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viernes, 21 de agosto de 2026

Jorge Drexler convierte lo esencial en espectáculo.

 


Jorge Drexler “Taracá tour”. Isla del Jardín Botánico de Gijón. Jueves, 20 de agosto de 2026.


Hay artistas que conquistan al público a golpe de espectáculo: luces, grandes decorados,

vestuarios, efectos visuales, coreografías y toda una parafernalia concebida para

deslumbrar. Pero basta con cerrar los ojos, apartar todo aquello que rodea a la música y

buscar lo esencial para descubrir que, detrás de tanto artificio, no siempre hay arte.

Hay otros artistas que recorren exactamente el camino contrario. No necesitan más que

lo imprescindible para que el arte emane. Unos instrumentos, unas voces, unas palabras

y la capacidad de crear, con tan poco, un espacio propio. Un espacio en el que la música

deja de ser simplemente sonido para convertirse en una experiencia; un lugar casi

mágico donde el tiempo pierde su significado y uno deja de preguntarse cuánto lleva

allí.

En ese territorio habita el uruguayo Jorge Drexler. Un artista que en su concierto en el

Jardín Botánico volvió a demostrar que no necesita llenar el escenario para llenar el

espacio. La cita sirvió para presentar “Taracá”, su disco recién publicado. Gustaron

mucho sus nuevas canciones, pero el repertorio no se quedó ahí. Drexler construyó un

viaje por distintas etapas de su trayectoria, recuperando temas como “Las palabras” o

“Guitarra y vos”, cuya letra sigue siendo una pequeña maravilla. A ello se sumó una

banda de músicos de enorme nivel, capaz de acompañar cada canción con precisión y

sensibilidad, sin restarle protagonismo a aquello que verdaderamente sostiene su

propuesta: las palabras. Porque en Drexler las letras no son un mero complemento de la

música; son el corazón de un discurso lleno de contenido, de preguntas, de imágenes y

de emociones.

Y así, casi sin necesidad de artificios, el concierto terminó convirtiéndose en una

auténtica comunión entre el cantautor y el público. El tiempo pareció detenerse para

disfrutar de cada verso, cada acorde, cada silencio y cada sonido. Drexler demostró que,

cuando lo que se tiene que decir es verdadero y la música tiene alma, lo superfluo sobra.

Y que, paradójicamente, cuanto menos necesita un concierto para deslumbrar, más

profundamente puede llegar a conmover.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.