lunes, 28 de marzo de 2022

Film Symphony Orchestra y la gira Fénix

 


Film Symphony Orchestra: “Fénix”. Teatro de la Laboral, sábado, 27 de marzo de 2022. 


Lo que hace Constantino Martínez-Orts al frente de la Film Symphony Orchestra es lo mismo que hacen las orquestas “de prao” en las romerías de verano, solo que en vez de utilizar éxitos de música de baile se sirve de música de películas. Tras el parón de la pandemia el mejor título que se le ocurrió fue “Fénix”, simbolizando así el resurgir “de la vida, del arte y la cultura”, tal y como explica Martínez-Orts en las presentaciones, pero en lugar de “Fénix” bien podría haber utilizado cualquier otro nombre que se le hubiera pasado por la cabeza y el resultado sería lo mismo. No hay coherencia ni hilo conductor, simplemente hay música que funciona muy bien, porque la mayor parte del público la conoce. Toca pildoritas de bandas sonoras sin conexión entre ellas, de manera que si le da la vuelta al repertorio y empieza por el final el resultado sería el mismo. Eso no quiere decir que esté mal tocado o que no me guste, porque también las buenas orquestas “de prao” tocan bien y me gusta divertirme en una romería. 


Abrieron con Ludwig Göransson, interpretando pequeñas partes de la serie “The Mandalorian”, uno de los compositores más interesantes de la escena actual (“Tenet” o “Black Panther”, entre otras). A continuación “Ben-Hur” de Miklós Rózsa y el último vals de Bernard Hermann cuya interpretación compro porque son partituras sinfónicas y están bien tocadas. Lo difícil es crearlas. Seguidamente, algunos de los presentes descubrimos la serie “Los Bridgerton” y quedamos con ganas de ahondar en ella. De esta primera parte también destacaría “Matrix” por la dificultad rítmica bien resuelta. 

Y después de la obertura de Patrick Doyle llega el primer patinazo para mi gusto: “El Código da Vinci” de Hans Zimmer. La orquesta no capta las peculiaridades de Zimmer porque detrás de este compositor hay muchas horas de producción y un trabajo tímbrico exquisito que no es reproducido por la Film Symphony, aunque tire de coros grabados, como es el caso. Ahí estaban las notas de las partituras pero no los timbres ni el sentido. Y para cerrar las pifias de la primera parte un batiburrillo de temas de “West Side Story”. ¿Qué tiene que ver Bernstein con Zimmer o Göransson? Será que las partituras estaban de oferta al 2x1.


Ya en la segunda parte, tras el concurso habitual rescataron, entre otros, al gran Alfred Newman con “La Conquista del Oeste” y a Nicola Piovani con “La vida es bella”. Tampoco podía faltar en esta ensalada de astros del cine Dimitri Tiomkin para introducirnos a ritmo de marcha en el mundo del circo. Y el momento estelar del concierto llegó con “Gladiator” y una voz soprano que bordó el papel de Lisa Gerrard.


Para cerrar “La Bella y la Bestia” y los bises “Iron Man 3” y “Cantina Band”. Y otra vez más me quedo con la sensación de haber escuchado un montón de bandas sonoras que no tienen nada que ver unas con otras, como una orquesta de pachanga en versión cine. 


Me encantaría poder ver un concierto de la Film Symphony Orchestra interpretando menos cantidad y más desarrollo y profundidad de cualquiera de los compositores seleccionados Porque calidad no les falta. 

Crítica publicada en La Nueva España

jueves, 17 de marzo de 2022

La Lírica de Goethe

 



“La Lírica de Goethe”: Paula Iragorri (mezzosoprano) y Marcos Suárez (piano). Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles, 16 de marzo de 2022. 


La Sociedad Filarmónica de Gijón ofreció un concierto singular de la mano de la mezzosoprano vasca Paula Iragorri y el pianista asturiano Marcos Suárez, cuya recaudación contribuye al proyecto de rehabilitación de la capilla del Natahoyo, promovida por el Club Rotario. Juntos ofrecieron un recorrido casi histórico de compositores que han musicado poemas de Johann Wolfgang von Goethe, posiblemente uno de los creadores más ilustrados del corpus literario y, sin duda, fuente de inspiración para innumerables obras musicales en los últimos dos siglos. Por ello, la selección del repertorio para la velada basada en el género lieder  fue un trabajo complejo y resuelto con nota. 

 

Las complementarias notas al programa de viva voz por parte de David Roldán nos situaban en un momento histórico en el que Goethe compartió años de vida con Mozart, Beethoven y Schubert, los tres compositores seleccionados para la primera parte del programa. Comenzó con el lied de Mozart “Das Veilchen”, resultando un ejercicio mecánico y falto de vida al lado de las piezas de Schubert  o de los lieder escogidos para la segunda parte. Tampoco las piezas seleccionadas de Beethoven causaron entusiasmo, si bien la “nostalgia” estuvo bastante acertada. De “Egmont”, Op. 84 rescataron dos de los diez lieder que conforman esta magnífica obra elogiada por el propio Goethe tras su estreno y lograron la corrección en la interpretación. 


Para finalizar la primera parte no podía faltar algún lied de Schubert, compositor por excelencia del género, si bien este hecho implica una gran dificultad puesto que el listón está muy alto en cuanto a interpretación. Después de escuchar cabalgar al “Rey de los Elfos” quedaron ganas de más Schubert. 


Ya en la segunda parte el prolífico Schumann precedió a una de las romanzas Op. 6 de Tchaikovsky: “Nur wer die Sehnsucht kennt” resuelta con soltura en las frases agudas por parte de la mezzo. Pero Iragorri y Suárez guardaron sus mejores ases para el final del concierto. Después del lied de Grieg, bastante desconocido a la par que interesante, interpretaron tres piezas de Hugo Wolf, siendo la mejor selección del concierto dadas las características interpretativas y la capacidad de empaste entre el pianista y la mezzosoprano. La sorpresa final vino de la mano de un compositor totalmente desconocido (de hecho ni siquiera figura en el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana), el catalán Camilo Comas. Gracias a la profesora de musicología María Sanhuesa y su búsqueda incansable de obras artísticas pudimos escuchar un lied titulado “Gretchen”, Op. 15 cuya interpretación no podemos valorar al desconocer referentes y partituras, sin embargo, el lied resulta totalmente atractivo. 


El concierto fue de menos a más, con interpretaciones más planas y otras más exquisitas pero, sin duda, solo por escuchar una obra de nuestro patrimonio que permanecía enterrada hasta ahora ya merece la pena.


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 13 de marzo de 2022

Ara Malikian vuelve a triunfar en el Teatro de la Laboral

 

“The Ara Malikian World Tour”. Teatro de la Laboral, viernes 12 de marzo de 2022. 


15 años lleva Ara Malikian residiendo en España y llenando teatros con su manera de entender la música. Y en esta gira de despedida, antes de iniciar su nueva etapa creativa, volvió a visitar Gijón un año más y esta vez con sesión doble en la tarde del sábado. Quizás, por esta causa tuvo que ahorrar energía y vimos a un violinista un poco más comedido que en otras ocasiones, sin darlo todo. Aún así, el nivel es tan alto que se puede permitir no estar al 100%, programar un repertorio sin hilo conductor e incluso fallar con la afinación. Da igual, sus dotes de comunicación, sus movimientos por el escenario y su calidad interpretativa y compositiva le convierten en una apuesta segura. El resultado es que se vendieron hasta las entradas de visión reducida en las dos sesiones con un público de todas las edades. Y una vez más triunfó. 


Acompañado por piano, guitarra, bajo y batería empezó con un tema por todo lo alto, de esos que forman su sello de identidad en los que mezcla rock con cabaret, con toques jazzísticos, pasando por un baladón de melodía expresiva y cuando parecía que se terminaba imprime un vertiginoso ritmo para que vuelen los arpegios imposibles. Y yo me preguntaba, si empieza así de fuerte cómo acabará. Tremenda ovación se llevó ya con el primer tema. 

Y después de ganarse al público con su graciosa locuacidad interpretó la “Rapsodia Gijonesa Número 3” (así la bautizó para la ocasión), comenzando con una larga melodía del violín con contestaciones del piano y ahí se notó la afinación descompensada entre los dos instrumentos. La pieza en sí es una maravilla porque Malikian, conocedor de las formas clásicas, las moldea y las retuerce a su gusto con sonoridades nuevas y ritmos modernos. 


Fantásticos fueron los arreglos de Dvorak y Chopin, en los que la expresividad no decayó durante la abundancia de sobreagudos tan difíciles de mantener. ¿Cómo se puede hacer algo tan bello con tan pocas notas? Decía Malikian a propósito de Chopin. 


Los músicos que le acompañan no le andan a la zaga en cuanto a nivel, y como muestra el piano tan espectacular que sonó durante el arreglo de “Life on Mars?” de David Bowie  o los arreglos rítmicos de “Ay Tikar Tikar”. Malikian dejó hueco para que se lucieran uno por uno en “Calamar Robótico” y en la difícil ejecución conjunta de “Alien’s Office” . Si es que hasta los títulos de los temas son graciosos. 


Y una vez más finalizó el concierto con la preciosa y cantabile “Nana arrugada”, un tema que compuso como dedicatoria a todos los ancianos y personas vulnerables  que se han ido durante la pandemia en solitario, sin familiares ni amigos. Y una vez más todo el público agradecido se puso en pie para rendir una sonora ovación al mago del violín. 


Da igual las veces que hayamos visto a Malikian contar las mismas historias y tocar los mismos temas aunque estén recubiertos con otro envoltorio. Cada vez sorprende como si fuera totalmente nuevo. Y ahora anuncia un parón para una experiencia internacional compositiva y no sabemos qué será lo nuevo que traerá. Lo que sabemos con seguridad es que será bueno y que aquí le esperamos. 


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 6 de marzo de 2022

Una bonita noche con Mikel Erentxun


Gira “Amigos de guardia”. Sala Acapulco del Casino de Asturias. Sábado, 5 de marzo de 2022. 


Hace mucho tiempo que Mikel Erentxun tocó techo en el terreno artístico, sin embargo, la popularidad alcanzada al frente de Duncan Dhu y algunos éxitos en su carrera en solitario, le da para permitirse el lujo de crear una gira en la que hace un repaso de su carrera tirando de fondo de armario y sin sacar nada nuevo. Y una vez más consiguió llenar el recinto de la sala Acapulco un sábado frío y lluvioso, reuniendo a una generación que transita por los albores de los cuarenta.  Decía Erentxun al inicio del concierto que su objetivo era tratar de que fuera una noche bonita para el público y para la banda. Después de tanta sequía había ganas de tomarse unas cervezas con amigos y escuchar de fondo  los antiguos éxitos de Duncan Dhu en trío o en dúo y de Erentxun en solitario. Sin más pretensiones. 


Ofreció un repertorio filtrado previamente y con conocimiento (ya son muchas tablas) de las curvas temporales en las que el público es capaz de mantener la atención sin desconectar mentalmente. Tres temas de relleno para calentar la sala y el personal aparca a un lado la cerveza para concentrarse en cantar “Rozando la eternidad”, el primer éxito de la noche vigente desde que en 1989 fue publicado en aquel álbum doble titulado “Autobiografía” de Duncan Dhu y que nunca falta en los conciertos. Continúan con “Mañana”, uno de los mejores éxitos de Erentxun en solitario y seguidamente “Sé libre, Sé mía” cantada a dúo con la agradable voz de la guitarrista Marina Iñesta que, inexplicablemente, pasa totalmente desapercibida por el público, que aprovecha a darle algunos sorbos a la cerveza e interesarse por los asuntos mundanos de los colegas porque llevan tiempo sin verse.  Y, sin embargo, fue uno de los mejores temas de la noche. 

 

Dos guitarras, bajo, batería y teclado acompañaban al cantante de manera comedida y en un segundo plano al servicio de las canciones, con algún solo interesante. El monumental desafine de una de las guitarras durante “Una calle en París” pasó desapercibido por el griterío coral que montó el público entonando sus versos, y eso que una vez iniciada la canción tuvieron que “abortar para afinar”. Aún así los 440Hz brillaron por su ausencia durante la canción.


Para la traca final el público ya estaba con la garganta caliente después de entonar “Esos ojos negros” y el repertorio no defraudó. Aún faltaban los himnos generacionales “Cien gaviotas” y  “Cartas de Amor”, dejando para los bises la balada “Intacto”, “A un minuto de tí” (comprobando que Erentxun aún conserva el falsete impoluto) y “En algún lugar” como colofón de fiesta. La alegría del público traspasaba las mascarillas y manifestaba que el objetivo de Mikel Erentxun y su banda se había conseguido. La noche fue bonita.  


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 27 de febrero de 2022

Morgan: una banda para repetir

 

Morgan: “The River Tour”. Teatro de la Laboral, sábado, 26 de febrero de 2022. 


Después de la sequía vivida en los dos últimos años da gusto asistir a un concierto en el que te quedas enganchada desde la segunda canción y ya no pierdes detalle hasta los cuatro bises finales. Así fue con la banda madrileña “Morgan” en el Teatro de la Laboral, un concierto impecable con seis músicos en el escenario  que comparten el mismo protagonismo entre unos y otros y que están al servicio de las canciones. Y como líder Carolina de Juan (más conocida como Nina), que no es una frontwoman de las que recorren el escenario de un lado a otro con coreografías, piruetas de micrófono o alarde de sus mejores galas. Para nada, todo lo contrario. Situada en uno de los extremos del escenario, parapetada detrás del piano y sin focos que dirijan las miradas hacia ella, seguramente le encantaría pasar desapercibida y si pudiera evitar tener que dialogar con el público y cantar detrás de un biombo lo haría encantada, pero con la voz que tiene el anonimato es imposible. Canta con fuerza, con sentimiento, afinadísima y con un timbre cargado de armónicos y de arenilla que la hacen singular. 


La breve “Hopeless Prayer”, de aires folk con arreglos vocales cuidados, fue buen tema para abrir un concierto, aunque tiene potencial para seguir desarrollándose e incluir una parte más cañera. Con la blusera “The River”,  que Nina cantó con mucha garra, les cayó la primera merecida ovación del público. Y sin tiempo para pausas sonó “Blue Eyes”, del álbum “Air” (2018), tema que se pone interesante en la segunda mitad con una crecida potente. Los solos fluían y se repartían entre teclados con sonido Hammond  y guitarras cañeras, demostrando que había muy buenos músicos encima del escenario. Del último disco sonaron todas excepto las dos más flojas: “Un Recuerdo y su Rey” (demasiado lenta y con poca gracia) y “Late”, esta última con un buen ritmo de batería que no va a juego con la melodía. 


Veinte temas sonaron con enfoques diferentes, sonidos y timbres cuidados para que las canciones tuvieran un resultado original, amén de una voz que no pasa desapercibida en el panorama de la música actual. Tomen nota los programadores y ya que en Gijón hay tendencia a traer año tras año a los mismos artistas (con lo cansinos que son algunos, sin entrar en detalles), apunten el nombre de “Morgan” y ténganlo en cuenta para futuras giras. Porque hay mucho trabajo y mucha calidad detrás de esta banda. Por mi parte repito. 


Crítica publicada en La Nueva España

domingo, 13 de febrero de 2022

 


Ricardo Arjona: “Blanco y Negro Tour”. Teatro de la Laboral, sábado, 12 de febrero de 2022.

 

Ricardo Arjona no es un artista excesivamente conocido en España, sin embargo, agotó todas las localidades de los diecinueve conciertos que dará por teatros de toda la geografía, y eso que el precio de las entradas no es precisamente barato (entre 110 y 70 € la butaca).  La razón es que consigue congregar a toda la comunidad latina residente en España y la convocatoria del tour “Blanco y Negro” para dar a conocer sus dos últimos trabajos (“Blanco”, grabado en el 2020 y “Negro” en el 2021), provocó un despliegue de banderas de toda Hispanoamérica por todo el Teatro de la Laboral, ondeadas por un público mayoritariamente femenino y con muchas ganas de cantar.

 

La comparación de Arjona con Melendi es inevitable por el estilo y el parecido de la voz, sobre todo en directo. Los dos carecen de buen timbre, desafinados en ocasiones y con una técnica vocal muy justa, de hecho, es en los tonos agudos donde más se parecen. Sin embargo, para ser justa, quizás Arjona cante un poco mejor y con toda seguridad Melendi es más hábil en metáforas y rimas consonantes. Al menos las letras del asturiano tienen más sentido y hay menos discurso de género trasnochado.

 

Después de que uno de los ayudantes encendiera las más de 100 velas que decoraban el escenario una a una, el guatemalteco abrió con “Si yo fuera” enlazada con “Morir por Vivir” y la presión y contundencia de la banda sonaba espectacular. Impecable diría yo, si no fuera porque me chirría un poco la trampa de usar pistas grabadas para reforzar coros y sección de metales en algunas canciones. ¿Qué necesidad hay? Con nueve músicos de primer nivel encima del escenario, como demostraron a lo largo del concierto en numerosas intervenciones. Al margen de esta precisión todo lo relativo al sonido estaba en su sitio: los niveles, la ecualización de la batería empastada con el bajo y la percusión, el brillo del saxo y del trombón, los matices del violín, las guitarras, los coros…todo perfecto. Un aplauso para el técnico de sonido.

 

Arjona no escatimó ni estiró los estribillos con más repeticiones de la cuenta y ofreció un concierto largo donde sonaron, muchísimas canciones de su abundante discografía, como “El problema” y “Minutos con letra”, reconocidas en el primer riff de dos segundos o “Apnea” con crescendo apoteósico. Muy destacable el fantástico arreglo de “Historia de Taxi”, interpretada a ritmo de salsa. Y muchos fueron los instantes en los que Arjona logró conectar con su público, por ejemplo, al entonar “La pandemia es la maldita soledad” o con esa oda a la menstruación que lleva por título “De vez en mes”. Aunque, sin duda, el momento de mayor conexión y más lacrimoso llegó al cantar en acústico “Mojado”, en referencia a todos esos migrantes que, como su madre, se fueron a otro país a trabajar sin papeles para poder sacar a su familia adelante.

 

Casi dos horas y media de un concierto con sonido impecable, en el que puede que haya canciones con versos menos acertados o con mayor fortuna, pero donde más falla Arjona es en sus discursos que refuerzan unos roles de género tradicionales cargados de tópicos que están fuera de lugar a estas alturas. Un “latin lover” que se declara sensible y capaz de llegar al corazón femenino flaco favor hace con estos discursos del siglo pasado. Por lo demás, un concierto memorable para sus fans que vibraron como si no hubiera mañana.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

viernes, 28 de enero de 2022

El estilo Quijano vuelve a triunfar

 


Café Quijano, “Manhattan Tour 2022”. Teatro de la Laboral, viernes 28 de enero de 2022.

 

Una vez más los tres hermanos leoneses que comparten apellido con aquel que vivía en un lugar de La Mancha, logran rozar casi el lleno en el Teatro de la Laboral que abre su aforo al completo. A priori, los “Café Quijano” no presentan ninguna novedad en el repertorio, salvo un par de sencillos lanzados recientemente, y tampoco hay novedades o de otra índole. Por lo tanto, el llenazo de público se debe a los fans que han cosechado durante los más de veinte años que han pasado desde aquella “Lola” con aires de rock latino.

 

Tres potentes luces iluminaban a los tres miembros de Café Quijano que salieron al escenario arropados por cinco músicos (teclados, batería, percusión, guitarra y trompeta), permaneciendo durante todo el concierto en la sombra, sin un triste foco. Lo mismo hacía el mismísimo Michael Jackson en sus mejores tiempos, salvando las distancias.

 

Dividieron el concierto en dos partes, dedicando la primera a rescatar boleros de sus álbumes “Orígenes” y algunas bachatas descafeinadas como “Cuatro palabras, nada más” o “Robarle tiempo al tiempo”. El sonido estaba bastante conseguido y los arreglos sencillos y efectivos, destacando las intervenciones de la trompeta con sordina de Fernando Hurtado. Había empaste entre las tres voces armonizadas al estilo clásico de los hermanos Quijano, a pesar del excesivo volumen del micrófono de Manuel (voz principal), que le permitía bajar el tono en las presentaciones para dirigirse al público con discursos más que manidos y con tintes a lo Carlos Herrera en su programa “Radio Carlitos Deluxe”.

 

Los cinco músicos acompañantes, que continuaban en la más absoluta penumbra, quedaron solos tocando música de ambiente para dar por terminada la primera parte.  “Tequila” inició la segunda tanda con un sonido más roquero, descompensado por el batiburrillo de guitarras eléctricas que había encima del escenario, que tampoco mejoró con “Solo te puedo decir”. Y seguidamente escuchamos “El Cobarde”, donde los Quijano se apuntan al carro reivindicativo contra la violencia machista y, aunque la canción no es buena en arreglos, la letra es bienvenida. El nuevo disco saldrá a la venta el 24 de febrero y otros estrenos que nos adelantaron fueron “Mi Melancolía”, que sigue la línea del sonido característico Quijano y “Manhattan”, una historia de amores varios de Domingo Zapata que también sigue la misma línea.

 

Más interesante sonó el arreglo de “Dame de esa boca” para dar paso a la bailonga “La vida no es la, la, la” con la que enfilaron el final del concierto en el que no podía faltar “La Lola” y “Nada de na”. El público de procedencia castellana pedía “otra”, mientras que la otra mitad astur reclamaba “otres tres”. Y fueron tres los bises: el reciente single “La Jamaicana”, el éxito “Perdóname” que protagonizaron junto a Willy Bárcenas y para cerrar “La Taberna del Buda”, que sigue viva veinte años después. Y una vez más el público les rindió una gran ovación y salieron del teatro con caras felices.

 

Y es que la evolución de “Café Quijano” brilla por su ausencia. Pero tampoco les hace falta porque hace más de veinte años que encontraron su propia identidad, un “estilo Quijano” que les permite estar cómodos. El público afín les sigue fiel vayan donde vayan y, aunque probablemente no haya relevo generacional entre los fans, los que están les seguirán mientras ellos perduren. 

miércoles, 12 de enero de 2022

Martín García: el nuevo astro del piano

 


Martín García (piano). Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón en colaboración con la Fundación Alvargonzález. Teatro Jovellanos, miércoles, 12 de enero de 2022.

 

Después de haber escuchado al pianista Dmytro Choni hace menos de un mes en el Teatro Jovellanos, el listón de recitales de piano está por las nubes esta temporada y otro recital tan seguido da lugar a inevitables comparaciones. Pero Martín García es un pianista peculiar y excepcional desde cualquier aspecto en que se aborde. No es solo que toque técnicamente bien con sus dedos y que sea capaz de producir un sonido cálido y redondo, es que toca bien con todo su cuerpo, como si las teclas fueran una extensión de sus dedos. Se mueve y se balancea como si bailara con el piano, tararea algunas melodías y su cara es todo un catálogo de emociones capaz de conseguir atraparte en la butaca y hacer que no te pierdas un solo detalle.

 

Con un público numeroso, entre los que se citaron unos cuantos pianistas y muchos estudiantes, abordó la primera interpretación y demostró que no es un pianista más. Comenzó con la “Sonata nº 14 en do menor, K 457”, una sonata un tanto especial por ser en modo menor (Mozart solo tiene dos en modo menor de las dieciocho que compuso), lo cual requiere una gran madurez para expresar todo ese torrente de emociones que subyacen en la partitura. La forma de abordar esta sonata demostró una personalidad muy marcada para la corta edad que tiene Martín, al tocarla de diferente manera a cualquier versión que tengamos en la cabeza. Es inevitable hacer comparaciones entre unos intérpretes y otros y aún más desde que existen las grabaciones, y esto ha generado una especie de canon sobre lo que es más perfecto y lo que es menos. Pero ahí estaba Martín para darle una nueva vida y un nuevo enfoque a la partitura, cambiando los acentos y los adornos, imprimiendo matices distintos a lo tradicional y entendiendo los tempos de diferente manera a otros grandes intérpretes consolidados. Una vez finalizados los tres movimientos mi sensación fue ¡caray! ¡Y por qué no!

 

Un saludo con sonrisa agradecida y casi sin que finalizaran los aplausos correspondientes a la sonata de Mozart abordó tres piezas de Liszt, simplemente porque sentía ganas de tocar y no quería perder más tiempo en pausas. Tres piezas de considerable complejidad siendo la primera de ellas “Funerales”, la séptima y la más conocida de la colección “Armonías poéticas y religiosas”. Martín García se transformó para darle una intensa fuerza dramática que caracteriza a la pieza. La limpia articulación y la precisión impecable de García fueron muy evidentes en la segunda de las piezas “Les jeux d'eaux à la Villa d'Este”, que Liszt compuso como homenaje a la belleza de las fuentes que adornaban la residencia de verano de su amigo el Cardenal Hohenlohe. Y para finalizar con Liszt como guinda del pastel, fue la interpretación del “Valse-Impromptu S. 213”, donde las escalas fluían libremente en unas líneas sonoras que el pianista convertía en interpretación propia.

 

La segunda parte, como no podía ser de otro modo, estaba dedicada a Chopin. Y es que el pianista gijonés ostenta el honor de ser el primer español en acceder a la fase final del prestigioso Concurso Internacional de Piano «Fryderyk Chopin» en el que obtuvo el Tercer Premio y Premio Especial «Filarmónica de Varsovia». La calidad pianística quedó patente ya en la elección de piezas por parte de García, pues quería mostrar en su ciudad natal por qué es merecedor de tan alto premio.

La exquisita interpretación de las “Mazurcas op. 50” y los “Preludios op. 28 dieron paso a la esperada “Sonata nº 3 en si menor, op 58”, una de las piezas más trascendentales de todo el repertorio pianístico donde el pianista se lució y marcó la diferencia respecto a otros intérpretes por la ejecución, la calidad del sonido y la forma de entender a Chopin.

 

Tres propinas requirieron los sonoros aplausos de un público entregado y que difícilmente olvidará el nombre de Martín García, un pianista gijonés que está llamado a figurar entre uno de los grandes astros del piano internacional. Apostamos por él.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

lunes, 20 de diciembre de 2021

The Gospel Times: gospel por todo lo alto

 


The Gospel Times, Festival “Los Grandes del Gospel”. Teatro Jovellanos, domingo, 19 de diciembre de 2021. 


“Grandes del Gospel” es el encuentro prenavideño que se da cita en el Teatro Jovellanos cada año y en esta ocasión el título del programa define perfectamente al grupo  “The Gospel Times”, porque eso son los neoyorquinos, grandes  entre los grandes del gospel. Sin duda, el mejor concierto de la edición y de los últimos años.


La presencia de un piano de cola como único acompañamiento ya prometía y una vez en el escenario la sobria y elegante puesta en escena (sin túnicas) y cuatro voces (tres femeninas y una masculina), aventuraba un concierto de nivel, pues no hay un gran coro o instrumentos que puedan rellenar o suplir ciertas carencias, como en otras formaciones.


“We’ve Come to Sing”, un tema habitual de los coros de gospel abrió el concierto y pudimos apreciar la calidad del pianista Michele Bonivento, cuya introducción marcó la diferencia. El arreglo de “When I Rose Up This Moorning”, tema que ya escuchamos más veces en este festival en las voces de “Mississippi Mass Choir” (y alguno más), estuvo fantástico por el equilibrio de voces y por el potente final. Aunque, sin duda, la intervención de la voz masculina en el clásico de origen desconocido “This Little Light of Mine”,  dejó al público impactado. Sensibilidad, fuerza, afinación y mucha garra definen al tenor que también nos deleitó con unos pasos a lo “Moonwalk” y se ganó una gran ovación. 


Sorprendió  “Wade in the Water”, un espiritual muy antiguo que versionó la cantante Eva Cassidy acertadamente en su día, volviendo a ponerla en el repertorio de muchas bandas. La versión del quinteto contó con la participación del público y ganó con sus arreglos vocales y la elegancia del piano. El resto del repertorio fue a base de clásicos de estos conciertos: “Amazing Grace”, “Amen”, “When the Saints…”, villancicos…, sin embargo, la calidad y la simpatía de “The Gospel Times”, dejaron este show como único y singular. 


Si bien es cierto que en esta formación podemos encontrar hasta doce componentes dependiendo del show, el quinteto que actuó en el Jovellanos fue, quizás, la mejor selección. Divertidos, afinadísimos, con voces muy potentes y muy profesionales cerraron esta edición del góspel en Gijón por todo lo alto y afianzaron la afición al género a unos cuantos adeptos que abandonaron sus butacas con un subidón de alegría. Porque el góspel es como un virus contagioso y porque, sin duda, esta es una de las mejores bandas que han pasado por este teatro en los últimos años.


Crítica publicada en La Nueva España


sábado, 18 de diciembre de 2021

Spirit of New Orleans Gospel Choir: La versión más comercial de Nueva Orleans

 


“Spirit of New Orleans Gospel Choir”, “Los Grandes del Gospel”. Teatro Jovellanos, viernes, 17 de diciembre de 2021.

 

¿Se imaginan un concierto de góspel en el Teatro Jovellanos sin cantar “Oh, happy Day”, “Amen” o “When the Saints go Marching in”? Yo no. De hecho, año tras año todas las bandas, vengan de cualquier lado del Mississippi que sea o de procedencias más lejanas, cantan una y otra vez las mismas canciones. Puede que en distinto orden y algunas con mejores arreglos que otras, pero el repertorio tiene muy poca variación. Y está bien porque se supone que es lo que el público quiere, sin embargo, ya que tenemos la oportunidad de escuchar a grandes voces negras y formaciones corales de lujo en el género ¿no sería más enriquecedor tener un poco de variedad y poder acercarnos a lo que cantan en sus templos o congregaciones más frecuentemente?  

 

 En esta ocasión abrió el festival “Spirit of New Orleans Gospel Choir”, una banda consolidada que gira por Europa año tras año con distintos componentes desde la década de los 90’. El presentador nos recordaba la dificultad de escuchar a una formación americana en estas tierras, entre otras cosas porque muchos no se quieren poner las vacunas o porque tienen miedo a volar por la pandemia. Superados todos estos inconvenientes vinieron a presentar su espectáculo “The Sounds of New Orleans” y arrancaron con un complejo tema a medio camino entre el blues y el góspel. Había dificultad para afinar con tantas modulaciones y cambios de tono, pero lo salvaron como pudieron. Y ya para el segundo tema pusieron a todo el público en pie, participando con coros, palmas y balanceos a ritmo Funky. Entrega total por parte de la butaca con el aforo completo.

 

La preciosa balada “The Wind Beneath My Wings” escrita por Jeff Silbar y Larry Henley, fue defendida por la cantante más joven (o eso parecía) de la formación con una exhibición de malabarismos vocales muy arriesgados, brillando sobremanera en sus agudos y sobreagudos. Y después de ofrecer una versión de “Amazing Grace”, el himno más popular en los países de habla inglesa, en otra de las voces -muy potente y un arreglo interesante-, llegó el famoso “Oh Happy Day”, un tanto alargado. Si el sexto tema del concierto es este himno significa que queda poco para el final y que el resto de los temas serán de los más populares. Y así fue. El “Hallelujah” de Leonard Cohen fue defendido con mucha garra y una potente voz por una solista que, pese a que tuvo algunos desaciertos de afinación, desató los aplausos del público hasta sacarle las lágrimas de la emoción.

 

Seguidamente turno para una versión góspel del maravilloso “What a Wonderful World” de Louis Armstrong, cantada por una voz masculina de las que transmiten tranquilidad en graves y virtuosismo en agudos. Incluso hubo imitación del rasgado timbre del trompetista. Magnífica versión. Y para finalizar, después de una tanda de canciones navideñas, comenzando por “White Christmas”, finalizaron con “When the Saints Go Marching in” a Rhythm and Blues cañero. Solo quedaba el bis y como no podía ser de otra manera cantaron el tradicional góspel “Amén”.

 

Viniendo de Nueva Orleans, ciudad que simboliza el crisol de culturas y donde surgen algunos de los ritmos musicales más influyentes del mundo -jazz, blues, R&B....-, la formación no podía defraudar. Su dilatada experiencia y su manejo de los tempos consiguió la participación y la ovación del público que aplaudieron hasta enrojecer sus manos. Particularmente y ya que estamos, hubiera preferido un repertorio más autóctono de Nueva Orleans y no tan comercial desde el punto de vista europeo. Pero el público manda.

Crítica publicada en La Nueva España

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Notas al Programa de Dmytro Choni

 Notas al programa

Concierto de Dmytro Choni (piano), en el Teatro Jovellanos, 15/12/2021




Organiza: Sociedad Filarmónica de Gijón



El programa que presenta el joven pianista ucraniano Dmytro Choni abarca un gran compendio de estilos compositivos y de técnicas pianísticas complejas y difíciles de acometer en un solo recital. Choni aborda un repertorio con cinco compositores cercanos en el tiempo y lejanos en la concepción sonora. Si bien Schumann y Brahms fueron coetáneos, presentan particularidades un tanto diferentes en su forma de componer. Muchas más diferencias en cuanto a estilos hay entre los tres restantes: Debussy, Scriabin y Rachmaninov. Las aportaciones de todos ellos han logrado expandir las posibilidades sonoras del piano y han contribuido a evolucionar el lenguaje musical. Así, las piezas seleccionadas para el recital nos permiten entender y diferenciar características y peculiaridades de cada uno de estos grandes compositores. Sin duda, estamos ante un recital de gran envergadura por la dificultad, pero también vamos a escuchar un concierto que triunfará por la belleza de sus obras.

 

Claude Debussy (Germain-en-Laye, 1862 - París, 1918)

 

No revoluciono nada; no destruyo nada. Voy tranquilamente por mi camino, sin hacer la más mínima propaganda para mis ideas, algo propio del revolucionario. No soy tampoco un adversario de Wagner. Wagner es un genio; pero un genio puede equivocarse. Wagner se pronuncia en favor de la ley de la armonía; soy un partidario de la libertad. La libertad, por naturaleza, es libre. Todos los sonidos que oímos a nuestro alrededor pueden ser expresados. Se puede representar musicalmente todo lo que puede percibir un oído fino en el ritmo del mundo que nos rodea. Algunas personas quieren, ante todo, seguir las reglas; yo sólo quiero expresar lo que oigo. No hay escuela de Debussy. No tengo discípulos. Yo soy yo”.

 

Así se define Achille Claude Debussy en una entrevista concedida a un periodista austriaco y con estas palabras expresa la clave de su música: la libertad.  La búsqueda de sonidos y esa forma de des-entender-se de las reglas de la armonía establecidas llevarán a Debussy a explorar sonoridades y a realizar una gran renovación del lenguaje musical en paralelo al “impresionismo” de la pintura y el “simbolismo” de la poesía. Por lo tanto, y contradiciendo al maestro, Debussy sí es un revolucionario. Sus influencias son muchas y muy variadas, desde el cromatismo wagneriano, hasta el naciente jazz americano o el flamenco, pasando por los modos de la Schola Cantorum, la armonía no funcional rusa y la música de Java que conoció en la Exposición Universal de París, celebrada en 1889 -para la cual se erigió la Torre Eiffel-, entre otras influencias.

 

“Et la lune descend sur le tem qui fut”, fue escrita en 1907 y estrenada por Ricardo Viñes en París el 21 de febrero de 1908. Forma parte del segundo libro de la suite “Images pour piano”, que comprende un total de seis piezas. En ella podemos apreciar una discontinuidad del discurso melódico, como si los temas y las tonalidades se interrumpieran evitando el desarrollo y el lirismo. Todo queda suspendido. Quédense con los primeros compases, que suenan como un gong agudo con sus armónicos para dar paso a una extraña sucesión de acordes, dejando patente el hechizo del compositor por los músicos gamelán javaneses. Más adelante vuelve a retomar el sonido del gong con una sucesión de tresillos que da paso a una melodía en el registro sobreagudo. Finalizando la sección central vuelven a sonar los segundos gongs a modo de recuerdo en una tonalidad diferente. Y ya para terminar, la última parte de esta pieza resume el concepto de impresionismo musical con una sonoridad bellísima.



 

“L’Isle Joyeuse” (La isla alegre), fue compuesta en 1904 con intención de formar parte de la “Suite Bergamasque”, aunque finalmente se publicó como pieza independiente. Debussy quiso plasmar en sonidos la fascinación por el cuadro de Antoine Watteau “L’Embarquement pour Cythere” (Peregrinación a la isla de Citera), isla que desde la Antigüedad tenía un templo dedicado a Afrodita, la diosa del amor. El principio de la partitura señala “Quasi una cadenza” y es de gran dificultad interpretativa, ya que discurre a velocidad de vértigo con la escala de tonos enteros, la escala diatónica y el modo lidio, que actúa de nexo entre las dos escalas.

 



 

Johannes Brahms (Hamburgo, 1833 - Viena, 1897)

 

A Brahms se le atribuye el hecho de ser el compositor alemán que ha llevado el Romanticismo a su máxima expresión. Nacido en un barrio pobre, de niño tocaba el violín, el violonchelo y el piano con su padre por las tabernas del puerto de Hamburgo. La excelente escuela de la calle y una esmerada formación académica de la mano de Kossel y Edward Marxsen, le llevaría a convertirse en un extraordinario pianista, más por su expresividad que por su técnica. Admirado por sus contemporáneos, será Schumann quien pronto ve en el joven pianista una especie de “Mesías” para la música alemana, cuando contaba con tan solo 20 años. Se había creado así un serio rival de la “Nueva Escuela Alemana” que se había estado desarrollando en los últimos años, siendo Liszt uno de los representantes más destacados de esta. Y es bien conocido que entre Brahms y Liszt no había admiración. Brahms critica a Liszt porque presta mucha atención a los efectos externos y muy poca al sentimiento, al mismo tiempo que desprecia la tradición y es irreverente con el pasado. Brahms no quiere saber nada de la música con programa; para él la música se basta a sí misma y aboga por indagar en el pasado para encontrar modelos en los que inspirarse, siendo sus referentes Bach, Haendel, Haydn, Mozart y, sobre todo, Beethoven.

 

Su producción para piano fue una constante en su vida, siendo artífice de tres grandes sonatas y un gran catálogo de piezas de diversos géneros, entre ellos variaciones fantasías, caprichos, etc. Al final de su etapa intermedia, caracterizada por haber alcanzado una brillante madurez, compone las dos “Rapsodias op. 79 durante una estancia veraniega en Pörtschach y estrenadas por el propio compositor en Krefeld, el 20 de enero de 1880. A partir de estas dos piezas se establece un largo periodo de silencio en la composición pianística; pasarán doce años hasta que vuelva a componer las 20 piezas cortas de 1892 en su prodigiosa etapa final.

 

Las dos piezas que conforman el op. 79 están dedicadas a su amiga y talentosa pianista Elisabeth von Herzogenberg, quien propuso a Brahms llamarlas “Rapsodias”, pues el compositor prefería simplemente la denominación “Klavierstücke” (piezas para piano). Presentan unas características singulares y únicas en la producción brahmsiana para piano y conforman una estructura con distintas versiones de la forma sonata en modo breve.

 

La Rapsodia nº 1”, en carácter Agitato y en tonalidad inicial de Si menor, es la más amplia y contiene una melodía popular a modo de cita a Schumann publicado en el noveno número de su “Álbum para la Juventud”, Voksliedchen.

 

La Rapsodia nº 2”, Molto appassionato, ma non troppo allegro y en tonalidad de Sol menor, tiene forma de Allegro de sonata con exposición (que se repite), desarrollo y recapitulación. En la exposición aparecen cuatro breves temas o motivos bien diferenciados. En el desarrollo toman protagonismo los motivos primero y cuarto de la exposición y en la breve recapitulación tienen lugar variaciones que terminan con una coda bien marcada.

 

 

Alexander Scriabin (Moscú, 1871-1915)

 

El pianista y compositor, contemporáneo de Rachmaninov y Debussy, fue uno de los compositores claves del siglo XX, siendo uno de los mayores artífices del postromanticismo y el atonalismo. Su corpus para piano abarca más de doscientas piezas y diez sonatas en las que se refleja su evolución compositiva, con influencias que van desde Chopin en sus primeros años hasta la exploración de los límites de la armonía tonal. Su peculiar sentido sinestésico, su afición a la filosofía y su pasión por el misticismo le llevó a creer que su obra era un mundo superior de conocimiento.

 

Sonata para piano núm. 4 en fa sostenido mayor, op. 30”, fue compuesta en tan solo dos días del año 1903 y publicada en 1904. Estructurada en dos movimientos, Andante y Prestissimo volando, es una de las sonatas más cortas y brillantes de su producción y está llena de contrastes. Finalizada su composición, Scriabin escribió un poema para explicar su significado y está considerada como el inicio del nuevo lenguaje musical, único y personal, del compositor ruso. El primer movimiento está basado en un solo tema y presenta armonías muy sugerentes, con acordes de novenas sostenidas o quintas aumentadas, así como el “acorde de Tristán” que aparece ya en el séptimo compás, llamado así por ser el primer acorde del Preludio de la ópera “Tristán e Isolda”, de R. Wagner. Los dos movimientos se tocan sin interrupción, siendo el segundo de difícil ejecución con un cierre brillante.

 



 

Robert Schumann, (Zwickau, 1810 - Bonn,1856)

“Uno es músico cuando tiene la música no en los dedos, sino en el corazón”, escribía Schumann una vez asumido que no podría ser concertista de piano, tras el fracaso de aquel artilugio inventado para que sus dedos fueran más deprisa. Poco tiempo después comienzan sus episodios depresivos y en los periodos de lucidez desarrolla una intensa creatividad que le llevan a componer grandes obras de arte. En 1834 funda la Nueva Gaceta Musical, en la que revela a Chopin, Brahms y a otros músicos desconocidos.  Poco tiempo después de fundar la revista inicia su relación con la pianista Clara Wieck, hija de su antiguo profesor de piano, con la que compartirá el resto de su corta vida.

“Novelletten en fa sostenido menor, op. 21, núm. 8”. La obra fue compuesta en 1838, en un periodo muy fecundo para Schumann. El título hace alusión a la soprano Clara Novello por cuya voz el compositor sentía fascinación, aunque está dedicada a Clara Wieck. Schumann le explica a su futura esposa a través de una carta, que el título “Novellettes” se debe a que tu nombre es Clara, y “Wieckettes” no suena lo bastante atrayente”. Se trata de una serie de ocho piezas para piano compuestas con la idea de interpretarse como una obra integral, sin embargo, es más frecuente que se realicen con éxito por separado. En este concierto escuchamos la octava pieza, la más larga y desarrollada de todas. Estructurada en dos grandes partes contrastantes, hace referencia a Clara Wieck a través de una cita de la melodía de “Soirées musicales, op. 6 no. 2”, compuesta por Clara dos años antes. Está considerada como una hermosa y romántica declaración de amor. 

Sergei Rachmaninov, (Semiónov, 1873, Los Ángeles, 1943)

El catálogo de obras del ídolo musical, compositor, pianista y director del Bolshoi es extenso y sus grandes obras le han convertido en uno de los últimos grandes compositores del postromanticismo y uno de los pianistas más influyentes de la historia. Ríos de tinta se han escrito sobre la agilidad y la longitud de sus dedos, hecho que se confirma por la digitación y la extensión interválica de sus partituras, convirtiéndose así en uno de los compositores más difíciles de interpretar. Desconocemos la medida de los dedos del pianista Dmytro Choni, lo que sí sabemos es que esta última obra con la que se cierra el recital requiere una gran agilidad física y mental para llevarla a buen término.

“Sonata para piano núm. 2 en Si bemol menor op. 36”.  La sonata elegida para el recital fue escrita en 1913 cuando Rachmaninov cumplía 40 años, tras un breve respiro después de una agotadora gira de conciertos. Compuesta en alternancia con su gran obra coral “Las Campanas” coincide con el año de estreno de “La Consagración de la Primavera”, de Igor Stravinsky. La Sonata no. 2 es una obra extensa que fue revisada en 1931 por el propio autor, después de finalizar las “Variaciones Corelli” y publicada por Gutheil inmediatamente, convirtiéndose así en la versión de referencia. En esta revisión recortó largos pasajes de virtuosismo pianístico, suprimió 120 compases y simplificó la textura para darle más claridad. Estructurada en tres movimientos, el primero se inicia en Allegro agitato con un arpegio descendente que desemboca en dos acordes acentuados bruscamente, dando paso a exuberantes tresillos y seisillos que fluyen como olas. 



Sin interrupción se presenta el segundo movimiento, más calmado y melancólico, especificado con carácter Non allegro. La calma precede al último movimiento, Allegro molto, en el que otro arpegio descendente da paso a la traca final, con un gran despliegue de energía, de velocidad y de contrastes característicos del compositor ruso.


  

Tomen asiento, cojan aire y prepárense a realizar un recorrido por laberintos pianísticos de gran dificultad, pasajes vertiginosos y rincones con una belleza desbordante. ¡Disfruten!

Mar Fernández 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Mayumaná no defrauda

 


 

Mayumaná: “Currents”. Teatro de la Laboral, sábado, 4 de diciembre de 2021.

“Currents” es el último espectáculo del grupo israelí Mayumaná y está inspirado en la disputa de dos de los grandes inventores de la historia: Thomas Alba Edison (corriente continua) y Nikola Tesla (corriente alterna) y fue creado para el Festival de la Luz de Jerusalén hace algunos años. Esta propuesta, que ha rodado por países de todo el mundo y con un gran éxito, ocasionó tres pases en el Teatro de la Laboral durante el fin de semana, atrayendo a un público familiar, principalmente, que no se sintió defraudado.

 

Puede que estuviera inspirado en la batalla de Tesla y Edison, sin embargo, había que echarle imaginación para encontrar el hilo conductor. Más bien sigue la línea de otros anteriores, basado en un conjunto de números coreográficos independientes unos de otros y algunos ya vistos con algún lavado de cara. Aun así, es un espectáculo al que pocas pegas se le pueden poner. Todo está estudiado al milímetro y no hay nada que se deje al azar y, aunque se repitan números siguen resultando atractivos y novedosos.

En el primer número justificamos la inspiración en Tesla, pues gracias a él fue posible el sonido de una guitarra eléctrica tocada por uno de los ocho componentes. También queda justificada la inspiración en Edison por las imágenes proyectadas de una ciudad que poco a poco se va iluminando. Mientras, el resto de la formación hace ritmos con cubos de basura, uno de los “instrumentos” que no puede faltar en una coreografía de Mayumaná. Aunque sabemos que el sonido que se escucha no está producido por el golpeo de un contenedor de basura el efecto es tan potente que obviamos esos detalles engañosos. En “Currents” no solo hay buenos bailarines y percusionistas, los técnicos de sonido son una parte fundamental de este espectáculo.

 

El nombre del grupo es una variación de la palabra hebrea “mayumanut”, que significa habilidad o destreza. Qué mejor nombre para poner a una formación creada por Boaz Berman hace 25 años, que empezó con la premisa de generar sonido con cualquier objeto: desde cubos de basura hasta tuberías y aletas de natación. Y, además, tienen la habilidad de llegar a un público muy heterogéneo y crear la ilusión de que cualquiera puede llegar a su casa, coger un par de sartenes y ponerse a tocar para toda la familia sin levantar dolor de cabeza. Lo que hace Mayumaná parece fácil, pero es muy complejo y, además, cada espectáculo es más sofisticado que el anterior.

También destaca la complicidad con el público, resaltando el número en el que un beatbox hacía partícipes a algunos espectadores entre las butacas, micrófono en mano y gel hidroalcohólico, por si las moscas. Uno de los sketches más llamativos fue el de las “patatas fritas” y entre los duelos de percusión, bien con instrumentos caseros (aparentemente) o con instrumentos reales, y las exhibiciones coreográficas de bailarines de alto nivel, se generó un espectáculo en el que no hubo tiempo para el aburrimiento o la desconexión. A juzgar por los aplausos y por las colas que se formaron en el hall del teatro para fotografiarse con los artistas al final del espectáculo, cumplió con las expectativas ampliamente.

Crítica publicada en La Nueva España