Gira “Solo a solas conmigo”. Teatro de la Laboral, sábado, 14 de marzo de 2026.
El nuevo disco de Víctor Manuel, “Solo a solas conmigo”, vuelve a situar al cantautor
en el terreno que mejor domina: la reflexión social y política. Su capacidad para seguir
escribiendo grandes letras no puede decirse que esté mejor que nunca, porque a lo largo
de su carrera ha alcanzado cotas tan altas que ya resulta difícil superarse, pero parece
que lo intenta.
Su concierto en el Teatro de la Laboral, con el cartel de completo, confirmó que su
público continúa respondiendo con una fidelidad casi inquebrantable al artista de mayor
proyección internacional salido de Asturias. Y cada vez que vuelve a casa se nota.
La actuación comenzó con “Déjame por Dios que coja aire”, tema que abre el nuevo
disco y que refleja el cansancio que provoca el ruido permanente de los políticos. A
partir de ahí, el repertorio alternó canciones recientes con clásicos muy ligados a la
memoria histórica. Tampoco faltaron referencias a sus inicios con “La romería”, “La
planta 14” o “El abuelo Vítor”, cuya interpretación en vivo siempre resulta
emocionante.
Pero un concierto en directo necesita algo más que el peso de las canciones. En el
apartado musical, la banda ofreció una actuación sólida, dirigida con solvencia por su
hijo, el magnífico pianista David San José. También el saxofonista Santi Ibarretxe firmó
algunos de los momentos más brillantes de la noche.
Donde el paso del tiempo resulta más evidente es en la voz. Víctor Manuel nunca fue un
vocalista técnico y hoy sufre especialmente en las notas altas y en los finales largos de
frase, que a menudo se quedan cortos. Sin embargo, su manera de cantar, con sus
limitaciones y desafines, forma ya parte inseparable de su identidad artística. Algo
parecido ocurre con Bob Dylan: la voz puede fallar, pero el carácter permanece.
Entre recuerdos, anécdotas e ironías políticas muy acertadas, el concierto dejó claro que
Víctor Manuel sigue teniendo algo nuevo que decir. Y que muchas de sus canciones
hace tiempo que dejaron de ser solo suyas.
Crítica de Mar Norlander publicada en LA nueva España.
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