la “Suite Inglesa nº 3 en Sol menor”, canturreando cada fraseo a la manera de Glenn Gould (aunque menos sonoro para la audiencia) y esgrimiendo cada nota con claridad y precisión, destacando su interpretación en la “Allemande” y en  la compleja “Giga” final.


Tras la pausa Baciero sumergió a la audiencia en pleno romanticismo con la “Sonata nº 21 en Do menor” de Schubert, escrita poco antes de morir. Una sonata  dotada de un lirismo muy schubertiano que entraña una dificultad interpretativa, entre otros detalles, por sus cruces continuos de manos para abarcar todo el registro del piano y por sus grandes contrastes en los cuatro movimientos. Baciero destacó sobremanera en el Allegro final, movimiento deudor de la influencia de Beethoven con acentuaciones rítmicas muy marcadas. El pianista se llevó una continuada ovación y agradecido ofreció tres amplias propinas, comenzando por un Nocturno de Chopin, luego una Giga de Bach y terminando con una Mazurca de Chopin. Casi nada.


Todo un lujo para la Sociedad Filarmónica de Gijón haber  podido contar de nuevo con el pianista Antonio Baciero, que a sus ochenta y tres años mantiene los dedos en plena forma y las ideas muy claras. Esperamos que sean muchas más.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 16 de mayo de 2019

El buen gusto de Zenet



Zenet presenta el disco “La Guapería”. Teatro Jovellanos, viernes 10 de mayo.

Como un “ladrón de géneros”, se define el artista multidisciplinar Antonio Mellado Escalona, de nombre artístico Zenet o Tony Zenet, al que los cubanos le han otorgado recientemente un premio al mejor disco extranjero. Hurgando a fondo en la colección Gladys Palmera -que cuenta con más de 100.000 discos de música latina y afrocubana-, hizo la selección de boleros antiguos que comprenden ”La Guapería”, título del recién estrenado disco que presentó en el Teatro Jovellanos ante un aforo casi lleno. En su disco demuestra que ha sabido apropiarse de la esencia del género con autenticidad, sin que suene a pastiche. Ha sabido extraer las bases, los sonidos y los poemas cantados y contados a la manera de Zenet y su presentación en directo no tiene desperdicio.  

Un set de músicos de primer nivel acompañan a la voz: contrabajo, batería, guitarra clásica, trompeta y violín, una formación un tanto atípica para el género como atípico es el artista que ha sabido encarnar mejor que nadie al joven Picasso en la miniserie de Juan Antonio Bardem. Mientras se iban ajustando los volúmenes de los distintos instrumentos sonó “Estás equivocada” y poco a poco nos llevó de la mano por el tiempo y por canciones maravillosas como  “Ansias locas”, popularizada por la reina del bolero Olga Guillot a la que Zenet añadió guiños al “Manisero” de Machín. Gran introducción y arreglos de guitarra en la perla cubana “Devuélveme mis besos”, y “Es tan difícil”, las dos del compositor y pianista Bola de Nieve, al que Zenet rinde un merecido homenaje rescatando su música.

Un total de dieciocho temas sonaron entre boleros, chachachá, salsa con toques de jazz y hasta chotis como “Por debajo de Madrid”, destacando canciones como “Quien sabe” con un interesante arreglo entre guitarra y contrabajo que servían de base para los brillantes solos de trompeta y violín.La  voz arenosa, de tesitura justa y bien afinada, se crecía en temas como “Un beso de esos”, en la que el trompetista Manuel Machado se llevó una gran ovación por su brillante solo. Y es que cada intervención de Machado era un espectáculo, por su enorme sonido, su digitación y sus fraseos. Muy destacable también las intervenciones del violinista, sobre todo en “La palabra Fin” y en “Imágenes”, con una gran paleta de matices.

Después del pataleo del público para reclamar bis volvieron con el gran éxito “Soñar contigo”, quedando un poco desmerecido al cantarlo sin micrófonos en un recinto grande. Por lo demás fue un concierto que cumplió ampliamente con las expectativas de los aficionados al género. Y es que Zenet es un artista al que merece la pena seguir sus pasos, porque tiene buen gusto, porque se trabaja sus espectáculos y porque sabe rodearse de grandes músicos con buenas ideas.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

La sonoridad más romántica de la OSPA

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hans Graf (director), Leon McCawley (pianista). Teatro Jovellanos, jueves 9 de mayo.

Estupendo y bien vertebrado programa ofreció la OSPA, bajo el título “Legados”; perfecto para constatar el gusto del público del Teatro Jovellanos en torno al Romanticismo en todo su esplendor, con obras de Brahms y Schumann. Como director invitado uno de los grandes, el austriaco Hans Graf que fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, del Mozarteum de Salzburgo o de la Houston Symphony y cuenta con numerosas distinciones y premios en su larga trayectoria.  Para completar el programa contamos con uno de los pianistas más importantes del panorama actual, el británico Leon McCawley, experimentado en el repertorio romántico y clásico.

El concierto abrió con la ”Obertura Trágica Op. 81”, una obra en forma de sonata con mucho trabajo temático, compuesta por Johannes Brahms durante el verano de 1880  y estrenada al año siguiente por el propio compositor. Esta peculiar obra se caracteriza por su gran belleza oscilante entre el drama, la tristeza y la pasión más exacerbada. Hans Graf llevó la batuta con firmeza en una interpretación brillante, tan solo ensombrecida por el comportamiento de parte la butaca del Jovellanos, que estuvo especialmente ruidosa entre toses, caídas de objetos varios y el prolongado y molesto crujir de los envoltorios de los caramelitos. Por lo demás exquisita.

El pianista Leon McCawley fue el protagonista de la noche dejando al público impactado con su magistral interpretación del “Concierto para piano en la menor, Op. 54” de Robert Schumann. La obra, estrenada en 1846 por la gran pianista Clara Schumann como intérprete solista, está dotada de gran lirismo y sensibilidad, con marcada ausencia de virtuosismo, compuesta en una época en la que las modas dictaban todo lo contrario. No confundir virtuosismo con dificultad: la obra es de gran dificultad y sólo al alcance de grandes pianistas como McCawley. El primer movimiento, basado en la “Fantasía” escrita unos años antes para su reciente esposa, fue interpretado con agilidad y gran expresividad. La animada cadencia final de este primer movimiento desató la pasión entre el público presente provocando numerosos aplausos, por otra parte bien merecidos y acertados en contra del estricto protocolo social que impide aplaudir entre movimientos. ¿Por qué no? Los dos movimientos siguientes se desarrollaron de manera impecable en las manos de McCawley. El director por su parte, mantuvo un perfecto equilibrio entre los fragmentos pianísticos y los desarrollos orquestales de manera que todo fluía correctamente, dando como resultado una gran interpretación por parte de todos y una gran ovación por parte del público.   



La segunda parte del programa estaba dedicada a la interpretación de la “Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68”  de Brahms, o la “Décima” de Beethoven tal y como la denominó el director y compositor Hans von Bulow. Intenso trabajo por parte de Graf en la dirección de orquesta de principio a fin, pero especialmente en el segundo y el tercer movimiento en contraste con la tensión del Allegro inicial. La obra finalizó con la cadencia al estilo de Beethoven  y se llevó una gran ovación de un público que agradeció la sonoridad del romanticismo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 9 de mayo de 2019

Apostando por el L.E.V.



XIII Festival de Creación Audiovisual. Teatro de la Laboral, sábado 4 de mayo.

El Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) culmina su decimotercera edición con un gran despliegue de exposiciones, instalaciones y conciertos durante  cuatro días, dejando de manifiesto que si este festival no existiera habría que inventarlo. De hecho, es uno de los eventos más importantes de Gijón y una buena disculpa para poner a esta ciudad en el mapa mundial de la vanguardia. Dicho esto, en cuanto a música no todo vale. Y si apuntábamos sobre estas líneas la poca calidad artística que tuvieron las propuestas de la jornada del viernes en el Teatro de la Laboral, la jornada del sábado tuvo sus más y sus menos.

Para empezar el colectivo berlinés “Transforma”  traía una propuesta llamada “Manufactory”, una performance audiovisual con música de Sascha Ring y coproducida, entre otros,  por el propio L.E.V. Desconozco las cifras de la inversión en este proyecto, pero viendo el resultado final es dinero tirado. Se vendió como “mezcla asombrosa de coreografía, vídeo en directo, grabaciones de campo y concierto, para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción de la era industrial”. El adjetivo “asombrosa” sobra, lo demás es correcto si consideramos el rutinario movimiento de manos y algún paseo por el escenario como coreografía. Fue una performance aburrida, falta de ideas, de coordinación, de luz y de sonido. La perfecta excusa para echar una siesta en las cómodas butacas del teatro después de haber vivido una intensa noche de música electrónica en la Nave de la Laboral por parte de muchos de los asistentes.
Caterina Barbieri se ha convertido en un referente de las investigaciones sonoras en este tipo de eventos. La italiana y el artista visual Ruben Spini presentaron su primer show “A/V”, un proyecto de interacción entre humanos y naturaleza que no sorprendió tanto como se esperaba. A través del ordenador y la mesa de mezclas ofrecieron una muestra de sonidos  procedentes del techno más ochentero, época en la que los sintetizadores analógicos tuvieron su auge. A base de arpegiadores y secuenciadores manipulados más o menos en directo la música iba transitando por distintos cuadros sonoros con imágenes de gran colorido y movimiento lento. Algún pasaje recordó a la música del famoso Tetrix, solo que con más calidad al no ser una muestra de 8-bits  Con este proyecto Barbieri, a diferencia de otros que ha presentado a lo largo de su trayectoria, no aporta nada nuevo.

Traer un espectáculo de la creadora visual Alba G. Corral es una apuesta segura para el L.E.V. Ya estuvo en anteriores ediciones, siempre dejando el listón muy alto y en esta ocasión volvió a sorprender con una propuesta junto con el músico  Alex Augier, que nos visitó hace un par de ediciones. Los dos, metidos en una especie de jaula ovalada cubierta con una tela semitransparente crearon un universo sonoro y visual a base de luz, color, muestras de sonido originales y tiempos bien medidos, convirtiendo el espectáculo en una experiencia hipnótica. El público lo agradeció con una estruendosa ovación.

Por lo tanto, aunque esta no haya sido una de las mejores ediciones del L.E.V., en lo que se refiere a los conciertos del Teatro de la Laboral, hay que seguir apostando por este festival, porque es necesario para dar cabida a todas esas inquietudes creativas que, sin duda, marcan el futuro audiovisual.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

L.E.V.: Estrenos efímeros

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Schnnitt + Gianluca Sibaldi; Myriam Bleau; Elias Merino & Tadej Droljc: XIII Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Teatro de la Laboral, viernes, 3 de mayo.
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La programación musical del Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) llegó el viernes al Teatro de la Laboral con un cartel que prometía sobre el papel, pero visto lo visto defraudó bastante. En los foros especializados se había creado expectación por ver el estreno mundial “ScanAudience”, una propuesta del compositor italiano Gianluca Sibaldi junto con “Schnnitt”, formado por Marco Monfardini y Amelie Duchow. Como se propio título indica, “ScanAudience” es una performance donde se escanea al público -concretamente a las primeras filas-, generando distintos sonidos e imágenes en tiempo real a partir de las características de los espectadores.  El resultado no deja de ser algo anecdótico que dista mucho de convertirse en una obra de arte. Visualmente resulta monótono y nada entendible, magnificado por una pantalla gigante donde concurren diferentes líneas en varias direcciones, con predominio de los colores grises, rojos y negros. Musicalmente (por decirlo de alguna manera), se trataba de una amalgama de sonidos industriales poco originales y sobrepasados de volumen, que por momentos provocaron cierto temor a sufrir algún daño en los tímpanos. En definitiva, nada interesante.

Las performance de la compositora y artista digital Myriam Bleau no suelen pasar inadvertidas: en sus propuestas siempre aporta algún elemento original y en esta edición del L.E.V. no iba a ser menos. Presentó por primera vez en España su proyecto “Ballistics”, en el que unas esferas luminosas equipadas con sensores de movimiento y mapeadas por láser, se desplazaban por el escenario con movimientos pendulares provocados por la artista canadiense, produciendo diferentes sonidos y dinámicas.  La idea es compleja y se notaba muchas horas de trabajo detrás, pero el escenario no es el más adecuado para poder apreciar la calidad y el esfuerzo. En un entorno más pequeño hubiera lucido mucho más. Y de nuevo es necesario resaltar el altísimo volumen por momentos de la performance. ¿Para qué tanto?

Otro estreno mundial tuvo lugar de la mano del español afincado en el Reino Unido Elías Merino, junto con el compositor audiovisual esloveno Tadej Droljc. En esta ocasión correspondía a la segunda parte de la instalación “Spaceless Latitudes” -presentada en la edición anterior del L.E.V-, titulada “Synspecies”, que abordaba el proceso de desintegración de espacios estelares, inspirado en ecologías virtuales. En la pantalla quedaba visualmente muy llamativa cuando se producía la ruptura de distintas figuras y, además, perfectamente sincronizada con los sonidos algorítmicos, por ello la primera mitad del espectáculo resultó bastante creativa. La segunda mitad fue más monótona al no aportar ningún elemento nuevo sonoro o visual.  En esta ocasión el volumen estaba perfecto.

En definitiva, una noche cargada de estrenos muy vanguardistas pero difícil de constatar como obras de arte en este terreno tan efímero como es la electrónica visual.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 22 de abril de 2019

OSPA: Música apropiada para la Semana Santa



Concierto Extraordinario de Semana Santa: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Rossen Milanov (director), Ewa Tracz (soprano, Mireia Pintó (mezzosoprano), David Menéndez ( barítono). Teatro Jovellanos, 11 de abril.

La elección de dos obras creadas en el siglo XX para celebrar el “Concierto Extraordinario de Semana Santa”  no consiguió despertar la curiosidad del público y la butaca del teatro Jovellanos se quedó a medias, aunque el anfiteatro casi se llenó. Y es una verdadera lástima, porque un concierto de esa magnitud necesita un gran despliegue de medios y de recursos: gran parte de los componentes de la OSPA, el Coro de la Fundación Princesa Sofía y tres cantantes solistas de gran nivel; casi había más personas en el escenario que en la butaca. También hay que decir que entre las dos obras musicalmente no llegan a la hora de duración y eso es algo negativo a la hora de pagar una entrada.  Aún así, es triste que el público no sepa apreciar la calidad musical que tenemos en Asturias.


“Los Improperios” de Federico Mompou fue la primera elección del concierto, una de las grandes obras maestras del compositor catalán basada en los versículos que se cantan en el oficio del Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. La carga dramática del texto que narra los reproches de Dios al pueblo de Israel por haberle llevado a la crucifixión, fue musicada por Mompou de manera sublime, cargada de contrastes y armonías expresivas sobre las que se dibuja una gran belleza melódica. El preludio orquestal dio paso a la voz de David Menéndez como barítono solista, con un precioso timbre y magistral dominio de la voz, sobre todo en las secciones más piano. El coro sublime en las respuestas y apoyado por la orquesta, cuya labor en esta ocasión es enfatizar el texto de las voces.

Para la segunda parte se escogió “Stabat Mater” de Karol Szymanowski, una obra que significó un cambio ideológico en el compositor polaco y está basada en la secuencia del siglo XIII que expresa el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo. Las tres voces solistas (soprano, mezzo y barítono) se repartieron el protagonismo, siendo la más destacada la soprano Ewa Tracz,  en cuya biografía cita haber obtenido el doctorado como cantante solista en la Academia K. Szymanowski: este dato corrobora el acierto al seleccionar a la soprano para un papel tan significativo. Mireia Pintó también estuvo magnífica en su papel de mezzosoprano, al igual que David Menéndez. El coro muy comedido y bien afinado, se encargó de darle sentido a la carga emocional que requiere tan magnífica obra y brilló en el cuarto número “Hazme contigo llorar”. Muy equilibrada la dirección coral con la dirección orquestal a cargo de Rossen MIlanov, al que siempre destacamos por su elegancia a la hora de dirigir.

El poco público presente correspondió gratamente ovacionando dos obras breves y con sonoridad del siglo XX, pero dos obras magníficas y muy apropiadas para adentrarnos en el significado de la Semana Santa.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Alejandro Gómez: Joven pero sobradamente preparado

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Alejandro Gómez Pareja (violonchelo). Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos 10 de abril.

Una gran  carrera musical como intérprete solista es lo que le espera a Alejandro Gómez Pareja de la mano de su violonchelo. Su actuación en el teatro Jovellanos, invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón -dentro del “Ciclo Jóvenes Intérpretes” de la Fundación Alvargonzález-, dejó al público sorprendido, primero por su gran interpretación de obras muy osadas y segundo por su juventud. Con su expresividad y gestualidad llenaba el escenario, y captaba las miradas de todos. Visto de cerca sorprendía su cara de niño: tan sólo tiene diecisiete años. “¡Tan joven y con tanto talento!”, fue la frase más escuchada al finalizar el concierto.   
La “Sonata para violonchelo y piano Op. 5 nº 2 en Sol menor” le supuso a Beethoven una caja llena de luises de oro de parte del rey Federico Guillermo II de Prusia para quien fue compuesta y, según nos cuenta la musicóloga Carla Miranda en las notas al programa, Beethoven decía que no era un regalo cualquiera, sino el mismo que se les hacía a los embajadores. Una gran obra dividida en tres movimientos en la que destaca la interpretación del “Allegro molto piú tosto presto”. El chelista estaba acompañado por la pianista Rosalía Pareja Flores cuya limpieza y claridad en la ejecución de toda la obra es muy destacable, si bien se mantuvo en segundo plano para no robarle protagonismo a su hijo.

En la “Introducción, tema y variaciones Op. 82 nº 2” fue, quizás, donde más se evidenció la  juventud del chelista al atravesar las endiabladas ornamentaciones de las variaciones con alguna dificultad en la afinación. Quizás requiera algunos años más para lucir esta obra  de Franz Schubert.

La “Sonata para violonchelo y piano nº 1, Op. 38 en Mi menor” de Brahms bebe de muchas influencias y estilos compositivos anteriores, principalmente de Bach y Mozart. Una obra de gran dificultad por la expresividad y el dramatismo que emana en algunos pasajes. Destaca la compenetración del dúo que se intercambiaban frases con gran empaste. Gómez Pareja brilló en la interpretación y levantó una gran ovación entre los presentes. Como propina la “Danza de Fuego” del “Amor Brujo” de Manuel de Falla. Fantástica.

Sin duda, el ganador del primer premio del XX concurso “Villa de Llanes” del 2018, es un joven talento que ha estudiado mucho, que vive la música con intensidad y entusiasmo y lo transmite en el escenario. Buen futuro en la música clásica le espera a este joven madrileño.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 18 de abril de 2019

Rufus Wainwright: Más allá del pop

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Rufus Wainwright: Gijón Sound Festival. Teatro de la Laboral, domingo 7 de abril.

El Gijón Sound Festival clausura la presente edición con el cantante canadiense Rufus Wainwright, una de las figuras más carismáticas y sobresalientes del pop alejado del  mainstream, si es que podemos englobar dentro del género pop toda la música que hace Wainwright. Con unos cuantos álbumes que consolidan su larga trayectoria -entre los que figuran dos óperas y varias bandas sonoras-, celebra el vigésimo aniversario de su primer trabajo (1998) y arranca la gira en Gijón, presentando un concierto dividido en dos partes: la primera basada principalmente en temas de su primer disco y la segunda con canciones de “Poses” (2001), su segundo trabajo y responsable de su éxito.

Ataviado con impecable traje de rayas y un sombrero propio de los cuentos de Charles Dickens cantó “April Fools”, tal como hacía en sus primeros conciertos. Con una canción fue más que suficiente para comprobar que mantiene la voz en plena forma: su buena técnica vocal y la calidad de su  timbre es más notable en directo que en sus grabaciones. La vena folk está presente en sus melodías y en parte de sus arreglos,-es hijo del famoso cantante de folk Loudon Wainwright III y de la cantante canadiense Kate McGarrigle, de las legendarias hermanas McGarrigle-. La buena formación musical que ha tenido a lo largo de su vida es evidente y lo transmite en sus composiciones, como en “Foolish love” con arreglos propios del music-hall.

Aunque la primera parte del concierto languidecía por momentos, con demasiados temas lentos, siempre había algún t arreglo sorprendente que te sacaba del ensimismamiento, como “Blue” dedicado a Joni Mitchell por su reciente 75º Aniversario en el que Wainwright estuvo presente.

Después del breve descanso salió a escena con una colorida capa para interpretar el disco  “Poses”. Gran disco y curiosos arreglos en directo, con temas como “Greek Song”, cuya melodía está extraída de una ópera de Mascagni. Acompañado por buenos músicos durante toda la actuación sonaron brillantes interpretaciones, como en “Cigarettes and chocolate milk”, con pinceladas sonoras extravagantes y de gran calidad. Para cerrar el concierto una estupenda versión de Lennon y McCartney, “Nothing’s gonna change my world”, que puso al público en pie.

Rufus Wainwright tiene la capacidad de decorar una canción con armonías complejas, modulaciones y timbres sorpresivos más propios de otros géneros  y hacer que encajen en una melodía pop sin que suene a pastiche. Algunos de sus temas son óperas contemporáneas de tres o cuatro minutos de duración. Y es que con las composiciones de Wainwright el género pop amplía sus fronteras, por eso es tan diferente y por ello es tan respetado.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

El Gijón Sound y Rozalén



Rozalén: Festival Gijón Sound, 2019. Teatro de la Laboral,
sábado 6 de abril, 2019.


“Identidad, cooperación, sostenibilidad,[...] son los VALORES
por los que apostamos desde Gijón Sound”, con esta frase se
define el Festival más emblemático de la ciudad en esta
edición del 2019. Y todo esto suena muy bien sobre papel
pero viendo el cartel yo me pierdo en el primer adjetivo:
“identidad”. A estas alturas creo que ni el gran musicólogo
y experto en la materia Eduardo Viñuela,  podría definir la
identidad del Gijón Sound. La noche del viernes en la sala
Acapulco pudimos ver a “Jacco Gardner´s Somnium”, que,
sin entrar a valorar la mediocridad de su propuesta, su
sonido es más propio de otro emblemático festival de Gijón,
el L.E.V. Después, en el mismo recinto “The Mani-Las”: un
trío femenino de punk-rock” que encajaría mejor en el
“Tsunami” si se lo tomaran en serio e hicieran algo más que
un pase de cuarenta minutos con versiones resultonas,
porque materia prima hay y de la buena. El sábado Rozalén
en la Laboral, fácil de entrar en cualquier festival excepto en
los anteriores, y de noche en el Ayuntamiento “Morgan”y
“La Casa Azul”. Estos dos últimos  encajan perfectamente en
mi concepto del Gijón Sound. Creo que pretender abarcar
tanto, en aras de la “diversificación” y de la “inclusión” hace
que las identidades se diluyan y me recuerda a las propuestas
de algunos partidos políticos en esta campaña electoral.
Cientos de fans se quedaron sin entradas para el concierto de
Rozalén, sin embargo, las primeras filas detrás del foso de la
Laboral estaban vacías. El motivo, la venta de abonos para el
festival, es decir, muchos de los abonados estaban
interesados en otros conciertos o simplemente no querían ver
a Rozalén y dejaron sus asientos sin ocupar. Muy lícito,
pero raro. Yo me pregunto, ¿esto de los abonos no sería más
práctico para conciertos que se disfrutan de pie? Amén de que
los horarios no están bien estudiados y varios conciertos se
solapan: los que asistieron al de Rozalén no llegaron a tiempo
para ver a Morgan, por ejemplo. Creo que sería conveniente
darle alguna vuelta a este asunto y evitar estos infortunios.


Pero mi cometido es hablar del estupendo concierto que
ofreció la gran artista manchega Rozalén. Prácticamente el
mismo que ofreció en febrero del 2018, el mismo repertorio
extraído de sus tres discos pero en otro orden. Si
exceptuamos la ausencia de Marisa Valle Roso como artista
invitada, también vimos la misma puesta en escena que en
el concierto anterior: los mismos discursos, los mismos
músicos, la fabulosa  traducción de las letras en lenguaje de
signos por parte de Beatriz Romero, el mismo decorado, etc.
Sin embargo, esta vez sonó mejor, si cabe. Con más
presión, más empaste y todo mucho más trabajado, fruto del
tiempo de rodaje. Aunque Rozalén no haya aportado ningún
tema nuevo la evidente complicidad entre los componentes
de la banda y la calidad artística provocaba que los temas
fluyeran uno tras otro, con pequeñas diferencias en los
arreglos y una gran riqueza de matices.
Un gustazo de concierto de casi dos horas y media.
Por lo tanto, siempre es agradable asistir a un concierto de
Rozalén, aunque no encaje en un festival como el Gijón Sound.


Crlítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Revólver arranca en Gijón

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Revólver. Teatro de la Laboral, viernes 29 de marzo.


La banda “Revólver” vuelve con toda su artillería a Gijón para iniciar la gira de su álbum “Básico IV”,
que saldrá a la venta a finales de abril. El lugar escogido según Carlos Goñi es porque “empezar
la gira aquí hace que me sienta más cómodo”. Quinta vez que arranca en Gijón y todo un privilegio
para los fans que nunca fallan, de hecho abarrotaron el teatro sabiendo que el concierto iba para
largo, porque Carlos Goñi tiene cuerda para rato y los conciertos de “Revólver” son así.


Después de una larga parrafada de bienvenida por parte de Goñi sonó  “Boulevard de los idiotas”
y el clásico “Lisa y Fran” sólo con guitarra y voz. Estuvieron correctas porque son buenas
canciones, pero con todo el grupo suenan mejor y se notó la presión de los músicos cuando llegó
“Más tequila” o  “Frío de Madrid”, adornada con las sutilezas del clarinete sobre el piano,
empastado perfectamente con la guitarra y la base rítmica.


“Básico IV” está formado por las canciones más emblemáticas de la larga trayectoria de
“Revólver”, que comienza con “Básico I” -álbum que significó el primer “unplugged” de la
música española-  y que en 2018 celebró el vigésimo quinto aniversario desde su nacimiento.
Además de las más aclamadas en los conciertos aciertan rescatando algún tema menos
frecuente, como “21 gramos”, recuperada del disco del 2008 y tocada con aires nuevos.
También se rescató “Eso de saber”, después de diecisiete años sin volver a tocarla, un tema
que no suena tanto a “Revólver” pero que tiene su aquello.  


Este nuevo disco también trae dos canciones nuevas, que en el concierto fueron intercaladas
entre el repertorio más exitoso. La primera “No escupas al suelo”,  creada por Goñi un día que
se fue a un pueblo de Euskadi “a descargar un poco la mochila”. Un tema intrascendente sin
nada nuevo que aportar. La segunda, más original  y llamada a ser un nuevo himno, es esa
de estilo sabinero cuyo estribillo dice: “Olvidé nuestra canción/ la que nunca se escribió/
cuando en el próximo baile/ mientras barren el salón/ cuando  ya no quede nadie/
que nos amargue la tarde/ queriendo ser tú y yo/ cuando en el próximo baile/
ahora que los dos volvemos/ a dejar de ser los dos”.
Esta canción está muy bien construida con una armonía enriquecida, una  guapa melodía
y una fantástica letra. El único defecto es que está demasiado baja de tonalidad y la voz se
oye forzada en graves. Un tono y medio más alto estaría perfecta.

El resto del repertorio fue a base de grandes temas como la mítica “El Dorado” o
“Faro de Lisboa” que sonó más fresco, “Dentro de tí”, donde el saxo se crecía con buen
sonido y sugerentes fraseos, al igual que en “Black-Jack”. Muy guapo el empaste entre
acordeón y piano en la canción “Odio”, que fue la tónica en casi todo el repertorio. Echamos
de menos la voz de Luz Casal cuando gritaba aquello de “que el amor es un misterio y que
importa sólo a dos”, en la famosa canción “Besaré el suelo”, cuyo compositor es Carlos Goñi.
Y es que el líder de “Revólver” se mantiene en la primera línea del pop español porque, además
de ser buen músico, es capaz de crear grandes canciones para él y para otros artistas.
Un privilegio tenerlo aquí.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España