domingo, 4 de enero de 2026

Abraham Cupeiro, inclasificable.

 

Foto: Juan Plaza

Abraham Cupeiro, tour “Resonando en el pasado”. Teatro de la Laboral, sábado, 3 de enero de 2026.

En tiempos convulsos, cuando parece que todo amenaza con irse al traste, resulta reconfortante encontrar figuras que devuelven la fe en la humanidad a través del arte, la inteligencia y la sencillez. Abraham Cupeiro es, sin duda, una de ellas. Compositor, lutier, investigador, músico y divulgador nato, ofrece con “Resonando en el pasado” un viaje sonoro por la evolución del ser humano a través de los instrumentos que lo han acompañado, muchos de ellos construidos por el propio Cupeiro.

Su propuesta no es un concierto al uso ni un monólogo, sino un híbrido brillante entre música, divulgación histórica y humor. Y lo más asombroso: Cupeiro sostiene casi dos horas de espectáculo completamente solo en el escenario, armado únicamente con instrumentos monofónicos y su talento para contar historias. Toda una osadía que no solo funciona, sino que conquista. Porque Cupeiro domina como pocos el arte de narrar. Su acento gallego, su ironía fina y su excepcional capacidad pedagógica convierten cada dato, aunque rigurosamente documentado, en un relato vivo que parece nacer de la improvisación.

La función arranca con la divertida fábula de una pastorcilla gijonesa que, soplando por una pajita, descubre la música. A partir de ahí enlaza con la aparición de una pastora gallega para explicar, entre risas, el posible origen del aulós griego. Desde ese arranque desfilan instrumentos imponentes como el kárnix celta -su joya más preciada-, el cornu romano o el shofar bíblico, todos acompañados por imágenes que sitúan al público en cada época.

El recorrido abarca la Grecia clásica, la Edad Media o las rutas de Marco Polo, donde Cupeiro presenta el duduk armenio, instrumentos persas, el hulusi chino o la gaita irlandesa, dotando a cada pieza de autenticidad y sentido histórico.

Los momentos más inesperados llegan con su “Freddie Mercury barroco” involucrando a todo el aforo completo en una obra coral, la incursión jazzística imitando a Louis Armstrong y un cierre entrañable con “My Way” interpretada con una botella. Resonando en el pasado” es arqueología musical con humor, rigor y emoción a propuesta de un maestro de maestros inclasificable.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

Ara Malikian, el gran chef musical.

 


Ara Malikian, Gira “Intruso”. Teatro de la Laboral, viernes 3 de enero de 2025.

Ara Malikian ya no es un intruso en tierras asturianas. De hecho, ya es uno más de la familia musical. Cada temporada regresa con propuestas renovadas o revisando trabajos anteriores que presenta con el sello inconfundible de su virtuosismo combinando ingredientes variados y de gran calidad para lograr un resultado siempre sorprendente.

Acompañado por Iván “Melón” Lewis (piano), Iván Ruiz (bajo), Georvis Pico (batería) y Dayan Abad (guitarra), el artista conformó un quinteto sólido y de precisión milimétrica. A nuestros oídos llegaban sonoridades euroasiáticas fusionadas con jazz, clásica y rock, articuladas a través de un estilo interpretativo intenso que volvió a demostrar su peculiar manera de entender la música.

 

Destacó la “Gran sonatina rapsódica”, comenzando en silencio como guiño a John Cage, antes de adentrarse en una variación del tercer movimiento del “Claro de Luna” de Beethoven filtrada por el tamiz del rock, el cabaret y la samba brasileña. El resultado fue impresionante. El “Capricho 24” de Paganini, revisado con acentos de salsa, latin jazz, funky y rock, subrayó nuevamente la versatilidad del armenio-libanés, que también mostró su faceta más sensible en “Karma”.

En esta ocasión, quizá por la doble función prevista para el viernes, Malikian se mostró menos comunicativo y redujo sus habituales relatos entre piezas. Aun así, compartió algunas historias singulares: la del “niño rata”, la explicación del título “Intruso” -inspirado en la sensación de extrañeza vivida en las culturas donde ha residido-, su simpático relato sobre cómo ganarse la vida sin hacer nada y una reflexión final contra la guerra, el odio y el genocidio. Estos momentos aportaron calidez a la velada.

El programa incluyó referencias a Piazzola con aires barrocos, a Paco de Lucía fusionando flamenco y jazz y, por supuesto, Jimmy Hendrix, quien no puede faltar en sus conciertos, antes de despedir con la icónica “Nana Arrugada”. En definitiva, un concierto más contenido en palabra, pero con los sabores brillantes que definen a este gran chef musical.

viernes, 2 de enero de 2026

Una gala de Año Nuevo irregular

 


"Gran Gala de Año Nuevo”, Orquesta Sinfónica Mercadante. Teatro Jovellanos, jueves 1 de enero de 2026.

La Sinfónica Mercadante, presentó una vez más el concierto de Año Nuevo en Gijón bajo la batuta de Mariano Rivas, con una propuesta tan atractiva como irregular: festiva en apariencia, pero poco coherente en su planteamiento.

El inicio con la “Obertura de Candide” de Bernstein, marcó un desenfado rítmico que puso a prueba a la sección de cuerda para seguir el pulso del simpático director. Un vuelco estilístico hacia Verdi, con “Sempre libera” de La Traviata, sirvió para descubrir a la soprano Alexandra Zamfira. Con un timbre atractivo, tesitura holgada y técnica sólida, sumó, además, una presencia escénica magnética. Aunque algún desliz puntual recordó que aún es una artista en plena evolución, su interpretación conquistó al auditorio. Tanto Verdi como Puccini o Bernstein parecían escritos a su medida, especialmente evidente en “Glitter and be gay”, defendida con una brillantez que perdonó los giros del programa.

Aun así, la sensación de aleatoriedad persistió. Entre piezas orquestales como la “Danza eslava nº 2” de Dvorak, se intercalaron arias como “Che gelida manina”, interpretada por Pablo Puértolas (tenor de timbre hermoso y fraseo delicado, aún en formación), concluyendo la primera parte con el “Mambo” de “West side story”, que resultó forzado dentro del repertorio.

La segunda parte se abrió con la electrizante “Obertura de Ruslan y Liudmila” de Glinka, seguida de las inevitables páginas de Johann Strauss II, habituales en las galas de Año Nuevo y bien ejecutadas por parte de la orquesta. En este tramo regresó Puccini con “O soave fanciulla”, donde Zamfira y Puértolas alcanzaron un equilibrio más logrado y un dúo lleno de lirismo.

Para las propinas, Rivas optó por clásicos infalibles como la “Obertura de Guillermo Tell” y la “Marcha Radetzky”, con la participación del público que cerró la velada con un ambiente plenamente festivo.

En conjunto, la gala cumplió su cometido y agradó a un público poco habitual en los conciertos sinfónicos, aunque una mayor coherencia en el repertorio sería deseable y perfectamente alcanzable.

Crítica publicada en La Nueva España