miércoles, 22 de junio de 2022

“Gijón del Alma” tiene nuevo disco

 


Víctor Cimadevilla: Presentación del disco “Viejas Canciones”. Colegiata de San Juan Bautista, Gijón, martes, 21 de junio de 2022. 


Después de más de 60 años dedicados a la música Víctor “el de Cimadevilla”, no pierde las ganas de embarcarse en nuevos proyectos y acaba de publicar un disco llamado “Viejas Canciones” que, curiosamente, también contiene canciones nuevas. La presentación tuvo lugar, cómo no, en el barrio de Cimadevilla y escogió un día con doble celebración: el Día Europeo de la Música y el Día Mundial de la ELA, dedicando una parte de la recaudación por la venta del disco a la Asociación de Esclerosis Lateral Amiotrófica.


Víctor no quiso estar solo frente al público y contó con la colaboración de Mercedes Ben Salah y Agustín Vázquez, con los que compartió escenario cantando clásicos con la música pregrabada. Para la presentación de sus nuevas canciones optó por la música en directo, contando con la profesionalidad de “Moriarty”, un dúo mítico de los locales de Gijón formado por Rafa García (guitarra) y David Montenegro (percusión) que acompañaron al cantante en tres temas bastante pegadizos y bien tocados: “Será asturiano”, compuesta por Javier Díaz Gontín (Zapato Veloz), “Sabes” de Narciso Bermúdez y “Nuestro gran amor” de Cuco Sánchez.


Quizás, la Colegiata de San Juan Bautista no era el lugar más apropiado para un concierto con música amplificada, por la excesiva reverberación natural del recinto que emborronaba el sonido. Aún así, el casi centenar de amigos, fans y curiosos que se dejaron caer por allí disfrutaron y, sobre todo, apreciaron el amor de Víctor por la música y por su “Gijón del Alma”, el famoso himno  de los gijoneses que nació en el local de Víctor, en colaboración con Javier Díaz, hace ya 30 años y que aún no se ha conseguido su oficialidad. Y eso que no existe un solo gijonés que no la haya cantado. Quizás, va siendo hora. 

Crítica publicada en La Nueva España


domingo, 19 de junio de 2022

La osadía de Bertín Osborne

 


Bertín Osborne: Gira “40 años son pocos”. Teatro de la Laboral, sábado, 18 de junio de 2022. 


“40 años son pocos” es el último trabajo discográfico de Bertín Osborne y el motivo de la gira intensa que recorre distintos escenarios, pasando por el Teatro de la Laboral que le recibió con un aforo casi al completo. El título es más que adecuado para explicar sus dotes vocales, puesto que después de cuarenta años dedicándose a la música todavía no ha aprendido a cantar. Claro que a estas alturas poco importa ese detalle porque con su peculiar simpatía, su éxito televisivo y sus chascarrillos “campechanos”, logra salir victorioso de los recitales. 


Rodeado de una docena de mariachis comenzó su repertorio con algunas rancheras de las de toda la vida e hizo un repaso por sus canciones más exitosas.  “Amor Mediterráneo”, “Como un vagabundo” o la rumba “Noches de San Juan”. Sus discursos calaban entre los fans y varias espontáneas le gritaban “Bertín, estás buenísimo” e incluso un caballero le azotó “que sepas que mi casa es la tuya”. 

Sus canciones clásicas, las compuestas por él (como se encargó de recordar reiteradas veces) sonaron más o menos entonadas puesto que están hechas a su medida, sin embargo, su vocación de crooner le lleva a cometer la osadía de querer cantar temazos que no están a su altura. No contento con destrozar “Release me”,  “New York, New York” y hasta la mismísima “América, América” (pobre Nino Bravo), se atrevió con dos de las icónicas de Luis Miguel: “Por debajo de la mesa”, del gran Armando Manzanero y “La Bikina”, con unos arreglos buenísimos. La banda de músicos que acompaña es espectacular y los arreglos musicales dirigidos por el pianista son de primera,  qué lástima que Bertín abriera la boca para taparlos. 


Con la simpatía que le caracteriza y entre copa y copa de vino apurada, con la excusa de aclarar la garganta, la que mejor cantó y escenificó fue la ranchera “Llegó borracho el borracho”. Ya para despedir recurrió al éxito de Albert Hammond, “Échame a mi la culpa” con la que salió triunfante una vez más. Y es que para ser artista hay que ser valiente y atrevido, incluso hay artistas que rozan la temeridad, tan necesaria para lograr el éxito. Y luego está el caso de Bertín Osborne que va por otros parámetros. 


Crítica publicada en La Nueva España


viernes, 10 de junio de 2022

La OSPA, un tesoro que hay que cuidar

 


Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Teatro Jovellanos, jueves 9 de junio de 2022.

Director: Maximiano Valdés

Solista: Esther Yoo (violín)


Con un programa ambicioso a la par que atractivo cuesta entender el porqué de la escasez de público en el último concierto de la temporada que nuestra Orquesta Sinfónica ofreció en el Teatro Jovellanos. Como invitados la joven y brillante violinista Esther Yoo y el director Maximiano Valdés, una de las batutas más queridas de la OSPA tras haber ostentado la titularidad durante dieciséis años hasta 2010. 


Escuchamos tres grandes obras cronológicamente inversas en cuanto a fecha de composición, la primera de ellas la suite para orquesta de Ravel “Le Tombeau de Couperin” (1919). Precioso preludio que se balanceaba entre los ornamentos barrocos inspirados en Couperin y esas armonías del siglo XX recién exploradas. Valdés con su discreta gestualidad al frente de la OSPA lograba poner cada sección en su sitio durante los cuatro movimientos sin excesos ni artificios, dejando como protagonista a la propia partitura para que el público pudiera apreciarla en su justa medida. 


Tras pequeños cambios en el escenario sonó la partitura más famosa de Max Bruch, el “Concierto para violín nº 1 en sol menor” (1868) en manos de la violinista estadounidense de origen coreano Esther Yoo. ¡Qué magnífica violinista! Ni buscando con lupa encontramos el más mínimo atisbo de imperfección con su Stradivarius. Entre el lirismo de las melodías y la brillantez en la ejecución  del tercer y último movimiento, con ese juego de cuerdas dobles y cuádruples,  levantó una ovación tan larga que Yoo agradeció con una increíble versión de la melodía infantil “Yankee Doodle”. Grande Yoo.


En la segunda parte escuchamos la “Eroica” (1803), la sinfonía con la que Beethoven abandona el Clasicismo para explorar la colorida armonía y la intensidad del Romanticismo. Me encanta la dirección de Max Valdés, sin concesiones a un efectismo extravagante y sabiendo extraer cada línea melódica y cada tema con intensidad. Valdés, se mostró encantado de haber vuelto momentáneamente al frente de la orquesta y se despidió solicitando al público apoyo para la OSPA. Con su lenguaje no verbal el motivo que argumentó fue: “porque es un verdadero tesoro”. Valdés tiene razón. 


domingo, 29 de mayo de 2022

Alegría para los fans de Sergio Dalma

 


Sergio Dalma, Gira “Alegría”. Teatro de la Laboral, sábado, 28 de mayo de 2022. 


Por fin llegó el concierto esperado para aquel maldito marzo del 2020. El caso es que los fans de Sergio Dalma no devolvieron las entradas y ahí estaban todos llenando el Teatro de la Laboral dispuestos a ver un espectáculo de dos horas y casi treinta canciones con las que celebraba más de treinta años encima de los escenarios.


La primera parte estuvo aceptablemente bien. Rodeado de sus seis músicos sonaron temas de  su último disco “Alegría”, con canciones como “Suerte”, “Gigantes” o “La Vida” que, si bien grabadas son soporíferas  en directo tienen gancho, sobre todo la primera. La rumba “La Noche de San Juan”, primer single, puso al público en pie entre aplausos y bailoteos antes de dar un giro y comenzar con una tanda de clásicos versionados de forma sorprendente. “Solo para tí” únicamente con voz y contrabajo: una maravilla de versión. “El Jardín Prohibido”, otra magnífica versión con voz y piano. Las mejores fueron “Yo Caminaré” y “Te Amo”, con un plus de sofisticación.


Después de este momento de  belleza musical llegó una tanda de temas que se los podía haber ahorrado, por ejemplo, la vacía “Fuego en el alma” o la mediocre “El diablo dentro”.  Un poco más salvable sonó "Cuidaré" y Dalma se bajó del escenario para cantar entre el público, momento en el que el staff técnico temió por su integridad por las fans enloquecidas, pero no llegó la sangre al río.


Para terminar rajó la voz, aún más si cabe, para exprimir una buena tanda de clásicos italianos que ya vendió en “Vía Dalma” y que es un estilo que le va muy bien. Fue un buen concierto y una vez más Sergio Dalma estuvo cercano y encantador. El saludo final con todos, absolutamente todos, encima del escenario le honra.  


sábado, 21 de mayo de 2022

Seldom Sene: una taracea musical

 


“Seldom Sene”, Sociedad Filarmónica de Gijón, viernes, 20 de mayo de 2022. 


La Sociedad Filarmónica de Gijón clausuró su temporada en el Teatro Jovellanos con un concierto de lo más original a cargo de “Seldom Sene”, un quinteto de flautas que hizo un recorrido por cinco siglos de música bajo el nombre de “Taracea”, interpretando desde obras tan antiguas de autores como Josquin Desprez o Antonio de Cabezón hasta piezas de vanguardia creadas por compositores vivos. 

El virtuosismo y la técnica de las cinco flautistas causaron sensación entre el público asistente y la presencia en el escenario de nada menos que cuarenta y cuatro modelos de flautas, algunas de ellas tan poco vistas y tan llamativas, dejaron a más de uno con la boca abierta, como es el caso de los modelos gigantes de flautas cuadradas inspiradas en tubos de órganos: parecían de atrezzo y encajaban con el significado de “Seldom Sene”, que se traduce como “raramente visto”.


Stephanie Brandt, Ruth Dyson, Eva Lio, Hester Groenleer y María Martínez son las protagonistas de este singular “consort” vinculado al conservatorio de Ámsterdam y de procedencias distintas. Tras interpretar dos “Inviolata” de Cabezón y Desprez respectivamente, llamaron la atención con la pieza de Hermann Robert Frenzel por su sonoridad tan cercana al órgano y la dificultad de emisión de notas tan largas sin que se notara la respiración. Seguidamente una composición contemporánea del virtuoso flautista y antiguo profesor Paul Leenhouts y su obra “Quo quondam victa furore”, en la que se vivió una confrontación de una contra cuatro con diferentes técnicas imposibles y una afinación impecable. 


Sensacional fue el inicio de la segunda parte con la interpretación de adaptaciones a flauta de piezas compuestas para laúd del famoso John Dowland y seguidamente saltaron al barroco francés con Joseph Bodin de Boismortier. Impecable. 

No sé si por preferencia o por debilidad hacia lo contemporáneo pero, sin duda, la obra más llamativa de la segunda parte fue “Mathongo Amnandi” una Suite africana de cuatro movimientos escrita por Sören Sieg que está inspirada en los sueños, con una métrica irregular y una armonía sigilosa que terminó con un bellísimo movimiento titulado “El Despertar” (Awakening). 


Finalizaron el concierto con dos de las “Variaciones Goldberg BWV 988” de J.S. Bach,  la canónica número 21 y la hermosa y compleja número 28 en una interpretación con gran seguridad y sonoridad.

Probablemente un concierto con cinco intérpretes flautistas no es lo suficientemente atractivo como para llenar un teatro como el Jovellanos, y más en tiempos en los que la música “académica” no causa furor, sin embargo, los numerosos asistentes que pudimos disfrutar del programa de “Seldom Sene” tuvimos la sensación de contemplar un delicado trabajo artesanal con sonoridades exquisitas, lo que viene a ser una “taracea”.


viernes, 13 de mayo de 2022

Cuarteto Quiroga y la OSPA: con aires americanos.




 “Absolute Quiroga”: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y Cuarteto Quiroga. Teatro Jovellanos, jueves 12 de mayo de 2022.

Director: Carlos Miguel Prieto


La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) volvió al Teatro Jovellanos con un programa ambicioso bajo la dirección del mexicano Carlos Miguel Prieto, y con su estilo carismático dio vida a dos obras contemporáneas cuyos compositores contribuyeron a engrandecer las partituras sinfónicas estadounidenses.


 Previo al concierto leíamos las interesantes notas al programa (en papel, por fín) y observábamos la cantidad de obras de Beethoven a las que hace referencia la composición de  John Adams “Absolute Jest”, convirtiéndose la escucha en un ejercicio activo que  despierta las neuronas del oyente para descubrir qué fragmentos y qué obras están presentes en esta pieza a modo de scherzo juguetón, que dura la osadía de veinticinco minutos sin paradas. Por lo tanto, no fue solo una escucha pasiva en modo diletante. La creación de Adams para cuarteto de cuerda y orquesta es sublime y la partitura es tan compleja que necesita de unos ejecutantes capaces de definir con claridad las líneas contrapuntísticas con un  meticuloso cuidado en cuanto a la regulación de las dinámicas. ¡Quién mejor que el Cuarteto Quiroga para estos menesteres! Pocos cuartetos hay a su altura y lo demostraron una vez más en las partes solistas y en diálogo con la OSPA, que se crecía ante el reto de estar a la altura de los Quiroga. Tal fue la ovación que quisieron agradecer los aplausos interpretando “Lento assai”, del último cuarteto que escribió Beethoven antes de morir.


Tras la pausa y ya sin el cuarteto, la OSPA desplegó su potencial para interpretar una obra que identifica plenamente al pueblo norteamericano: la “Sinfonía nº 3” de Aaron Copland, cuyo estreno sirvió para festejar la victoria de los Aliados tras la II Guerra Mundial. La dirección de Prieto transmitía entusiasmo y los músicos se contagiaban de esa vitalidad al interpretar una obra estructurada en tres movimientos más la parte final que incorpora la “Fanfarria para el hombre común”. ¡Qué bonita composición! Esos sonidos abiertos y las largas líneas melódicas volaban y se entrecruzaban con los contrastes joviales del scherzo hasta llegar a la explosión final y compleja de la fanfarria. Los timbres estuvieron cuidados y las notas bien medidas y el resultado fue una magnífica interpretación por parte de la OSPA bajo la dirección de Miguel Ángel Prieto. En definitiva, un éxito de programa muy americano que no es fácil de ejecutar y que el escaso público agradeció con calurosos aplausos.


Crítica publicada en La Nueva España


martes, 3 de mayo de 2022

La conciencia sobre el cambio climático clausura el L.E.V.

 


Lubomyr Melnyk, SPIME.IM y Julia Kent: L.E.V. Festival, Teatro Jovellanos, domingo 1 de mayo de 2022. 


El estreno en España de la performance “The End of the World” en el Teatro Jovellanos clausuró el ciclo de conciertos del Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón, poniendo un plus de calidad a la edición de este año. La performance es ideada por el pianista ucraniano Lubomyr Melnyk junto con el colectivo “SPIME.IM” de Turín, que se encargó de la parte electrónica y visual, y la violonchelista canadiense Julia Kent, a la que tuvimos ocasión de ver en ediciones pasadas del L.E.V. La propuesta es un mensaje sobre la necesidad de dejar de utilizar la electricidad para acabar con el calentamiento global, siendo una de las causas principales el uso de la energía nuclear, tal como nos advertía Melnyk en su presentación inicial. 


La obra va transitando por diferentes partes bien equilibradas, comenzando con sonidos minimalistas en arpegios de piano y melodías con notas largas del chelo, mientras las imágenes nos sitúan en medio de bosques frondosos y paisajes naturales. Se van incorporando sonidos electrónicos que poco a poco empiezan a intoxicar esos verdes naturales, hasta llegar a una segunda parte en la que la destrucción comienza a asomar, muy bien representada por la simbiosis entre sonido e imagen. Los sonidos de explosiones alternando con silencios, sobre imágenes de mapas y gráficos temporales a modo de flashback que van y vienen, recordando a la audiencia que las advertencias sobre lo que está pasando no son nuevas, intensifican las sensaciones de una butaca bien repleta. 


Después del primer caos, el chelo  monta una base creando loops en pizzicato para desgranar melodías con el arco, alternando con sonidos y ruidos electrónicos que nos acercan más a la destrucción con nuevos mensajes de advertencia. Macrociudades iluminadas como símbolo del progreso en contraste con los bosques, glaciares y mares se empiezan a desfigurar al mismo tiempo que se escuchan sonidos de bombas y texturas muy densas hasta que captamos la guerra, el fuego y la destrucción, representado por pixeles negros y grises que lo devoran todo. Los artistas juegan con la saturación del sonido y los silencios para causar terror. Y empieza la cuenta atrás una y otra vez, representada por líneas azules que se van convirtiendo en intensos rojos hasta que saturan toda la pantalla, como símbolo de la contaminación.  


Pero Lubomyr Melnyk, a pesar de su origen ucraniano y de la constatación del horror que vive su pueblo, es optimista y deja para la última parte un mensaje de esperanza. Para ello contó con la voz soprano de Laura Cotarelo que interpretó dulcemente unos versos luminosos sobre una intensa luz naranja de fondo, a modo de sol. Melnyk termina el espectáculo con múltiples arpegios dulces de piano y logra el doble objetivo de la performance: concienciar al público sobre el cambio climático y, sobre todo, disfrutar de un buen espectáculo, ya que, recordando sus palabras iniciales, la música también es para divertirse. Una performance para repetir.

Crítica para La Nueva España

domingo, 1 de mayo de 2022

Forms: una experiencia hipnótica en el L.E.V.

 


Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón (L.E.V.), Teatro de la Laboral, sábado, 30 de abril de  2022. 


El Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón se consolida un año más como referente a nivel mundial con un desfile de propuestas vanguardistas que avanzan por dónde van los tiros en cuanto a sonidos e imágenes. Las tres performance que tuvieron lugar en el Teatro de la Laboral en la tarde del sábado no obtuvieron el mismo resultado en cuanto a aceptación, aún así cada una por individual sirvió para que el público se planteara un montón de preguntas  y esa es una de las finalidades de cualquier festival que apueste por la creación. 


La canadiense Cadie Desbiens-Desmeules y el japonés Tetsuji Ohno presentaron “Influenced”, una  performance en torno al uso de las redes sociales y el auge de la inteligencia artificial, a través de una selección de múltiples imágenes (sobre una base de sonidos abstractos) que nos invaden día a día y sobre las que es necesario hacer una reflexión. El resultado no fue tan atractivo como se esperaba. 


Más éxito tuvo el saxofonista y compositor canadiense Jason Sharp con la presentación de su tercer disco “The Turning Centre of a Still World”, creado junto al cineasta experimental Guillaume Vallée, En esta propuesta apreciamos la dificultad de extraer las notas de un saxo barítono mientras Sharp experimentaba con sonidos generados por su propio cuerpo mediante mecanismos electrónicos adheridos a su corazón para generar bits sonoros. Físicamente alteraba los latidos mediante movimientos forzados que interactuaban con los sonidos acústicos y los electrónicos producidos a base de pedales, loops, sintetizadores y samplers. La performance pecó un tanto de larga pero, sin duda, una experiencia muy interesante, de hecho, parte del público llegó a sudar por empatía con Sharp.   


La propuesta del estudio de investigación audiovisual “Playmodes” y su “Forms-String Quartet”,  fue la que se llevó la mayor ovación y la que más impacto causó.  Santiago Vilanova, alma máter del espectáculo, ideó una obra visual y sonora cuyo atractivo va a la par que la dificultad. Se trata de un sistema compositivo basado en la síntesis de espectrogramas con un gran avance: permite crear partituras gráficas para instrumentos acústicos que son interpretadas en directo por músicos profesionales, en este caso un cuarteto de cuerda, en combinación con sonidos electrónicos. Todas estas ideas tuvieron que convertirse previamente en algoritmos matemáticos para poder visualizarse en una gran pantalla. Además, Vilanova tuvo en cuenta las tesituras y las características de cada instrumento para que el resultado fuera espectralmente óptimo. Otro de los aciertos de esta obra es que, a diferencia de un concierto de estreno al uso, los espectadores saben lo que va a sonar con antelación a través de una gran pantalla, puesto que cada instrumento está representado por un color y las líneas de sonido correspondientes asoman por la derecha de la pantalla con múltiples combinaciones y formas y se hacen efectivas al alcanzar una línea vertical situada en la zona izquierda. Por lo tanto, nos anticipamos al sonido en sus cuatro parámetros. Pero para que esto ocurra con resultado óptimo hace falta que los cuatro intérpretes sean precisos y dominen su instrumento a la perfección, es decir, músicos de gran nivel. Y en esta ocasión la selección de Santiago Vilanova fue el “Ensemble 4.70”, un cuarteto de cuerda  formado por Marta Martínez (violonchelo), David Roldán (viola), Gits Sapietis (violín) y Marina Gurdzhiya (violín) que ejecutaron la creación de Vilanova con precisión milimétrica. Cuatro grandes músicos afincados en Asturias con una gran técnica y una cabeza bien abierta para interpretar una partitura un tanto alejada de su modus operandi habitual. 


Tan solo veinte minutos duró esta magnífica performance y durante ese tiempo todas las miradas estaban fijadas en la pantalla para seguir la experiencia sonora como si se tratara de una sesión de hipnosis.  Sin duda, la propuesta de Santiago Vilanova fue un gran acierto y también, sin duda, seguir apostando por el L.E.V. es uno de los mayores aciertos de Gijón. 



Crítica publicada en La Nueva España

sábado, 9 de abril de 2022

La energía que levanta Fito

 



Fito & Fitipaldis, “Cada vez Cadáver Tour”. Palacio de deportes Adolfo Suárez, Gijón, viernes 8 de abril de 2022. 


Con quince días de retraso, por causa de la covid, llegó a Gijón una de las citas más esperadas de la temporada y probablemente de todo el año: el concierto de Fito & Fitipaldis y la presentación en directo de “Cada vez cadáver”, su nuevo disco que llega siete años después de “Huyendo conmigo de mí”. Está claro que eso de la composición Fito se lo toma con calma pero la espera mereció la pena, porque escribió diez canciones bien pensadas y llenas de matices a cual mejor. Vale que muy novedosas no son, de hecho, cuando arrancan algunas de ellas nos parece que ya las hemos escuchado antes, pero ahondando vemos que hay muchos detalles para apreciar y disfrutar. 


Un acierto de la gira es traer como banda acompañante a “Morgan”, el grupo madrileño que nos visitó hace apenas un mes por la presentación de su disco “The River and The Stone” y nos dejó con ganas de repetir. Su actuación fue breve pero fabulosa, una vez más. Y después de los imprescindibles cambios en el escenario salió Fito y su séquito habitual para darlo todo empezando por “A quemarropa”, una de las nuevas que ya se saben los más de cinco mil asistentes que acudieron a la cita. Y una tras otra sonaron las diez nuevas y los éxitos consagrados sin un solo desliz que matizar hasta finalizar con “Acabo de llegar” con la que despide sus conciertos. 

Veinticuatro temas en total donde Carlos Raya, que también es el productor del disco, hizo de las suyas con las seis cuerdas: tremendo guitarrista que, incluso tras sufrir una caída del escenario cuando tocaba “Antes de que cuente diez”, mientras interpretaba uno de sus magníficos solos, continuó como si no hubiera pasado nada y, además, se creció. La contundencia de la batería de Coki Giménez, que hipnotiza por su energía cuando sale por las pantallas gigantes, ayudaba a engrandecer los rocanroles y a empastar los bombos con las figuras del bajo de Alejandro Climent. También las melodías al saxo de Javier Alzola, las cuales no destacan por virguerías pero sí por sonido. 

 

Una de las canciones mejores del nuevo repertorio es “Quiero gritar” que, si bien en el disco pasa desapercibida, en directo es la bomba y más en esta ocasión que fue interpretada también por los componentes de “Morgan”, sobresaliendo la voz de Nina con esa garra que tiene a lo Janis Joplin.  


Fito se mostró desbordado de energía y feliz de poder dar el concierto, hasta el punto de quebrarse su voz de la emoción cuando despedía agradeciendo al público por haber estado pendiente de él. Deberían de inventar una forma de recoger y almacenar toda esa energía y ese calor que fluye entre público y artistas y transformarla para el consumo, ahora que está tan carísima la luz. Solo con la intensa gira de Fito & Fitipaldis se generarían muchos miles de megavatios y sería el invento del siglo. 


Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 7 de abril de 2022

Rescatando a Boccherini

 

“Stabat Mater”: Ensemble Trifolium y María Espada (soprano). Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, 6 de abril de 2022. 


Dos obras del compositor Luigi Boccherini protagonizaron el concierto ofrecido por la Sociedad Filarmónica de Gijón para celebrar la llegada de la Semana Santa y con el mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. El lunes previo al concierto, el catedrático de musicología Ramón Sobrino se encargó de impartir una conferencia que tituló “Iuxta Crucem lacrimosa”, en la que profundizó sobre la obra de Boccherini y en especial sobre el “Stabat Mater”, compuesto en 1781. Nadie mejor que Sobrino para iluminarnos sobre una etapa histórica española que aún queda mucho por explorar. 


Sobre las tablas del Jovellanos el “Ensemble Trifolium”, formado por Carlos Galifa y Sergio Suárez (violines), Juan Mesana (viola) y Javier Aguirre (violonchelo), inició el concierto interpretando el “Cuarteto en Do menor, Op. 2, nº 1”, escrito por Boccherini en su periodo italiano antes de establecerse en España definitivamente. En el segundo de los tres movimientos observamos un importante protagonismo del violonchelo que fue solventado con ciertas dificultades de afinación por el chelista Javier Aguirre. Más lucido quedó el último movimiento Allegro con sus contrastes, que sirvió para compensar los desajustes anteriores. 


En la segunda parte se interpretó la primera versión del “Stabat Mater” de Boccherini y para ello se incorporó al cuarteto la contrabajista Susana Ochoa, para interpretar la partitura escrita para un segundo “violoncelli obbligati” que fue sustituido por el contrabajo. En esta obra el protagonismo absoluto se lo llevó la soprano extremeña María Espada, que puso voz al himno medieval de origen franciscano y dejó al auditorio impresionado con su calidad vocal. Especialista en este tipo de repertorio su fama le precedía, sin embargo, su voz en directo es aún más redonda y más cálida, superando la calidad de las versiones discográficas. Además, dotada de una técnica sublime y una buena dicción acometió los versos con gran expresividad, metiéndose en el papel para darle emotividad al sufrimiento de María durante la crucifixión de su hijo.  


A pesar de los problemas de afinación que hubo, en parte debido al empeño “historicista” de prescindir de los avances más modernos (como la pica del chelo) y preferir cuerdas de tripa, que en ocasiones no empastan con las metálicas del contrabajo, fue un magnífico concierto en su totalidad,  por la exquisita voz en directo de María Espada y por la singularidad del repertorio tan pocas veces escuchado. El mérito es de los artistas por su calidad y su interés en rescatar obras de nuestro patrimonio que merecen más luz, como estas de Boccherini. 

Crítica publicada en La Nueva España   

domingo, 3 de abril de 2022

La nueva ERA de León Benavente


 “León Benavente”, Teatro de la Laboral, 2 de abril de 2022. 


A León Benavente le pilló la pandemia en pleno arranque de gira cuando presentaba “Vamos a volvernos locos”, un álbum que apuntaba cierta ruptura con los discos anteriores en pro de sonidos más electrónicos. Y en esta pausa en la que los conciertos brillaron por su ausencia nació “ERA”, título enigmático para un álbum que tiene cierta continuidad con el anterior y que aparca casi en su totalidad las distorsiones de las  guitarras. Había curiosidad por ver cómo presentaban el disco en el Teatro de la Laboral con el público sentado (difícil tarea para los fans de la banda) y cómo resolvían en directo la cantidad de pistas grabadas y su actualización del sonido. Además, presentan algunos cambios de instrumentos: el asturiano Luis Rodríguez aparca la guitarra y vuelve al bajo, que deja Eduardo Baos para pasarse a los sintetizadores.   


Abrieron con “Líbrame del mal” y a medio tema el público comenzó a levantarse de sus butacas por oleadas para bailar y ya no hubo manera de sentarse. Sonó “Dí no a la nostalgia” y en la parte final Abraham Boba coge la guitarra y le da un subidón al tema, cuya letra es interesante aunque musicalmente es bastante muermo. Lo mismo ocurre con varios temas del disco, como “Persona” o “La Gran Muralla” (esta última inspirada en la performance de Marina Abramovich): nos gustan sus letras y la literatura que hay detrás, pero la base musical es bastante mediocre, aunque gana mucho en directo. El público se vino arriba con el potente directo de “Canciones para no dormir” y aplaudimos la incursión de “Niño Futuro” en el álbum como homenaje a Rafael Berrio, poeta vasco que falleció de cáncer de pulmón en el 2020. 


Del nuevo álbum nos quedó por escuchar “Letras”, el resto estuvo presente y con mucha aceptación; la que más “Viejos rockeros viejos”, que se convertirá en fondo de armario de su repertorio, sin duda. Y para cerrar el concierto y dejar a los fans extasiados recurrieron a la artillería pesada que encumbró al cuarteto al lugar que ocupan: la cañera “Ahora soy feliz” y cómo no “Ser Brigada”, que desató la locura entre el público, además de los bises “Tipo D” y “Ayer salí”. Musicalmente, esta “Era” versión 4.0 de “León Benavente” tiene menos gancho que sus anteriores discos y si me dan a elegir, prefiero el sonido más crudo y con más distorsiones. Aún así siguen siendo originales, anárquicos y creativos y en directo son la caña. 

 Crítica publicada en La Nueva España 

viernes, 1 de abril de 2022

Concerto Baroque de la OSPA

 


Concierto de abono de la OSPA: “Concerto Baroque”. Juan de la Rubia (órgano y dirección), Nuria Rial (soprano. Teatro Jovellanos, jueves 31 de marzo de 2022. 


Antes de comentar el magnífico concierto ofrecido por la OSPA en el Teatro Jovellanos hay un par de detalles que me gustaría resaltar. El primero de ellos es que estaría bien que a estas alturas pandémicas el programa de mano se volviese a dar impreso ya que, si tenemos en cuenta la media de edad, gran parte de los asistentes no se manejan con los códigos QR y es importante para seguir el desarrollo del concierto. Además, entra en conflicto con el segundo: la voz en off que da la bienvenida prohíbe el uso de móviles durante el espectáculo, con la excusa de que “puede causar interferencias con nuestro equipo técnico”. En resumen, la OSPA nos invita a descargar el programa a través de un código QR que no podemos visualizar porque está prohibido usar móviles, ya que pueden causar interferencias con un supuesto equipo que no hay porque el concierto es 100% acústico. En fin, cosas que habría que revisar.  


“Concerto Baroque” es el último concierto de abono de la OSPA dedicado a la música barroca y a los dos compositores por excelencia: Bach y Haendel, con permiso de Purcell y Vivaldi. La sección de cuerda de la sinfónica se adaptó perfectamente a las complejas exigencias que requiere interpretar un programa de este tipo, comenzando por el “Concierto de Brandemburgo nº 3 en Sol Mayor” y dirigido por el organista Juan de la Rubia, que nos deleitó con una buena interpretación al clave captada en el segundo movimiento. Es un instrumento que carece de presión sonora y, por lo tanto, es absorbido cuando se interpreta en conjunto con las cuerdas. 

Con gran vitalidad cambiaba del clave al órgano y llevaba  la dirección de la orquesta hasta con los pies, implicándose para lograr extraer con precisión las notas de la mente creadora de Haendel en su “Concierto en Fa mayor nº 13”. Fantástica la dirección y la interpretación al órgano de Juan de la Rubia, que jugaba con los registros del instrumento para que pudiéramos escuchar el sonido del cuco y del ruiseñor, entre otros muchos detalles. 


La soprano Nuria Rial gustó con las dos cantatas de Bach mostrando una técnica depurada y limpia muy evidente en los finales de frase, en los que alargaba las vocales y acortaba las consonantes finales al mínimo posible (una de las dificultades que tiene el idioma alemán), logrando así una voz natural y elegante con graves plenos que lucían alternando con la flauta de Myra Pearse. Más brillante, aún si cabe, estuvo en las arias de “Rodelinda, reina de Lombardía” con las que se cerró el recital. Nuria Rial es una de las voces más templadas y bellas que tenemos en España y hoy por hoy no tiene competencia en el repertorio barroco. Y la OSPA, aunque su especialidad no sea este periodo histórico demostró que con una buena dirección puede abordar cualquier repertorio y lucirlo con creces. 


Crítica publicada en La Nueva España

lunes, 28 de marzo de 2022

Film Symphony Orchestra y la gira Fénix

 


Film Symphony Orchestra: “Fénix”. Teatro de la Laboral, sábado, 27 de marzo de 2022. 


Lo que hace Constantino Martínez-Orts al frente de la Film Symphony Orchestra es lo mismo que hacen las orquestas “de prao” en las romerías de verano, solo que en vez de utilizar éxitos de música de baile se sirve de música de películas. Tras el parón de la pandemia el mejor título que se le ocurrió fue “Fénix”, simbolizando así el resurgir “de la vida, del arte y la cultura”, tal y como explica Martínez-Orts en las presentaciones, pero en lugar de “Fénix” bien podría haber utilizado cualquier otro nombre que se le hubiera pasado por la cabeza y el resultado sería lo mismo. No hay coherencia ni hilo conductor, simplemente hay música que funciona muy bien, porque la mayor parte del público la conoce. Toca pildoritas de bandas sonoras sin conexión entre ellas, de manera que si le da la vuelta al repertorio y empieza por el final el resultado sería el mismo. Eso no quiere decir que esté mal tocado o que no me guste, porque también las buenas orquestas “de prao” tocan bien y me gusta divertirme en una romería. 


Abrieron con Ludwig Göransson, interpretando pequeñas partes de la serie “The Mandalorian”, uno de los compositores más interesantes de la escena actual (“Tenet” o “Black Panther”, entre otras). A continuación “Ben-Hur” de Miklós Rózsa y el último vals de Bernard Hermann cuya interpretación compro porque son partituras sinfónicas y están bien tocadas. Lo difícil es crearlas. Seguidamente, algunos de los presentes descubrimos la serie “Los Bridgerton” y quedamos con ganas de ahondar en ella. De esta primera parte también destacaría “Matrix” por la dificultad rítmica bien resuelta. 

Y después de la obertura de Patrick Doyle llega el primer patinazo para mi gusto: “El Código da Vinci” de Hans Zimmer. La orquesta no capta las peculiaridades de Zimmer porque detrás de este compositor hay muchas horas de producción y un trabajo tímbrico exquisito que no es reproducido por la Film Symphony, aunque tire de coros grabados, como es el caso. Ahí estaban las notas de las partituras pero no los timbres ni el sentido. Y para cerrar las pifias de la primera parte un batiburrillo de temas de “West Side Story”. ¿Qué tiene que ver Bernstein con Zimmer o Göransson? Será que las partituras estaban de oferta al 2x1.


Ya en la segunda parte, tras el concurso habitual rescataron, entre otros, al gran Alfred Newman con “La Conquista del Oeste” y a Nicola Piovani con “La vida es bella”. Tampoco podía faltar en esta ensalada de astros del cine Dimitri Tiomkin para introducirnos a ritmo de marcha en el mundo del circo. Y el momento estelar del concierto llegó con “Gladiator” y una voz soprano que bordó el papel de Lisa Gerrard.


Para cerrar “La Bella y la Bestia” y los bises “Iron Man 3” y “Cantina Band”. Y otra vez más me quedo con la sensación de haber escuchado un montón de bandas sonoras que no tienen nada que ver unas con otras, como una orquesta de pachanga en versión cine. 


Me encantaría poder ver un concierto de la Film Symphony Orchestra interpretando menos cantidad y más desarrollo y profundidad de cualquiera de los compositores seleccionados Porque calidad no les falta. 

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 17 de marzo de 2022

La Lírica de Goethe

 



“La Lírica de Goethe”: Paula Iragorri (mezzosoprano) y Marcos Suárez (piano). Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles, 16 de marzo de 2022. 


La Sociedad Filarmónica de Gijón ofreció un concierto singular de la mano de la mezzosoprano vasca Paula Iragorri y el pianista asturiano Marcos Suárez, cuya recaudación contribuye al proyecto de rehabilitación de la capilla del Natahoyo, promovida por el Club Rotario. Juntos ofrecieron un recorrido casi histórico de compositores que han musicado poemas de Johann Wolfgang von Goethe, posiblemente uno de los creadores más ilustrados del corpus literario y, sin duda, fuente de inspiración para innumerables obras musicales en los últimos dos siglos. Por ello, la selección del repertorio para la velada basada en el género lieder  fue un trabajo complejo y resuelto con nota. 

 

Las complementarias notas al programa de viva voz por parte de David Roldán nos situaban en un momento histórico en el que Goethe compartió años de vida con Mozart, Beethoven y Schubert, los tres compositores seleccionados para la primera parte del programa. Comenzó con el lied de Mozart “Das Veilchen”, resultando un ejercicio mecánico y falto de vida al lado de las piezas de Schubert  o de los lieder escogidos para la segunda parte. Tampoco las piezas seleccionadas de Beethoven causaron entusiasmo, si bien la “nostalgia” estuvo bastante acertada. De “Egmont”, Op. 84 rescataron dos de los diez lieder que conforman esta magnífica obra elogiada por el propio Goethe tras su estreno y lograron la corrección en la interpretación. 


Para finalizar la primera parte no podía faltar algún lied de Schubert, compositor por excelencia del género, si bien este hecho implica una gran dificultad puesto que el listón está muy alto en cuanto a interpretación. Después de escuchar cabalgar al “Rey de los Elfos” quedaron ganas de más Schubert. 


Ya en la segunda parte el prolífico Schumann precedió a una de las romanzas Op. 6 de Tchaikovsky: “Nur wer die Sehnsucht kennt” resuelta con soltura en las frases agudas por parte de la mezzo. Pero Iragorri y Suárez guardaron sus mejores ases para el final del concierto. Después del lied de Grieg, bastante desconocido a la par que interesante, interpretaron tres piezas de Hugo Wolf, siendo la mejor selección del concierto dadas las características interpretativas y la capacidad de empaste entre el pianista y la mezzosoprano. La sorpresa final vino de la mano de un compositor totalmente desconocido (de hecho ni siquiera figura en el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana), el catalán Camilo Comas. Gracias a la profesora de musicología María Sanhuesa y su búsqueda incansable de obras artísticas pudimos escuchar un lied titulado “Gretchen”, Op. 15 cuya interpretación no podemos valorar al desconocer referentes y partituras, sin embargo, el lied resulta totalmente atractivo. 


El concierto fue de menos a más, con interpretaciones más planas y otras más exquisitas pero, sin duda, solo por escuchar una obra de nuestro patrimonio que permanecía enterrada hasta ahora ya merece la pena.


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 13 de marzo de 2022

Ara Malikian vuelve a triunfar en el Teatro de la Laboral

 

“The Ara Malikian World Tour”. Teatro de la Laboral, viernes 12 de marzo de 2022. 


15 años lleva Ara Malikian residiendo en España y llenando teatros con su manera de entender la música. Y en esta gira de despedida, antes de iniciar su nueva etapa creativa, volvió a visitar Gijón un año más y esta vez con sesión doble en la tarde del sábado. Quizás, por esta causa tuvo que ahorrar energía y vimos a un violinista un poco más comedido que en otras ocasiones, sin darlo todo. Aún así, el nivel es tan alto que se puede permitir no estar al 100%, programar un repertorio sin hilo conductor e incluso fallar con la afinación. Da igual, sus dotes de comunicación, sus movimientos por el escenario y su calidad interpretativa y compositiva le convierten en una apuesta segura. El resultado es que se vendieron hasta las entradas de visión reducida en las dos sesiones con un público de todas las edades. Y una vez más triunfó. 


Acompañado por piano, guitarra, bajo y batería empezó con un tema por todo lo alto, de esos que forman su sello de identidad en los que mezcla rock con cabaret, con toques jazzísticos, pasando por un baladón de melodía expresiva y cuando parecía que se terminaba imprime un vertiginoso ritmo para que vuelen los arpegios imposibles. Y yo me preguntaba, si empieza así de fuerte cómo acabará. Tremenda ovación se llevó ya con el primer tema. 

Y después de ganarse al público con su graciosa locuacidad interpretó la “Rapsodia Gijonesa Número 3” (así la bautizó para la ocasión), comenzando con una larga melodía del violín con contestaciones del piano y ahí se notó la afinación descompensada entre los dos instrumentos. La pieza en sí es una maravilla porque Malikian, conocedor de las formas clásicas, las moldea y las retuerce a su gusto con sonoridades nuevas y ritmos modernos. 


Fantásticos fueron los arreglos de Dvorak y Chopin, en los que la expresividad no decayó durante la abundancia de sobreagudos tan difíciles de mantener. ¿Cómo se puede hacer algo tan bello con tan pocas notas? Decía Malikian a propósito de Chopin. 


Los músicos que le acompañan no le andan a la zaga en cuanto a nivel, y como muestra el piano tan espectacular que sonó durante el arreglo de “Life on Mars?” de David Bowie  o los arreglos rítmicos de “Ay Tikar Tikar”. Malikian dejó hueco para que se lucieran uno por uno en “Calamar Robótico” y en la difícil ejecución conjunta de “Alien’s Office” . Si es que hasta los títulos de los temas son graciosos. 


Y una vez más finalizó el concierto con la preciosa y cantabile “Nana arrugada”, un tema que compuso como dedicatoria a todos los ancianos y personas vulnerables  que se han ido durante la pandemia en solitario, sin familiares ni amigos. Y una vez más todo el público agradecido se puso en pie para rendir una sonora ovación al mago del violín. 


Da igual las veces que hayamos visto a Malikian contar las mismas historias y tocar los mismos temas aunque estén recubiertos con otro envoltorio. Cada vez sorprende como si fuera totalmente nuevo. Y ahora anuncia un parón para una experiencia internacional compositiva y no sabemos qué será lo nuevo que traerá. Lo que sabemos con seguridad es que será bueno y que aquí le esperamos. 


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 6 de marzo de 2022

Una bonita noche con Mikel Erentxun


Gira “Amigos de guardia”. Sala Acapulco del Casino de Asturias. Sábado, 5 de marzo de 2022. 


Hace mucho tiempo que Mikel Erentxun tocó techo en el terreno artístico, sin embargo, la popularidad alcanzada al frente de Duncan Dhu y algunos éxitos en su carrera en solitario, le da para permitirse el lujo de crear una gira en la que hace un repaso de su carrera tirando de fondo de armario y sin sacar nada nuevo. Y una vez más consiguió llenar el recinto de la sala Acapulco un sábado frío y lluvioso, reuniendo a una generación que transita por los albores de los cuarenta.  Decía Erentxun al inicio del concierto que su objetivo era tratar de que fuera una noche bonita para el público y para la banda. Después de tanta sequía había ganas de tomarse unas cervezas con amigos y escuchar de fondo  los antiguos éxitos de Duncan Dhu en trío o en dúo y de Erentxun en solitario. Sin más pretensiones. 


Ofreció un repertorio filtrado previamente y con conocimiento (ya son muchas tablas) de las curvas temporales en las que el público es capaz de mantener la atención sin desconectar mentalmente. Tres temas de relleno para calentar la sala y el personal aparca a un lado la cerveza para concentrarse en cantar “Rozando la eternidad”, el primer éxito de la noche vigente desde que en 1989 fue publicado en aquel álbum doble titulado “Autobiografía” de Duncan Dhu y que nunca falta en los conciertos. Continúan con “Mañana”, uno de los mejores éxitos de Erentxun en solitario y seguidamente “Sé libre, Sé mía” cantada a dúo con la agradable voz de la guitarrista Marina Iñesta que, inexplicablemente, pasa totalmente desapercibida por el público, que aprovecha a darle algunos sorbos a la cerveza e interesarse por los asuntos mundanos de los colegas porque llevan tiempo sin verse.  Y, sin embargo, fue uno de los mejores temas de la noche. 

 

Dos guitarras, bajo, batería y teclado acompañaban al cantante de manera comedida y en un segundo plano al servicio de las canciones, con algún solo interesante. El monumental desafine de una de las guitarras durante “Una calle en París” pasó desapercibido por el griterío coral que montó el público entonando sus versos, y eso que una vez iniciada la canción tuvieron que “abortar para afinar”. Aún así los 440Hz brillaron por su ausencia durante la canción.


Para la traca final el público ya estaba con la garganta caliente después de entonar “Esos ojos negros” y el repertorio no defraudó. Aún faltaban los himnos generacionales “Cien gaviotas” y  “Cartas de Amor”, dejando para los bises la balada “Intacto”, “A un minuto de tí” (comprobando que Erentxun aún conserva el falsete impoluto) y “En algún lugar” como colofón de fiesta. La alegría del público traspasaba las mascarillas y manifestaba que el objetivo de Mikel Erentxun y su banda se había conseguido. La noche fue bonita.  


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 27 de febrero de 2022

Morgan: una banda para repetir

 

Morgan: “The River Tour”. Teatro de la Laboral, sábado, 26 de febrero de 2022. 


Después de la sequía vivida en los dos últimos años da gusto asistir a un concierto en el que te quedas enganchada desde la segunda canción y ya no pierdes detalle hasta los cuatro bises finales. Así fue con la banda madrileña “Morgan” en el Teatro de la Laboral, un concierto impecable con seis músicos en el escenario  que comparten el mismo protagonismo entre unos y otros y que están al servicio de las canciones. Y como líder Carolina de Juan (más conocida como Nina), que no es una frontwoman de las que recorren el escenario de un lado a otro con coreografías, piruetas de micrófono o alarde de sus mejores galas. Para nada, todo lo contrario. Situada en uno de los extremos del escenario, parapetada detrás del piano y sin focos que dirijan las miradas hacia ella, seguramente le encantaría pasar desapercibida y si pudiera evitar tener que dialogar con el público y cantar detrás de un biombo lo haría encantada, pero con la voz que tiene el anonimato es imposible. Canta con fuerza, con sentimiento, afinadísima y con un timbre cargado de armónicos y de arenilla que la hacen singular. 


La breve “Hopeless Prayer”, de aires folk con arreglos vocales cuidados, fue buen tema para abrir un concierto, aunque tiene potencial para seguir desarrollándose e incluir una parte más cañera. Con la blusera “The River”,  que Nina cantó con mucha garra, les cayó la primera merecida ovación del público. Y sin tiempo para pausas sonó “Blue Eyes”, del álbum “Air” (2018), tema que se pone interesante en la segunda mitad con una crecida potente. Los solos fluían y se repartían entre teclados con sonido Hammond  y guitarras cañeras, demostrando que había muy buenos músicos encima del escenario. Del último disco sonaron todas excepto las dos más flojas: “Un Recuerdo y su Rey” (demasiado lenta y con poca gracia) y “Late”, esta última con un buen ritmo de batería que no va a juego con la melodía. 


Veinte temas sonaron con enfoques diferentes, sonidos y timbres cuidados para que las canciones tuvieran un resultado original, amén de una voz que no pasa desapercibida en el panorama de la música actual. Tomen nota los programadores y ya que en Gijón hay tendencia a traer año tras año a los mismos artistas (con lo cansinos que son algunos, sin entrar en detalles), apunten el nombre de “Morgan” y ténganlo en cuenta para futuras giras. Porque hay mucho trabajo y mucha calidad detrás de esta banda. Por mi parte repito. 


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 13 de febrero de 2022

 


Ricardo Arjona: “Blanco y Negro Tour”. Teatro de la Laboral, sábado, 12 de febrero de 2022.

 

Ricardo Arjona no es un artista excesivamente conocido en España, sin embargo, agotó todas las localidades de los diecinueve conciertos que dará por teatros de toda la geografía, y eso que el precio de las entradas no es precisamente barato (entre 110 y 70 € la butaca).  La razón es que consigue congregar a toda la comunidad latina residente en España y la convocatoria del tour “Blanco y Negro” para dar a conocer sus dos últimos trabajos (“Blanco”, grabado en el 2020 y “Negro” en el 2021), provocó un despliegue de banderas de toda Hispanoamérica por todo el Teatro de la Laboral, ondeadas por un público mayoritariamente femenino y con muchas ganas de cantar.

 

La comparación de Arjona con Melendi es inevitable por el estilo y el parecido de la voz, sobre todo en directo. Los dos carecen de buen timbre, desafinados en ocasiones y con una técnica vocal muy justa, de hecho, es en los tonos agudos donde más se parecen. Sin embargo, para ser justa, quizás Arjona cante un poco mejor y con toda seguridad Melendi es más hábil en metáforas y rimas consonantes. Al menos las letras del asturiano tienen más sentido y hay menos discurso de género trasnochado.

 

Después de que uno de los ayudantes encendiera las más de 100 velas que decoraban el escenario una a una, el guatemalteco abrió con “Si yo fuera” enlazada con “Morir por Vivir” y la presión y contundencia de la banda sonaba espectacular. Impecable diría yo, si no fuera porque me chirría un poco la trampa de usar pistas grabadas para reforzar coros y sección de metales en algunas canciones. ¿Qué necesidad hay? Con nueve músicos de primer nivel encima del escenario, como demostraron a lo largo del concierto en numerosas intervenciones. Al margen de esta precisión todo lo relativo al sonido estaba en su sitio: los niveles, la ecualización de la batería empastada con el bajo y la percusión, el brillo del saxo y del trombón, los matices del violín, las guitarras, los coros…todo perfecto. Un aplauso para el técnico de sonido.

 

Arjona no escatimó ni estiró los estribillos con más repeticiones de la cuenta y ofreció un concierto largo donde sonaron, muchísimas canciones de su abundante discografía, como “El problema” y “Minutos con letra”, reconocidas en el primer riff de dos segundos o “Apnea” con crescendo apoteósico. Muy destacable el fantástico arreglo de “Historia de Taxi”, interpretada a ritmo de salsa. Y muchos fueron los instantes en los que Arjona logró conectar con su público, por ejemplo, al entonar “La pandemia es la maldita soledad” o con esa oda a la menstruación que lleva por título “De vez en mes”. Aunque, sin duda, el momento de mayor conexión y más lacrimoso llegó al cantar en acústico “Mojado”, en referencia a todos esos migrantes que, como su madre, se fueron a otro país a trabajar sin papeles para poder sacar a su familia adelante.

 

Casi dos horas y media de un concierto con sonido impecable, en el que puede que haya canciones con versos menos acertados o con mayor fortuna, pero donde más falla Arjona es en sus discursos que refuerzan unos roles de género tradicionales cargados de tópicos que están fuera de lugar a estas alturas. Un “latin lover” que se declara sensible y capaz de llegar al corazón femenino flaco favor hace con estos discursos del siglo pasado. Por lo demás, un concierto memorable para sus fans que vibraron como si no hubiera mañana.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España