miércoles, 11 de julio de 2018

GRAN CAÑÓN: Casi una superbanda


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Festival Metrópoli. Viernes, 5 de julio
¿Qué diferencia hay entre uno de esos grupos locales –de cualquier ciudad-, formado por músicos más o menos buenos, que se dedican a tocar  versiones archiconocidas  de clásicos del rock (por cuatro duros y unas cervezas), y una banda que lleva por nombre “Gran Cañón”? La diferencia está en que esta banda la forman dos de las figuras más conocidas del cartel pop rock español, capaces de atraer a un numeroso público de lo más heterogéneo y, además, cuentan con un equipo de sonido que despeina. El caché lo permite, mientras que los grupos locales tienen que conformarse con “equipillos” que, si suenan algo decente hay que estar agradecidos. Cuestión de medios o, mejor dicho, cuestión de pasta. 

 Los nombres de primer cartel son el cantante Carlos Tarque  (M-Clan) y Leiva (¡qué pereza!!), que en esta ocasión asumía las labores de batería.  Para completar la banda el gran maestro Julián Maeso (teclados), el guitarrista Ovidi  (Los Zigarros) y dos más de M-Clan: Prisco a la guitarra y Chapo al bajo.

 En cuanto al repertorio, asequible para los oídos más variopintos. Iniciaron con grandes temas de Led Zeppelin, Hendrix,  Eagles y Eric Clapton. Poco a poco, durante estos cuatro primeros temas iban consiguiendo que la ecualización de agudos perdiera estridencia y que Leiva calentara sus músculos, pusiera en marcha el metrónomo y acertara con los breaks de batería. Le costó trabajo pero, más o menos, el resto del concierto dio el pego ante un repertorio exigente. Lo más destacable fueron sin duda los solos de guitarra de Prisco en temas como “High Voltage” (AC/DC), “Are you Gonna Be My Girl” (Jet) y un tema de Ray Charles en el que destacó también el solo de Julián Maeso.  Sin duda el teclista es un pilar fundamental para esta banda y se lució en muchas ocasiones. También Carlos Tarque estuvo espléndido con la voz, derrochando fuerza y demostrando que tiene una tesitura capaz de abordar desde temas de los Rolling Stones, pasando por “Creedence Clearwater Revival”, hasta llegar a “Lenny Kravitz”.


Lo tenían todo para brillar: buen repertorio, buen equipo, buenos músicos… Y lo consiguieron porque el público congregado tenía intención de pasárselo muy bien,  tararear estribillos más que conocidos y, de paso, ver a artistas famosos.  Sin más exigencias. Pero, si en algo aventajan los grupos locales -mencionados antes- a una banda como Gran Cañón es que ensayan y ensayan y ensayan. Esto es lo que les falta a Gran Cañón. Suenan bien porque son buenos músicos, porque tienen canciones que otros artistas se han encargado de consagrar y porque tienen un gran equipo de sonido, pero falta ensayo.  Falta empaste y faltan muchas horas de rodaje para ser un superbanda. Por lo demás todo bien. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

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