Alejandro Sanz, gira “Y ahora qué”. Parque Hermanos Castro, Gijón, 12 de junio de
2026.
Los rumores sobre el supuesto deterioro de la voz de Alejandro Sanz en los últimos
tiempos quedaron totalmente desmentidos tras lo que demostró en el concierto de Gijón,
segundo de la gira por España del 2026. Su voz, con esa característica arenilla que
siempre la ha definido, se mantiene en buena forma y sigue siendo capaz de entonar sus
peculiares frases largas, cargadas de melismas y matices flamencos, sin necesidad de
coger aire a mitad de recorrido.
Hay mucho oído y mucho oficio sobre el escenario. Entre alguna bajada de tonalidad -
los años pasan-, algún cambio melódico en contados versos comprometidos o
recurriendo con toda su entrega al diafragma y a la garganta, como hizo en “Mi
soledad”, solventa con creces los retos más exigentes. Y cuando no, ahí está el público:
11.000 personas que conocen sus letras con puntos y comas y cantan y arropan a este
pedazo de artista que se hace querer y conecta con varias generaciones. Así quedó
patente a lo largo de toda la noche.
En cuanto al repertorio, si bien en los últimos discos anda dando bandazos hacia ritmos
de moda que encajan poco con su personalidad artística -como ocurre con el reciente
éxito junto a Shakira, “Bésame”, o la mediocre “Las guapas”, concebida claramente
para atraer a nuevos públicos- , para esta gira supo escoger, aparte de las mencionadas,
prácticamente lo mejor de su trayectoria. Desde la apertura con “Por Bandera” pasando
por clásicos como “Quisiera ser”, “Y, ¿si fuera ella?”, “Amiga mía” o “No es lo mismo”
hasta el inevitable cierre con “Corazón partío”, el repertorio funcionó como un recorrido
por los momentos más brillantes de su carrera.
Precisamente “Corazón partío” me deja una sensación algo agridulce. Una obra
prácticamente perfecta en su concepción original no parece necesitar el cambio de ritmo
que introduce a mitad para desembocar en una versión de tintes electrónicos. Un
experimento prescindible para una canción que, por sí sola, ya lo tiene todo.
Imprescindible mencionar a la magnífica banda que acompaña a Sanz: sencillamente
impecable y presentada por el cantante de una manera creativa y divertida. Y no quiero
dejar pasar la oportunidad de aplaudir su apuesta por la paridad -tan necesaria, aún-, con
cuatro mujeres y cuatro hombres encima del escenario, destacando la compenetración
de batería y bajo, pues de ello depende que los tempos se caigan o se suba la presión; y
es raro ver a dos mujeres liderando esta sección rítmica con semejante autoridad.
Increíbles las dos, especialmente la peruana Gisella Giurfa: pedazo de batería
contundente y perfecta cargada de matices y de definición. El set de batería era una
extensión de sus propios brazos y su lenguaje corporal así lo evidenciaba.
En definitiva, Alejandro Sanz volvió a demostrar por qué sigue ocupando un lugar
privilegiado en la música española. Pocos artistas son capaces de trasladar a un recinto
para 11.000 personas la intimidad y la emoción de canciones concebidas desde lo más
personal, haciendo que cada espectador las sienta como propias. Tres décadas después
de revolucionar el pop en español, sigue arrasando y firma el mejor concierto del año en
Gijón.

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