viernes, 2 de enero de 2026

Una gala de Año Nuevo irregular

 


"Gran Gala de Año Nuevo”, Orquesta Sinfónica Mercadante. Teatro Jovellanos, jueves 1 de enero de 2026.

La Sinfónica Mercadante, presentó una vez más el concierto de Año Nuevo en Gijón bajo la batuta de Mariano Rivas, con una propuesta tan atractiva como irregular: festiva en apariencia, pero poco coherente en su planteamiento.

El inicio con la “Obertura de Candide” de Bernstein, marcó un desenfado rítmico que puso a prueba a la sección de cuerda para seguir el pulso del simpático director. Un vuelco estilístico hacia Verdi, con “Sempre libera” de La Traviata, sirvió para descubrir a la soprano Alexandra Zamfira. Con un timbre atractivo, tesitura holgada y técnica sólida, sumó, además, una presencia escénica magnética. Aunque algún desliz puntual recordó que aún es una artista en plena evolución, su interpretación conquistó al auditorio. Tanto Verdi como Puccini o Bernstein parecían escritos a su medida, especialmente evidente en “Glitter and be gay”, defendida con una brillantez que perdonó los giros del programa.

Aun así, la sensación de aleatoriedad persistió. Entre piezas orquestales como la “Danza eslava nº 2” de Dvorak, se intercalaron arias como “Che gelida manina”, interpretada por Pablo Puértolas (tenor de timbre hermoso y fraseo delicado, aún en formación), concluyendo la primera parte con el “Mambo” de “West side story”, que resultó forzado dentro del repertorio.

La segunda parte se abrió con la electrizante “Obertura de Ruslan y Liudmila” de Glinka, seguida de las inevitables páginas de Johann Strauss II, habituales en las galas de Año Nuevo y bien ejecutadas por parte de la orquesta. En este tramo regresó Puccini con “O soave fanciulla”, donde Zamfira y Puértolas alcanzaron un equilibrio más logrado y un dúo lleno de lirismo.

Para las propinas, Rivas optó por clásicos infalibles como la “Obertura de Guillermo Tell” y la “Marcha Radetzky”, con la participación del público que cerró la velada con un ambiente plenamente festivo.

En conjunto, la gala cumplió su cometido y agradó a un público poco habitual en los conciertos sinfónicos, aunque una mayor coherencia en el repertorio sería deseable y perfectamente alcanzable.

Crítica publicada en La Nueva España

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