martes, 20 de agosto de 2019

Los Berrones: ¡que sigan berrando!

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Los Berrones. Semana Grande, Plaza del Ayuntamiento. lunes 12 de agosto.

La plaza del Ayuntamiento de Gijón se quedó pequeña para albergar a tanto público dispuesto a celebrar el trigésimo aniversario de Los Berrones, la banda asturiana que ha sabido  captar la cultura rural (o mejor dicho, parte de ella) más que ninguna otra formación. De hecho, gracias a ellos sabemos donde está Tolivia (incluso aparece en wikipedia), el pueblo que los vio nacer y que sólo lo conocían sus 232 habitantes.  

En clave de humor, el periodista Pachi Poncela aportaba la oratoria antes de cada canción al estilo de Marcos Mundstock (Les Luthiers), pero  en versión asturiana y de pueblo, salvando las distancias. Nos recordó cual es el auténtico olor de los asturianos, que somos grandes artistas de la blasfemia, que lo medíamos todo con “santinas”, antes de que se inventara el sistema métrico y que seguimos trabayando pa’l inglés, pa’l indio o “pa’l primero que llegue con perres en bolsu”.  Magníficas las presentaciones cargadas de ironía, con un discurso crítico en el que cayó desde el árbol genealógico de la familia Rato hasta la realeza más rancia. 
El repertorio transcurrió con un repaso por lo más conocido del repertorio y varios temas de su nuevo disco ¿Ónde vas con eses traces?, que no tiene desperdicio.  Ramón Blanco y Olegario Méndez, originales de Los Berrones, se rodearon de grandes músicos de la escena asturiana que supieron imprimir la fuerza y la cadencia necesaria para que toda la plaza votara a ritmo de “Agárrate al mangu”, “Pueblos pequeños” o el punk-rock “Parásitos”, del último álbum. “La del estudiante” fue la primera que puso a toda la plaza a viva voz, con  “Tocata y fuga” de Bach precediendo al Gori-gori. A ritmo de rock, hasta los foráneos se enteraron de lo que significa “A cabruñar”, o el casi sinónimo “Calcar na tená”, con un lucido solo de guitarra, dicho sea de paso. “Menudo Talibán”, sonando al mismo ritmo que “Vaya gochu que yes”, del último álbum, ya consiguió calar entre el público con tan poco tiempo de rodaje (2018), al menos el estribillo. 

Casi al final llegó “Chacho”; acompañados por una banda de gaitas que aportaba una sonoridad muy asturiana, se vivió un momento estelar y emotivo antes de la famosa “Nun yes tu”. Toda la plaza cantando puño en alto. Antes de la traca final nos quedamos con las ganas de que Mon Blanco se arrancara a cantar “Child in Time” de Deep Purple, iniciada por José Ramón Feito al órgano, pero el cantante ya bastante tiene con defender honrosamente su repertorio, pues cantar, lo que se dice cantar nunca lo hizo del todo bien, ni tampoco lo pretendió. 

La habilidad de Mon, junto con Olegario, consiste en tomar nota de conversaciones de chigre o sentimientos patrios, y estrujar las letras  para formar versos hasta darle sentido en formato canción. Y en eso son unos artistas, porque los asturianos seremos todo eso que contaba Pachi pero, además, somos expertos en rechazar todo lo nuestro y aplaudir lo que viene de lejos. Por lo tanto, si aceptamos a alguien que sea de casa es porque algo de auténtico tiene. Treinta años jugando en casa, son muchos años y no se si habría que declararlos Patrimonio Nacional, como decía el presentador, pero sí estamos dispuestos a seguir escuchándolos berrar por muchos años.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  

martes, 13 de agosto de 2019

Amancio Prada: una voz y una guitarra, pura poesía

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Amancio Prada. Jardín Botánico. Domingo, 11 de agosto 

Después de escuchar un recital de Amancio Prada  sientes unas ganas incontenibles de llegar a casa corriendo y desempolvar algunos libros de poesía que han quedado semiocultos en alguna estantería, leer y releer para poder extraer toda esa magia que ha sabido plasmar en forma de canciones el poeta y cantautor nacido en el Bierzo. Pero no basta solo con leer poesía una y otra vez, porque el arte de Amancio Prada no consiste en poner música a poemas, él extrae la música que hay dentro de cada palabra y cada verso. Por eso es un artista singular. 
Poesías de grandes como Juan Ramón Jiménez , Rosalía de Castro, Fernando Beltrán, Juan Carlos Mestre o Chicho Sánchez Ferlosio, junto con versos propios, sonaron en la voz de Amancio Prada sin más revestimiento que su guitarra, en un entorno mágico como es el Jardín Botánico y para un público selecto que se mostró encantado durante toda la velada, a pesar del frío nocturno. 

Como novedad, presentó algunas canciones reunidas en su último disco  junto a Juan Carlos Mestre. De “Cavalo Morto” pudimos escuchar “Compañerita” y comprobar que mantiene la voz tan clara y tan limpia como cuando era un jovencito. Y es que Amancio Prada es de esa minoría de artistas que lucha por mantener vivo el rico acervo poético con el que contamos. Cantada con mucha emoción sonó “Jaula en el pecho”, primer poema del libro “Canciones y Soliloquios” de Agustín García Calvo. Nos sumergimos en los paisajes que vieron crecer a la gran Rosalía de Castro escuchando las “Campanas de Bastabales” y pudimos comprobar la gran admiración que profesa al poeta y cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, o la pasión que siente por la poesía de San Juan de la Cruz. 

Entre canción y canción había lugar para numerosas anécdotas, algunas divertidas, otras tristes y muchas históricas apelando a la emoción, pero, al fin y al cabo, cuenta sus vivencias a lo largo de su dilatada carrera. Si bien es cierto que para la presentación de cada canción siempre cuenta las mismas anécdotas, palabra por palabra, las hace tan de verdad que el público siente que está escuchando algo en primicia. Quizás porque las tiene interiorizadas y porque disfruta del ambiente que él mismo es capaz de crear, el caso es que funcionan muy bien. 

Es de agradecer que entre las miles de canciones que hay en su repertorio escoge temas apropiados para empatizar con el público asturiano. Así sonó “Oviedo crece” (“con perdón”, se excusó Amancio ha sabiendas de la rivalidad entre Oviedo y Gijón), una bella canción basada en un poema de su amigo Fernando Beltrán. También nos cantó y contó cómo descubrió en chile “Si la nieve resbala” del compositor Julio Domínguez y gran parte del auditorio le acompañó con el coro de principio a fin. 

Lorca sirvió para despedir una magnífica velada en la que hubo momento para risas, para nostalgia y sobre todo para apreciar la importante labor que hace un artista tan singular, que con su voz y una guitarra es capaz de detener el tiempo y alejarnos por un momento del ruido en el que estamos continuamente sumergidos. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

El poderío vocal de Diana Navarro

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Diana Navarro. Escenario de Poniente, Semana Grande de Gijón. sábado, 10 de agosto. 

A la copla en España le pasa lo mismo que al gospel en Estados Unidos, todos los giros y los fraseos vocales están tan estandarizados que es difícil aportar algo nuevo sin que sea rechazado por el público. Muchos aficionados al género se habrán flagelado al escuchar “Encrucijada”, la copla de Marifé de Triana en versión Trap, último lanzamiento de Diana Navarro que formará parte de su nuevo disco cuyo título lo dice todo: “Inesperado”. Cierto que hay que hilar muy fino para que no suene a pastiche, pero la tremenda voz y las tablas de la artista le permiten abordar este nuevo mapa sonoro y apuntarse al exitoso carro del estilo de Rosalía. ¿Y porqué no? 

El concierto en el escenario de Poniente fue de lo más ecléctico en cuanto a repertorio, dentro de los parámetros de la cantante. Canciones teatralizadas como el bolero “Me bebo tus secretos”,  un desgarrador tema dedicado a los migrantes a través de “Olivia Ovidia”, la historia real de una mujer que le cautivó al pedirle ayuda para volver a su país, Bolivia. De su disco “Resiliencia” (probablemente, el mejor hasta ahora), rescató varios temas, entre ellos el intenso y reivindicativo vals “Los niños no”. Pero sus momentos cumbre llegaron con temas clásicos como “Señora” de Rocío Jurado o el cuadro flamenco que montó con “Ojos verdes” o “Campanera” de Joselito, entre otros. 

Abundantes cambios de vestuario lució en casi dos horas de concierto. Ella sabe que el vestuario, la elegancia y las poses son un plus muy valorado por el público aficionado al género. Y yo encantada, porque mientras se cambiaba pudimos disfrutar de magníficos instrumentales, como el “Adagio” del “Concierto de Aranjuez” o el espectacular “Orobroy” de Dorantes, interpretado por Javier “el Capitán” (guitarra), Juan Bandera (percusión) e Iñaki García (piano). Tres musicazos que tuvieron momentos para demostrar lo buenos que son. Quizás, faltaban más instrumentos (bajo, cuerdas, guitarra eléctrica, etc.), y así evitar disparar pistas pregrabadas en algunos temas más pop como “El Perdón” que, por otra parte, su despliegue vocal no puso al público de pie porque ya lo estaba, pero la ovación fue sonada. 

El escenario de Poniente con la voz de Navarro era el momento perfecto para entonar  “La Praviana”, esa tonada popular que ha sido incorporada al repertorio flamenco tiempo ha, y que de vez en cuando algún cantaor la rescata. Para más detalles el teclista se encargó de añadir un sonido tenido a modo de roncón de gaita,  contextualizando la canción asturiana como es debido. Magistral. 

 “Sola” comenzó tenue con voz y guitarra, para luego sumarse el resto de instrumentos y desplegar todo el potencial y el poderío vocal que exhibe en su mayor éxito. Una gran canción que marca una línea de estilo particular en la malagueña. No hay duda de que Diana Navarro es una de las mejores voces de este país y una artista singular, solo le falta escoger mejor sus canciones para que haya homogeneidad en el estilo.  Creo que, aunque a veces da tumbos con el repertorio, el tema “Sola” representa su esencia y el camino a seguir. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Manel Fuentes: Mala copia de Springsteen

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Manel Fuentes & the Spring’s Team, Semana Grande. Escenario de Poniente, viernes 9 de agosto. 

“Nunca un concierto puede ser igual que el anterior”, es una de las máximas de Manel Fuentes y su banda Spring’s Team, y lo cumplieron con creces. Probablemente el de Gijón, como inicio de la Semana Grande, haya sido uno de los peores de su larga trayectoria imitando a Bruce Springsteen. Comentábamos en estas páginas en agosto del año pasado que el escenario de la carpa del Botánico le quedaba pequeño, sin embargo, el escenario de Poniente le quedó demasiado grande. Si a los problemas de sonido que hubo durante la primera parte del concierto, le sumamos la evidente falta de ensayo de la formación y la falta de fuerza en la voz de Manel Fuentes, el resultado fue lamentable y el concierto se convirtió en un sucedáneo mal copiado de Bruce Springsteen.


Independientemente de la mala ecualización que hubo durante toda la actuación,  la guitarra no sonó durante los primeros temas. Teniendo en cuenta el protagonismo del instrumento en las canciones del Boss, una banda de un caché nada modesto bien podía permitirse tener otra guitarra de repuesto. Pues se ve que no había, de hecho el guitarrista acabó cogiendo la Telecaster de Manel a partir del “No Surrender”. Para entonces ya habían sonado media docena de canciones con ruidos de fondo, desajustes en los volúmenes del saxo y el teclado y una batería y bajo que se adivinaban más que se oían. Como si no hubieran tenido tiempo suficiente para la prueba de sonido. Tocaron fondo con “Born to Run”: desafinado, modulaciones y progresiones de acordes mal ejecutadas, falto de medida...en fin, un desastre. 
A partir de ese momento muchos espectadores se fueron y los que quedaron rebajaron sus expectativas para entregarse a los himnos creados por Springsteen y pasárselo bien. Nos acostumbramos al mal sonido y todo fue mejorando. Manel no dejaba de recorrer el escenario de un lado a otro con la sonrisa permanente, los gestos de Bruce Springsteen calcados y esforzándose por agradar y mover al público. Él sabe que cae bien y que en Asturias es bien recibido, por ello en cada actuación cuenta alguna anécdota vivida con los asturianos. En esta ocasión volvió a repetir la del álbum de cromos firmada por todos los jugadores del Barça gracias a Quini, su ídolo antes que Bruce.


Decentes sonaron “Drive all Night” o “Wrecking Ball”, atrapando al público con los coros. Soltó toda la artillería pesada en los últimos temas, con “Born to the U.S.A.” o “Glory Days” y el público reclamaba alguna propina. Habitual en esta banda, se extendieron en los bises sin escatimar tiempo hasta lograr que los asistentes se olvidaran de la fatídica primera parte. 


En definitiva, un concierto que defraudó a muchos fans de Springsteen, sin duda, pero también dejó contentos a muchos espectadores que estaban en el recinto para ver a Manel Fuentes, el carismático presentador que sabe colarse en las pantallas del televisor cada semana y enamorar a la audiencia. Como decía una fan de Manel “No lo hizo muy bien pero ye tan ricu”. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

sábado, 10 de agosto de 2019

Un Tsunami con menos fuerza


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Festival Tsunami Xixón. Teatro de la Laboral, sábado, 3 de agosto

El Tsunami ha llegado para quedarse y la clausura de esta tercera edición con todo vendido es una buena muestra de ello. Este festival es capaz de atraer a multitudes -8.000 aprox.-, de muy diversas edades y culturas, desde perroflautas hasta pijos progre, pasando por una buena representación de “los del montón”, viejos roqueros, punkarras, reivindicativos sociales o políticos, etc., cuyo objetivo común es escuchar a algunas de sus bandas favoritas, beber alcohol y pasárselo bien. Pues bien, que toda esta masa de gente pueda convivir durante dos días sin que se produzcan altercados se debe a dos cosas: la primera, una buena organización por parte de la directiva del evento y la segunda que, por el hecho de llevar tatuajes, pelo largo o ponerse camisetas agresivas no significa que sean delincuentes. Por lo tanto, todas estas protestas que ha habido meses atrás por parte de un sector de la población, con intención de cargarse el festival es una muestra de los prejuicios que tiene cierto sector de la sociedad ante estéticas más agresivas y diferentes al establishment.

En cuanto a la musical, creo que en esta edición se ha bajado un poco el nivel que veníamos manteniendo en las dos anteriores ediciones, aunque hayan conseguido traer otra vez a The Offspring. Con mucho postureo y poca calidad sonora tuvo su actuación la banda salmantina “El Altar del Holocausto”. La M.O.D.A., acrónimo de La Mavarillosa Orquesta Del Alcohol, fue la atracción para el público menos adicto a la distorsión y el doble bombo. El uso de instrumentos tradicionales (acordeón, banjo, saxo tenor, mandolina…), junto con la guitarra, bajo y batería aportan un colorido diferente. Tienen algunas letras que merecen la pena y, sobre todo, un potente directo que, por suerte, se aleja mucho de sus grabaciones. Se notaba que estaban muy motivados y fueron capaces de atrapar a muchos poco afines a la banda.  

 Tras la actuación de los suecos “No Fun at All”, que no aportaron nada salvo algunos vertiginosos solos de guitarra, pudimos ver en el escenario grande a los navarros Berri Txarrak (Malas Noticias), que no estuvieron a la altura de su concierto del 2017. Este grupo mueve mucho público y es uno de los referentes del panorama nacional en el estilo, sin embargo, su actuación pecó de una presión sonora rozando el límite de lo molesto, con una reverberación descomunal y una ecualización sucia. Maravillosamente bien sonó la grabación del “O bla di o bla da” cuando los Berri Txarrak concluyeron y bajaron el fader de la mesa de sonido del directo. El público vibró entonando a los Beatles.

Una de las actuaciones más esperadas era la de la banda británica “Kaiser Chiefs”, que acaban de presentar su nuevo disco “Duck”. De este disco pudimos escuchar algunos temas como “Golden Oldies” que en directo suena potente y no tan blandengue como en el disco. También sonaron clásicos como “Na na na na naa”, con el que calentaron al público hasta llegar al éxito de “Ruby”, donde el desmadre ya fue considerado. Tienen un repertorio heterogéneo y algunos temas no acababan de encajar en un festival como este, sin embargo, muy mencionable la labor del cantante Ricky Wilson, que defiende cada tema con mucho sudor.

Para concluir la noche y el festival, los anárquicos californianos NOFX. Siguiendo en su línea hablan más que cantan, se interrumpen unos a otros y sus canciones no dejan de ser básicas e intercambiables como cromos con Green Day o The Offspring. Como peculiaridad es de agradecer la armonización de voces que aportan a temas tan básicos.
En definitiva, un festival que concluye su tercera edición consagrándose como referente en la escena internacional del género, con un altísimo nivel de organización, pero, en cuanto a lo musical, este Tsunami ha perdido algo de fuerza.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

miércoles, 5 de junio de 2019

El poderío de Falete junto a la OCAS

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“De Norte a Sur”: Falete, Orquesta de Cámara de Siero (OCAS), “La Bejazz” y Ángela Bonilla. Teatro Jovellanos, sábado 25 de mayo.

La idea de crear un espectáculo que engloba  una orquesta de cámara como la OCAS de Siero, un grupo de flamenco jazz, una bailaora sevillana, cuatro compositores de diversas procedencias y un cantante de copla muy popular como Falete, era una propuesta osada y el resultado bastante satisfactorio.

La obertura “De Norte a Sur”, que también da título al espectáculo, es una bella partitura de una gran complejidad por sus cambios de ritmo y armonías que fusionan sabores del norte con muchos toques flamencos, mezclando la sonoridad de los arreglos orquestales con el grupo de jazz flamenco “La Bejazz”. El taconeo de Ángela Bonilla ponía el broche de oro a esta composición. Buena interpretación por parte de los músicos y estupenda bailarina que protagonizó otros números a lo largo del espectáculo.

Más dificultades tuvieron en cuadrar perfectamente los tempos en “Intimad”, pieza compuesta por Pablo Carmona cargada de síncopas endiabladas y contrastes rítmicos, donde pudimos apreciar la calidad de los fraseos del saxofón. Pequeños desajustes rítmicos que ya no se volvieron a percibir en toda la velada, destacando la sonoridad de “Fuente de Lágrimas”, en homenaje a Lorca con más influjo árabe y jazz clásico.  “A mi tío Enrique”, sonó de lujo en las cuerdas de Melchor Díaz, tema dedicado a su tío el gran Enrique de Melchor.

Falete se hizo esperar, pero llegó con su potente voz entonando versos de Machado a ritmo de rumba con arreglos jazzeros y recibió una gran ovación.  Su tema más popular “SOS” fue cantado con gran emotividad y poderío andaluz. Pero, sin duda, lo más sorprendente fue su interpretación de la canción asturiana “Ayer vite na fonte”, demostrando así que Falete se atreve con todo. Cantada con mucha corrección y con humildad desde un lado del escenario, quiso dejar el protagonismo a la orquesta dirigida por Manuel Paz, que ejecutó una magnífica interpretación de un arreglo de Flores Chaviano.

El programa estaba muy bien estudiado, aportando una gran diversidad musical con magníficos arreglos, pero no podía faltar el plato fuerte de Falete, la copla. Una magnífica versión del bolero “Ponme otra copa”, la copla  “Te lo juro yo” de Rafael de León y Manuel Quiroga y como colofón final “María de la O”, donde Falete se lució como en una de sus mejores interpretaciones. Muy fino y atento estuvo Manuel Paz en el final de la copla entrando perfectamente a tiempo con toda la orquestación, tras las pausas que hacía Falete para los requiebros de la voz. El público pataleó y aplaudió hasta conseguir que Falete se arrancara con un pupurri de bulerías a modo de improvisación y sin micrófono. No lo necesitaba, su potente voz llegaba hasta los pasillos del Jovellanos.  
En definitiva, todos juntos ofrecieron un magnífico espectáculo que supo a poco. Una lástima que no tenga continuidad.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Alonzo King: Un visionario de la danza


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Alonzo King Lines Ballet. Teatro Jovellanos, viernes 24 de mayo.  


Las ocasiones las pintan tan calvas que ver una coreografía de danza contemporánea en Gijón no tiene precio, y si está fraguada por la mente de uno de los grandes de la disciplina ya no se puede pedir más. Alonzo King es “uno de los pocos maestros auténticos del ballet de nuestra época”, en palabras del famoso coreógrafo William Forsythe y su espectáculo en el Teatro Jovellanos lo constató.


La primera coreografía titulada “Art Songs” fue breve e impactante. Diez bailarines expresaron su forma de vivir el sonido a través de movimientos grupales o por parejas, recorriendo el escenario del Teatro Jovellanos con trazos geométricos muy visuales. No había pausas, cuando la música se detenía el ojo del espectador era atrapado por sutiles movimientos, algunos imposibles. Breves piezas de Bach, Haendel, Schumann y Purcell, con la voz grabada de la mezzosoprano israelí Maya Lahyani, fueron el telón de fondo de la expresividad de los diez bailarines, que mostraron su altísimo nivel uniendo la técnica del ballet clásico con la creatividad de la danza contemporánea. Gran coreografía bajo una austera iluminación y puesta en escena. No hacía falta más.


La segunda parte del espectáculo es de gran originalidad: “Figures of Speech” es una danza creada con un fondo sonoro diseñado por el compositor canadiense Alexander MacSween, formado en su mayor parte por voces humanas captadas en rincones de distintas partes del planeta. La premisa era una llamada de atención por los 7.000 idiomas que corren el riesgo de desaparecer a finales de siglo y explorar el poder de las lenguas perdidas. Las formas de vida de algunos pueblos remotos y su relación con el mundo natural (animales, bosques, juegos de niños, tormentas, etc), están representados en las coreografías, no de manera descriptiva sino expresiva. Los bailarines también son emisores de sonidos a través de la voz como parte de la expresión corporal, contribuyendo así a la unión completa de sonido y danza. Con esta coreografía la funcionalidad de la música en algunos pueblos indígenas se eleva al plano artístico al descontextualizar el porqué de los cánticos. Impactante el número de la cuerda, en el que un bailarín se ahorca sin dramatismos y una chica es atrapada por otra con la propia cuerda. También resultan muy atractivos los contrastes entre las violentas danzas bajo el sonido del didgeridoo y los movimientos muy lentos cuando se emite un sonido contínuo, sin variación de altura.  
Alonzo King fue nombrado uno de los “Tesoros de Danza Insustituibles” de Estados Unidos, en 2015 y para los aficionados ha sido una vivencia emocionante haber podido contar con la compañía de danza contemporánea “Lines Ballet”, bajo la dirección de uno de los coreógrafos más visionarios del momento.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  

lunes, 20 de mayo de 2019

Miriam Rodríguez: mucho que pulir

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Miriam Rodríguez, gira "Contigo". Teatro de la Laboral, viernes 17 de mayo
Teniendo en cuenta que la mayoría de los concursantes de Operación Triunfo caen en el olvido rápidamente o ni siquiera llegan a grabar disco y hacer gira en solitario, el vertiginoso éxito que está teniendo Miriam Rodríguez sorprende. Tercera finalista de la edición 2017, su paso por el programa “Lo siguiente” de Televisión Española o “La Voz”, en la que hizo de ayudante del cantante y coach Pablo López, amén de su exitoso single “Hay algo en mi”, canción promocional de la serie “Vis a Vis”, contribuyeron en gran medida a este éxito. Otra cosa es mantenerlo y para ello  hace falta pulir unos cuantos detalles, al menos en la puesta en directo.

Llegó al Teatro de la Laboral para presentar su álbum debut “Cicatrices”, que lleva medio año a la venta. Salvo algunos pequeños fragmentos, no es un álbum cargado de grandes canciones, ni mucho menos, sin embargo, su actuación en directo causó una gran sensación a un público mayoritariamente femenino y adolescente. Sonó “Aquí estás” con un volumen de micrófono excesivamente alto y una reverberación descomunal. La mala ecualización de los instrumentos fue mejorando, excepto la voz que se mantuvo sin definición y con mucha reverberación todo el concierto.

Acompañada por batería, bajo, guitarra y teclado disparó una a una las canciones de su disco, quedando en evidencia que los músicos están al servicio de las canciones para lucimiento de la voz, sin ninguna concesión a solos instrumentales. Una pena, porque seguro que son buenos músicos.

Pero lo peor de la puesta en directo de la cantante gallega no son ni sus canciones insulsas, aunque algunas sean autoría de Pablo López, ni sus letras creadas a base de frases demasiado manidas, ni que no haya hueco para lucimiento de los músicos, ni siquiera que su voz no esté bien ecualizada y, por lo tanto, no se entienda lo que dice. Lo peor son las presentaciones que preceden a cada tema: son discursos aprendidos que rayan la falta de credibilidad, poco adecuados para conectar con las vivencias  del público que acude a sus conciertos (mayoritariamente quinceañeras) y sobre todo falta de espontaneidad. Hay demasiada rigidez para que todo salga según lo previsto y eso le quita la gracia.

Por otro lado, Miriam Rodríguez tiene cosas positivas que pueden llevar a convertirla en una gran estrella con el paso del tiempo. Lo primero tiene una gran voz, con un vibrato peculiar que le aporta una identidad distinta a otras voces “extriunfitas”, por lo que es una lástima que quede enmascarado por una pésima ecualización y no lo explote más. Además, su puesta en escena es muy buena, de una auténtica rockera aunque no se dedique a este género (una lástima). Sobre todo, lo que demostró Miriam Rodríguez en el Teatro de la Laboral es que tiene ganas y eso es importante. Espero que encuentre un camino fructífero y que no caiga en el olvido al tercer disco.  

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Antonio Baciero: un gran histórico de la Filarmónica


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Antonio Baciero (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 15 de mayo.  


Quince veces ha sido invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón el pianista, musicólogo y organista Antonio Baciero y quince grandes ovaciones se ha llevado. La última este miércoles, tan aplaudida que arrancó de su generosidad tres propinas, después de ofrecer un amplio programa que enlaza los dos puentes esenciales del Barroco (tal y como denomina Baciero a J.S. Bach y Antonio de Cabezón), con la cumbre del piano dramático, refiriéndose a la “Sonata nº 21 en Do menor” de Franz Schubert.


Comenzó con tres piezas de su tocayo y paisano burgalés Antonio de Cabezón, un compositor ciego desde muy niño, injustamente poco interpretado en los escenarios actuales y con una apasionante vida al servicio de la realeza española - principalmente Carlos I y Felipe II-, que bien merece ser rescatado. De su extensa obra Baciero escogió “Diferencias sobre el canto del caballero”, canción renacentista sobre la que Cabezón realizó cinco diferencias o variaciones, interpretadas por Baciero con un profundo conocimiento sobre la obra, teniendo en cuenta que el piano actual no es el instrumento más adecuado para desarrollar la sonoridad ideada por el compositor . El “Tiento de primer tono”, y la canción glosada sobre Philippe  Verdelot a seis voces “Ultimi mei suspiri”, fueron las otras dos piezas escogidas de Antonio de Cabezón que Baciero salvó con discreción.


El pianista es todo un experto en Bach y lo demostró con su interpretación de la “Suite Inglesa nº 3 en Sol menor”, canturreando cada fraseo a la manera de Glenn Gould (aunque menos sonoro para la audiencia) y esgrimiendo cada nota con claridad y precisión, destacando su interpretación en la “Allemande” y en  la compleja “Giga” final.


Tras la pausa Baciero sumergió a la audiencia en pleno romanticismo con la “Sonata nº 21 en Do menor” de Schubert, escrita poco antes de morir. Una sonata  dotada de un lirismo muy schubertiano que entraña una dificultad interpretativa, entre otros detalles, por sus cruces continuos de manos para abarcar todo el registro del piano y por sus grandes contrastes en los cuatro movimientos. Baciero destacó sobremanera en el Allegro final, movimiento deudor de la influencia de Beethoven con acentuaciones rítmicas muy marcadas. El pianista se llevó una continuada ovación y agradecido ofreció tres amplias propinas, comenzando por un Nocturno de Chopin, luego una Giga de Bach y terminando con una Mazurca de Chopin. Casi nada.


Todo un lujo para la Sociedad Filarmónica de Gijón haber  podido contar de nuevo con el pianista Antonio Baciero, que a sus ochenta y tres años mantiene los dedos en plena forma y las ideas muy claras. Esperamos que sean muchas más.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 16 de mayo de 2019

El buen gusto de Zenet

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Zenet presenta el disco “La Guapería”. Teatro Jovellanos, viernes 10 de mayo.

Como un “ladrón de géneros”, se define el artista multidisciplinar Antonio Mellado Escalona, de nombre artístico Zenet o Tony Zenet, al que los cubanos le han otorgado recientemente un premio al mejor disco extranjero. Hurgando a fondo en la colección Gladys Palmera -que cuenta con más de 100.000 discos de música latina y afrocubana-, hizo la selección de boleros antiguos que comprenden ”La Guapería”, título del recién estrenado disco que presentó en el Teatro Jovellanos ante un aforo casi lleno. En su disco demuestra que ha sabido apropiarse de la esencia del género con autenticidad, sin que suene a pastiche. Ha sabido extraer las bases, los sonidos y los poemas cantados y contados a la manera de Zenet y su presentación en directo no tiene desperdicio.  

Un set de músicos de primer nivel acompañan a la voz: contrabajo, batería, guitarra clásica, trompeta y violín, una formación un tanto atípica para el género como atípico es el artista que ha sabido encarnar mejor que nadie al joven Picasso en la miniserie de Juan Antonio Bardem. Mientras se iban ajustando los volúmenes de los distintos instrumentos sonó “Estás equivocada” y poco a poco nos llevó de la mano por el tiempo y por canciones maravillosas como  “Ansias locas”, popularizada por la reina del bolero Olga Guillot a la que Zenet añadió guiños al “Manisero” de Machín. Gran introducción y arreglos de guitarra en la perla cubana “Devuélveme mis besos”, y “Es tan difícil”, las dos del compositor y pianista Bola de Nieve, al que Zenet rinde un merecido homenaje rescatando su música.

Un total de dieciocho temas sonaron entre boleros, chachachá, salsa con toques de jazz y hasta chotis como “Por debajo de Madrid”, destacando canciones como “Quien sabe” con un interesante arreglo entre guitarra y contrabajo que servían de base para los brillantes solos de trompeta y violín.La  voz arenosa, de tesitura justa y bien afinada, se crecía en temas como “Un beso de esos”, en la que el trompetista Manuel Machado se llevó una gran ovación por su brillante solo. Y es que cada intervención de Machado era un espectáculo, por su enorme sonido, su digitación y sus fraseos. Muy destacable también las intervenciones del violinista, sobre todo en “La palabra Fin” y en “Imágenes”, con una gran paleta de matices.

Después del pataleo del público para reclamar bis volvieron con el gran éxito “Soñar contigo”, quedando un poco desmerecido al cantarlo sin micrófonos en un recinto grande. Por lo demás fue un concierto que cumplió ampliamente con las expectativas de los aficionados al género. Y es que Zenet es un artista al que merece la pena seguir sus pasos, porque tiene buen gusto, porque se trabaja sus espectáculos y porque sabe rodearse de grandes músicos con buenas ideas.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

La sonoridad más romántica de la OSPA

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hans Graf (director), Leon McCawley (pianista). Teatro Jovellanos, jueves 9 de mayo.

Estupendo y bien vertebrado programa ofreció la OSPA, bajo el título “Legados”; perfecto para constatar el gusto del público del Teatro Jovellanos en torno al Romanticismo en todo su esplendor, con obras de Brahms y Schumann. Como director invitado uno de los grandes, el austriaco Hans Graf que fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, del Mozarteum de Salzburgo o de la Houston Symphony y cuenta con numerosas distinciones y premios en su larga trayectoria.  Para completar el programa contamos con uno de los pianistas más importantes del panorama actual, el británico Leon McCawley, experimentado en el repertorio romántico y clásico.

El concierto abrió con la ”Obertura Trágica Op. 81”, una obra en forma de sonata con mucho trabajo temático, compuesta por Johannes Brahms durante el verano de 1880  y estrenada al año siguiente por el propio compositor. Esta peculiar obra se caracteriza por su gran belleza oscilante entre el drama, la tristeza y la pasión más exacerbada. Hans Graf llevó la batuta con firmeza en una interpretación brillante, tan solo ensombrecida por el comportamiento de parte la butaca del Jovellanos, que estuvo especialmente ruidosa entre toses, caídas de objetos varios y el prolongado y molesto crujir de los envoltorios de los caramelitos. Por lo demás exquisita.

El pianista Leon McCawley fue el protagonista de la noche dejando al público impactado con su magistral interpretación del “Concierto para piano en la menor, Op. 54” de Robert Schumann. La obra, estrenada en 1846 por la gran pianista Clara Schumann como intérprete solista, está dotada de gran lirismo y sensibilidad, con marcada ausencia de virtuosismo, compuesta en una época en la que las modas dictaban todo lo contrario. No confundir virtuosismo con dificultad: la obra es de gran dificultad y sólo al alcance de grandes pianistas como McCawley. El primer movimiento, basado en la “Fantasía” escrita unos años antes para su reciente esposa, fue interpretado con agilidad y gran expresividad. La animada cadencia final de este primer movimiento desató la pasión entre el público presente provocando numerosos aplausos, por otra parte bien merecidos y acertados en contra del estricto protocolo social que impide aplaudir entre movimientos. ¿Por qué no? Los dos movimientos siguientes se desarrollaron de manera impecable en las manos de McCawley. El director por su parte, mantuvo un perfecto equilibrio entre los fragmentos pianísticos y los desarrollos orquestales de manera que todo fluía correctamente, dando como resultado una gran interpretación por parte de todos y una gran ovación por parte del público.   



La segunda parte del programa estaba dedicada a la interpretación de la “Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68”  de Brahms, o la “Décima” de Beethoven tal y como la denominó el director y compositor Hans von Bulow. Intenso trabajo por parte de Graf en la dirección de orquesta de principio a fin, pero especialmente en el segundo y el tercer movimiento en contraste con la tensión del Allegro inicial. La obra finalizó con la cadencia al estilo de Beethoven  y se llevó una gran ovación de un público que agradeció la sonoridad del romanticismo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 9 de mayo de 2019

Apostando por el L.E.V.

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XIII Festival de Creación Audiovisual. Teatro de la Laboral, sábado 4 de mayo.

El Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) culmina su decimotercera edición con un gran despliegue de exposiciones, instalaciones y conciertos durante  cuatro días, dejando de manifiesto que si este festival no existiera habría que inventarlo. De hecho, es uno de los eventos más importantes de Gijón y una buena disculpa para poner a esta ciudad en el mapa mundial de la vanguardia. Dicho esto, en cuanto a música no todo vale. Y si apuntábamos sobre estas líneas la poca calidad artística que tuvieron las propuestas de la jornada del viernes en el Teatro de la Laboral, la jornada del sábado tuvo sus más y sus menos.

Para empezar el colectivo berlinés “Transforma”  traía una propuesta llamada “Manufactory”, una performance audiovisual con música de Sascha Ring y coproducida, entre otros,  por el propio L.E.V. Desconozco las cifras de la inversión en este proyecto, pero viendo el resultado final es dinero tirado. Se vendió como “mezcla asombrosa de coreografía, vídeo en directo, grabaciones de campo y concierto, para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción de la era industrial”. El adjetivo “asombrosa” sobra, lo demás es correcto si consideramos el rutinario movimiento de manos y algún paseo por el escenario como coreografía. Fue una performance aburrida, falta de ideas, de coordinación, de luz y de sonido. La perfecta excusa para echar una siesta en las cómodas butacas del teatro después de haber vivido una intensa noche de música electrónica en la Nave de la Laboral por parte de muchos de los asistentes.
Caterina Barbieri se ha convertido en un referente de las investigaciones sonoras en este tipo de eventos. La italiana y el artista visual Ruben Spini presentaron su primer show “A/V”, un proyecto de interacción entre humanos y naturaleza que no sorprendió tanto como se esperaba. A través del ordenador y la mesa de mezclas ofrecieron una muestra de sonidos  procedentes del techno más ochentero, época en la que los sintetizadores analógicos tuvieron su auge. A base de arpegiadores y secuenciadores manipulados más o menos en directo la música iba transitando por distintos cuadros sonoros con imágenes de gran colorido y movimiento lento. Algún pasaje recordó a la música del famoso Tetrix, solo que con más calidad al no ser una muestra de 8-bits  Con este proyecto Barbieri, a diferencia de otros que ha presentado a lo largo de su trayectoria, no aporta nada nuevo.

Traer un espectáculo de la creadora visual Alba G. Corral es una apuesta segura para el L.E.V. Ya estuvo en anteriores ediciones, siempre dejando el listón muy alto y en esta ocasión volvió a sorprender con una propuesta junto con el músico  Alex Augier, que nos visitó hace un par de ediciones. Los dos, metidos en una especie de jaula ovalada cubierta con una tela semitransparente crearon un universo sonoro y visual a base de luz, color, muestras de sonido originales y tiempos bien medidos, convirtiendo el espectáculo en una experiencia hipnótica. El público lo agradeció con una estruendosa ovación.

Por lo tanto, aunque esta no haya sido una de las mejores ediciones del L.E.V., en lo que se refiere a los conciertos del Teatro de la Laboral, hay que seguir apostando por este festival, porque es necesario para dar cabida a todas esas inquietudes creativas que, sin duda, marcan el futuro audiovisual.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

L.E.V.: Estrenos efímeros

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Schnnitt + Gianluca Sibaldi; Myriam Bleau; Elias Merino & Tadej Droljc: XIII Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Teatro de la Laboral, viernes, 3 de mayo.
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La programación musical del Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) llegó el viernes al Teatro de la Laboral con un cartel que prometía sobre el papel, pero visto lo visto defraudó bastante. En los foros especializados se había creado expectación por ver el estreno mundial “ScanAudience”, una propuesta del compositor italiano Gianluca Sibaldi junto con “Schnnitt”, formado por Marco Monfardini y Amelie Duchow. Como se propio título indica, “ScanAudience” es una performance donde se escanea al público -concretamente a las primeras filas-, generando distintos sonidos e imágenes en tiempo real a partir de las características de los espectadores.  El resultado no deja de ser algo anecdótico que dista mucho de convertirse en una obra de arte. Visualmente resulta monótono y nada entendible, magnificado por una pantalla gigante donde concurren diferentes líneas en varias direcciones, con predominio de los colores grises, rojos y negros. Musicalmente (por decirlo de alguna manera), se trataba de una amalgama de sonidos industriales poco originales y sobrepasados de volumen, que por momentos provocaron cierto temor a sufrir algún daño en los tímpanos. En definitiva, nada interesante.

Las performance de la compositora y artista digital Myriam Bleau no suelen pasar inadvertidas: en sus propuestas siempre aporta algún elemento original y en esta edición del L.E.V. no iba a ser menos. Presentó por primera vez en España su proyecto “Ballistics”, en el que unas esferas luminosas equipadas con sensores de movimiento y mapeadas por láser, se desplazaban por el escenario con movimientos pendulares provocados por la artista canadiense, produciendo diferentes sonidos y dinámicas.  La idea es compleja y se notaba muchas horas de trabajo detrás, pero el escenario no es el más adecuado para poder apreciar la calidad y el esfuerzo. En un entorno más pequeño hubiera lucido mucho más. Y de nuevo es necesario resaltar el altísimo volumen por momentos de la performance. ¿Para qué tanto?

Otro estreno mundial tuvo lugar de la mano del español afincado en el Reino Unido Elías Merino, junto con el compositor audiovisual esloveno Tadej Droljc. En esta ocasión correspondía a la segunda parte de la instalación “Spaceless Latitudes” -presentada en la edición anterior del L.E.V-, titulada “Synspecies”, que abordaba el proceso de desintegración de espacios estelares, inspirado en ecologías virtuales. En la pantalla quedaba visualmente muy llamativa cuando se producía la ruptura de distintas figuras y, además, perfectamente sincronizada con los sonidos algorítmicos, por ello la primera mitad del espectáculo resultó bastante creativa. La segunda mitad fue más monótona al no aportar ningún elemento nuevo sonoro o visual.  En esta ocasión el volumen estaba perfecto.

En definitiva, una noche cargada de estrenos muy vanguardistas pero difícil de constatar como obras de arte en este terreno tan efímero como es la electrónica visual.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 22 de abril de 2019

OSPA: Música apropiada para la Semana Santa

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Concierto Extraordinario de Semana Santa: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Rossen Milanov (director), Ewa Tracz (soprano, Mireia Pintó (mezzosoprano), David Menéndez ( barítono). Teatro Jovellanos, 11 de abril.

La elección de dos obras creadas en el siglo XX para celebrar el “Concierto Extraordinario de Semana Santa”  no consiguió despertar la curiosidad del público y la butaca del teatro Jovellanos se quedó a medias, aunque el anfiteatro casi se llenó. Y es una verdadera lástima, porque un concierto de esa magnitud necesita un gran despliegue de medios y de recursos: gran parte de los componentes de la OSPA, el Coro de la Fundación Princesa Sofía y tres cantantes solistas de gran nivel; casi había más personas en el escenario que en la butaca. También hay que decir que entre las dos obras musicalmente no llegan a la hora de duración y eso es algo negativo a la hora de pagar una entrada.  Aún así, es triste que el público no sepa apreciar la calidad musical que tenemos en Asturias.


“Los Improperios” de Federico Mompou fue la primera elección del concierto, una de las grandes obras maestras del compositor catalán basada en los versículos que se cantan en el oficio del Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. La carga dramática del texto que narra los reproches de Dios al pueblo de Israel por haberle llevado a la crucifixión, fue musicada por Mompou de manera sublime, cargada de contrastes y armonías expresivas sobre las que se dibuja una gran belleza melódica. El preludio orquestal dio paso a la voz de David Menéndez como barítono solista, con un precioso timbre y magistral dominio de la voz, sobre todo en las secciones más piano. El coro sublime en las respuestas y apoyado por la orquesta, cuya labor en esta ocasión es enfatizar el texto de las voces.

Para la segunda parte se escogió “Stabat Mater” de Karol Szymanowski, una obra que significó un cambio ideológico en el compositor polaco y está basada en la secuencia del siglo XIII que expresa el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo. Las tres voces solistas (soprano, mezzo y barítono) se repartieron el protagonismo, siendo la más destacada la soprano Ewa Tracz,  en cuya biografía cita haber obtenido el doctorado como cantante solista en la Academia K. Szymanowski: este dato corrobora el acierto al seleccionar a la soprano para un papel tan significativo. Mireia Pintó también estuvo magnífica en su papel de mezzosoprano, al igual que David Menéndez. El coro muy comedido y bien afinado, se encargó de darle sentido a la carga emocional que requiere tan magnífica obra y brilló en el cuarto número “Hazme contigo llorar”. Muy equilibrada la dirección coral con la dirección orquestal a cargo de Rossen MIlanov, al que siempre destacamos por su elegancia a la hora de dirigir.

El poco público presente correspondió gratamente ovacionando dos obras breves y con sonoridad del siglo XX, pero dos obras magníficas y muy apropiadas para adentrarnos en el significado de la Semana Santa.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España