XXVI Edición del Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”. Teatro Jovellanos, martes 18 de agosto de 2026.
El Festival Internacional de Piano de Gijón ha contado en esta edición con Martín
García, un pianista gijonés de enorme personalidad que está llamado a pasar a la historia
de la música como uno de los mejores de este siglo XXI. Aparte de interpretar a
Chopin como pocos –uno de los motivos por los que ha saltado a la primera liga de
concertistas de piano-, su inquietud por ampliar horizontes le ha llevado a abordar un
programa heterogéneo en técnicas y lenguajes y cohesionado en su marco histórico:
finales del XIX y principios del XX.
Abrió con la “Gran Sonata en Sol Mayor” de Tchaikovsky, obra que encajaba con su
personalidad llena de contrastes y de carga visceral. García la defendió con
extraordinaria riqueza de matices, desde los fraseos limpios y delicados hasta las partes
más emotivas donde los graves de piano destacaban sobremanera. Manejaba los tempos
y las dinámicas a su antojo y canturreaba las frases más melódicas en un gesto que
recordaba al gran Glenn Gould. El último movimiento, cargado de virtuosismo, fue
acometido con vértigo a la par que limpieza. Todo estaba bien definido y perfectamente
ejecutado.
Sin grandes dilaciones pasó después a los “Valses nobles y sentimentales” de Ravel.
Aunque contemporáneo de Tchaikovsky, Ravel utiliza un lenguaje diametralmente
lejano en estilo y sonoridad. La concentración y la intensidad contenida llegaron a
arrancarle evidentes gotas de sudor, testimonio físico de la exigencia del recital.
En la segunda parte interpretó la “Sonata-Fantasía en Sol Mayor” de Franz Schubert,
obra que Schumann alabó como la obra más perfecta en forma y concepción del autor.
García ofreció toda una demostración de preparación y estudio meticuloso para
acometerla sin titubeos.
Los aplausos y la ovación final obligaron al pianista a regresar al escenario hasta en
cuatro ocasiones. Generoso, nos regaló dos piezas de Debussy y una de Mompou, antes
de cerrar el recital con el “Estudio op. 8 n.º 12” de Scriabin, una obra de descomunal
dificultad técnica y, al mismo tiempo, de extraordinaria belleza.
Fue, en definitiva, un recital en el que Martín García volvió a demostrar por qué su
nombre ocupa ya un lugar entre los grandes pianistas de su generación: dominio técnico
y gran personalidad interpretativa. Todo un fenómeno.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

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