Un especial “día de la marmota”
Concierto del Colectivo Asturiano de Jazz
(CAJ) en la Plaza Mayor. Gijón Sound Festival.
Domingo, 2 de marzo
Cuando se asiste con frecuencia a las sesiones de jazz, en las
que la formación no corresponde a un nombre o a una identidad particular, se
puede llegar a tener la sensación de estar viviendo ese famoso “día de la
marmota”, cuya existencia conocemos todos a raíz de la película “Atrapado en el
tiempo”, (espectacular el papel de Bill Murray, dicho sea de paso). ¿Y por qué
digo esto? Porque, en estos casos los músicos de jazz se juntan un par de días
antes (a veces ni eso), deciden
rápidamente un repertorio archiconocido por todos los integrantes y se
dedican a improvisar varias ruedas sobre temas estándar extraídos del Real
Book, que es el manual indispensable para cualquier jazzista. Es decir, es
siempre lo mismo con pequeñas variaciones.
Pues bien, para la despedida de la tercera edición del
Gijón Sound Festival se optó por un concierto dedicado al jazz en la Plaza
Mayor. Y para ello contó con una representación del Colectivo Asturiano de Jazz
(CAJ), formado para la ocasión por Jorge Viejo (saxo y voz), Xaime Arias
(piano), Manu Molina (batería), David Casillas (contrabajo) y Carlos Pizarro
(guitarra). El quinteto ofreció un repertorio estandarizado (de los del Real
Book), pero escogido con cierta elegancia en diferentes aires dentro del jazz:
bossas, swing, funk, latin…
El saxofonista Jorge Viejo lideró está formación especial y
desde los primeros temas, concretamente con
“It could happen to you” del trompetista Chet Baker, dejó claro
que, además de dominar el saxo tenor tenía una sólida formación vocal. También
se lució con bossas, como la preciosa “ Brigas nunca
mais”, original de Tom Jobim en versión de Djavan. Quizás, sus improvisaciones
vocales tipo scat, desarrollado al máximo
por la gran Ella Fitzgerald, quedaron técnicamente correctas pero un
tanto frías. Un poco de riesgo no hubiera estado mal, de todos modos Jorge
Viejo tiene un bonito timbre y desde luego sabe cantar.
A pesar de que la
acústica de la carpa no favorecía la sonoridad y no permitía captar todos los
matices que estaban presentes, todos los músicos tuvieron sus momentos
correctos y algunos brillantes, como
Carlos Pizarro con su improvisación en “Just Friends”. La técnica
impecable de toda la formación fue superada por el pianista Xaime Arias al imprimirle un plus de pasión.
Y no es que al resto de la banda le falte (pasión, quiero decir), es que Xaime
desborda. Su particular forma de frasear, sus experimentaciones rítmicas con
apoyaturas en las notas y en los pulsos más inesperados, sus largas
construcciones que abren hacia el agudo
y regresan al punto de partida alejadas de la mecánica, amén del virtuosismo, dan coherencia, carácter y naturalidad a cada
melodía. Tiene una forma de improvisar y
de dialogar con el resto de la banda que le hace singular. Sin duda uno de los mejores pianistas que
tenemos en España.
Y por todas estas
razones, y otras que me callo por falta de espacio, puede que fuera otro “día
de la marmota” en el jazz pero, desde luego, un día especial que merece la pena
revivir.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 5 de abril, 2017.
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