viernes, 9 de febrero de 2018

Noche de emociones celtas con Luar na Lubre

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Luar na Lubre. Teatro de la Laboral, sábado 3 de febrero

A lo largo del año no son muchas las ocasiones para escuchar música que se fundamenta en nuestras raíces celtas. La noche del sábado fue una lujosa excepción, con una de las bandas de más solera y más calidad del género. Luar na Lubre llegó  a la Laboral para celebrar su 30 Aniversario y dispuestos a tocar la mejor selección de toda su discografía en “seis horas de concierto”, tal y como prometía el gaitero y acordeonista Bieito Romero,  con su peculiar humor gallego.
Comenzaron con un tema instrumental inspirado en una historia del siglo XI de los monjes irlandeses,  que relataban las múltiples invasiones de otros pueblos hacia Irlanda. Decían los monjes que desde la “Torre de Breogán”  –título del tema-,  se descubrió Irlanda y resumía Bieito que los gallegos y por extensión los asturianos, somos los padres de los irlandeses. La complicidad con el público fue evidente durante toda la velada.

El poema de Lorca “Chove en Santiago”, inspiró a la banda para componer una pieza que se desenvuelve en una atmosfera que fusiona sonidos de sintetizadores, con la gaita, la guitarra acústica y el violín. Una pieza de singular sonoridad. Con “Memoria da Noite” llegó el primer momento emocionante de la noche.  Xabier Cordal, poeta cabecera del grupo, recogió muchas de las emociones que vivieron los gallegos en la desgraciada noche del Prestige.  Luar na Lubre le puso música y para el directo contaron con la presencia de Marisa Valle Roso, la mejor cantante de tonada que tenemos en Asturias.  Su voz junto con la de Belem Tajes dio lugar a un bello tema lento que finalizó con las dos voces a dúo junto con la gaita en heterofonía. Un momento entrañable que se repetiría con la interpretación de “Camariñas”, en los bises.
Y llegó el éxito más internacional de la banda con “O son do ar”, del primer trabajo discográfico de 1988. Mike Oldfield, en 1996 hizo una versión que tituló “The song of the sun” –incluido en su disco “Voyager”- y puso al grupo en oídos de mucha gente. Luar na lubre le devolvería el homenaje a Mike Oldfield, haciendo una versión de “The sailors Hornpipe”, a la que le añaden dos pasacorredoiras. 
Después de la animada “Centeás”, también del poeta Xabier Cordal, llegó  “Camiño do norte”, una composición instrumental que representa al  Camino de Santiago que viene por vía marítima desde las Islas Británicas.   Sin duda es un símbolo de la celtitud gallega. También hubo homenajes a Milladoiro y a Emilio Cao, que representan la esencia de la música gallega  y al poeta Víctor Jara.  Durante toda la actuación destacaron las flautas de Xan Cerqueiro, pero uno de los momentos de más lucimiento fue la interpretación de la “Xota de Xosé”, con tres ritmos diferentes: jota,  muñeira y carballesa.

Una de las cántigas más populares de Galicia es “A Carolina”, que la banda interpreta en combinación con una pieza renacentista italiana  incluida en “Il primo libro de Balli” de 1578, una danza macabra que representaba una crítica a los poderes.  La fusión de estos dos temas tan fáciles aparentemente  pero tan complejos en el fondo, es una buena muestra de la calidad de la banda y del porqué perviven después de tres décadas.  

El público mostró entusiasmo durante toda la actuación  y la banda fue generosa y tocó lo mejor de su repertorio, además de cuatro bises. En definitiva, fue una velada emocionante para los amantes de la música celta y encantados de que Luar na Lubre saque un nuevo disco a partir de mayo. Esperamos ansiosos. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 5 de febrero de 2018

Que Rozalén no crezca más

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Lo que más lamento del vertiginoso éxito de Rozalén es que me temo que en poco tiempo ya no vamos a poder escuchar sus canciones en teatros tan acogedores y con tan buena acústica como el de la Laboral de Gijón, y tendremos que ir a disfrutar de su arte a recintos más grandes, como pabellones de deportes y similares, cuya acústica es espantosa. Es lo que pasa ahora cuando queremos escuchar a Sabina o Serrat, por ejemplo. Con solo tres discos en el mercado la cantante manchega arrasa por donde va.  Agota las entradas en muy poco tiempo y sus adeptos crecen de forma exponencial, así que no tardará en llegar el día en que sus promotores quieran aumentar el negocio y abastecer la demanda de público. Y es que Rozalén representa el relevo generacional de los cantautores citados: tiene frescura, humildad, madurez, elegancia, buena música y un discurso que pellizca y va directamente a nuestras venas.

Tras la estupenda y corta actuación de los teloneros Alberto & García llegó la cantautora con “La puerta violeta”, cuya letra representa un portazo a la violencia machista. También se acordó de las víctimas del cáncer con “Vivir” y reivindicó la recuperación de la memoria histórica dedicando una canción a su tío abuelo “Justo”, un gran tema que terminó con un bombazo de timbal que nos trasladó a la escena de los acontecimientos. Su discurso y su interpretación levantaron una sonora ovación. Repitió la fórmula del concierto del año pasado en el mismo recinto, subiendo a un montón de niños al escenario para cantar “La canción de las Hadas”, creando un momento entrañable y aplaudiendo a los padres que llevan a sus hijos a los conciertos.  También contó de nuevo con la presencia de su amiga y gran cantante de tonada Marisa Valle Roso y en esta ocasión interpretaron “Ser como soy”. Juntas una delicia, aunque también me hubiera gustado volver a escuchar la versión de “Llorona” que hicieron en el anterior concierto.

La puesta en escena, con la banda en pleno y la coreografía de Beatriz Romero traduciendo  todas las letras al lenguaje de los signos –para que llegue a todo el mundo- resulta muy agradable. Pero si por algo lamento que Rozalén siga creciendo y se vaya a actuar a pabellones de deportes es porque nos perderemos, entre otras cosas, muchos matices y dinámicas contrastantes que su banda esgrime en cada tema. Para muestra los arreglos de “Berlín” a medio camino entre bolero y habanera,  los matices del delicioso piano en “La Belleza” -compuesta por Aute-, las notas pedales de “Será mejor” o la exquisita interpretación del tema de Violeta Parra “Volver a los 17”, con golpes de timbal a modo de latidos y  arpegios de guitarra, creando la base para las melodías del  acordeón.  También destacaría la difícil métrica de las percusiones en “El hijo de la abuela”, sobre las que se apoya una armonía sobresaliente y una melodía con estupendos fraseos. Etcétera, etcétera. Todos estos detalles no se perciben en un recinto capaz de acoger a 8.000 personas, salvo que esté diseñado para ello y, por desgracia, en Asturias no hay.



Por todo esto, asumo que soy egoísta y que no quiero que Rozalén crezca más. Quiero que se quede como está y que solo podamos disfrutar en cada concierto las 1.200 personas que llenaron la Laboral. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

martes, 2 de enero de 2018

South Carolina Gospel Chorale: arrasa el góspel más comercial



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“South Carolina Gospel Chorale”. Festival de Góspel de Gijón. Teatro Jovellanos, 17 de diciembre.

El Festival de Góspel concluyó por todo lo alto con una formación ya conocida por los asiduos al teatro Jovellanos, la “South Carolina Gospel Chorale”. Sin duda la mejor velada de esta edición.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero son necesarias si se quiere buscar la perfección. Y puestos a comparar podemos decir que  el inicio del festival, a cargo del “Harlem Gospel Choir”, fue brillante en voces y en repertorio pero acusó cierto vacío en el acompañamiento. En la segunda velada nos trasladamos a la música de Nueva Orleans con “ Nola Gospel Project” y pudimos disfrutar de una buena base rítmica con muy buenos músicos y una actuación estelar a cargo de la cantante Charmaine Neville, sin embargo el coro estaba más flojo: algunas voces, demasiado envejecidas, con un vibrato muy acusado y un repertorio excesivamente corto y muy estirado a base de interacciones con el público.  En cuanto a la actuación de “South Carolina Gospel Choir”, no podemos achacar ninguno de los detalles anteriores. Un quinteto instrumental de altísimo nivel -destacando el guitarrista-, acompañaron  a un coro de ocho voces lideradas por el cantante y organista Michael Brown, con una voz espectacular llena de matices, amplia tesitura y afinación perfecta. El resto de las voces corales también destacaban en solitario, cada una en su tesitura y color.

El transcurso del concierto fue ágil y dinámico, con grandes canciones clásicas como “Amazing Grace”, “Oh, happy day” o “Joyful, joyful”, entre otras, interpretadas todas con gran calidad y buenos arreglos. La locura total llegó primero con una cantante que le puso muchas ganas echando el hígado por la boca (como se suele decir) cantando entre el público “Meet me in the city” y después con “Kumbaya”, interpretada por otro miembro del coro, con toda la butaca iluminada con las luces de los móviles. Hubo hueco para  clásicos navideños y para el soul y el pop más comercial, recordando fragmentos de grandes temas como “Respect” de Aretha Franklin o “Soul Man” de los Blues Brothers, entre otros. La interpretación de “We are the world” fue merecidamente ovacionada y aún más, si cabe, el homenaje a Whitney Houston, con “Guardaespaldas” incluido. Excepcional.   

Los más puristas del góspel no están de acuerdo con la incorporación al repertorio de canciones de éxito de la música pop y soul, sin embargo es un fiel reflejo de lo que está ocurriendo en las iglesias americanas  en los últimos años.  El objetivo es buscar la comercialidad para llega a un público más mayoritario, cambiando algunas letras para adaptarlas al mensaje que se quiere transmitir. ¿Y por qué no? “South Carolina Gospel Chorale” es una formación moderna con un altísimo nivel técnico que sabe transmitir y llegar, tanto al espectador más exigente como al público aficionado al góspel, por lo tanto su repertorio es muy válido.  Un gran concierto que fue agradecido con una gran ovación por el aforo al completo del teatro Jovellanos. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

El espíritu de Nueva Orleans invade el Jovellanos



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“Nola Gospel Project” y Charmaine Neville. Festival de Góspel de Gijón. Teatro Jovellanos, sábado, 16 de diciembre.

La protagonista de la segunda velada del Festival de Góspel era la ciudad de Nueva Orleans, cuna del jazz, Rythm & Blues y Rock & Roll. La propuesta viene del coro “Nola Gospel Project”,  formado por ocho veteranas voces y siete músicos, en un concierto que lleva por título “Érase una vez Nueva Orleans”.  Para la ocasión contaron con la participación estelar de la cantante de Nueva Orleans Charmaine Neville, toda una institución en su país e hija de uno de los componentes de la famosa banda de funk-soul,  “The Neville Brothers”.   Todos juntos  se encargaron de ofrecer buena música y espectáculo divertido a un aforo completo del teatro Jovellanos.

 Quizás, para el público que pretendía escuchar grandes voces negras, de los tres conciertos que ofrece el Festival de Góspel en esta edición, no era la noche más adecuada:  con los años algunas  voces acusan un marcado vibrato que no siempre encaja con el resto del coro.  Sin embargo, los que buscaban diversión, música de Nueva Orleans y una aproximación -aunque sea sucedánea-, al espiritual eclesiástico y a la participación en el ritual musical del góspel, sin duda, quedaron satisfechos. El concierto tuvo dos partes bien diferenciadas: por un lado la actuación del coro que cantaron poco más de media docena de clásicos del góspel, -eso sí, muy estirados gracias a la interacción y la participación del público.-, acompañados por buenos músicos que tuvieron oportunidad para lucirse en solitario. Por otro lado la particular y genial actuación de Charmaine Neville.

Después de cuatro temas clásicos al más puro estilo góspel -con pequeña homilía incluida por parte del cantante más veterano-, hizo su aparición en el escenario Charmaine Neville, para darle ese toque de lujuria a la velada y poner patas arriba al Jovellanos. Acompañada por la banda del coro de góspel y el pianista Amasa Miller, empezó su actuación a ritmo de montuno y siguió con un rock and roll de lo más animado. La interpretación de “What a wonderfull world” nos dejó con la boca abierta.  Su imitación de la voz rajada de Louis Armstrong fue buenísima, de hecho, si cerrábamos los ojos parecía que el propio Armstrong estaba en el escenario. Un privilegio para el público del Jovellanos contar con esta gran artista que finalizó su actuación con un clásico navideño.

Volvió el coro para cerrar la velada con “Oh, happy day”, el himno imprescindible en todos los conciertos de góspel. El público estaba encantado y no quería que se terminara. Con pataleos incluidos empezó a reclamar más y llegó el clásico “When the Saints Go Marching In”, en versión Mardi Gras (aunque era sábado), con bailes, metales,  acordeón  y todo el público coreando a pleno pulmón. Una versión colorida y divertida del tema más conocido del público español.  En definitiva,  “Nola Gospel Project” y Charmaine Neville, durante hora y media consiguieron impregnar al público gijonés del espíritu de Nueva Orleans y convertir la noche del sábado en una experiencia distinta.

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Harlem Gospel Choir: Lo más grande del góspel abre el Festival



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“Harlem Góspel Choir”. Festival de Góspel de Gijón. Teatro Jovellanos, 15 de diciembre.

Arrancó el Festival de Góspel una edición más y esta vez con uno de los coros de más fama internacional, en los últimos años por haber actuado para grandes personalidades como Obama, Nelson Mandela, Paul McCartney, el Papa Juan Pablo II y otros. El “Harlem Gospel Choir” de Nueva York,  un coro formado por voces jóvenes que triunfa por su calidad vocal y también por sus tributos a grandes artistas como Prince, Michael Jackson, Stevie Wonder, Adele y en esta ocasión a Beyoncé. Con la elección de un repertorio de lo más comercial entre los clásicos espirituales y nueve voces negras capaces de derrochar sensibilidad y potencia al máximo, el éxito estaba asegurado.

Después de tres temas clásicos donde pudimos apreciar buenas dotes vocales, llegó una gran interpretación de la animada “Chasing after you” por parte de uno de los miembros del coro. Fue el inicio de la interacción constante con el público y no pararía hasta el final del concierto. Varias personas escogidas al azar fueron subiendo al escenario para corear frases de respuesta a las llamadas de los cantantes, que subieron su nivel vocal cuando alguno de los escogidos entre el público demostraba tener cierta solvencia con la voz.

Después de una buena exhibición de simpatía por parte de varios componentes del coro llegó el momento del tributo a Beyoncé. Comenzaron con “Listen” un tema muy difícil, con el que pasó algún apuro en el fraseo más complicado la corista del “Harlem Gospel Choir”. Otro tanto le ocurrió  a otra de las cantantes con “Irreplaceable”, que fue solventado por la buena calidad de los coros. Pero eso también le pasa a la mismísima Beyoncé: en directo no es lo mismo que en el estudio. Para la interpretación de “Halo” fueron alternando distintas voces del coro en cada frase, dando un colorido muy bonito al tema. Espectacular fue la versión de “Sweet Dreams” por parte de la solista, llevándose una estruendosa ovación y poniendo el broche final al bloque “Beyoncé”.
Era el turno para algunos clásicos navideños en formato popurrí, muy apropiados para las fechas. No podía faltar el famoso “Oh happy day”, que todos los coros llevan en su repertorio y sorprendió la versión de “Celebration” de Kool & the Gang”, con buenos arreglos y una buena distribución del coro.
  
Se echó en falta un poco más de instrumentación. Un batería preciso y con buen sonido y un teclista que se encargaba del resto de los timbres, es poco para arropar a las grandes voces que forman “Harlem Gospel Choir”.  Al menos un bajo hubiera sido necesario para liberar al teclista y poder ofrecer mejores arreglos instrumentales: para rellenar el vacío que queda con sólo dos instrumentistas, el teclista doblaba los sonidos del piano con colchones  y pads de cuerdas.  El resultado fue un poco cansino en cuanto a timbres. Creo que un coro de estas características y este nivel, bien se puede permitir algún músico más en el escenario.

Por lo demás, un concierto fantástico por parte de un coro que sabe cantar y se ha ganado la fama por calidad y por simpatía.  El aforo a rebosar del Jovellanos agradeció la velada con una ovación muy sonada. Un gran comienzo de edición para un festival que ya es un clásico en la ciudad. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Nikki Hill: La nueva voz del Rock

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Nikki Hill. Sala Albéniz. Sábado 11 de noviembre.

Soul, rock sureño, blues y Rock and Roll son los estilos en los que se mueve la voz y el ritmo de Nikki Hill. Estilos de música en los que cuesta destacar porque están muy explotados y es difícil aportar algo nuevo.  Pues la voz negra de Nikki Hill destaca y lo hace como pocos, con tan solo dos discos en el mercado. Procedente de Carolina del Norte, parece que le ha cogido el gusto a pisar escenarios españoles, y si el año pasado causó impacto entre el público presente en el concierto de Avilés, esta vez en la sala Albéniz de Gijón dio un paso más y sorprendió a muchos que no habían tenido ocasión de verla en directo. 

Hora y media de concierto en el que la intensidad iba in crescendo, conectando con una sala abarrotada hasta los topes con ganas de cantar, bailar y pasárselo bien. Temas de su último disco “Heavy heart hard Fists”, una selección de versiones de gran peso y algún tema de su primer álbum conformaron el repertorio de la noche, acompañada por dos guitarras, bajo y batería. La tónica más destacada fue el duelo de guitarras al incorporar una guitarrista que competía en inferioridad de condiciones con Matt Hill, marido de la cantante y fundador de la banda. Inferioridad en cuanto a volumen porque en calidad de ejecución se andan a la par. Los dos son muy buenos pero el jefe es el jefe.

En cuanto a Nikki, posee una seductora voz bien afinada, con toques góspel y con una forma de emitir que nos recuerda ligeramente a Tina Turner en sus comienzos. Pero  Hill se dosifica y calienta motores poco a poco, de hecho en la primera parte del concierto estuvo bien –en su línea- pero sin más. La segunda mitad se entregó más a fondo destacando en las canciones de tempo rápido como “Let Me Tell You Bout”. Ya en los últimos temas del concierto consiguió atrapar a la multitud,  interactuando con el público y consiguiendo que la sala en pleno respondiera a sus coros, rajando la voz a tope y desprendiendo energía a raudales.


   Para terminar un bis, con la voz vibrando a fuego y el efectista solo de  guitarra –colocada detrás de la cabeza con mucho postureo- de Matt Hill en “Twistin’ the night away “, de su segundo álbum, logrando que alguna prenda interior volara desde las primeras filas hasta aterrizar en la cabeza del guitarrista. En definitiva, un buen concierto con un público entregado al máximo a una banda bien empastada, que calienta motores hasta llegar a transmitir buenas vibraciones y mucha energía  a ritmo de rock. Nikki Hill gana solidez y se convierte poco a poco en la nueva voz negra del rock.

Mar Norlander - Musicóloga